


En esta última jornada de Copenhell arrancamos con todo, en un día espléndido de calor y cielos despejados. Como siempre, nos dirigimos en nuestra inseparable bicicleta listos para la acción. La primera parada nos esperaba con Psychomosher, banda colombiana de thrash metal que ofreció un espectáculo intenso desde el primer minuto.
La respuesta del público fue inmediata, con circle pit y stage diving desde el comienzo. El carisma de su cantante le aportó un cálido toque latino al frío nórdico, arengando a la gente con mensajes emotivos y agradecimientos por la oportunidad de cumplir el sueño de tocar tan lejos de su tierra. Como única representante de Latinoamérica, la banda dejó bien parado al metal del otro lado del océano Atlántico. El show fue corto, pero contundente: en menos de una hora lograron sacudir el bosque y transmitir toda su energía con canciones en inglés y español.
La tarde avanzaba y de ahí nos fuimos volando porque comenzaba el recital de Djerv. Al llegar nos dimos cuenta de que la gente ya comenzaba a agolparse frente al escenario, cerveza en mano. Las charlas y el jolgorio continuaron hasta que sonaron los primeros acordes de la banda, que demostró un sonido elegante con matices de hard rock y dark pop. El carisma de la cantante noruega no pasó desapercibido y la performance del grupo fue explosiva, alternando momentos de heavy groove con pasajes de mayor calma.
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El siguiente en la lista fue Social Distortion, representante del punk rock de la vieja escuela. Algo para destacar es el contraste que presenta la banda: los músicos parecen empresarios con cadenas de oro y trajes caros, pero hacen una música basada en la anarquía y la rebeldía, pilares fundamentales del punk. Más allá de esa curiosidad, el sonido del grupo fue muy bueno y las canciones estuvieron perfectamente ejecutadas. El show se disfrutó de principio a fin, aunque quedó la sensación de que había más curiosos que verdaderos seguidores de la banda.
Cuando llegó el turno de Bury Tomorrow se notó inmediatamente que la energía era diferente. Había mucho público joven esperando a la banda británica, que desplegó un metalcore violento con pasajes melódicos muy bien logrados. Las voces guturales de Daniel Winter-Bates, sumadas a las partes melódicas de Tom Prendergast, le dieron el equilibrio justo a una base instrumental demoledora.
El concierto fue muy entretenido. Hubo constantes arengas por parte del cantante para que el público saltara, hiciera pogo y armara circle pits. Incluso consiguió, por primera vez en todo el festival, que la gente ubicada en la ladera del fondo —que normalmente permanece sentada— se pusiera de pie para acompañar a la banda durante una canción. Esa interacción con el público le valió un merecido reconocimiento y una gran ovación para un frontman que supo perfectamente cómo mantener viva la fiesta.
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Al finalizar este gran concierto llegó el turno de Alestorm, dando paso a la tradicional fiesta cervecera de los piratas con su inconfundible mezcla de folk celta y power metal.
Su setlist contó con dieciocho canciones, entre las que sonaron clásicos como “The Sunk’n Norwegian”, “Mexico” y “Drink”. Como ya es costumbre, no faltaron los patos inflables sobrevolando al público ni la clásica remada pirata, sello distintivo de cada presentación de la banda escocesa.
El sonido fue muy bueno y el show estuvo repleto de diversión, especialmente gracias al ya tradicional tiburón que aparece haciendo coros y persiguiendo a los músicos por todo el escenario.
Como cierre interpretaron “Fucked with an Anchor” y levantaron sobre el escenario un enorme flotador con la inscripción “Fuck You”, despidiendo la actuación con el humor irreverente que caracteriza a la banda.
Unos minutos más tarde llegó el turno de Malevolence, dejando en claro desde el comienzo que no sería un show más. El conjunto británico salió al escenario con una baja importante: Alex Taylor no pudo presentarse debido a una cirugía de urgencia. Ante esa situación, el guitarrista Konan Hall volvió a hacerse cargo de las voces, algo que no ocurría desde los inicios de la banda, allá por 2009.
Hay que reconocer que Konan Hall realizó un trabajo extraordinario, interpretando cada canción con voces guturales cargadas de fuerza y personalidad. La banda sonó realmente impresionante, aunque el bombo de la batería estuvo demasiado presente en la mezcla y por momentos saturó el sonido general.
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Malevolence ofreció una actuación para el recuerdo. El público disfrutó cada riff y cada golpe de batería como si fuera el último. Los circle pits se armaban una y otra vez en el centro del campo mientras enormes nubes de polvo se elevaban por el aire. También hubo varios aficionados que subieron al escenario para cantar junto a la banda y, sobre el final, una verdadera marea de gente se lanzó al stage diving.
Para cerrar estos cuatro días de sol y calor subió al escenario el headliner principal, Volbeat, justo cuando la temperatura comenzó a descender y unos enormes nubarrones anunciaban un brusco cambio climático.
La banda danesa de hard rock, que históricamente ha gozado de mayor popularidad en Norteamérica que en su propio país, probablemente por esa particular combinación de punk, rockabilly y country, brindó un show sólido con un setlist de dieciocho canciones que incluyó “For Evigt”, “The Garden’s Tale” y “Evelyn”, esta última con Johan Olsen como invitado, aportando las voces más agresivas en uno de los momentos más pesados de la noche.
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La actuación fue buena, con un sonido potente y muy ajustado. Los cuatro músicos ofrecieron una performance profesional, aunque la interacción con el público danés no terminó de despegar. Se notaba a mucha gente conversando, tomando cerveza y disfrutando de la noche del sábado sin prestar demasiada atención a lo que ocurría sobre el escenario.
La música siguió sonando mientras comenzaba un verdadero temporal, acompañado por relámpagos, y apenas terminó el show cayó una lluvia torrencial, como si los dioses nórdicos hubieran mostrado su descontento por la elección del headliner para cerrar un festival de heavy metal.
Haciendo un balance general de estos cuatro días, puedo decir que hubo grandes momentos, destacando principalmente las actuaciones de Mastodon, Anthrax y Papa Roach. También descubrimos bandas espectaculares como Faetooth, Handgemeng y Soilwork. Sin embargo, considero que se podrían haber elegido headliners más acordes con la identidad del festival. Copenhell sigue apostando por propuestas cada vez más inclusivas y alejadas del heavy metal tradicional, algo que resulta bastante evidente en esta edición.
También creo que este festival podría haberse desarrollado perfectamente en tres jornadas, al menos en esta edición, o bien haber elevado el nivel artístico del último día. Tratamos de cubrir las propuestas más interesantes de la jornada, pero hubo varios artistas que, sinceramente, tenían muy poco que ver con el espíritu metalero que caracteriza a Copenhell.

- @pablogandaraph



En esta última jornada de Copenhell arrancamos con todo, en un día espléndido de calor y cielos despejados. Como siempre, nos dirigimos en nuestra inseparable bicicleta listos para la acción. La primera parada nos esperaba con Psychomosher, banda colombiana de thrash metal que ofreció un espectáculo intenso desde el primer minuto.
La respuesta del público fue inmediata, con circle pit y stage diving desde el comienzo. El carisma de su cantante le aportó un cálido toque latino al frío nórdico, arengando a la gente con mensajes emotivos y agradecimientos por la oportunidad de cumplir el sueño de tocar tan lejos de su tierra. Como única representante de Latinoamérica, la banda dejó bien parado al metal del otro lado del océano Atlántico. El show fue corto, pero contundente: en menos de una hora lograron sacudir el bosque y transmitir toda su energía con canciones en inglés y español.
La tarde avanzaba y de ahí nos fuimos volando porque comenzaba el recital de Djerv. Al llegar nos dimos cuenta de que la gente ya comenzaba a agolparse frente al escenario, cerveza en mano. Las charlas y el jolgorio continuaron hasta que sonaron los primeros acordes de la banda, que demostró un sonido elegante con matices de hard rock y dark pop. El carisma de la cantante noruega no pasó desapercibido y la performance del grupo fue explosiva, alternando momentos de heavy groove con pasajes de mayor calma.
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Cuando llegó el turno de Bury Tomorrow se notó inmediatamente que la energía era diferente. Había mucho público joven esperando a la banda británica, que desplegó un metalcore violento con pasajes melódicos muy bien logrados. Las voces guturales de Daniel Winter-Bates, sumadas a las partes melódicas de Tom Prendergast, le dieron el equilibrio justo a una base instrumental demoledora.
El concierto fue muy entretenido. Hubo constantes arengas por parte del cantante para que el público saltara, hiciera pogo y armara circle pits. Incluso consiguió, por primera vez en todo el festival, que la gente ubicada en la ladera del fondo —que normalmente permanece sentada— se pusiera de pie para acompañar a la banda durante una canción. Esa interacción con el público le valió un merecido reconocimiento y una gran ovación para un frontman que supo perfectamente cómo mantener viva la fiesta.
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Su setlist contó con dieciocho canciones, entre las que sonaron clásicos como “The Sunk’n Norwegian”, “Mexico” y “Drink”. Como ya es costumbre, no faltaron los patos inflables sobrevolando al público ni la clásica remada pirata, sello distintivo de cada presentación de la banda escocesa.
El sonido fue muy bueno y el show estuvo repleto de diversión, especialmente gracias al ya tradicional tiburón que aparece haciendo coros y persiguiendo a los músicos por todo el escenario.
Como cierre interpretaron “Fucked with an Anchor” y levantaron sobre el escenario un enorme flotador con la inscripción “Fuck You”, despidiendo la actuación con el humor irreverente que caracteriza a la banda.
Unos minutos más tarde llegó el turno de Malevolence, dejando en claro desde el comienzo que no sería un show más. El conjunto británico salió al escenario con una baja importante: Alex Taylor no pudo presentarse debido a una cirugía de urgencia. Ante esa situación, el guitarrista Konan Hall volvió a hacerse cargo de las voces, algo que no ocurría desde los inicios de la banda, allá por 2009.
Hay que reconocer que Konan Hall realizó un trabajo extraordinario, interpretando cada canción con voces guturales cargadas de fuerza y personalidad. La banda sonó realmente impresionante, aunque el bombo de la batería estuvo demasiado presente en la mezcla y por momentos saturó el sonido general.
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Malevolence ofreció una actuación para el recuerdo. El público disfrutó cada riff y cada golpe de batería como si fuera el último. Los circle pits se armaban una y otra vez en el centro del campo mientras enormes nubes de polvo se elevaban por el aire. También hubo varios aficionados que subieron al escenario para cantar junto a la banda y, sobre el final, una verdadera marea de gente se lanzó al stage diving.
Para cerrar estos cuatro días de sol y calor subió al escenario el headliner principal, Volbeat, justo cuando la temperatura comenzó a descender y unos enormes nubarrones anunciaban un brusco cambio climático.
La banda danesa de hard rock, que históricamente ha gozado de mayor popularidad en Norteamérica que en su propio país, probablemente por esa particular combinación de punk, rockabilly y country, brindó un show sólido con un setlist de dieciocho canciones que incluyó “For Evigt”, “The Garden’s Tale” y “Evelyn”, esta última con Johan Olsen como invitado, aportando las voces más agresivas en uno de los momentos más pesados de la noche.
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La actuación fue buena, con un sonido potente y muy ajustado. Los cuatro músicos ofrecieron una performance profesional, aunque la interacción con el público danés no terminó de despegar. Se notaba a mucha gente conversando, tomando cerveza y disfrutando de la noche del sábado sin prestar demasiada atención a lo que ocurría sobre el escenario.
La música siguió sonando mientras comenzaba un verdadero temporal, acompañado por relámpagos, y apenas terminó el show cayó una lluvia torrencial, como si los dioses nórdicos hubieran mostrado su descontento por la elección del headliner para cerrar un festival de heavy metal.
Haciendo un balance general de estos cuatro días, puedo decir que hubo grandes momentos, destacando principalmente las actuaciones de Mastodon, Anthrax y Papa Roach. También descubrimos bandas espectaculares como Faetooth, Handgemeng y Soilwork. Sin embargo, considero que se podrían haber elegido headliners más acordes con la identidad del festival. Copenhell sigue apostando por propuestas cada vez más inclusivas y alejadas del heavy metal tradicional, algo que resulta bastante evidente en esta edición.
También creo que este festival podría haberse desarrollado perfectamente en tres jornadas, al menos en esta edición, o bien haber elevado el nivel artístico del último día. Tratamos de cubrir las propuestas más interesantes de la jornada, pero hubo varios artistas que, sinceramente, tenían muy poco que ver con el espíritu metalero que caracteriza a Copenhell.

- @pablogandaraph



















































