

La idea de despertarnos más temprano para poder aprovechar el tercer día del Hellfest resultó más o menos, pudiendo ir un poco antes que el día anterior pero siempre quedando pegados a las idas y venidas del transporte.
Así que cuando llegamos a las 15:00, pusimos rumbo al escenario Temple para ver la presentación de Agriculture. Su nombre tan particular no permitiría saber mucho sobre su propuesta, pero este cuarteto estadounidense viene dejando su marca en el particular mundo del “blackgaze”: el tenerlos describiendo su estilo como “ecstatic black metal” inmediatamente me provocó flashbacks del “black metal trascendental” de Liturgy y me hizo entender las acusaciones de ser simplemente unos hipsters haciendo black metal, pero su actuación en el Hellfest también me hizo entender el atractivo.
La cantante y bajista Leah B. Levinson se deja la garganta en cada grito desgarrado, lo que les da un toque más punk y agresivo comparado con otras bandas del estilo, y las capas de guitarras, distorsión de bajo y blastbeats le dan ese aspecto experimental sin dejar de lado la brutalidad. Tocando un par de canciones nuevas, cerrando con su “Living Is Easy” y demostrando su valía, seguramente será interesante escuchar su nuevo material de estudio a futuro.
Apenas cerró Agriculture, agarramos nuestras cosas y nos fuimos directo al Valley para poder ver a los ingleses Conan. Si lo de Agriculture podía llegar a ser demasiado hipster, Conan nos trajeron de vuelta a tierra con sus riffs más pesados que el mismo universo y sus canciones lentas de sludge doom de atmósfera de fantasía épica, algo que no se limitaba a su nombre de guerrero bárbaro. Con el olor de la marihuana sintiéndose fuerte entre la gente, pudimos disfrutar de un set de canciones para hacer headbanging lento pero decidido, con “Desolation Hexx” sonando más densa que el mismo sol que nos iluminaba y dejándonos con los oídos destruidos por la distorsión. Jon Davis se deja la vida en la guitarra y las voces, y sus acompañantes Johnny King en la batería y David Ryley en el bajo son una base dura como la roca. Muy buen set como para tomarse una buena cerveza y disfrutar de ese sentimiento de metal clásico a medio tiempo.
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Hablando de clásico, siempre está bueno ver alguna banda que trae esa idea de black metal tradicional al ruedo… sin las partes más turbias del mundo del black metal metidas en el medio, así que tenía entre mis planes poder ver a los canadienses Spectral Wound en el Temple, y por suerte se me pudo cumplir. Y, también, por suerte la presentación de los de Montreal estuvo a la altura de mis expectativas, porque este quinteto lleva el espíritu del black metal y el rock’n’roll en la sangre, sin tener que recurrir al blastbeat constante para llenar de oscuridad a sus canciones.
Títulos como “Soul Destroying Black Debauchery”, “Less and Less Human, O Savage Spirit” y “Aristocratic Suicidal Black Metal” puede que empañen un poco las ideas previas a escucharlos, pero fue un set de puros riffs y buenos momentos entre chaquetas de cuero negro, a pesar del calor que se sentía. Jonah Campbell es un gran cantante podrido, y los riffs capturan ese sonido rockero que siempre es bienvenido en el black metal. Péguenles una escuchada que se lo merecen.
Volvimos al Temple para ver a la siguiente banda en la lista tras Agriculture, ahora con otra banda que parece haber elegido una palabra random para ponerse de nombre: los alemanes Wheel. No confundir con la banda alemana de doom metal, estos finlandeses hacen un metal progresivo un tanto alejado de las muestras brutales de virtuosismo, más tirado a la atmósfera y a los sonidos alternativos. Es otra banda que claramente para todos y para algunos les resultará un tanto aburridos, a la manera de algo como Leprous, pero a mí me gustaron, sobre todo gracias al interesante timbre de voz de su cantante, el inglés James Lascelles, y las texturas de las guitarras, como se pudo escuchar en la inicial “Porcelain” y en otras como “Dissipating” y “Lacking”. Una buena manera de sumar algo de diversidad a los sonidos del Hellfest, en la que la banda llamó “el concierto más grande de su carrera”.
Al mismo tiempo, en el Valley teníamos a My Sleeping Karma. El rock psicodélico tiene un gran público en el Hellfest, como pudimos ver antes con las presentaciones de Monkey3 y Crippled Black Phoenix, y los alemanes se sumaron a la oferta con un set instrumental de puro viaje a través de paisajes de ácido, la clase de imágenes que se podrían imaginar viendo títulos de canciones como “Brahama”, “Ephedra”, “Maya Shakti” y “Psylocybe”, con esas guitarras y teclados llenos de efectos. Entre el ruido que se suele ofrecer en el Hellfest, la relativamente tranquila pero extra lisérgica propuesta de My Sleeping Karma encontró un espacio que le dio la bienvenida y ellos retribuyeron eso con un gran set de canciones largas pero llenas de elementos para todos los oídos.
Y hablando de psicodelia (o, al menos, de un estilo relacionado con ello), inmediatamente después de My Sleeping Karma tuvimos la presentación de los doomers estadounidenses Windhand en el Valley. Abriendo con una larga introducción de acoples de guitarra a cargo de Garrett Morris para dar inicio a “Old Evil”, desde el primer segundo se pudo comprobar la potencia de este grupo, con las dos guitarras de Morris y Leanne Martz, el bajo de Tommy Hamilton y la poderosa batería de Ryan Wolfe estando coronados por las voces fantasmales de Dorthia Cottrell, el elemento más característico de la propuesta de Windhand. Estando a poco de que Ozzy y Black Sabbath llevaran a cabo el evento de su despedida definitiva, fue muy lindo poder ver que el legado de los riffs de los de Birmingham sigue bien presente, con un espectáculo bien lento pero no por eso aburrido por parte de Windhand, bajo el sol fuerte que todavía se sentía. Esperemos que por fin editen nuevo material, que hace ya 7 años que se los está esperando.
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En el escenario Altar, mientras tanto, era el turno de los alemanes The Ocean de salir al escenario a darlo todo. La influencia de Neurosis se siente bien presente en la banda del guitarrista Robin Staps, y se siente bien poder sentir esas canciones lentas pero llenas de densidad, distorsión y atmósfera apocalíptica, algo en lo que The Ocean son expertos. Lo llamativo de su set se dio más por factores externos, siendo que este set en el Hellfest fue el último recital de la banda junto al cantante Loïc Rossetti y el guitarrista David Ramis Åhfeldt, miembros de este colectivo desde hacía 16 y 7 años respectivamente, a lo que hay que sumarles la salida del baterista Paul Seidel en febrero. ¿Qué está pasando en el seno de la banda? Vaya una a saber, más allá de que todo parece haber sido en buenos términos, pero habiendo podido verlos en el Hellfest espero que esto no termine afectando de manera negativa al futuro del grupo.
En el Mainstage 01, la gente se iba acumulando para poder ver a dos gigantes de la guitarra saludándose y demostrando su magia en conjunto, con la presentación en conjunto de Joe Satriani y Steve Vai bajo el nombre de SATCHVAI BAND, aparentemente todo en mayúsculas. Digo esto más por publicidad que por criterio propio, cuando la verdad es que nunca me atrajo esta onda de guitarristas ultra virtuosos, con poquísimas excepciones que parecen estar más centrados en componer canciones.
Pero no voy a negar que el set del Satch y Vai estuvo muy entretenido, incluso para mucha gente del público que no fueran nerds de la guitarra: los dos guitarristas pasándose los solos el uno al otro, desafiándose mientras el baterista Kenny Aronoff y el bajista Marco Mendoza se mostraban como los músicos ultraprofesionales que uno se imagina al momento de hablar de acompañantes de semejantes pilares de la guitarra. Interpretando tanto canciones de Satch (“Surfing With The Alien”, “Satch Boogie”, “If I Could Fly”) como de Steve Vai (“Teeth of the Hydra”, “Zeus In Chains”, “For The Love Of God”) y compuestas en conjunto (“I Wanna Play My Guitar”), fue un buen set de circo musical para todo aquel que guste de esta onda.
Ya planeando nuestra retirada del lugar, decidimos dar una última vuelta e irnos al escenario Altar de vuelta para ver la actuación de VOLA, otros fans de los nombres completamente en mayúsculas. Los progresivos daneses se vienen haciendo un nombre de confianza en el lado más “alternativo” del metal progresivo, al menos lo suficientemente alternativo como para que no los acepten en una página como Metal Archives.
Pero lo de VOLA es pesado, ciertamente: guitarras gruesas machacadas en compases raros pero sin abrumar, teclados y la voz particular de Asger Mygind como para marcar que no es una banda normal de metal progresivo. “Stone Leader Falling Down” fue un momento muy destacable, al igual que “I Don’t Know How We Got Here”, “Stray the Skies” y “Cannibal”, esta última teniendo de invitado a Einar Solberg de los noruegos Leprous, banda con la que muchos los comparan. El buen gusto ante todo.
Con un sonido privilegiado, fue muy lindo poder retirarnos ya con una sonrisa y unos buenos recuerdos detrás, preparándonos ya para lo que sería el cuarto y último día del festival.



La idea de despertarnos más temprano para poder aprovechar el tercer día del Hellfest resultó más o menos, pudiendo ir un poco antes que el día anterior pero siempre quedando pegados a las idas y venidas del transporte.
Así que cuando llegamos a las 15:00, pusimos rumbo al escenario Temple para ver la presentación de Agriculture. Su nombre tan particular no permitiría saber mucho sobre su propuesta, pero este cuarteto estadounidense viene dejando su marca en el particular mundo del “blackgaze”: el tenerlos describiendo su estilo como “ecstatic black metal” inmediatamente me provocó flashbacks del “black metal trascendental” de Liturgy y me hizo entender las acusaciones de ser simplemente unos hipsters haciendo black metal, pero su actuación en el Hellfest también me hizo entender el atractivo.
La cantante y bajista Leah B. Levinson se deja la garganta en cada grito desgarrado, lo que les da un toque más punk y agresivo comparado con otras bandas del estilo, y las capas de guitarras, distorsión de bajo y blastbeats le dan ese aspecto experimental sin dejar de lado la brutalidad. Tocando un par de canciones nuevas, cerrando con su “Living Is Easy” y demostrando su valía, seguramente será interesante escuchar su nuevo material de estudio a futuro.
Apenas cerró Agriculture, agarramos nuestras cosas y nos fuimos directo al Valley para poder ver a los ingleses Conan. Si lo de Agriculture podía llegar a ser demasiado hipster, Conan nos trajeron de vuelta a tierra con sus riffs más pesados que el mismo universo y sus canciones lentas de sludge doom de atmósfera de fantasía épica, algo que no se limitaba a su nombre de guerrero bárbaro. Con el olor de la marihuana sintiéndose fuerte entre la gente, pudimos disfrutar de un set de canciones para hacer headbanging lento pero decidido, con “Desolation Hexx” sonando más densa que el mismo sol que nos iluminaba y dejándonos con los oídos destruidos por la distorsión. Jon Davis se deja la vida en la guitarra y las voces, y sus acompañantes Johnny King en la batería y David Ryley en el bajo son una base dura como la roca. Muy buen set como para tomarse una buena cerveza y disfrutar de ese sentimiento de metal clásico a medio tiempo.
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Hablando de clásico, siempre está bueno ver alguna banda que trae esa idea de black metal tradicional al ruedo… sin las partes más turbias del mundo del black metal metidas en el medio, así que tenía entre mis planes poder ver a los canadienses Spectral Wound en el Temple, y por suerte se me pudo cumplir. Y, también, por suerte la presentación de los de Montreal estuvo a la altura de mis expectativas, porque este quinteto lleva el espíritu del black metal y el rock’n’roll en la sangre, sin tener que recurrir al blastbeat constante para llenar de oscuridad a sus canciones.
Títulos como “Soul Destroying Black Debauchery”, “Less and Less Human, O Savage Spirit” y “Aristocratic Suicidal Black Metal” puede que empañen un poco las ideas previas a escucharlos, pero fue un set de puros riffs y buenos momentos entre chaquetas de cuero negro, a pesar del calor que se sentía. Jonah Campbell es un gran cantante podrido, y los riffs capturan ese sonido rockero que siempre es bienvenido en el black metal. Péguenles una escuchada que se lo merecen.
Volvimos al Temple para ver a la siguiente banda en la lista tras Agriculture, ahora con otra banda que parece haber elegido una palabra random para ponerse de nombre: los alemanes Wheel. No confundir con la banda alemana de doom metal, estos finlandeses hacen un metal progresivo un tanto alejado de las muestras brutales de virtuosismo, más tirado a la atmósfera y a los sonidos alternativos. Es otra banda que claramente para todos y para algunos les resultará un tanto aburridos, a la manera de algo como Leprous, pero a mí me gustaron, sobre todo gracias al interesante timbre de voz de su cantante, el inglés James Lascelles, y las texturas de las guitarras, como se pudo escuchar en la inicial “Porcelain” y en otras como “Dissipating” y “Lacking”. Una buena manera de sumar algo de diversidad a los sonidos del Hellfest, en la que la banda llamó “el concierto más grande de su carrera”.
Al mismo tiempo, en el Valley teníamos a My Sleeping Karma. El rock psicodélico tiene un gran público en el Hellfest, como pudimos ver antes con las presentaciones de Monkey3 y Crippled Black Phoenix, y los alemanes se sumaron a la oferta con un set instrumental de puro viaje a través de paisajes de ácido, la clase de imágenes que se podrían imaginar viendo títulos de canciones como “Brahama”, “Ephedra”, “Maya Shakti” y “Psylocybe”, con esas guitarras y teclados llenos de efectos. Entre el ruido que se suele ofrecer en el Hellfest, la relativamente tranquila pero extra lisérgica propuesta de My Sleeping Karma encontró un espacio que le dio la bienvenida y ellos retribuyeron eso con un gran set de canciones largas pero llenas de elementos para todos los oídos.
Y hablando de psicodelia (o, al menos, de un estilo relacionado con ello), inmediatamente después de My Sleeping Karma tuvimos la presentación de los doomers estadounidenses Windhand en el Valley. Abriendo con una larga introducción de acoples de guitarra a cargo de Garrett Morris para dar inicio a “Old Evil”, desde el primer segundo se pudo comprobar la potencia de este grupo, con las dos guitarras de Morris y Leanne Martz, el bajo de Tommy Hamilton y la poderosa batería de Ryan Wolfe estando coronados por las voces fantasmales de Dorthia Cottrell, el elemento más característico de la propuesta de Windhand. Estando a poco de que Ozzy y Black Sabbath llevaran a cabo el evento de su despedida definitiva, fue muy lindo poder ver que el legado de los riffs de los de Birmingham sigue bien presente, con un espectáculo bien lento pero no por eso aburrido por parte de Windhand, bajo el sol fuerte que todavía se sentía. Esperemos que por fin editen nuevo material, que hace ya 7 años que se los está esperando.
TAMBIEN TE PUEDE INTERESAR: Saxon en Buenos Aires: “Forjados con acero inoxidable y fuego eterno”
En el escenario Altar, mientras tanto, era el turno de los alemanes The Ocean de salir al escenario a darlo todo. La influencia de Neurosis se siente bien presente en la banda del guitarrista Robin Staps, y se siente bien poder sentir esas canciones lentas pero llenas de densidad, distorsión y atmósfera apocalíptica, algo en lo que The Ocean son expertos. Lo llamativo de su set se dio más por factores externos, siendo que este set en el Hellfest fue el último recital de la banda junto al cantante Loïc Rossetti y el guitarrista David Ramis Åhfeldt, miembros de este colectivo desde hacía 16 y 7 años respectivamente, a lo que hay que sumarles la salida del baterista Paul Seidel en febrero. ¿Qué está pasando en el seno de la banda? Vaya una a saber, más allá de que todo parece haber sido en buenos términos, pero habiendo podido verlos en el Hellfest espero que esto no termine afectando de manera negativa al futuro del grupo.
En el Mainstage 01, la gente se iba acumulando para poder ver a dos gigantes de la guitarra saludándose y demostrando su magia en conjunto, con la presentación en conjunto de Joe Satriani y Steve Vai bajo el nombre de SATCHVAI BAND, aparentemente todo en mayúsculas. Digo esto más por publicidad que por criterio propio, cuando la verdad es que nunca me atrajo esta onda de guitarristas ultra virtuosos, con poquísimas excepciones que parecen estar más centrados en componer canciones.
Pero no voy a negar que el set del Satch y Vai estuvo muy entretenido, incluso para mucha gente del público que no fueran nerds de la guitarra: los dos guitarristas pasándose los solos el uno al otro, desafiándose mientras el baterista Kenny Aronoff y el bajista Marco Mendoza se mostraban como los músicos ultraprofesionales que uno se imagina al momento de hablar de acompañantes de semejantes pilares de la guitarra. Interpretando tanto canciones de Satch (“Surfing With The Alien”, “Satch Boogie”, “If I Could Fly”) como de Steve Vai (“Teeth of the Hydra”, “Zeus In Chains”, “For The Love Of God”) y compuestas en conjunto (“I Wanna Play My Guitar”), fue un buen set de circo musical para todo aquel que guste de esta onda.
Ya planeando nuestra retirada del lugar, decidimos dar una última vuelta e irnos al escenario Altar de vuelta para ver la actuación de VOLA, otros fans de los nombres completamente en mayúsculas. Los progresivos daneses se vienen haciendo un nombre de confianza en el lado más “alternativo” del metal progresivo, al menos lo suficientemente alternativo como para que no los acepten en una página como Metal Archives.
Pero lo de VOLA es pesado, ciertamente: guitarras gruesas machacadas en compases raros pero sin abrumar, teclados y la voz particular de Asger Mygind como para marcar que no es una banda normal de metal progresivo. “Stone Leader Falling Down” fue un momento muy destacable, al igual que “I Don’t Know How We Got Here”, “Stray the Skies” y “Cannibal”, esta última teniendo de invitado a Einar Solberg de los noruegos Leprous, banda con la que muchos los comparan. El buen gusto ante todo.
Con un sonido privilegiado, fue muy lindo poder retirarnos ya con una sonrisa y unos buenos recuerdos detrás, preparándonos ya para lo que sería el cuarto y último día del festival.
