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Amenra en Buenos Aires: “Una nueva comunión”
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El 26 de febrero de 2020, Amenra, la consagrada banda belga de post-metal, se presentó por primera vez en la Ciudad de Buenos Aires en Uniclub, gracias a la gestión de la productora Noiseground. En ese entonces, llegaban con “Mass VI” (2017) como álbum más reciente, poco tiempo antes de que se desatara la pandemia más impactante de la historia de la humanidad. El público argentino tuvo la oportunidad de vivenciar esa ceremonia tan íntima e intensa que los liderados por Colin H. van Eeckhout pueden causar a través de la música, una verdadera experiencia espiritual. No por nada, el grupo supo generar a su alrededor el colectivo artístico conocido como Church Of Ra, por el que han transitado Oathbreaker, CHVE, The Black Heart Rebellion, Treha Sektori, Throane, Dehn Sora y su estética visual, Wiegedood, Predatory Void, etc., todos compartiendo una actitud DIY siempre con los pies en la tierra y la mirada buscando la luz en la oscuridad. Si bien el agnosticismo caracteriza el posicionamiento filosófico, no caben dudas de que la ambientación religiosa resulta crucial para el proyecto, en el sentido de una búsqueda esencial de unión con la otredad, para conjurar las angustias de la soledad.

El pasado jueves 19 de octubre, Amenra volvió a la misma ciudad y edificio donde tocaron la vez anterior, también gracias a la misma productora. En esta ocasión, con otro disco brillante en su haber, “De Doorn” (2021) y en un mundo que, si bien superó la crudeza de la pandemia de 2020, se encuentra convulsionado por, al menos, dos grandes guerras, catástrofes climáticas, crisis económicas y amenazas constantes de retorno de gobiernos autoritarios. Hay que decirlo: un contexto que justifica con creces la necesidad de encontrar refugio en la magia visceral de las melodías y armonías más poderosas, junto con muchas personas afines. Como dice el lema que suele usar la banda: Fatum Nos Iunget (“el destino nos une”). Esa fuerza es tan real, que yo mismo, viviendo circunstancias familiares desgarradoras, no podía dejar de concurrir. De hecho, atravesé los momentos más dolorosos teniendo en mi mente las canciones que esa noche pude escuchar en vivo, y eso es algo que le dije al guitarrista Mathieu J. Vandekerckhove, quien amablemente me respondió con un mensaje esperanzador.

Más allá de las circunstancias personales y globales, Amenra también demostró poder brindar su concierto de manera magistral, a pesar de todas las dificultades. Hubo un problema imprevisto de logística en la combinación de vuelos desde Chile, y eso motivó que los horarios y orden de las bandas que iban a tocar tuvieran que modificarse. El plan era que tocaran los locales Monje, seguidos de los daneses Hexis y, finalmente, Amenra. Lo que sucedió fue que Amenra tuvo que hacer lo suyo primero, y luego le siguieron Monje y Hexis. Esto tuvo consecuencias evidentes en todo aspecto, menos en la duración (una hora y media) y la calidad del show de los belgas, que debían empezar a tocar a las 20:30 pero lo hicieron una hora más tarde por la minuciosidad con la que probaron sonido, considerando que no tendrían acto soporte. Antes de rememorar lo hecho por Amenra, cabe señalar las consecuencias del cambio inesperado.

Por empezar, gran parte de la audiencia se retiró al terminar de tocar Amenra, lo que mermó la cantidad de gente para escuchar a Monje, que brindó un show corto pero digno -y algo incómodo, hay que decirlo- desplegando su death doom/sludge metal saturado de fuzz y con guiños de psicodelia, y lo mismo para Hexis, quienes, además, tuvieron que tocar pasada la medianoche. Tengo que plantear, con respecto a Monje, que su estilo un tanto orientado al stoner, a mi entender, no encajaba muy bien en la veta del evento. No obstante, si se me preguntara qué banda local podría ser telonera de Amenra, la realidad es que no sabría qué responder.

La performance de Hexis, que vino a presentar su tercer disco, el reciente “Aeternum” (2022), fue contundente. Un blackened post-hardcore que hace rato viene recorriendo el mundo en giras sumamente extensas, incluyendo los rincones más recónditos del planeta. Su cantante, Filip Andersen, había permanecido sentado en el stand de merch de la banda desde la apertura de las puertas del local que ya se convirtió en un templo para lo más selecto del metal actual. El show desbordó energía pero fue muy sencillo, en comparación con el de Amenra, lo que no es de extrañar, ya que, básicamente, el orden de los factores quedó invertido. “Divinitas” y “Nunquam” fueron los puntos álgidos del setlist. Oscuridad reinante y luces estroboscópicas, cada canción enganchada con la siguiente. La actitud del grupo fue muy profesional, pero se notó la molestia por la situación que lo llevó a tener que tocar después de la banda principal, con menos público y además, cansado, debido al horario.

Amenra comenzó con “The Pain. It Is Shapeless”, un inicio demoledor que marcó una diferencia con su primer show en Argentina, que fue mucho más sutil, con Colin H. van Eeckhout arrodillado de espaldas a la audiencia, percutiendo claves, en un ritmo lento e hipnótico. De hecho, y en concordancia con lo anterior, el aura ritual de aquella ocasión también se reflejaba en la apariencia del cantante, de cabeza rapada, con una larga barba y vistiendo una túnica negra que luego, como ya sabemos que siempre hace, se quitó para continuar con el torso desnudo, exhibiendo su icónico tatuaje en la espalda y desplegando sus movimientos contorsionados. Esta vez, el look era mucho más “urbano”: cara afeitada, corte de pelo estilo americano y una campera con el logo de la banda. Otra diferencia muy importante que hay que señalar con respecto al debut en estas tierras del extremo sur, es el nuevo bajista, Tim De Gieter, quien se lució en los coros guturales. El anterior era Levy Seynaeve, quien dejó la banda para dedicarse de lleno a su propio grupo de black metal, Wiegedood.

Siguió “Plus près de toi (Closer to You)”, siempre con la proyección, sobre un telón de fondo, de videos en blanco y negro que resultan muy evocativos en la estética general de la propuesta. En algunos casos, las imágenes son las de los respectivos videoclips. Aquí ya hicieron su aparición los tramos introspectivos tan apreciados, como el que también encontramos tras la explosión de “Razoreater”. Los riffs de Amenra son sublimes. Sin dudas son una de esas bandas con una identidad tan notable que resulta inconfundible. La construcción de las líneas de guitarra, los acordes y progresiones frecuentes, las melodías delicadas, la alternancia entre partes calmas y otras tremendamente pesadas, todo confluye en una expresión inigualable de tristeza, desesperación y anhelo por la salvación.

“De Evenmens” motivó gritos de entusiasmo: es el hit del último disco. Una canción hermosa en la que la voz limpia se destaca mucho. “Terziele” fue otra demostración de fervor, de la más pura pasión musical, al igual que “Nowena | 9.10”, en un recorrido bastante abarcativo de la discografía. Tal es así que, “Am Kreuz” suena como una de las composiciones más “hardcore”, quizás debido a su antigüedad, aunque los pasajes melancólicos son sobresalientes. Y llegó “A Solitary Reign”, claramente, la canción más popular, celebrada y amada por el público de Amenra, una creación de una belleza inconmensurable, de una sensibilidad admirable, hasta en sus puntos más brutales, aunque pueda sonar contradictorio.

El cierre de la velada fue con “Diaken”, un compendio de todas las virtudes del grupo, cuyos integrantes, desde que subieron al escenario hasta que bajaron, no pronunciaron una sola palabra, aunque sí hicieron algunos gestos. La comunicación pasa por el compromiso con el presente, por la entrega, el sacrificio, no por lo verbal, más allá de las letras de las canciones, todas especialmente emotivas. Volviendo a la comparación con el primer show en Buenos Aires, hubo solo dos canciones diferentes, además de “De Evenmens” que salió posteriormente a ese concierto.

Volvió a llamar la atención la calidez y humildad de los músicos debajo del escenario. Pude verlos llegar a Uniclub en una camioneta de la que bajaron para luego cargar sus propios instrumentos. Al terminar el recital, se podía ver al guitarrista Lennart Bossu tomando una cerveza en la barra con la gente, cerca del stand de merchandising, que, dicho sea de paso, al igual que la otra vez, tenía un poco de todo: remeras, vinilos, CDs y stickers en varios diseños, reemplazando a los pins de antaño. En febrero de 2020 la banda completa había salido de juerga con la gente en un bar cercano. Esta vez no sucedió lo mismo, pero siempre están los que, en la avidez de conseguir fotos con sus ídolos, las consiguen, y la verdad es que, con Amenra, eso no cuesta nada. En fin, quisiera rescatar cada detalle de otra noche inolvidable, pero es imposible, y tampoco responde al propósito de una crónica. En todo caso, lo que importa es que se perciban los sentimientos a flor de piel, muy difíciles de disimular. Al terminar el concierto, la frase que brillaba sobre un fondo negro era “La tristeza será eterna”, escrita en español especialmente para la audiencia hispanohablante. El idioma de la frase fue cambiando a lo largo de la gira. Y sí, esa es una gran verdad pero, afortunadamente, hay bandas como Amenra que nos ayudan a soportarla.

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Amenra en Buenos Aires: “Una nueva comunión”
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El 26 de febrero de 2020, Amenra, la consagrada banda belga de post-metal, se presentó por primera vez en la Ciudad de Buenos Aires en Uniclub, gracias a la gestión de la productora Noiseground. En ese entonces, llegaban con “Mass VI” (2017) como álbum más reciente, poco tiempo antes de que se desatara la pandemia más impactante de la historia de la humanidad. El público argentino tuvo la oportunidad de vivenciar esa ceremonia tan íntima e intensa que los liderados por Colin H. van Eeckhout pueden causar a través de la música, una verdadera experiencia espiritual. No por nada, el grupo supo generar a su alrededor el colectivo artístico conocido como Church Of Ra, por el que han transitado Oathbreaker, CHVE, The Black Heart Rebellion, Treha Sektori, Throane, Dehn Sora y su estética visual, Wiegedood, Predatory Void, etc., todos compartiendo una actitud DIY siempre con los pies en la tierra y la mirada buscando la luz en la oscuridad. Si bien el agnosticismo caracteriza el posicionamiento filosófico, no caben dudas de que la ambientación religiosa resulta crucial para el proyecto, en el sentido de una búsqueda esencial de unión con la otredad, para conjurar las angustias de la soledad.

El pasado jueves 19 de octubre, Amenra volvió a la misma ciudad y edificio donde tocaron la vez anterior, también gracias a la misma productora. En esta ocasión, con otro disco brillante en su haber, “De Doorn” (2021) y en un mundo que, si bien superó la crudeza de la pandemia de 2020, se encuentra convulsionado por, al menos, dos grandes guerras, catástrofes climáticas, crisis económicas y amenazas constantes de retorno de gobiernos autoritarios. Hay que decirlo: un contexto que justifica con creces la necesidad de encontrar refugio en la magia visceral de las melodías y armonías más poderosas, junto con muchas personas afines. Como dice el lema que suele usar la banda: Fatum Nos Iunget (“el destino nos une”). Esa fuerza es tan real, que yo mismo, viviendo circunstancias familiares desgarradoras, no podía dejar de concurrir. De hecho, atravesé los momentos más dolorosos teniendo en mi mente las canciones que esa noche pude escuchar en vivo, y eso es algo que le dije al guitarrista Mathieu J. Vandekerckhove, quien amablemente me respondió con un mensaje esperanzador.

Más allá de las circunstancias personales y globales, Amenra también demostró poder brindar su concierto de manera magistral, a pesar de todas las dificultades. Hubo un problema imprevisto de logística en la combinación de vuelos desde Chile, y eso motivó que los horarios y orden de las bandas que iban a tocar tuvieran que modificarse. El plan era que tocaran los locales Monje, seguidos de los daneses Hexis y, finalmente, Amenra. Lo que sucedió fue que Amenra tuvo que hacer lo suyo primero, y luego le siguieron Monje y Hexis. Esto tuvo consecuencias evidentes en todo aspecto, menos en la duración (una hora y media) y la calidad del show de los belgas, que debían empezar a tocar a las 20:30 pero lo hicieron una hora más tarde por la minuciosidad con la que probaron sonido, considerando que no tendrían acto soporte. Antes de rememorar lo hecho por Amenra, cabe señalar las consecuencias del cambio inesperado.

Por empezar, gran parte de la audiencia se retiró al terminar de tocar Amenra, lo que mermó la cantidad de gente para escuchar a Monje, que brindó un show corto pero digno -y algo incómodo, hay que decirlo- desplegando su death doom/sludge metal saturado de fuzz y con guiños de psicodelia, y lo mismo para Hexis, quienes, además, tuvieron que tocar pasada la medianoche. Tengo que plantear, con respecto a Monje, que su estilo un tanto orientado al stoner, a mi entender, no encajaba muy bien en la veta del evento. No obstante, si se me preguntara qué banda local podría ser telonera de Amenra, la realidad es que no sabría qué responder.

La performance de Hexis, que vino a presentar su tercer disco, el reciente “Aeternum” (2022), fue contundente. Un blackened post-hardcore que hace rato viene recorriendo el mundo en giras sumamente extensas, incluyendo los rincones más recónditos del planeta. Su cantante, Filip Andersen, había permanecido sentado en el stand de merch de la banda desde la apertura de las puertas del local que ya se convirtió en un templo para lo más selecto del metal actual. El show desbordó energía pero fue muy sencillo, en comparación con el de Amenra, lo que no es de extrañar, ya que, básicamente, el orden de los factores quedó invertido. “Divinitas” y “Nunquam” fueron los puntos álgidos del setlist. Oscuridad reinante y luces estroboscópicas, cada canción enganchada con la siguiente. La actitud del grupo fue muy profesional, pero se notó la molestia por la situación que lo llevó a tener que tocar después de la banda principal, con menos público y además, cansado, debido al horario.

Amenra comenzó con “The Pain. It Is Shapeless”, un inicio demoledor que marcó una diferencia con su primer show en Argentina, que fue mucho más sutil, con Colin H. van Eeckhout arrodillado de espaldas a la audiencia, percutiendo claves, en un ritmo lento e hipnótico. De hecho, y en concordancia con lo anterior, el aura ritual de aquella ocasión también se reflejaba en la apariencia del cantante, de cabeza rapada, con una larga barba y vistiendo una túnica negra que luego, como ya sabemos que siempre hace, se quitó para continuar con el torso desnudo, exhibiendo su icónico tatuaje en la espalda y desplegando sus movimientos contorsionados. Esta vez, el look era mucho más “urbano”: cara afeitada, corte de pelo estilo americano y una campera con el logo de la banda. Otra diferencia muy importante que hay que señalar con respecto al debut en estas tierras del extremo sur, es el nuevo bajista, Tim De Gieter, quien se lució en los coros guturales. El anterior era Levy Seynaeve, quien dejó la banda para dedicarse de lleno a su propio grupo de black metal, Wiegedood.

Siguió “Plus près de toi (Closer to You)”, siempre con la proyección, sobre un telón de fondo, de videos en blanco y negro que resultan muy evocativos en la estética general de la propuesta. En algunos casos, las imágenes son las de los respectivos videoclips. Aquí ya hicieron su aparición los tramos introspectivos tan apreciados, como el que también encontramos tras la explosión de “Razoreater”. Los riffs de Amenra son sublimes. Sin dudas son una de esas bandas con una identidad tan notable que resulta inconfundible. La construcción de las líneas de guitarra, los acordes y progresiones frecuentes, las melodías delicadas, la alternancia entre partes calmas y otras tremendamente pesadas, todo confluye en una expresión inigualable de tristeza, desesperación y anhelo por la salvación.

“De Evenmens” motivó gritos de entusiasmo: es el hit del último disco. Una canción hermosa en la que la voz limpia se destaca mucho. “Terziele” fue otra demostración de fervor, de la más pura pasión musical, al igual que “Nowena | 9.10”, en un recorrido bastante abarcativo de la discografía. Tal es así que, “Am Kreuz” suena como una de las composiciones más “hardcore”, quizás debido a su antigüedad, aunque los pasajes melancólicos son sobresalientes. Y llegó “A Solitary Reign”, claramente, la canción más popular, celebrada y amada por el público de Amenra, una creación de una belleza inconmensurable, de una sensibilidad admirable, hasta en sus puntos más brutales, aunque pueda sonar contradictorio.

El cierre de la velada fue con “Diaken”, un compendio de todas las virtudes del grupo, cuyos integrantes, desde que subieron al escenario hasta que bajaron, no pronunciaron una sola palabra, aunque sí hicieron algunos gestos. La comunicación pasa por el compromiso con el presente, por la entrega, el sacrificio, no por lo verbal, más allá de las letras de las canciones, todas especialmente emotivas. Volviendo a la comparación con el primer show en Buenos Aires, hubo solo dos canciones diferentes, además de “De Evenmens” que salió posteriormente a ese concierto.

Volvió a llamar la atención la calidez y humildad de los músicos debajo del escenario. Pude verlos llegar a Uniclub en una camioneta de la que bajaron para luego cargar sus propios instrumentos. Al terminar el recital, se podía ver al guitarrista Lennart Bossu tomando una cerveza en la barra con la gente, cerca del stand de merchandising, que, dicho sea de paso, al igual que la otra vez, tenía un poco de todo: remeras, vinilos, CDs y stickers en varios diseños, reemplazando a los pins de antaño. En febrero de 2020 la banda completa había salido de juerga con la gente en un bar cercano. Esta vez no sucedió lo mismo, pero siempre están los que, en la avidez de conseguir fotos con sus ídolos, las consiguen, y la verdad es que, con Amenra, eso no cuesta nada. En fin, quisiera rescatar cada detalle de otra noche inolvidable, pero es imposible, y tampoco responde al propósito de una crónica. En todo caso, lo que importa es que se perciban los sentimientos a flor de piel, muy difíciles de disimular. Al terminar el concierto, la frase que brillaba sobre un fondo negro era “La tristeza será eterna”, escrita en español especialmente para la audiencia hispanohablante. El idioma de la frase fue cambiando a lo largo de la gira. Y sí, esa es una gran verdad pero, afortunadamente, hay bandas como Amenra que nos ayudan a soportarla.

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