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Candelabrum Metal Fest 2026 Día 2: “Celebrando al Mal”
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Un día nuevo se avecinaba, pero el tímido el sol de León auguraba permanecer atrás de las nubes durante un buen rato. El calor era menos que el día anterior, pero la desvelada pasada no ayudaba mucho para aminorar la pesadumbres. Sin embargo, el camino a La Velaria fue corto y en menos de lo que pensábamos ya estábamos tras de la valla para la ronda de bandas prometidas del domingo. Cayendo pesado como plomo, el primer grupo que veríamos ese día no era ninguna cosa suave y enérgica, si no una de las bandas más densas de todo este ancho país. A pesar de que no soy fan de cómo suelen mandar el doom más lento hasta la base del cartel (cosa que por demás entiendo en la lógica curatorial del festival), ahora me parecía un acierto tremendo el comenzar con Silent Tombs, no porque no merezcan la pena, si no porque sentaba las bases para el mastodonte de jornada que se nos avecinaba.

Originarios de Colima, Colima, un pequeño estado y más pequeña ciudad del occidente del país, donde por experiencia les digo que no pasa nada, durante años, bajo nuestras narices, se formaba una de las agrupaciones más impactantes de melodic doom/death que haya escuchado en la región. Un proyecto que a la memoria se le antoja densísimo y brutal, pero que bajo una lupa más certera, los detalles melódicos resaltan no por su cualidad dinámica, haciendo la música más digerible, no, resaltan porque son una manera de poner en perspectiva la absoluta tristeza de sus acordes.

Como si se tratase de un juego de altos y bajos con respecto a nuestras emociones, los veteranos Voltax, con veinte años de heavy metal a sus espaldas nos demostraron el verdadero significado de una guitarra asesina. Solos hipersónicos y vocales rompe copas inundaron la valeria por media hora sin tregua alguna, haciendo un breve repaso de su trayectoria y recordándonos el verdadero orgullo de nombrarse así mismo, al menos por un rato y al mediodía, lo que es ser un guerrero de la noche, en un país que necesita fortaleza y arranque.

Para finalizar el último bloque de bandas de esta edición, el Candelabrum se permitió consentir a algunos de los más aferrados y veteranos fans del verdadero metal en México con Under Moonlight Sadness, una banda cuyo primer trabajo de larga duración salía en el lejano año de 1998 del siglo pasado, pero que con una fuerza y sobriedad admirables, dieron un último y sentido adiós a más de 30 años de carrera en una de las catedrales del metal más importantes de nuestros tiempos. Melódicos y progresivos, estos paladines de la melancolía erizaron los pelos de más de algún asistente que recordó interminables noches noventeras de borrachera y rebeldía.

Phlebotomized, la insospechadamente popular banda de doom/death neerlandesa se haría del escenario poco después de las dos de la tarde, con una arrolladora, pero sencilla presencia que dejaba en claro que no necesitas la mejor y más destacable presencia en el escenario para derretir las cabezas de un montón de señores metaleros que se encontraban extasiados con el sonido pantanoso de estos monstruos.

Y sin embargo, la pesadumbrez y densidad apenas empezaría a hacer crepitar los pilares mismos de la Velaria, pues la titánica y sombría presencia de Mournful Congregation desde las lejanas tierras de ahí abajo (Australia) dominaría el escenario del festival y nos haría sentir como la más indolente, insignificante y miserable plasta de mierda que existe en el mundo, con uno de los mejores funeral dooms que se han escuchado por estas partes del planeta y, personalmente, una de mis presentaciones favoritas de todas las ediciones. “Fantásticos” les queda corto, pues esta es una banda de primerísima categoría, que con una dignidad sónica entrañable, nos hizo vibrar (en un sentido muy literal de la palabra).

Para este momento, yo ya me había abocado hacia un punto muy estratégico del festival, exactamente adelante de la cabina de sonido y sin duda puedo decirles que es el lugar en el que mejor se disfruta del sonido de estas propuestas. Pasarían unas cuántas horas para retirarme de mi trinchera, pues el clima era bueno, la cerveza estaba fría y el metal era ruidoso.

Sin tregua alguna y con una potente tormenta, como ninguna otra en la historia del festival, rompiendo a nuestro al rededor, mi mandíbula se botaría cual lobo de caricatura cuando le llegó el turno a los islandeses Misþyrming, que con faces manchadas de negro y un gélido y feroz sonido, representó uno de los momentos más álgidos del día, pues aquella música definitivamente no se consigue escuchar con tanta facilidad en este país. Son una bestialidad de banda que ahora no me puedo sacar de la cabeza y que, a pesar de que ni siquiera recuerdo haber visto el logo antes del anuncio oficial en esta fiesta, tendrá mi atención de aquí hasta el fin de mis días y concluyo con que uno de los aciertos del Candelabrum sin duda es el de acercar a los artistas con públicos que por sí mismos, quizás nunca hubieran coincidido.

El slot de LIK llegó cuando me encontraba ya impaciente, así que a pesar de que reconocí un sólido death de la vieja escuela, con una presencia escénica de bastante personalidad, confieso que, en parte por mi poca (aunque no inexistente) afinidad al death tradicional y en parte por las ansias mismas de lo siguiente, no me permití el suficiente cuidado de escucharlos con demasiada atención. Puedo concluir con que estuvo bien, aunque poco más, pero al juzgar por el candor de la audiencia, estoy en la minoría respecto a esta opinión y poco antes de que finalizara este cuarteto sueco, yo ya me encontraba adentrándome en las entrañas del público, paso a paso, con cuidado para no apachurrar mi valioso cargo, pues uno de los momentos más sublimes de mi vida como público estaba por asomar su relumbrante cabeza calva de entre el equipo de producción.

TAMBIÉN TE PUEDE INTERESAR:

Warning es una banda muy bien conocida en el submundo del doom metal, pero muy, muy ignorada por la gran comunidad metalera global, sin embargo, para los que sabemos de esto que sabemos, un anuncio de esta envergadura representó el precio mismo del festival para muchos asistentes que conozco. Formados en 1994, pero con su magna obra Watching From a Distance lanzada en 2006, pocas bandas se merecen mejor el estatus de “culto”, pues es difícil no encontrar este título en las listas de álbumes más influyentes en el sub-género lento. Yo, por supuesto, llevaba de cargo valioso una edición de vinil doble del Wider Than The Sky, producto de la otra banda de la mente maestra de los “Aguas”, 40 Watt Sun, que como adolescente fangirl llevaba apretujado entre mis pechos, en parte solo para mostrarlo desde el escenario y en parte con una vergonzosa ilusión de que Patrick Walker me lo pudiera firmar para llevarme a casa como supremo trofeo de campaña, cosa que muy lamentablemente no se me cumplió. Sobre la presentación, es difícil describirlo para mí, bastante con decir que también lloré mucho, se escuchó increíble, y los que lo apreciamos de cerca, recordaremos por siempre las gesticulaciones del master of doom para marcar el ritmo de la batería con su mano, con su boca, con su taciturna mirada. Me encuentro muy agradecido por haberlo presenciado.

Admitiré también, que casi inmediatamente después (aunque luego aprendí que no lo suficientemente rápido), traté de darme una vuelta por el recinto a ver si encontraba a nuestros protagonistas de la homilía anterior, y con un éxito escueto, alcancé a tomarme una foto con los demás miembros de la banda (aunque sin Patrick, sniff, sniff), lo que me dejó suficiente tiempo para apreciar con detenimiento una de las propuestas de black más interesantes de nuestros días: …And Oceans.

Siendo este un proyecto con bastante años, pero que en épocas recientes han vuelto a dar bastante de qué hablar con discos complejísimos como As In Gardens, So In Tombs, sorprende lo bien que la gente los recibió, siendo esto testigo del amplio criterio musical de buena parte del público de este festival. Al término de nuestra pequeña y posterior detenimiento de apreciación, la tripa rugía con harta intensidad y nos dirigimos a hacer goce de la oferta gastronómica.

Sobre esto, cabe aclarar que a pesar de las opiniones encontradas sobre el nuevo sistema de ticketaje del festival con respecto a la comida, a mí me pareció práctico. Al principio choca, claro, “¿dónde estoy, en una quermés?” nos aventuramos a juzgar, pero la verdad es que sí, wey, más o menos ahí es en donde estamos y si a las quermeses les funciona es por algo. En definitiva, me parece que este sistema sí que ayudó a aliviar las otrora interminables filas para la glotonería y a propósito de esta, me gustaría aclarar que a mi juicio, la oferta gastronómica sí mejoró un poco con respecto a ediciones pasadas. Se extraña al birriamen, puesto que este solía ser el sustento más cuantioso y sabroso respecto a otras ofertas, pero es muy gratificante ver que ya había opciones de comida por debajo de los $100 pesos, como las tradicionales guacamayas, que aunque no comí, me parece importante que estén, tanto por cultura leonense general, como por practicidad y economía. En fin, yo me chingué unos dorilocos con barbacoa y no quedé nada mal, buena cantidad, buena barbacoa y toda la salsita verde que quisieras echarle. Unos chilaquiles improvisados bastante dignos para ver a los guerreros noruegos del thrash black: Aura Noir.

Con un poco de mal del puerco y las patas completamente destrozadas, solo observé una fracción de la presentación de la banda liderada por Blasphemer, ex-miembro y compositor de la era más certera de Mayhem, quien cumpliendo con una deuda pasada en este mismo evento nos ofreció un pedazo de odio con esta “nueva” y bestial empresa, que nos adentraba profundo en la noche del alma y que se encontraba tristemente por terminar.

Una vez hidratado y más repuesto, me intenté preparar para lo siguiente, pero no había aviso oportuno y que yo creyera para lo que estaba por presenciar.

Mi primer acercamiento a The Haunted habrá sido en la primaria/secundaria, en los lejanos años de MySpace, cuando recibí una invitación de amistad de una curiosa banda con un fulanito en el logo de letra de molde. No me llamó la atención y lamentablemente, esa fue la impresión con la que me quedé buena parte de mi vida: conocía a la banda de nombre y no mucho más. Y pártanme la madre, porque de verdad que qué cosa, ¡carajo¡ Esa emoción que yo esperaba sentir con sus iguales de Bloodbath me golpeó la nuca con un batazo de intensidad y tono insuperables hasta ese momento (respecto al death metal). Por ahí me enteré después de que esta es la banda de un conocido guitarrista y creador de contenido llamado Ola Englund y que esto contribuye, al parecer, a que ese sonido tan supremo me causara tal impacto. No había manera de sentir eso en una grabación, tenía qué venir hasta acá a León para experimentarlo en carne propia. Me emocionó bastante, eso es seguro.

Hipnotizado por ese sonido, cuando menos me di cuenta ya me encontraba muy adentrado en el público para esperar a los samuráis kamikazes del infierno del hair metal. O eso pensaba yo, porque después de esta presentación, me queda muy claro que la banda liderada por Minoru Niihara no espera a nadie y el que se queda, se queda y que con un virtuosismo congruente a su estirpe, nos dejan bien en claro que en occidente no sabemos pito de heavy metal, y que para que este reciba el mote, no necesita ser un cliché de Iron Maiden tropicalizado al oriente lejano.

Dinámicos, eclécticos, raros, sorprendentes, Loudness se quedó con nuestros corazones no solo por lo “exótico” de la propuesta, si no porque genuinamente es una música espectacular. Definitivamente me parecen una suerte de Scorpions nipones, en el mejor sentido de esta expresión, pero hay mucho, mucho más allá en esta propuesta. Y aunque ellos juzguen que les quedan al menos unos 5 años más de carrera, si llegan a 50 años más, el mundo sin duda recordará lo que es vivir bajo la sombra del sol naciente.

Ahora sí, lo que se vendía estaba por acabarse, y expectantes reunimos el último dejo de energía y blasfemia para la llegada de Old Man’s Child a Latinoamérica, cumpliendo así un verdadero sueño para muchísimos fans del black metal sinfónico de calidad y sin compromisos, con un proyecto liderado por un inesperadamente carismático (y hasta cariñoso) Galder.

En la memoria reciente del festival ha habido frontman que nos han dejado encantados, como Johan Lanquist de Candlemass o Adalbjorn Tryggvason de Sólstafir, pero no recuerdo a nadie que pareciera tan genuinamente conmovido por su visita como nuestro calvo blacker favorito, que canción con canción, no dejaba de recordarnos lo hermosos y especiales que éramos todos los presentes y lo feliz que se encontraba de estar ahí. Por ahí hasta me di cuenta que desde el día pasado el man se encontraba conviviendo con los fans, cosa que te guste o no la banda, es algo que no puedes dejar de admirar.

Con un set repleto de canciones de sus mejores discos como The Pagan Prosperity o Revelation 666: The Curse of Damnation, la primera visita de los noruegos al país nos dejó hambrientos de más, y siendo que el Candelabrum suele ser una plataforma de entrada al mercado mexicano para muchas bandas (con resultados variables), esperamos que esto sea el inicio de una ya necesitada relación con estas leyendas.

Pero finalmente, con el cuerpo adolorido, los bolsillos vacíos, la cabeza obnubilada y una refrescante llovizna en la cara, nos despedíamos de viejos y nuevos amigos, con esa sensación agridulce de que la fecha más esperada en nuestro mundo se concluía entre abrazos y promesas de volver.

Sobre esta edición se puede mencionar que la cerveza sigue siendo desagradablemente cara y desagradablemente Cuauhtémoc Moctezuma, aunque ya aprendimos a tolerarla; se puede mencionar que la higiene de los baños dejó un poquito más a desear respecto a ediciones anteriores; podemos incluso atrevernos a decir que el sonido no es siempre el más adecuado para las bandas, sí, podemos hablar de muchas de esas cosas, pero para hacerle justicia a esta auténtica celebración de la individualidad, y a la vez la colectividad, de la potente carga simbólica y rebelde del género, y una celebración a los aferrados fans mismos del género maligno, el Candelabrum Metal Fest lo ha logrado de nuevo, regalándonos un festival que no solo satisface a nuestros oídos, si no que se ha vuelta un verdadero y emotivo punto de encuentro para toda una generación de metaleros que ya no encontraba celebración en los festivales mexicanos. Y por eso y más cosas, ¡larga vida al rocanrol y al Candelabrum!

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Candelabrum Metal Fest 2026 Día 2: “Celebrando al Mal”
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Un día nuevo se avecinaba, pero el tímido el sol de León auguraba permanecer atrás de las nubes durante un buen rato. El calor era menos que el día anterior, pero la desvelada pasada no ayudaba mucho para aminorar la pesadumbres. Sin embargo, el camino a La Velaria fue corto y en menos de lo que pensábamos ya estábamos tras de la valla para la ronda de bandas prometidas del domingo. Cayendo pesado como plomo, el primer grupo que veríamos ese día no era ninguna cosa suave y enérgica, si no una de las bandas más densas de todo este ancho país. A pesar de que no soy fan de cómo suelen mandar el doom más lento hasta la base del cartel (cosa que por demás entiendo en la lógica curatorial del festival), ahora me parecía un acierto tremendo el comenzar con Silent Tombs, no porque no merezcan la pena, si no porque sentaba las bases para el mastodonte de jornada que se nos avecinaba.

Originarios de Colima, Colima, un pequeño estado y más pequeña ciudad del occidente del país, donde por experiencia les digo que no pasa nada, durante años, bajo nuestras narices, se formaba una de las agrupaciones más impactantes de melodic doom/death que haya escuchado en la región. Un proyecto que a la memoria se le antoja densísimo y brutal, pero que bajo una lupa más certera, los detalles melódicos resaltan no por su cualidad dinámica, haciendo la música más digerible, no, resaltan porque son una manera de poner en perspectiva la absoluta tristeza de sus acordes.

Como si se tratase de un juego de altos y bajos con respecto a nuestras emociones, los veteranos Voltax, con veinte años de heavy metal a sus espaldas nos demostraron el verdadero significado de una guitarra asesina. Solos hipersónicos y vocales rompe copas inundaron la valeria por media hora sin tregua alguna, haciendo un breve repaso de su trayectoria y recordándonos el verdadero orgullo de nombrarse así mismo, al menos por un rato y al mediodía, lo que es ser un guerrero de la noche, en un país que necesita fortaleza y arranque.

Para finalizar el último bloque de bandas de esta edición, el Candelabrum se permitió consentir a algunos de los más aferrados y veteranos fans del verdadero metal en México con Under Moonlight Sadness, una banda cuyo primer trabajo de larga duración salía en el lejano año de 1998 del siglo pasado, pero que con una fuerza y sobriedad admirables, dieron un último y sentido adiós a más de 30 años de carrera en una de las catedrales del metal más importantes de nuestros tiempos. Melódicos y progresivos, estos paladines de la melancolía erizaron los pelos de más de algún asistente que recordó interminables noches noventeras de borrachera y rebeldía.

Phlebotomized, la insospechadamente popular banda de doom/death neerlandesa se haría del escenario poco después de las dos de la tarde, con una arrolladora, pero sencilla presencia que dejaba en claro que no necesitas la mejor y más destacable presencia en el escenario para derretir las cabezas de un montón de señores metaleros que se encontraban extasiados con el sonido pantanoso de estos monstruos.

Y sin embargo, la pesadumbrez y densidad apenas empezaría a hacer crepitar los pilares mismos de la Velaria, pues la titánica y sombría presencia de Mournful Congregation desde las lejanas tierras de ahí abajo (Australia) dominaría el escenario del festival y nos haría sentir como la más indolente, insignificante y miserable plasta de mierda que existe en el mundo, con uno de los mejores funeral dooms que se han escuchado por estas partes del planeta y, personalmente, una de mis presentaciones favoritas de todas las ediciones. “Fantásticos” les queda corto, pues esta es una banda de primerísima categoría, que con una dignidad sónica entrañable, nos hizo vibrar (en un sentido muy literal de la palabra).

Para este momento, yo ya me había abocado hacia un punto muy estratégico del festival, exactamente adelante de la cabina de sonido y sin duda puedo decirles que es el lugar en el que mejor se disfruta del sonido de estas propuestas. Pasarían unas cuántas horas para retirarme de mi trinchera, pues el clima era bueno, la cerveza estaba fría y el metal era ruidoso.

Sin tregua alguna y con una potente tormenta, como ninguna otra en la historia del festival, rompiendo a nuestro al rededor, mi mandíbula se botaría cual lobo de caricatura cuando le llegó el turno a los islandeses Misþyrming, que con faces manchadas de negro y un gélido y feroz sonido, representó uno de los momentos más álgidos del día, pues aquella música definitivamente no se consigue escuchar con tanta facilidad en este país. Son una bestialidad de banda que ahora no me puedo sacar de la cabeza y que, a pesar de que ni siquiera recuerdo haber visto el logo antes del anuncio oficial en esta fiesta, tendrá mi atención de aquí hasta el fin de mis días y concluyo con que uno de los aciertos del Candelabrum sin duda es el de acercar a los artistas con públicos que por sí mismos, quizás nunca hubieran coincidido.

El slot de LIK llegó cuando me encontraba ya impaciente, así que a pesar de que reconocí un sólido death de la vieja escuela, con una presencia escénica de bastante personalidad, confieso que, en parte por mi poca (aunque no inexistente) afinidad al death tradicional y en parte por las ansias mismas de lo siguiente, no me permití el suficiente cuidado de escucharlos con demasiada atención. Puedo concluir con que estuvo bien, aunque poco más, pero al juzgar por el candor de la audiencia, estoy en la minoría respecto a esta opinión y poco antes de que finalizara este cuarteto sueco, yo ya me encontraba adentrándome en las entrañas del público, paso a paso, con cuidado para no apachurrar mi valioso cargo, pues uno de los momentos más sublimes de mi vida como público estaba por asomar su relumbrante cabeza calva de entre el equipo de producción.

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Sobre esto, cabe aclarar que a pesar de las opiniones encontradas sobre el nuevo sistema de ticketaje del festival con respecto a la comida, a mí me pareció práctico. Al principio choca, claro, “¿dónde estoy, en una quermés?” nos aventuramos a juzgar, pero la verdad es que sí, wey, más o menos ahí es en donde estamos y si a las quermeses les funciona es por algo. En definitiva, me parece que este sistema sí que ayudó a aliviar las otrora interminables filas para la glotonería y a propósito de esta, me gustaría aclarar que a mi juicio, la oferta gastronómica sí mejoró un poco con respecto a ediciones pasadas. Se extraña al birriamen, puesto que este solía ser el sustento más cuantioso y sabroso respecto a otras ofertas, pero es muy gratificante ver que ya había opciones de comida por debajo de los $100 pesos, como las tradicionales guacamayas, que aunque no comí, me parece importante que estén, tanto por cultura leonense general, como por practicidad y economía. En fin, yo me chingué unos dorilocos con barbacoa y no quedé nada mal, buena cantidad, buena barbacoa y toda la salsita verde que quisieras echarle. Unos chilaquiles improvisados bastante dignos para ver a los guerreros noruegos del thrash black: Aura Noir.

Con un poco de mal del puerco y las patas completamente destrozadas, solo observé una fracción de la presentación de la banda liderada por Blasphemer, ex-miembro y compositor de la era más certera de Mayhem, quien cumpliendo con una deuda pasada en este mismo evento nos ofreció un pedazo de odio con esta “nueva” y bestial empresa, que nos adentraba profundo en la noche del alma y que se encontraba tristemente por terminar.

Una vez hidratado y más repuesto, me intenté preparar para lo siguiente, pero no había aviso oportuno y que yo creyera para lo que estaba por presenciar.

Mi primer acercamiento a The Haunted habrá sido en la primaria/secundaria, en los lejanos años de MySpace, cuando recibí una invitación de amistad de una curiosa banda con un fulanito en el logo de letra de molde. No me llamó la atención y lamentablemente, esa fue la impresión con la que me quedé buena parte de mi vida: conocía a la banda de nombre y no mucho más. Y pártanme la madre, porque de verdad que qué cosa, ¡carajo¡ Esa emoción que yo esperaba sentir con sus iguales de Bloodbath me golpeó la nuca con un batazo de intensidad y tono insuperables hasta ese momento (respecto al death metal). Por ahí me enteré después de que esta es la banda de un conocido guitarrista y creador de contenido llamado Ola Englund y que esto contribuye, al parecer, a que ese sonido tan supremo me causara tal impacto. No había manera de sentir eso en una grabación, tenía qué venir hasta acá a León para experimentarlo en carne propia. Me emocionó bastante, eso es seguro.

Hipnotizado por ese sonido, cuando menos me di cuenta ya me encontraba muy adentrado en el público para esperar a los samuráis kamikazes del infierno del hair metal. O eso pensaba yo, porque después de esta presentación, me queda muy claro que la banda liderada por Minoru Niihara no espera a nadie y el que se queda, se queda y que con un virtuosismo congruente a su estirpe, nos dejan bien en claro que en occidente no sabemos pito de heavy metal, y que para que este reciba el mote, no necesita ser un cliché de Iron Maiden tropicalizado al oriente lejano.

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Con un set repleto de canciones de sus mejores discos como The Pagan Prosperity o Revelation 666: The Curse of Damnation, la primera visita de los noruegos al país nos dejó hambrientos de más, y siendo que el Candelabrum suele ser una plataforma de entrada al mercado mexicano para muchas bandas (con resultados variables), esperamos que esto sea el inicio de una ya necesitada relación con estas leyendas.

Pero finalmente, con el cuerpo adolorido, los bolsillos vacíos, la cabeza obnubilada y una refrescante llovizna en la cara, nos despedíamos de viejos y nuevos amigos, con esa sensación agridulce de que la fecha más esperada en nuestro mundo se concluía entre abrazos y promesas de volver.

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