


A estas alturas de la película, creo no ser el único que piensa en que si los norteamericanos A Day To Remember, siguen estando presentes bien arriba en los festivales y llenando sitios más que respetables es gracias a su pasado, traducido a discos como Homesick (lejos, el mejor disco de la banda y uno de los más influyentes en la segunda mitad de los 2000), For Those Who Have Heart y como mucho What Separates Me From You, aunque quizás se podría añadir Common Courtesy, quizás el último gran disco de los norteamericanos.
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A partir de ahí, ADTR se ha ido estancando y desinflando con el tiempo, entregando obras que navegan entre el bueno y el aprobado justito, como es el caso de su último disco You’re Welcome, que no aportó gran cosa a la discografía de la banda.
En cualquier caso, hoy me enfrento (café en mano) al séptimo disco de estudio de ADTR y la pregunta es: ¿Habrán recuperado la chispa de antaño?.
El comienzo con “Make It Make Sense”, es bastante bueno, siguiendo la línea que la banda ha venido dibujando en esta última década, pero bien con Alex y Kevin afilados a las seis cuerdas, Alex marcando el ritmo a lo I Prevail tras los parches y Jeremy combinando como siempre, pero en este caso con buen resultado, esa dualidad vocal entre lo melódico y lo gritado.
La fe dura poquito ya que “Feedback”, segundo adelanto del disco que pudimos escuchar hace 8 meses, es una canción que no aporta absolutamente nada al repertorio de ADTR y que me reafirma cuando digo que la banda hace años que vive de las rentas y no por sus canciones nuevas, ya que gran parte de ellas son mediocres y este es un ejemplo muy claro de ello.
Temas como “Lebron” muestran el lado donde ADTR son buenos, haciendo un tema pegadizo y que bien podría haber encajado en Common Courtesy, aunque vuelven a fallar en la letra, ya que esa comparación con la superestrella de Los Angeles Lakers, sinceramente queda bastante postiza, pero dudo que a los fans les importe ya que puede funcionar bastante en directo.
Pero lo que sigue evidencia porque muchos creemos que ADTR ya no son ni la sombra de lo que un día fueron y lejos quedan los días en los que ilusionaban cuando anunciaban un nuevo trabajo.
Y esto se debe a que los de Ocala, parecen estar cómodos en la “Conformidad”, y es que como explicar temas tan mediocres como “To The Death”, donde ya no te crees ni la combinación de estilos, si suenan rudos pero no te transmiten (al menos a mi) absolutamente nada.
Lo bueno es que este paso atrás se encuentra en medio de dos temas bastante mejorcitos como la pegadiza y pop punkera “All My Friends”, donde uno puede pensar “Y si, es por aquí el asunto chicos” así como “Flowers”, quizás de los cortes más pop del disco, pero que convence más que casi todo su disco anterior y que se adorna con una parte más cañera que en este caso está bien ejecutada.
“Bad Blood”, estaría en un término medio ya que si bien no va a sorprender a nadie, presenta un cierto aroma a la época de What Separate Me From You, que se agradece y quizás con el directo pueda acabar conquistando al oyente, amén de contar con un solo bastante efectivo de Kevin Skaff.
El único “pero” ese breakdwon innecesario, que la canción no pide pero que tampoco la empaña del todo como ocurre en “To The Death”.
Entre los ya conocidos “Lebron” y la cañera “Miracle”, tenemos “Die For Me”, un corte moderno que de nuevo no aporta grandes novedades sonoras, pero que si te gustan bandas como I Prevail o incluso Neck Deep, podría ser un híbrido bastante simpático y una luz en un disco que afronta una recta final más que dudosa.
Y es que si “Same Team” parece una cara B (y porque no C) de I Prevail o From Ashes To New, siendo de lo peor del disco y con un regusto artificial que haría sonrojar a los que escuchen discos como Homesick y vean que es la misma banda quien toca este tema.
“Silence”, es directamente una de las peores y más vergonzosas canciones de ADTR hasta la fecha, el descaro con el que intentar tomar prestado elementos de Nine Inch Nails e incluso algo de Korn, es tremendo y si, podría sorprender ya que no se parece a seguramente el 99% de sus otras canciones, pero está tan mal resuelta y parece tan metida con calzador en el disco, que es ridículo y pretencioso hasta niveles estratosféricos.
Para remediarlo, vuelven a lo que han hecho casi siempre y es que “Closer Than You Think” una canción simple, pero efectiva de pop rock moderno que te va a servir cuando este verano te pongas las Vans, los bermudas Dickies y vayas con tu Monster andando por la calle sin que nada te importe.
Pues efectivamente Big Ole Album Vol.1 es justamente lo que yo presentía que me iba a encontrar, un disco que (afortunadamente) supera a su predecesor, pero que no alcanza ni por asomo a los grandes discos de la banda y que evidencia que a estos (ya no tan) chicos se les está empezando a agotar la fórmula ya que este disco recicla muchos de los pros y contras que han venido teniendo estos últimos diez años. Entonces sin ser un mal disco, aprobando y con un poquito más A Day To Remember regresan a la escena, de la que un día fueron (casi) líderes y hoy si siguen en pie es gracias a su (más que notable) pasado más que con discos como los que han venido editando en esta última década.
Etiquetas: A Day To Remember, Atlantic Records, Big Album Ole Vol.1, Metalcore, Pop Punk, Post Hardcore

Kathryn Mohr es una artista estadounidense de folk experimental, actualmente residente en Oakland, pero proveniente de San Francisco, y que ha empezado a hacerse escuchar desde 2020, en plena pandemia. Esto podría ser un dato anecdótico, pero su obra tiene mucho que ver con la sensación de transitar espacios y vivir experiencias como una suerte de viajera constante en este mundo.
Si bien ya había lanzado varios EP y singles, Waiting Room es su primer LP, compuesto y grabado por ella misma en el transcurso de un mes mientras se encontraba en Islandia, en el marco de una residencia artística. El proceso se desarrolló estando encerrada en una habitación de concreto sin ventanas dentro de una planta de procesamiento industrial de pescado. Precisamente, de eso se trata: de buscar la expresión sonora que, de alguna manera, represente esa mezcla de recuerdos reconstruidos, bizarras fantasías y realismo doloroso. Ella misma sacó la fotografía para el arte de tapa.
El disco empieza con “Diver”: una guitarra lánguida y una voz frágil que suena siempre al borde de desgarrarse, un anuncio del minimalismo intimista que se nos promete, siempre en la búsqueda de una sutil disonancia para generar medidas precisas de incomodidad. “Rated” abre paso a una mayor presencia de los sintetizadores analógicos con una actitud noise, como fondo de un discurso introspectivo, propio de las circunstancias de aislamiento. Lo atmosférico en este trabajo muchas veces remite, justamente, al registro de los fenómenos del entorno físico real, de allí que Mohr se considere una trabajadora de campo.
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“Driven” se vuelve etérea, flotante, hechizando el ambiente, con ecos de un canto reverberante y una línea de bajo opaca y meditativa. Mohr parece una sirena angustiada atrapada en las redes de una leyenda urbana. La irrupción de “Petrified” es bienvenida, pues es una canción dulce de un espíritu folk más tradicional. Tiene algunas reminiscencias de la obra solista de Dorthia Cottrell. Dicho sea de paso, las temáticas de la muerte, el sexo, el amor, el consumismo y la violencia son bastante transversales. Luego, “Take It” sorprende con fuerza y una impronta casi grunge. Aparecen unos coros espectrales a cargo de la misma Mohr, y un despliegue más amplio de la guitarra, que siempre suena sucia y genuina. La brumosa distorsión de “Elevator” y la voz más arriesgada continúan elevando la intensidad de la propuesta musical. Algo que resulta muy interesante es que, cada canción, si bien está reducida a lo expresivamente indispensable, parece condensar en sí misma una esencia que podría explotarse de otra forma con un conjunto instrumental de rock. Eso es indicador de una apuesta estética y de una gran calidad compositiva. La influencia de Midwife también es muy notable.
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“Prove”, con su teclado lúgubre y la voz quebradiza, recuerda mucho al estilo de Björk. ¿Tendrá algo que ver la grabación en Islandia? Todo se hunde en una espesura siniestra. “Horizonless” retorna la senda hipnótica de tramos anteriores. La repetición es la eterna clave del trance y, en efecto, “Cornered” profundiza el enclaustramiento moderno con ruidos y samples de contestadoras automáticas. Las capturas ambientales adquieren protagonismo y generan un clima envolvente que nos transporta.
En “Wheel” retorna la energía de ese folk ácido que emerge episódicamente; acidez mezclada con notas de madera y óxido. Hay que destacar el talento para producir belleza con una sinceridad que no evita la aspereza de lo cotidiano. Finalmente, el track homónimo al disco nos propone un camino de despedida que nos va sumergiendo suavemente, de vuelta, en la realidad, o, tal vez, a esa simulación que vivimos hace varios años, pantalla en mano, cual prótesis de nuestras precarizadas identidades.
Etiquetas: dark ambient, Estados Unidos, Folk, Folk Psicodélico, Kathryn Mohr, the flenser

Christian Mistress es uno de esos grupos cuyo nombre tenía presente pero por alguna razón nunca le había prestado atención: el hecho de que fueron casi siempre metidos en la bolsa del “heavy retro” puede que haya sido una de las razones, con tantas bandas medio pelo que terminan tapando a otras que se merecerían ser más grandes. Para ser sincero, era tal mi desconocimiento que por un tiempo creí que eran suecos, tal vez confundiéndolos con Sister Sin.
Teniendo en mis manos de manera anticipada el nuevo álbum de este cuarteto del estado de Washington, el cuarto de su carrera y el primero tras su regreso en 2022, decidí aprovechar la oportunidad y escuchar la discografía anterior de Christian Mistress, como suelo hacer con las bandas con las que quiero tener más contexto. Y en mi opinión es fácil ver el enorme atractivo de su propuesta: un grupo que reúne los mejores aspectos del metal de los setentas y de los ochentas en su composición, como si la escena doom estadounidense se encontrara con la NWOBHM, y teniendo al frente la gran voz de Christine Davis, con una performance formidable que se siente muy natural, sin ser técnicamente perfecta pero trabajando muy bien con ello.
Así que tras una década desde el anterior To Your Death tenemos a Children of the Earth, con fecha de edición del 7 de marzo a través del sello italiano Cruz del Sur, una gran casa para todos los grupos retro metaleros. Con apenas 33 minutos, es su álbum más corto desde su debut Agony & Opium de 2009, aquel que apenas superara los 27 minutos.
Con muchas bandas que vuelven tras tantos años al ruedo cabría esperarse un cambio notorio en el estilo del grupo: la gente cambia, los gustos cambian y muchos quieren experimentar con cosas nuevas. Pero en el caso de Christian Mistress, a primera oída 99% de Children of the Earth suena como si hubiera podido haber salido inmediatamente después de To Your Death. Todos los elementos clave de la fórmula del grupo siguen exactamente en el mismo lugar: los riffs clásicos de factura épica, la batería de sonido cálido y analógico, la espectacular voz de Davis y las estructuras canciones típicas, porque si algo no está roto es mejor no arreglarlo. Sin embargo, hay un par de cosillas nuevas que intentan de vez en cuando.
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“City of Gold” arranca con una introducción como para para abrir un recital, con Davis adoptando un estilo ligeramente más melódico que el que nos tiene acostumbrado pero siendo todavía inconfundible, mientras Tim Diedrich toca la guitarra como si nos quisiera dar ganas de tomar cerveza o de mandarnos a la ruta en moto a toda velocidad. Un track de tintes clásicos que no estaría fuera de lugar en ningún lanzamiento de metal de principios de los ochentas.
“Voiceless” tiene una vibra que, a falta de mejores comparaciones, lo haría sonar muy a gusto en algún disco de Warlock, la banda de Doro Pesch, durante los ochentas, tal vez de la última época cuando el grupo estaba experimentando con la onda glam pero no estaba del todo metida en ella. En el contexto de Christian Mistress no queda tampoco fuera de lugar, algo que puedo acreditar a la habilidad de los estadounidenses para tener una propuesta bastante flexible.
“Death Blade” intenta un estilo más hardrockero, que funciona aunque no sea como para alquilar balcones: le falta algo de la energía clásica de la banda, aunque sea perfectamente aceptable. “Love of the World”, por otro lado, mezcla esa sofisticación ochentera con cierto sentido de jam de los setentas, y “Mythmaker” es un tema más lento pero con un riff de corte épico.
Entre las demás, “Shadow” es un tanto extraña para cerrar el álbum, con esa intro con la voz solitaria de Davis que parece estar a un paso de multitrackearse y terminar en un disco glam: por suerte, Christian Mistress mantienen su aspecto analógico y el resto de la canción sigue ese estilo de hard rock / heavy musculoso, marcado por los riffs de guitarra y el repiqueteo fuerte de la batería.
En su mayor parte, Children of the Earth es lo que uno se esperaría de un nuevo disco de Christian Mistress: heavy metal clásico de temática ocultista con riffs familiares pero que no suenan como una copia directa de nada, mezclando lo mejor de las dos décadas preferidas del metalero común en un combo muy atractivo. Claro que también hay algo de experimentación, pero no creo que este cuarto álbum del grupo pueda considerarse de verdad “experimental” ni nada de ello, aunque veremos a futuro (esperemos) si el grupo sigue adelante con alguna de las tendencias exploradas en el disco, como para darle una vuelta de tuerca a su propuesta si es que lo sienten oportuno. Mientras tanto, todo está en orden acá, escuchen sin problemas.
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El estético y musicalmente único dúo de black metal siberiano, Grima, lanzó al mercado su sexto álbum de estudio, al que titularon Nightside, vía Napalm Records . Aquí les traigo una humilde opinión sobre lo que me pareció luego de escucharlo varias veces, desde que nos llegó el disco promo antes de que estuviera disponible para todo el mundo.
Los hermanos gemelos Morbius y Vilhelm componen la entidad, ahora de cuatro piezas, llamada Grima y se han hecho un nombre por sí mismos con su grandioso y arrollador black metal atmosférico con tintes folk, que evoca todas las imágenes habituales de picos nevados, bosques y bailes alrededor de un fuego abierto, con largas túnicas negras y máscaras de madera ornamentadas, rindiendo homenaje no solo a la naturaleza siberiana, sino también al espíritu del bosque siberiano conocido como Taiga.
Este nuevo lanzamiento es un viaje musical hechizante y dramáticamente intenso. Con una duración que se acerca a los 50 minutos, los enmascarados hacen un trabajo notable asegurándose de que Nightside siga siendo profundamente envolvente en todo momento. El álbum está producido, mezclado y masterizado por el maestro del black metal, Vladimir Lehtinen, y presenta sonidos atronadores de blast beats, dominantes muros de trémolo y la penetrante y vigorizante voz ronca de Vilhelm, manteniendo un equilibrio impecable entre claridad y crudeza. Las guitarras, dirigidas por los enigmáticos hermanos, se abren paso a través de la mezcla con una combinación de atronadores riffs, mientras que las contribuciones de Vlad (batería) y Serpentum (guitarras) refuerzan la energía dinámica del álbum.
Este nuevo lanzamiento es una evolución del sonido característico de Grima: expansivo pero íntimo, crudo pero elegantemente estructurado. Desde los primeros momentos de la introducción, el álbum atrae a los oyentes a un mundo de misticismo siberiano. Paredes de sonido imponentes, melodías melancólicas y una profunda reverencia por la naturaleza definen el álbum, convirtiéndolo en un digno sucesor de Frostbitten y Will of the Primordial.
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Desmenuzando brevemente algunas de las canciones que están incluidas en este nuevo LP, encontramos a las más directas como pueden ser “Beyond the Dark Horizon” y “Curse of the Void” que golpean con afilada precisión, encarnando la gélida furia del black metal de la segunda ola sin perder la profundidad característica. Los primeros instantes de “Flight of the Silver Storm” combinan melancolía y sonidos del doom metal melódico con tintes fúnebres y black metal atmosférico, creando uno de los momentos más cautivadores de la placa.
“Skull Gatherers” es la canción en la que el viaje parece arrancar de verdad. El ritmo lento de la introducción ayuda a que se destaque como una pieza única en comparación con las anteriores. Es en este punto donde el álbum empieza a desarrollar una sensación de metal progresivo con una mezcla de folk ennegrecido y grandeza atmosférica, amplificada por el inquietante bayan (acordeón ruso), que confiere al tema un aire escalofriante y ceremonial.
Le sigue una de las canciones más directas de este nuevo lanzamiento, “Impending Death Premonition”. Esta canción sobresale debido al uso de (una vez más) instrumentos tradicionales que se mezclan con una melodía de guitarra acústica preciosa, mientras que, a medida que los minutos corren hacia el clímax final, se juegan a todo volumen. Otra cosa que hace que esta canción destaque es que el *outro* tiene voces limpias que se mezclan con gruñidos propios del death metal, añadiendo otra capa de agresividad al arsenal sónico de la banda.
La canción que da título al disco, “The Nightside”, muestra a Grima en su momento más grandioso, entretejiendo intrincadas melodías de trémolo con una atmósfera fantasmal. Después de una última canción, “Mist and Fog”, suena un outro de dos minutos de duración, mucho más suave que el resto del álbum, lo cual es un toque muy agradable, ya que simboliza el final de un viaje a través de un bosque y de vuelta a la normalidad.
Etiquetas: Black Metal, Grima, Napalm Records, Siberia

Desde hace más de tres décadas, Lacrimosa ha sido el faro que guía a los amantes de la música oscura a través de un mar de emociones. Con una discografía que ya suma 14 álbumes de estudio, Tilo Wolff y compañía han esculpido un legado inigualable dentro del rock gótico y el metal sinfónico. Ahora, en 2025, nos entregan Lament, un trabajo majestuoso que no solo reafirma su genialidad, sino que también cierra con broche de oro la Trilogía de la Tormenta.
La serie comenzó en 2017 con Testimonium. El detonante de este trabajo fue la pérdida de personas cercanas al cantante, así como de artistas que lo influyeron musicalmente. Por ello, aquel álbum se centró mucho en el dolor y el duelo. El segundo LP de la serie, Leidenschaft (Pasión), se publicó en 2021 y, como su nombre indica, el grupo se enfocó en este tema en particular, incorporando algunos sonidos que no son del todo típicos de la banda.
Si algo ha caracterizado a Lacrimosa a lo largo de su carrera es su capacidad para trascender la música y convertir cada disco en una experiencia sensorial, y este nuevo lanzamiento no es la excepción. En este disco encontramos un equilibrio perfecto entre melancolía y pasión, entre la fragilidad de la pérdida y la intensidad de la resiliencia.
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A continuación, haremos un recorrido por cada uno de los temas que conforman este nuevo lanzamiento de los alemanes:
“Lament”: Una apertura impresionante. Con casi diez minutos de duración, este tema nos sumerge de inmediato en el universo de Lacrimosa. La fragilidad de la guitarra acústica contrasta con la magnitud orquestal, creando un viaje que desafía y cautiva a la vez. La canción no se entrega fácilmente: hay que escucharla varias veces para descubrir todos sus matices. La inquietante voz de Tilo, en un tono tétrico, se entremezcla con cuerdas melancólicas y sintetizadores orquestales, creando un sonido dramático hasta el final.
“Ein Sturm zieht auf”: En ella podemos encontrar melodías serenas que chocan contra ráfagas de intensidad, generando una mezcla envolvente y única. La línea “Please outshine this darkness” resuena como un grito de esperanza en medio de la tormenta emocional, que con el correr de los minutos va revelando una lucha personal entre conflictos sociales y humanos.
Pasado el primer cuarto de hora, la tercera pieza se titula “Ein langer Weg”. Es aquí donde Lacrimosa rompe esquemas y sorprende con un aire casi cinematográfico que crece en intensidad hasta explotar en un final majestuoso, con guitarras más pesadas y un dramatismo instrumental exquisito. Fue una de las canciones que más se destacó en el momento en que tuve la oportunidad de escuchar el disco antes de su lanzamiento oficial.
Al llegar a la cuarta pista del disco, nos encontramos con “Du bist alles was ich will”, la canción más corta de la placa, en donde los alemanes arrastran al oyente a un terreno hipnótico, oscuro y profundamente íntimo, que avanza como una sombra envolvente, con un sonido tan contenido como poderoso. Luego de cuatro canciones, podrán notar que la contraparte femenina de la banda perdió mucho terreno, pero, de igual modo, es muy disfrutable escuchar la voz de Tilo con un sentimiento desgarrador al cantar cada estrofa.
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“Avalon”: Una de las piezas más imponentes del álbum. Grandilocuente, dramática y con una carga crítica latente, esta canción demuestra que Lacrimosa sigue teniendo mucho que decir. El trabajo orquestal aquí es una obra de arte en sí misma. Luego de ella, el álbum vuelve a dar un giro oscuro con “Geliebtes Monster”, que se muestra como una de las piezas más intrigantes del disco. La dualidad del título se refleja en una estructura llena de contrastes: pasajes melódicos de piano se entrelazan con momentos de guitarras crudas y percusiones marcadas, representando la compleja relación entre amor y peligro.
Y llegamos a uno de los puntos más destacados de este nuevo lanzamiento. “Dark Is This Night” tiene como protagonista principal la dulce voz de Anne Nurmi, la cual se convierte en el eje de una canción que mezcla sonidos góticos con toques electrónicos, creando una atmósfera nocturna y enigmática. Si queríamos sonidos clásicos, “Punk & Pomerol” probablemente sea el mayor golpe de efecto del álbum. Un Lacrimosa con tintes punk no es algo que uno espere, pero la banda lo hace con una naturalidad impresionante. Es cruda, irreverente y absolutamente brillante.
“In einem anderen Leben”: Aquí la banda nos toma de la mano y nos lleva a los años 80, con una melodía accesible y luminosa que contrasta con la densidad del disco. Sin embargo, detrás de su aparente sencillez, esconde una profundidad lírica que la hace inolvidable.
“Memoria”: Y así llegamos al gran final. Como siempre, Lacrimosa sabe despedirse con clase. Memoria es una carta de amor y despedida, un tema que te envuelve en una sensación de paz y nostalgia a la vez. Es el cierre perfecto para un álbum y para una trilogía que nos ha llevado por el dolor, la pasión y, finalmente, la redención.
Si bien Lament no es un álbum en el cual Lacrimosa vuelva a sus orígenes ni mucho menos encontremos similitudes con aquel sonido clásico que tenía “Copycat”, es un excelente trabajo que se disfruta de principio a fin. Las canciones, en general, no son planas; al contrario, son muy versátiles y tienen muchos cambios de ritmos, lo cual enriquece el producto en su totalidad.
Etiquetas: Alemania, Anne Nurmi, Darkwave, gothic metal, Lacrimosa, Tilo Wolff

Tras su estupendo EP The Fear of Fear de 2023, ahora los canadienses alternativos Spiritbox se enfrentan a ese tan temido “Segundo disco”, donde Courtney LaPlante y los suyos deben demostrar que lo mostrado hasta el momento no es solo flor de un día, si no que son capaces de mucho más.
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Así pues Tsunami Sea, con 11 nuevos cortes, marcan la siguiente etapa de la banda y todo parece indicar que la dirección sigue siendo la correcta.
Courtney LaPlante sigue evidenciando porque es una de las mejores cantantes de su generación y a diferencia de otros compañeros de profesión, con Tsunami Sea, Spiritbox continúa la búsqueda de un sonido que los acompañe y a la vez no sea un calco de lo que hasta el momento hemos podido escuchar de ellos, combinando dulces melodías, desgarradores voces guturales y cierta complejidad en los arreglos, dando como resultado una gran colección de canciones a la altura de su fantástico disco debut.
Y es que Spiritbox parecen ser esa puerta que muchos jóvenes están eligiendo para adentrarse en los sonidos más pesados y a la vez que modernos, siendo seguramente una decisión más que acertada y que conlleva una responsabilidad que Courtney y los suyos se han vuelto a tomar muy en serio en este nuevo disco.
Solo es cuestión de pulsar el botón de “Play” en el reproductor y escuchar piezas tan bien ejecutadas y con tantos matices como ” Fata Morgana”, una auténtica delicia llena de matices y agresividad bien plasmada, donde si, se hace más que palpable la influencia de Meshuggah o la tan bien novedosa “No Loss, No Love”, donde Courtney te envuelve con su voz llena de contrastes y secretos, para entender que si había “Hype” con este nuevo disco de Spiritbox, ellos lo han justificado con creces.
Aunque conocíamos alguno de sus singles (“Perfect Soul”, “Soft Spine”), el disco no pierde ni un ápice de magia al volver a escuchar todo el conjunto y le podemos sumar otras canciones muy interesantes como “Ride Wave”, con un estribillo que será imposible no quitarte de la cabeza desde la primera escucha o la particular “Black Rainbow”, donde vemos un lado algo más potente y a la vez moderno de la banda.
Así pues, Spiritbox siguen ahondando en los mares de su propia evolución con un retorno más que notable y que va ganando más puntos con cada escucha que le des, las cuales deben ser a conciencia e intentando descubrir los detalles que el disco esconde y así volverás a caer en las redes de Spiritbox, si es que no lo has hecho ya.
Pero por si acaso, te queda alguna duda…Espera a escuchar la pieza final “Deep End” y a ver cuanto tardas en darte cuenta de que este disco, es ya uno de los mejores trabajos del año y porque no, del último lustro dentro del estilo, pasando por encima de la media en lo que a terrenos alternativos se refiere.
Etiquetas: Metal Alternativo, Rise Records, Spiritbox, Tsunami Sea
![The Scattering – Now We All Burn [EP] (2025) thumb image](https://tracktohell.com/wp-content/uploads/2025/03/the-scattering.jpg)

Siempre es agradable ayudar a difundir proyectos que surgen con mucha fuerza, como es el caso de the scattering (nombre estilizado siempre con minúsculas). Se trata de una banda oriunda de Reno, Nevada, que ejecuta un metallic hardcore con tendencias hacia lo extremo, de cierta afinidad con lo que hacen algunas referencias como Integrity, Terror, Misery Index y Nails, solo por mencionar algunas. Al igual que esas influencias, el compromiso político está presente, en otra manifestación del asiduo fenómeno del arte haciendo una lectura crítica de la realidad social. De hecho, la portada del disco nos presenta una gran metrópolis en llamas, vista desde la perspectiva de un campamento que bien podría ser de indigentes. En este sentido, recuerda mucho al panorama de Los Ángeles, y el disco salió justo antes de los fatídicos incendios en las proximidades de Hollywood, lo cual resulta bastante tétrico.
El grupo está conformado por Jim Williams (voz y letras), Jason Jo (guitarra y voz), Joshua Gusta Ah Sam (guitarra), Rashidul Kader (bajo y voz) y Brian Boydstun (batería y samples). Este EP es el tercero, aparte de un LP lanzado en 2020, y representa un avance significativo en cuanto a la calidad del sonido y la producción.
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Ya desde el primer track, “edge of failure” la propuesta de la banda nos impacta directo en la cara: una voz furiosa, riffs de guitarra poderosos y con groove, y una base rítmica más diversa que lo habitual en el hardcore, aparte de los breakdowns demoledores. En “lies that bind” se asoman con más intensidad dos cualidades bastante interesantes: el influjo de un thrash metal al estilo de Slayer y tramos violentos de velocidad percusiva y machaques al borde del death metal. De hecho, “now we all burn” tiene ciertas reminiscencias de grupos como Entombed o Dismember.
La temática incendiaria continúa con “light the match”, que adquiere tintes más post-hardcore, en la veta de Converge, tanto por la estructura compositiva como por las variaciones vocales. Mientras escucho no puedo dejar de imaginarme escenas de trifulcas callejeras o, al menos, un moshpit de potencia temeraria. El recorrido sigue en “tiny heart”, canción directa y más lineal en su energético despliegue.
El final llega con “ATE”, que comienza con samples de protestas y el grito repetido de “Rise!”, antes de que se desate el caos dirigido. La verdad es que estos estadounidenses logran condensar en un EP una experiencia musical bastante agitadora, que suena más que apropiada para los tiempos que corren en el mundo, pero sobre todo en el gran país del norte.
Etiquetas: Hardcore Punk, Integrity, Metalcore, Misery Index, Terror, The Scattering


Finalmente ha llegado el tercer álbum de larga duración de Matalobos, una de las instituciones más importantes e imponentes del doom/death latinoamericano. Un álbum que se trabajó con mucho cuidado e invitados de lujo en el estudio como el veterano trompetista de mariachi Tano Padilla, Rich Marmolejo de Dark Matter y Carlos de Anda en el bajo (solo por mencionar a algunos), todos de la ciudad de León, Guanajuato y que lleva por nombre Phantasmagoria: Hexed Lands.
Desde aquella impactante presentación en el Candelabrum Metal Fest del 2024, ya habíamos podido escuchar algunas de las piezas que aquí se nos presentan, pero sin lugar ha dudas, apreciar este álbum en su totalidad es la manera correcta de apreciar este viaje a la desolación, melancolía, misterio y horror de las leyendas de Guanajuato.
Empezando por un frenético y tribal intro titulado “Panoramica“, se nos advierte que este compilado de historias trama algo con la desesperación para dar paso a lo que es la primera pieza en forma del disco: “This Mortal Music“, una pieza que expone todos los cambios, matices y evolución que esta banda ha llevado, incluyendo por primera vez esa cadencia regional, los ya advertidos diferentes tipos de voz de los que el disco hace gala y las hechizantes melodías acompañadas de trompetas rancheras que le imprimen al disco una especie de orgullo regional difícilmente replicado por alguna otra banda que haya hecho gala de ellas. Como buen inicio de álbum, es una declaración de sonido.
“Purgatory Blessing” se nos abre paso con un rezo desesperanzador que parece tratar de acompañar a un alma en pena que no ha podido encontrar el descanso y llevarla (probablemente sin éxito) hacia la luz. El rezo da paso a la violencia, misma que a su vez nos lleva hacia el melancólico canto de una mujer que conversa con otra voz, quizás pactando algo. Destacan los cambios en intención e intensidad, pues mientras una guitarra nos hechiza, repentinamente el recuerdo brutal de la muerte interrumpe la calma, haciendo gala de breaks y blast beats que encuentran su lugar y encajan perfectamente con el desarrollo de la pieza.
Inmediatamente después nos acechan los inquietantes acordes de “Below the Dam“, el primero sencillo de este material. Narrando la leyenda de la dama de la presa, esta espectral pieza de angustia y embrujamiento ha sido una excelente carta de presentación para lo que se ha convertido el proyecto. Poseedora de un “groove” fantástico para el género que representa, una vez más, los matices entre lo bello y lo profano brillan en el trabajo, lo peculiar siendo que en esta ocasión huele a polvo, tequila y tabaco.
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La mitad del disco nos lo regala la brutal “Hatred of Kin“, que nos recuerdan las influencias octobertidescas de esta banda, con esa agresión demoniaca que abre paso a uno de los puntos más especiales del disco: “Hasta el viento tiene miedo“, una pieza bellísima que entre bolero, jazz, flamenco, metal y mariachi, recuerda a una versión más refinada incluso que los fragmentos de saxofón de bandas como White Ward. Una interpretación que de alguna manera suena tanto urbana, como campestre, algo contradictorio, pero que es mejor apreciado escuchándola, pero que eso sí, es 100% fantasmagórica, como el título del álbum nos prometió.
El álbum evoluciona con “Where Witches Gather“, que sí cuentan con un sabor más oculto y mágico, acentuado por un coro que evoca a los cánticos de un aquelarre, adornos musicales espeluznantes y un diseño sonoro completamente inmersivo.
Sin embargo, la calma no se ha ido por completo y el sonido casi cálido de “The Alley” nos retorna a un estado más contemplativo, casi letárgico. Una pieza que sugiere un sonido más cercano a “Discourage Ones” que a “Brave Murder Day”, pero que inmediatamente nos explota en la cara para asegurarnos de que se trata de Matalobos a full power: una melancolía adormecida por el recuerdo de los espectros del pasado y trompetas, perdida entre los laberintos de una oscura ciudad minera.
Siendo la montaña rusa de emociones que es esto, “Carmen Buried Alive” entra con una brutalidad inusitada hasta el momento, para luego volver al hipnotismo de la voz de Dante. De nuevo, blandiendo sin miramiento alguno el tema del álbum, el diseño sonoro sigue evocándonos terribles imágenes de maldición y tragedia, apoyando cada elemento a la siguiente idea y así en sucesión.
Curiosamente, la canción más convencionalmente Matalobos es la última, con “House of Laments“. Hubiéramos pensado que el disco finalizaría con alguno de los elementos distintivos de este trabajo, pero no paso, quizás sea la canción menos trascendente del disco. Claro que con esto no queremos decir que sea mala, pero un trabajo repleto de momentos, esta pieza se desarrolla, sí, sin eventualidades, pero tampoco sin sorpresas. Quizás hubiera quedado un poco mejor en alguna otra posición del listado, pero eso es solo un gusto personal.
Y hablando de gustos personales, ha sido muy satisfactorio seguir la carrera de esta banda mexicana. Phantasmagoria: Hexed Lands es un trabajo ambicioso, pero también muy centrado en sus objetivos y alcances y eso mismo hace que brille. Es difícil generar un disco tan peculiar, que no turistifique ninguno de los dos géneros nucleares a los que hace tributo (el doom y el mariachi), pero que sí proponga, si no el hilo negro, una forma más seria de generar sincretismo musical, sobre todo en nichos tan puristas.
Va a ser interesante ver si esto mueve alguna fibras, de qué tipo y si en el futuro podremos medir alguna influencia en el panorama de la música extrema regional.
Etiquetas: doom metal, Doom/death metal, mariachi, Matalobos, mexico, Phantasmagoria Hexed Land

A siete años de su EP debut autotitulado y con un par de cambios de formación de por medio, el cuarteto italiano Spoiled llega por fin a su LP debut, editado el 27 de febrero a través del sello portugués Gruesome Records. Y vaya portada con la que decidieron acompañar a este Collapse: hay artistas que dejan algo a la imaginación al tenerlos a primera vista, pero Spoiled claramente no es uno de esos. Con esa imagen de un zombie borracho y dado vuelta como una media en un escenario post apocalíptico, vistiendo jeans, camiseta de D.R.I y una gorra con la visera levantada, Spoiled serán cualquier cosa menos tímidos al momento de mostrar su devoción por el altar del crossover thrash.
Eso puede que no quede súper obvio durante la primera “Marching Spoiled”, donde adoptan un ritmo un tanto más lento pero igual de pesadísimo y jodido, más de thrash clásico y con mucho doble bombo, mientras el cantante Danny Boy grita las letras con toda la furia del mundo. Pero “Beer Stealers” rápidamente demuestra el sonido que me imaginaba viendo la portada del álbum: riffs a toda velocidad, la banda haciendo coros hardcore y la batería que no da respiro ni por un segundo, con versos, estribillos y un solo desarrollado todo en apenas 68 segundos. Lo mismo ocurre con la siguiente “Zombie Hunters”, que hace lo suyo con más riffs a la velocidad de un auto tuneado entre hordas de zombies en 70 segundos.
La mayor parte del álbum sigue esa línea bien rápida marcada por esas dos canciones, como en “What A Mess”, “Rotting Sun” o “Fratello d’Italia”, donde Spoiled se animan a las letras en su idioma natal. Las únicas que se salen del molde ese de crossover thrash bien juvenil son “Be Food!”, que vuelve al estilo más marchoso de la primera canción, y en “Napalm”, una especie de homenaje al clásico “You Suffer” de justamente Napalm Death donde la banda busca plasmar su propia canción en joda de duración diminuta. Claramente el hit de todo el álbum.
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Como vemos, Collapse no es un disco que dé mucho para el análisis profundo: todo lo que Spoiled quieren lograr está frente a nosotros con todo detalle. ¿Cuadrados? ¿Obvios? ¿Copiones? No creo que sea justo tacharlos de ninguna de esas cosas, y lo más seguro es que ellos se sientan halagados de ser comparados con sus influencias. Es un disco que no busca ser revolucionario ni nada de eso, sino que ante todo busca ser divertido, y si lo logra siendo extra descerebrado entonces bienvenido sea. Estos italianos tienen bien en claro que lo suyo es la fiesta thrashera, y su LP los muestra constantemente con esa mentalidad y el norte bien definido en sus intenciones, manteniendo un sonido profesional pero no sobreproducido y unas canciones que son para corear cuando podés entender algo de lo que dicen.
Claro que si no sos fan del crossover thrash y/o de las canciones repetitivas lo mejor es que te mantengas unos kilómetros alejado, pero para todo aquel es un disquito interesante para pasar el rato imaginando que estás en algún sótano en 1988 en una casa derruida donde se da un recital bien under y donde la gente no parece tener mucho cuidado de quién tiene al lado al momento de moshear. Es esa clase de disco poco dado a la reflexión pero muy dado a la fiesta furiosa, y eso hay que alabarlo.
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Whitechapel, una de las bandas referentes en lo que se refiere a la historia del Deathcore. Desde su “A Somatic Defilement“, “This is Exile” o el “A New Era Of Corruption”, hemos tenido una gran variedad de cambios en el sonido de la banda, pero no significa nada negativo, desde luego.
Tras encontrar un sonido y temática propia allá por el 2012 con “Mark Of The Blade”, Whitechapel vuelve a lanzar un álbum cuatro años después de su último lanzamiento “Kin”, el cual fraccionó a gran parte de la audiencia; por un lado se veía como una evolución correcta hacia el lado más melódico, y por el otro lo veía mucho más alejado del deathcore como un punto en contra.
Todas esas dudas se han acabado con “Hymns Of Dissonance”. La brutalidad está de vuelta; la banda ha superado las expectativas, y aquí lo vamos a desgranar todo.
Prisoner 666 es el tema que da la introducción al noveno álbum de estudio de los de Knoxville, con una aura oscura manteniendo el mismo ambiente característico de la banda desde hace más de 10 años; Misma afinación, y en cierto modo, parece una continuación de “Kin“ más que consolidada y con ese toque extremo que a algunos les faltaba. Este nos da paso hacia uno de los temas principales del álbum; el homónimo “Hymns in Dissonance”.
Blastbeats de la mano de Brandon Zackey, fryscreams perfectamente ejecutados, Growls que parecen sacados del averno por parte de Bozeman, con unos riffs espectaculares interpretados por el trío Savage – Wade – Householder además de unos armónicos oscuros, llevado con una presente línea de bajo de Gabe Crisp.
Un tema amplio, que progresa hacia el extremo más brutal; que cuando parece que el tema va a zanjarse, nos sueltan un blastbeat o un breakdown que nos mantiene pegados como si de un imán se tratase. Líricamente es un punto que también destaco, ya que Bozeman ha dedicado años en ello, basándose en experiencias propias conjuntamente con la narrativa dada en los anteriores álbums; como si de una historia se tratase.
“Diabolic Slumber” trae consigo uno de los Breakdowns mas brutales que he escuchado en mucho tiempo. Se nota que los de Dean Winchester (Algunos sabéis a quien me refiero) han querido fusionar los aspectos más esenciales de The Mark Of The Blade con una lírica que hace de continuación a la temática tratada en Our Endless War. Por lo tanto, temas como este nos dejan claro que la banda ha confiado en la opinión popular de “traer el Deathcore de vuelta”, aunque hay que admitir que gran parte de los temas tiene una gran influencia en el Death Metal, cosa que hemos visto escasamente en los anteriores trabajos de la banda; con una gran cantidad de armónicos disonantes y solos que no se alejan para nada de la identidad de Whitechapel.
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Con “A Visceral Retch” es distinto. Este fue el primer sencillo lanzado el pasado 12 de septiembre el cual sigue poniéndome la piel de gallina. Como si el demonio del que tanto hablan en Kin hubiese mutado desde el interior de Bozeman. Break tras Break; es un no parar y aquí voy a hacer un pequeño inciso para alardear la gran producción de esta canción en especial, por el hecho de ser tan cambiante y dinámica y aun así haber hecho que suene tan increíble.
Continuamos con “Ex-Infernis”, un tema interlúdico de escasos 1:12 minutos liderado por la percusión tribal y el “throat singing” , ese característico canto proveniente de las estepas mongolas donde progresa increíblemente hasta “Hate Cult Ritual”. Repetimos fórmula; blastbeats con un riff un tanto groovie en este caso, solos soberbios, las mejores guturales que ha parido el deathcore y… obviamente, Breakdowns. Esta remarca la temática principal del álbum; un culto misterioso donde se narran historias oscuras de la mano de las terribles experiéncias de Bozeman, que querrá acabar con el.
“The Abysmal Gospel” es uno de los temas más atrevidos, donde se sacan de la manga un Death Metal que nunca antes había presenciado. La cantidad de solos es ingente, pero también la rapidez del tema no impide que tengamos unos beatdowns que nadie se espera. He de decir que Zackey ha exprimido al máximo su capacidad para debutar en la banda, un tema admirable por su parte.
Como antepenúltima canción tenemos “Bedlam”, la que personalmente es mi favorita, la que sirve como un portal en el tiempo para viajar una casi docena de años atrás con temas como “Let Me Burn”, “Mono” o “Worship the Digital Age”, junto unos riffs abiertos que dan paso a una vuelta pesada, contundente y magistral. Nos despedimos con “Mammoth God” y “Nothing Is Coming For Any Of Us”, remarcando este último donde seguramente se haya compuesto adrede para reventar tus cervicales.
Con este último, emocionalmente, acabas bastante tocado. Y aún más si eres fan de la banda o del deathcore en general. El estar orgulloso de como unas personas tan unidas en una alineación que se ha conservado de manera casi perfecta desde la fundación de la banda, ha evolucionado de esta manera, consolidándose como uno de los padres indiscutibles del género. Está claro que nos hacemos mayores y a día de hoy apreciamos más lo que somos y lo que la gente de alrededor nuestro ha vivido, y el ver como Whitechapel ha llegado hasta aquí, casi dos décadas tras su creación, no puede evitar hacer caer un par de lágrimas a muchos amantes del core.



A estas alturas de la película, creo no ser el único que piensa en que si los norteamericanos A Day To Remember, siguen estando presentes bien arriba en los festivales y llenando sitios más que respetables es gracias a su pasado, traducido a discos como Homesick (lejos, el mejor disco de la banda y uno de los más influyentes en la segunda mitad de los 2000), For Those Who Have Heart y como mucho What Separates Me From You, aunque quizás se podría añadir Common Courtesy, quizás el último gran disco de los norteamericanos.
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A partir de ahí, ADTR se ha ido estancando y desinflando con el tiempo, entregando obras que navegan entre el bueno y el aprobado justito, como es el caso de su último disco You’re Welcome, que no aportó gran cosa a la discografía de la banda.
En cualquier caso, hoy me enfrento (café en mano) al séptimo disco de estudio de ADTR y la pregunta es: ¿Habrán recuperado la chispa de antaño?.
El comienzo con “Make It Make Sense”, es bastante bueno, siguiendo la línea que la banda ha venido dibujando en esta última década, pero bien con Alex y Kevin afilados a las seis cuerdas, Alex marcando el ritmo a lo I Prevail tras los parches y Jeremy combinando como siempre, pero en este caso con buen resultado, esa dualidad vocal entre lo melódico y lo gritado.
La fe dura poquito ya que “Feedback”, segundo adelanto del disco que pudimos escuchar hace 8 meses, es una canción que no aporta absolutamente nada al repertorio de ADTR y que me reafirma cuando digo que la banda hace años que vive de las rentas y no por sus canciones nuevas, ya que gran parte de ellas son mediocres y este es un ejemplo muy claro de ello.
Temas como “Lebron” muestran el lado donde ADTR son buenos, haciendo un tema pegadizo y que bien podría haber encajado en Common Courtesy, aunque vuelven a fallar en la letra, ya que esa comparación con la superestrella de Los Angeles Lakers, sinceramente queda bastante postiza, pero dudo que a los fans les importe ya que puede funcionar bastante en directo.
Pero lo que sigue evidencia porque muchos creemos que ADTR ya no son ni la sombra de lo que un día fueron y lejos quedan los días en los que ilusionaban cuando anunciaban un nuevo trabajo.
Y esto se debe a que los de Ocala, parecen estar cómodos en la “Conformidad”, y es que como explicar temas tan mediocres como “To The Death”, donde ya no te crees ni la combinación de estilos, si suenan rudos pero no te transmiten (al menos a mi) absolutamente nada.
Lo bueno es que este paso atrás se encuentra en medio de dos temas bastante mejorcitos como la pegadiza y pop punkera “All My Friends”, donde uno puede pensar “Y si, es por aquí el asunto chicos” así como “Flowers”, quizás de los cortes más pop del disco, pero que convence más que casi todo su disco anterior y que se adorna con una parte más cañera que en este caso está bien ejecutada.
“Bad Blood”, estaría en un término medio ya que si bien no va a sorprender a nadie, presenta un cierto aroma a la época de What Separate Me From You, que se agradece y quizás con el directo pueda acabar conquistando al oyente, amén de contar con un solo bastante efectivo de Kevin Skaff.
El único “pero” ese breakdwon innecesario, que la canción no pide pero que tampoco la empaña del todo como ocurre en “To The Death”.
Entre los ya conocidos “Lebron” y la cañera “Miracle”, tenemos “Die For Me”, un corte moderno que de nuevo no aporta grandes novedades sonoras, pero que si te gustan bandas como I Prevail o incluso Neck Deep, podría ser un híbrido bastante simpático y una luz en un disco que afronta una recta final más que dudosa.
Y es que si “Same Team” parece una cara B (y porque no C) de I Prevail o From Ashes To New, siendo de lo peor del disco y con un regusto artificial que haría sonrojar a los que escuchen discos como Homesick y vean que es la misma banda quien toca este tema.
“Silence”, es directamente una de las peores y más vergonzosas canciones de ADTR hasta la fecha, el descaro con el que intentar tomar prestado elementos de Nine Inch Nails e incluso algo de Korn, es tremendo y si, podría sorprender ya que no se parece a seguramente el 99% de sus otras canciones, pero está tan mal resuelta y parece tan metida con calzador en el disco, que es ridículo y pretencioso hasta niveles estratosféricos.
Para remediarlo, vuelven a lo que han hecho casi siempre y es que “Closer Than You Think” una canción simple, pero efectiva de pop rock moderno que te va a servir cuando este verano te pongas las Vans, los bermudas Dickies y vayas con tu Monster andando por la calle sin que nada te importe.
Pues efectivamente Big Ole Album Vol.1 es justamente lo que yo presentía que me iba a encontrar, un disco que (afortunadamente) supera a su predecesor, pero que no alcanza ni por asomo a los grandes discos de la banda y que evidencia que a estos (ya no tan) chicos se les está empezando a agotar la fórmula ya que este disco recicla muchos de los pros y contras que han venido teniendo estos últimos diez años. Entonces sin ser un mal disco, aprobando y con un poquito más A Day To Remember regresan a la escena, de la que un día fueron (casi) líderes y hoy si siguen en pie es gracias a su (más que notable) pasado más que con discos como los que han venido editando en esta última década.
Etiquetas: A Day To Remember, Atlantic Records, Big Album Ole Vol.1, Metalcore, Pop Punk, Post Hardcore

Kathryn Mohr es una artista estadounidense de folk experimental, actualmente residente en Oakland, pero proveniente de San Francisco, y que ha empezado a hacerse escuchar desde 2020, en plena pandemia. Esto podría ser un dato anecdótico, pero su obra tiene mucho que ver con la sensación de transitar espacios y vivir experiencias como una suerte de viajera constante en este mundo.
Si bien ya había lanzado varios EP y singles, Waiting Room es su primer LP, compuesto y grabado por ella misma en el transcurso de un mes mientras se encontraba en Islandia, en el marco de una residencia artística. El proceso se desarrolló estando encerrada en una habitación de concreto sin ventanas dentro de una planta de procesamiento industrial de pescado. Precisamente, de eso se trata: de buscar la expresión sonora que, de alguna manera, represente esa mezcla de recuerdos reconstruidos, bizarras fantasías y realismo doloroso. Ella misma sacó la fotografía para el arte de tapa.
El disco empieza con “Diver”: una guitarra lánguida y una voz frágil que suena siempre al borde de desgarrarse, un anuncio del minimalismo intimista que se nos promete, siempre en la búsqueda de una sutil disonancia para generar medidas precisas de incomodidad. “Rated” abre paso a una mayor presencia de los sintetizadores analógicos con una actitud noise, como fondo de un discurso introspectivo, propio de las circunstancias de aislamiento. Lo atmosférico en este trabajo muchas veces remite, justamente, al registro de los fenómenos del entorno físico real, de allí que Mohr se considere una trabajadora de campo.
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“Driven” se vuelve etérea, flotante, hechizando el ambiente, con ecos de un canto reverberante y una línea de bajo opaca y meditativa. Mohr parece una sirena angustiada atrapada en las redes de una leyenda urbana. La irrupción de “Petrified” es bienvenida, pues es una canción dulce de un espíritu folk más tradicional. Tiene algunas reminiscencias de la obra solista de Dorthia Cottrell. Dicho sea de paso, las temáticas de la muerte, el sexo, el amor, el consumismo y la violencia son bastante transversales. Luego, “Take It” sorprende con fuerza y una impronta casi grunge. Aparecen unos coros espectrales a cargo de la misma Mohr, y un despliegue más amplio de la guitarra, que siempre suena sucia y genuina. La brumosa distorsión de “Elevator” y la voz más arriesgada continúan elevando la intensidad de la propuesta musical. Algo que resulta muy interesante es que, cada canción, si bien está reducida a lo expresivamente indispensable, parece condensar en sí misma una esencia que podría explotarse de otra forma con un conjunto instrumental de rock. Eso es indicador de una apuesta estética y de una gran calidad compositiva. La influencia de Midwife también es muy notable.
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“Prove”, con su teclado lúgubre y la voz quebradiza, recuerda mucho al estilo de Björk. ¿Tendrá algo que ver la grabación en Islandia? Todo se hunde en una espesura siniestra. “Horizonless” retorna la senda hipnótica de tramos anteriores. La repetición es la eterna clave del trance y, en efecto, “Cornered” profundiza el enclaustramiento moderno con ruidos y samples de contestadoras automáticas. Las capturas ambientales adquieren protagonismo y generan un clima envolvente que nos transporta.
En “Wheel” retorna la energía de ese folk ácido que emerge episódicamente; acidez mezclada con notas de madera y óxido. Hay que destacar el talento para producir belleza con una sinceridad que no evita la aspereza de lo cotidiano. Finalmente, el track homónimo al disco nos propone un camino de despedida que nos va sumergiendo suavemente, de vuelta, en la realidad, o, tal vez, a esa simulación que vivimos hace varios años, pantalla en mano, cual prótesis de nuestras precarizadas identidades.
Etiquetas: dark ambient, Estados Unidos, Folk, Folk Psicodélico, Kathryn Mohr, the flenser

Christian Mistress es uno de esos grupos cuyo nombre tenía presente pero por alguna razón nunca le había prestado atención: el hecho de que fueron casi siempre metidos en la bolsa del “heavy retro” puede que haya sido una de las razones, con tantas bandas medio pelo que terminan tapando a otras que se merecerían ser más grandes. Para ser sincero, era tal mi desconocimiento que por un tiempo creí que eran suecos, tal vez confundiéndolos con Sister Sin.
Teniendo en mis manos de manera anticipada el nuevo álbum de este cuarteto del estado de Washington, el cuarto de su carrera y el primero tras su regreso en 2022, decidí aprovechar la oportunidad y escuchar la discografía anterior de Christian Mistress, como suelo hacer con las bandas con las que quiero tener más contexto. Y en mi opinión es fácil ver el enorme atractivo de su propuesta: un grupo que reúne los mejores aspectos del metal de los setentas y de los ochentas en su composición, como si la escena doom estadounidense se encontrara con la NWOBHM, y teniendo al frente la gran voz de Christine Davis, con una performance formidable que se siente muy natural, sin ser técnicamente perfecta pero trabajando muy bien con ello.
Así que tras una década desde el anterior To Your Death tenemos a Children of the Earth, con fecha de edición del 7 de marzo a través del sello italiano Cruz del Sur, una gran casa para todos los grupos retro metaleros. Con apenas 33 minutos, es su álbum más corto desde su debut Agony & Opium de 2009, aquel que apenas superara los 27 minutos.
Con muchas bandas que vuelven tras tantos años al ruedo cabría esperarse un cambio notorio en el estilo del grupo: la gente cambia, los gustos cambian y muchos quieren experimentar con cosas nuevas. Pero en el caso de Christian Mistress, a primera oída 99% de Children of the Earth suena como si hubiera podido haber salido inmediatamente después de To Your Death. Todos los elementos clave de la fórmula del grupo siguen exactamente en el mismo lugar: los riffs clásicos de factura épica, la batería de sonido cálido y analógico, la espectacular voz de Davis y las estructuras canciones típicas, porque si algo no está roto es mejor no arreglarlo. Sin embargo, hay un par de cosillas nuevas que intentan de vez en cuando.
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“City of Gold” arranca con una introducción como para para abrir un recital, con Davis adoptando un estilo ligeramente más melódico que el que nos tiene acostumbrado pero siendo todavía inconfundible, mientras Tim Diedrich toca la guitarra como si nos quisiera dar ganas de tomar cerveza o de mandarnos a la ruta en moto a toda velocidad. Un track de tintes clásicos que no estaría fuera de lugar en ningún lanzamiento de metal de principios de los ochentas.
“Voiceless” tiene una vibra que, a falta de mejores comparaciones, lo haría sonar muy a gusto en algún disco de Warlock, la banda de Doro Pesch, durante los ochentas, tal vez de la última época cuando el grupo estaba experimentando con la onda glam pero no estaba del todo metida en ella. En el contexto de Christian Mistress no queda tampoco fuera de lugar, algo que puedo acreditar a la habilidad de los estadounidenses para tener una propuesta bastante flexible.
“Death Blade” intenta un estilo más hardrockero, que funciona aunque no sea como para alquilar balcones: le falta algo de la energía clásica de la banda, aunque sea perfectamente aceptable. “Love of the World”, por otro lado, mezcla esa sofisticación ochentera con cierto sentido de jam de los setentas, y “Mythmaker” es un tema más lento pero con un riff de corte épico.
Entre las demás, “Shadow” es un tanto extraña para cerrar el álbum, con esa intro con la voz solitaria de Davis que parece estar a un paso de multitrackearse y terminar en un disco glam: por suerte, Christian Mistress mantienen su aspecto analógico y el resto de la canción sigue ese estilo de hard rock / heavy musculoso, marcado por los riffs de guitarra y el repiqueteo fuerte de la batería.
En su mayor parte, Children of the Earth es lo que uno se esperaría de un nuevo disco de Christian Mistress: heavy metal clásico de temática ocultista con riffs familiares pero que no suenan como una copia directa de nada, mezclando lo mejor de las dos décadas preferidas del metalero común en un combo muy atractivo. Claro que también hay algo de experimentación, pero no creo que este cuarto álbum del grupo pueda considerarse de verdad “experimental” ni nada de ello, aunque veremos a futuro (esperemos) si el grupo sigue adelante con alguna de las tendencias exploradas en el disco, como para darle una vuelta de tuerca a su propuesta si es que lo sienten oportuno. Mientras tanto, todo está en orden acá, escuchen sin problemas.
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El estético y musicalmente único dúo de black metal siberiano, Grima, lanzó al mercado su sexto álbum de estudio, al que titularon Nightside, vía Napalm Records . Aquí les traigo una humilde opinión sobre lo que me pareció luego de escucharlo varias veces, desde que nos llegó el disco promo antes de que estuviera disponible para todo el mundo.
Los hermanos gemelos Morbius y Vilhelm componen la entidad, ahora de cuatro piezas, llamada Grima y se han hecho un nombre por sí mismos con su grandioso y arrollador black metal atmosférico con tintes folk, que evoca todas las imágenes habituales de picos nevados, bosques y bailes alrededor de un fuego abierto, con largas túnicas negras y máscaras de madera ornamentadas, rindiendo homenaje no solo a la naturaleza siberiana, sino también al espíritu del bosque siberiano conocido como Taiga.
Este nuevo lanzamiento es un viaje musical hechizante y dramáticamente intenso. Con una duración que se acerca a los 50 minutos, los enmascarados hacen un trabajo notable asegurándose de que Nightside siga siendo profundamente envolvente en todo momento. El álbum está producido, mezclado y masterizado por el maestro del black metal, Vladimir Lehtinen, y presenta sonidos atronadores de blast beats, dominantes muros de trémolo y la penetrante y vigorizante voz ronca de Vilhelm, manteniendo un equilibrio impecable entre claridad y crudeza. Las guitarras, dirigidas por los enigmáticos hermanos, se abren paso a través de la mezcla con una combinación de atronadores riffs, mientras que las contribuciones de Vlad (batería) y Serpentum (guitarras) refuerzan la energía dinámica del álbum.
Este nuevo lanzamiento es una evolución del sonido característico de Grima: expansivo pero íntimo, crudo pero elegantemente estructurado. Desde los primeros momentos de la introducción, el álbum atrae a los oyentes a un mundo de misticismo siberiano. Paredes de sonido imponentes, melodías melancólicas y una profunda reverencia por la naturaleza definen el álbum, convirtiéndolo en un digno sucesor de Frostbitten y Will of the Primordial.
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Desmenuzando brevemente algunas de las canciones que están incluidas en este nuevo LP, encontramos a las más directas como pueden ser “Beyond the Dark Horizon” y “Curse of the Void” que golpean con afilada precisión, encarnando la gélida furia del black metal de la segunda ola sin perder la profundidad característica. Los primeros instantes de “Flight of the Silver Storm” combinan melancolía y sonidos del doom metal melódico con tintes fúnebres y black metal atmosférico, creando uno de los momentos más cautivadores de la placa.
“Skull Gatherers” es la canción en la que el viaje parece arrancar de verdad. El ritmo lento de la introducción ayuda a que se destaque como una pieza única en comparación con las anteriores. Es en este punto donde el álbum empieza a desarrollar una sensación de metal progresivo con una mezcla de folk ennegrecido y grandeza atmosférica, amplificada por el inquietante bayan (acordeón ruso), que confiere al tema un aire escalofriante y ceremonial.
Le sigue una de las canciones más directas de este nuevo lanzamiento, “Impending Death Premonition”. Esta canción sobresale debido al uso de (una vez más) instrumentos tradicionales que se mezclan con una melodía de guitarra acústica preciosa, mientras que, a medida que los minutos corren hacia el clímax final, se juegan a todo volumen. Otra cosa que hace que esta canción destaque es que el *outro* tiene voces limpias que se mezclan con gruñidos propios del death metal, añadiendo otra capa de agresividad al arsenal sónico de la banda.
La canción que da título al disco, “The Nightside”, muestra a Grima en su momento más grandioso, entretejiendo intrincadas melodías de trémolo con una atmósfera fantasmal. Después de una última canción, “Mist and Fog”, suena un outro de dos minutos de duración, mucho más suave que el resto del álbum, lo cual es un toque muy agradable, ya que simboliza el final de un viaje a través de un bosque y de vuelta a la normalidad.
Etiquetas: Black Metal, Grima, Napalm Records, Siberia

Desde hace más de tres décadas, Lacrimosa ha sido el faro que guía a los amantes de la música oscura a través de un mar de emociones. Con una discografía que ya suma 14 álbumes de estudio, Tilo Wolff y compañía han esculpido un legado inigualable dentro del rock gótico y el metal sinfónico. Ahora, en 2025, nos entregan Lament, un trabajo majestuoso que no solo reafirma su genialidad, sino que también cierra con broche de oro la Trilogía de la Tormenta.
La serie comenzó en 2017 con Testimonium. El detonante de este trabajo fue la pérdida de personas cercanas al cantante, así como de artistas que lo influyeron musicalmente. Por ello, aquel álbum se centró mucho en el dolor y el duelo. El segundo LP de la serie, Leidenschaft (Pasión), se publicó en 2021 y, como su nombre indica, el grupo se enfocó en este tema en particular, incorporando algunos sonidos que no son del todo típicos de la banda.
Si algo ha caracterizado a Lacrimosa a lo largo de su carrera es su capacidad para trascender la música y convertir cada disco en una experiencia sensorial, y este nuevo lanzamiento no es la excepción. En este disco encontramos un equilibrio perfecto entre melancolía y pasión, entre la fragilidad de la pérdida y la intensidad de la resiliencia.
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A continuación, haremos un recorrido por cada uno de los temas que conforman este nuevo lanzamiento de los alemanes:
“Lament”: Una apertura impresionante. Con casi diez minutos de duración, este tema nos sumerge de inmediato en el universo de Lacrimosa. La fragilidad de la guitarra acústica contrasta con la magnitud orquestal, creando un viaje que desafía y cautiva a la vez. La canción no se entrega fácilmente: hay que escucharla varias veces para descubrir todos sus matices. La inquietante voz de Tilo, en un tono tétrico, se entremezcla con cuerdas melancólicas y sintetizadores orquestales, creando un sonido dramático hasta el final.
“Ein Sturm zieht auf”: En ella podemos encontrar melodías serenas que chocan contra ráfagas de intensidad, generando una mezcla envolvente y única. La línea “Please outshine this darkness” resuena como un grito de esperanza en medio de la tormenta emocional, que con el correr de los minutos va revelando una lucha personal entre conflictos sociales y humanos.
Pasado el primer cuarto de hora, la tercera pieza se titula “Ein langer Weg”. Es aquí donde Lacrimosa rompe esquemas y sorprende con un aire casi cinematográfico que crece en intensidad hasta explotar en un final majestuoso, con guitarras más pesadas y un dramatismo instrumental exquisito. Fue una de las canciones que más se destacó en el momento en que tuve la oportunidad de escuchar el disco antes de su lanzamiento oficial.
Al llegar a la cuarta pista del disco, nos encontramos con “Du bist alles was ich will”, la canción más corta de la placa, en donde los alemanes arrastran al oyente a un terreno hipnótico, oscuro y profundamente íntimo, que avanza como una sombra envolvente, con un sonido tan contenido como poderoso. Luego de cuatro canciones, podrán notar que la contraparte femenina de la banda perdió mucho terreno, pero, de igual modo, es muy disfrutable escuchar la voz de Tilo con un sentimiento desgarrador al cantar cada estrofa.
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“Avalon”: Una de las piezas más imponentes del álbum. Grandilocuente, dramática y con una carga crítica latente, esta canción demuestra que Lacrimosa sigue teniendo mucho que decir. El trabajo orquestal aquí es una obra de arte en sí misma. Luego de ella, el álbum vuelve a dar un giro oscuro con “Geliebtes Monster”, que se muestra como una de las piezas más intrigantes del disco. La dualidad del título se refleja en una estructura llena de contrastes: pasajes melódicos de piano se entrelazan con momentos de guitarras crudas y percusiones marcadas, representando la compleja relación entre amor y peligro.
Y llegamos a uno de los puntos más destacados de este nuevo lanzamiento. “Dark Is This Night” tiene como protagonista principal la dulce voz de Anne Nurmi, la cual se convierte en el eje de una canción que mezcla sonidos góticos con toques electrónicos, creando una atmósfera nocturna y enigmática. Si queríamos sonidos clásicos, “Punk & Pomerol” probablemente sea el mayor golpe de efecto del álbum. Un Lacrimosa con tintes punk no es algo que uno espere, pero la banda lo hace con una naturalidad impresionante. Es cruda, irreverente y absolutamente brillante.
“In einem anderen Leben”: Aquí la banda nos toma de la mano y nos lleva a los años 80, con una melodía accesible y luminosa que contrasta con la densidad del disco. Sin embargo, detrás de su aparente sencillez, esconde una profundidad lírica que la hace inolvidable.
“Memoria”: Y así llegamos al gran final. Como siempre, Lacrimosa sabe despedirse con clase. Memoria es una carta de amor y despedida, un tema que te envuelve en una sensación de paz y nostalgia a la vez. Es el cierre perfecto para un álbum y para una trilogía que nos ha llevado por el dolor, la pasión y, finalmente, la redención.
Si bien Lament no es un álbum en el cual Lacrimosa vuelva a sus orígenes ni mucho menos encontremos similitudes con aquel sonido clásico que tenía “Copycat”, es un excelente trabajo que se disfruta de principio a fin. Las canciones, en general, no son planas; al contrario, son muy versátiles y tienen muchos cambios de ritmos, lo cual enriquece el producto en su totalidad.
Etiquetas: Alemania, Anne Nurmi, Darkwave, gothic metal, Lacrimosa, Tilo Wolff

Tras su estupendo EP The Fear of Fear de 2023, ahora los canadienses alternativos Spiritbox se enfrentan a ese tan temido “Segundo disco”, donde Courtney LaPlante y los suyos deben demostrar que lo mostrado hasta el momento no es solo flor de un día, si no que son capaces de mucho más.
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Así pues Tsunami Sea, con 11 nuevos cortes, marcan la siguiente etapa de la banda y todo parece indicar que la dirección sigue siendo la correcta.
Courtney LaPlante sigue evidenciando porque es una de las mejores cantantes de su generación y a diferencia de otros compañeros de profesión, con Tsunami Sea, Spiritbox continúa la búsqueda de un sonido que los acompañe y a la vez no sea un calco de lo que hasta el momento hemos podido escuchar de ellos, combinando dulces melodías, desgarradores voces guturales y cierta complejidad en los arreglos, dando como resultado una gran colección de canciones a la altura de su fantástico disco debut.
Y es que Spiritbox parecen ser esa puerta que muchos jóvenes están eligiendo para adentrarse en los sonidos más pesados y a la vez que modernos, siendo seguramente una decisión más que acertada y que conlleva una responsabilidad que Courtney y los suyos se han vuelto a tomar muy en serio en este nuevo disco.
Solo es cuestión de pulsar el botón de “Play” en el reproductor y escuchar piezas tan bien ejecutadas y con tantos matices como ” Fata Morgana”, una auténtica delicia llena de matices y agresividad bien plasmada, donde si, se hace más que palpable la influencia de Meshuggah o la tan bien novedosa “No Loss, No Love”, donde Courtney te envuelve con su voz llena de contrastes y secretos, para entender que si había “Hype” con este nuevo disco de Spiritbox, ellos lo han justificado con creces.
Aunque conocíamos alguno de sus singles (“Perfect Soul”, “Soft Spine”), el disco no pierde ni un ápice de magia al volver a escuchar todo el conjunto y le podemos sumar otras canciones muy interesantes como “Ride Wave”, con un estribillo que será imposible no quitarte de la cabeza desde la primera escucha o la particular “Black Rainbow”, donde vemos un lado algo más potente y a la vez moderno de la banda.
Así pues, Spiritbox siguen ahondando en los mares de su propia evolución con un retorno más que notable y que va ganando más puntos con cada escucha que le des, las cuales deben ser a conciencia e intentando descubrir los detalles que el disco esconde y así volverás a caer en las redes de Spiritbox, si es que no lo has hecho ya.
Pero por si acaso, te queda alguna duda…Espera a escuchar la pieza final “Deep End” y a ver cuanto tardas en darte cuenta de que este disco, es ya uno de los mejores trabajos del año y porque no, del último lustro dentro del estilo, pasando por encima de la media en lo que a terrenos alternativos se refiere.
Etiquetas: Metal Alternativo, Rise Records, Spiritbox, Tsunami Sea
![The Scattering – Now We All Burn [EP] (2025) thumb image](https://tracktohell.com/wp-content/uploads/2025/03/the-scattering.jpg)

Siempre es agradable ayudar a difundir proyectos que surgen con mucha fuerza, como es el caso de the scattering (nombre estilizado siempre con minúsculas). Se trata de una banda oriunda de Reno, Nevada, que ejecuta un metallic hardcore con tendencias hacia lo extremo, de cierta afinidad con lo que hacen algunas referencias como Integrity, Terror, Misery Index y Nails, solo por mencionar algunas. Al igual que esas influencias, el compromiso político está presente, en otra manifestación del asiduo fenómeno del arte haciendo una lectura crítica de la realidad social. De hecho, la portada del disco nos presenta una gran metrópolis en llamas, vista desde la perspectiva de un campamento que bien podría ser de indigentes. En este sentido, recuerda mucho al panorama de Los Ángeles, y el disco salió justo antes de los fatídicos incendios en las proximidades de Hollywood, lo cual resulta bastante tétrico.
El grupo está conformado por Jim Williams (voz y letras), Jason Jo (guitarra y voz), Joshua Gusta Ah Sam (guitarra), Rashidul Kader (bajo y voz) y Brian Boydstun (batería y samples). Este EP es el tercero, aparte de un LP lanzado en 2020, y representa un avance significativo en cuanto a la calidad del sonido y la producción.
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Ya desde el primer track, “edge of failure” la propuesta de la banda nos impacta directo en la cara: una voz furiosa, riffs de guitarra poderosos y con groove, y una base rítmica más diversa que lo habitual en el hardcore, aparte de los breakdowns demoledores. En “lies that bind” se asoman con más intensidad dos cualidades bastante interesantes: el influjo de un thrash metal al estilo de Slayer y tramos violentos de velocidad percusiva y machaques al borde del death metal. De hecho, “now we all burn” tiene ciertas reminiscencias de grupos como Entombed o Dismember.
La temática incendiaria continúa con “light the match”, que adquiere tintes más post-hardcore, en la veta de Converge, tanto por la estructura compositiva como por las variaciones vocales. Mientras escucho no puedo dejar de imaginarme escenas de trifulcas callejeras o, al menos, un moshpit de potencia temeraria. El recorrido sigue en “tiny heart”, canción directa y más lineal en su energético despliegue.
El final llega con “ATE”, que comienza con samples de protestas y el grito repetido de “Rise!”, antes de que se desate el caos dirigido. La verdad es que estos estadounidenses logran condensar en un EP una experiencia musical bastante agitadora, que suena más que apropiada para los tiempos que corren en el mundo, pero sobre todo en el gran país del norte.
Etiquetas: Hardcore Punk, Integrity, Metalcore, Misery Index, Terror, The Scattering


Finalmente ha llegado el tercer álbum de larga duración de Matalobos, una de las instituciones más importantes e imponentes del doom/death latinoamericano. Un álbum que se trabajó con mucho cuidado e invitados de lujo en el estudio como el veterano trompetista de mariachi Tano Padilla, Rich Marmolejo de Dark Matter y Carlos de Anda en el bajo (solo por mencionar a algunos), todos de la ciudad de León, Guanajuato y que lleva por nombre Phantasmagoria: Hexed Lands.
Desde aquella impactante presentación en el Candelabrum Metal Fest del 2024, ya habíamos podido escuchar algunas de las piezas que aquí se nos presentan, pero sin lugar ha dudas, apreciar este álbum en su totalidad es la manera correcta de apreciar este viaje a la desolación, melancolía, misterio y horror de las leyendas de Guanajuato.
Empezando por un frenético y tribal intro titulado “Panoramica“, se nos advierte que este compilado de historias trama algo con la desesperación para dar paso a lo que es la primera pieza en forma del disco: “This Mortal Music“, una pieza que expone todos los cambios, matices y evolución que esta banda ha llevado, incluyendo por primera vez esa cadencia regional, los ya advertidos diferentes tipos de voz de los que el disco hace gala y las hechizantes melodías acompañadas de trompetas rancheras que le imprimen al disco una especie de orgullo regional difícilmente replicado por alguna otra banda que haya hecho gala de ellas. Como buen inicio de álbum, es una declaración de sonido.
“Purgatory Blessing” se nos abre paso con un rezo desesperanzador que parece tratar de acompañar a un alma en pena que no ha podido encontrar el descanso y llevarla (probablemente sin éxito) hacia la luz. El rezo da paso a la violencia, misma que a su vez nos lleva hacia el melancólico canto de una mujer que conversa con otra voz, quizás pactando algo. Destacan los cambios en intención e intensidad, pues mientras una guitarra nos hechiza, repentinamente el recuerdo brutal de la muerte interrumpe la calma, haciendo gala de breaks y blast beats que encuentran su lugar y encajan perfectamente con el desarrollo de la pieza.
Inmediatamente después nos acechan los inquietantes acordes de “Below the Dam“, el primero sencillo de este material. Narrando la leyenda de la dama de la presa, esta espectral pieza de angustia y embrujamiento ha sido una excelente carta de presentación para lo que se ha convertido el proyecto. Poseedora de un “groove” fantástico para el género que representa, una vez más, los matices entre lo bello y lo profano brillan en el trabajo, lo peculiar siendo que en esta ocasión huele a polvo, tequila y tabaco.
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La mitad del disco nos lo regala la brutal “Hatred of Kin“, que nos recuerdan las influencias octobertidescas de esta banda, con esa agresión demoniaca que abre paso a uno de los puntos más especiales del disco: “Hasta el viento tiene miedo“, una pieza bellísima que entre bolero, jazz, flamenco, metal y mariachi, recuerda a una versión más refinada incluso que los fragmentos de saxofón de bandas como White Ward. Una interpretación que de alguna manera suena tanto urbana, como campestre, algo contradictorio, pero que es mejor apreciado escuchándola, pero que eso sí, es 100% fantasmagórica, como el título del álbum nos prometió.
El álbum evoluciona con “Where Witches Gather“, que sí cuentan con un sabor más oculto y mágico, acentuado por un coro que evoca a los cánticos de un aquelarre, adornos musicales espeluznantes y un diseño sonoro completamente inmersivo.
Sin embargo, la calma no se ha ido por completo y el sonido casi cálido de “The Alley” nos retorna a un estado más contemplativo, casi letárgico. Una pieza que sugiere un sonido más cercano a “Discourage Ones” que a “Brave Murder Day”, pero que inmediatamente nos explota en la cara para asegurarnos de que se trata de Matalobos a full power: una melancolía adormecida por el recuerdo de los espectros del pasado y trompetas, perdida entre los laberintos de una oscura ciudad minera.
Siendo la montaña rusa de emociones que es esto, “Carmen Buried Alive” entra con una brutalidad inusitada hasta el momento, para luego volver al hipnotismo de la voz de Dante. De nuevo, blandiendo sin miramiento alguno el tema del álbum, el diseño sonoro sigue evocándonos terribles imágenes de maldición y tragedia, apoyando cada elemento a la siguiente idea y así en sucesión.
Curiosamente, la canción más convencionalmente Matalobos es la última, con “House of Laments“. Hubiéramos pensado que el disco finalizaría con alguno de los elementos distintivos de este trabajo, pero no paso, quizás sea la canción menos trascendente del disco. Claro que con esto no queremos decir que sea mala, pero un trabajo repleto de momentos, esta pieza se desarrolla, sí, sin eventualidades, pero tampoco sin sorpresas. Quizás hubiera quedado un poco mejor en alguna otra posición del listado, pero eso es solo un gusto personal.
Y hablando de gustos personales, ha sido muy satisfactorio seguir la carrera de esta banda mexicana. Phantasmagoria: Hexed Lands es un trabajo ambicioso, pero también muy centrado en sus objetivos y alcances y eso mismo hace que brille. Es difícil generar un disco tan peculiar, que no turistifique ninguno de los dos géneros nucleares a los que hace tributo (el doom y el mariachi), pero que sí proponga, si no el hilo negro, una forma más seria de generar sincretismo musical, sobre todo en nichos tan puristas.
Va a ser interesante ver si esto mueve alguna fibras, de qué tipo y si en el futuro podremos medir alguna influencia en el panorama de la música extrema regional.
Etiquetas: doom metal, Doom/death metal, mariachi, Matalobos, mexico, Phantasmagoria Hexed Land

A siete años de su EP debut autotitulado y con un par de cambios de formación de por medio, el cuarteto italiano Spoiled llega por fin a su LP debut, editado el 27 de febrero a través del sello portugués Gruesome Records. Y vaya portada con la que decidieron acompañar a este Collapse: hay artistas que dejan algo a la imaginación al tenerlos a primera vista, pero Spoiled claramente no es uno de esos. Con esa imagen de un zombie borracho y dado vuelta como una media en un escenario post apocalíptico, vistiendo jeans, camiseta de D.R.I y una gorra con la visera levantada, Spoiled serán cualquier cosa menos tímidos al momento de mostrar su devoción por el altar del crossover thrash.
Eso puede que no quede súper obvio durante la primera “Marching Spoiled”, donde adoptan un ritmo un tanto más lento pero igual de pesadísimo y jodido, más de thrash clásico y con mucho doble bombo, mientras el cantante Danny Boy grita las letras con toda la furia del mundo. Pero “Beer Stealers” rápidamente demuestra el sonido que me imaginaba viendo la portada del álbum: riffs a toda velocidad, la banda haciendo coros hardcore y la batería que no da respiro ni por un segundo, con versos, estribillos y un solo desarrollado todo en apenas 68 segundos. Lo mismo ocurre con la siguiente “Zombie Hunters”, que hace lo suyo con más riffs a la velocidad de un auto tuneado entre hordas de zombies en 70 segundos.
La mayor parte del álbum sigue esa línea bien rápida marcada por esas dos canciones, como en “What A Mess”, “Rotting Sun” o “Fratello d’Italia”, donde Spoiled se animan a las letras en su idioma natal. Las únicas que se salen del molde ese de crossover thrash bien juvenil son “Be Food!”, que vuelve al estilo más marchoso de la primera canción, y en “Napalm”, una especie de homenaje al clásico “You Suffer” de justamente Napalm Death donde la banda busca plasmar su propia canción en joda de duración diminuta. Claramente el hit de todo el álbum.
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Como vemos, Collapse no es un disco que dé mucho para el análisis profundo: todo lo que Spoiled quieren lograr está frente a nosotros con todo detalle. ¿Cuadrados? ¿Obvios? ¿Copiones? No creo que sea justo tacharlos de ninguna de esas cosas, y lo más seguro es que ellos se sientan halagados de ser comparados con sus influencias. Es un disco que no busca ser revolucionario ni nada de eso, sino que ante todo busca ser divertido, y si lo logra siendo extra descerebrado entonces bienvenido sea. Estos italianos tienen bien en claro que lo suyo es la fiesta thrashera, y su LP los muestra constantemente con esa mentalidad y el norte bien definido en sus intenciones, manteniendo un sonido profesional pero no sobreproducido y unas canciones que son para corear cuando podés entender algo de lo que dicen.
Claro que si no sos fan del crossover thrash y/o de las canciones repetitivas lo mejor es que te mantengas unos kilómetros alejado, pero para todo aquel es un disquito interesante para pasar el rato imaginando que estás en algún sótano en 1988 en una casa derruida donde se da un recital bien under y donde la gente no parece tener mucho cuidado de quién tiene al lado al momento de moshear. Es esa clase de disco poco dado a la reflexión pero muy dado a la fiesta furiosa, y eso hay que alabarlo.
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Etiquetas: crossover Thrash, italia, Spoiled, Thrash Metal

Whitechapel, una de las bandas referentes en lo que se refiere a la historia del Deathcore. Desde su “A Somatic Defilement“, “This is Exile” o el “A New Era Of Corruption”, hemos tenido una gran variedad de cambios en el sonido de la banda, pero no significa nada negativo, desde luego.
Tras encontrar un sonido y temática propia allá por el 2012 con “Mark Of The Blade”, Whitechapel vuelve a lanzar un álbum cuatro años después de su último lanzamiento “Kin”, el cual fraccionó a gran parte de la audiencia; por un lado se veía como una evolución correcta hacia el lado más melódico, y por el otro lo veía mucho más alejado del deathcore como un punto en contra.
Todas esas dudas se han acabado con “Hymns Of Dissonance”. La brutalidad está de vuelta; la banda ha superado las expectativas, y aquí lo vamos a desgranar todo.
Prisoner 666 es el tema que da la introducción al noveno álbum de estudio de los de Knoxville, con una aura oscura manteniendo el mismo ambiente característico de la banda desde hace más de 10 años; Misma afinación, y en cierto modo, parece una continuación de “Kin“ más que consolidada y con ese toque extremo que a algunos les faltaba. Este nos da paso hacia uno de los temas principales del álbum; el homónimo “Hymns in Dissonance”.
Blastbeats de la mano de Brandon Zackey, fryscreams perfectamente ejecutados, Growls que parecen sacados del averno por parte de Bozeman, con unos riffs espectaculares interpretados por el trío Savage – Wade – Householder además de unos armónicos oscuros, llevado con una presente línea de bajo de Gabe Crisp.
Un tema amplio, que progresa hacia el extremo más brutal; que cuando parece que el tema va a zanjarse, nos sueltan un blastbeat o un breakdown que nos mantiene pegados como si de un imán se tratase. Líricamente es un punto que también destaco, ya que Bozeman ha dedicado años en ello, basándose en experiencias propias conjuntamente con la narrativa dada en los anteriores álbums; como si de una historia se tratase.
“Diabolic Slumber” trae consigo uno de los Breakdowns mas brutales que he escuchado en mucho tiempo. Se nota que los de Dean Winchester (Algunos sabéis a quien me refiero) han querido fusionar los aspectos más esenciales de The Mark Of The Blade con una lírica que hace de continuación a la temática tratada en Our Endless War. Por lo tanto, temas como este nos dejan claro que la banda ha confiado en la opinión popular de “traer el Deathcore de vuelta”, aunque hay que admitir que gran parte de los temas tiene una gran influencia en el Death Metal, cosa que hemos visto escasamente en los anteriores trabajos de la banda; con una gran cantidad de armónicos disonantes y solos que no se alejan para nada de la identidad de Whitechapel.
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Con “A Visceral Retch” es distinto. Este fue el primer sencillo lanzado el pasado 12 de septiembre el cual sigue poniéndome la piel de gallina. Como si el demonio del que tanto hablan en Kin hubiese mutado desde el interior de Bozeman. Break tras Break; es un no parar y aquí voy a hacer un pequeño inciso para alardear la gran producción de esta canción en especial, por el hecho de ser tan cambiante y dinámica y aun así haber hecho que suene tan increíble.
Continuamos con “Ex-Infernis”, un tema interlúdico de escasos 1:12 minutos liderado por la percusión tribal y el “throat singing” , ese característico canto proveniente de las estepas mongolas donde progresa increíblemente hasta “Hate Cult Ritual”. Repetimos fórmula; blastbeats con un riff un tanto groovie en este caso, solos soberbios, las mejores guturales que ha parido el deathcore y… obviamente, Breakdowns. Esta remarca la temática principal del álbum; un culto misterioso donde se narran historias oscuras de la mano de las terribles experiéncias de Bozeman, que querrá acabar con el.
“The Abysmal Gospel” es uno de los temas más atrevidos, donde se sacan de la manga un Death Metal que nunca antes había presenciado. La cantidad de solos es ingente, pero también la rapidez del tema no impide que tengamos unos beatdowns que nadie se espera. He de decir que Zackey ha exprimido al máximo su capacidad para debutar en la banda, un tema admirable por su parte.
Como antepenúltima canción tenemos “Bedlam”, la que personalmente es mi favorita, la que sirve como un portal en el tiempo para viajar una casi docena de años atrás con temas como “Let Me Burn”, “Mono” o “Worship the Digital Age”, junto unos riffs abiertos que dan paso a una vuelta pesada, contundente y magistral. Nos despedimos con “Mammoth God” y “Nothing Is Coming For Any Of Us”, remarcando este último donde seguramente se haya compuesto adrede para reventar tus cervicales.
Con este último, emocionalmente, acabas bastante tocado. Y aún más si eres fan de la banda o del deathcore en general. El estar orgulloso de como unas personas tan unidas en una alineación que se ha conservado de manera casi perfecta desde la fundación de la banda, ha evolucionado de esta manera, consolidándose como uno de los padres indiscutibles del género. Está claro que nos hacemos mayores y a día de hoy apreciamos más lo que somos y lo que la gente de alrededor nuestro ha vivido, y el ver como Whitechapel ha llegado hasta aquí, casi dos décadas tras su creación, no puede evitar hacer caer un par de lágrimas a muchos amantes del core.







