


Este 15 de marzo nos desayunamos con un nuevo trabajo del inoxidable David Vincent (ex Morbid Angel) junto a sus compañeros de ruta, el guitarrista noruego Rune “Blasphemer” Eriksen (ex-Mayhem, Aura Noir), y el baterista canadiense Flo Mounier (Cryptopsy). Completado por el bajista holandés Ype TVS (ex-Dodecahedron) y el guitarrista portugués João Duarte (Corpus Christi).
Dicho material recientemente editado por el sello Season of Mist fue grabado por el productor Jaime Gómez Arellano (Paradise Lost, Grave Miasma) con el ingeniero Jonathan Mazzeo en Arda Recorders en Porto, Portugal.
El nuevo álbum cuenta con 9 ejecuciones las cuáles van al grano, metal extremo de la más vieja escuela con glorificaciones a todos los demonios habidos y por haber.
Arrancamos con una pista de introducción –quizás de más- para darle un arranque crudo, dónde nos vamos a encontrar con la primer canción “Epic” homónimo de su placa, dónde evidenciamos los vestigios de los años en el querido David, con un tono de voz poco limpio, irritable y débil a comparación de sus años de gloria en Morbid Angel, además hay que destacar que los riff si bien suenan potentes, también tenemos que reconocer que parecen reciclados de viejas épocas, haciéndose más evidente en “Miserere“, “Scorcher” y “Nature’s Fangs“.
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Llegamos a “Mephisto Manifesto” y podemos localizar en dicha pista, sabemos muy bien de que va este género y su adoración escandalosa por el demonio Satanás y las tinieblas, no pedimos que sea de otra manera, pero parece un tema recurrente en el álbum dónde sinceramente se hace monótono junto a los riff, voces y un estribillo que no deja lugar a dudas de que este trabajo está muy alejado a lo que podrían haber compuesto tipos de la talla que mencionamos en un principio.
“Exercitus Irae” es una bocanada de aire entre la mediocridad que abunda en el material, riff brutal, voces que se adaptan mejor y una velocidad que descomprime los sentimientos encontrados con las demás canciones, sin dudas que los músicos acompañan y bien a David, puesto que ejecutan bien lo que hacen e inclusive dan cierta sensación de bienestar al oído, pero inevitablemente caemos a cuenta que estos registros vocales ya no son los de antes.
En menos de 40 minutos se resume este trabajo nuevo que deja un sabor de que podría haber sido más, pero no lo fue, y sin dudas que de cara a lo nuevo que se edite esperamos evitar otro “Epic” para una super-banda de estas características.
Etiquetas: Aura Noir, Corpus Christi, Cryptopsy, Death Metal, Dodecahedron, Grave Miasma, Mayhem, Morbid Angel, paradise lost, Vltimas

A esta altura ya podemos decir, sin temor a equivocarnos, que Bélgica se ha convertido en uno de los centros más prolíficos en materia de música pesada y experimental de las últimas dos décadas. Dentro de esa escena, todos los proyectos que gravitan en torno a Amenra y su Church Of Ra y aledaños, no tardan en posicionarse muy bien a nivel internacional. No se trata de una cuestión comercial o de moda: allí se concentra un núcleo de artistas que supieron crear algo genuino, honesto, apasionado y original, y todo lo demás fue consecuencia.
TAKH y este homónimo disco debut surgen a partir de la colaboración entre integrantes de The Black Heart Rebellion y la cantante y guitarrista Annelies van Dinter (aka Echo Beatty). Vivimos tiempos en los que es necesario recurrir a nuevas categorías para describir los estilos musicales. Los compartimentos rígidos de antaño han explotado y todo es fluido: hay mezclas, fusiones, variaciones, y sonidos desafiantes surgidos de un underground que ha vuelto a ser de culto, entre otros factores, por el impacto que tuvieron las plataformas de streaming en la posibilidad de que una banda se consagre vendiendo grabaciones en formato físico. Hoy se hace música “no mainstream” para vivir tocando en vivo o solamente por amor al arte.
“Post-doom atmosférico”, dice la banda y me parece acertado. Si tratamos de desgranar un poco más esa noción, hablamos de post-metal y post-rock con una especial sensibilidad folk. “Salamonne” empieza con un espectacular trabajo en la percusión. La batería suena impresionante en lo acertado de su ejecución, o sea, en lo bien que suena cada cosa que hace desde el punto de vista compositivo. De hecho, es lo principal y sobre lo técnico no caben dudas. La base de bajo y unas texturas etéreas de guitarra, acompañan la dinámica entre las dos voces, una masculina y la otra femenina, en una canción excepcional, melancólica y muy evocativa.
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“Unabashed and Knowing” le da mayor protagonismo al canto de van Dinter y se va construyendo en un progresivo in crescendo, del tipo que siempre suele anticipar un clímax, algo que Amenra consolidó de una manera incomparable: si hay que esperar una hora para que algo estalle, que así sea, pero que el estallido sea sentimentalmente contundente. En esta oportunidad no sucede eso, pero sí se alcanza un punto de mayor intensidad que resulta muy efectivo. “Dröne” empieza con unos sintetizadores bastante tétricos y un bajo lento cargado de fuzz. La cadencia del dúo vocal es apesadumbrada, siguiendo un ritmo triste y unos punteos de guitarra que generan un clima angustiante. Se trata de una canción muy hermosa.
Cuando llega “Azure Blue” confirmamos que la propuesta de TAKH se orienta a una composición que busca la interacción constante entre tensión y descarga, los cambios emocionales, la estructuración con una actitud natural, orgánica, y una intención de lograr la belleza. Y nos hallamos ante “Hair of a Horsetail”, el track final y más extenso del álbum. La dulce voz femenina alterna con la masculina en un diálogo sobre una instrumentación minimalista. La base de bajo adquiere preeminencia y hay algo de gothic rock en la música, es más: llegamos a la conclusión de que se trata de eso y no tanto de metal. Como sea, termina un muy buen álbum que funciona como presentación y como promesa.


Bienvenida sea esta nueva colaboración entre The Body, el legendario dúo experimental de sludge metal con mucho noise y elementos industriales, y -en este caso- Dis Fig, nombre artístico de la cantante, DJ y productora estadounidense Felicia Chen. La edición está a cargo, nuevamente, del sello Thrill Jockey.
Los trabajos de Chip King y Lee Buford en conjunto con otras bandas como Braveyoung (2011), Thou (2015), Krieg (2015), Full of Hell (2016 y 2017) y Uniform (2018 y 2019), entre otras, fueron excelentes, así que no cabía esperar otra cosa en esta oportunidad. Teniendo en cuenta que, en vez de cooperar con otro grupo de metal, esta vez lo hicieron con una artista de música electrónica, era esperable que el producto tuviera mucho más énfasis en ese sentido, que, ya de por sí, también forma parte de la propuesta de The Body.
La seductora voz de Dis Fig ya empieza a hacer de las suyas en “Eternal Hours”, sobre un fondo de ruidos saturados, fabriles, reverberantes, con ecos y golpes de batería que marcan un ritmo lento. Los ya célebres alaridos de King perforan la atmósfera. Hay algo en el canto femenino que recuerda al estilo que Chelsea Wolfe domina como máximo exponente. “To Walk a Higher Path” profundiza en el uso de sonidos procesados y samples. El canto se vuelve aún más cautivante, en esta ocasión reminiscente a Björk. Los aullidos de éxtasis psicótico se oyen de fondo.
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La misma senda sigue en “Dissent, Shame”. El trabajo vocal de Dis Fig es excepcional, esta vez, superponiendo varias capas al unísono y también haciendo algo de contrapunto. Se trata de un track de estilo trip-hop. La canción homónima al disco, por el contrario, empieza directamente con los gritos enervantes de King, lo suficientemente sofocados como para no ser lacerantes y causar hemorragias en los tímpanos. Esta colaboración, por momentos, suena a una versión corrosiva de Portishead con el agregado de las vociferaciones de un señor presenciando los horrores más inenarrables. “Holy Lance” es un track espeso, pantanoso, pero el canto sigue luciéndose, aumentando su despliegue, y lo mismo puede decirse de “Coils of Kaa”, aunque en esta oportunidad, lo que hace Dis Fig llega a parecerse a la locura vocal de King, si bien adquiere rasgos bastante histriónicos. Llegado este punto, no quedan dudas de que las máquinas, con un aporte restringido de la batería, son las que dominan el paisaje sonoro. Si hay un aporte de la guitarra está tremendamente mutado por el procesamiento, aunque no tanto en “Back to the Water”, el track final, donde Dis Fig termina de demostrar aún más su capacidad expresiva, antes de que todo se disuelva en la cacofonía. Gran disco colaborativo que vale la pena escuchar.


El heavy metal japonés viene en diferentes formas y sabores, pero personalmente suelo asociar a las bandas más grandes con cierto gusto por la grandilocuencia y el tener algún chiste en su propuesta: la ensalada de elementos de Sigh, los saltos de estilo en cada álbum de Boris, las letras sobre asesinos seriales de Church Of Misery, las locuras de G.I.S.M, la explosión visual de X-Japan y todo el costado metalero de, justamente, la escena del visual kei, las tendencias avant-garde de Dir En Grey, el uso del idioma español en los apocalípticos Corrupted y una larga lista más. Claro que esto no es universal, y también podemos encontrar bandas cuya única idea sea sacar buenos álbumes sin que necesariamente quieran reinventar la rueda… lo que, paradójicamente, podría hacerlos ver raros en medio de esa escena. Tal es el caso de Coffins.
Este cuarteto de Tokio, liderado por el cantante y guitarrista Bungo Uchino, viene hace casi tres décadas musicalizando el under del death metal japonés. Si fuéramos de los que sólo nos importan los discos completos podríamos deducir que esto no se ha traducido a tener una discografía particularmente prolífica, pero contando la enorme cantidad de splits con bandas tanto japonesas como internacionales Coffins han creado una red de relaciones con la que bien podríamos hacer un juego de Grados de Separación con casi cualquier otro grupo. Y a casi cinco años del anterior Beyond The Circular Demise, Coffins nos trae su sexto LP, titulado Sinister Oath.
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Para los que no hayan escuchado a Coffins anteriormente, en sus álbumes anteriores estos tokiotas practicaban una mezcla de la ferocidad del death metal de la vieja escuela con la velocidad y riffs gruesos del doom: sin los ribetes góticos que muchas bandas de doom death incorporaron en décadas posteriores, las canciones de Coffins suelen ser un viaje a través de pantanos, cuevas húmedas y oscuras, y cualquier otro escenario que nos traiga sensaciones viscosas a la mente, con las influencias de Autopsy y Asphyx estando a flor de piel. Y eso es lo que vamos a encontrarnos en Sinister Oath porque, como dije antes, Coffins no es una banda que reinvente la rueda, sino que prefiere explotar y refinar un sonido con maestría.
La corta introducción instrumental “B.T.C.D.” indica muy bien cómo van a ir las cosas, con esos riffs pesados de la guitarra de Uchino, las líneas de bajo de Masafumi Atake y el doble bombo preciso de Satoshi. Y con la siguiente “Spontaneous Rot” se suma la voz de Jun Tokita, con ese rugido gutural un tanto monótono pero que encaja perfecto con los riffs graves y aplastantes cual paso de elefante: este track también muestra que Coffins no le tienen miedo a inyectar algo de groove en su propuesta, con uno de los riffs de esta canción sonando como la versión doom death del de “A New Level” de Pantera.
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La propuesta de Coffins de vez en cuando los tiene apretando el acelerador como pasa en “Forced Disorder”, donde alcanzan velocidades punk sin caer en el blast beat, en la asquerosa (en el buen sentido) “Things Infestation”, con más doble bombo de Satoshi, y en “Headless Monarch”, donde si recurren al blast beat. Pero es más usual que los japoneses pisen el freno e inyecten atmósferas densas y asfixiantes en sus canciones, como en el tema título “Sinister Oath”, en la final “Domains of Black Miasma” y su ataque inicial de voces y doble bombo, y en la extensa “Everlasting Spiral”, que durante casi nueve minutos lleva al oyente por los momentos más oscuros y sofocantes de toda la placa.
En esto ayuda el sonido grave y lodoso de Sinister Oath, que podría ser criticado en otros estilos musicales pero que acá va perfecto con la propuesta de la banda: esta no es la clase de canciones que funcionarían con el sonido inmaculado de algún álbum de power metal europeo.
Sinister Oath es una escucha difícil para quienes no sean ya fans de la banda, siendo que el cuarteto no mete muchas variantes a su propuesta y pueden tornarse monótonos a primera escucha. Sin embargo, lo más seguro es que resultará gratificante tanto para el que ya sea fan como para quienes aprendan a apreciarlos. Con el tiempo que se toman Coffins entre álbumes cada uno de ellos tiene sus expectativas detrás, y creo que este sexto álbum logra cumplirlas con creces, ofreciendo 43 minutos de puro death doom sin mucho firulete alrededor. Si buscás metal extremo tanto en sonido como en atmósfera, esto es lo tuyo.
Etiquetas: Coffins, Death Doom Metal, Death Metal, Japon, Relapse Records

Contra lo que cualquiera podría pensar, este 2024 nos trae bajo el brazo el nuevo trabajo de los californianos alternativos New Years Day, quienes con Half Break Heart siguen demostrando que aún tienen mucho que decir dentro de su escena, a la cual llevan perteneciendo desde hace ya más de tres lustros.
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La banda liderada por la bellísima y talentosa Ash Costello sigue navegando en esa línea compositiva donde combinan el metal moderno y el post hardcore de corte más goth (la influencia de artistas como AFI, Marilyn Manson, HIM o My Chemical Romance, es muy palpable) con letras oscuras y bien trabajadas de la mano de su vocalista.
El disco se abre con “Vampyre”, corte elegido como uno de los singles para promocionar este nuevo trabajo y las guitarras pesadas, el filtro oscuro y la sensual y melódica voz de Ashley ya te advierte un poco de lo que te vas a encontrar en este nuevo disco de la banda, sonando muy potentes y modernos pero continuando la línea de su disco anterior.
El corte que da título al disco comienza con una base bien pesada a lo Korn, pero enseguida aparece en escena la voz rasgada de Ashley y es imposible no caer rendido al talento que esta chica tiene, los coros agresivos de Nikki Misery (Guitarra) y Jeremy Valentyne (Guitarra rítmica) le dan ese toque oscuro muy en la onda de lo que en su día hacían bandas como Aiden e incluso Atreyu en la época de The Curse, pero con un sonido más accesible.
“Hurts Like Hell”, es un auténtico pelotazo y que se entiende que hayan elegido como otro de los singles del álbum ya que su sonido con ciertos coqueteos con el nu metal y un estribillo escrito en oro (o en sangre, lo que ustedes prefieran) está hecho para ser cantando en una arena repleta de personas y seguro que en su nueva gira suena de muerte.
En “Secrets” observar como la banda se acerca a la órbita sonora de los últimos Motionless in White, mientras que con “Fearless” Ashley muestra un registro más melódico y moderno combinado elementos más “poppies” con un estribillo un poquito más cañero y que presenta ciertos puntos en común con sus amigos In This Moment.
NYD nos muestran su cara más intensa en “Bulletproof”, uno de los mejores temas del disco y donde podemos ver brillar a Ashley sin necesidad de recurrir a los “Screams”, si no que cantando ya te eriza la piel y te consigue emocionar con lo que dicen sus letras.
Los elementos teatrales convierten a “Burn it all Down”, en otra de las joyas del disco, mucho más alternativa y oscura pero de las que seguramente no puedan ni deban faltar en directo.
La correcta (pero poco original para el disco) “Enemy”, deja paso a la superior “I Still Believe” con la cual uno podría pensar en bandas como Stitched Up Heart o Sick N’ Beautiful, como bandas afines al sonido actual de NYD y que si te gustan estas bandas, disfrutarás de lo lindo con este disco y temas como este.
Las revoluciones bajan, pero no mucho con “Unbreak My Heart”, una suerte de medio tiempo con la mirada puesta en sonido medio gótico de bandas como Lacuna Coil y Forever Still, pero siempre con ese “algo” característico que le da Ashley Costello a las canciones de la banda.
El tema sirve para oxigenar un poquito al disco, entre tanto sampler y guitarra moderna, pero acaba de forma mucho más cañera respecto a como comenzó, sorprendiendo al oyente.
Y llegamos a la que puede ser si no la mejor, una de las cuatro mejores piezas del disco, la explosiva “So Sick”, con un riff muy potente y melódico y una Costello deleitándonos con su voz en diferentes registros y sonando mejor que nunca.
Con “Creature of Habit”, la banda cierra un disco que está claro nos muestra su madurez como grupo y que en muchos momentos supera a su predecesor, pero que quizás adolece de esa “frescura teen” que tenían en discos como My Dear o Malevolence (pero también hay que entender que esos discos tienen más de diez años ya, es lógico que hayan cambiado) para sonar más compactos y con mejor instrumentación que antaño.
No sabemos que les deparará el futuro a New Years Day, pero desde luego su regreso este 2024 ha estado a la altura y les reafirma como una de las bandas alternativas destacadas de su generación.
Etiquetas: Century Media Records, Half Black Heart, Metal Alternativo, New Years Day, Post Hardcore, Rock Gotico


En esta época de la Internet centralizada y cada vez más vigilada, es interesante que todavía podamos encontrar gente que demuestre el espíritu de anonimidad y misterio que se podía sentir en la era de los fanzines fotocopiados y el intercambio mundial de cintas. Tal es el caso de esta particular entidad neerlandesa conocida como Blutmage, con el que “entidad” es un buen término para describirlo, siendo que el único músico involucrado es un anónimo, sin siquiera tener un sobrenombre.
Más allá de esto, Blutmage parece estar teniendo un 2024 muy productivo, ya habiendo editado los EPs The Crimson Spell y Goetic Bloodprince a fines de enero y principios de febrero, y ahora teniendo su LP debut Barbarenkoning, editado de manera independiente a fines de febrero. Con siete canciones en apenas 25 minutos, Barbarenkoning explora una mezcla de sonidos similar a la combinación de chaleco de parches, muñequeras de clavos, botas y corpsepaint junto al almófar, corona y capa de fantasía medieval que usa el músico en la portada, sumado al florido logo de la banda. Fue esa portada lo que me atrajo, dándome recuerdos de las primeras interacciones con Këkht Aräkh, el proyecto ucraniano que acercara a muchos a este estilo hace unos años: cursi, pero prefiero eso antes que portadas hechas completamente con IA.
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La parte media del álbum (“Castlewars”, “We Heard Distant Marching” y “Longing For The Throne”, a los que se suma una sección cerca del final de “Many Moons Guide Us”) está centrada en el black metal, con ese estilo de los noventas donde todo suena como grabado en el sótano más húmedo y claustrofóbico que la mente pueda imaginar. Las guitarras chillan como si las cuerdas fueran alambre de púas, y las voces son estos quejidos guturales que parecen vociferados por alguna criatura que no ha visto la luz en toda su vida: sin embargo, el bajo es audible si se presta atención y las baterías tienen ese sonido under sin ser inescuchables.
Es material muy de manual en cuanto a composición si nos ponemos a hilar fino, con sus blastbeats y riffs a toda velocidad sacados de la escuela noruega o incluso de las Légions Noires francesas de la época, pero hay algo en esta combinación de elementos que se me hace irresistible cuando me llega, así que lo más seguro es que pase lo mismo con los que también son fans del estilo.
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El resto de Barbarenkoning, que sería la mayoría del mismo si nos guiamos sólo por los números, está compuesta de composiciones ambientales basadas en sintetizadores, con tracks que parecen hechos para musicalizar una mazmorra con esqueletos de prisioneros todavía en sus grilletes, o alguna partida de D&D donde los personajes recorren un escenario de esas características, si queremos ser más realistas con nuestras descripciones. Los sonidos de los teclados son bastante amateur, pero hay cierto encanto en la atmósfera como de juego de DOS antiguo perdido en la memoria que logra evocar en esas melodías simples, y viendo la estética del proyecto esa es claramente la idea detrás de todo ello.
Barbarenkoning es un disco para quienes sean tanto fans del black metal como este tipo específico de música ambiental. Pero lo más seguro es que los fans de uno ya sean también fans del otro, y en su misión de llegarle a ese público tan específico hace un trabajo extremadamente decente.
Etiquetas: Black Metal, Blutmage, dark ambient, Dungeon Synth, Paises Bajos
![Sylvaine – Eg Er Framand [EP] (2024) thumb image](https://tracktohell.com/wp-content/uploads/2024/03/SOM786-Sylvaine-EgErFramand.jpg)

Kathrine Shepard, la artista noruega que ha colaborado con bandas como Alcest, Solefald y Austere, nos presenta un EP como adelanto de su proyecto Sylvaine , lanzado por Season of Mist este 22 de marzo.
Bajo el nombre de Sylvaine ya ha lanzado tres álbumes de estudio titulados, “Silent Chamber, Noisy Heart” (2014), “Wistful” (2016) y “Atoms Aligned, Coming Undone” (2018).
La propuesta de la blonda nos transporta a paisajes noruegos a través de sonidos folclóricos que evocan las leyendas y misterios de la época vikinga.
No solo Shepard decidió incluir música tradicional noruega en este EP, sino que todo el concepto del sonido y la grabación se centró en un lugar especial: la Iglesia Kampen y su atmósfera.
La instrumentación del álbum consiste en voces, un órgano de iglesia, guitarras acústicas, beats electrónicos y percusión, todos interpretados por la mismisima Kathrine. Su trabajo con la guitarra coincide perfectamente con los tonos emocionales de su voz y se puede apreciar ligeramente en “Eg Veit Himmerlrik Ei Borg“
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El último tema del álbum, “Eg Er Framand” (Soy un Extraño), se presenta desnudo, sin instrumentos. En él, se expresa la inquietud de no encontrar paz en esta Tierra, sino anhelar la eternidad más allá de la vida terrenal.
La ausencia de acompañamiento musical invita al oyente a reflexionar sobre su propia existencia y su lugar en el mundo.
Dejamos parte de la letra de este maravilloso track
“La Tierra no alberga la paz que mi alma busca. No, anhelo reunirme con el reino de la luz. Donde los pesares cesan, donde las lágrimas se agotan, donde no hay fin posible, ni muertes que negar.”
El sentimiento y la impresión que la artista quiso plasmar en este EP se hace evidente incluso para aquellos que no hablan noruego, gracias a las cuidadas interpretaciones vocales.
En fin, un álbum introspectivo, sin nada de distorsión, ideal para ser escuchado en total paz y oscuridad, sumergiéndose en el mágico mundo de Sylvaine que te transporta a las frías montañas noruegas.
Etiquetas: 2024, Alcest, Austere, Blackgaze, Eg Er Framand, EP, Folk, noruega, Post-Black metal, Season Of Mist, Solefald, Sylvaine

El mundo actual es una fuente inagotable de nuevos proyectos musicales y las bandas de metal underground emergen diariamente de a miles. Más allá del alcance que cada una pueda llegar a lograr en términos de audiencia, lo cierto es que las hay para todos los gustos, y la popularidad no necesariamente es un indicador del esfuerzo y la dedicación de las personas involucradas. En este panorama, hay propuestas que buscan la siempre esquiva y desafiante originalidad, mediante la experimentación (de rango cada vez más acotado por la acumulación de antecedentes), la combinación como fusión o alternancia de estilos, o simplemente, por cualidades distintivas que, muchas veces, resultan del caos universal (timbre o rango vocal, talento manifiesto como virtuosismo técnico al servicio de la expresividad ejecutando instrumentos, ideas entramadas con historias de vida particularmente extraordinarias, etc.). Pero también están los grupos con un enfoque más tradicionalista, explícitamente tributario de referentes muy claros y que, por lo tanto, apelan a la sensibilidad de un nicho específico del mercado musical. Tal es el caso de Call Ov The Void, banda mexicana que acaba de lanzar su disco debut dedicado al público del death doom metal de principios de la década de los 90’s. El grupo está formado por José Vargas (guitarra y voz), Jorge San Román (bajo y guitarra), René Álvarez (guitarra) y Axel Fabricio (batería). El álbum fue masterizado por el sueco Dan Swanö y tiene como invitado a Blazej Kasprzak de Batushka en la canción “A Peaceful Surrender”.
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El segundo track, “One Last Regret”, tras la introducción titulada “Disbelief – A Numb Prelude”, es una presentación perfecta y absolutamente honesta: no caben dudas de las raíces que este cuarteto tiene en los primeros discos de Katatonia, Anathema, My Dying Bride y Paradise Lost, solo por dar algunos ejemplos. Se intercalan las voces guturales con las limpias y melódicas, y la densidad percibida depende más de la lentitud del ritmo y la melancolía de las líneas de guitarra que de lo “pesado”, si tenemos en cuenta los extremos que, en este aspecto, se han alcanzado hasta el día de la fecha, tanto tiempo después del amanecer de aquella década homenajeada. “Into Nothingness” acelera un poco el paso, y ofrece la novedad de momentos de unísono vocal bastante podrido, para que luego el canto más claro surja casi con actitud coral. Los compases delicados que generan climas calmos, dan la pauta de que este “death doom” lo que tiene de “death” es, sobre todo, el trabajo con las voces sucias. La composición es interesante, pero se mantiene bastante distante de los machaques aplastantes, las fosas que actualmente puede alcanzar la afinación, o la viscosidad pantanosa que puede encontrarse en un más estricto “death doom”.
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Con la llegada de “Shores of Oblivion”, a mi entender, queda demostrado que la búsqueda de Call Ov The Void canaliza la bilis negra por un lado más dramático que brutal. La calidad de la mezcla es excepcional, aunque también es cierto que no hay momentos vertiginosos o frenéticos, en los que suele ser un desafío mantener la pureza de cada elemento de la trama sonora. En “Punishment and Fear” las reminiscencias de los gigantes sobre cuyos hombros se paran estos mexicanos son muy notables, y está bien que así sea: fuimos avisados de antemano y el que avisa no traiciona, no pretendamos encontrar nada “post” o “avant-garde”. Sigue “Borrowed Time” y, a esta altura, resulta obvio que todos los riffs en este disco son un destilado de la esencia del doom metal más romántico, en los límites de lo gótico. Es curioso, pero escuchando esta obra, teóricamente alineada con los crudos comienzos de varias leyendas del género, que luego tuvieron una evolución muy importante, me da la impresión de que están dadas todas las condiciones para que estos existencialistas latinos repitan el mismo proceso: el siguiente trabajo bien podría sonar mucho más progresivo y menos “death”. Más aún: siento que ya se están alejando del doom con el primer paso, aunque habrá que esperar al próximo. Ya mencionamos el track con la colaboración destacada de un invitado de lujo, anterior al que da fin al disco, “Broken Vow”, una canción que aumenta mis sospechas de un inminente viaje hacia las costas que las bandas admiradas alcanzaron tras recorridos mucho más extensos.
Diría que es inevitable que “On Grief and Dying” le guste al público del doom de los 90’s, por lo que, ya solo por eso (más allá de la calidad compositiva y de la mezcla), es un excelente trabajo que vale la pena escuchar si se comparten los gustos en cuestión.


Hace tiempo venimos hablando del “post-punk revival” y aquí nos encontramos con otra manifestación de ese movimiento, en una nueva versión contemporánea que encuentra toda su creatividad en la decadencia (moral, social, económica, ambiental) que parece ser la esencia del zeitgeist actual. Podríamos decir que existe una vertiente “romántica” con propuestas que van desde Have A Nice Life hasta Editors, pasando por Giles Corey, Rope Sect y Planning For Burial, y otra más “urbana”, con bandas como Swans, Daughters, Sprain, Kollaps y Cower. Hay quienes dicen que la música de Crippling Alcoholism es goth-rock o noise-rock, y reconocen una influencia de Type O Negative y Nick Cave & The Bad Seeds. A mí me recuerda también a Tom Waits y Skitliv. un proyecto poco conocido de Maniac, ex cantante de la banda noruega Mayhem. No hace falta señalar la marca fundacional de la Rollins Band y Oxbow. Todo esto ya se notaba en su primer disco “The Drugs That Made You Sick Are the Drugs That Make You Better” (2022).
Crippling Alcoholism es un quinteto con base en Boston, Massachusetts, que resume su arte en la frase “Bowie en el infierno”, algo que tiene bastante sentido. El nombre del grupo proviene de una expresión utilizada para describir la condición de una persona que, aún con una adicción al alcohol, logra ser lo suficientemente funcional como para cumplir con sus actividades de la vida cotidiana. Quizás la situación de miles de almas resignadas en el mundo patético de hoy. Cada canción del disco se enfoca en el tormento de un sujeto confinado, aislado, sufriendo por el curso que ha llevado su existencia y por su comprensión de la despiadada realidad.
“I’ll Pay More If You Let Me Watch” ya empieza a adentrarnos, con aparente calma, por los pasillos siniestros de un laberinto de locura. La voz suena triste, iracunda, desesperada. Sobre una base rítmica tan expresiva como minimalista, y guitarras de gran sutileza, resalta el teclado, particularmente en el estribillo. “Red Looks Good On Him” sigue llevándonos a un espacio de reflexión desquiciante. La calidad compositiva ya resulta más que evidente. El talento del baterista logra lo que es justo y necesario para ser implacable, mientras el canto va desplegando sus cualidades progresivamente más dramáticas. La contundente simpleza instrumental, en especial de las cuerdas, es absolutamente tributaria de la esencia post-punk de The Cure y Joy Division.
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Comienza “Lipstick With No Lips” y los sintetizadores nos transportan a los 80’s en pleno auge darkwave. Sin embargo, los momentos de vértigo, cuando la percusión se convulsiona, nos sacuden. “Ottesa” marca el punto donde se evidencia lo pesada que puede ser la música del grupo, si bien predominan los segmentos donde el teclado ejecuta melodías brillantes. La genialidad de estos individuos para escribir música es admirable. El entramado perfecto entre las letras y el canto casi discursivo es alucinante. “Liquid Jesus” tiene un aura bizarra, como de engaño para hacernos ir voluntariamente a un lugar en donde encontraremos la muerte. “Evil Has a Babyface” continúa el recorrido por los rincones más oscuros, pero, increíblemente, lo hace con una sonoridad de gran belleza, de arreglos que son dignos de destacarse. “Sav” parece un destilado del más adictivo rock gótico, y “Rough Sleepers” tiene mucho de ese ímpetu derrotado del blues, hasta que un giro inesperado casi nos deja al borde de “Bela Lugosi’s Dead” de Bauhaus, para luego retornar a ese patetismo tan seductor que se torna sublime e incomprensible.
“Featherweight Kid” es un track que repite la fórmula de aparentar ser directo y sencillo, hasta que llega un cambio abrupto que nos demuestra lo contrario. “Satan Is the One” tiene un bajo que emerge en la mejor tradición post-punk. Hace tiempo que no escucho un álbum que me genere tanto placer: un conjunto de canciones para cantar en voz alta, siguiendo el ritmo con la cabeza, con letras de un contenido rebelde, de una filosofía intensa, cruda, cínica. Acostado en el piso de mi casa con las luces led rojas encendidas y los parlantes temblando, o con el sistema estéreo viajando en el auto, o con los auriculares sentado en la sala de espera del dentista: donde sea y como sea, este álbum es una bomba contra la rutina.
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La palabra, el predicamento, la diatriba. Cada canción encierra un mensaje que eleva la música hasta esa dimensión tan esquiva de la poética más allá del sonido. “Templeton”, no es la excepción, y cuando llega “Mob Dab”, el track final, número doce, confirmamos que no hay nada por fuera de esa virtud que Crippling Alcoholism exhibe a puro talento. Los lapsos de aceleración de la batería son espectaculares. La verdad es que, con tal cantidad de canciones, que suman una hora de duración, y todas tan buenas, la banda creó el que bien podría llegar a ser uno de esos discos que marcan la vida de la audiencia. Decir que será uno de los mejores álbumes del año es demasiado poco. Mi más convencida recomendación de escucharlo para cualquiera que considere que lo que digo vale algo.


Aunque en la mente de muchos Job For A Cowboy sigan siendo vistos como una banda de deathcore, eso es como decir que Ulver es una banda de black metal: hay que estirar un poco la verdad para ello. Su EP Doom (2005) fue ciertamente la entrada definitiva de esta nueva movida en el mainstream, como los también estadounidenses Killswitch Engage habían hecho poco antes con Alive Or Just Breathing (2002) y The End of Heartache (2004): ambas bandas pueden tomar gran parte del crédito por la avalancha de bandas de look emo, perfiles en MySpace, nombres de tres palabras o más, breakdowns y todos los otros clichés del metal mainstream durante la década del 2000. Pero mientras Killswitch Engage se mantuvieron como uno de los nombres más importantes de la movida, Job For A Cowboy le dejaría ese puesto a gente como Suicide Silence, Bring Me The Horizon, Carnifex, Whitechapel y demás, ya que ellos dejaron atrás el sonido deathcore.
Bastante de esto tiene que ver el cambio de integrantes, con el cantante Jonny Davis siendo el único miembro constante, y que cuando comenzaran la enorme mayoría de los integrantes fueran adolescentes: uno no puede esperarse que sigan sonando igual. En su primer LP Genesis (2007) pusieron más énfasis en el death metal, y con Ruination (2009) y sobre todo Demonocracy (2012) mostraron riffs mucho más retorcidos y técnicos. Ese crecimiento en su sonido alcanzaría su punto más alto con Sun Eater (2014), su álbum más progresivo. Pero a pesar de ser su lanzamiento mejor recibido hasta el momento, la banda se tomó los últimos diez años como un descanso no oficial: no giraron para presentar el álbum y casi no dieron conciertos en general, enfocándose en sus estudios y familias para compensar el calendario salvaje de recitales que habían tenido en los últimos años.
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Moon Healer, quinto álbum del grupo, sirve como un regreso a la actividad de Job For A Cowboy, y lo hace siguiendo la senda marcada en Sun Eater, e incluso redoblando la apuesta. La dupla “Beyond The Chemical Doorway” y “Etched in Oblivion”, claramente hechas para ser escuchadas juntas por la transición entre ambas, son una buena muestra de lo que hay que esperar de este álbum, con blastbeats brutales y las guitarras pesadas de Alan Glassman y Tony Sannicandro (no debe ser coincidencia que el cambio en el sonido de la banda esté marcado por la llegada de ambos) tirando esos riffs retorcidos, entremezclados con arreglos jazzeros donde brilla la labor de Navene Koperweis como baterista de sesión, cambiando de ritmos como si de respirar se tratara.
En otras como “Grinding Wheels of Ophanim” y “The Sun Gave Me Ashes So I Sought Out The Moon” (título que parece nombre de banda de metalcore, justamente), pero bien podría señalarse lo mismo en el resto del álbum, se destaca lo hecho por el bajista Nick Schendzielos, miembro de los también híper técnicos Cephalic Carnage, que en un género donde tantas veces las cuatro cuerdas quedan sepultadas en una marea de distorsión logra llamar la atención (aunque sea con un bajo de cinco cuerdas), a veces desviándose del riff principal y metiendo unos arreglos envidiables. Personalmente creo que la producción da una mano enorme en esto, con un sonido que es poderoso pero sin sentirse ultra comprimido ni tampoco sobreproducido o excesivamente limpio, donde también aparece la voz de Davis como el cable a tierra de la propuesta: sus voces guturales se mantienen en forma a pesar del paso de los años, y aportan esa “suciedad” pesada al sonido.
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Un detalle que aporta mucho a la experiencia es que Job For A Cowboy no exageren con la duración de las canciones, con Moon Healer durando apenas 39 minutos divididos en ocho canciones, con la final “The Forever Rot” siendo la única que supera los seis minutos y funcionando de manera perfecta para cerrar el disco. Esto condensa la locura de ciencia ficción en una duración razonable, sin divagar en largos pasajes instrumentales que no lleven a nada: habrá bandas que logren meter eso sin aburrir, pero no creo que funcione dentro de la propuesta de Job For A Cowboy.
Lo de Moon Healer no es para todo el mundo, y puede que haya estándares diferentes donde las muestras de técnica por parte de la banda crucen la barrera y terminen en el terreno de la pretenciosidad. Pero creo que lo de Job For A Cowboy en su quinto álbum es un triunfo, y una muestra de cómo envejecer con dignidad en un medio donde tantas bandas terminan dando vergüenza o perdiéndose en el camino.



Este 15 de marzo nos desayunamos con un nuevo trabajo del inoxidable David Vincent (ex Morbid Angel) junto a sus compañeros de ruta, el guitarrista noruego Rune “Blasphemer” Eriksen (ex-Mayhem, Aura Noir), y el baterista canadiense Flo Mounier (Cryptopsy). Completado por el bajista holandés Ype TVS (ex-Dodecahedron) y el guitarrista portugués João Duarte (Corpus Christi).
Dicho material recientemente editado por el sello Season of Mist fue grabado por el productor Jaime Gómez Arellano (Paradise Lost, Grave Miasma) con el ingeniero Jonathan Mazzeo en Arda Recorders en Porto, Portugal.
El nuevo álbum cuenta con 9 ejecuciones las cuáles van al grano, metal extremo de la más vieja escuela con glorificaciones a todos los demonios habidos y por haber.
Arrancamos con una pista de introducción –quizás de más- para darle un arranque crudo, dónde nos vamos a encontrar con la primer canción “Epic” homónimo de su placa, dónde evidenciamos los vestigios de los años en el querido David, con un tono de voz poco limpio, irritable y débil a comparación de sus años de gloria en Morbid Angel, además hay que destacar que los riff si bien suenan potentes, también tenemos que reconocer que parecen reciclados de viejas épocas, haciéndose más evidente en “Miserere“, “Scorcher” y “Nature’s Fangs“.
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Llegamos a “Mephisto Manifesto” y podemos localizar en dicha pista, sabemos muy bien de que va este género y su adoración escandalosa por el demonio Satanás y las tinieblas, no pedimos que sea de otra manera, pero parece un tema recurrente en el álbum dónde sinceramente se hace monótono junto a los riff, voces y un estribillo que no deja lugar a dudas de que este trabajo está muy alejado a lo que podrían haber compuesto tipos de la talla que mencionamos en un principio.
“Exercitus Irae” es una bocanada de aire entre la mediocridad que abunda en el material, riff brutal, voces que se adaptan mejor y una velocidad que descomprime los sentimientos encontrados con las demás canciones, sin dudas que los músicos acompañan y bien a David, puesto que ejecutan bien lo que hacen e inclusive dan cierta sensación de bienestar al oído, pero inevitablemente caemos a cuenta que estos registros vocales ya no son los de antes.
En menos de 40 minutos se resume este trabajo nuevo que deja un sabor de que podría haber sido más, pero no lo fue, y sin dudas que de cara a lo nuevo que se edite esperamos evitar otro “Epic” para una super-banda de estas características.
Etiquetas: Aura Noir, Corpus Christi, Cryptopsy, Death Metal, Dodecahedron, Grave Miasma, Mayhem, Morbid Angel, paradise lost, Vltimas

A esta altura ya podemos decir, sin temor a equivocarnos, que Bélgica se ha convertido en uno de los centros más prolíficos en materia de música pesada y experimental de las últimas dos décadas. Dentro de esa escena, todos los proyectos que gravitan en torno a Amenra y su Church Of Ra y aledaños, no tardan en posicionarse muy bien a nivel internacional. No se trata de una cuestión comercial o de moda: allí se concentra un núcleo de artistas que supieron crear algo genuino, honesto, apasionado y original, y todo lo demás fue consecuencia.
TAKH y este homónimo disco debut surgen a partir de la colaboración entre integrantes de The Black Heart Rebellion y la cantante y guitarrista Annelies van Dinter (aka Echo Beatty). Vivimos tiempos en los que es necesario recurrir a nuevas categorías para describir los estilos musicales. Los compartimentos rígidos de antaño han explotado y todo es fluido: hay mezclas, fusiones, variaciones, y sonidos desafiantes surgidos de un underground que ha vuelto a ser de culto, entre otros factores, por el impacto que tuvieron las plataformas de streaming en la posibilidad de que una banda se consagre vendiendo grabaciones en formato físico. Hoy se hace música “no mainstream” para vivir tocando en vivo o solamente por amor al arte.
“Post-doom atmosférico”, dice la banda y me parece acertado. Si tratamos de desgranar un poco más esa noción, hablamos de post-metal y post-rock con una especial sensibilidad folk. “Salamonne” empieza con un espectacular trabajo en la percusión. La batería suena impresionante en lo acertado de su ejecución, o sea, en lo bien que suena cada cosa que hace desde el punto de vista compositivo. De hecho, es lo principal y sobre lo técnico no caben dudas. La base de bajo y unas texturas etéreas de guitarra, acompañan la dinámica entre las dos voces, una masculina y la otra femenina, en una canción excepcional, melancólica y muy evocativa.
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“Unabashed and Knowing” le da mayor protagonismo al canto de van Dinter y se va construyendo en un progresivo in crescendo, del tipo que siempre suele anticipar un clímax, algo que Amenra consolidó de una manera incomparable: si hay que esperar una hora para que algo estalle, que así sea, pero que el estallido sea sentimentalmente contundente. En esta oportunidad no sucede eso, pero sí se alcanza un punto de mayor intensidad que resulta muy efectivo. “Dröne” empieza con unos sintetizadores bastante tétricos y un bajo lento cargado de fuzz. La cadencia del dúo vocal es apesadumbrada, siguiendo un ritmo triste y unos punteos de guitarra que generan un clima angustiante. Se trata de una canción muy hermosa.
Cuando llega “Azure Blue” confirmamos que la propuesta de TAKH se orienta a una composición que busca la interacción constante entre tensión y descarga, los cambios emocionales, la estructuración con una actitud natural, orgánica, y una intención de lograr la belleza. Y nos hallamos ante “Hair of a Horsetail”, el track final y más extenso del álbum. La dulce voz femenina alterna con la masculina en un diálogo sobre una instrumentación minimalista. La base de bajo adquiere preeminencia y hay algo de gothic rock en la música, es más: llegamos a la conclusión de que se trata de eso y no tanto de metal. Como sea, termina un muy buen álbum que funciona como presentación y como promesa.


Bienvenida sea esta nueva colaboración entre The Body, el legendario dúo experimental de sludge metal con mucho noise y elementos industriales, y -en este caso- Dis Fig, nombre artístico de la cantante, DJ y productora estadounidense Felicia Chen. La edición está a cargo, nuevamente, del sello Thrill Jockey.
Los trabajos de Chip King y Lee Buford en conjunto con otras bandas como Braveyoung (2011), Thou (2015), Krieg (2015), Full of Hell (2016 y 2017) y Uniform (2018 y 2019), entre otras, fueron excelentes, así que no cabía esperar otra cosa en esta oportunidad. Teniendo en cuenta que, en vez de cooperar con otro grupo de metal, esta vez lo hicieron con una artista de música electrónica, era esperable que el producto tuviera mucho más énfasis en ese sentido, que, ya de por sí, también forma parte de la propuesta de The Body.
La seductora voz de Dis Fig ya empieza a hacer de las suyas en “Eternal Hours”, sobre un fondo de ruidos saturados, fabriles, reverberantes, con ecos y golpes de batería que marcan un ritmo lento. Los ya célebres alaridos de King perforan la atmósfera. Hay algo en el canto femenino que recuerda al estilo que Chelsea Wolfe domina como máximo exponente. “To Walk a Higher Path” profundiza en el uso de sonidos procesados y samples. El canto se vuelve aún más cautivante, en esta ocasión reminiscente a Björk. Los aullidos de éxtasis psicótico se oyen de fondo.
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La misma senda sigue en “Dissent, Shame”. El trabajo vocal de Dis Fig es excepcional, esta vez, superponiendo varias capas al unísono y también haciendo algo de contrapunto. Se trata de un track de estilo trip-hop. La canción homónima al disco, por el contrario, empieza directamente con los gritos enervantes de King, lo suficientemente sofocados como para no ser lacerantes y causar hemorragias en los tímpanos. Esta colaboración, por momentos, suena a una versión corrosiva de Portishead con el agregado de las vociferaciones de un señor presenciando los horrores más inenarrables. “Holy Lance” es un track espeso, pantanoso, pero el canto sigue luciéndose, aumentando su despliegue, y lo mismo puede decirse de “Coils of Kaa”, aunque en esta oportunidad, lo que hace Dis Fig llega a parecerse a la locura vocal de King, si bien adquiere rasgos bastante histriónicos. Llegado este punto, no quedan dudas de que las máquinas, con un aporte restringido de la batería, son las que dominan el paisaje sonoro. Si hay un aporte de la guitarra está tremendamente mutado por el procesamiento, aunque no tanto en “Back to the Water”, el track final, donde Dis Fig termina de demostrar aún más su capacidad expresiva, antes de que todo se disuelva en la cacofonía. Gran disco colaborativo que vale la pena escuchar.


El heavy metal japonés viene en diferentes formas y sabores, pero personalmente suelo asociar a las bandas más grandes con cierto gusto por la grandilocuencia y el tener algún chiste en su propuesta: la ensalada de elementos de Sigh, los saltos de estilo en cada álbum de Boris, las letras sobre asesinos seriales de Church Of Misery, las locuras de G.I.S.M, la explosión visual de X-Japan y todo el costado metalero de, justamente, la escena del visual kei, las tendencias avant-garde de Dir En Grey, el uso del idioma español en los apocalípticos Corrupted y una larga lista más. Claro que esto no es universal, y también podemos encontrar bandas cuya única idea sea sacar buenos álbumes sin que necesariamente quieran reinventar la rueda… lo que, paradójicamente, podría hacerlos ver raros en medio de esa escena. Tal es el caso de Coffins.
Este cuarteto de Tokio, liderado por el cantante y guitarrista Bungo Uchino, viene hace casi tres décadas musicalizando el under del death metal japonés. Si fuéramos de los que sólo nos importan los discos completos podríamos deducir que esto no se ha traducido a tener una discografía particularmente prolífica, pero contando la enorme cantidad de splits con bandas tanto japonesas como internacionales Coffins han creado una red de relaciones con la que bien podríamos hacer un juego de Grados de Separación con casi cualquier otro grupo. Y a casi cinco años del anterior Beyond The Circular Demise, Coffins nos trae su sexto LP, titulado Sinister Oath.
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Para los que no hayan escuchado a Coffins anteriormente, en sus álbumes anteriores estos tokiotas practicaban una mezcla de la ferocidad del death metal de la vieja escuela con la velocidad y riffs gruesos del doom: sin los ribetes góticos que muchas bandas de doom death incorporaron en décadas posteriores, las canciones de Coffins suelen ser un viaje a través de pantanos, cuevas húmedas y oscuras, y cualquier otro escenario que nos traiga sensaciones viscosas a la mente, con las influencias de Autopsy y Asphyx estando a flor de piel. Y eso es lo que vamos a encontrarnos en Sinister Oath porque, como dije antes, Coffins no es una banda que reinvente la rueda, sino que prefiere explotar y refinar un sonido con maestría.
La corta introducción instrumental “B.T.C.D.” indica muy bien cómo van a ir las cosas, con esos riffs pesados de la guitarra de Uchino, las líneas de bajo de Masafumi Atake y el doble bombo preciso de Satoshi. Y con la siguiente “Spontaneous Rot” se suma la voz de Jun Tokita, con ese rugido gutural un tanto monótono pero que encaja perfecto con los riffs graves y aplastantes cual paso de elefante: este track también muestra que Coffins no le tienen miedo a inyectar algo de groove en su propuesta, con uno de los riffs de esta canción sonando como la versión doom death del de “A New Level” de Pantera.
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La propuesta de Coffins de vez en cuando los tiene apretando el acelerador como pasa en “Forced Disorder”, donde alcanzan velocidades punk sin caer en el blast beat, en la asquerosa (en el buen sentido) “Things Infestation”, con más doble bombo de Satoshi, y en “Headless Monarch”, donde si recurren al blast beat. Pero es más usual que los japoneses pisen el freno e inyecten atmósferas densas y asfixiantes en sus canciones, como en el tema título “Sinister Oath”, en la final “Domains of Black Miasma” y su ataque inicial de voces y doble bombo, y en la extensa “Everlasting Spiral”, que durante casi nueve minutos lleva al oyente por los momentos más oscuros y sofocantes de toda la placa.
En esto ayuda el sonido grave y lodoso de Sinister Oath, que podría ser criticado en otros estilos musicales pero que acá va perfecto con la propuesta de la banda: esta no es la clase de canciones que funcionarían con el sonido inmaculado de algún álbum de power metal europeo.
Sinister Oath es una escucha difícil para quienes no sean ya fans de la banda, siendo que el cuarteto no mete muchas variantes a su propuesta y pueden tornarse monótonos a primera escucha. Sin embargo, lo más seguro es que resultará gratificante tanto para el que ya sea fan como para quienes aprendan a apreciarlos. Con el tiempo que se toman Coffins entre álbumes cada uno de ellos tiene sus expectativas detrás, y creo que este sexto álbum logra cumplirlas con creces, ofreciendo 43 minutos de puro death doom sin mucho firulete alrededor. Si buscás metal extremo tanto en sonido como en atmósfera, esto es lo tuyo.
Etiquetas: Coffins, Death Doom Metal, Death Metal, Japon, Relapse Records

Contra lo que cualquiera podría pensar, este 2024 nos trae bajo el brazo el nuevo trabajo de los californianos alternativos New Years Day, quienes con Half Break Heart siguen demostrando que aún tienen mucho que decir dentro de su escena, a la cual llevan perteneciendo desde hace ya más de tres lustros.
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La banda liderada por la bellísima y talentosa Ash Costello sigue navegando en esa línea compositiva donde combinan el metal moderno y el post hardcore de corte más goth (la influencia de artistas como AFI, Marilyn Manson, HIM o My Chemical Romance, es muy palpable) con letras oscuras y bien trabajadas de la mano de su vocalista.
El disco se abre con “Vampyre”, corte elegido como uno de los singles para promocionar este nuevo trabajo y las guitarras pesadas, el filtro oscuro y la sensual y melódica voz de Ashley ya te advierte un poco de lo que te vas a encontrar en este nuevo disco de la banda, sonando muy potentes y modernos pero continuando la línea de su disco anterior.
El corte que da título al disco comienza con una base bien pesada a lo Korn, pero enseguida aparece en escena la voz rasgada de Ashley y es imposible no caer rendido al talento que esta chica tiene, los coros agresivos de Nikki Misery (Guitarra) y Jeremy Valentyne (Guitarra rítmica) le dan ese toque oscuro muy en la onda de lo que en su día hacían bandas como Aiden e incluso Atreyu en la época de The Curse, pero con un sonido más accesible.
“Hurts Like Hell”, es un auténtico pelotazo y que se entiende que hayan elegido como otro de los singles del álbum ya que su sonido con ciertos coqueteos con el nu metal y un estribillo escrito en oro (o en sangre, lo que ustedes prefieran) está hecho para ser cantando en una arena repleta de personas y seguro que en su nueva gira suena de muerte.
En “Secrets” observar como la banda se acerca a la órbita sonora de los últimos Motionless in White, mientras que con “Fearless” Ashley muestra un registro más melódico y moderno combinado elementos más “poppies” con un estribillo un poquito más cañero y que presenta ciertos puntos en común con sus amigos In This Moment.
NYD nos muestran su cara más intensa en “Bulletproof”, uno de los mejores temas del disco y donde podemos ver brillar a Ashley sin necesidad de recurrir a los “Screams”, si no que cantando ya te eriza la piel y te consigue emocionar con lo que dicen sus letras.
Los elementos teatrales convierten a “Burn it all Down”, en otra de las joyas del disco, mucho más alternativa y oscura pero de las que seguramente no puedan ni deban faltar en directo.
La correcta (pero poco original para el disco) “Enemy”, deja paso a la superior “I Still Believe” con la cual uno podría pensar en bandas como Stitched Up Heart o Sick N’ Beautiful, como bandas afines al sonido actual de NYD y que si te gustan estas bandas, disfrutarás de lo lindo con este disco y temas como este.
Las revoluciones bajan, pero no mucho con “Unbreak My Heart”, una suerte de medio tiempo con la mirada puesta en sonido medio gótico de bandas como Lacuna Coil y Forever Still, pero siempre con ese “algo” característico que le da Ashley Costello a las canciones de la banda.
El tema sirve para oxigenar un poquito al disco, entre tanto sampler y guitarra moderna, pero acaba de forma mucho más cañera respecto a como comenzó, sorprendiendo al oyente.
Y llegamos a la que puede ser si no la mejor, una de las cuatro mejores piezas del disco, la explosiva “So Sick”, con un riff muy potente y melódico y una Costello deleitándonos con su voz en diferentes registros y sonando mejor que nunca.
Con “Creature of Habit”, la banda cierra un disco que está claro nos muestra su madurez como grupo y que en muchos momentos supera a su predecesor, pero que quizás adolece de esa “frescura teen” que tenían en discos como My Dear o Malevolence (pero también hay que entender que esos discos tienen más de diez años ya, es lógico que hayan cambiado) para sonar más compactos y con mejor instrumentación que antaño.
No sabemos que les deparará el futuro a New Years Day, pero desde luego su regreso este 2024 ha estado a la altura y les reafirma como una de las bandas alternativas destacadas de su generación.
Etiquetas: Century Media Records, Half Black Heart, Metal Alternativo, New Years Day, Post Hardcore, Rock Gotico


En esta época de la Internet centralizada y cada vez más vigilada, es interesante que todavía podamos encontrar gente que demuestre el espíritu de anonimidad y misterio que se podía sentir en la era de los fanzines fotocopiados y el intercambio mundial de cintas. Tal es el caso de esta particular entidad neerlandesa conocida como Blutmage, con el que “entidad” es un buen término para describirlo, siendo que el único músico involucrado es un anónimo, sin siquiera tener un sobrenombre.
Más allá de esto, Blutmage parece estar teniendo un 2024 muy productivo, ya habiendo editado los EPs The Crimson Spell y Goetic Bloodprince a fines de enero y principios de febrero, y ahora teniendo su LP debut Barbarenkoning, editado de manera independiente a fines de febrero. Con siete canciones en apenas 25 minutos, Barbarenkoning explora una mezcla de sonidos similar a la combinación de chaleco de parches, muñequeras de clavos, botas y corpsepaint junto al almófar, corona y capa de fantasía medieval que usa el músico en la portada, sumado al florido logo de la banda. Fue esa portada lo que me atrajo, dándome recuerdos de las primeras interacciones con Këkht Aräkh, el proyecto ucraniano que acercara a muchos a este estilo hace unos años: cursi, pero prefiero eso antes que portadas hechas completamente con IA.
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La parte media del álbum (“Castlewars”, “We Heard Distant Marching” y “Longing For The Throne”, a los que se suma una sección cerca del final de “Many Moons Guide Us”) está centrada en el black metal, con ese estilo de los noventas donde todo suena como grabado en el sótano más húmedo y claustrofóbico que la mente pueda imaginar. Las guitarras chillan como si las cuerdas fueran alambre de púas, y las voces son estos quejidos guturales que parecen vociferados por alguna criatura que no ha visto la luz en toda su vida: sin embargo, el bajo es audible si se presta atención y las baterías tienen ese sonido under sin ser inescuchables.
Es material muy de manual en cuanto a composición si nos ponemos a hilar fino, con sus blastbeats y riffs a toda velocidad sacados de la escuela noruega o incluso de las Légions Noires francesas de la época, pero hay algo en esta combinación de elementos que se me hace irresistible cuando me llega, así que lo más seguro es que pase lo mismo con los que también son fans del estilo.
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El resto de Barbarenkoning, que sería la mayoría del mismo si nos guiamos sólo por los números, está compuesta de composiciones ambientales basadas en sintetizadores, con tracks que parecen hechos para musicalizar una mazmorra con esqueletos de prisioneros todavía en sus grilletes, o alguna partida de D&D donde los personajes recorren un escenario de esas características, si queremos ser más realistas con nuestras descripciones. Los sonidos de los teclados son bastante amateur, pero hay cierto encanto en la atmósfera como de juego de DOS antiguo perdido en la memoria que logra evocar en esas melodías simples, y viendo la estética del proyecto esa es claramente la idea detrás de todo ello.
Barbarenkoning es un disco para quienes sean tanto fans del black metal como este tipo específico de música ambiental. Pero lo más seguro es que los fans de uno ya sean también fans del otro, y en su misión de llegarle a ese público tan específico hace un trabajo extremadamente decente.
Etiquetas: Black Metal, Blutmage, dark ambient, Dungeon Synth, Paises Bajos
![Sylvaine – Eg Er Framand [EP] (2024) thumb image](https://tracktohell.com/wp-content/uploads/2024/03/SOM786-Sylvaine-EgErFramand.jpg)

Kathrine Shepard, la artista noruega que ha colaborado con bandas como Alcest, Solefald y Austere, nos presenta un EP como adelanto de su proyecto Sylvaine , lanzado por Season of Mist este 22 de marzo.
Bajo el nombre de Sylvaine ya ha lanzado tres álbumes de estudio titulados, “Silent Chamber, Noisy Heart” (2014), “Wistful” (2016) y “Atoms Aligned, Coming Undone” (2018).
La propuesta de la blonda nos transporta a paisajes noruegos a través de sonidos folclóricos que evocan las leyendas y misterios de la época vikinga.
No solo Shepard decidió incluir música tradicional noruega en este EP, sino que todo el concepto del sonido y la grabación se centró en un lugar especial: la Iglesia Kampen y su atmósfera.
La instrumentación del álbum consiste en voces, un órgano de iglesia, guitarras acústicas, beats electrónicos y percusión, todos interpretados por la mismisima Kathrine. Su trabajo con la guitarra coincide perfectamente con los tonos emocionales de su voz y se puede apreciar ligeramente en “Eg Veit Himmerlrik Ei Borg“
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El último tema del álbum, “Eg Er Framand” (Soy un Extraño), se presenta desnudo, sin instrumentos. En él, se expresa la inquietud de no encontrar paz en esta Tierra, sino anhelar la eternidad más allá de la vida terrenal.
La ausencia de acompañamiento musical invita al oyente a reflexionar sobre su propia existencia y su lugar en el mundo.
Dejamos parte de la letra de este maravilloso track
“La Tierra no alberga la paz que mi alma busca. No, anhelo reunirme con el reino de la luz. Donde los pesares cesan, donde las lágrimas se agotan, donde no hay fin posible, ni muertes que negar.”
El sentimiento y la impresión que la artista quiso plasmar en este EP se hace evidente incluso para aquellos que no hablan noruego, gracias a las cuidadas interpretaciones vocales.
En fin, un álbum introspectivo, sin nada de distorsión, ideal para ser escuchado en total paz y oscuridad, sumergiéndose en el mágico mundo de Sylvaine que te transporta a las frías montañas noruegas.
Etiquetas: 2024, Alcest, Austere, Blackgaze, Eg Er Framand, EP, Folk, noruega, Post-Black metal, Season Of Mist, Solefald, Sylvaine

El mundo actual es una fuente inagotable de nuevos proyectos musicales y las bandas de metal underground emergen diariamente de a miles. Más allá del alcance que cada una pueda llegar a lograr en términos de audiencia, lo cierto es que las hay para todos los gustos, y la popularidad no necesariamente es un indicador del esfuerzo y la dedicación de las personas involucradas. En este panorama, hay propuestas que buscan la siempre esquiva y desafiante originalidad, mediante la experimentación (de rango cada vez más acotado por la acumulación de antecedentes), la combinación como fusión o alternancia de estilos, o simplemente, por cualidades distintivas que, muchas veces, resultan del caos universal (timbre o rango vocal, talento manifiesto como virtuosismo técnico al servicio de la expresividad ejecutando instrumentos, ideas entramadas con historias de vida particularmente extraordinarias, etc.). Pero también están los grupos con un enfoque más tradicionalista, explícitamente tributario de referentes muy claros y que, por lo tanto, apelan a la sensibilidad de un nicho específico del mercado musical. Tal es el caso de Call Ov The Void, banda mexicana que acaba de lanzar su disco debut dedicado al público del death doom metal de principios de la década de los 90’s. El grupo está formado por José Vargas (guitarra y voz), Jorge San Román (bajo y guitarra), René Álvarez (guitarra) y Axel Fabricio (batería). El álbum fue masterizado por el sueco Dan Swanö y tiene como invitado a Blazej Kasprzak de Batushka en la canción “A Peaceful Surrender”.
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El segundo track, “One Last Regret”, tras la introducción titulada “Disbelief – A Numb Prelude”, es una presentación perfecta y absolutamente honesta: no caben dudas de las raíces que este cuarteto tiene en los primeros discos de Katatonia, Anathema, My Dying Bride y Paradise Lost, solo por dar algunos ejemplos. Se intercalan las voces guturales con las limpias y melódicas, y la densidad percibida depende más de la lentitud del ritmo y la melancolía de las líneas de guitarra que de lo “pesado”, si tenemos en cuenta los extremos que, en este aspecto, se han alcanzado hasta el día de la fecha, tanto tiempo después del amanecer de aquella década homenajeada. “Into Nothingness” acelera un poco el paso, y ofrece la novedad de momentos de unísono vocal bastante podrido, para que luego el canto más claro surja casi con actitud coral. Los compases delicados que generan climas calmos, dan la pauta de que este “death doom” lo que tiene de “death” es, sobre todo, el trabajo con las voces sucias. La composición es interesante, pero se mantiene bastante distante de los machaques aplastantes, las fosas que actualmente puede alcanzar la afinación, o la viscosidad pantanosa que puede encontrarse en un más estricto “death doom”.
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Con la llegada de “Shores of Oblivion”, a mi entender, queda demostrado que la búsqueda de Call Ov The Void canaliza la bilis negra por un lado más dramático que brutal. La calidad de la mezcla es excepcional, aunque también es cierto que no hay momentos vertiginosos o frenéticos, en los que suele ser un desafío mantener la pureza de cada elemento de la trama sonora. En “Punishment and Fear” las reminiscencias de los gigantes sobre cuyos hombros se paran estos mexicanos son muy notables, y está bien que así sea: fuimos avisados de antemano y el que avisa no traiciona, no pretendamos encontrar nada “post” o “avant-garde”. Sigue “Borrowed Time” y, a esta altura, resulta obvio que todos los riffs en este disco son un destilado de la esencia del doom metal más romántico, en los límites de lo gótico. Es curioso, pero escuchando esta obra, teóricamente alineada con los crudos comienzos de varias leyendas del género, que luego tuvieron una evolución muy importante, me da la impresión de que están dadas todas las condiciones para que estos existencialistas latinos repitan el mismo proceso: el siguiente trabajo bien podría sonar mucho más progresivo y menos “death”. Más aún: siento que ya se están alejando del doom con el primer paso, aunque habrá que esperar al próximo. Ya mencionamos el track con la colaboración destacada de un invitado de lujo, anterior al que da fin al disco, “Broken Vow”, una canción que aumenta mis sospechas de un inminente viaje hacia las costas que las bandas admiradas alcanzaron tras recorridos mucho más extensos.
Diría que es inevitable que “On Grief and Dying” le guste al público del doom de los 90’s, por lo que, ya solo por eso (más allá de la calidad compositiva y de la mezcla), es un excelente trabajo que vale la pena escuchar si se comparten los gustos en cuestión.


Hace tiempo venimos hablando del “post-punk revival” y aquí nos encontramos con otra manifestación de ese movimiento, en una nueva versión contemporánea que encuentra toda su creatividad en la decadencia (moral, social, económica, ambiental) que parece ser la esencia del zeitgeist actual. Podríamos decir que existe una vertiente “romántica” con propuestas que van desde Have A Nice Life hasta Editors, pasando por Giles Corey, Rope Sect y Planning For Burial, y otra más “urbana”, con bandas como Swans, Daughters, Sprain, Kollaps y Cower. Hay quienes dicen que la música de Crippling Alcoholism es goth-rock o noise-rock, y reconocen una influencia de Type O Negative y Nick Cave & The Bad Seeds. A mí me recuerda también a Tom Waits y Skitliv. un proyecto poco conocido de Maniac, ex cantante de la banda noruega Mayhem. No hace falta señalar la marca fundacional de la Rollins Band y Oxbow. Todo esto ya se notaba en su primer disco “The Drugs That Made You Sick Are the Drugs That Make You Better” (2022).
Crippling Alcoholism es un quinteto con base en Boston, Massachusetts, que resume su arte en la frase “Bowie en el infierno”, algo que tiene bastante sentido. El nombre del grupo proviene de una expresión utilizada para describir la condición de una persona que, aún con una adicción al alcohol, logra ser lo suficientemente funcional como para cumplir con sus actividades de la vida cotidiana. Quizás la situación de miles de almas resignadas en el mundo patético de hoy. Cada canción del disco se enfoca en el tormento de un sujeto confinado, aislado, sufriendo por el curso que ha llevado su existencia y por su comprensión de la despiadada realidad.
“I’ll Pay More If You Let Me Watch” ya empieza a adentrarnos, con aparente calma, por los pasillos siniestros de un laberinto de locura. La voz suena triste, iracunda, desesperada. Sobre una base rítmica tan expresiva como minimalista, y guitarras de gran sutileza, resalta el teclado, particularmente en el estribillo. “Red Looks Good On Him” sigue llevándonos a un espacio de reflexión desquiciante. La calidad compositiva ya resulta más que evidente. El talento del baterista logra lo que es justo y necesario para ser implacable, mientras el canto va desplegando sus cualidades progresivamente más dramáticas. La contundente simpleza instrumental, en especial de las cuerdas, es absolutamente tributaria de la esencia post-punk de The Cure y Joy Division.
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Comienza “Lipstick With No Lips” y los sintetizadores nos transportan a los 80’s en pleno auge darkwave. Sin embargo, los momentos de vértigo, cuando la percusión se convulsiona, nos sacuden. “Ottesa” marca el punto donde se evidencia lo pesada que puede ser la música del grupo, si bien predominan los segmentos donde el teclado ejecuta melodías brillantes. La genialidad de estos individuos para escribir música es admirable. El entramado perfecto entre las letras y el canto casi discursivo es alucinante. “Liquid Jesus” tiene un aura bizarra, como de engaño para hacernos ir voluntariamente a un lugar en donde encontraremos la muerte. “Evil Has a Babyface” continúa el recorrido por los rincones más oscuros, pero, increíblemente, lo hace con una sonoridad de gran belleza, de arreglos que son dignos de destacarse. “Sav” parece un destilado del más adictivo rock gótico, y “Rough Sleepers” tiene mucho de ese ímpetu derrotado del blues, hasta que un giro inesperado casi nos deja al borde de “Bela Lugosi’s Dead” de Bauhaus, para luego retornar a ese patetismo tan seductor que se torna sublime e incomprensible.
“Featherweight Kid” es un track que repite la fórmula de aparentar ser directo y sencillo, hasta que llega un cambio abrupto que nos demuestra lo contrario. “Satan Is the One” tiene un bajo que emerge en la mejor tradición post-punk. Hace tiempo que no escucho un álbum que me genere tanto placer: un conjunto de canciones para cantar en voz alta, siguiendo el ritmo con la cabeza, con letras de un contenido rebelde, de una filosofía intensa, cruda, cínica. Acostado en el piso de mi casa con las luces led rojas encendidas y los parlantes temblando, o con el sistema estéreo viajando en el auto, o con los auriculares sentado en la sala de espera del dentista: donde sea y como sea, este álbum es una bomba contra la rutina.
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La palabra, el predicamento, la diatriba. Cada canción encierra un mensaje que eleva la música hasta esa dimensión tan esquiva de la poética más allá del sonido. “Templeton”, no es la excepción, y cuando llega “Mob Dab”, el track final, número doce, confirmamos que no hay nada por fuera de esa virtud que Crippling Alcoholism exhibe a puro talento. Los lapsos de aceleración de la batería son espectaculares. La verdad es que, con tal cantidad de canciones, que suman una hora de duración, y todas tan buenas, la banda creó el que bien podría llegar a ser uno de esos discos que marcan la vida de la audiencia. Decir que será uno de los mejores álbumes del año es demasiado poco. Mi más convencida recomendación de escucharlo para cualquiera que considere que lo que digo vale algo.


Aunque en la mente de muchos Job For A Cowboy sigan siendo vistos como una banda de deathcore, eso es como decir que Ulver es una banda de black metal: hay que estirar un poco la verdad para ello. Su EP Doom (2005) fue ciertamente la entrada definitiva de esta nueva movida en el mainstream, como los también estadounidenses Killswitch Engage habían hecho poco antes con Alive Or Just Breathing (2002) y The End of Heartache (2004): ambas bandas pueden tomar gran parte del crédito por la avalancha de bandas de look emo, perfiles en MySpace, nombres de tres palabras o más, breakdowns y todos los otros clichés del metal mainstream durante la década del 2000. Pero mientras Killswitch Engage se mantuvieron como uno de los nombres más importantes de la movida, Job For A Cowboy le dejaría ese puesto a gente como Suicide Silence, Bring Me The Horizon, Carnifex, Whitechapel y demás, ya que ellos dejaron atrás el sonido deathcore.
Bastante de esto tiene que ver el cambio de integrantes, con el cantante Jonny Davis siendo el único miembro constante, y que cuando comenzaran la enorme mayoría de los integrantes fueran adolescentes: uno no puede esperarse que sigan sonando igual. En su primer LP Genesis (2007) pusieron más énfasis en el death metal, y con Ruination (2009) y sobre todo Demonocracy (2012) mostraron riffs mucho más retorcidos y técnicos. Ese crecimiento en su sonido alcanzaría su punto más alto con Sun Eater (2014), su álbum más progresivo. Pero a pesar de ser su lanzamiento mejor recibido hasta el momento, la banda se tomó los últimos diez años como un descanso no oficial: no giraron para presentar el álbum y casi no dieron conciertos en general, enfocándose en sus estudios y familias para compensar el calendario salvaje de recitales que habían tenido en los últimos años.
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Moon Healer, quinto álbum del grupo, sirve como un regreso a la actividad de Job For A Cowboy, y lo hace siguiendo la senda marcada en Sun Eater, e incluso redoblando la apuesta. La dupla “Beyond The Chemical Doorway” y “Etched in Oblivion”, claramente hechas para ser escuchadas juntas por la transición entre ambas, son una buena muestra de lo que hay que esperar de este álbum, con blastbeats brutales y las guitarras pesadas de Alan Glassman y Tony Sannicandro (no debe ser coincidencia que el cambio en el sonido de la banda esté marcado por la llegada de ambos) tirando esos riffs retorcidos, entremezclados con arreglos jazzeros donde brilla la labor de Navene Koperweis como baterista de sesión, cambiando de ritmos como si de respirar se tratara.
En otras como “Grinding Wheels of Ophanim” y “The Sun Gave Me Ashes So I Sought Out The Moon” (título que parece nombre de banda de metalcore, justamente), pero bien podría señalarse lo mismo en el resto del álbum, se destaca lo hecho por el bajista Nick Schendzielos, miembro de los también híper técnicos Cephalic Carnage, que en un género donde tantas veces las cuatro cuerdas quedan sepultadas en una marea de distorsión logra llamar la atención (aunque sea con un bajo de cinco cuerdas), a veces desviándose del riff principal y metiendo unos arreglos envidiables. Personalmente creo que la producción da una mano enorme en esto, con un sonido que es poderoso pero sin sentirse ultra comprimido ni tampoco sobreproducido o excesivamente limpio, donde también aparece la voz de Davis como el cable a tierra de la propuesta: sus voces guturales se mantienen en forma a pesar del paso de los años, y aportan esa “suciedad” pesada al sonido.
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Un detalle que aporta mucho a la experiencia es que Job For A Cowboy no exageren con la duración de las canciones, con Moon Healer durando apenas 39 minutos divididos en ocho canciones, con la final “The Forever Rot” siendo la única que supera los seis minutos y funcionando de manera perfecta para cerrar el disco. Esto condensa la locura de ciencia ficción en una duración razonable, sin divagar en largos pasajes instrumentales que no lleven a nada: habrá bandas que logren meter eso sin aburrir, pero no creo que funcione dentro de la propuesta de Job For A Cowboy.
Lo de Moon Healer no es para todo el mundo, y puede que haya estándares diferentes donde las muestras de técnica por parte de la banda crucen la barrera y terminen en el terreno de la pretenciosidad. Pero creo que lo de Job For A Cowboy en su quinto álbum es un triunfo, y una muestra de cómo envejecer con dignidad en un medio donde tantas bandas terminan dando vergüenza o perdiéndose en el camino.







