


Tras la buena acogida que tuvo su debut El Rey del Terror, el vampiro del horror Lex Lüger vuelve con su segundo disco y como ocurre con los norteamericanos Ice Nine Kills, vuelve a crear un disco basado en el cine de este género tan querido por muchos.
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En este nuevo disco, Lex y la flamante incorporación de Bloody Lycia a las cuatro cuerdas, han querido inspirarse en la clásica película del maestro George. A Romero “Creepshow” de 1982 y su secuela “Creepshow 2” de 1987, dando como resultado un disco muy oscuro y entretenido que te remontará a aquella época.
El disco se abre con “Muñeco Vudú”, un corte marcado por esos synths tan ochenteros y que cuenta con un precioso fraseo de guitarra que bien podría haber estado en el And Justice For All… de Metallica, para dar paso a “El Día del Padre” que recrea allá infame historia y nos muestra a un Lex más oscuro en las voces y un tratado muy metalero a la guitarra, sin duda un inicio inmejorable para el disco. El solo de Lex a la guitarra es una auténtica delicia para los que amamos el rock y el metal de los 80’s.
El binomio “La Solitaria Muerte de Jordy Verrill” y “La Marea”, nos muestran las dos caras que esconde este talentoso músico, la más hard rockera y metalera en la primera canción, con cierto glamour oscuro ochentero (No me digáis que si cerráis los ojos y escucháis ese comienzo no pensáis en las bandas californianas de Sunset Strip, porque me estaríais mintiendo), muy en la línea de su anterior disco y de nuevo con un solo memorable, mientras que la segunda vemos el toque más new wave de Lex con esos guiños a bandas como The Cure y Sisters Of Mercy a la hora de cantar y es más salvando ciertas distancias hay ecos de bandas como HIM en la canción, cuando estos exploraban su lado más oscuro.
Ahora eso sí, el solo de saxo es impagable y nos recuerda a aquella época ochentera donde muchas canciones tenían este recurso y les daba un “punch” extra a estas.
El toque sleazy y metal viene de la mano de “La Caja”, corte que ya pudimos escuchar hace unos meses y que tiene un comienzo digno de bandas como Mötley Crüe o Dokken, pero siempre sin perder el toque synthwave que caracteriza a sus canciones.
Este es uno de los “Himnos” del disco, con un estribillo escrito en oro (bañado en sangre eso sí) y que nos cuenta otra de las historias de la primera película, la cual era muy destacada porque al dividir la misma en historias distintas, te mantenía intrigado y en tensión justo como sucede con este disco.
Otro de los momentos que brillan con luz propia es “La Invasión de las cucarachas”, un pelotazo a medio camino entre el post punk y el synthwave más melódico, que hará las delicias de los que hayan disfrutado de su anterior disco, ya que la facilidad con que Lex maneja y sabe aplicar a sus canciones estos dos estilos es formidable.
El disco se oxigena gracias a la instrumental “Venus Carnívora”, para recuperar la fuerza gracias a “El Viejo jefe Cabeza de Madera”, otro de los temas más destacados del disco y que ya narra una de las historias de la segunda entrega del filme.
Pero es con la potente “La Balsa” cuando llegamos al culmen del disco, ahora sí que si Lex plasma en esta el mejor corte del disco y con Bloody haciéndose notar en los coros, sumado a un riff metalero, esta pieza invita al “headbanging” y corear el estribillo con el puño en alto, sin duda una de las mejores canciones de Lex hasta la fecha.
Para ponerle la guinda, la canción cuenta con un espectacular solo de guitarra que recuerda a bandas modernas como Atreyu, pero quitando la parte “core” de estos.
Y el disco se cierra por todo lo alto con “El Autoestopista”, otro enérgico corte que nos muestra quizás ese lado más hardrockero clásico y que quizás se convierta en otro pequeño gran clásico de Lex al lado de joyas como “Christine” por ejemplo.
Pues Lex y Bloody Lycia han dado de nuevo en la diana en esta segunda entrega y el disco es un gran “Fuck You” a los que insisten en que las segundas partes nunca fueron buenas, pues permítanme decirles que esta es una gran secuela, así que coge las palomitas, el reproductor de música que tengas a mano y dale volumen a este gran “Creepshow” que estoy seguro no te dejará indiferente.
Etiquetas: Bloody Lycia, Creepshow, Dark Rock, Horror Punk, Lex Luger, New Album 2023, Post Punk, Synthwave


Esto de armar súper bandas con miembros o ex miembros de otras cada vez está más de moda, el cantante chileno Ronnie Romero (Rainbow, Lords of Black) y el guitarrista Richie Faulkner (Judas Priest, Voodoo Six), unen fuerzas para crear Elegant Weapons, con el que dan rienda suelta a toda su creatividad, dando cabida a elementos que no encajan en sus otras bandas.
Para completar la alineación de Elegant Weapons, llega el viejo amigo de batallas de Richie, Scott Travis (Judas Priest, Racer X) que se hace cargo de la batería y el imponente Rex Brown (Pantera, Kill Devil Hill) hace lo suyo en el bajo.
Sin escuchar la música y ver esta alienación uno se imagina algo así cómo un “Painkiller” pero, oh sorpresa, el disco tiene una mezcla perfecta entre heavy y hard actual, sin perder ese toque fuerte lleno de poder.

El disco arranca con un sólo de guitarra para el tema “Dead Man Walking” seguido del resto de músicos que van al compas de las cuerdas de Richie Faulkner, pasa lo mismo con el tema número 2 “Do or Die” el riff es demoledor y ni hablar de la batería que hace mover tus pies en cada golpe.
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Ghost of You va un poco más lenta al inicio, la voz de Ronnie Romero nos transporta a lugares inimaginables, queda claro porque Ritchie Blackmore lo escogió para formar parte de la alineación actual de Rainbow, el tema que da título al disco “Horns For A Halo” nos transporta un poco a la última faceta de Black Sabbath en su disco “13”.
Un acierto total fue la elección del cover, los homenajeados esta vez fueron los ingleses UFO con el tema “Lights Out”, merecido lo tienen, ya que UFO es una banda que debió tener más fortuna dentro del rock.
“Dirty Pig” suena más hard rock ponchado, de ese que te hace mover el cuerpo en toda la canción, por momentos la voz de Romero se parece a la del fallecido vocalista de Alice In Chains, Layne Staley.
Una de las canciones con más poder es con la que cierran el disco “Downfall Rising” junto con “Blind Leading The Blind”, dejan claro que este no es un disco hecho a la ligera, aquí lo que se puede olfatear es pasión y mucha actitud al momento de hacer el disco.
Elegant Weapons contó para la producción de “Horns For A Halo” con nada más y nada menos que Andy Sneap, sobra decir el porque de el en esta tarea, desde luego Richie Faulkner también ayuda en la labor de los controles para este resultado que al terminar de escucharlo, nos deja con ganas de más y más, esperemos que el proyecto siga ya que al final hubo un par de cambios en sus filas, Dave Rimmer y Christopher Williams reemplazaron a Rex Brown y Scott Travis respectivamente.


A pesar de contar con dos discos previos Sundowning de 2019 y This Place Will Be Your Tomb de 2021, ha sido en los últimos meses, concretamente desde la salida de cortes tan impresionantes e indescriptibles como “The Summoning” o “Chokehold”, que el nombre de Sleep Token ha empezado a subir como la espuma más rápido que el cava en la cena de fin de año y de pronto todos estábamos pendientes de estos tipos y de su esperadísimo tercer disco, el cual lleva por título Take Me Back to Eden y fue publicado el pasado 19 de mayo vía Spinefarm Records.
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Pero que tienen Sleep Token y que hace de este disco uno de los mejores trabajos editados en mucho tiempo, pues una marciana mezcla en donde pueden convivir sin apenas controversia, estilos como el metalcore melódico, el djent más refinado, unos pasajes electrónicos que dan oxígeno a las composiciones, unas partes de pop, trap y R’n’B muy a lo Issues o Jonny Craig, pero mejoradas y sobre todo la voz del misterioso Vessel (del cual no sabemos más que eso) que puede helarte la piel con un gutural que dejaría en ridículo a bandas como Northlane y Of Mice & Me como igual te suelta unos fraseos pop modernos cercanos al trap que podrían ser la envidia de The Weeknd o Travis Scott,
Visto el nivel de estancamiento que sufre el metal moderno a excepción de unas pocas bandas, estaba todo dado para que con semejantes referencias Sleep Token dieran en la diana con el tercer disco y se convirtieran en la sensación del año sin apenas rivales a su alcance.
Por suerte las posibles dudas si la banda iba a poder seguir sorprendiendo al oyente tras dos discos (que, si bien no explotaron, si fueron la mecha que encendió el fenómeno Sleep Token), se despejan en estas doce piezas, las cuales, una vez más, necesitan su tiempo para digerirlas antes de emitir cualquier juicio de valor precipitado.
Pese a ello, el disco comienza con “Chokehold” y aquí no se ve gran diferencia si conocías los trabajos previos de la banda, aunque una vez más, sorprende como combinan diversos recursos y lo convierten en una sola pieza sin que suena postizo.
Todo lo contrario, ocurrió con “The Summoning”, una exquisites de casi 6 minutos y medio de duración, donde comienzan de forma muy contundente con esos riffs y ese toque djent que dejarían verdes a Veil of Maya o Monuments, para tener un estribillo cristalino hermoso que parece escrito en orto y deleitarnos con los guturales de Vessel, por si fuese poco la pieza cuenta con un bonito solo de guitarra y un grado de épica brutal, pues hasta aquí uno diría que bien, en su línea, pues no amigos, la parte final de la canción viene con un puente instrumental que podrían haber firmado Pendulum para pasar a uno de los finales más sexys en la historia del metal moderno y es que Vessel nos deleita con su vozarrón en clave pop moderno con unas frases que harán subir la temperatura a cualquiera que escuche la canción por primera vez. Simplemente sublimes,
Y es que lo que hace especial a esta banda yo creo que la falta total de prejuicios a la hora de elaborar sus composiciones y las ganas de asumir nuevos riesgos musicales en cada pieza que realizan.
Así en un corte como “Aqua Regia”, que comienza con un teclado medio electrónico a lo Linkin Park (esto podría haber encajado en aquel nefasto One More Light”) pero con una base medio trap como podría ejecutar Post Malone, luego nos vamos a encontrar una intensidad bastante medida gracias a la intensidad que presenta la canción sin necesidad de recurrir a los guturales del metalcore típicos.
Lo mismo ocurre con “Ascensionism”, un corte que parece ser una balada preciosa de hecho, con un delicado comienzo al piano y solamente la voz de Vessel, la cual, hay que decir que está por encima del 90% de sus compañeros de profesión actualmente, pero pronto agarra carrera gracias a un rítmo trap que si me dicen que sale en el nuevo disco de Post Malone, me lo creería y lo celebraría como el que más, pero como hemos dicho nunca puedes dar nada por sentado con un tema de Sleep Token, ya que el corte acaba tras más de 6 minutos de duración a puro riff pesado y dejándote noqueado porque no sabes exactamente de qué va esta gente. y seguramente ahí radique su encanto.
La parte más agresiva quizás esté en cortes como “Vore” o “Rain”, donde de nuevo vemos esa dualidad sonora entre lo agresivo y lo abiertamente melódico y accesible, pero sin llegar a cansar al oyente, pudiendo recordar tanto a Post Malone y Deftones como a Periphery, Tool o Breaking Benjamin, pero siendo infinitamente superiores a estos últimos.
Sin embargo, no dejan de lado sus aspiraciones mainstream y quizás en cortes como “DYWTYLM” se les haya ido un pelín la mano con el pop moderno, pero, aun así, si os gustaban artistas como Jonny Craig o Tyler Carter, pero también The Weeknd seguramente disfrutéis de lo lindo con esta canción.
El corte que da título al disco es uno de los puntos que quizás menos aporte al álbum ya que reúne todos los recursos de la banda en una misma canción y se extiende quizás demasiado para el oyente medio, sin embargo, hay que decir que va ganando con las escuchas y la balada pop “Euclid” nos demuestra que estos chicos no se casan ni se van a casar con nadie, ellos mismos son dueños de su sonido y de sus aspiraciones musicales y con un disco como este creo que van por el sendero adecuado.
Pues Sleep Token, no solo han cumplido y con creces el objetivo de superar a sus dos discos anteriores, sino que además se cuelan entre los mejores discos alternativos del año, si no el mejor.
La banda ha sabido condensar en un disco todos los elementos que componen su música y crear una obra tan completa como necesaria para evadirse entre tanto grupo de metal moderno reciclando una y otra vez lo que hacen bandas como Architects o While She Sleeps, Sleep Token no se si van a ser el grupo más importante del estilo en el próximo lustro, pero desde luego si siguen por este camino, no habrá nadie que les pueda arrebatar un título que con este nuevo disco ya están en posición de reclamar con soltura.
Etiquetas: Djent, Melodic Metalcore, Nu Metal Alternative, Pop Trap, Sleep Token, Spinefarm Records, Take Me Back to Eden

“Full Throttle Live” el nuevo disco en vivo de Tesla está compuesto por 9 canciones de su repertorio menos comercial, lo que hace que este disco sin escucharlo sea una joya para sus fanáticos más apasionados de la banda.

El disco de Tesla salió a la venta el viernes 26 de mayo y se puede apreciar algo que ha sido característico de la banda durante sus más de 3 décadas de trayectoria, esto es rock and roll 100% auténtico con mucha energía pero sobre todo mucho amor al momento de ejecutar sus instrumentos,

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Grabado, mezclado y producido por el guitarrista Frank Hannon y el bajista Brian Wheat, el disco muestra un setlist más que perfecto, abren con “Miles Away” de su disco Into the Now lo cuál indica que esto se va hacer diferente, seguido de “Changes” en versión eléctrica, luego le dan paso al nuevo sencillo que se lanzó el año pasado “Time to Rock” y que ya habían estado tocando en vivo pero no había salido en formato físico hasta ahora al igual que la melódica “Cold Blue Steel” que también salió el año pasado cómo single.
La lista sigue con “Breakin´ Free” toda una sorpresa al igual que el tema con que cierran el disco “S.O.S. (Too Bad)” cover de Aerosmith que viene en su glorioso disco “Get Your Wings”, “Call It What You Want” puede ser la mejor toma de este en vivo, se puede sentir la buena vibra de la banda cuando interpreta cada nota.
“Lazy Days Crazy Nights” es algo que no me lo esperaba, que buen acierto incluir este tema, y por supuesto no podía faltar “Edison´s Medicine” canción que no puede faltar en su repertorio y que ya es pieza fundamental en cada concierto de ellos.
Aquí lo único malo que podemos decir de este disco es lo corto para ser uno en vivo, debió salir doble y por lo menos con otras 9 canciones más, pero bueno, así lo decidieron y ellos saben hacer su trabajo. Cabe resaltar que la voz de Jeff Keith sigue impecable, no baja su calidad en lo más mínimo y la dupla entre Dave Rude y Frank Hannon es más que perfecta.
Etiquetas: Cold Blue Steel, Frank Hannon, Full Throttle Live, Hard Rock, Miles Away, Tesla, Time To Rock

Para una banda no debe ser fácil perder a varios músicos y seguir adelante, ver que dos de sus vocalistas más legendarios fallecieron cómo lo fueron Mike Howe y David Wayne no fue algo fácil de superar para Metal Church, pero así la banda sabe que el muerto al hoyo y los vivos al escenario, esta premisa es algo que Kurdt Vanderhoof tiene muy claro, el sabe que sus compañeros caídos, hubiesen deseado que Metal Church siguiera adelante sin ellos.

De esta manera con Marc Lopes como nuevo cantante llega “Congregation of Annihilation”, un disco que sigue las filas de “XI” y “Damned If You Do”, el tema inicial “Another Judgement Day” tiene ese aire clásico que siempre ha tenido la banda, aquí no hay espacio para la innovación, esto es Metal Church, punto.
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Acto seguido el tema que da título al disco “Congregation of Annihilation” esto es música aplastante y directa, hecha con pasión, sobre salen algunos cortes arriba de otros como el caso de “Me the Nothing”, “Say a Prayer with 7 Bullets” y “These Violent Thrills” que en lo personal se lleva el premio al mejor tema del disco.
Kurdt Vanderhoof sigue sacando riffs potentes y muy acordes con las canciones, el mismo hace la labor de la producción, Marc Lopes llegó para quedarse, su voz encajó perfecto desde la primera estrofa, los solos de guitarra de Rick Van Zandt quien ya había estado con bandas como Snowblind o Rottweiller, sobre salen en medio de tanto poder, pero bueno, el ya había tocado en algunos discos de Metal Church, así que no fue tarea difícil para el y el ex miembro de WASP, Stet Howland bombea tambores por todos lados.
La portada del disco es algo que me llamó mucho la atención, puede que la música del mismo no suene igual a sus primeros discos, pero esta portada encaja perfectamente en la parte inicial de la vida del grupo.
Etiquetas: Congregation of Annihilation, Heavy Metal, Kurdt Vanderhoof, Metal Church, Stet Howland, Thrash Metal

Luego de casi cinco años después del último disco lanzado por la última versión de Immortal solamente liderada por Demonaz (después de las invernales batallas legales por el nombre de la banda), por fin nos llega el décimo álbum de estudio de los pioneros del black metal noruego, titulado War Against All.
Siguiendo una línea muy similar a la de su predecesor (Chaos Northern Gods, 2018), e incluso tomando prestada la idea de este álbum para la portada y continuando con la temática del oscuro dios-cuervo Bhlashyrkh y su reino invernal, este nuevo disco nos presenta ocho temas potentes y concretos que recuerdan a otras épocas más clásicas de la banda, como Battles in the North, aunque con un estilo que ahora podemos empezar a caracterizar como propio de Demonaz, puesto que tras la salida de Abbath, su antiguo compañero de batalla, es ahora que podemos empezar a apreciar cuál sería el sonido que caracteriza a esta nueva etapa de la banda, sin duda más parecida al primer disco que Harald Naevdal (nombre real del músico noruego de 52 años) lanzaría en 2011.
Contando con las participaciones especiales de verdaderas leyendas de la escena como Arve Isdal (o “Ice Dale“) de Enslaved en las guitarras y bajos adicionales, además de la producción y Kevin Kvåle (Gaahl’s Wyrd) en la batería, esta nueva placa liberada bajo el sello Nuclear Blast es un trabajo rápido (de menos de 40 minutos de duración), que por primera vez en varios años sitúa la dinámica y el punch de los riffs en favor de las melodías que habían caracterizado la última etapa de Immortal.
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Lo anterior no implica que el disco carezca de matices y secciones atmosféricas, puesto que después de todo, Immortal es una banda que siempre se ha caracterizado por lograr un sonido rudo pero melodioso, siempre trabajando un black metal mucho menos disonante que sus coetáneos y más enfocado a la fantasía que al satanismo.
A pesar de que canciones como “No Sun”, “Wargod” y “Return To Cold” son testamento de aquellas composiciones a las que este proyecto nos tienen acostumbrado, este álbum sí puede llegar a ser repetitivo, con una fórmula que repite un intenso comienzo, alguno que otro puente melódico y un intenso final, sin mucho espacio para las variaciones, destacando para estos efectos la instrumental “Nordlandihr” de más de siete minutos de duración, misma que en ocasiones nos recuerda a algunos sonidos del viking metal y atmósferas que llegan a rozar con el power.
En resumen, a pesar de ser un trabajo que no defraudará a los fans más acérrimos de Immortal que ahora pueden escuchar tanto los esfuerzos de Abbath como de Demonaz por separado, es evidente que los días más gloriosos de la banda se encuentran ya lejos de nosotros y sin que esto demerite el trabajo de ninguno de los dos músicos, el tiempo nos ha dicho que la banda siempre fue más fuerte cuando estas dos mentes se encontraban trabajando en conjunto y no en pos de demostrar quién es el verdadero heredero del nombre.


He tenido muchas ganas de reseñar este disco desde que volví de Tennessee, casi para la fecha en que fue lanzado, aunque ya había escuchado los singles “Family Annihilator”, “Harvester” y “Take up Serpents” mientras todavía me encontraba allí. Debe ser que, si bien siempre fui seguidor de Johnny Cash y Townes Van Zandt, regresé mucho más impregnado de ese espíritu “Southern Gothic” que, sin dudas, emana de la música de Dorthia Cottrell, conocida por ser la cantante de la banda de doom metal Windhand. Esta artista oriunda de Virginia, vuelve a entregarnos un disco con una estética “Dark Americana”. La edición de este excelente trabajo fue hecha por Relapse Records.
La principal diferencia con su homónimo disco debut como solista, publicado en 2015, es que “Death Folk Country”, además de tener un título que podría usarse para bautizar un estilo, tiene un enfoque que, en general, es más minimalista y oscuro. Cottrell explora con su arte los vínculos entre el amor, la vida y la muerte, de un modo muy caro a los dilemas éticos del sur estadounidense, habitado por fantasmas que son el recuerdo constante de grandes sufrimientos históricos. Según ella misma, ese nombre que eligió, describe tanto al género que ejecuta como a su mundo interior, tanto a la música como a la tierra que la inspira, que se unen inextricablemente.
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“Death is the Punishment for Love” es una introducción netamente instrumental que nos sumerge en la niebla que emana del paisaje. Hay una gran continuidad entre cada track. “Harvester” ya nos presenta, además de la dulce voz de Cottrell, el sonido de guitarra (electroacústica y eléctrica) y la percusión (melódica o platillos) que siempre serán el acompañamiento. La encantadoramente triste “Black Canyon” tiene algunos samples ambientales y llegamos a “Family Annihilator”, una canción bastante siniestra en la que se destaca la superposición de varias capas vocales que suenan a un lamento espectral, además de sobresalir el aporte del órgano. Una idea que se me cruza todo el tiempo por la mente mientras escucho este álbum es la reminiscencia permanente con el modo que Martin Gore de Depeche Mode tiene de tocar la guitarra, creando esas melodías tan simples, directas y emotivas. Luego, en “Effigy at the Gates of Ur” resaltan las teclas, en un clima de una nostalgia conmovedora. Parker Chandler, bajista de Windhand, colabora en “Midnight Boy”, además de Gina Gleason de Baroness y Leanne Martz de Darling, en las guitarras. Se trata, en efecto, del tramo más rockero del disco.
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Otro invitado muy especial es T.J. Childers, baterista de Inter Arma, que colabora en las armonías vocales y tocando la guitarra slide a lo largo del álbum, aunque sobresale en “Hell in My Water”. Desde ya que todas las letras gravitan en torno a la decadencia romantizada inherente a esos territorios donde siempre convivieron la belleza y la brutalidad, y danzan la resignación y el resentimiento. “Take up Serpents” sigue avanzando en una introspección temeraria. “For Alicia” alcanza los picos más agudos a lo largo del camino montañoso. Una engañosa claridad aparece en “Eat What I Kill”, que suena más esperanzada, pero, en verdad, es una advertencia. Finalmente, “Death is the Reward for Love” es el cierre, y a la vez, una suerte de respuesta, al comienzo del disco, pues el amor es todo, y todo se pierde en una espesa bruma. De recomendación absoluta para la audiencia de Emma Ruth Rundle y Chelsea Wolfe -entre otras- esta es una obra excelente, ideal para escuchar en días grises, sobre todo si se está viajando en la ruta.


Este parece ser el año de los retornos: algunos esperados y otros imprevistos, pero que revivieron anhelos latentes, dormidos. Tal es el caso del sorpresivo lanzamiento de “To Be Cruel” de Khanate, su quinto disco, catorce años después de “Clean Hands Go Foul”. La edición a cargo de Sacred Bones Records shockeó al público ávido por explorar los rincones más asfixiantes de la angustia existencial expresada en sonoridades cáusticas y ascéticas, y letras tan testimoniales como cuestionadoras.
Hablamos de un supergrupo que nació con el amanecer de este siglo, que –si lo recuerdan- se sintió más como un apocalipsis fallido (que sigue extendiéndose). El cuarteto está conformado por Alan Dubin (voz) y James Plotkin (bajo y “síntesis”), ambos de la extinta banda OLD, Stephen O’Malley (guitarra y feedback), de Sunn O))), y Tim Wyskida (batería y percusión), de Blind Idiot God. No es necesario profundizar en las características de cada uno de los proyectos de estos artistas, pero cualquiera que conozca las referencias, sabe que tienen muchas similitudes entre sí, por lo que era de suponer que Khanate condensara toda esta intensidad en un destilado tan catártico que resulta tóxico, una cura contra la ingenuidad que es, de hecho, ponzoñosa. Aquí cabe señalar que la palabra griega “pharmakon” significa tanto remedio como veneno. Si no hay escapatoria, ¿es liberador saberlo?
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La música de Khanate puede etiquetarse como drone doom metal, una manifestación emergente de la intersección entre una amplificación extrema, el culto a una repetición inductora de trances casi hipnóticos, un minimalismo fragmentario y una composición tributaria de los momentos más anecdóticos de improvisación, en el sentido de una íntima relación con el contexto. Se trata de trozos sónicos, algunos más complejos que otros, según la cantidad de elementos del conjunto que concentren, que se vinculan entre sí por vibraciones que, si no fueran deliberadas, serían residuales, producto de acoples, reverberaciones, quizás hasta ecos que fluyen entre un agónico espacio interior y un entorno aterrador. Hay quienes hallan en la música de Khanate una intencionalidad “cubista”, por esta idea de indagar “pedazos” rudimentarios desde múltiples perspectivas simultáneamente, al punto de reducir las formas de un modo generativo. El logo de la banda podría sugerir esto, pero a mí, personalmente, no me parece que la comparación con este movimiento cultural, no tan significativo a nivel de la historia de la música, sea la más adecuada. De hecho, opino que es más consistente una asociación con el surrealismo, que sí tuvo y tiene entidad para el arte que nos convoca, caracterizándose por la importancia de la improvisación no idiomática (incluso hasta el automatismo), la yuxtaposición de partes devaluadas (hasta el collage) y la atonalidad, todo en busca de canalizar una ansiedad, un malestar por la vida moderna, un sufrimiento que quiere mostrarse tan orgánicamente vertiginoso y desconcertante como se lo vivencia en la carne, algo para nada elaborado geométricamente.
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Esa conexión entre el adentro y el afuera, inevitable y dolorosa, es la que también exploran las letras escritas por Dubin, inspiradas por el estrés que le genera su trabajo, el insomnio, el rechazo por algunas personas cercanas, en fin: nada que pueda resultar ajeno a cualquier espíritu sensible en el mundo contemporáneo. Su voz es totalmente cruda, descuidada, sincera. Oscila entre los alaridos más disfónicos y los susurros más agorafóbicos, pasando por momentos que parecen de discurso psicótico. Absolutamente nada en Khanate tiene pretensiones de calidad técnica: todo es visceral, tambaleando sobre la cuerda floja que se sostiene entre la creación y la destrucción. Aparte de los padecimientos del cantante, el grupo, en general, tiene una percepción negativa de la sociedad estadounidense. Recordemos que surgió en ese fermento estético que es la escena de Nueva York, el caldero urbano donde, desde hace décadas, músicos del calibre de John Zorn y Glenn Branca vienen disolviendo los límites entre el jazz, el rock, el metal, la improvisación libre y la música contemporánea. Dentro del campo más heavy, otros proyectos que podemos mencionar en esta veta son The Body, Sumac, Locrian y, más recientemente, Body Void.
El disco tiene tres tracks de alrededor de veinte minutos cada uno, de manera que juntos superan una hora de duración. Es inútil separarlos analíticamente pues no tardaría en descubrirse una total falta de interés por la diversidad, algo que, en honor a la verdad, es excepcional en la vida cotidiana, si es que hay personas que realmente logran trascender la rutina. La rutina es un día, pero también es una semana, un mes, un año… ¿una vida? Es interesante saber que la banda se tomó más tiempo que nunca para grabar este álbum y, de hecho, el proceso se vio interrumpido por la pandemia.
Tanto en la percusión como en la electrónica hay un enfoque artesanal, un uso de recursos originales, no convencionales. La guitarra y el bajo privilegian obsesivamente el golpe sobre cada cuerda y el efecto de cada pedal desplegándose en la representación mental de una recámara de sofocante atmósfera viciada. Todo con el único propósito –conseguido exitosamente- de colocarnos ante el desafío de exponernos ante esa iteración tan horrorosa, que quizás nos anime a darle una oportunidad al caos. Un regreso extraordinario, totalmente disruptivo.


Nightmarer es una de esas bandas que siguen llevando al death metal a un lugar más elevado y complejo que el que habitan los grupos clásicos del género o las hordas tributarias de los mismos. Este quinteto de base en Portland, Oregon, se consolida, con este segundo álbum, como una de las fuerzas más poderosas dentro del estilo que suele llamarse “dissonant death metal” o también “technical death metal”, aunque tiene algunos toques de black, doom e incluso música industrial bastante marcados, a la vez que un sonido muy moderno, similar al que se emplea en la escena “djent” o “thall”. Otros referentes con los que podríamos asociar su música son Ulcerate y Baring Teeth, con algunas resonancias de Deathspell Omega o Plebeian Grandstand. El line-up es John Collett (voz), Simon Hawemann (guitarra), Keith Merrow (guitarra), Brendan Sloan (bajo) y Paul Seidel (batería).
El disco dura poco más de media hora, con nueve tracks que no son extensos. Nadie podría decir que el proyecto tiene intenciones progresivas. Sin embargo, es el trabajo más diverso de la banda hasta la fecha. El arte de tapa, realizado por Jeanne Comateuse, es cautivante: una imagen con una figura humanoide de deformidad contorsionada y padeciente, que elaborada con una paleta sobre todo de colores cálidos, casi remite a “El Grito” de Edvard Munch.
El poder que se desata en “Brutalist Imperator” es impactante. La voz gutural, las guitarras graves y con una distorsión brumosa, perforada ocasionalmente por arpegios desafiantes, el bajo de una masa con gravedad propia y la batería inclaudicable en su virtuosismo psicopático, serán siempre rasgos definitorios. Tal es así que “Baptismal Tomb” enfatiza todo con maldad hasta sorprender con un pasaje de actitud propia del jazz, donde el bajo adquiere protagonismo.
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“Throe of Illicit Withdrawal” sigue sacudiéndonos, poniendo a prueba los límites de cada recurso ya utilizado, por eso era esperable encontrar un tétrico interludio instrumental como es “Tooms”: parte del arte de saber de tensionar, para luego liberar las bestiales mutaciones de la batería en “Suffering Beyond Death” y una estridencia que se torna lacerante. Se reitera otro segmento jazzero que da un respiro en medio del caos más implacable.
“Taufbefehl” tiene a Christian Kolf y Jan Buckard (ambos de Valborg) como cantantes invitados, además de sumar el aporte de Eeli Helin (Fawn Limbs, Vorare, Sulphur Nurse, etc.) en la electrónica. Estas contribuciones hacen que se trate de un track que sobresale del resto. En “Hammer of Desolation” tenemos el título que nos facilita la metáfora ideal para describir muchos de los machaques que abundan en la música de Nightmarer. El recurso de los riffs que se despliegan despacio, mientras la percusión es muy rápida, es profusamente usado.
“Endstadium” es un track minimalista que funciona como introducción a “Obliterated Shrine”, un cierre a puro mareo, de una pesadez tal que parece hundirnos a sacudones vibratorios de inconmensurable amplitud. Hay samples y texturas sonoras a cargo de Jesse Zuretti y Robert Bruckmayer. Las cuerdas flamean y nos empujan con ímpetu lentamente destructivo hacia la disolución. “Deformity Adrift” es, sin dudas, una obra que debe escuchar todo el público amante de lo extremo.


Telos (“fin” en griego) es una banda danesa de blackened post-hardcore, que suena a una mezcla entre Converge y This Gift Is A Curse, como para dar una idea aproximada. Debutaron en 2018 y, desde ese entonces, vienen explorando territorios donde se cruzan con colegas como Hexis e Implore, solo por nombrar algunos. “Deluge” es su segundo full-length y da mucho de qué hablar. El line-up del grupo es: Victor Kaas (voz), Phillip Petersen (guitarra), Viktor Ravn (guitarra), Niels Hammer (bajo) y Emil Lake (batería).
El quinteto con base en Copenhague lanzó un trabajo de una brutalidad implacable. “Within Reach” ya presenta los rasgos esperables dentro del estilo y algunas particularidades de estos escandinavos. La voz es rabiosa, la batería va desplegando ritmos de cambios vertiginosos acompañada por un bajo potente y ajustado, pero lo que más sobresale es la construcción de los riffs de guitarra: en un solo track se escuchan tantos, y tan buenos, que resultan una promesa para el resto del disco. “Bastion” nos coloca ante extremos más guturales en el canto y machaques reminiscentes de lo que hoy suele llamarse “djent”. A continuación, “Never Me” es un caos envolvente donde el sonido adquiere matices más modernos y nos sorprenden nuevos riffs de gran calidad. Hasta hay un momento bastante introspectivo en la mitad de la canción.
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“I Accept/I Receive” empieza con toda la fuerza, bajando la velocidad para asestar golpes más profundos, aunque los pasajes acelerados siempre aparecen. Otro tramo vuelve a captar nuestra atención, con líneas instrumentales minimalistas, que recuerdan mucho a las influencias post-hardcore de la banda. Lo que hacen las guitarras llega a ser delicioso. La variedad de líneas con distintas técnicas que se superponen en capas amerita una mención especial, sobre todo porque se trata de una música directa, sin intenciones de experimentación. El track cuenta con el aporte vocal de Rikke Emilie List.
“I’ve Been Gone For So Long” tiene un aura deathcore, y es bienvenida. Algo de ese halo se extiende a “Lapse” y daría la impresión de que el álbum se va tornando más pesado conforme se acerca el final. “As Atlas Stumbled” inicia con cierta melancolía para luego desatar un torbellino de tintes mathcore. Así llega el track terminal, “Throne” que tiene a Christian Bonnesen de LLNN –otra bestial banda danesa en ascenso- como cantante invitado. Las guitarras siguen cautivando con su labor, hasta nos entregan trémolos nostálgicos. A lo largo de todo el álbum, que dura poco más de media hora, es casi inevitable que la imaginación nos transporte a un concierto con un mosh en ebullición.



Tras la buena acogida que tuvo su debut El Rey del Terror, el vampiro del horror Lex Lüger vuelve con su segundo disco y como ocurre con los norteamericanos Ice Nine Kills, vuelve a crear un disco basado en el cine de este género tan querido por muchos.
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En este nuevo disco, Lex y la flamante incorporación de Bloody Lycia a las cuatro cuerdas, han querido inspirarse en la clásica película del maestro George. A Romero “Creepshow” de 1982 y su secuela “Creepshow 2” de 1987, dando como resultado un disco muy oscuro y entretenido que te remontará a aquella época.
El disco se abre con “Muñeco Vudú”, un corte marcado por esos synths tan ochenteros y que cuenta con un precioso fraseo de guitarra que bien podría haber estado en el And Justice For All… de Metallica, para dar paso a “El Día del Padre” que recrea allá infame historia y nos muestra a un Lex más oscuro en las voces y un tratado muy metalero a la guitarra, sin duda un inicio inmejorable para el disco. El solo de Lex a la guitarra es una auténtica delicia para los que amamos el rock y el metal de los 80’s.
El binomio “La Solitaria Muerte de Jordy Verrill” y “La Marea”, nos muestran las dos caras que esconde este talentoso músico, la más hard rockera y metalera en la primera canción, con cierto glamour oscuro ochentero (No me digáis que si cerráis los ojos y escucháis ese comienzo no pensáis en las bandas californianas de Sunset Strip, porque me estaríais mintiendo), muy en la línea de su anterior disco y de nuevo con un solo memorable, mientras que la segunda vemos el toque más new wave de Lex con esos guiños a bandas como The Cure y Sisters Of Mercy a la hora de cantar y es más salvando ciertas distancias hay ecos de bandas como HIM en la canción, cuando estos exploraban su lado más oscuro.
Ahora eso sí, el solo de saxo es impagable y nos recuerda a aquella época ochentera donde muchas canciones tenían este recurso y les daba un “punch” extra a estas.
El toque sleazy y metal viene de la mano de “La Caja”, corte que ya pudimos escuchar hace unos meses y que tiene un comienzo digno de bandas como Mötley Crüe o Dokken, pero siempre sin perder el toque synthwave que caracteriza a sus canciones.
Este es uno de los “Himnos” del disco, con un estribillo escrito en oro (bañado en sangre eso sí) y que nos cuenta otra de las historias de la primera película, la cual era muy destacada porque al dividir la misma en historias distintas, te mantenía intrigado y en tensión justo como sucede con este disco.
Otro de los momentos que brillan con luz propia es “La Invasión de las cucarachas”, un pelotazo a medio camino entre el post punk y el synthwave más melódico, que hará las delicias de los que hayan disfrutado de su anterior disco, ya que la facilidad con que Lex maneja y sabe aplicar a sus canciones estos dos estilos es formidable.
El disco se oxigena gracias a la instrumental “Venus Carnívora”, para recuperar la fuerza gracias a “El Viejo jefe Cabeza de Madera”, otro de los temas más destacados del disco y que ya narra una de las historias de la segunda entrega del filme.
Pero es con la potente “La Balsa” cuando llegamos al culmen del disco, ahora sí que si Lex plasma en esta el mejor corte del disco y con Bloody haciéndose notar en los coros, sumado a un riff metalero, esta pieza invita al “headbanging” y corear el estribillo con el puño en alto, sin duda una de las mejores canciones de Lex hasta la fecha.
Para ponerle la guinda, la canción cuenta con un espectacular solo de guitarra que recuerda a bandas modernas como Atreyu, pero quitando la parte “core” de estos.
Y el disco se cierra por todo lo alto con “El Autoestopista”, otro enérgico corte que nos muestra quizás ese lado más hardrockero clásico y que quizás se convierta en otro pequeño gran clásico de Lex al lado de joyas como “Christine” por ejemplo.
Pues Lex y Bloody Lycia han dado de nuevo en la diana en esta segunda entrega y el disco es un gran “Fuck You” a los que insisten en que las segundas partes nunca fueron buenas, pues permítanme decirles que esta es una gran secuela, así que coge las palomitas, el reproductor de música que tengas a mano y dale volumen a este gran “Creepshow” que estoy seguro no te dejará indiferente.
Etiquetas: Bloody Lycia, Creepshow, Dark Rock, Horror Punk, Lex Luger, New Album 2023, Post Punk, Synthwave


Esto de armar súper bandas con miembros o ex miembros de otras cada vez está más de moda, el cantante chileno Ronnie Romero (Rainbow, Lords of Black) y el guitarrista Richie Faulkner (Judas Priest, Voodoo Six), unen fuerzas para crear Elegant Weapons, con el que dan rienda suelta a toda su creatividad, dando cabida a elementos que no encajan en sus otras bandas.
Para completar la alineación de Elegant Weapons, llega el viejo amigo de batallas de Richie, Scott Travis (Judas Priest, Racer X) que se hace cargo de la batería y el imponente Rex Brown (Pantera, Kill Devil Hill) hace lo suyo en el bajo.
Sin escuchar la música y ver esta alienación uno se imagina algo así cómo un “Painkiller” pero, oh sorpresa, el disco tiene una mezcla perfecta entre heavy y hard actual, sin perder ese toque fuerte lleno de poder.

El disco arranca con un sólo de guitarra para el tema “Dead Man Walking” seguido del resto de músicos que van al compas de las cuerdas de Richie Faulkner, pasa lo mismo con el tema número 2 “Do or Die” el riff es demoledor y ni hablar de la batería que hace mover tus pies en cada golpe.
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Ghost of You va un poco más lenta al inicio, la voz de Ronnie Romero nos transporta a lugares inimaginables, queda claro porque Ritchie Blackmore lo escogió para formar parte de la alineación actual de Rainbow, el tema que da título al disco “Horns For A Halo” nos transporta un poco a la última faceta de Black Sabbath en su disco “13”.
Un acierto total fue la elección del cover, los homenajeados esta vez fueron los ingleses UFO con el tema “Lights Out”, merecido lo tienen, ya que UFO es una banda que debió tener más fortuna dentro del rock.
“Dirty Pig” suena más hard rock ponchado, de ese que te hace mover el cuerpo en toda la canción, por momentos la voz de Romero se parece a la del fallecido vocalista de Alice In Chains, Layne Staley.
Una de las canciones con más poder es con la que cierran el disco “Downfall Rising” junto con “Blind Leading The Blind”, dejan claro que este no es un disco hecho a la ligera, aquí lo que se puede olfatear es pasión y mucha actitud al momento de hacer el disco.
Elegant Weapons contó para la producción de “Horns For A Halo” con nada más y nada menos que Andy Sneap, sobra decir el porque de el en esta tarea, desde luego Richie Faulkner también ayuda en la labor de los controles para este resultado que al terminar de escucharlo, nos deja con ganas de más y más, esperemos que el proyecto siga ya que al final hubo un par de cambios en sus filas, Dave Rimmer y Christopher Williams reemplazaron a Rex Brown y Scott Travis respectivamente.


A pesar de contar con dos discos previos Sundowning de 2019 y This Place Will Be Your Tomb de 2021, ha sido en los últimos meses, concretamente desde la salida de cortes tan impresionantes e indescriptibles como “The Summoning” o “Chokehold”, que el nombre de Sleep Token ha empezado a subir como la espuma más rápido que el cava en la cena de fin de año y de pronto todos estábamos pendientes de estos tipos y de su esperadísimo tercer disco, el cual lleva por título Take Me Back to Eden y fue publicado el pasado 19 de mayo vía Spinefarm Records.
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Pero que tienen Sleep Token y que hace de este disco uno de los mejores trabajos editados en mucho tiempo, pues una marciana mezcla en donde pueden convivir sin apenas controversia, estilos como el metalcore melódico, el djent más refinado, unos pasajes electrónicos que dan oxígeno a las composiciones, unas partes de pop, trap y R’n’B muy a lo Issues o Jonny Craig, pero mejoradas y sobre todo la voz del misterioso Vessel (del cual no sabemos más que eso) que puede helarte la piel con un gutural que dejaría en ridículo a bandas como Northlane y Of Mice & Me como igual te suelta unos fraseos pop modernos cercanos al trap que podrían ser la envidia de The Weeknd o Travis Scott,
Visto el nivel de estancamiento que sufre el metal moderno a excepción de unas pocas bandas, estaba todo dado para que con semejantes referencias Sleep Token dieran en la diana con el tercer disco y se convirtieran en la sensación del año sin apenas rivales a su alcance.
Por suerte las posibles dudas si la banda iba a poder seguir sorprendiendo al oyente tras dos discos (que, si bien no explotaron, si fueron la mecha que encendió el fenómeno Sleep Token), se despejan en estas doce piezas, las cuales, una vez más, necesitan su tiempo para digerirlas antes de emitir cualquier juicio de valor precipitado.
Pese a ello, el disco comienza con “Chokehold” y aquí no se ve gran diferencia si conocías los trabajos previos de la banda, aunque una vez más, sorprende como combinan diversos recursos y lo convierten en una sola pieza sin que suena postizo.
Todo lo contrario, ocurrió con “The Summoning”, una exquisites de casi 6 minutos y medio de duración, donde comienzan de forma muy contundente con esos riffs y ese toque djent que dejarían verdes a Veil of Maya o Monuments, para tener un estribillo cristalino hermoso que parece escrito en orto y deleitarnos con los guturales de Vessel, por si fuese poco la pieza cuenta con un bonito solo de guitarra y un grado de épica brutal, pues hasta aquí uno diría que bien, en su línea, pues no amigos, la parte final de la canción viene con un puente instrumental que podrían haber firmado Pendulum para pasar a uno de los finales más sexys en la historia del metal moderno y es que Vessel nos deleita con su vozarrón en clave pop moderno con unas frases que harán subir la temperatura a cualquiera que escuche la canción por primera vez. Simplemente sublimes,
Y es que lo que hace especial a esta banda yo creo que la falta total de prejuicios a la hora de elaborar sus composiciones y las ganas de asumir nuevos riesgos musicales en cada pieza que realizan.
Así en un corte como “Aqua Regia”, que comienza con un teclado medio electrónico a lo Linkin Park (esto podría haber encajado en aquel nefasto One More Light”) pero con una base medio trap como podría ejecutar Post Malone, luego nos vamos a encontrar una intensidad bastante medida gracias a la intensidad que presenta la canción sin necesidad de recurrir a los guturales del metalcore típicos.
Lo mismo ocurre con “Ascensionism”, un corte que parece ser una balada preciosa de hecho, con un delicado comienzo al piano y solamente la voz de Vessel, la cual, hay que decir que está por encima del 90% de sus compañeros de profesión actualmente, pero pronto agarra carrera gracias a un rítmo trap que si me dicen que sale en el nuevo disco de Post Malone, me lo creería y lo celebraría como el que más, pero como hemos dicho nunca puedes dar nada por sentado con un tema de Sleep Token, ya que el corte acaba tras más de 6 minutos de duración a puro riff pesado y dejándote noqueado porque no sabes exactamente de qué va esta gente. y seguramente ahí radique su encanto.
La parte más agresiva quizás esté en cortes como “Vore” o “Rain”, donde de nuevo vemos esa dualidad sonora entre lo agresivo y lo abiertamente melódico y accesible, pero sin llegar a cansar al oyente, pudiendo recordar tanto a Post Malone y Deftones como a Periphery, Tool o Breaking Benjamin, pero siendo infinitamente superiores a estos últimos.
Sin embargo, no dejan de lado sus aspiraciones mainstream y quizás en cortes como “DYWTYLM” se les haya ido un pelín la mano con el pop moderno, pero, aun así, si os gustaban artistas como Jonny Craig o Tyler Carter, pero también The Weeknd seguramente disfrutéis de lo lindo con esta canción.
El corte que da título al disco es uno de los puntos que quizás menos aporte al álbum ya que reúne todos los recursos de la banda en una misma canción y se extiende quizás demasiado para el oyente medio, sin embargo, hay que decir que va ganando con las escuchas y la balada pop “Euclid” nos demuestra que estos chicos no se casan ni se van a casar con nadie, ellos mismos son dueños de su sonido y de sus aspiraciones musicales y con un disco como este creo que van por el sendero adecuado.
Pues Sleep Token, no solo han cumplido y con creces el objetivo de superar a sus dos discos anteriores, sino que además se cuelan entre los mejores discos alternativos del año, si no el mejor.
La banda ha sabido condensar en un disco todos los elementos que componen su música y crear una obra tan completa como necesaria para evadirse entre tanto grupo de metal moderno reciclando una y otra vez lo que hacen bandas como Architects o While She Sleeps, Sleep Token no se si van a ser el grupo más importante del estilo en el próximo lustro, pero desde luego si siguen por este camino, no habrá nadie que les pueda arrebatar un título que con este nuevo disco ya están en posición de reclamar con soltura.
Etiquetas: Djent, Melodic Metalcore, Nu Metal Alternative, Pop Trap, Sleep Token, Spinefarm Records, Take Me Back to Eden

“Full Throttle Live” el nuevo disco en vivo de Tesla está compuesto por 9 canciones de su repertorio menos comercial, lo que hace que este disco sin escucharlo sea una joya para sus fanáticos más apasionados de la banda.

El disco de Tesla salió a la venta el viernes 26 de mayo y se puede apreciar algo que ha sido característico de la banda durante sus más de 3 décadas de trayectoria, esto es rock and roll 100% auténtico con mucha energía pero sobre todo mucho amor al momento de ejecutar sus instrumentos,

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Grabado, mezclado y producido por el guitarrista Frank Hannon y el bajista Brian Wheat, el disco muestra un setlist más que perfecto, abren con “Miles Away” de su disco Into the Now lo cuál indica que esto se va hacer diferente, seguido de “Changes” en versión eléctrica, luego le dan paso al nuevo sencillo que se lanzó el año pasado “Time to Rock” y que ya habían estado tocando en vivo pero no había salido en formato físico hasta ahora al igual que la melódica “Cold Blue Steel” que también salió el año pasado cómo single.
La lista sigue con “Breakin´ Free” toda una sorpresa al igual que el tema con que cierran el disco “S.O.S. (Too Bad)” cover de Aerosmith que viene en su glorioso disco “Get Your Wings”, “Call It What You Want” puede ser la mejor toma de este en vivo, se puede sentir la buena vibra de la banda cuando interpreta cada nota.
“Lazy Days Crazy Nights” es algo que no me lo esperaba, que buen acierto incluir este tema, y por supuesto no podía faltar “Edison´s Medicine” canción que no puede faltar en su repertorio y que ya es pieza fundamental en cada concierto de ellos.
Aquí lo único malo que podemos decir de este disco es lo corto para ser uno en vivo, debió salir doble y por lo menos con otras 9 canciones más, pero bueno, así lo decidieron y ellos saben hacer su trabajo. Cabe resaltar que la voz de Jeff Keith sigue impecable, no baja su calidad en lo más mínimo y la dupla entre Dave Rude y Frank Hannon es más que perfecta.
Etiquetas: Cold Blue Steel, Frank Hannon, Full Throttle Live, Hard Rock, Miles Away, Tesla, Time To Rock

Para una banda no debe ser fácil perder a varios músicos y seguir adelante, ver que dos de sus vocalistas más legendarios fallecieron cómo lo fueron Mike Howe y David Wayne no fue algo fácil de superar para Metal Church, pero así la banda sabe que el muerto al hoyo y los vivos al escenario, esta premisa es algo que Kurdt Vanderhoof tiene muy claro, el sabe que sus compañeros caídos, hubiesen deseado que Metal Church siguiera adelante sin ellos.

De esta manera con Marc Lopes como nuevo cantante llega “Congregation of Annihilation”, un disco que sigue las filas de “XI” y “Damned If You Do”, el tema inicial “Another Judgement Day” tiene ese aire clásico que siempre ha tenido la banda, aquí no hay espacio para la innovación, esto es Metal Church, punto.
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Acto seguido el tema que da título al disco “Congregation of Annihilation” esto es música aplastante y directa, hecha con pasión, sobre salen algunos cortes arriba de otros como el caso de “Me the Nothing”, “Say a Prayer with 7 Bullets” y “These Violent Thrills” que en lo personal se lleva el premio al mejor tema del disco.
Kurdt Vanderhoof sigue sacando riffs potentes y muy acordes con las canciones, el mismo hace la labor de la producción, Marc Lopes llegó para quedarse, su voz encajó perfecto desde la primera estrofa, los solos de guitarra de Rick Van Zandt quien ya había estado con bandas como Snowblind o Rottweiller, sobre salen en medio de tanto poder, pero bueno, el ya había tocado en algunos discos de Metal Church, así que no fue tarea difícil para el y el ex miembro de WASP, Stet Howland bombea tambores por todos lados.
La portada del disco es algo que me llamó mucho la atención, puede que la música del mismo no suene igual a sus primeros discos, pero esta portada encaja perfectamente en la parte inicial de la vida del grupo.
Etiquetas: Congregation of Annihilation, Heavy Metal, Kurdt Vanderhoof, Metal Church, Stet Howland, Thrash Metal

Luego de casi cinco años después del último disco lanzado por la última versión de Immortal solamente liderada por Demonaz (después de las invernales batallas legales por el nombre de la banda), por fin nos llega el décimo álbum de estudio de los pioneros del black metal noruego, titulado War Against All.
Siguiendo una línea muy similar a la de su predecesor (Chaos Northern Gods, 2018), e incluso tomando prestada la idea de este álbum para la portada y continuando con la temática del oscuro dios-cuervo Bhlashyrkh y su reino invernal, este nuevo disco nos presenta ocho temas potentes y concretos que recuerdan a otras épocas más clásicas de la banda, como Battles in the North, aunque con un estilo que ahora podemos empezar a caracterizar como propio de Demonaz, puesto que tras la salida de Abbath, su antiguo compañero de batalla, es ahora que podemos empezar a apreciar cuál sería el sonido que caracteriza a esta nueva etapa de la banda, sin duda más parecida al primer disco que Harald Naevdal (nombre real del músico noruego de 52 años) lanzaría en 2011.
Contando con las participaciones especiales de verdaderas leyendas de la escena como Arve Isdal (o “Ice Dale“) de Enslaved en las guitarras y bajos adicionales, además de la producción y Kevin Kvåle (Gaahl’s Wyrd) en la batería, esta nueva placa liberada bajo el sello Nuclear Blast es un trabajo rápido (de menos de 40 minutos de duración), que por primera vez en varios años sitúa la dinámica y el punch de los riffs en favor de las melodías que habían caracterizado la última etapa de Immortal.
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Lo anterior no implica que el disco carezca de matices y secciones atmosféricas, puesto que después de todo, Immortal es una banda que siempre se ha caracterizado por lograr un sonido rudo pero melodioso, siempre trabajando un black metal mucho menos disonante que sus coetáneos y más enfocado a la fantasía que al satanismo.
A pesar de que canciones como “No Sun”, “Wargod” y “Return To Cold” son testamento de aquellas composiciones a las que este proyecto nos tienen acostumbrado, este álbum sí puede llegar a ser repetitivo, con una fórmula que repite un intenso comienzo, alguno que otro puente melódico y un intenso final, sin mucho espacio para las variaciones, destacando para estos efectos la instrumental “Nordlandihr” de más de siete minutos de duración, misma que en ocasiones nos recuerda a algunos sonidos del viking metal y atmósferas que llegan a rozar con el power.
En resumen, a pesar de ser un trabajo que no defraudará a los fans más acérrimos de Immortal que ahora pueden escuchar tanto los esfuerzos de Abbath como de Demonaz por separado, es evidente que los días más gloriosos de la banda se encuentran ya lejos de nosotros y sin que esto demerite el trabajo de ninguno de los dos músicos, el tiempo nos ha dicho que la banda siempre fue más fuerte cuando estas dos mentes se encontraban trabajando en conjunto y no en pos de demostrar quién es el verdadero heredero del nombre.


He tenido muchas ganas de reseñar este disco desde que volví de Tennessee, casi para la fecha en que fue lanzado, aunque ya había escuchado los singles “Family Annihilator”, “Harvester” y “Take up Serpents” mientras todavía me encontraba allí. Debe ser que, si bien siempre fui seguidor de Johnny Cash y Townes Van Zandt, regresé mucho más impregnado de ese espíritu “Southern Gothic” que, sin dudas, emana de la música de Dorthia Cottrell, conocida por ser la cantante de la banda de doom metal Windhand. Esta artista oriunda de Virginia, vuelve a entregarnos un disco con una estética “Dark Americana”. La edición de este excelente trabajo fue hecha por Relapse Records.
La principal diferencia con su homónimo disco debut como solista, publicado en 2015, es que “Death Folk Country”, además de tener un título que podría usarse para bautizar un estilo, tiene un enfoque que, en general, es más minimalista y oscuro. Cottrell explora con su arte los vínculos entre el amor, la vida y la muerte, de un modo muy caro a los dilemas éticos del sur estadounidense, habitado por fantasmas que son el recuerdo constante de grandes sufrimientos históricos. Según ella misma, ese nombre que eligió, describe tanto al género que ejecuta como a su mundo interior, tanto a la música como a la tierra que la inspira, que se unen inextricablemente.
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“Death is the Punishment for Love” es una introducción netamente instrumental que nos sumerge en la niebla que emana del paisaje. Hay una gran continuidad entre cada track. “Harvester” ya nos presenta, además de la dulce voz de Cottrell, el sonido de guitarra (electroacústica y eléctrica) y la percusión (melódica o platillos) que siempre serán el acompañamiento. La encantadoramente triste “Black Canyon” tiene algunos samples ambientales y llegamos a “Family Annihilator”, una canción bastante siniestra en la que se destaca la superposición de varias capas vocales que suenan a un lamento espectral, además de sobresalir el aporte del órgano. Una idea que se me cruza todo el tiempo por la mente mientras escucho este álbum es la reminiscencia permanente con el modo que Martin Gore de Depeche Mode tiene de tocar la guitarra, creando esas melodías tan simples, directas y emotivas. Luego, en “Effigy at the Gates of Ur” resaltan las teclas, en un clima de una nostalgia conmovedora. Parker Chandler, bajista de Windhand, colabora en “Midnight Boy”, además de Gina Gleason de Baroness y Leanne Martz de Darling, en las guitarras. Se trata, en efecto, del tramo más rockero del disco.
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Otro invitado muy especial es T.J. Childers, baterista de Inter Arma, que colabora en las armonías vocales y tocando la guitarra slide a lo largo del álbum, aunque sobresale en “Hell in My Water”. Desde ya que todas las letras gravitan en torno a la decadencia romantizada inherente a esos territorios donde siempre convivieron la belleza y la brutalidad, y danzan la resignación y el resentimiento. “Take up Serpents” sigue avanzando en una introspección temeraria. “For Alicia” alcanza los picos más agudos a lo largo del camino montañoso. Una engañosa claridad aparece en “Eat What I Kill”, que suena más esperanzada, pero, en verdad, es una advertencia. Finalmente, “Death is the Reward for Love” es el cierre, y a la vez, una suerte de respuesta, al comienzo del disco, pues el amor es todo, y todo se pierde en una espesa bruma. De recomendación absoluta para la audiencia de Emma Ruth Rundle y Chelsea Wolfe -entre otras- esta es una obra excelente, ideal para escuchar en días grises, sobre todo si se está viajando en la ruta.


Este parece ser el año de los retornos: algunos esperados y otros imprevistos, pero que revivieron anhelos latentes, dormidos. Tal es el caso del sorpresivo lanzamiento de “To Be Cruel” de Khanate, su quinto disco, catorce años después de “Clean Hands Go Foul”. La edición a cargo de Sacred Bones Records shockeó al público ávido por explorar los rincones más asfixiantes de la angustia existencial expresada en sonoridades cáusticas y ascéticas, y letras tan testimoniales como cuestionadoras.
Hablamos de un supergrupo que nació con el amanecer de este siglo, que –si lo recuerdan- se sintió más como un apocalipsis fallido (que sigue extendiéndose). El cuarteto está conformado por Alan Dubin (voz) y James Plotkin (bajo y “síntesis”), ambos de la extinta banda OLD, Stephen O’Malley (guitarra y feedback), de Sunn O))), y Tim Wyskida (batería y percusión), de Blind Idiot God. No es necesario profundizar en las características de cada uno de los proyectos de estos artistas, pero cualquiera que conozca las referencias, sabe que tienen muchas similitudes entre sí, por lo que era de suponer que Khanate condensara toda esta intensidad en un destilado tan catártico que resulta tóxico, una cura contra la ingenuidad que es, de hecho, ponzoñosa. Aquí cabe señalar que la palabra griega “pharmakon” significa tanto remedio como veneno. Si no hay escapatoria, ¿es liberador saberlo?
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La música de Khanate puede etiquetarse como drone doom metal, una manifestación emergente de la intersección entre una amplificación extrema, el culto a una repetición inductora de trances casi hipnóticos, un minimalismo fragmentario y una composición tributaria de los momentos más anecdóticos de improvisación, en el sentido de una íntima relación con el contexto. Se trata de trozos sónicos, algunos más complejos que otros, según la cantidad de elementos del conjunto que concentren, que se vinculan entre sí por vibraciones que, si no fueran deliberadas, serían residuales, producto de acoples, reverberaciones, quizás hasta ecos que fluyen entre un agónico espacio interior y un entorno aterrador. Hay quienes hallan en la música de Khanate una intencionalidad “cubista”, por esta idea de indagar “pedazos” rudimentarios desde múltiples perspectivas simultáneamente, al punto de reducir las formas de un modo generativo. El logo de la banda podría sugerir esto, pero a mí, personalmente, no me parece que la comparación con este movimiento cultural, no tan significativo a nivel de la historia de la música, sea la más adecuada. De hecho, opino que es más consistente una asociación con el surrealismo, que sí tuvo y tiene entidad para el arte que nos convoca, caracterizándose por la importancia de la improvisación no idiomática (incluso hasta el automatismo), la yuxtaposición de partes devaluadas (hasta el collage) y la atonalidad, todo en busca de canalizar una ansiedad, un malestar por la vida moderna, un sufrimiento que quiere mostrarse tan orgánicamente vertiginoso y desconcertante como se lo vivencia en la carne, algo para nada elaborado geométricamente.
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Esa conexión entre el adentro y el afuera, inevitable y dolorosa, es la que también exploran las letras escritas por Dubin, inspiradas por el estrés que le genera su trabajo, el insomnio, el rechazo por algunas personas cercanas, en fin: nada que pueda resultar ajeno a cualquier espíritu sensible en el mundo contemporáneo. Su voz es totalmente cruda, descuidada, sincera. Oscila entre los alaridos más disfónicos y los susurros más agorafóbicos, pasando por momentos que parecen de discurso psicótico. Absolutamente nada en Khanate tiene pretensiones de calidad técnica: todo es visceral, tambaleando sobre la cuerda floja que se sostiene entre la creación y la destrucción. Aparte de los padecimientos del cantante, el grupo, en general, tiene una percepción negativa de la sociedad estadounidense. Recordemos que surgió en ese fermento estético que es la escena de Nueva York, el caldero urbano donde, desde hace décadas, músicos del calibre de John Zorn y Glenn Branca vienen disolviendo los límites entre el jazz, el rock, el metal, la improvisación libre y la música contemporánea. Dentro del campo más heavy, otros proyectos que podemos mencionar en esta veta son The Body, Sumac, Locrian y, más recientemente, Body Void.
El disco tiene tres tracks de alrededor de veinte minutos cada uno, de manera que juntos superan una hora de duración. Es inútil separarlos analíticamente pues no tardaría en descubrirse una total falta de interés por la diversidad, algo que, en honor a la verdad, es excepcional en la vida cotidiana, si es que hay personas que realmente logran trascender la rutina. La rutina es un día, pero también es una semana, un mes, un año… ¿una vida? Es interesante saber que la banda se tomó más tiempo que nunca para grabar este álbum y, de hecho, el proceso se vio interrumpido por la pandemia.
Tanto en la percusión como en la electrónica hay un enfoque artesanal, un uso de recursos originales, no convencionales. La guitarra y el bajo privilegian obsesivamente el golpe sobre cada cuerda y el efecto de cada pedal desplegándose en la representación mental de una recámara de sofocante atmósfera viciada. Todo con el único propósito –conseguido exitosamente- de colocarnos ante el desafío de exponernos ante esa iteración tan horrorosa, que quizás nos anime a darle una oportunidad al caos. Un regreso extraordinario, totalmente disruptivo.


Nightmarer es una de esas bandas que siguen llevando al death metal a un lugar más elevado y complejo que el que habitan los grupos clásicos del género o las hordas tributarias de los mismos. Este quinteto de base en Portland, Oregon, se consolida, con este segundo álbum, como una de las fuerzas más poderosas dentro del estilo que suele llamarse “dissonant death metal” o también “technical death metal”, aunque tiene algunos toques de black, doom e incluso música industrial bastante marcados, a la vez que un sonido muy moderno, similar al que se emplea en la escena “djent” o “thall”. Otros referentes con los que podríamos asociar su música son Ulcerate y Baring Teeth, con algunas resonancias de Deathspell Omega o Plebeian Grandstand. El line-up es John Collett (voz), Simon Hawemann (guitarra), Keith Merrow (guitarra), Brendan Sloan (bajo) y Paul Seidel (batería).
El disco dura poco más de media hora, con nueve tracks que no son extensos. Nadie podría decir que el proyecto tiene intenciones progresivas. Sin embargo, es el trabajo más diverso de la banda hasta la fecha. El arte de tapa, realizado por Jeanne Comateuse, es cautivante: una imagen con una figura humanoide de deformidad contorsionada y padeciente, que elaborada con una paleta sobre todo de colores cálidos, casi remite a “El Grito” de Edvard Munch.
El poder que se desata en “Brutalist Imperator” es impactante. La voz gutural, las guitarras graves y con una distorsión brumosa, perforada ocasionalmente por arpegios desafiantes, el bajo de una masa con gravedad propia y la batería inclaudicable en su virtuosismo psicopático, serán siempre rasgos definitorios. Tal es así que “Baptismal Tomb” enfatiza todo con maldad hasta sorprender con un pasaje de actitud propia del jazz, donde el bajo adquiere protagonismo.
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“Throe of Illicit Withdrawal” sigue sacudiéndonos, poniendo a prueba los límites de cada recurso ya utilizado, por eso era esperable encontrar un tétrico interludio instrumental como es “Tooms”: parte del arte de saber de tensionar, para luego liberar las bestiales mutaciones de la batería en “Suffering Beyond Death” y una estridencia que se torna lacerante. Se reitera otro segmento jazzero que da un respiro en medio del caos más implacable.
“Taufbefehl” tiene a Christian Kolf y Jan Buckard (ambos de Valborg) como cantantes invitados, además de sumar el aporte de Eeli Helin (Fawn Limbs, Vorare, Sulphur Nurse, etc.) en la electrónica. Estas contribuciones hacen que se trate de un track que sobresale del resto. En “Hammer of Desolation” tenemos el título que nos facilita la metáfora ideal para describir muchos de los machaques que abundan en la música de Nightmarer. El recurso de los riffs que se despliegan despacio, mientras la percusión es muy rápida, es profusamente usado.
“Endstadium” es un track minimalista que funciona como introducción a “Obliterated Shrine”, un cierre a puro mareo, de una pesadez tal que parece hundirnos a sacudones vibratorios de inconmensurable amplitud. Hay samples y texturas sonoras a cargo de Jesse Zuretti y Robert Bruckmayer. Las cuerdas flamean y nos empujan con ímpetu lentamente destructivo hacia la disolución. “Deformity Adrift” es, sin dudas, una obra que debe escuchar todo el público amante de lo extremo.


Telos (“fin” en griego) es una banda danesa de blackened post-hardcore, que suena a una mezcla entre Converge y This Gift Is A Curse, como para dar una idea aproximada. Debutaron en 2018 y, desde ese entonces, vienen explorando territorios donde se cruzan con colegas como Hexis e Implore, solo por nombrar algunos. “Deluge” es su segundo full-length y da mucho de qué hablar. El line-up del grupo es: Victor Kaas (voz), Phillip Petersen (guitarra), Viktor Ravn (guitarra), Niels Hammer (bajo) y Emil Lake (batería).
El quinteto con base en Copenhague lanzó un trabajo de una brutalidad implacable. “Within Reach” ya presenta los rasgos esperables dentro del estilo y algunas particularidades de estos escandinavos. La voz es rabiosa, la batería va desplegando ritmos de cambios vertiginosos acompañada por un bajo potente y ajustado, pero lo que más sobresale es la construcción de los riffs de guitarra: en un solo track se escuchan tantos, y tan buenos, que resultan una promesa para el resto del disco. “Bastion” nos coloca ante extremos más guturales en el canto y machaques reminiscentes de lo que hoy suele llamarse “djent”. A continuación, “Never Me” es un caos envolvente donde el sonido adquiere matices más modernos y nos sorprenden nuevos riffs de gran calidad. Hasta hay un momento bastante introspectivo en la mitad de la canción.
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“I Accept/I Receive” empieza con toda la fuerza, bajando la velocidad para asestar golpes más profundos, aunque los pasajes acelerados siempre aparecen. Otro tramo vuelve a captar nuestra atención, con líneas instrumentales minimalistas, que recuerdan mucho a las influencias post-hardcore de la banda. Lo que hacen las guitarras llega a ser delicioso. La variedad de líneas con distintas técnicas que se superponen en capas amerita una mención especial, sobre todo porque se trata de una música directa, sin intenciones de experimentación. El track cuenta con el aporte vocal de Rikke Emilie List.
“I’ve Been Gone For So Long” tiene un aura deathcore, y es bienvenida. Algo de ese halo se extiende a “Lapse” y daría la impresión de que el álbum se va tornando más pesado conforme se acerca el final. “As Atlas Stumbled” inicia con cierta melancolía para luego desatar un torbellino de tintes mathcore. Así llega el track terminal, “Throne” que tiene a Christian Bonnesen de LLNN –otra bestial banda danesa en ascenso- como cantante invitado. Las guitarras siguen cautivando con su labor, hasta nos entregan trémolos nostálgicos. A lo largo de todo el álbum, que dura poco más de media hora, es casi inevitable que la imaginación nos transporte a un concierto con un mosh en ebullición.







