


Tras 13 años de espera, tenemos en nuestras manos un nuevo álbum de Biohazard. A decir verdad, no me esperaba que fuéramos a tener un nuevo disco por parte de los hardcore en algún momento: con las idas y venidas de múltiples miembros entre 2011 y 2022 parecía que el grupo había entrado en el mismo periodo que algo como SOAD, en ese limbo interminable donde la banda está en plena actividad y en plena pausa al mismo tiempo. Pero por fin en julio último tuvimos el anuncio y la salida del primer single de este Divided We Fall, con fecha de salida del 17 de octubre a través de Black II Black.
Ahora, ¿qué cabría esperar de parte de un nuevo disco de Biohazard en 2025? O, mejor dicho, ¿cabría esperar algo de un nuevo disco de Biohazard en 2025? Los últimos 30 años de la banda han estado marcados por discos bastante mediocres, pero por otro lado siempre me gusta guardar un mínimo de esperanza: si el día de mañana Metallica anunciara nuevo álbum estaría ansioso por escucharlo, aunque lo más seguro es que vaya a escucharlo una o tal vez dos veces y después nunca más en mi vida. Tal vez la casi década y media de espera desde el álbum anterior le haya venido bien al combo hardcore para replantearse un par de cosas y volver al ruedo con algo que se merezca un par de escuchas. Están de vuelta con la formación clásica, así que un mínimo de esperanza nunca viene mal, ¿eh?
Le damos play a este Divided We Fall, un título que es toda una declaración de principios, y tiramos la sutileza por la ventana con “Fuck The System”. Arrancará con una intro un tanto larga y lenta, pero no pasa mucho hasta que dan rienda suelta a un riff punk hardcore bien directo y a la yugular, con esos coros pandilleros marca registrada de Biohazard. Y cerca del final tenemos otra marca característica de la banda con un verso rapeado, con esa cadencia a lo Run-DMC.
Y si la intro era un tanto larga en la primera, “Forsaken” ya arranca desde el primer segundo pateando la puerta, con un estribillo de corte thrashero clásico.”Eyes On Six” tiene otra instancia de rap al que además le agregan esa atmósfera bien pandillera de barrios bajos, mientras que “War Inside Me” es otro bombazo con un riff bien para abrirle la cabeza al que uno tenga al lado.
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Por otro lado, “Fight To Be Free” y “Warriors” son las únicas donde bajan un poco las revoluciones durante toda la canción, aunque no tanto la intensidad, dándole un poco más de groove al sonido: en el resto de las canciones Biohazard se enfocan en el hardcore más veloz, con guitarras gruesas y con Evan Seinfeld y Billy Graziadei repartiéndose los gritos. Y ya que antes mencionamos el rap, la más particular de las canciones es “S.I.T.F.O.A.” (siglas de “Strength In The Face Of Adversity”, como nos indica el estribillo), donde Biohazard no confinan el rap a una única sección sino que se extienden a lo largo de todo el track.
Divided We Fall es un disco con las revoluciones a pleno durante casi toda su duración, como cabría esperar de parte de Biohazard. Pero después de un par de escuchas queda claro que para este álbum Biohazard parecen haberse asegurado de eliminar los excesos y mantener lo justo y necesario para el álbum. 11 canciones en 38 minutos es una cantidad y duración perfecta para Divided We Fall y viene muy bien considerando que en más de una ocasión Biohazard ha superado los 50 minutos en sus álbumes.
¿Acaso Divided We Fall me parece uno de los mejores discos del año? Eh, tampoco nos vayamos tan al carajo, chicos. Este décimo álbum de Biohazard tiene sus puntos en contra bastante claros: es bastante repetitivo en cuanto a estructuras y temas, hay pocas o nulas variantes entre canciones y el sonido se puede poner un tanto caótico en cuanto a mezcla, como suele ser el gran pecado de la producción pesada moderna.
Ahora, ¿acaso Divided We Fall me parece el mejor álbum de Biohazard en un largo tiempo? Ahí sí que puedo dar una respuesta afirmativa: aunque se pueda poner repetitivo el disco termina antes de que se pueda hacer incómodo, las guitarras suenan gruesas, los coros pandilleros son muy entretenidos y escuchar canciones como “Eyes On Six” o “Warriors” da ganas de comenzar un pogo en el living de tu casa. Y todo esto lo lograron sin hacer un cambio grande de sonido o de estética: en todos los aspectos Divided We Fall se siente como un disco que Biohazard podría haber sacado en cualquier momento, al punto tal de que viendo los títulos de las canciones me asombra que no hubieran usado varios de ellos antes. A veces la fórmula no está rota, sólo le hace falta ajustar unas tuercas y que todo vuelva a la normalidad.
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Los chicos de Deny vuelven este 2025 y por todo lo alto, ya que no solamente provocaron la sorpresa y alegría de sus seguidores tras 7 años sin juntarse, si no que además, confirmaron la salida de su cuarto disco de estudio y con la formación clásica, o al menos los tres pilares fundamentales de la banda: Nazareno Gómez Antolini en voz, Juan Pablo “Jey” Uberti en bajo y voz y Joaco Ortega en guitarra y voz limpia.
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Con los primeros cuatro adelantos del disco, ya podíamos hacernos una idea de que la banda volvía a sus raíces combinando lo mejor de estilos como el post hardcore, el metalcore más melódico, algo de metal moderno y una pizca de pop punk core, obteniendo como resultado “El Cielo”, un cañoñazo impecable que hizo las delicias de sus seguidores y donde el trio de voces volvía sonar como antaño.
Con “Incendio”, pararon el corazón de de todos con un Jey impresionante a las voces y sonando como si fuese la década pasada y combinándose a las mil maravillas con Naza en los “Screams” y Joaco por supuesto dibujando las melodías que tan bien se le ha dado siempre desde los comienzos de la banda y que hoy son signo de identidad en la misma sin nada que envidiar a las bandas internacionales del género.
Sin embargo con la salida de “K.R.O.P.E” dieron vuelta la página con un sonido pesado, moderno y siendo Naza el protagonista con esa voz gritada que te patea en la cara desde el segundo en el que pulsas play y Jey brillando en el estribillo al más puro estilo Spencer Chamberlain de Underoath, siendo esta pieza una suerte entre Korn, Stray From The Path, Underoath y quizás Unity TX.
Deny tampoco se ha querido olvidar de su lado más melódico y por eso en “Lo Que Queda”, Joaco tiene su momento para lucirse y plasmar una pieza de pop punk medio alternativo en la onda de bandas como Sentencia Previa o Neck Deep y con Jey haciéndole la segunda de manera fantástica y demostrando que cuando quieren no tienen apenas rivales dentro de la escena ya no solo argentina si no de toda Latinoamérica.
El resto del disco, tampoco se queda atrás y plasma al 100% lo que es Deny este 2025 y como la madurez musical les ha venido de perlas, pero sin necesidad de perder el ADN de la banda.
El interludio “1/2/3”, es un guiño a sus trabajos anteriores, que seguro los seguidores de la banda captarán al instante y oxigena al disco antes de la segunda mitad del mismo.
En “Legado”, vemos el lado más pesado de los chicos, con un “break” final que te parte en dos y que suena más concreto que muchas canciones de bandas de fuera, demostrando su valía y como su vuelta ha sido uno de los mejores momentos de la escena este año en el país albiceleste.
Por el contrario, “Ya Fue”, es una intensa, emotiva y hasta dolorosa pieza semi acústica donde el dueto vocal entre Jey y Joaco, pone los pelos de punta a cualquiera que pulse play y que haya pasado por una ruptura, por que la letra es un golpe de realidad cuando sabes que esa persona ya no va volver y tienes que aceptarlo, lo que pasa es que muchas veces cuesta aceptar la despedida final y ellos lo han plasmado a la perfección en este tema, sin duda uno de los más personales de la banda hasta la fecha.
“Te lo dije…No intentes arreglar lo que está roto…entonces Ya Fue”, sin duda que hay puñetazos que duelen menos que esta frase.
El post hardcore emotivo vuelve a resonar en el disco gracias a “Veneno” (Que no, no es un cover de La Renga, no se emocionen) y donde Deny muestran una letra que te hace reflexionar tras un duelo y como encarar el camino a seguir ya en la soledad del mismo.
Con guiños a BMTH, Spiritbox y Bad Omens, pero actualizándolo aún más y con las tres voces sonando a pleno, Deny sigue evidenciando que quizás era necesario parar, tomarse un descanso y volver cuando las piezas estuvieran listas para encajar y Documento 4, es justamente el disco donde todo encaja, cada letra, cada sonido, cada una de las voces, todo está bien y en su lugar, como siempre debió ser.
Naza vuelve a tomar el timón del barco sujetándolo con fuerza en “Documento 5”, mostrando su evolución y lo bien que le ha hecho trabajar otros matices vocales, algo que también vemos en lo último que sacó con Elnueveonce, mientras que Jey parece el mismo que hace 10 años, pero con la voz mucho más compacta y ahora con los screams más concretos y mejor plasmados en las canciones.
Así pues, a Deny le han bastado nueve canciones, para volver con un disco que quizás no esperábamos y que sin embargo (sin miedo a adelantarme a los hechos), puede ser el mejor de la banda hasta la fecha, solo el tiempo lo dirá, pero de momento hay que ponerse de pie y aplaudir uno de los mejores discos de la escena alternativa argentina en este 2025 y ojalá sea el principio de una nueva etapa para la banda.


Con Amen, Igorrr vuelve a demostrar por qué es una de las propuestas más singulares del metal contemporáneo. El proyecto de Gautier Serre continúa su evolución natural tras Spirituality and Distortion, llevando su mezcla de metal, electrónica y música barroca a un nuevo nivel de coherencia y potencia. Aquí, la locura característica de Igorrr se mantiene intacta, pero todo suena más equilibrado, preciso y orgánico, fruto del trabajo conjunto de una banda plenamente consolidada. Serre consigue que cada detalle —desde una nota de clavecín hasta un rugido gutural— encaje con naturalidad en un conjunto que, pese a su complejidad, nunca se siente forzado.
El álbum abre con una fuerza impresionante, mezclando riffs pesados, coros litúrgicos y percusiones que alternan entre lo clásico y lo extremo. Canciones como “Daemoni” o “Infestis” muestran la faceta más agresiva del proyecto, con una intensidad que roza lo apocalíptico, mientras que “Limbo” y “Ancient Sun” aportan momentos de calma inquietante, dominados por voces etéreas y arreglos de cuerda que expanden el espectro sonoro. Cada tema parece formar parte de una liturgia caótica, donde lo celestial y lo terrenal conviven en un mismo espacio.
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En el centro del disco aparecen los toques más extravagantes que siempre han definido a Igorrr. Temas como “Headbutt” o “Blastbeat Falafel” mezclan humor, caos y virtuosismo, con cambios de ritmo imposibles, secciones electrónicas delirantes y una producción tan detallada como impredecible. Estos momentos de locura funcionan como recordatorio de que la experimentación sigue siendo el alma del proyecto y que, incluso en su versión más pulida, Igorrr no pierde su espíritu salvaje ni su gusto por el absurdo.
Uno de los mayores logros de Amen es cómo combina lo sagrado y lo profano sin caer en el exceso gratuito. Los coros y arreglos orquestales se entrelazan con guitarras distorsionadas y bases electrónicas sin perder coherencia, creando un sonido monumental que logra ser tanto solemne como visceral. Hay una sensación de equilibrio constante: entre brutalidad y belleza, entre técnica y emoción, entre control y caos.
En definitiva, Amen es Igorrr en su mejor momento: un trabajo ambicioso, poderoso y perfectamente equilibrado entre furia, elegancia y experimentación. Es la prueba de que Gautier Serre sigue siendo uno de los creadores más originales y audaces del metal actual, capaz de unir mundos opuestos con una naturalidad asombrosa. Más que un simple disco, Amen es una experiencia que reafirma que el arte extremo también puede ser profundamente humano.


Cuando se habla de heavy metal alemán, Rage ocupa un lugar de honor entre los grandes veteranos del género. Desde sus inicios en 1983 bajo el nombre de Avenger, hasta su consolidación como Rage en 1986, la banda liderada por Peavy Wagner ha demostrado una impresionante capacidad de reinvención sin perder su esencia. Su nuevo trabajo, A New World Rising, confirma una vez más que Rage no solo mantiene viva su llama creativa, sino que continúa expandiendo su universo sonoro con madurez y energía renovada.
Uno de los mayores méritos de Rage ha sido siempre la fidelidad a su propio estilo. A lo largo de cuatro décadas, el grupo ha sabido conservar su identidad musical al tiempo que explora nuevos territorios, desde sus colaboraciones con la Lingua Mortis Orchestra hasta incursiones más agresivas en el terreno del thrash metal. En este álbum, esa fórmula vuelve a brillar: guitarras afiladas, melodías potentes y la inconfundible voz de Peavy crean una experiencia tan familiar como revitalizante.
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El disco abre con la pieza homónima “A New World Rising”, una introducción que prepara el terreno para la explosiva “Innovation”, toda una declaración de principios. El mensaje es claro: Rage no se conforma con el pasado, sino que sigue mirando hacia adelante. Esta actitud se extiende por todo el álbum, que rebosa energía positiva y una visión esperanzadora, especialmente en temas como “Freedom”, donde los coros contagiosos y el solo de guitarra cargado de optimismo invitan al oyente a celebrar la vida y la música.
Canciones como “We’ll Find a Way” o “Fire in Your Eyes” refuerzan esa atmósfera luminosa y combativa. La primera impulsa con riffs sólidos y un espíritu de superación, mientras que la segunda rinde homenaje a la comunidad metalera, recordando la unión que genera esta música en todo el mundo. Por su parte, “Leave Behind” y “Paradigm Change” combinan la melodía característica de Rage con una fuerza rítmica que demuestra que la banda sigue sonando más viva que nunca.
La versatilidad también es un punto fuerte del álbum. En “Fear Out of Time”, se perciben toques modernos que actualizan el sonido sin sacrificar autenticidad, y el cierre con “Straight to Hell ’25”, una nueva versión de su clásico tema para la película Der Schuh des Manitou, funciona como un guiño tanto al pasado como al futuro del grupo.
En definitiva, A New World Rising es una obra vibrante y sincera que reafirma a Rage como un pilar indiscutible del metal europeo. Más que un simple disco, es una declaración de optimismo en tiempos inciertos, un recordatorio de que siempre hay espacio para la reinvención y la pasión. Con este lanzamiento, Rage no solo celebra su legado: demuestra que su mejor arma sigue siendo la honestidad musical y la convicción de que el metal, cuando se toca con el corazón, nunca envejece.

Crónica: Juan “Etreum” Kinder
Hay bandas cuyos lanzamientos de un nuevo disco representan un evento especial en el año. Se tratan de fechas marcadas en el calendario. Fechas que te mantienen pendiente durante todo el año. Fechas que resultan en una cuenta regresiva constante en el año, en la que día a día, hora a hora, minuto a minuto, uno va contando los segundos, esperando a que las agujas del reloj se muevan y lleguen lo más pronto posible al tan ansiado día prometido. En resumidas cuentas, se vuelven un acontecimiento representativo en el año. Y eso sucede con el nuevo trabajo de Paradise Lost.
A estas alturas, una banda con el legado y recorrido que tienen los ingleses, no precisan de mucha presentación. Precursores del Death/Doom, uno de los máximos exponentes del Gothic Metal, y un grupo que lleva más 30 años de música y trabajo a sus espaldas.
Lanzado el pasado 19 de septiembre, Ascension es el nombre del nuevo álbum de los ingleses, el decimoséptimo en su carrera, que representa su vuelta al estudio tras cinco años de silencio, luego de lo que fue su anterior obra, Obsidian (2020).
En aquella ocasión, la banda había maravillado y encandilado a más de uno, con un trabajo de metal gótico que recuperaba a los Paradise Lost más melódicos y dinámicos, más cercanos a los tiempos del Icon (1993), Draconian Times (1995), o incluso, discos más modernos como In Requiem (2007) o Tragic Idol (2012).
No obstante, el presente disco se aleja de esa premisa, y retoma la senda más densa y rocosa que habían recuperado en 2015, desde la vuelta al uso de voces guturales por parte de su vocalista, Nick Holmes. Este enfoque más pesado en sus composiciones se ve reforzado y principalmente plasmado en las guitarras. Todo el trabajo se siente mucho más lento y aletargado. Desde ese inicio melancólico con “Serpent On The Cross”, en el que las notas van cayendo lentamente, una por una como si fueran lágrimas de ángeles, se siente la densidad y opresión que predomina en el disco.
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Y es que quienes conocen a la banda, saben que el 90% de las composiciones, tienen la firma y sello del gran Greg Mackintosh. Y si hay algo que no se puede poner en duda, es el gran nivel melódico que posee y le impregna a cada una de sus canciones. Para sorpresa de nadie, el hombre con sus dedos desprende del mástil y saca a relucir varias notas que evocan distintos paisajes, en su mayoría bellos pero con cierto halo de oscuridad y lamento escondidos
“Tyrants Serenade” y “Silence Like The Grave” son dos muestras perfectas de ellos. Dos temas construidos alrededor de su melodía principal y que se quedan resonando en la cabeza de uno. Y es que una cualidad que siempre tuvo Mackintosh a la hora de componer es la de crear líneas melódicas memorables y fáciles de recordar.
Como muestra de la cantidad de recursos y trucos que posee el guitarrista, tenemos “Lay A Wreath Upon The World” y “Savage Days” en los que se nos presenta una guitarra acústica como acompañamiento mientras se aprecia el apartado vocal más limpio y relajado de Nick Holmes.
Por su parte, “Salvation” con su exquisito punteo en el estribillo y “Diluvium” reflejan el costado más Doom del disco, y hacen pensar a uno si estos temas no fueron sacados del mismísimo Shades Of God (1992).
Y es que la vibra general del trabajo es esa, la de una obra que reafirma más que nunca el regreso de la banda a sus terrenos más primigenios. Un acontecimiento, que hace 10 años, los fanáticos de la agrupación habríamos creído totalmente imposible. Sin embargo, aquí estamos. Disfrutando como lo hacíamos cuando escuchábamos Gothic (1991) y presenciando otro triunfo musical por parte de los ingleses.
Mentiría si dijera que sería un disco ideal para iniciarse con la banda, porque para eso están los clásicos y en última instancia, el anterior Obsidian, contenía elementos de todas sus etapas mejor balanceados. Aun así, para los fanáticos de la banda y el género, este Ascension tiene todos los ingredientes para liderar los tops y aparecer en los rankings de lo mejor del año. 8,5/10.


Tras más de una década forjando un sonido propio dentro del black metal europeo, Der Weg einer Freiheit regresa con Innern, su sexto álbum de estudio. Más personal y profundo que sus trabajos anteriores, este disco muestra a Nikita Kamprad en su faceta más completa: compositor, letrista y productor. También se encargó de la masterización y la mezcla. El resultado es un viaje sonoro tan brutal como introspectivo, que confirma a la banda como uno de los grandes exponentes del género en la actualidad.
A diferencia del anterior Noctvrn, este trabajo toma una dirección más agresiva, acercándose a sus discos más viejos, especialmente Finisterre de 2017. Sin embargo, no pierde la introspección ni los momentos calmos, logrando un balance muy sólido entre los distintos elementos del grupo.
El inicio con la canción “Marter” es un claro ejemplo. Una composición de nueve minutos y medio que comienza con mucha agresión y, hacia la mitad, crea una atmósfera envolvente y más relajada, para volver a cerrar con la misma velocidad e intensidad del comienzo.
Otro momento destacado es “Forlorn”, la única canción en inglés del disco. Es también la más melancólica: arranca muy tranquila, con un enfoque casi post-black, y termina de forma agresiva, cerrando el álbum con un contraste emocional muy potente.
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Las demás canciones siguen una estructura parecida, alternando entre momentos más atmosféricos y otros más agresivos. Todas están muy bien construidas y generan un flujo natural. Es común que temas tan largos y con tantas partes se sientan forzados, pero en este álbum eso no ocurre: cada momento se siente bien trabajado y surge con naturalidad.
Esto también se percibe en el disco como un todo: el final de cada canción conecta perfectamente con el principio de la siguiente. Y, más allá de ciertas similitudes generales, cada tema presenta diferencias claras respecto al anterior. Por eso el álbum no aburre y mantiene al oyente expectante, evitando que lo abandone a la mitad.
En cuanto a las letras, Kamprad vuelve a sumergirse en temáticas introspectivas: el vacío existencial, la fragilidad humana y la búsqueda de sentido. Esa profundidad lírica se complementa con paisajes sonoros que alternan entre la violencia más descarnada y pasajes etéreos de una belleza casi hipnótica.
El sonido del disco es excelente. En la mezcla, la voz está al frente y se nota el trabajo del vocalista entre disco y disco. No se limita a guturales como al principio, sino que pasa también por coros limpios y gritos más melancólicos.
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Las guitarras están muy presentes, algo que se agradece porque son el corazón del sonido de Inner. No solo aportan riffs melancólicos y texturas fantasmales en las partes más calmas, sino que también construyen muros de sonido densos y opresivos en los pasajes más extremos. La dupla de guitarras se luce en los cambios de dinámica: pasan de arpegios limpios y reverberantes a tremolos veloces y disonantes con total naturalidad, generando paisajes sonoros que transmiten tanto desesperación como belleza. En varios temas se perciben guiños al post-black metal en las capas de guitarras, que crean ambientes casi cinematográficos sin perder agresividad. Esa variedad hace que el disco sea envolvente y que cada escucha revele nuevos matices.
Por último, la base rítmica merece un párrafo aparte. El bajo ayuda a mantener la pesadez del álbum, pero a su vez complementa a las guitarras, ya sea reforzando la melodía o aportando a los climas más calmos con sonidos etéreos. Su tono es crujiente y definido, haciendo que escucharlo sea muy placentero.
La batería, por su parte, suena mucho más orgánica que en discos anteriores, en los que resultaba algo más artificial. En Inner es más fácil distinguir los distintos toms y diferenciar mejor cada golpe. La destreza del baterista Tobias Schuler es digna de destacar: logra tocar a velocidades altísimas sin perder precisión y sabe adaptarse con elegancia a los momentos más tranquilos de las composiciones.
Innern es, sin dudas, un paso firme en la evolución de Der Weg einer Freiheit. Combina la agresividad de sus primeros trabajos con la madurez compositiva de su etapa más reciente, resultando en un disco equilibrado, poderoso y emocionalmente intenso. Un lanzamiento que consolida a la banda como uno de los referentes indiscutidos del black metal actual y que muestra a Nikita Kamprad en su punto más inspirado.


Con Solastalgia, los alemanes Heretoir reafirman su posición en la escena internacional del post-black metal y blackgaze, consolidando la senda abierta por The Circle y Nightsphere. Este cuarto disco llega en un momento en que la banda ha madurado tanto en su propuesta sonora como en su capacidad para construir atmósferas densas y cargadas de emoción. Mientras algunas bandas del género se limitan a repetir fórmulas, Heretoir logra combinar agresión y melancolía con una sensibilidad que hace que cada tema se sienta como un pequeño relato dentro del conjunto. Desde las primeras notas de “The Ashen Falls”, el álbum establece un tono íntimo y potente, dejando claro que se trata de una obra que exige atención y entrega.
Grabado con atención al detalle, Solastalgia se beneficia de una producción que permite que cada instrumento respire y cada capa atmosférica se perciba con claridad. David Conrad despliega su versatilidad vocal, alternando gritos, growls y voces limpias con naturalidad, mientras que la batería de Nils Groth aporta precisión y dinamismo. El disco incorpora elementos no convencionales dentro del género, como piano, flauta y coros que funcionan como texturas cinematográficas, enriqueciendo la narrativa musical. La temática central se centra en la pérdida del mundo natural y la alienación del individuo frente a esa ausencia, reflejada tanto en las letras como en el artwork, que muestra un paisaje de desolación y aves muertas. La banda mantiene su formación estable, lo que refuerza la cohesión en la ejecución y permite explorar riesgos sonoros sin perder identidad.
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Varias piezas del disco se destacan por su fuerza emotiva y musical. El tema que da inicio al álbum actúa como puerta de entrada, con riffs post-black metal más accesibles que sirven de contrapunto a la densidad de los pasajes atmosféricos. En “Season of Grief”, la banda alcanza momentos de melancolía pura que explotan en crescendos potentes, un ejemplo perfecto de cómo Heretoir maneja las dinámicas para provocar impacto emocional. “You Are the Night” combina velocidad y dramatismo, con guitarras que se entrelazan con la batería creando tensión y liberación de manera constante. Temas como “Inertia” y “Dreamgatherer” incorporan capas y texturas ambientales, mostrando la amplitud sonora del álbum y su capacidad para alternar entre agresión y serenidad sin perder cohesión. Incluso los pasajes más extremos, cercanos al death metal o screamo, se integran con naturalidad, evitando rupturas abruptas en la narrativa general.
Dentro de la escena actual, Heretoir se consolida como referente del post-black metal moderno, capaz de atraer tanto a los seguidores del género como a oyentes de otras corrientes del metal extremo. La crítica coincide en que la banda logra un equilibrio entre tradición y experimentación, comparando su capacidad narrativa con bandas como Alcest o Deafheaven, pero con un enfoque más oscuro y dramático. Solastalgia representa una evolución respecto a sus discos anteriores, ampliando la paleta sonora y profundizando en la construcción de atmósferas densas y emotivas.


Mediante el sello No Remorse Records nos encontramos con el proximo album de estudio de la banda Feanor, titulado Hellhammer, a lanzarse el 19 de septiembre de 2025 Mezclado y masterizado por Piet Sielck, quien también es uno de los artistas invitados en esta producción, en los estudios Powerhouse. La portada es obra de Andreas Marschall quien también ha trabajo para bandas tales como Running Wild, Grave Digger, Blind Guardian, y otras.
La banda de origen argentino, actualmente cuenta con una formación internacional: Mike Stark en las voces (Suecia), Thilo Herrmann y EV Martel en las guitarras (Alemania y Brasil, respectivamente), Diana Boncheva, violines (Corea del Sur), Emiliano Wachs en los parches (Argentina) y Víctor Gustavo Acosta en bajo y teclados (también de Argentina).
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Durante más de una hora de duración, Feanor nos introduce en un mundo épico y de fantasía, con algunos toques melancólicos que nos entretiene de principio a fin. En ello colaboran los distintos invitados que participan en el disco, entre los que merecen ser destacados, más allá de Piet Sielck de Iron Savior ya mencionado, los ex Manowar Ross The Boss y David Shankle, quienes se lucen en “This One’s For You” y “Houses Of Fire”, respectivamente.
Un apartado especial es para Camilla Stark, desconocida para quien escribe estas líneas hasta este momento, la cual nos deleita con su aporte en dos de los mejores temas del álbum: “Sirens Of Death” y “The Ballad Of Beren And Luthien”. El primero de ellos, tema promocional con video incluido, muestra todo el arsenal de la banda desde el arranque, cual declaración de principios de lo que luego se viene, ya que nos muestra riffs potentes, excelentes melodías y un coro épico que obliga a entonarlo acompañando a los músicos.
“The Ballad Of Beren And Luthien”, el tema más largo del disco, por momentos nos somete en laberintos melancólicos y, por otros, nos sacude rápidamente dicha melancolía a toda velocidad. Constituyen otros puntos fuertes del álbum, “Remember The Fallen” un adecuado tributo a los caidos y “H.M.J”, un merecido homenaje a Running Wild, una de las bandas que claramente ha influenciado a Feanor desde sus inicios.
Podríamos continuar destacando cada uno de los temas del nuevo trabajo de la agrupación, como por ejemplo “The Epic Of Gilgamesh Pt2 (The Quest For Immortality)”, que continua el legado y te deja con ganas de más, pero también queremos permitirte descubrir por vos mismo cada una de las composiciones.
El nuevo trabajo de Feanor nos demuestra que cuando la totalidad de los “clichés” de un género son insertados compositivamente en los lugares adecuados aun funcionan. Es una prueba de que la correcta utilización de los elementos clásicos del género funciona y hacen a un disco perfectamente escuchable aun por aquellos que no son fanáticos del género en cuestión.


Con el avance de los medios masivos, ahora cualquier estilo de banda puede salir de cualquier lado del mundo. El stoner rock casi siempre se relaciona con los paisajes desérticos de California, aquellos creados por las canciones de gente como Kyuss y Fu Manchu, pero no pasó mucho tiempo hasta que ese sonido se expandiera por todo el mundo y ahora puedas tener rock desértico en Sudamérica, en Suecia, en Finlandia, en Japón o cualquier otro lugar, incluso en lugares que no son conocidos por su producción masiva de música pesada. Tal es el caso de Stoned Jesus, este power trio que lleva bien alta la bandera del rock fumanchero desde Ucrania.
Mientras escribía esta reseña me enteré que Ucrania tiene una parte desértica, el Arenal de Oleshky, el cual se ve como algo donde podrían haber grabado un western sin problemas, pero entre nosotros podemos decir que esa no es la imagen mental que uno se hace cuando le mencionan a Ucrania. Sin embargo, hace rato que está demostrando que para esta clase de música hace falta más una preparación mental que un contexto geográfico, y Stoned Jesus vienen demostrando hace rato que tienen el talento para ello, siendo la banda más importante de este estilo salida de su país natal. Puede que no suene tan impresionante ser un pez grande en ese lago tan chico, pero han hecho lo suficiente como terminar firmando con un sello grande como Season of Mist, editando su sexto álbum Songs To Sun este 19 de septiembre.
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Así que, ¿qué tenemos en este Songs To Sun? Incluso los más fanáticos del stoner tendrán que aceptar que la enorme mayoría de las bandas del estilo tienen fama de hacer una y otra vez el mismo álbum, aunque no sea el único género musical con esa fama. Pero Stoned Jesus han buscado darle algunas vueltas de tuerca a su propuesta con el paso de los lanzamientos.
Es más, diría que Stoned Jesus son un tanto engañosos, sin que esto sea una acusación o un insulto. Siendo una banda stoner con semejante nombre #420BlazeIt haría pensar que son un grupo tipo Bongzilla, Weedeater, Dopethrone, Belzebong y cualquier otra banda de doom cannabinoide, un sonido que se veía más en sus inicios. Pero más tarde comenzaron a meter más énfasis en el costado rockero y hasta metiendo algunas influencias de rock alternativo sin dejar de lado el fuzz de las guitarras.
Este Songs To Sun continúa las tendencias progresivas mostradas en los últimos Pilgrims y Father Light, aunque no necesariamente cayendo en las canciones de más de 10 minutos. “New Dawn” patea la puerta con un crescendo de guitarras y bajo, sumándose la batería en un ritmo lento y bastante relajado y dejando pasar casi poco más de dos minutos hasta que aparece la voz del cantante, guitarrista y líder Igor Sydorenko, recitando con esa cadencia medio blusera y dejando pasar otro minuto hasta que aparezcan los riffs. Casi tres minutos de calma hasta que de verdad exploten las guitarras puede sonar como algo excesivo, pero la onda medio postrockera funciona, y no me voy a andar quejando porque Stoned Jesus usen la dinámica de calma y ruido a lo largo de toda una canción.
“Shadowland” arranca con más riffs lentos y perezosos pero que dan paso a una sección más movida, con una dinámica de guitarra y bajo que recuerda al rock ácido de principios de los setentas: esta debe ser muy entretenida de ver en vivo. Pero la siguiente “Lost In The Rain” levanta mucho la vara, siendo un track lento pero extremadamente melódico y melancólico: Sydorenko no será un cantante particularmente virtuoso pero la manera en la que canta acá es emocionante, y termina creando una sinergia con la instrumentación donde ambos se elevan.
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“Low” sorprende al arrancar como una canción típica de Stoned Jesus, con sus riffs saltarines y distorsionados, para poco después de la mitad desembocar en una sección inesperada de tintes blackmetaleros, con blast beats y voces gritadas. “See You On The Road” vuelve a los caminos tradicionales y le hace honor a su título con una atmósfera rutera, pero aparte de la precisión del bajista Andrew Rodin creo que el MVP de la canción termina siendo el baterista Yurii Kononov, con ese doble bombo violento que saca de la nada y que funciona de una manera extrañamente efectiva para lo que es el estilo de Stoned Jesus.
El final llega con “Quicksand”, la más larga de Songs To Sun con casi 10 minutos. Esta larguísima composición está casi estructurada como dos canciones, con una sección larga marcada por las guitarras acústicas y más baterías precisas, poco a poco agregando más instrumentos y poniéndose más ruidosa, no sólo con la distorsión de la guitarra sino también con Sydorenko elevando y forzando la voz y dándole un toque más desesperado y oscuro, una característica que se ha hecho cada vez más presente en los trabajos de Stoned Jesus. Junto con “Shadowland”, diría que esta es mi canción favorita de Songs To Sun, manteniendo el estilo rockero de la banda pero dándole un toque atmosférico.
Songs To Sun es un disco creado como una unidad, para escucharse de principio a fin con sus canciones largas y progresivas. ¿Caen en algunos momentos demasiado clichés del stoner? Sí, no sorprende, pero creo que es un trabajo que agradará a los que les hayan gustado los últimos álbumes de Stoned Jesus, sobre todo si les gustaron esos momentos más oscuros y progresivos, además de tener ese par de momentos experimentales aunque por momentos medio metidos con calzador. Interesante sin volar la cabeza, denle una oportunidad.


La banda australiana Nicolas Cage Fighter regresa con su segundo disco, I Watched You Burn, un trabajo que refuerza su lugar en la escena extrema. Si con su debut The Bones That Grew From Pain (2022) ya habían dejado claro que no estaban para medias tintas, aquí muestran más madurez y un enfoque más variado, aunque sin perder la ferocidad que los caracteriza.
El álbum arranca con la canción homónima, “I Watched You Burn”, y desde los primeros segundos es evidente que la intensidad no va a dar respiro. Hay riffs afilados, baterías que suenan como metralla y un ambiente oscuro que atraviesa todo el disco. Temas como “Valley of Agony” o “The Executioner” combinan la brutalidad del death metal con la pegada directa del hardcore, logrando canciones que funcionan tanto en disco como en el escenario.
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A diferencia de su primer trabajo, esta vez el grupo juega más con los cambios de ritmo y las atmósferas. “Godforsaken Silence” pasa de pasajes veloces a riffs lentos y pesados, mientras que “Tempest” abre con un aire cercano al thrash. Esa capacidad de moverse entre estilos le da frescura al disco y hace que cada tema tenga su propio carácter.
No falta la oscuridad que ya es marca de la casa. En “Garden of the Grieving Mother” y “Legacies of Dust” se percibe un interés por explorar distintas capas de agresión, siempre en línea con unas letras cargadas de imágenes apocalípticas. Incluso en canciones algo más clásicas dentro del deathcore, como “Death in Bloom”, la banda mantiene el pulso y demuestra oficio.
En definitiva, I Watched You Burn es un paso adelante para Nicolas Cage Fighter. Más variado, más calculado y con la misma rabia que antes, confirma que el grupo no quiere ser solo otro nombre más dentro del deathcore, sino construir su propio espacio en un género saturado. Es un disco denso y agresivo, pero también inteligente en su forma de golpear.



Tras 13 años de espera, tenemos en nuestras manos un nuevo álbum de Biohazard. A decir verdad, no me esperaba que fuéramos a tener un nuevo disco por parte de los hardcore en algún momento: con las idas y venidas de múltiples miembros entre 2011 y 2022 parecía que el grupo había entrado en el mismo periodo que algo como SOAD, en ese limbo interminable donde la banda está en plena actividad y en plena pausa al mismo tiempo. Pero por fin en julio último tuvimos el anuncio y la salida del primer single de este Divided We Fall, con fecha de salida del 17 de octubre a través de Black II Black.
Ahora, ¿qué cabría esperar de parte de un nuevo disco de Biohazard en 2025? O, mejor dicho, ¿cabría esperar algo de un nuevo disco de Biohazard en 2025? Los últimos 30 años de la banda han estado marcados por discos bastante mediocres, pero por otro lado siempre me gusta guardar un mínimo de esperanza: si el día de mañana Metallica anunciara nuevo álbum estaría ansioso por escucharlo, aunque lo más seguro es que vaya a escucharlo una o tal vez dos veces y después nunca más en mi vida. Tal vez la casi década y media de espera desde el álbum anterior le haya venido bien al combo hardcore para replantearse un par de cosas y volver al ruedo con algo que se merezca un par de escuchas. Están de vuelta con la formación clásica, así que un mínimo de esperanza nunca viene mal, ¿eh?
Le damos play a este Divided We Fall, un título que es toda una declaración de principios, y tiramos la sutileza por la ventana con “Fuck The System”. Arrancará con una intro un tanto larga y lenta, pero no pasa mucho hasta que dan rienda suelta a un riff punk hardcore bien directo y a la yugular, con esos coros pandilleros marca registrada de Biohazard. Y cerca del final tenemos otra marca característica de la banda con un verso rapeado, con esa cadencia a lo Run-DMC.
Y si la intro era un tanto larga en la primera, “Forsaken” ya arranca desde el primer segundo pateando la puerta, con un estribillo de corte thrashero clásico.”Eyes On Six” tiene otra instancia de rap al que además le agregan esa atmósfera bien pandillera de barrios bajos, mientras que “War Inside Me” es otro bombazo con un riff bien para abrirle la cabeza al que uno tenga al lado.
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Por otro lado, “Fight To Be Free” y “Warriors” son las únicas donde bajan un poco las revoluciones durante toda la canción, aunque no tanto la intensidad, dándole un poco más de groove al sonido: en el resto de las canciones Biohazard se enfocan en el hardcore más veloz, con guitarras gruesas y con Evan Seinfeld y Billy Graziadei repartiéndose los gritos. Y ya que antes mencionamos el rap, la más particular de las canciones es “S.I.T.F.O.A.” (siglas de “Strength In The Face Of Adversity”, como nos indica el estribillo), donde Biohazard no confinan el rap a una única sección sino que se extienden a lo largo de todo el track.
Divided We Fall es un disco con las revoluciones a pleno durante casi toda su duración, como cabría esperar de parte de Biohazard. Pero después de un par de escuchas queda claro que para este álbum Biohazard parecen haberse asegurado de eliminar los excesos y mantener lo justo y necesario para el álbum. 11 canciones en 38 minutos es una cantidad y duración perfecta para Divided We Fall y viene muy bien considerando que en más de una ocasión Biohazard ha superado los 50 minutos en sus álbumes.
¿Acaso Divided We Fall me parece uno de los mejores discos del año? Eh, tampoco nos vayamos tan al carajo, chicos. Este décimo álbum de Biohazard tiene sus puntos en contra bastante claros: es bastante repetitivo en cuanto a estructuras y temas, hay pocas o nulas variantes entre canciones y el sonido se puede poner un tanto caótico en cuanto a mezcla, como suele ser el gran pecado de la producción pesada moderna.
Ahora, ¿acaso Divided We Fall me parece el mejor álbum de Biohazard en un largo tiempo? Ahí sí que puedo dar una respuesta afirmativa: aunque se pueda poner repetitivo el disco termina antes de que se pueda hacer incómodo, las guitarras suenan gruesas, los coros pandilleros son muy entretenidos y escuchar canciones como “Eyes On Six” o “Warriors” da ganas de comenzar un pogo en el living de tu casa. Y todo esto lo lograron sin hacer un cambio grande de sonido o de estética: en todos los aspectos Divided We Fall se siente como un disco que Biohazard podría haber sacado en cualquier momento, al punto tal de que viendo los títulos de las canciones me asombra que no hubieran usado varios de ellos antes. A veces la fórmula no está rota, sólo le hace falta ajustar unas tuercas y que todo vuelva a la normalidad.
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Los chicos de Deny vuelven este 2025 y por todo lo alto, ya que no solamente provocaron la sorpresa y alegría de sus seguidores tras 7 años sin juntarse, si no que además, confirmaron la salida de su cuarto disco de estudio y con la formación clásica, o al menos los tres pilares fundamentales de la banda: Nazareno Gómez Antolini en voz, Juan Pablo “Jey” Uberti en bajo y voz y Joaco Ortega en guitarra y voz limpia.
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Con los primeros cuatro adelantos del disco, ya podíamos hacernos una idea de que la banda volvía a sus raíces combinando lo mejor de estilos como el post hardcore, el metalcore más melódico, algo de metal moderno y una pizca de pop punk core, obteniendo como resultado “El Cielo”, un cañoñazo impecable que hizo las delicias de sus seguidores y donde el trio de voces volvía sonar como antaño.
Con “Incendio”, pararon el corazón de de todos con un Jey impresionante a las voces y sonando como si fuese la década pasada y combinándose a las mil maravillas con Naza en los “Screams” y Joaco por supuesto dibujando las melodías que tan bien se le ha dado siempre desde los comienzos de la banda y que hoy son signo de identidad en la misma sin nada que envidiar a las bandas internacionales del género.
Sin embargo con la salida de “K.R.O.P.E” dieron vuelta la página con un sonido pesado, moderno y siendo Naza el protagonista con esa voz gritada que te patea en la cara desde el segundo en el que pulsas play y Jey brillando en el estribillo al más puro estilo Spencer Chamberlain de Underoath, siendo esta pieza una suerte entre Korn, Stray From The Path, Underoath y quizás Unity TX.
Deny tampoco se ha querido olvidar de su lado más melódico y por eso en “Lo Que Queda”, Joaco tiene su momento para lucirse y plasmar una pieza de pop punk medio alternativo en la onda de bandas como Sentencia Previa o Neck Deep y con Jey haciéndole la segunda de manera fantástica y demostrando que cuando quieren no tienen apenas rivales dentro de la escena ya no solo argentina si no de toda Latinoamérica.
El resto del disco, tampoco se queda atrás y plasma al 100% lo que es Deny este 2025 y como la madurez musical les ha venido de perlas, pero sin necesidad de perder el ADN de la banda.
El interludio “1/2/3”, es un guiño a sus trabajos anteriores, que seguro los seguidores de la banda captarán al instante y oxigena al disco antes de la segunda mitad del mismo.
En “Legado”, vemos el lado más pesado de los chicos, con un “break” final que te parte en dos y que suena más concreto que muchas canciones de bandas de fuera, demostrando su valía y como su vuelta ha sido uno de los mejores momentos de la escena este año en el país albiceleste.
Por el contrario, “Ya Fue”, es una intensa, emotiva y hasta dolorosa pieza semi acústica donde el dueto vocal entre Jey y Joaco, pone los pelos de punta a cualquiera que pulse play y que haya pasado por una ruptura, por que la letra es un golpe de realidad cuando sabes que esa persona ya no va volver y tienes que aceptarlo, lo que pasa es que muchas veces cuesta aceptar la despedida final y ellos lo han plasmado a la perfección en este tema, sin duda uno de los más personales de la banda hasta la fecha.
“Te lo dije…No intentes arreglar lo que está roto…entonces Ya Fue”, sin duda que hay puñetazos que duelen menos que esta frase.
El post hardcore emotivo vuelve a resonar en el disco gracias a “Veneno” (Que no, no es un cover de La Renga, no se emocionen) y donde Deny muestran una letra que te hace reflexionar tras un duelo y como encarar el camino a seguir ya en la soledad del mismo.
Con guiños a BMTH, Spiritbox y Bad Omens, pero actualizándolo aún más y con las tres voces sonando a pleno, Deny sigue evidenciando que quizás era necesario parar, tomarse un descanso y volver cuando las piezas estuvieran listas para encajar y Documento 4, es justamente el disco donde todo encaja, cada letra, cada sonido, cada una de las voces, todo está bien y en su lugar, como siempre debió ser.
Naza vuelve a tomar el timón del barco sujetándolo con fuerza en “Documento 5”, mostrando su evolución y lo bien que le ha hecho trabajar otros matices vocales, algo que también vemos en lo último que sacó con Elnueveonce, mientras que Jey parece el mismo que hace 10 años, pero con la voz mucho más compacta y ahora con los screams más concretos y mejor plasmados en las canciones.
Así pues, a Deny le han bastado nueve canciones, para volver con un disco que quizás no esperábamos y que sin embargo (sin miedo a adelantarme a los hechos), puede ser el mejor de la banda hasta la fecha, solo el tiempo lo dirá, pero de momento hay que ponerse de pie y aplaudir uno de los mejores discos de la escena alternativa argentina en este 2025 y ojalá sea el principio de una nueva etapa para la banda.


Con Amen, Igorrr vuelve a demostrar por qué es una de las propuestas más singulares del metal contemporáneo. El proyecto de Gautier Serre continúa su evolución natural tras Spirituality and Distortion, llevando su mezcla de metal, electrónica y música barroca a un nuevo nivel de coherencia y potencia. Aquí, la locura característica de Igorrr se mantiene intacta, pero todo suena más equilibrado, preciso y orgánico, fruto del trabajo conjunto de una banda plenamente consolidada. Serre consigue que cada detalle —desde una nota de clavecín hasta un rugido gutural— encaje con naturalidad en un conjunto que, pese a su complejidad, nunca se siente forzado.
El álbum abre con una fuerza impresionante, mezclando riffs pesados, coros litúrgicos y percusiones que alternan entre lo clásico y lo extremo. Canciones como “Daemoni” o “Infestis” muestran la faceta más agresiva del proyecto, con una intensidad que roza lo apocalíptico, mientras que “Limbo” y “Ancient Sun” aportan momentos de calma inquietante, dominados por voces etéreas y arreglos de cuerda que expanden el espectro sonoro. Cada tema parece formar parte de una liturgia caótica, donde lo celestial y lo terrenal conviven en un mismo espacio.
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En el centro del disco aparecen los toques más extravagantes que siempre han definido a Igorrr. Temas como “Headbutt” o “Blastbeat Falafel” mezclan humor, caos y virtuosismo, con cambios de ritmo imposibles, secciones electrónicas delirantes y una producción tan detallada como impredecible. Estos momentos de locura funcionan como recordatorio de que la experimentación sigue siendo el alma del proyecto y que, incluso en su versión más pulida, Igorrr no pierde su espíritu salvaje ni su gusto por el absurdo.
Uno de los mayores logros de Amen es cómo combina lo sagrado y lo profano sin caer en el exceso gratuito. Los coros y arreglos orquestales se entrelazan con guitarras distorsionadas y bases electrónicas sin perder coherencia, creando un sonido monumental que logra ser tanto solemne como visceral. Hay una sensación de equilibrio constante: entre brutalidad y belleza, entre técnica y emoción, entre control y caos.
En definitiva, Amen es Igorrr en su mejor momento: un trabajo ambicioso, poderoso y perfectamente equilibrado entre furia, elegancia y experimentación. Es la prueba de que Gautier Serre sigue siendo uno de los creadores más originales y audaces del metal actual, capaz de unir mundos opuestos con una naturalidad asombrosa. Más que un simple disco, Amen es una experiencia que reafirma que el arte extremo también puede ser profundamente humano.


Cuando se habla de heavy metal alemán, Rage ocupa un lugar de honor entre los grandes veteranos del género. Desde sus inicios en 1983 bajo el nombre de Avenger, hasta su consolidación como Rage en 1986, la banda liderada por Peavy Wagner ha demostrado una impresionante capacidad de reinvención sin perder su esencia. Su nuevo trabajo, A New World Rising, confirma una vez más que Rage no solo mantiene viva su llama creativa, sino que continúa expandiendo su universo sonoro con madurez y energía renovada.
Uno de los mayores méritos de Rage ha sido siempre la fidelidad a su propio estilo. A lo largo de cuatro décadas, el grupo ha sabido conservar su identidad musical al tiempo que explora nuevos territorios, desde sus colaboraciones con la Lingua Mortis Orchestra hasta incursiones más agresivas en el terreno del thrash metal. En este álbum, esa fórmula vuelve a brillar: guitarras afiladas, melodías potentes y la inconfundible voz de Peavy crean una experiencia tan familiar como revitalizante.
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El disco abre con la pieza homónima “A New World Rising”, una introducción que prepara el terreno para la explosiva “Innovation”, toda una declaración de principios. El mensaje es claro: Rage no se conforma con el pasado, sino que sigue mirando hacia adelante. Esta actitud se extiende por todo el álbum, que rebosa energía positiva y una visión esperanzadora, especialmente en temas como “Freedom”, donde los coros contagiosos y el solo de guitarra cargado de optimismo invitan al oyente a celebrar la vida y la música.
Canciones como “We’ll Find a Way” o “Fire in Your Eyes” refuerzan esa atmósfera luminosa y combativa. La primera impulsa con riffs sólidos y un espíritu de superación, mientras que la segunda rinde homenaje a la comunidad metalera, recordando la unión que genera esta música en todo el mundo. Por su parte, “Leave Behind” y “Paradigm Change” combinan la melodía característica de Rage con una fuerza rítmica que demuestra que la banda sigue sonando más viva que nunca.
La versatilidad también es un punto fuerte del álbum. En “Fear Out of Time”, se perciben toques modernos que actualizan el sonido sin sacrificar autenticidad, y el cierre con “Straight to Hell ’25”, una nueva versión de su clásico tema para la película Der Schuh des Manitou, funciona como un guiño tanto al pasado como al futuro del grupo.
En definitiva, A New World Rising es una obra vibrante y sincera que reafirma a Rage como un pilar indiscutible del metal europeo. Más que un simple disco, es una declaración de optimismo en tiempos inciertos, un recordatorio de que siempre hay espacio para la reinvención y la pasión. Con este lanzamiento, Rage no solo celebra su legado: demuestra que su mejor arma sigue siendo la honestidad musical y la convicción de que el metal, cuando se toca con el corazón, nunca envejece.

Crónica: Juan “Etreum” Kinder
Hay bandas cuyos lanzamientos de un nuevo disco representan un evento especial en el año. Se tratan de fechas marcadas en el calendario. Fechas que te mantienen pendiente durante todo el año. Fechas que resultan en una cuenta regresiva constante en el año, en la que día a día, hora a hora, minuto a minuto, uno va contando los segundos, esperando a que las agujas del reloj se muevan y lleguen lo más pronto posible al tan ansiado día prometido. En resumidas cuentas, se vuelven un acontecimiento representativo en el año. Y eso sucede con el nuevo trabajo de Paradise Lost.
A estas alturas, una banda con el legado y recorrido que tienen los ingleses, no precisan de mucha presentación. Precursores del Death/Doom, uno de los máximos exponentes del Gothic Metal, y un grupo que lleva más 30 años de música y trabajo a sus espaldas.
Lanzado el pasado 19 de septiembre, Ascension es el nombre del nuevo álbum de los ingleses, el decimoséptimo en su carrera, que representa su vuelta al estudio tras cinco años de silencio, luego de lo que fue su anterior obra, Obsidian (2020).
En aquella ocasión, la banda había maravillado y encandilado a más de uno, con un trabajo de metal gótico que recuperaba a los Paradise Lost más melódicos y dinámicos, más cercanos a los tiempos del Icon (1993), Draconian Times (1995), o incluso, discos más modernos como In Requiem (2007) o Tragic Idol (2012).
No obstante, el presente disco se aleja de esa premisa, y retoma la senda más densa y rocosa que habían recuperado en 2015, desde la vuelta al uso de voces guturales por parte de su vocalista, Nick Holmes. Este enfoque más pesado en sus composiciones se ve reforzado y principalmente plasmado en las guitarras. Todo el trabajo se siente mucho más lento y aletargado. Desde ese inicio melancólico con “Serpent On The Cross”, en el que las notas van cayendo lentamente, una por una como si fueran lágrimas de ángeles, se siente la densidad y opresión que predomina en el disco.
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Y es que quienes conocen a la banda, saben que el 90% de las composiciones, tienen la firma y sello del gran Greg Mackintosh. Y si hay algo que no se puede poner en duda, es el gran nivel melódico que posee y le impregna a cada una de sus canciones. Para sorpresa de nadie, el hombre con sus dedos desprende del mástil y saca a relucir varias notas que evocan distintos paisajes, en su mayoría bellos pero con cierto halo de oscuridad y lamento escondidos
“Tyrants Serenade” y “Silence Like The Grave” son dos muestras perfectas de ellos. Dos temas construidos alrededor de su melodía principal y que se quedan resonando en la cabeza de uno. Y es que una cualidad que siempre tuvo Mackintosh a la hora de componer es la de crear líneas melódicas memorables y fáciles de recordar.
Como muestra de la cantidad de recursos y trucos que posee el guitarrista, tenemos “Lay A Wreath Upon The World” y “Savage Days” en los que se nos presenta una guitarra acústica como acompañamiento mientras se aprecia el apartado vocal más limpio y relajado de Nick Holmes.
Por su parte, “Salvation” con su exquisito punteo en el estribillo y “Diluvium” reflejan el costado más Doom del disco, y hacen pensar a uno si estos temas no fueron sacados del mismísimo Shades Of God (1992).
Y es que la vibra general del trabajo es esa, la de una obra que reafirma más que nunca el regreso de la banda a sus terrenos más primigenios. Un acontecimiento, que hace 10 años, los fanáticos de la agrupación habríamos creído totalmente imposible. Sin embargo, aquí estamos. Disfrutando como lo hacíamos cuando escuchábamos Gothic (1991) y presenciando otro triunfo musical por parte de los ingleses.
Mentiría si dijera que sería un disco ideal para iniciarse con la banda, porque para eso están los clásicos y en última instancia, el anterior Obsidian, contenía elementos de todas sus etapas mejor balanceados. Aun así, para los fanáticos de la banda y el género, este Ascension tiene todos los ingredientes para liderar los tops y aparecer en los rankings de lo mejor del año. 8,5/10.


Tras más de una década forjando un sonido propio dentro del black metal europeo, Der Weg einer Freiheit regresa con Innern, su sexto álbum de estudio. Más personal y profundo que sus trabajos anteriores, este disco muestra a Nikita Kamprad en su faceta más completa: compositor, letrista y productor. También se encargó de la masterización y la mezcla. El resultado es un viaje sonoro tan brutal como introspectivo, que confirma a la banda como uno de los grandes exponentes del género en la actualidad.
A diferencia del anterior Noctvrn, este trabajo toma una dirección más agresiva, acercándose a sus discos más viejos, especialmente Finisterre de 2017. Sin embargo, no pierde la introspección ni los momentos calmos, logrando un balance muy sólido entre los distintos elementos del grupo.
El inicio con la canción “Marter” es un claro ejemplo. Una composición de nueve minutos y medio que comienza con mucha agresión y, hacia la mitad, crea una atmósfera envolvente y más relajada, para volver a cerrar con la misma velocidad e intensidad del comienzo.
Otro momento destacado es “Forlorn”, la única canción en inglés del disco. Es también la más melancólica: arranca muy tranquila, con un enfoque casi post-black, y termina de forma agresiva, cerrando el álbum con un contraste emocional muy potente.
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Las demás canciones siguen una estructura parecida, alternando entre momentos más atmosféricos y otros más agresivos. Todas están muy bien construidas y generan un flujo natural. Es común que temas tan largos y con tantas partes se sientan forzados, pero en este álbum eso no ocurre: cada momento se siente bien trabajado y surge con naturalidad.
Esto también se percibe en el disco como un todo: el final de cada canción conecta perfectamente con el principio de la siguiente. Y, más allá de ciertas similitudes generales, cada tema presenta diferencias claras respecto al anterior. Por eso el álbum no aburre y mantiene al oyente expectante, evitando que lo abandone a la mitad.
En cuanto a las letras, Kamprad vuelve a sumergirse en temáticas introspectivas: el vacío existencial, la fragilidad humana y la búsqueda de sentido. Esa profundidad lírica se complementa con paisajes sonoros que alternan entre la violencia más descarnada y pasajes etéreos de una belleza casi hipnótica.
El sonido del disco es excelente. En la mezcla, la voz está al frente y se nota el trabajo del vocalista entre disco y disco. No se limita a guturales como al principio, sino que pasa también por coros limpios y gritos más melancólicos.
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Las guitarras están muy presentes, algo que se agradece porque son el corazón del sonido de Inner. No solo aportan riffs melancólicos y texturas fantasmales en las partes más calmas, sino que también construyen muros de sonido densos y opresivos en los pasajes más extremos. La dupla de guitarras se luce en los cambios de dinámica: pasan de arpegios limpios y reverberantes a tremolos veloces y disonantes con total naturalidad, generando paisajes sonoros que transmiten tanto desesperación como belleza. En varios temas se perciben guiños al post-black metal en las capas de guitarras, que crean ambientes casi cinematográficos sin perder agresividad. Esa variedad hace que el disco sea envolvente y que cada escucha revele nuevos matices.
Por último, la base rítmica merece un párrafo aparte. El bajo ayuda a mantener la pesadez del álbum, pero a su vez complementa a las guitarras, ya sea reforzando la melodía o aportando a los climas más calmos con sonidos etéreos. Su tono es crujiente y definido, haciendo que escucharlo sea muy placentero.
La batería, por su parte, suena mucho más orgánica que en discos anteriores, en los que resultaba algo más artificial. En Inner es más fácil distinguir los distintos toms y diferenciar mejor cada golpe. La destreza del baterista Tobias Schuler es digna de destacar: logra tocar a velocidades altísimas sin perder precisión y sabe adaptarse con elegancia a los momentos más tranquilos de las composiciones.
Innern es, sin dudas, un paso firme en la evolución de Der Weg einer Freiheit. Combina la agresividad de sus primeros trabajos con la madurez compositiva de su etapa más reciente, resultando en un disco equilibrado, poderoso y emocionalmente intenso. Un lanzamiento que consolida a la banda como uno de los referentes indiscutidos del black metal actual y que muestra a Nikita Kamprad en su punto más inspirado.


Con Solastalgia, los alemanes Heretoir reafirman su posición en la escena internacional del post-black metal y blackgaze, consolidando la senda abierta por The Circle y Nightsphere. Este cuarto disco llega en un momento en que la banda ha madurado tanto en su propuesta sonora como en su capacidad para construir atmósferas densas y cargadas de emoción. Mientras algunas bandas del género se limitan a repetir fórmulas, Heretoir logra combinar agresión y melancolía con una sensibilidad que hace que cada tema se sienta como un pequeño relato dentro del conjunto. Desde las primeras notas de “The Ashen Falls”, el álbum establece un tono íntimo y potente, dejando claro que se trata de una obra que exige atención y entrega.
Grabado con atención al detalle, Solastalgia se beneficia de una producción que permite que cada instrumento respire y cada capa atmosférica se perciba con claridad. David Conrad despliega su versatilidad vocal, alternando gritos, growls y voces limpias con naturalidad, mientras que la batería de Nils Groth aporta precisión y dinamismo. El disco incorpora elementos no convencionales dentro del género, como piano, flauta y coros que funcionan como texturas cinematográficas, enriqueciendo la narrativa musical. La temática central se centra en la pérdida del mundo natural y la alienación del individuo frente a esa ausencia, reflejada tanto en las letras como en el artwork, que muestra un paisaje de desolación y aves muertas. La banda mantiene su formación estable, lo que refuerza la cohesión en la ejecución y permite explorar riesgos sonoros sin perder identidad.
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Varias piezas del disco se destacan por su fuerza emotiva y musical. El tema que da inicio al álbum actúa como puerta de entrada, con riffs post-black metal más accesibles que sirven de contrapunto a la densidad de los pasajes atmosféricos. En “Season of Grief”, la banda alcanza momentos de melancolía pura que explotan en crescendos potentes, un ejemplo perfecto de cómo Heretoir maneja las dinámicas para provocar impacto emocional. “You Are the Night” combina velocidad y dramatismo, con guitarras que se entrelazan con la batería creando tensión y liberación de manera constante. Temas como “Inertia” y “Dreamgatherer” incorporan capas y texturas ambientales, mostrando la amplitud sonora del álbum y su capacidad para alternar entre agresión y serenidad sin perder cohesión. Incluso los pasajes más extremos, cercanos al death metal o screamo, se integran con naturalidad, evitando rupturas abruptas en la narrativa general.
Dentro de la escena actual, Heretoir se consolida como referente del post-black metal moderno, capaz de atraer tanto a los seguidores del género como a oyentes de otras corrientes del metal extremo. La crítica coincide en que la banda logra un equilibrio entre tradición y experimentación, comparando su capacidad narrativa con bandas como Alcest o Deafheaven, pero con un enfoque más oscuro y dramático. Solastalgia representa una evolución respecto a sus discos anteriores, ampliando la paleta sonora y profundizando en la construcción de atmósferas densas y emotivas.


Mediante el sello No Remorse Records nos encontramos con el proximo album de estudio de la banda Feanor, titulado Hellhammer, a lanzarse el 19 de septiembre de 2025 Mezclado y masterizado por Piet Sielck, quien también es uno de los artistas invitados en esta producción, en los estudios Powerhouse. La portada es obra de Andreas Marschall quien también ha trabajo para bandas tales como Running Wild, Grave Digger, Blind Guardian, y otras.
La banda de origen argentino, actualmente cuenta con una formación internacional: Mike Stark en las voces (Suecia), Thilo Herrmann y EV Martel en las guitarras (Alemania y Brasil, respectivamente), Diana Boncheva, violines (Corea del Sur), Emiliano Wachs en los parches (Argentina) y Víctor Gustavo Acosta en bajo y teclados (también de Argentina).
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Durante más de una hora de duración, Feanor nos introduce en un mundo épico y de fantasía, con algunos toques melancólicos que nos entretiene de principio a fin. En ello colaboran los distintos invitados que participan en el disco, entre los que merecen ser destacados, más allá de Piet Sielck de Iron Savior ya mencionado, los ex Manowar Ross The Boss y David Shankle, quienes se lucen en “This One’s For You” y “Houses Of Fire”, respectivamente.
Un apartado especial es para Camilla Stark, desconocida para quien escribe estas líneas hasta este momento, la cual nos deleita con su aporte en dos de los mejores temas del álbum: “Sirens Of Death” y “The Ballad Of Beren And Luthien”. El primero de ellos, tema promocional con video incluido, muestra todo el arsenal de la banda desde el arranque, cual declaración de principios de lo que luego se viene, ya que nos muestra riffs potentes, excelentes melodías y un coro épico que obliga a entonarlo acompañando a los músicos.
“The Ballad Of Beren And Luthien”, el tema más largo del disco, por momentos nos somete en laberintos melancólicos y, por otros, nos sacude rápidamente dicha melancolía a toda velocidad. Constituyen otros puntos fuertes del álbum, “Remember The Fallen” un adecuado tributo a los caidos y “H.M.J”, un merecido homenaje a Running Wild, una de las bandas que claramente ha influenciado a Feanor desde sus inicios.
Podríamos continuar destacando cada uno de los temas del nuevo trabajo de la agrupación, como por ejemplo “The Epic Of Gilgamesh Pt2 (The Quest For Immortality)”, que continua el legado y te deja con ganas de más, pero también queremos permitirte descubrir por vos mismo cada una de las composiciones.
El nuevo trabajo de Feanor nos demuestra que cuando la totalidad de los “clichés” de un género son insertados compositivamente en los lugares adecuados aun funcionan. Es una prueba de que la correcta utilización de los elementos clásicos del género funciona y hacen a un disco perfectamente escuchable aun por aquellos que no son fanáticos del género en cuestión.


Con el avance de los medios masivos, ahora cualquier estilo de banda puede salir de cualquier lado del mundo. El stoner rock casi siempre se relaciona con los paisajes desérticos de California, aquellos creados por las canciones de gente como Kyuss y Fu Manchu, pero no pasó mucho tiempo hasta que ese sonido se expandiera por todo el mundo y ahora puedas tener rock desértico en Sudamérica, en Suecia, en Finlandia, en Japón o cualquier otro lugar, incluso en lugares que no son conocidos por su producción masiva de música pesada. Tal es el caso de Stoned Jesus, este power trio que lleva bien alta la bandera del rock fumanchero desde Ucrania.
Mientras escribía esta reseña me enteré que Ucrania tiene una parte desértica, el Arenal de Oleshky, el cual se ve como algo donde podrían haber grabado un western sin problemas, pero entre nosotros podemos decir que esa no es la imagen mental que uno se hace cuando le mencionan a Ucrania. Sin embargo, hace rato que está demostrando que para esta clase de música hace falta más una preparación mental que un contexto geográfico, y Stoned Jesus vienen demostrando hace rato que tienen el talento para ello, siendo la banda más importante de este estilo salida de su país natal. Puede que no suene tan impresionante ser un pez grande en ese lago tan chico, pero han hecho lo suficiente como terminar firmando con un sello grande como Season of Mist, editando su sexto álbum Songs To Sun este 19 de septiembre.
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Así que, ¿qué tenemos en este Songs To Sun? Incluso los más fanáticos del stoner tendrán que aceptar que la enorme mayoría de las bandas del estilo tienen fama de hacer una y otra vez el mismo álbum, aunque no sea el único género musical con esa fama. Pero Stoned Jesus han buscado darle algunas vueltas de tuerca a su propuesta con el paso de los lanzamientos.
Es más, diría que Stoned Jesus son un tanto engañosos, sin que esto sea una acusación o un insulto. Siendo una banda stoner con semejante nombre #420BlazeIt haría pensar que son un grupo tipo Bongzilla, Weedeater, Dopethrone, Belzebong y cualquier otra banda de doom cannabinoide, un sonido que se veía más en sus inicios. Pero más tarde comenzaron a meter más énfasis en el costado rockero y hasta metiendo algunas influencias de rock alternativo sin dejar de lado el fuzz de las guitarras.
Este Songs To Sun continúa las tendencias progresivas mostradas en los últimos Pilgrims y Father Light, aunque no necesariamente cayendo en las canciones de más de 10 minutos. “New Dawn” patea la puerta con un crescendo de guitarras y bajo, sumándose la batería en un ritmo lento y bastante relajado y dejando pasar casi poco más de dos minutos hasta que aparece la voz del cantante, guitarrista y líder Igor Sydorenko, recitando con esa cadencia medio blusera y dejando pasar otro minuto hasta que aparezcan los riffs. Casi tres minutos de calma hasta que de verdad exploten las guitarras puede sonar como algo excesivo, pero la onda medio postrockera funciona, y no me voy a andar quejando porque Stoned Jesus usen la dinámica de calma y ruido a lo largo de toda una canción.
“Shadowland” arranca con más riffs lentos y perezosos pero que dan paso a una sección más movida, con una dinámica de guitarra y bajo que recuerda al rock ácido de principios de los setentas: esta debe ser muy entretenida de ver en vivo. Pero la siguiente “Lost In The Rain” levanta mucho la vara, siendo un track lento pero extremadamente melódico y melancólico: Sydorenko no será un cantante particularmente virtuoso pero la manera en la que canta acá es emocionante, y termina creando una sinergia con la instrumentación donde ambos se elevan.
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“Low” sorprende al arrancar como una canción típica de Stoned Jesus, con sus riffs saltarines y distorsionados, para poco después de la mitad desembocar en una sección inesperada de tintes blackmetaleros, con blast beats y voces gritadas. “See You On The Road” vuelve a los caminos tradicionales y le hace honor a su título con una atmósfera rutera, pero aparte de la precisión del bajista Andrew Rodin creo que el MVP de la canción termina siendo el baterista Yurii Kononov, con ese doble bombo violento que saca de la nada y que funciona de una manera extrañamente efectiva para lo que es el estilo de Stoned Jesus.
El final llega con “Quicksand”, la más larga de Songs To Sun con casi 10 minutos. Esta larguísima composición está casi estructurada como dos canciones, con una sección larga marcada por las guitarras acústicas y más baterías precisas, poco a poco agregando más instrumentos y poniéndose más ruidosa, no sólo con la distorsión de la guitarra sino también con Sydorenko elevando y forzando la voz y dándole un toque más desesperado y oscuro, una característica que se ha hecho cada vez más presente en los trabajos de Stoned Jesus. Junto con “Shadowland”, diría que esta es mi canción favorita de Songs To Sun, manteniendo el estilo rockero de la banda pero dándole un toque atmosférico.
Songs To Sun es un disco creado como una unidad, para escucharse de principio a fin con sus canciones largas y progresivas. ¿Caen en algunos momentos demasiado clichés del stoner? Sí, no sorprende, pero creo que es un trabajo que agradará a los que les hayan gustado los últimos álbumes de Stoned Jesus, sobre todo si les gustaron esos momentos más oscuros y progresivos, además de tener ese par de momentos experimentales aunque por momentos medio metidos con calzador. Interesante sin volar la cabeza, denle una oportunidad.


La banda australiana Nicolas Cage Fighter regresa con su segundo disco, I Watched You Burn, un trabajo que refuerza su lugar en la escena extrema. Si con su debut The Bones That Grew From Pain (2022) ya habían dejado claro que no estaban para medias tintas, aquí muestran más madurez y un enfoque más variado, aunque sin perder la ferocidad que los caracteriza.
El álbum arranca con la canción homónima, “I Watched You Burn”, y desde los primeros segundos es evidente que la intensidad no va a dar respiro. Hay riffs afilados, baterías que suenan como metralla y un ambiente oscuro que atraviesa todo el disco. Temas como “Valley of Agony” o “The Executioner” combinan la brutalidad del death metal con la pegada directa del hardcore, logrando canciones que funcionan tanto en disco como en el escenario.
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A diferencia de su primer trabajo, esta vez el grupo juega más con los cambios de ritmo y las atmósferas. “Godforsaken Silence” pasa de pasajes veloces a riffs lentos y pesados, mientras que “Tempest” abre con un aire cercano al thrash. Esa capacidad de moverse entre estilos le da frescura al disco y hace que cada tema tenga su propio carácter.
No falta la oscuridad que ya es marca de la casa. En “Garden of the Grieving Mother” y “Legacies of Dust” se percibe un interés por explorar distintas capas de agresión, siempre en línea con unas letras cargadas de imágenes apocalípticas. Incluso en canciones algo más clásicas dentro del deathcore, como “Death in Bloom”, la banda mantiene el pulso y demuestra oficio.
En definitiva, I Watched You Burn es un paso adelante para Nicolas Cage Fighter. Más variado, más calculado y con la misma rabia que antes, confirma que el grupo no quiere ser solo otro nombre más dentro del deathcore, sino construir su propio espacio en un género saturado. Es un disco denso y agresivo, pero también inteligente en su forma de golpear.







