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Impureza – Alcázares (2025)
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Hay discos que no solo se escuchan, sino que se atraviesan. Que te sacan del lugar seguro y te arrastran por senderos donde el arte deja de ser género para convertirse en rito. Eso es Alcázares, el nuevo trabajo de los franceses de sangre hispana Impureza, una banda que desde hace más de dos décadas viene tallando una propuesta única: unir la espiritualidad telúrica del flamenco con la brutalidad sacrílega del death metal más extremo. Y con este álbum, lo logran de forma total.

El viaje comienza con “Verdiales”, una breve pieza instrumental que suena a siesta andaluza atravesada por siglos de historia, y funciona como apertura simbólica de un templo sonoro: cuerdas cálidas, sabor a tierra, ecos de lo ancestral. Pero apenas se disipan los últimos acordes, se desata la tormenta con “Bajo las Tizonas de Toledo”, un temazo devastador en lo rítmico, épico en su narrativa y saturado de dramatismo. Es ahí donde aparece El Cid, no como figura mítica estancada en libros de historia, sino como encarnación de la venganza y la fe armada. Una suerte de ángel exterminador con Tizona en mano.

Impureza no hace folclore con distorsión ni Metal con condimento étnico. Lo suyo es una fusión sincera y arriesgada, donde el cante jondo se trenza con blast beats, y los acordes flamencos flotan entre atmósferas casi sinfónicas. En temas como “Pestilencia” o “La Orden del Yelmo Negro” esa alquimia se vuelve tangible. Hay secciones donde las guitarras españolas parecen batallar contra los riffs eléctricos como dos ejércitos cruzando espadas en un campo maldito.

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Las voces (siempre en castellano) de Esteban Martín aportan un dramatismo particular. No se trata solo de guturales, sino de una teatralidad de ultratumba que acentúa la dimensión ritual del álbum. A veces, un coro monástico emerge entre la violencia, generando una sensación casi cinematográfica. Pero donde Alcázares realmente sorprende es en sus pequeños grandes momentos. “Ruina del Alcázar”, por ejemplo, es un interludio instrumental donde el bajo fretless de Florian Saillard cobra protagonismo y muestra una calidez inesperada. “Murallas” es puro flamenco desatado, mientras que “Reconquistar Al-Ándalus” propone una danza macabra que por momentos te dan ganas de zapatear sobre el infierno.

No hay relleno, cada tema tiene una identidad marcada, una historia, un paisaje. La producción, a cargo de Sébastien Camhi y la masterización de Jacob Hansen, alcanza un equilibrio quirúrgico: todo suena crudo pero claro, con ese toque épico que realza lo narrativo sin perder fuerza. Este nuevo trabajo no es fácil de digerir, ni busca serlom es un disco desafiante, que exige atención y entrega pero para quien se sumerge en su mundo, la recompensa es inmensa: una experiencia artística que trasciende etiquetas y pone a Impureza en un lugar único dentro del panorama del metal extremo porque si hay algo que queda claro después de escucharlo, es que no hay otra banda que suene así.

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Heaven Shall Burn – Heimat (2025)
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Heaven Shall Burn ha sido, durante años, una institución indiscutible del metal en su Alemania natal, pero desde hace ya un buen tiempo vienen consolidando su posición como uno de los nombres más relevantes del metal contemporáneo a nivel global. Desde el lanzamiento de Wanderer en 2016, la banda ha crecido no solo en confianza, sino también en ambición, expandiendo su propuesta musical hacia nuevas fronteras con una convicción inquebrantable. En Europa Occidental, simplemente ya no hay una banda de su estilo que se les acerque en magnitud.

En 2020, en medio del caos pandémico, lanzaron su obra más ambiciosa hasta la fecha: Of Truth and Sacrifice, un álbum doble de 97 minutos que recibió algunos de los elogios más entusiastas de toda su carrera. Aunque Heaven Shall Burn lleva haciendo discos excepcionales desde hace más de dos décadas —Antigone (2004) sigue siendo una joya subestimada—, ha sido en los últimos años donde su sonido ha evolucionado con una intensidad renovada. Álbumes como Heimat no solo reafirman su peso dentro del metal moderno, sino que representan auténticos hitos en su constante evolución.

A diferencia del despliegue colosal de su predecesor, Heimat apuesta por una estructura más concisa y directa, sin sacrificar la grandiosidad ni el filo característico de la banda. El álbum abre con una obertura orquestal melancólica que da paso a “War Is the Father of All”, una declaración de intenciones épica que mezcla la pomposidad sinfónica con una furiosa descarga de groove metal, reminiscente de los mejores momentos de Machine Head. La voz de Marcus Bischoff se impone con brutalidad sobre una estructura musical que muta durante siete minutos intensos, demostrando que el grupo no tiene interés alguno en seguir fórmulas fáciles: esto es metal para aplastar sin pedir disculpas.

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A partir de ahí, Heaven Shall Burn se lanza sin frenos a recorrer todos los matices de su arsenal sonoro. “My Revocation Is Compliance” mezcla caos metalcore con death metal de alto calibre; “Empowerment” ofrece un breve respiro melódico sin perder contundencia, mientras que “Those Left Behind” conecta con sus raíces más hardcore. Dora, engañosamente titulada, es una descarga de agresión pura; y “A Silent Guard” logra combinar dramatismo cinematográfico, agresión visceral y una sensibilidad melódica oscura en un solo tema. Como si todo esto fuera poco, cierran con una versión de “Numbered” Days de Killswitch Engage que no es ni una copia calcada ni una reinterpretación forzada, sino una poderosa muestra de respeto y fuerza interpretativa.

Sin embargo, lo más impactante de Heimat es su energía. Lejos de mostrar desgaste, Heaven Shall Burn suena más hambriento que nunca, con una potencia que muchas bandas más jóvenes solo pueden aspirar a igualar.

Con Heimat, Heaven Shall Burn no solo mantiene su lugar como referente indiscutible del metal moderno, sino que deja claro que lo mejor aún podría estar por venir.

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Alestorm – The Thunderfist Chronicles (2025)
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Hoy les traigo una reseña sobre Alestorm, la peculiar banda escocesa formada en 2004 y liderada por el carismático vocalista y tecladista Christopher Bowes (creador tambien de Gloryhammer). Desde sus inicios, han defendido un estilo único y descarado: mezclar el metal con temáticas piratas, creando así el subgénero conocido como Pirate Metal. Si suena absurdo, es porque lo es… ¡y eso es precisamente lo que lo hace divertido! Desde 2015, la formación del grupo se ha mantenido estable, permitiéndoles consolidar su sonido característico y su identidad llena de humor.

Mi primer contacto con Alestorm fue en 2008 cuando publicaron: Captain Morgan’s Revenge, esa tapa me llamo la atención (creo que es la mejor de la discografía) y el disco me encanto. Le fui siguiendo perdidamente la discografía mientras me los cruzaba mas en festivales y ahi es donde termine de convencerme que esta banda no se toma nada en serio, y sin embargo, logran entretener con una mezcla irreverente de metal, folklore marino, y letras completamente absurdas. Si te gustan bandas de comedia como Tenacious D o Steel Panther, probablemente Alestorm se convierta también en uno de tus placeres culposos.

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Musicalmente, Alestorm destaca por su talento a pesar de su humor escatológico. Aunque sus letras puedan distraer o no hacer gracia siempre, la banda compensa con una ejecución sólida: guitarras potentes a cargo de Máté Bodor, una sección rítmica muy bien sincronizada con Gareth Murdock al bajo y Peter Alcorn en batería, y los teclados de Elliot Vernon, quien también aporta voces guturales en momentos clave. Su nuevo trabajo, The Thunderfist Chronicles, es el octavo álbum de estudio y muestra una vez más su fórmula habitual: folk, power metal y letras tan ridículas como pegajosas.

Las letras siguen siendo tan grotescas como graciosas, con frases como: “Are you a c**t, or do you drink rum?”, “Tonight we’re gonna party like it’s 1699” y “Some men will have their entrails gouged out with a rusty spoon.” Aunque no todo el disco brilla por igual, hay momentos muy destacados: el tema final “Mega Supreme Treasure Of The Eternal Thunderfist” —una épica de 17 minutos con las colaboraciones de Patty Gurdy y Russell Allen (Symphony X)— es sin duda lo mejor del álbum. También resaltan el energético inicio con “Hyperion Omniriff” y la pegajosa “The Storm”, que suena como una mezcla divertida de rock de radio con sabor caribeño.

En resumen, este disco es más de lo mismo para bien y para mal. Si no soportas el humor vulgar y los temas piratas, probablemente este lanzamiento no te convenza. Pero si, como yo, disfrutas de lo absurdo, “The Thunderfist Chronicles” tiene suficientes momentos memorables para hacerte reír y cabecear al ritmo del metal. Alestorm sigue navegando en su barco lleno de bromas y riffs poderosos, y aunque no reinventan la rueda, al menos la hacen girar con ron, espadas y muchos improperios. ¡Larga vida al Pirate Metal!

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Deafheaven – Lonely People with Power (2025)
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Este sexto disco de Deafheaven fue muy esperado. La gente quería saber qué pasaría después de la apuesta predominantemente shoegaze y post-rock que fue su último trabajo Infinite Granite (2021). ¿Volvería a aparecer algo de ese black metal rabioso de raigambre tan urbana y contemporánea? Pues sí: regresó con toda la fuerza en una obra que, quizás, sea la más lograda en la historia de la banda. Debo decir que cuando leí el título pensé en Milei, el actual presidente de Argentina, alguien con el destino de un país en sus manos y sin posibilidad visible de poder sostener una pareja que parezca seria. Otras personas podrán imaginar ejemplos diferentes, y es natural: a eso apunta esta poética de la cotidianeidad que explota Deafheaven. Se trata de la profundidad que puede hallarse en cada detalle de la existencia más común. Pero hablar de poder remite a pensar la política y el escenario mundial actual parece reflejar como nunca la inestabilidad de las mentes que manejan los hilos. Que nadie se ofenda pues las letras tienen que ver con estos temas: las luchas personales y sociales en contextos donde nos afectan decisiones más allá de nuestro control, el impacto de los mandatos de la masculinidad, entre otros.

“Incidental I” es una breve introducción sintetizada que abre paso al track que disipó todas las dudas sobre el curso a seguir por la banda: “Doberman”. Vuelve a desencadenarse ese preciso equilibrio entre furia y melancolía que suele llamarse blackgaze pero que, en Deafheaven es mucho más violento que en otras bandas del estilo. No hay nada de ese halo bucólico y romántico que, por mencionar a otros grupos, puede encontrarse en Agalloch o, más aún, en Alcest. Con estos muchachos se trata de una amalgama de angustia existencial y agresividad desbordando en pequeñas escenas de la vida en la ciudad. La voz de George Clarke es despiadada, absolutamente brutal. Para que no se crea que la crudeza aparecería en pinceladas, “Magnolia” nos hunde mucho más en una pesada oscuridad. La ejecución instrumental es implacable. El despliegue de la batería es espectacular, y sobre un bajo preciso, las guitarras van elaborando riffs tremendamente efectivos, que transicionan brillantemente en lapsos breves, dando la impresión de que estos californianos condensaron material que otras bandas podrían haber estirado en tres discos. “The Garden Route” remite al costado más “gaze” que “black”, a no ser por el canto permanentemente sucio. El bajo tiene la oportunidad de lucirse un poco más y hacia el final se desarrolla una melodía muy hermosa. Acá se notan las influencias de Slowdive o My Bloody Valentine.

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La irrupción de “Heathen” descoloca al comenzar con mucha calma y canto limpio, aunque todo se agita en el estribillo. En este sentido, puede afirmarse lo mismo con respecto al track anterior en cuanto al balance en la fórmula que Deafheaven utiliza. El álbum va avanzando y no aburre en ningún momento: fluye con mucha energía. A continuación, “Amethyst” sube y baja la intensidad en una dinámica pulsátil de emotividad, demostrando la maestría puesta en acto al fusionar los poderes del metal con las pregnantes virtudes armónicas del pop o del rock en los territorios darkwave. Aquí nadie le teme a nada ni a nadie.

“Incidental II” cuenta con Jae Matthews de la banda electrónica Boy Harsher como invitada, en una pieza tan seductora como corrosiva de música industrial. “Revelator” es un destilado de black metal con reminiscencias de Emperor, lo cual no es poco decir al momento de poder captar lo que estos músicos pueden conseguir. Los riffs son verdaderamente increíbles: con el potencial de ser delicias para el paladar hasta del público más conservador si se animara a darle una oportunidad a Deafheaven. Le sigue “Body Behavior” con una actitud rockera muy ganchera, lindante con el post-punk. Si hay algo que no falta en este disco es versatilidad.

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Hacía falta algo similar a un interludio: para eso está “Incidental III” que contiene un recitado a cargo de Paul Banks, líder de los indie de Interpol. Claramente, las personas invitadas dan cuenta de la amplitud de gustos musicales que confluyen en un proyecto como Deafheaven, pero también de un respeto ganado, porque hablamos de artistas con trayectorias importantes. “Winona” suena épica y radiante, con momentos de notable belleza reflejados en texturas flotantes, livianas, a pesar de estar entramadas por elementos que, irónicamente, se suponen pesados: es como si fuera magia. Todo termina con “The Marvelous Orange Tree”, otra muestra de perfección en la danza sublime del matrimonio entre el cielo y el infierno, manifiesta incluso en la alternancia de estilos vocales. Un disco increíble: el punto más dulce de la madurez. Antes de concluir me gustaría destacar que, más allá del video del primer single “Magnolia” y el short film de “Winona”, el resto de los tracks tuvieron sus respectivos visualizers que poseen coherencia entre sí, en una narrativa dejada a la libre interpretación. Disco de escucha obligatoria.

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Sodom – The Arsonist (2025)
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La primera vez que escuché The Arsonist no lo hice en modo crítico, sino como quien prende una mecha y observa qué tan lejos puede llegar la explosión. Porque eso es lo que propone Sodom en su decimoséptimo álbum: fuego, pólvora y legado. Y lo hace sin pedir permiso, ni simular sofisticaciones. Apenas empieza a sonar “The Arsonist”, ese intro instrumental que es apenas un murmullo entre las sombras, uno sabe que está entrando a un territorio peligroso. No hay riffs todavía, pero sí tensión: una especie de exhalación previa al ataque. Y entonces estalla todo. “Battle of Harvest Moon” no da respiro. Un riff que se siente como un obús directo al pecho, una batería que simula metralla y Tom Angelripper vomitando cada palabra como si fuera un parte de guerra escrito con sangre. La letra , inspirada en la guerra de Vietnam, no es un homenaje sino una condena. Todo arde: la selva, el cielo, los cuerpos. Y el oyente también. Es imposible no visualizar el paisaje: un infierno verde bajo una luna llena, donde los disparos y los gritos se mezclan con el retumbar de los graves. Apenas termina, “Trigger Discipline” entra como un cuchillazo en la garganta. Más rápida, más violenta, más sucia. Una canción que remite al Sodom más desquiciado de Persecution Mania, pero con una claridad instrumental que sorprende. El solo entra en espiral, se retuerce, muerde. Y en ese momento, ya estás adentro del disco, no hay vuelta atrás. Todo es agresión. Pero no hay caos gratuito. Hay un orden en esta carnicería.

Llega “The Spirits That I Called” y por un instante, la banda se permite respirar. Pero no por eso baja la intensidad. Frank Blackfire y Yorck Segatz construyen una arquitectura de riffs más amplia, con atmósferas densas, casi litúrgicas. Como si estuvieras dentro de una catedral gótica bombardeada, caminando entre escombros y huesos. La voz de Angelripper se vuelve más ritual, y el estribillo se siente como una invocación. Todo remite a espíritus, a sombras del pasado que todavía caminan entre nosotros. Este tema abre otra dimensión en el disco: la del horror metafísico, la del peso de lo invisible. Y ahí aparece “Witchhunter”. Un puñetazo directo al corazón de los fans. No solo por su riff demoledor, sino por lo que representa. Es un homenaje al fallecido baterista original Christian “Witchhunter” Dudek. Pero no es una canción triste. Es una celebración brutal, como si la banda se propusiera resucitarlo a través de la velocidad. Toni Merkel, en la batería, lo honra a puro golpe, sin adornos, con una crudeza que emociona. Porque en Sodom, la memoria no se llora: se grita. “Scavenger” cae como un martillo. Acá el tempo baja un poco, pero el peso aumenta. El groove que desarrollan es sucio, arrastrado, casi doom en su construcción. Es como un tanque oxidado que avanza entre ruinas. Angelripper escupe palabras como si cada frase fuese una advertencia. Hay algo podrido en el aire, y esta canción lo captura. Es una pausa relativa, una tensión que prepara el terreno para lo que viene.

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Gun Without Groom” y “Sane Insanity” son el uno-dos más punky del disco. Breves, violentos, crudos. Guitarras como sierras eléctricas y baterías que suenan a estampidas. Es el momento más callejero del álbum. La banda suelta el yugo del thrash clásico y se lanza a la yugular con una energía casi adolescente. El mensaje es claro: no importa cuántos años tengan, Sodom sigue siendo una banda peligrosa. Y justo cuando pensás que el disco ya jugó todas sus cartas, llega “Taphephobia”. Terror. Literal. El miedo a ser enterrado vivo. Y el sonido acompaña. El riff principal es casi doom, pero con una tensión interna que nunca explota del todo. Es como estar atrapado bajo tierra, sin aire, escuchando tus propios latidos. La voz de Angelripper suena sofocada, como si realmente estuviera dentro de un ataúd. Es uno de los momentos más “atmosféricos” del álbum (ojo, estamos hablado de Sodom y no de alguna banda que utiliza pasajes atmosfericos como “colchón” en sus canciones), y funciona perfecto como giro dramático.

A.W.T.F.” entra en escena como un homenaje a Tank y su líder fallecido Algy Ward. El título no lo dice directamente, pero se siente en el espíritu del tema. Más melódico, más estructurado, más narrativo. La banda se permite un momento de reverencia sin perder potencia. Es un gesto que habla de madurez: Sodom no necesita demostrar nada, pero lo hace igual, con clase y con garra. “Twilight Void” es puro miedo. Una pesadilla grabada en cinta de 24 pistas. Voces cavernosas, riffs que reptan y un ritmo que se arrastra como una presencia demoníaca en la oscuridad. Si Slayer hubiera compuesto música para una película de terror gótica, sonaría parecido a esto. La producción ayuda: todo suena orgánico, sin correcciones, sin trucos. Crudo como un corte de cuchillo oxidado.

Y si todavía quedaban fuerzas, “Obliteration of the Aeons” las destruye. Un ataque frontal que no perdona. Es thrash, sí, pero con una intensidad que roza lo death. Las guitarras se entrecruzan como látigos, la batería es un derrumbe y Angelripper directamente ruge. Es como si el mundo se estuviera cayendo a pedazos y Sodom hubiera decidido musicalizarlo. Para el cierre, “Return to God in Parts” no ofrece consuelo. Es un final violento, urgente, donde cada instrumento parece empujar hacia el abismo. El título sugiere un retorno a lo divino, pero por partes. Desmembrado. Es una imagen fuerte, como todo el disco. No hay redención. Solo fuego, polvo y ruina.

Cuando termina el álbum, uno queda en silencio, con la sensación de haber sobrevivido a un ataque. The Arsonist no busca complacer ni reinventar nada. Es un disco de guerra. De fuego. De memoria. Sodom no pretende sonar moderno ni renovado: pretende sonar auténtico. Y lo logra con creces. Grabado en cinta analógica, sin producción artificial, suena tan directo y sucio como una banda de 1989, pero con la precisión quirúrgica de una máquina de matar.

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Volbeat – God of Angels Trust (2025)
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A estas alturas de la película, creo que hablar de los daneses Volbeat, es hacerlo de una de las mejores bandas de su generación, que supo combinar como pocos en su momento el metal mainstream, el punk rock y el rock ‘n’ roll regalándonos temazos como “Fallen”, “Heaven Nor Hell”, “The Devil’s Bleeding Crown” o “Black Rose”, entre otros.

Pero es cierto que en los últimos años, la discografía de la banda liderada por Michael Poulsen ha estado en una fina y hasta en ciertos momentos peligrosa línea entre lo correcto y un poquito más y lo simplemente anecdótico.

Por eso con esta novena entrega God of Angels Trust, era necesario que la banda danesa remontará un poquito el vuelo y dejase esa sensación de “Estancamiento” en la puerta del estudio, pero claro con la macha del señor Rob Caggiano en 2023, tras una década en la banda, la incertidumbre se adueñó de gran mayoría de los seguidores de Volbeat.

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Sea como sea, la banda nos trae 10 nuevas canciones en donde ¿Hay una intención de mejorar los puntos negativos de sus dos últimos trabajos?, pues escuchadas a conciencia y en repetidas ocasiones, diría que si, pero a medias…

El comienzo con “Devils are Awake” nos muestra la cara que seguramente a todos nos guste más de Volbeat, la pesada, veloz (y si, más que heredada de Metallica) y con un Poulsen pletórico a las voces, siendo un comienzo más que interesante para el disco.

“By a Monster’s Hand”, es una más que digna sucesora y mantiene ese sonido más metálico y contundente del cual siempre han hecho gala los daneses y con una base rítmica más que sólida y convincente, con unos cambios de ritmo brutales y que ya son parte del sonido habitual de estos muchachos, con las dos guitarras bien afiladas y creo supliendo la baja de Rob de una manera más que destacada.

Por el contrario en “Acid Rain”, ya volvemos a tener el lado más “accesible” de Volbeat, pero a diferencia de canciones como “Lola Montez” o “Fallen”, esta no tiene esa capacidad de emocionar con la inmediatez que si tenían piezas como las que acabo de citar.

Cuando experimentan, también siguen sonando interesantes sobre todo en “Better Be Fueled than Tamed”, combinando de forma magistral los sonidos de bandas como Metallica, Social Distortion y Johnny Cash y pese a tan magnánimas referencias, seguir sonando a Volbeat.

Sin embargo en “Time Will Heal”, es donde la cosa se vuelve a trabar y donde el relleno aparece, a ver no es que este corte sea malo, pero si que parece puesto en el disco “Por cumplir” y ya que estamos redondear las 10 canciones del álbum, pero podrían haberse decantado por una pieza algo más redonda que esta.

Entonces estos casi 45 minutos que dura el nuevo disco de Volbeat ¿Cumplen con las expectativas que había hacia el mismo? y para ser sincero, yo diría que si, que la banda mejora en varios momentos a su predecesor, sin embargo no alcanza para nada el nivel de sus primeros cinco trabajos, quedándose en una zona media, pero no acomodada y eso ya es cuanto menos, un progreso.

Volbeat no van a cambiar la fórmula que los hizo convertirse en la gran banda rockera que son hoy en día, pero este disco vuelve a evidenciar que cuando quieren y se esfuerzan, siguen regalándonos un puñado de buenas canciones y en este disco hay varias.

 

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The Haunted – Songs of Last Resort (2025)
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Si hablamos de metal sueco definitivamente The Haunted es una de esas bandas que no pueden quedar fuera de la charla. Los oriundos de Gotemburgo vienen pisando fuerte desde 1996 haciéndose un nombre propio dentro de la escena local y contando entre sus miembros a dos fundadores de At The Gates, ya que Andrian Erlandsson y Jonas Björler estuvieron desde el inicio de la banda hasta su actualidad en batería y bajo respectivamente, el resto de la banda la conforman Patrick Jensen y Ola Englund en guitarras y Marco Aro en voces. El 2017 fue el último año que los suecos nos dieron un trabajo de estudio el cual fue “Strength In Numbers” y por fin, después de tanto esperar llego el sucesor de ese trabajo, este 2025 llegó “Songs Of Last Resort” el cual cuenta con 12 canciones que podrían ser un hit cada una por sí sola, cómo siempre con el sello distintivo de The Haunted.

Desde el anuncio de la salida del disco la banda comenzó a sacar temas adelantos junto con videoclips de cada uno, el primero de ellos y el que abre la placa, “Warhead” en donde es muy evidente el death melódico de suecia con tintes thrashers y nos indica un poco por el lado que va a ir esta placa. Llega el turno de “In Fire Reborn”, segundo videoclip, donde sigue la combinación de antes pero esta vez con más influencia thrash que death pero que al final nos muestra un equilibrio justo entre ambos géneros quedando muy bien logrado. El tercer tema y tercer corte difusión es “Death To The Crown” en donde ya tenemos un tema mucho más propio del death metal que sin mucha vuelta sigue levantando el pasar del disco. Suena “To Bleed Out” y en este caso notamos un pequeño toque de metal clásico además del elemento melódico que maneja la banda a lo largo del disco, que hace que sea una canción un poco más lenta pero igual de pesada, sin bajar para nada lo que viene siendo el disco hasta ese momento. Un punto medio de géneros se da con “Unbound” con un ritmo ganchero y bien rápido. Un vuelco directo al thrash nuevamente llega con “Hell is Wasted on The Dead” cómo para no perder la costumbre tal vez.

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Pasando la mitad del disco llega “Through The Fire” que se va nuevamente al death con algunos toques de groove en el medio que hasta el momento dejan claro que, si bien el disco tiene mezcla de géneros hay dos que son más marcados que otros, siempre más allá de ser los estilos que maneja la banda en sí. En “Collateral Carnage” vemos un acercamiento más a lo melódico dentro de lo que se viene escuchando, resultando una buena mezcla al final. Pasa “Salvation Recalled” nos quedamos en el death melódico pero esta vez mucho más evidente en cuanto a la influencia de bandas clásicas del género. Asomando un poco el doom llega “Labyrinth of Lies” la cual con un ritmo ganchero pero con un clima denso y oscuro nos deja listos para el final de la placa el cual llega con “Letters of Resort” donde es todo mucho más lento y pesado que en lo anterior de la placa quizá con un poco de influencia del ese death más puro y podrido de los 90’s/80’s y un final en fade out que nos deja con una grabación de fondo de una mujer hablando que cierra de esta manera el nuevo disco de The Haunted.

Así pasó “Songs of The Last Resort” y nos queda claro que, si bien es un disco de The Haunted no tiene mucha similitud cómo su antecesor, ya que esta vez se fue más por el lado más rítmico y melódico y no tan por lo pesado o rápido. Más allá de eso el resultado es bueno, es un trabajo entretenido para el que busca música sin vueltas y directo al mentón. Esperamos y los suecos cumplieron, esperemos que cumplan ahora y podamos verlos más seguido en vivo, si bien cada uno tiene proyectos personales hay que recordarle al mundo que el death metal sueco está vivo y discos cómo estos son la prueba viviente de ello

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Katatonia – Nightmares As Extensions of the Waking State (2025)
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Katatonia es una banda que ha sabido cambiar y adaptarse a los tiempos con una habilidad difícil de encontrar en el mundo del metal. Los suecos no fueron la única banda pesada extrema de los noventas que cambió su sonido de manera abrupta de un disco para el otro, pero el cambio del death / doom / black de la dupla inicial Dance of December Souls y Brave Murder Day al rock gótico de los siguientes Discouraged Ones y Tonight’s Decision fue de los más grandes. Pero el cantante y por entonces baterista Jonas Renkse y el guitarrista Anders Nyström supieron mantener el atractivo melancólico de su sonido en terrenos más rockeros y accesibles, más tarde evolucionando a una mezcla escandinava de Tool y Deftones en el nuevo milenio y a las tendencias más progresivas de la última década, siempre manteniendo un nivel envidiable en sus lanzamientos. 

Dicho eso, el último par de álbumes de Katatonia, desde que volvieran de una pausa muy corta, han sido de los que menos he tenido ganas de volver a escuchar, en especial Sky Void of Stars (2023), el cual escuché cuando salió, me dije “Eh, no está mal” y no volví a escuchar hasta hace unos días atrás justamente para esta reseña. Como dije antes, no me parecen malos pero sí un tanto hechos en piloto automático, al punto tal de que sería posible mezclar todas las canciones y no saber cuál corresponde a tal álbum. Es un riesgo que muchas bandas de esta onda melancólica siempre corren.

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Y parece que las cosas tampoco estaban bien en el seno de Katatonia, porque en marzo de este año se anunció la salida de Anders Nyström. Y parece que encima la salida del guitarrista no fue 100% amigable: sin llegar a peleas ni nada de eso, el guitarrista declaró que su salida se dio por “el ninguneo” de Katatonia hacia el material de sus primeros discos en las presentaciones en vivo y que, sin menospreciar ninguno de sus álbumes y expresando su aprecio por todos ellos, consideraba que Katatonia debería haber cambiado de nombre junto al cambio de estilo.

Katatonia siempre fue una banda que tuvo problemas para mantener una formación estable, pero tanto Nyström como Renkse habían sido siempre las dos mitades del motor que habían llevado adelante a la banda a través de más de tres décadas y media: siempre me pareció que hacían un buen dúo, con Nyström siendo el ruido y Renkse la calma potenciándose uno al otro. Pero siendo que Nyström siempre se mantuvo cercano a los sonidos más extremos del metal a través de proyectos propios como Diabolical Masquerade y Bloodbath, y que ya en 2024 el por entonces segundo guitarrista Roger Öjersson había soltado que Nyström no había estado en los dos últimos discos de la banda, justamente coincidiendo con los dos lanzamientos luego de la pausa corta de Katatonia en 2018, no hay que ser un maestro de la deducción para pensar que la atención de Nyström estaba puesta en otro lado.

Al mes siguiente se anunció Nightmares As Extensions Of The Waking State, el decimotercer álbum de Katatonia y uno que cargaba con la responsabilidad de ser el primero sin Nyström (ya sea físicamente o en los créditos) y de tener que presentar a Nico Elgstrand y Sebastian Svalland, los dos nuevos guitarristas de la banda que llegaron para reemplazar a Nyström y Öjersson. Ese es un peso enorme para llevar en los hombros antes siquiera de haber salido, lo que claramente contribuyó a las reseñas tibias tirando a frías que se vienen publicando del álbum desde que salió el 6 de junio, tanto por parte de publicaciones profesionales como de fans de Katatonia. Y después de pegarle unas cuantas escuchadas a NAEOTWS, lamentablemente me debo contar entre ellos: éste es sin lugar a dudas para mí el peor álbum de Katatonia hasta ahora.

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El mayor problema con NAEOTWS es que le faltan más riffs firmes. Aunque la estética sonora de Katatonia siempre haya tirado a los paisajes grises y lluviosos, siempre tuvieron riffs como para balancear las voces limpias sufridas de Jonas Renkse, y momentos explosivos que servían como catarsis en medio de la oscuridad: un “My Twin”, un “Teargas”, un “Forsaker”, un “Birds”, un “Criminals”, un “Cold Ways”. Pero acá hay demasiado énfasis en los sonidos atmosféricos, sin tener las melodías como para tratar todo con un hilo conductor. Lo cual es extraño porque la inicial “Thrice” parece prometer algo más pesado… durante cinco segundos antes de comenzar con los versos lánguidos y las guitarras “sutiles”, que son las que terminan dominando gran parte del álbum.

El tema acá no es que Katatonia esté haciendo algo diferente y lo esté haciendo mal, sino que está haciendo lo mismo que desde hace una década, pero peor. Renkse y compañía dejaron que la melancolía se convirtiera en aburrimiento, algo que Katatonia siempre había logrado evitar. Salvando las distancias, por momentos me recuerda a Fear Inoculum, aquel disco de Tool que también cargaba con una responsabilidad enorme detrás, pero que mostró a la banda perdiendo el balance que había caracterizado a sus trabajos anteriores, dando como resultado un disco profundamente anodino.

Sin embargo, NAEOTWS tiene un par de instancias como para destacar: “Lilac” y “Temporal” tienen unas buenas guitarras pesadas, con la segunda posicionándose como mi canción pesada favorita del disco. Y en una segunda mitad que en líneas generales se llevó la peor parte en cuanto a calidad, tenemos a “Efter Solen”, una canción de estilo electrónico que no quedaría fuera de lugar en alguno de los últimos trabajos de Ulver. Es una canción perfecta y obvia para cerrar el álbum, y el hecho de que no lo haga, siendo la anteúltima justo antes de “In The Event Of”, alimenta las sospechas de que todo el proceso detrás del álbum se hizo muy a las apuradas, o al menos sin la atención que requería.

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NAEOTWS no es un trabajo inescuchable, porque si fuera inescuchable, al menos podríamos decir que logra llamar la atención del oyente, aunque sea de manera negativa. No, el problema con NAEOTWS es que justamente es tan liviano que casi no deja impresión después de varias escuchas, casi como si estuviéramos escuchando ruido blanco. En otras palabras, es un disco aburrido.

Ahora, quisiera cerrar con una nota positiva, como para que no sean todas pálidas. Aunque su estreno no haya sido el mejor, diría que Elgstrand y Svalland hacen un trabajo decente con el material que les dieron, destacando en los solos, y el bajista Niklas Sandin y el baterista Daniel Moilanen siguen siendo una gran base instrumental, sobre todo con el batero con todos los fills interesantes que podemos encontrar. No es el fin del mundo, y estoy seguro que con algo de descanso, ya sea dándose más tiempo o dándole una vuelta de tuerca a su sonido, o ambas cosas, algo que Renkse ha sabido darle al grupo en ocasiones anteriores, Katatonia puede volver a reponerse y ofrecer un nuevo trabajo a la altura de su leyenda. La base para ello claramente está, solo hace falta ponerle más garra.

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Amenra – De Toorn & With Fang and Claw (2025) [EPs]
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A esta altura Amenra ya tiene una base de fans lo suficientemente sólida como para hacer lo que quieran, por ejemplo, en vez de lanzar un nuevo LP, dividirlo en dos EP con dos tracks extensos cada uno (que entrarían en un solo LP). Esto supone que las cuatro canciones a las que se podría acceder en formato físico por el precio de un único disco, requieran una doble inversión por parte del público melómano. No digo que la decisión detrás de esta modalidad de edición sea económica, seguramente tiene que ver con factores creativos, criterios estéticos. Sin embargo, no podemos dejar de señalar que, tal como dijimos en un principio, algo así solamente puede hacerlo un grupo que ya sabe que tiene su propio culto fiel.

Esta banda belga que ya es una referencia ineludible en la escena mundial del post-metal atmosférico, con claras influencias del doom y sludge, sigue consolidando una trayectoria marcada a fuego. Ya van por el tercer cambio en el puesto de bajista. Ahora cuentan con una mujer en la formación: Amy Tung Barrysmith. Hay que aclarar que ella no grabó en estos nuevos trabajos, sino Tim De Gieter, el bajista anterior. Esta modificación supone, no solamente una diferencia en cuanto a la ejecución de dicho instrumento, sino también en la persona encargada de los coros guturales, de ahora en más a cargo del guitarrista Mathieu Vendekerckhove. Por otro lado, Amy ahora puede cantar en vivo la parte femenina del clásico Am Kreuz, grabada por Lingua Ignota. Honestamente, debo decir que la formación con De Gieter me parecía más sólida, pero quién sabe los motivos para que ya no siguiera en la banda.

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Aparentemente, “De Toorn” fue grabado en una única sesión en vivo y cumple la función de ser una suerte de cierre del proceso iniciado con el álbum anterior, “De Doorn” (2021), una obra maestra que terminó con la serie numerada de las seis misas que fueron los discos previos. Sin embargo, la foto de la portada remite inmediatamente a la del EP “Mass I” (2013).  Heden, el primer track va generando un clima muy lentamente, con una base de bajo sencilla, algunos arpegios etéreos, y un recitado en flamenco del estilo que ya es bien propio de la banda. Bendita sea la voz de Colin H. van Eeckhout. Luego ingresa muy sutilmente la percusión y el discurso se transforma en un dulce canto melódico. Suenan los latidos de un corazón y llega el estallido: la catarsis que ya es una marca identitaria de Amenra, con la distorsión grave y los alaridos desgarradores. La melancolía retorna hacia el final. De Toorn (Talisman) tiene un comienzo también delicado pero más directo, casi con reminiscencias country algo que, conociendo el amor de Amenra por Townes Van Zandt, no es nada extraño (recordemos que han grabado algunos covers de sus canciones). El tempo es un poco más rápido, el in crescendo hacia el clímax –o mejor dicho, la petite mort– es más acelerado. En términos generales, el patrón es el mismo que el anterior. En esta oportunidad se destacan los coros guturales y las guitarras tienen un despliegue de una tristeza mucho más elaborada.

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“With Fang and Claw” es un EP más breve: eso ya es una promesa de mayor intensidad. En efecto, la primera canción, Forlorn, es lo mejor de esta nueva producción de la banda. Una pieza profundamente visceral y evocativa, pesada tanto sonora como emocionalmente, una nueva manifestación de ese sludge tan poético que caracteriza a esta secta belga, otra vez cantando en inglés. Hablo de todo lo que hace que a quienes somos fanáticos de Amenra se nos ponga la piel de gallina. Salve Mater sigue la misma vena, con riffs lacerantes y una batería de expresividad más amplia. Puro goce flotando en bilis negra, dentro de una fuente de inigualable majestuosidad en el paisaje del metal contemporáneo. Los machaques del final son aplastantes; tienen una potencia implacable. Vale la pena mencionar que los cuatro tracks se difundieron con sus respectivos videos, y ya sabemos que los videos de este grupo siempre son de una gran apuesta visual. Obviamente entra en la lista de los lanzamientos de este año en curso. Amenra nunca decepciona.

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Machine Head – Unatøned (2025)
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El pasado 25 de abril, Machine Head editó su undécimo disco de estudio, titulado UNATØNED. Si, nuevamente utilizando la misma tipografía que su antecesor, ØF KINGDØM AND CRØWN, en mayúsculas y con las letras O tachadas como en las lenguas danesa, feroesa y noruega. ¿Y por qué demoré tanto en escribir estas líneas? Un poco de contexto: me declaro fanático confeso de los liderados por Robb Flynn desde Burn My Eyes, más conocido como el debut discográfico de la banda, irrumpiendo con todo su poder en el vasto mundillo del metal, con un groove metal al mejor estillo Pantera, aunque un poco más oscuro. A lo largo de su hoy extensa discografía, la banda mutó en varias ocasiones, pasando del antes mencionado groove metal al nü metal, para luego encontrar su sonido en un thrash moderno, groovero y un tanto melódico. Tuvieron picos altos (The Blackening), picos bajos (Supercharger) y ahora me encuentro con un pico aún más bajo, de la mano del disco que ¿motivó? esta reseña. Aclaro que siempre me mantuve fiel a la banda y todos sus cambios, no solo de orientación musical (siempre dentro del thrash y el groove) sino además de formación.

Recordemos que hoy por hoy, el cantante y guitarrista Robb Flynn es el único miembro original de la banda. Pero cuando escuché UNATØNED por vez primera, me llevé una cierta decepción. No por el sonido, soberbio por donde se lo escuche (aunque demasiado producido para mi gusto), sino por el exceso de melodías, precisamente en las voces. No es novedad que a Robb le gustan las voces limpias y melódicas. Pero en este nuevo registro discográfico no solo hizo uso de las mismas, sino abuso. Y no es que estén mal, todo lo contrario. Si no que llega un punto en que empalagan, tienden a aburrir. Y este punto es a los pocos segundos de comenzar a escuchar el disco. Quizás haya tenido que ver el ingreso del bajista Jared MacEachern (ex-Sanctity, banda de metalcore… con voces limpias y melódicas) hace poco más de diez años, quien no solo demuestra ser un hábil bajista, sino además un muy buen cantante e incluso gran ladero de Flynn.

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El arranque, de la mano de “Atomic Revelations“, parece indicar que lo que sigue es una aplanadora sónica. Pero llega el estribillo y esta aplanadora se cae a pedazos. Es el típico tema cuya fórmula se viene repitiendo en los últimos discos de Machine Head: intro demoledora, estrofa aún más explosiva, estribillo excesivamente melódico, solos de guitarra épicos y nuevamente el exceso de azúcar. Para el segundo track, “Unbound“, uno piensa que todo va a cambiar cuando comienza la introducción a todo vapor, blast beat de batería y riff 100% groovero mediante. El tema promete, pero una vez más llega el estribillo y el azúcar en sangre aumenta descaradamente. Así y todo, el track en cuestión es de los mejores del disco. Le sigue “Outsider” y ya desde el arranque, el exceso de melodías en las voces. Van tres temas y la fórmula es la misma. “Not Long for This World” comienza básicamente como un hit radial a medio tiempo. Transcurre igual. Y termina igual. “These Scars Won’t Define Us” cambia un poco el paradigma que venimos escuchando: una banda a toda velocidad, pero que nuevamente se pincha en un estribillo pegadizo, sumamente melódico aunque no menos épico. La particularidad de este tema es que tiene como invitados a miembros de las bandas que acompañaron a Machine Head durante una reciente gira norteamericana: In Flames, Lacuna Coil y Unearth. Tiene sus buenos momentos, pero nuevamente… la melodía en exceso en el estribillo. “Dustmaker“, séptimo track del disco, es un tema de dream pop al cual nos tiene acostumbrado Deftones, el cual hace las veces de un interludio instrumental de dos minutos de duración.

Con “Bonescraper” parecería que todo va cambiar, al menos por el nombre del tema, sumamente metalero. Pero no. La melodía. La maldita melodía y un estribillo no solo endulzado al máximo, sino con un coro digno de banda de pop, que entiendo Robb Flynn disfrutaría mucho arengando en vivo. Tiene un buen breakdown, pero no más que eso. En “Addicted to Pain“, la cosa cambia. De hecho, arranca rabiosamente dando a entender que hasta acá llegó lo que venían haciendo. Pero adivinen qué pasa en el estribillo. Con “Bleeding Me Dry” me pasó algo parecido a “Not Long for This World”, pero en este caso hay un poco (y solo un poco) más de la violencia característica de la banda en trabajos anteriores. Nuevamente, un breakdown más que digno, de hecho está más que bien. “Shards of Shattered Dreams” promete ser el gran tema del disco, el más violento. De hecho, así arranca. Hasta que, nuevamente, llega el estribillo y el tema parece otro. Es como si fueran dos temas en uno. No obstante, en el global, es un muy buen tema, super característico del Machine Head de siempre. De lo mejor de UNATØNED. Y el cierre de la mano de “Scorn” deja gusto a muy poco. Se trata de una balada de piano que “explota” en un determinado momento y se mantiene así prácticamente a lo largo del tema.En esta reseña, se repitió mucho la palabra “estribillo” porque resulta ser gran protagonista. Lo mismo la palabra “melodía”. Y es que es inevitable caer en estas dos palabras con un disco así.

Da la impresión que los de Flynn están en búsqueda de nuevas generaciones en cuanto a su base de fans se refiere. Porque para el hardcore fan, como quien suscribe, UNATØNED resulta monótono. Sin temor a equivocarme, creo estar en presencia de lo más bajo de Machine Head, banda que sigo y supongo seguiré por siempre. Puede ser la edad. Puede ser que no termino de comprender el volantazo en torno al cambio de orientación musical en busca de nuevos horizontes. Pero este décimo primer disco de la banda me dejó con gusto a poco. A nada incluso. Sí hay que aplaudir de pie los riffs y los breakdowns, esto no se discute. Pero el resto… no, gracias!

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Impureza – Alcázares (2025)
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Hay discos que no solo se escuchan, sino que se atraviesan. Que te sacan del lugar seguro y te arrastran por senderos donde el arte deja de ser género para convertirse en rito. Eso es Alcázares, el nuevo trabajo de los franceses de sangre hispana Impureza, una banda que desde hace más de dos décadas viene tallando una propuesta única: unir la espiritualidad telúrica del flamenco con la brutalidad sacrílega del death metal más extremo. Y con este álbum, lo logran de forma total.

El viaje comienza con “Verdiales”, una breve pieza instrumental que suena a siesta andaluza atravesada por siglos de historia, y funciona como apertura simbólica de un templo sonoro: cuerdas cálidas, sabor a tierra, ecos de lo ancestral. Pero apenas se disipan los últimos acordes, se desata la tormenta con “Bajo las Tizonas de Toledo”, un temazo devastador en lo rítmico, épico en su narrativa y saturado de dramatismo. Es ahí donde aparece El Cid, no como figura mítica estancada en libros de historia, sino como encarnación de la venganza y la fe armada. Una suerte de ángel exterminador con Tizona en mano.

Impureza no hace folclore con distorsión ni Metal con condimento étnico. Lo suyo es una fusión sincera y arriesgada, donde el cante jondo se trenza con blast beats, y los acordes flamencos flotan entre atmósferas casi sinfónicas. En temas como “Pestilencia” o “La Orden del Yelmo Negro” esa alquimia se vuelve tangible. Hay secciones donde las guitarras españolas parecen batallar contra los riffs eléctricos como dos ejércitos cruzando espadas en un campo maldito.

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Las voces (siempre en castellano) de Esteban Martín aportan un dramatismo particular. No se trata solo de guturales, sino de una teatralidad de ultratumba que acentúa la dimensión ritual del álbum. A veces, un coro monástico emerge entre la violencia, generando una sensación casi cinematográfica. Pero donde Alcázares realmente sorprende es en sus pequeños grandes momentos. “Ruina del Alcázar”, por ejemplo, es un interludio instrumental donde el bajo fretless de Florian Saillard cobra protagonismo y muestra una calidez inesperada. “Murallas” es puro flamenco desatado, mientras que “Reconquistar Al-Ándalus” propone una danza macabra que por momentos te dan ganas de zapatear sobre el infierno.

No hay relleno, cada tema tiene una identidad marcada, una historia, un paisaje. La producción, a cargo de Sébastien Camhi y la masterización de Jacob Hansen, alcanza un equilibrio quirúrgico: todo suena crudo pero claro, con ese toque épico que realza lo narrativo sin perder fuerza. Este nuevo trabajo no es fácil de digerir, ni busca serlom es un disco desafiante, que exige atención y entrega pero para quien se sumerge en su mundo, la recompensa es inmensa: una experiencia artística que trasciende etiquetas y pone a Impureza en un lugar único dentro del panorama del metal extremo porque si hay algo que queda claro después de escucharlo, es que no hay otra banda que suene así.

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Heaven Shall Burn – Heimat (2025)
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Heaven Shall Burn ha sido, durante años, una institución indiscutible del metal en su Alemania natal, pero desde hace ya un buen tiempo vienen consolidando su posición como uno de los nombres más relevantes del metal contemporáneo a nivel global. Desde el lanzamiento de Wanderer en 2016, la banda ha crecido no solo en confianza, sino también en ambición, expandiendo su propuesta musical hacia nuevas fronteras con una convicción inquebrantable. En Europa Occidental, simplemente ya no hay una banda de su estilo que se les acerque en magnitud.

En 2020, en medio del caos pandémico, lanzaron su obra más ambiciosa hasta la fecha: Of Truth and Sacrifice, un álbum doble de 97 minutos que recibió algunos de los elogios más entusiastas de toda su carrera. Aunque Heaven Shall Burn lleva haciendo discos excepcionales desde hace más de dos décadas —Antigone (2004) sigue siendo una joya subestimada—, ha sido en los últimos años donde su sonido ha evolucionado con una intensidad renovada. Álbumes como Heimat no solo reafirman su peso dentro del metal moderno, sino que representan auténticos hitos en su constante evolución.

A diferencia del despliegue colosal de su predecesor, Heimat apuesta por una estructura más concisa y directa, sin sacrificar la grandiosidad ni el filo característico de la banda. El álbum abre con una obertura orquestal melancólica que da paso a “War Is the Father of All”, una declaración de intenciones épica que mezcla la pomposidad sinfónica con una furiosa descarga de groove metal, reminiscente de los mejores momentos de Machine Head. La voz de Marcus Bischoff se impone con brutalidad sobre una estructura musical que muta durante siete minutos intensos, demostrando que el grupo no tiene interés alguno en seguir fórmulas fáciles: esto es metal para aplastar sin pedir disculpas.

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A partir de ahí, Heaven Shall Burn se lanza sin frenos a recorrer todos los matices de su arsenal sonoro. “My Revocation Is Compliance” mezcla caos metalcore con death metal de alto calibre; “Empowerment” ofrece un breve respiro melódico sin perder contundencia, mientras que “Those Left Behind” conecta con sus raíces más hardcore. Dora, engañosamente titulada, es una descarga de agresión pura; y “A Silent Guard” logra combinar dramatismo cinematográfico, agresión visceral y una sensibilidad melódica oscura en un solo tema. Como si todo esto fuera poco, cierran con una versión de “Numbered” Days de Killswitch Engage que no es ni una copia calcada ni una reinterpretación forzada, sino una poderosa muestra de respeto y fuerza interpretativa.

Sin embargo, lo más impactante de Heimat es su energía. Lejos de mostrar desgaste, Heaven Shall Burn suena más hambriento que nunca, con una potencia que muchas bandas más jóvenes solo pueden aspirar a igualar.

Con Heimat, Heaven Shall Burn no solo mantiene su lugar como referente indiscutible del metal moderno, sino que deja claro que lo mejor aún podría estar por venir.

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Alestorm – The Thunderfist Chronicles (2025)
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Hoy les traigo una reseña sobre Alestorm, la peculiar banda escocesa formada en 2004 y liderada por el carismático vocalista y tecladista Christopher Bowes (creador tambien de Gloryhammer). Desde sus inicios, han defendido un estilo único y descarado: mezclar el metal con temáticas piratas, creando así el subgénero conocido como Pirate Metal. Si suena absurdo, es porque lo es… ¡y eso es precisamente lo que lo hace divertido! Desde 2015, la formación del grupo se ha mantenido estable, permitiéndoles consolidar su sonido característico y su identidad llena de humor.

Mi primer contacto con Alestorm fue en 2008 cuando publicaron: Captain Morgan’s Revenge, esa tapa me llamo la atención (creo que es la mejor de la discografía) y el disco me encanto. Le fui siguiendo perdidamente la discografía mientras me los cruzaba mas en festivales y ahi es donde termine de convencerme que esta banda no se toma nada en serio, y sin embargo, logran entretener con una mezcla irreverente de metal, folklore marino, y letras completamente absurdas. Si te gustan bandas de comedia como Tenacious D o Steel Panther, probablemente Alestorm se convierta también en uno de tus placeres culposos.

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Musicalmente, Alestorm destaca por su talento a pesar de su humor escatológico. Aunque sus letras puedan distraer o no hacer gracia siempre, la banda compensa con una ejecución sólida: guitarras potentes a cargo de Máté Bodor, una sección rítmica muy bien sincronizada con Gareth Murdock al bajo y Peter Alcorn en batería, y los teclados de Elliot Vernon, quien también aporta voces guturales en momentos clave. Su nuevo trabajo, The Thunderfist Chronicles, es el octavo álbum de estudio y muestra una vez más su fórmula habitual: folk, power metal y letras tan ridículas como pegajosas.

Las letras siguen siendo tan grotescas como graciosas, con frases como: “Are you a c**t, or do you drink rum?”, “Tonight we’re gonna party like it’s 1699” y “Some men will have their entrails gouged out with a rusty spoon.” Aunque no todo el disco brilla por igual, hay momentos muy destacados: el tema final “Mega Supreme Treasure Of The Eternal Thunderfist” —una épica de 17 minutos con las colaboraciones de Patty Gurdy y Russell Allen (Symphony X)— es sin duda lo mejor del álbum. También resaltan el energético inicio con “Hyperion Omniriff” y la pegajosa “The Storm”, que suena como una mezcla divertida de rock de radio con sabor caribeño.

En resumen, este disco es más de lo mismo para bien y para mal. Si no soportas el humor vulgar y los temas piratas, probablemente este lanzamiento no te convenza. Pero si, como yo, disfrutas de lo absurdo, “The Thunderfist Chronicles” tiene suficientes momentos memorables para hacerte reír y cabecear al ritmo del metal. Alestorm sigue navegando en su barco lleno de bromas y riffs poderosos, y aunque no reinventan la rueda, al menos la hacen girar con ron, espadas y muchos improperios. ¡Larga vida al Pirate Metal!

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Deafheaven – Lonely People with Power (2025)
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Este sexto disco de Deafheaven fue muy esperado. La gente quería saber qué pasaría después de la apuesta predominantemente shoegaze y post-rock que fue su último trabajo Infinite Granite (2021). ¿Volvería a aparecer algo de ese black metal rabioso de raigambre tan urbana y contemporánea? Pues sí: regresó con toda la fuerza en una obra que, quizás, sea la más lograda en la historia de la banda. Debo decir que cuando leí el título pensé en Milei, el actual presidente de Argentina, alguien con el destino de un país en sus manos y sin posibilidad visible de poder sostener una pareja que parezca seria. Otras personas podrán imaginar ejemplos diferentes, y es natural: a eso apunta esta poética de la cotidianeidad que explota Deafheaven. Se trata de la profundidad que puede hallarse en cada detalle de la existencia más común. Pero hablar de poder remite a pensar la política y el escenario mundial actual parece reflejar como nunca la inestabilidad de las mentes que manejan los hilos. Que nadie se ofenda pues las letras tienen que ver con estos temas: las luchas personales y sociales en contextos donde nos afectan decisiones más allá de nuestro control, el impacto de los mandatos de la masculinidad, entre otros.

“Incidental I” es una breve introducción sintetizada que abre paso al track que disipó todas las dudas sobre el curso a seguir por la banda: “Doberman”. Vuelve a desencadenarse ese preciso equilibrio entre furia y melancolía que suele llamarse blackgaze pero que, en Deafheaven es mucho más violento que en otras bandas del estilo. No hay nada de ese halo bucólico y romántico que, por mencionar a otros grupos, puede encontrarse en Agalloch o, más aún, en Alcest. Con estos muchachos se trata de una amalgama de angustia existencial y agresividad desbordando en pequeñas escenas de la vida en la ciudad. La voz de George Clarke es despiadada, absolutamente brutal. Para que no se crea que la crudeza aparecería en pinceladas, “Magnolia” nos hunde mucho más en una pesada oscuridad. La ejecución instrumental es implacable. El despliegue de la batería es espectacular, y sobre un bajo preciso, las guitarras van elaborando riffs tremendamente efectivos, que transicionan brillantemente en lapsos breves, dando la impresión de que estos californianos condensaron material que otras bandas podrían haber estirado en tres discos. “The Garden Route” remite al costado más “gaze” que “black”, a no ser por el canto permanentemente sucio. El bajo tiene la oportunidad de lucirse un poco más y hacia el final se desarrolla una melodía muy hermosa. Acá se notan las influencias de Slowdive o My Bloody Valentine.

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La irrupción de “Heathen” descoloca al comenzar con mucha calma y canto limpio, aunque todo se agita en el estribillo. En este sentido, puede afirmarse lo mismo con respecto al track anterior en cuanto al balance en la fórmula que Deafheaven utiliza. El álbum va avanzando y no aburre en ningún momento: fluye con mucha energía. A continuación, “Amethyst” sube y baja la intensidad en una dinámica pulsátil de emotividad, demostrando la maestría puesta en acto al fusionar los poderes del metal con las pregnantes virtudes armónicas del pop o del rock en los territorios darkwave. Aquí nadie le teme a nada ni a nadie.

“Incidental II” cuenta con Jae Matthews de la banda electrónica Boy Harsher como invitada, en una pieza tan seductora como corrosiva de música industrial. “Revelator” es un destilado de black metal con reminiscencias de Emperor, lo cual no es poco decir al momento de poder captar lo que estos músicos pueden conseguir. Los riffs son verdaderamente increíbles: con el potencial de ser delicias para el paladar hasta del público más conservador si se animara a darle una oportunidad a Deafheaven. Le sigue “Body Behavior” con una actitud rockera muy ganchera, lindante con el post-punk. Si hay algo que no falta en este disco es versatilidad.

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Hacía falta algo similar a un interludio: para eso está “Incidental III” que contiene un recitado a cargo de Paul Banks, líder de los indie de Interpol. Claramente, las personas invitadas dan cuenta de la amplitud de gustos musicales que confluyen en un proyecto como Deafheaven, pero también de un respeto ganado, porque hablamos de artistas con trayectorias importantes. “Winona” suena épica y radiante, con momentos de notable belleza reflejados en texturas flotantes, livianas, a pesar de estar entramadas por elementos que, irónicamente, se suponen pesados: es como si fuera magia. Todo termina con “The Marvelous Orange Tree”, otra muestra de perfección en la danza sublime del matrimonio entre el cielo y el infierno, manifiesta incluso en la alternancia de estilos vocales. Un disco increíble: el punto más dulce de la madurez. Antes de concluir me gustaría destacar que, más allá del video del primer single “Magnolia” y el short film de “Winona”, el resto de los tracks tuvieron sus respectivos visualizers que poseen coherencia entre sí, en una narrativa dejada a la libre interpretación. Disco de escucha obligatoria.

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Sodom – The Arsonist (2025)
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La primera vez que escuché The Arsonist no lo hice en modo crítico, sino como quien prende una mecha y observa qué tan lejos puede llegar la explosión. Porque eso es lo que propone Sodom en su decimoséptimo álbum: fuego, pólvora y legado. Y lo hace sin pedir permiso, ni simular sofisticaciones. Apenas empieza a sonar “The Arsonist”, ese intro instrumental que es apenas un murmullo entre las sombras, uno sabe que está entrando a un territorio peligroso. No hay riffs todavía, pero sí tensión: una especie de exhalación previa al ataque. Y entonces estalla todo. “Battle of Harvest Moon” no da respiro. Un riff que se siente como un obús directo al pecho, una batería que simula metralla y Tom Angelripper vomitando cada palabra como si fuera un parte de guerra escrito con sangre. La letra , inspirada en la guerra de Vietnam, no es un homenaje sino una condena. Todo arde: la selva, el cielo, los cuerpos. Y el oyente también. Es imposible no visualizar el paisaje: un infierno verde bajo una luna llena, donde los disparos y los gritos se mezclan con el retumbar de los graves. Apenas termina, “Trigger Discipline” entra como un cuchillazo en la garganta. Más rápida, más violenta, más sucia. Una canción que remite al Sodom más desquiciado de Persecution Mania, pero con una claridad instrumental que sorprende. El solo entra en espiral, se retuerce, muerde. Y en ese momento, ya estás adentro del disco, no hay vuelta atrás. Todo es agresión. Pero no hay caos gratuito. Hay un orden en esta carnicería.

Llega “The Spirits That I Called” y por un instante, la banda se permite respirar. Pero no por eso baja la intensidad. Frank Blackfire y Yorck Segatz construyen una arquitectura de riffs más amplia, con atmósferas densas, casi litúrgicas. Como si estuvieras dentro de una catedral gótica bombardeada, caminando entre escombros y huesos. La voz de Angelripper se vuelve más ritual, y el estribillo se siente como una invocación. Todo remite a espíritus, a sombras del pasado que todavía caminan entre nosotros. Este tema abre otra dimensión en el disco: la del horror metafísico, la del peso de lo invisible. Y ahí aparece “Witchhunter”. Un puñetazo directo al corazón de los fans. No solo por su riff demoledor, sino por lo que representa. Es un homenaje al fallecido baterista original Christian “Witchhunter” Dudek. Pero no es una canción triste. Es una celebración brutal, como si la banda se propusiera resucitarlo a través de la velocidad. Toni Merkel, en la batería, lo honra a puro golpe, sin adornos, con una crudeza que emociona. Porque en Sodom, la memoria no se llora: se grita. “Scavenger” cae como un martillo. Acá el tempo baja un poco, pero el peso aumenta. El groove que desarrollan es sucio, arrastrado, casi doom en su construcción. Es como un tanque oxidado que avanza entre ruinas. Angelripper escupe palabras como si cada frase fuese una advertencia. Hay algo podrido en el aire, y esta canción lo captura. Es una pausa relativa, una tensión que prepara el terreno para lo que viene.

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Gun Without Groom” y “Sane Insanity” son el uno-dos más punky del disco. Breves, violentos, crudos. Guitarras como sierras eléctricas y baterías que suenan a estampidas. Es el momento más callejero del álbum. La banda suelta el yugo del thrash clásico y se lanza a la yugular con una energía casi adolescente. El mensaje es claro: no importa cuántos años tengan, Sodom sigue siendo una banda peligrosa. Y justo cuando pensás que el disco ya jugó todas sus cartas, llega “Taphephobia”. Terror. Literal. El miedo a ser enterrado vivo. Y el sonido acompaña. El riff principal es casi doom, pero con una tensión interna que nunca explota del todo. Es como estar atrapado bajo tierra, sin aire, escuchando tus propios latidos. La voz de Angelripper suena sofocada, como si realmente estuviera dentro de un ataúd. Es uno de los momentos más “atmosféricos” del álbum (ojo, estamos hablado de Sodom y no de alguna banda que utiliza pasajes atmosfericos como “colchón” en sus canciones), y funciona perfecto como giro dramático.

A.W.T.F.” entra en escena como un homenaje a Tank y su líder fallecido Algy Ward. El título no lo dice directamente, pero se siente en el espíritu del tema. Más melódico, más estructurado, más narrativo. La banda se permite un momento de reverencia sin perder potencia. Es un gesto que habla de madurez: Sodom no necesita demostrar nada, pero lo hace igual, con clase y con garra. “Twilight Void” es puro miedo. Una pesadilla grabada en cinta de 24 pistas. Voces cavernosas, riffs que reptan y un ritmo que se arrastra como una presencia demoníaca en la oscuridad. Si Slayer hubiera compuesto música para una película de terror gótica, sonaría parecido a esto. La producción ayuda: todo suena orgánico, sin correcciones, sin trucos. Crudo como un corte de cuchillo oxidado.

Y si todavía quedaban fuerzas, “Obliteration of the Aeons” las destruye. Un ataque frontal que no perdona. Es thrash, sí, pero con una intensidad que roza lo death. Las guitarras se entrecruzan como látigos, la batería es un derrumbe y Angelripper directamente ruge. Es como si el mundo se estuviera cayendo a pedazos y Sodom hubiera decidido musicalizarlo. Para el cierre, “Return to God in Parts” no ofrece consuelo. Es un final violento, urgente, donde cada instrumento parece empujar hacia el abismo. El título sugiere un retorno a lo divino, pero por partes. Desmembrado. Es una imagen fuerte, como todo el disco. No hay redención. Solo fuego, polvo y ruina.

Cuando termina el álbum, uno queda en silencio, con la sensación de haber sobrevivido a un ataque. The Arsonist no busca complacer ni reinventar nada. Es un disco de guerra. De fuego. De memoria. Sodom no pretende sonar moderno ni renovado: pretende sonar auténtico. Y lo logra con creces. Grabado en cinta analógica, sin producción artificial, suena tan directo y sucio como una banda de 1989, pero con la precisión quirúrgica de una máquina de matar.

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Volbeat – God of Angels Trust (2025)
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A estas alturas de la película, creo que hablar de los daneses Volbeat, es hacerlo de una de las mejores bandas de su generación, que supo combinar como pocos en su momento el metal mainstream, el punk rock y el rock ‘n’ roll regalándonos temazos como “Fallen”, “Heaven Nor Hell”, “The Devil’s Bleeding Crown” o “Black Rose”, entre otros.

Pero es cierto que en los últimos años, la discografía de la banda liderada por Michael Poulsen ha estado en una fina y hasta en ciertos momentos peligrosa línea entre lo correcto y un poquito más y lo simplemente anecdótico.

Por eso con esta novena entrega God of Angels Trust, era necesario que la banda danesa remontará un poquito el vuelo y dejase esa sensación de “Estancamiento” en la puerta del estudio, pero claro con la macha del señor Rob Caggiano en 2023, tras una década en la banda, la incertidumbre se adueñó de gran mayoría de los seguidores de Volbeat.

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Sea como sea, la banda nos trae 10 nuevas canciones en donde ¿Hay una intención de mejorar los puntos negativos de sus dos últimos trabajos?, pues escuchadas a conciencia y en repetidas ocasiones, diría que si, pero a medias…

El comienzo con “Devils are Awake” nos muestra la cara que seguramente a todos nos guste más de Volbeat, la pesada, veloz (y si, más que heredada de Metallica) y con un Poulsen pletórico a las voces, siendo un comienzo más que interesante para el disco.

“By a Monster’s Hand”, es una más que digna sucesora y mantiene ese sonido más metálico y contundente del cual siempre han hecho gala los daneses y con una base rítmica más que sólida y convincente, con unos cambios de ritmo brutales y que ya son parte del sonido habitual de estos muchachos, con las dos guitarras bien afiladas y creo supliendo la baja de Rob de una manera más que destacada.

Por el contrario en “Acid Rain”, ya volvemos a tener el lado más “accesible” de Volbeat, pero a diferencia de canciones como “Lola Montez” o “Fallen”, esta no tiene esa capacidad de emocionar con la inmediatez que si tenían piezas como las que acabo de citar.

Cuando experimentan, también siguen sonando interesantes sobre todo en “Better Be Fueled than Tamed”, combinando de forma magistral los sonidos de bandas como Metallica, Social Distortion y Johnny Cash y pese a tan magnánimas referencias, seguir sonando a Volbeat.

Sin embargo en “Time Will Heal”, es donde la cosa se vuelve a trabar y donde el relleno aparece, a ver no es que este corte sea malo, pero si que parece puesto en el disco “Por cumplir” y ya que estamos redondear las 10 canciones del álbum, pero podrían haberse decantado por una pieza algo más redonda que esta.

Entonces estos casi 45 minutos que dura el nuevo disco de Volbeat ¿Cumplen con las expectativas que había hacia el mismo? y para ser sincero, yo diría que si, que la banda mejora en varios momentos a su predecesor, sin embargo no alcanza para nada el nivel de sus primeros cinco trabajos, quedándose en una zona media, pero no acomodada y eso ya es cuanto menos, un progreso.

Volbeat no van a cambiar la fórmula que los hizo convertirse en la gran banda rockera que son hoy en día, pero este disco vuelve a evidenciar que cuando quieren y se esfuerzan, siguen regalándonos un puñado de buenas canciones y en este disco hay varias.

 

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The Haunted – Songs of Last Resort (2025)
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Si hablamos de metal sueco definitivamente The Haunted es una de esas bandas que no pueden quedar fuera de la charla. Los oriundos de Gotemburgo vienen pisando fuerte desde 1996 haciéndose un nombre propio dentro de la escena local y contando entre sus miembros a dos fundadores de At The Gates, ya que Andrian Erlandsson y Jonas Björler estuvieron desde el inicio de la banda hasta su actualidad en batería y bajo respectivamente, el resto de la banda la conforman Patrick Jensen y Ola Englund en guitarras y Marco Aro en voces. El 2017 fue el último año que los suecos nos dieron un trabajo de estudio el cual fue “Strength In Numbers” y por fin, después de tanto esperar llego el sucesor de ese trabajo, este 2025 llegó “Songs Of Last Resort” el cual cuenta con 12 canciones que podrían ser un hit cada una por sí sola, cómo siempre con el sello distintivo de The Haunted.

Desde el anuncio de la salida del disco la banda comenzó a sacar temas adelantos junto con videoclips de cada uno, el primero de ellos y el que abre la placa, “Warhead” en donde es muy evidente el death melódico de suecia con tintes thrashers y nos indica un poco por el lado que va a ir esta placa. Llega el turno de “In Fire Reborn”, segundo videoclip, donde sigue la combinación de antes pero esta vez con más influencia thrash que death pero que al final nos muestra un equilibrio justo entre ambos géneros quedando muy bien logrado. El tercer tema y tercer corte difusión es “Death To The Crown” en donde ya tenemos un tema mucho más propio del death metal que sin mucha vuelta sigue levantando el pasar del disco. Suena “To Bleed Out” y en este caso notamos un pequeño toque de metal clásico además del elemento melódico que maneja la banda a lo largo del disco, que hace que sea una canción un poco más lenta pero igual de pesada, sin bajar para nada lo que viene siendo el disco hasta ese momento. Un punto medio de géneros se da con “Unbound” con un ritmo ganchero y bien rápido. Un vuelco directo al thrash nuevamente llega con “Hell is Wasted on The Dead” cómo para no perder la costumbre tal vez.

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Pasando la mitad del disco llega “Through The Fire” que se va nuevamente al death con algunos toques de groove en el medio que hasta el momento dejan claro que, si bien el disco tiene mezcla de géneros hay dos que son más marcados que otros, siempre más allá de ser los estilos que maneja la banda en sí. En “Collateral Carnage” vemos un acercamiento más a lo melódico dentro de lo que se viene escuchando, resultando una buena mezcla al final. Pasa “Salvation Recalled” nos quedamos en el death melódico pero esta vez mucho más evidente en cuanto a la influencia de bandas clásicas del género. Asomando un poco el doom llega “Labyrinth of Lies” la cual con un ritmo ganchero pero con un clima denso y oscuro nos deja listos para el final de la placa el cual llega con “Letters of Resort” donde es todo mucho más lento y pesado que en lo anterior de la placa quizá con un poco de influencia del ese death más puro y podrido de los 90’s/80’s y un final en fade out que nos deja con una grabación de fondo de una mujer hablando que cierra de esta manera el nuevo disco de The Haunted.

Así pasó “Songs of The Last Resort” y nos queda claro que, si bien es un disco de The Haunted no tiene mucha similitud cómo su antecesor, ya que esta vez se fue más por el lado más rítmico y melódico y no tan por lo pesado o rápido. Más allá de eso el resultado es bueno, es un trabajo entretenido para el que busca música sin vueltas y directo al mentón. Esperamos y los suecos cumplieron, esperemos que cumplan ahora y podamos verlos más seguido en vivo, si bien cada uno tiene proyectos personales hay que recordarle al mundo que el death metal sueco está vivo y discos cómo estos son la prueba viviente de ello

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Katatonia – Nightmares As Extensions of the Waking State (2025)
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Katatonia es una banda que ha sabido cambiar y adaptarse a los tiempos con una habilidad difícil de encontrar en el mundo del metal. Los suecos no fueron la única banda pesada extrema de los noventas que cambió su sonido de manera abrupta de un disco para el otro, pero el cambio del death / doom / black de la dupla inicial Dance of December Souls y Brave Murder Day al rock gótico de los siguientes Discouraged Ones y Tonight’s Decision fue de los más grandes. Pero el cantante y por entonces baterista Jonas Renkse y el guitarrista Anders Nyström supieron mantener el atractivo melancólico de su sonido en terrenos más rockeros y accesibles, más tarde evolucionando a una mezcla escandinava de Tool y Deftones en el nuevo milenio y a las tendencias más progresivas de la última década, siempre manteniendo un nivel envidiable en sus lanzamientos. 

Dicho eso, el último par de álbumes de Katatonia, desde que volvieran de una pausa muy corta, han sido de los que menos he tenido ganas de volver a escuchar, en especial Sky Void of Stars (2023), el cual escuché cuando salió, me dije “Eh, no está mal” y no volví a escuchar hasta hace unos días atrás justamente para esta reseña. Como dije antes, no me parecen malos pero sí un tanto hechos en piloto automático, al punto tal de que sería posible mezclar todas las canciones y no saber cuál corresponde a tal álbum. Es un riesgo que muchas bandas de esta onda melancólica siempre corren.

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Y parece que las cosas tampoco estaban bien en el seno de Katatonia, porque en marzo de este año se anunció la salida de Anders Nyström. Y parece que encima la salida del guitarrista no fue 100% amigable: sin llegar a peleas ni nada de eso, el guitarrista declaró que su salida se dio por “el ninguneo” de Katatonia hacia el material de sus primeros discos en las presentaciones en vivo y que, sin menospreciar ninguno de sus álbumes y expresando su aprecio por todos ellos, consideraba que Katatonia debería haber cambiado de nombre junto al cambio de estilo.

Katatonia siempre fue una banda que tuvo problemas para mantener una formación estable, pero tanto Nyström como Renkse habían sido siempre las dos mitades del motor que habían llevado adelante a la banda a través de más de tres décadas y media: siempre me pareció que hacían un buen dúo, con Nyström siendo el ruido y Renkse la calma potenciándose uno al otro. Pero siendo que Nyström siempre se mantuvo cercano a los sonidos más extremos del metal a través de proyectos propios como Diabolical Masquerade y Bloodbath, y que ya en 2024 el por entonces segundo guitarrista Roger Öjersson había soltado que Nyström no había estado en los dos últimos discos de la banda, justamente coincidiendo con los dos lanzamientos luego de la pausa corta de Katatonia en 2018, no hay que ser un maestro de la deducción para pensar que la atención de Nyström estaba puesta en otro lado.

Al mes siguiente se anunció Nightmares As Extensions Of The Waking State, el decimotercer álbum de Katatonia y uno que cargaba con la responsabilidad de ser el primero sin Nyström (ya sea físicamente o en los créditos) y de tener que presentar a Nico Elgstrand y Sebastian Svalland, los dos nuevos guitarristas de la banda que llegaron para reemplazar a Nyström y Öjersson. Ese es un peso enorme para llevar en los hombros antes siquiera de haber salido, lo que claramente contribuyó a las reseñas tibias tirando a frías que se vienen publicando del álbum desde que salió el 6 de junio, tanto por parte de publicaciones profesionales como de fans de Katatonia. Y después de pegarle unas cuantas escuchadas a NAEOTWS, lamentablemente me debo contar entre ellos: éste es sin lugar a dudas para mí el peor álbum de Katatonia hasta ahora.

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El mayor problema con NAEOTWS es que le faltan más riffs firmes. Aunque la estética sonora de Katatonia siempre haya tirado a los paisajes grises y lluviosos, siempre tuvieron riffs como para balancear las voces limpias sufridas de Jonas Renkse, y momentos explosivos que servían como catarsis en medio de la oscuridad: un “My Twin”, un “Teargas”, un “Forsaker”, un “Birds”, un “Criminals”, un “Cold Ways”. Pero acá hay demasiado énfasis en los sonidos atmosféricos, sin tener las melodías como para tratar todo con un hilo conductor. Lo cual es extraño porque la inicial “Thrice” parece prometer algo más pesado… durante cinco segundos antes de comenzar con los versos lánguidos y las guitarras “sutiles”, que son las que terminan dominando gran parte del álbum.

El tema acá no es que Katatonia esté haciendo algo diferente y lo esté haciendo mal, sino que está haciendo lo mismo que desde hace una década, pero peor. Renkse y compañía dejaron que la melancolía se convirtiera en aburrimiento, algo que Katatonia siempre había logrado evitar. Salvando las distancias, por momentos me recuerda a Fear Inoculum, aquel disco de Tool que también cargaba con una responsabilidad enorme detrás, pero que mostró a la banda perdiendo el balance que había caracterizado a sus trabajos anteriores, dando como resultado un disco profundamente anodino.

Sin embargo, NAEOTWS tiene un par de instancias como para destacar: “Lilac” y “Temporal” tienen unas buenas guitarras pesadas, con la segunda posicionándose como mi canción pesada favorita del disco. Y en una segunda mitad que en líneas generales se llevó la peor parte en cuanto a calidad, tenemos a “Efter Solen”, una canción de estilo electrónico que no quedaría fuera de lugar en alguno de los últimos trabajos de Ulver. Es una canción perfecta y obvia para cerrar el álbum, y el hecho de que no lo haga, siendo la anteúltima justo antes de “In The Event Of”, alimenta las sospechas de que todo el proceso detrás del álbum se hizo muy a las apuradas, o al menos sin la atención que requería.

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NAEOTWS no es un trabajo inescuchable, porque si fuera inescuchable, al menos podríamos decir que logra llamar la atención del oyente, aunque sea de manera negativa. No, el problema con NAEOTWS es que justamente es tan liviano que casi no deja impresión después de varias escuchas, casi como si estuviéramos escuchando ruido blanco. En otras palabras, es un disco aburrido.

Ahora, quisiera cerrar con una nota positiva, como para que no sean todas pálidas. Aunque su estreno no haya sido el mejor, diría que Elgstrand y Svalland hacen un trabajo decente con el material que les dieron, destacando en los solos, y el bajista Niklas Sandin y el baterista Daniel Moilanen siguen siendo una gran base instrumental, sobre todo con el batero con todos los fills interesantes que podemos encontrar. No es el fin del mundo, y estoy seguro que con algo de descanso, ya sea dándose más tiempo o dándole una vuelta de tuerca a su sonido, o ambas cosas, algo que Renkse ha sabido darle al grupo en ocasiones anteriores, Katatonia puede volver a reponerse y ofrecer un nuevo trabajo a la altura de su leyenda. La base para ello claramente está, solo hace falta ponerle más garra.

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Amenra – De Toorn & With Fang and Claw (2025) [EPs]
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A esta altura Amenra ya tiene una base de fans lo suficientemente sólida como para hacer lo que quieran, por ejemplo, en vez de lanzar un nuevo LP, dividirlo en dos EP con dos tracks extensos cada uno (que entrarían en un solo LP). Esto supone que las cuatro canciones a las que se podría acceder en formato físico por el precio de un único disco, requieran una doble inversión por parte del público melómano. No digo que la decisión detrás de esta modalidad de edición sea económica, seguramente tiene que ver con factores creativos, criterios estéticos. Sin embargo, no podemos dejar de señalar que, tal como dijimos en un principio, algo así solamente puede hacerlo un grupo que ya sabe que tiene su propio culto fiel.

Esta banda belga que ya es una referencia ineludible en la escena mundial del post-metal atmosférico, con claras influencias del doom y sludge, sigue consolidando una trayectoria marcada a fuego. Ya van por el tercer cambio en el puesto de bajista. Ahora cuentan con una mujer en la formación: Amy Tung Barrysmith. Hay que aclarar que ella no grabó en estos nuevos trabajos, sino Tim De Gieter, el bajista anterior. Esta modificación supone, no solamente una diferencia en cuanto a la ejecución de dicho instrumento, sino también en la persona encargada de los coros guturales, de ahora en más a cargo del guitarrista Mathieu Vendekerckhove. Por otro lado, Amy ahora puede cantar en vivo la parte femenina del clásico Am Kreuz, grabada por Lingua Ignota. Honestamente, debo decir que la formación con De Gieter me parecía más sólida, pero quién sabe los motivos para que ya no siguiera en la banda.

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Aparentemente, “De Toorn” fue grabado en una única sesión en vivo y cumple la función de ser una suerte de cierre del proceso iniciado con el álbum anterior, “De Doorn” (2021), una obra maestra que terminó con la serie numerada de las seis misas que fueron los discos previos. Sin embargo, la foto de la portada remite inmediatamente a la del EP “Mass I” (2013).  Heden, el primer track va generando un clima muy lentamente, con una base de bajo sencilla, algunos arpegios etéreos, y un recitado en flamenco del estilo que ya es bien propio de la banda. Bendita sea la voz de Colin H. van Eeckhout. Luego ingresa muy sutilmente la percusión y el discurso se transforma en un dulce canto melódico. Suenan los latidos de un corazón y llega el estallido: la catarsis que ya es una marca identitaria de Amenra, con la distorsión grave y los alaridos desgarradores. La melancolía retorna hacia el final. De Toorn (Talisman) tiene un comienzo también delicado pero más directo, casi con reminiscencias country algo que, conociendo el amor de Amenra por Townes Van Zandt, no es nada extraño (recordemos que han grabado algunos covers de sus canciones). El tempo es un poco más rápido, el in crescendo hacia el clímax –o mejor dicho, la petite mort– es más acelerado. En términos generales, el patrón es el mismo que el anterior. En esta oportunidad se destacan los coros guturales y las guitarras tienen un despliegue de una tristeza mucho más elaborada.

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“With Fang and Claw” es un EP más breve: eso ya es una promesa de mayor intensidad. En efecto, la primera canción, Forlorn, es lo mejor de esta nueva producción de la banda. Una pieza profundamente visceral y evocativa, pesada tanto sonora como emocionalmente, una nueva manifestación de ese sludge tan poético que caracteriza a esta secta belga, otra vez cantando en inglés. Hablo de todo lo que hace que a quienes somos fanáticos de Amenra se nos ponga la piel de gallina. Salve Mater sigue la misma vena, con riffs lacerantes y una batería de expresividad más amplia. Puro goce flotando en bilis negra, dentro de una fuente de inigualable majestuosidad en el paisaje del metal contemporáneo. Los machaques del final son aplastantes; tienen una potencia implacable. Vale la pena mencionar que los cuatro tracks se difundieron con sus respectivos videos, y ya sabemos que los videos de este grupo siempre son de una gran apuesta visual. Obviamente entra en la lista de los lanzamientos de este año en curso. Amenra nunca decepciona.

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Machine Head – Unatøned (2025)
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El pasado 25 de abril, Machine Head editó su undécimo disco de estudio, titulado UNATØNED. Si, nuevamente utilizando la misma tipografía que su antecesor, ØF KINGDØM AND CRØWN, en mayúsculas y con las letras O tachadas como en las lenguas danesa, feroesa y noruega. ¿Y por qué demoré tanto en escribir estas líneas? Un poco de contexto: me declaro fanático confeso de los liderados por Robb Flynn desde Burn My Eyes, más conocido como el debut discográfico de la banda, irrumpiendo con todo su poder en el vasto mundillo del metal, con un groove metal al mejor estillo Pantera, aunque un poco más oscuro. A lo largo de su hoy extensa discografía, la banda mutó en varias ocasiones, pasando del antes mencionado groove metal al nü metal, para luego encontrar su sonido en un thrash moderno, groovero y un tanto melódico. Tuvieron picos altos (The Blackening), picos bajos (Supercharger) y ahora me encuentro con un pico aún más bajo, de la mano del disco que ¿motivó? esta reseña. Aclaro que siempre me mantuve fiel a la banda y todos sus cambios, no solo de orientación musical (siempre dentro del thrash y el groove) sino además de formación.

Recordemos que hoy por hoy, el cantante y guitarrista Robb Flynn es el único miembro original de la banda. Pero cuando escuché UNATØNED por vez primera, me llevé una cierta decepción. No por el sonido, soberbio por donde se lo escuche (aunque demasiado producido para mi gusto), sino por el exceso de melodías, precisamente en las voces. No es novedad que a Robb le gustan las voces limpias y melódicas. Pero en este nuevo registro discográfico no solo hizo uso de las mismas, sino abuso. Y no es que estén mal, todo lo contrario. Si no que llega un punto en que empalagan, tienden a aburrir. Y este punto es a los pocos segundos de comenzar a escuchar el disco. Quizás haya tenido que ver el ingreso del bajista Jared MacEachern (ex-Sanctity, banda de metalcore… con voces limpias y melódicas) hace poco más de diez años, quien no solo demuestra ser un hábil bajista, sino además un muy buen cantante e incluso gran ladero de Flynn.

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El arranque, de la mano de “Atomic Revelations“, parece indicar que lo que sigue es una aplanadora sónica. Pero llega el estribillo y esta aplanadora se cae a pedazos. Es el típico tema cuya fórmula se viene repitiendo en los últimos discos de Machine Head: intro demoledora, estrofa aún más explosiva, estribillo excesivamente melódico, solos de guitarra épicos y nuevamente el exceso de azúcar. Para el segundo track, “Unbound“, uno piensa que todo va a cambiar cuando comienza la introducción a todo vapor, blast beat de batería y riff 100% groovero mediante. El tema promete, pero una vez más llega el estribillo y el azúcar en sangre aumenta descaradamente. Así y todo, el track en cuestión es de los mejores del disco. Le sigue “Outsider” y ya desde el arranque, el exceso de melodías en las voces. Van tres temas y la fórmula es la misma. “Not Long for This World” comienza básicamente como un hit radial a medio tiempo. Transcurre igual. Y termina igual. “These Scars Won’t Define Us” cambia un poco el paradigma que venimos escuchando: una banda a toda velocidad, pero que nuevamente se pincha en un estribillo pegadizo, sumamente melódico aunque no menos épico. La particularidad de este tema es que tiene como invitados a miembros de las bandas que acompañaron a Machine Head durante una reciente gira norteamericana: In Flames, Lacuna Coil y Unearth. Tiene sus buenos momentos, pero nuevamente… la melodía en exceso en el estribillo. “Dustmaker“, séptimo track del disco, es un tema de dream pop al cual nos tiene acostumbrado Deftones, el cual hace las veces de un interludio instrumental de dos minutos de duración.

Con “Bonescraper” parecería que todo va cambiar, al menos por el nombre del tema, sumamente metalero. Pero no. La melodía. La maldita melodía y un estribillo no solo endulzado al máximo, sino con un coro digno de banda de pop, que entiendo Robb Flynn disfrutaría mucho arengando en vivo. Tiene un buen breakdown, pero no más que eso. En “Addicted to Pain“, la cosa cambia. De hecho, arranca rabiosamente dando a entender que hasta acá llegó lo que venían haciendo. Pero adivinen qué pasa en el estribillo. Con “Bleeding Me Dry” me pasó algo parecido a “Not Long for This World”, pero en este caso hay un poco (y solo un poco) más de la violencia característica de la banda en trabajos anteriores. Nuevamente, un breakdown más que digno, de hecho está más que bien. “Shards of Shattered Dreams” promete ser el gran tema del disco, el más violento. De hecho, así arranca. Hasta que, nuevamente, llega el estribillo y el tema parece otro. Es como si fueran dos temas en uno. No obstante, en el global, es un muy buen tema, super característico del Machine Head de siempre. De lo mejor de UNATØNED. Y el cierre de la mano de “Scorn” deja gusto a muy poco. Se trata de una balada de piano que “explota” en un determinado momento y se mantiene así prácticamente a lo largo del tema.En esta reseña, se repitió mucho la palabra “estribillo” porque resulta ser gran protagonista. Lo mismo la palabra “melodía”. Y es que es inevitable caer en estas dos palabras con un disco así.

Da la impresión que los de Flynn están en búsqueda de nuevas generaciones en cuanto a su base de fans se refiere. Porque para el hardcore fan, como quien suscribe, UNATØNED resulta monótono. Sin temor a equivocarme, creo estar en presencia de lo más bajo de Machine Head, banda que sigo y supongo seguiré por siempre. Puede ser la edad. Puede ser que no termino de comprender el volantazo en torno al cambio de orientación musical en busca de nuevos horizontes. Pero este décimo primer disco de la banda me dejó con gusto a poco. A nada incluso. Sí hay que aplaudir de pie los riffs y los breakdowns, esto no se discute. Pero el resto… no, gracias!

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