


Hoy en día es muy común que las bandas cooperen entre sí y realicen giras conjuntas como cabezas de cartel. Estos tours, llamados co-headlining, pueden tener distintos objetivos: ya sea juntar bandas similares, pero que no apunten exactamente al mismo público, para alcanzar diferentes audiencias; reunir grupos de distintas regiones o, como en este caso, juntar a dos bandas que apuntan al mismo público y realizar una gira histórica. Dimmu Borgir y Behemoth son dos agrupaciones que, si bien difieren en estilo, apuntan a un público que recién se inicia en el Black Metal. Esto se debe a que son dos bandas más digeribles dentro del género y cuyas propuestas visuales y estrategias de marketing también logran captar bastante atención. Son grupos que funcionaron como puerta de entrada al género para muchos, inclusive para quienes realizamos esta cobertura, hace ya casi 20 años. Por lo que la emoción y la expectativa por el show estaban por las nubes.
Pero estos tours suelen tener otra característica interesante: acostumbran llevar como acto soporte a alguna banda conocida o importante que no esté al mismo nivel de convocatoria. En este caso, la elección fue excelente: los pioneros del Black Metal sueco, Dark Funeral. Un grupo que entra en la vida de uno cuando ya da un paso más dentro del género y empieza a adentrarse en sonidos más crudos. Por lo que su inclusión, además de certera comercialmente, también lo fue desde lo emotivo. Este tridente infernal salió de gira bajo el nombre de In League With Satan Tour, en homenaje a la canción de Venom. Este tema fue versionado por Behemoth y contó con Shagrath como invitado. Además, debido al reciente fallecimiento de Cronos, este nombre tomó un nuevo significado y peso. Como un homenaje planeado en vida que terminó acompañando los primeros meses de su paso a los reinos infernales. Y más allá de eso, son tres bandas que alzan la bandera de Satán y su impronta bien en alto, por lo que también comparten una filosofía que las unifica.
TAMBIEN TE PUEDE INTERESAR: Malevolent Creation y Mystic Circle en Buenos Aires: “Metal y compromiso”
La noche empezó con los suecos saliendo a toda energía con “Unchain My Soul”, seguida por la canción que da nombre al clásico álbum Secrets of the Black Arts. Al comienzo, el sonido fue desparejo y extraño, pero para el segundo tema se emparejó y sonó muy bien. Muy prolijo, nítido y claro. Los riffs gélidos, pero a la vez melódicos, sonaban potentes y penetrantes, mientras que la batería era una locomotora que se llevaba todo puesto. Sin aflojar, sin pifiar un golpe, siempre firme y sustentando el poder del grupo. La voz bien aguda y gritona de Heljarmadr estaba al frente de la mezcla, liderando. Por momentos, al cantar tan agudo, podía resultar algo molesta, pero es una observación menor. Tras otro clásico infaltable como “The Arrival of Satan’s Empire” y muchos pedidos de alabanza al señor de las tinieblas, un breve solo de batería musicalizó la pausa. La banda volvió para interpretar “Let the Devil In” y ofrecer un gran cierre con “Where Shadows Forever Reign”, que terminó con el vocalista flameando una bandera con el logo del grupo.
El concierto fue muy bueno y tuvo una buena respuesta, pero… ¡Solo cinco canciones! ¡Treinta minutos! Si bien entiendo el lugar que ocupan en el tour, creo que una banda de ese estatus e importancia para el género debería tocar, como mínimo, 45 minutos. Las puertas se abrieron a las 18:00 y ellos comenzaron a las 19:00. ¿No podrían haber arrancado a las 18:45? Pero bueno, son las reglas del juego y, por suerte, todavía faltaban los dos platos principales.
Apenas terminó el grupo anterior, una tela blanca tapó el escenario. Esta sirvió como pantalla para proyectar el video introductorio que acompañó la entrada de Behemoth al escenario. Al caer el telón, la poderosa “Daimonos” dio inicio a un concierto inolvidable y cargado de energía. La presentación continuó con la ganchera “Ora Pro Nobis Lucifer”, durante la cual Nergal invitó a cantar a los presentes. La mejora de sonido fue notoria y evidente. Sonó con mucha más presencia y fuerza que el grupo anterior. Los detalles se escuchaban a la perfección y nada tapaba nada. Estaba todo perfectamente nivelado y sincronizado.
TAMBIEN TE PUEDE INTERESAR:Mental Cruelty – Echoes of a Forlorn Land (2026)
Se nota que los polacos vienen con una formación estable desde hace más de 20 años. Se compenetran a la perfección. No solo a nivel de ejecución técnica de los instrumentos, sino también en cuanto a la performance. Cada uno sabe en qué momento secundar al compañero, cuándo acercarse a tal rincón del escenario o hacer un gesto para convocar a la audiencia. Está todo perfectamente delimitado y trabajado. La lista de temas es un punto debatible. Si bien cuenta con la mayoría de los clásicos más modernos, hacen falta canciones más antiguas. No me estoy refiriendo a los inicios, ya que Nergal está abordando esa etapa con su proyecto aparte. Hago alusión a la época que va desde Satanica (1999) hasta The Apostasy (2007), ya que hay varios discos que no están representados. Pero, a su vez, los que sí aparecen siempre lo hacen a través de las mismas canciones. Creo que Behemoth tiene un repertorio muy amplio y efectivo como para evitar caer en esta continua repetición de temas.
A mitad del concierto, una pantalla volvió a caer para proyectar otro video, que dio pie a “I, Scvltpor”, de su reciente EP homónimo. En este tema, Nergal dejó su guitarra y se limitó a cantar subido a una plataforma. Ya para la segunda mitad del concierto sucedieron varias anécdotas para destacar. La primera fue el enorme agradecimiento de la banda hacia el equipo técnico, conocido como Behemoth’s Wolfpack, destacando su gran trabajo en el armado de la enorme producción escénica, sonora y logística. También aprovecharon para explicar que no utilizaron fuego porque las leyes locales no lo permiten.
Los siguientes momentos destacables estuvieron relacionados con la música. El primero fue “Bartzabel”, con el frontman tocando con un sombrero papal. Luego llegó el gran clásico “Chant for Eschaton 2000”, que durante años cerró los shows del grupo y que ahora se encarga de ponerle fin al concierto antes de los bises. Durante esta canción, el bajista Orion bajó a tocar entre el vallado. Un momento súper enérgico y poderoso. Tras esto, el grupo saludó y arrojó a la audiencia una infinidad de púas y objetos. Pero todavía faltaba el gran final, de la mano de la épica “O Father, O Satan, O Sun”, una canción de medio tiempo, atmosférica, que es sencillamente una obra maestra y resulta ideal para cerrar un concierto. Esta consta de dos partes: una cantada normalmente y otra en la que los músicos se colocan unas máscaras y tocan casi inmóviles, como si fueran apariciones demoníacas, mientras una pista recita las últimas estrofas de la canción. Al finalizar, las luces se apagan y los músicos se retiran sin dejar rastro. Un final épico y oscuro que te deja con la boca abierta.
TAMBIEN TE PUEDE INTERESAR:Deep Purple en Copenhague: “Una noche de mística y nostalgia”
Más allá de algunas críticas que uno hace como fan de la vieja escuela, es indiscutible que Behemoth alcanzó un nivel altísimo y que sus shows en vivo siempre están entre los mejores espectáculos de cada año o de los festivales en los que se presentan.
Llegó el turno del segundo plato fuerte y, siendo sincero, no tenía las expectativas muy altas. Vienen sacando discos que van de mediocres a malos y, las últimas veces que los había visto en vivo, sus presentaciones habían obtenido la misma valoración. El concierto comenzó de manera tibia, de la mano de “Ulvgjeld & Blodsodel”. Pero el entusiasmo subió varios escalones gracias al clásico “Mourning Palace” y a la súper técnica e intrincada “Kings of the Carnival Creation”. Ambas fueron muy celebradas. El sonido fue muy bueno, nítido y dando espacio a todos los instrumentos. Pero me pareció que la banda anterior había sonado con más poder. Como que a los noruegos les faltó un poco de potencia. Puede ser por el aspecto sinfónico de su propuesta o porque, en general, no eligieron temas demasiado rápidos para su repertorio.
Otro punto a comparar con respecto a los polacos es que no están tan compenetrados. Behemoth funcionó como una unidad; Dimmu Borgir, como un grupo de músicos que hacían bien su trabajo, pero en el que cada uno parecía estar en su propia zona. Fallaron a la hora de transmitir esa sensación de banda. Yendo directamente a los frontmen, Shagrath no tiene carisma. Está ahí, deambulando por el escenario y cantando, pero no atrae las miradas ni anima demasiado a la gente. Caso contrario al de Nergal, que se ocupa de que no le saques los ojos de encima. Esto se notó mucho en el punto más alto del set, cuando Nergal subió a cantar el clásico de Venom que dio nombre al tour. Era imposible no seguirlo a él e ignorar por completo al resto.
TAMBIEN TE PUEDE INTERESAR:Tano Romano (La H No Murió): “Toda mi vida hice lo que amo”
La lista de temas se centró en material nuevo, algo que no es de mi agrado. Pero, al parecer, a los nuevos fans del grupo sí les gusta, ya que algunas canciones como “As Seen in the Unseen” tuvieron una gran respuesta. La última parte del repertorio se centró en los grandes éxitos del grupo. Y acá apareció un problemón: la falta de un cantante de voz limpia. En canciones como “The Serpentine Offering” o el clásico que cerró la noche, “Progenies of the Great Apocalypse”, el vocalista susurró algunas partes de la letra, pero lo que predominaba era un sample extraño de la voz de Vortex, mezclado con un coro. Una decisión muy extraña, ya que sonó raro y feo. Entiendo que ya no quieran tener un cantante de voz limpia para su nueva música. Pero que contraten a un bajista o guitarrista que pueda hacerse cargo de esas partes en vivo. ¿O me van a decir que en Noruega no hay músicos que podrían encargarse de eso? Esta decisión me parece que nace del ego de Shagrath, de querer ser el centro de atención, y termina perjudicando a Dimmu Borgir. Tras el final con la canción mencionada, los noruegos saludaron y dieron cierre a una gran noche. Esto, con un show que, si bien tuvo muchos puntos en contra, aprobó. Fue entretenido y cumplió.
Antes de cerrar, me gustaría destacar la importancia emocional que tuvo este tour. Pude ver juntas a estas tres bandas que me iniciaron en mi género favorito, y hacerlo tan lejos de Buenos Aires, donde las conocí. Tengo el recuerdo de que las tres primeras remeras de bandas de Black Metal que compré, allá por los locales de la peatonal Lavalle, fueron una de Dimmu Borgir, otra de Behemoth y una de Dark Funeral. Hace 18 años, cuando recién entraba en la adolescencia y me estaba dejando crecer el pelo. Muy emotivo este concierto para quien escribe.
Esta gira llevó el estandarte del Black Metal más melódico y digerible a los grandes escenarios, y convocó tanto a fans nuevos como a viejos en comunión. Más allá de los detalles sobre los conciertos y el presente de los grupos, lo más importante fue ver a esta trinidad blasfema junta y unida, levantando la bandera de la música extrema y de Satán, y honrando a su reciente padre caído, el gran Cronos, de Venom.




Hoy en día es muy común que las bandas cooperen entre sí y realicen giras conjuntas como cabezas de cartel. Estos tours, llamados co-headlining, pueden tener distintos objetivos: ya sea juntar bandas similares, pero que no apunten exactamente al mismo público, para alcanzar diferentes audiencias; reunir grupos de distintas regiones o, como en este caso, juntar a dos bandas que apuntan al mismo público y realizar una gira histórica. Dimmu Borgir y Behemoth son dos agrupaciones que, si bien difieren en estilo, apuntan a un público que recién se inicia en el Black Metal. Esto se debe a que son dos bandas más digeribles dentro del género y cuyas propuestas visuales y estrategias de marketing también logran captar bastante atención. Son grupos que funcionaron como puerta de entrada al género para muchos, inclusive para quienes realizamos esta cobertura, hace ya casi 20 años. Por lo que la emoción y la expectativa por el show estaban por las nubes.
Pero estos tours suelen tener otra característica interesante: acostumbran llevar como acto soporte a alguna banda conocida o importante que no esté al mismo nivel de convocatoria. En este caso, la elección fue excelente: los pioneros del Black Metal sueco, Dark Funeral. Un grupo que entra en la vida de uno cuando ya da un paso más dentro del género y empieza a adentrarse en sonidos más crudos. Por lo que su inclusión, además de certera comercialmente, también lo fue desde lo emotivo. Este tridente infernal salió de gira bajo el nombre de In League With Satan Tour, en homenaje a la canción de Venom. Este tema fue versionado por Behemoth y contó con Shagrath como invitado. Además, debido al reciente fallecimiento de Cronos, este nombre tomó un nuevo significado y peso. Como un homenaje planeado en vida que terminó acompañando los primeros meses de su paso a los reinos infernales. Y más allá de eso, son tres bandas que alzan la bandera de Satán y su impronta bien en alto, por lo que también comparten una filosofía que las unifica.
TAMBIEN TE PUEDE INTERESAR: Malevolent Creation y Mystic Circle en Buenos Aires: “Metal y compromiso”
La noche empezó con los suecos saliendo a toda energía con “Unchain My Soul”, seguida por la canción que da nombre al clásico álbum Secrets of the Black Arts. Al comienzo, el sonido fue desparejo y extraño, pero para el segundo tema se emparejó y sonó muy bien. Muy prolijo, nítido y claro. Los riffs gélidos, pero a la vez melódicos, sonaban potentes y penetrantes, mientras que la batería era una locomotora que se llevaba todo puesto. Sin aflojar, sin pifiar un golpe, siempre firme y sustentando el poder del grupo. La voz bien aguda y gritona de Heljarmadr estaba al frente de la mezcla, liderando. Por momentos, al cantar tan agudo, podía resultar algo molesta, pero es una observación menor. Tras otro clásico infaltable como “The Arrival of Satan’s Empire” y muchos pedidos de alabanza al señor de las tinieblas, un breve solo de batería musicalizó la pausa. La banda volvió para interpretar “Let the Devil In” y ofrecer un gran cierre con “Where Shadows Forever Reign”, que terminó con el vocalista flameando una bandera con el logo del grupo.
El concierto fue muy bueno y tuvo una buena respuesta, pero… ¡Solo cinco canciones! ¡Treinta minutos! Si bien entiendo el lugar que ocupan en el tour, creo que una banda de ese estatus e importancia para el género debería tocar, como mínimo, 45 minutos. Las puertas se abrieron a las 18:00 y ellos comenzaron a las 19:00. ¿No podrían haber arrancado a las 18:45? Pero bueno, son las reglas del juego y, por suerte, todavía faltaban los dos platos principales.
Apenas terminó el grupo anterior, una tela blanca tapó el escenario. Esta sirvió como pantalla para proyectar el video introductorio que acompañó la entrada de Behemoth al escenario. Al caer el telón, la poderosa “Daimonos” dio inicio a un concierto inolvidable y cargado de energía. La presentación continuó con la ganchera “Ora Pro Nobis Lucifer”, durante la cual Nergal invitó a cantar a los presentes. La mejora de sonido fue notoria y evidente. Sonó con mucha más presencia y fuerza que el grupo anterior. Los detalles se escuchaban a la perfección y nada tapaba nada. Estaba todo perfectamente nivelado y sincronizado.
TAMBIEN TE PUEDE INTERESAR:Mental Cruelty – Echoes of a Forlorn Land (2026)
Se nota que los polacos vienen con una formación estable desde hace más de 20 años. Se compenetran a la perfección. No solo a nivel de ejecución técnica de los instrumentos, sino también en cuanto a la performance. Cada uno sabe en qué momento secundar al compañero, cuándo acercarse a tal rincón del escenario o hacer un gesto para convocar a la audiencia. Está todo perfectamente delimitado y trabajado. La lista de temas es un punto debatible. Si bien cuenta con la mayoría de los clásicos más modernos, hacen falta canciones más antiguas. No me estoy refiriendo a los inicios, ya que Nergal está abordando esa etapa con su proyecto aparte. Hago alusión a la época que va desde Satanica (1999) hasta The Apostasy (2007), ya que hay varios discos que no están representados. Pero, a su vez, los que sí aparecen siempre lo hacen a través de las mismas canciones. Creo que Behemoth tiene un repertorio muy amplio y efectivo como para evitar caer en esta continua repetición de temas.
A mitad del concierto, una pantalla volvió a caer para proyectar otro video, que dio pie a “I, Scvltpor”, de su reciente EP homónimo. En este tema, Nergal dejó su guitarra y se limitó a cantar subido a una plataforma. Ya para la segunda mitad del concierto sucedieron varias anécdotas para destacar. La primera fue el enorme agradecimiento de la banda hacia el equipo técnico, conocido como Behemoth’s Wolfpack, destacando su gran trabajo en el armado de la enorme producción escénica, sonora y logística. También aprovecharon para explicar que no utilizaron fuego porque las leyes locales no lo permiten.
Los siguientes momentos destacables estuvieron relacionados con la música. El primero fue “Bartzabel”, con el frontman tocando con un sombrero papal. Luego llegó el gran clásico “Chant for Eschaton 2000”, que durante años cerró los shows del grupo y que ahora se encarga de ponerle fin al concierto antes de los bises. Durante esta canción, el bajista Orion bajó a tocar entre el vallado. Un momento súper enérgico y poderoso. Tras esto, el grupo saludó y arrojó a la audiencia una infinidad de púas y objetos. Pero todavía faltaba el gran final, de la mano de la épica “O Father, O Satan, O Sun”, una canción de medio tiempo, atmosférica, que es sencillamente una obra maestra y resulta ideal para cerrar un concierto. Esta consta de dos partes: una cantada normalmente y otra en la que los músicos se colocan unas máscaras y tocan casi inmóviles, como si fueran apariciones demoníacas, mientras una pista recita las últimas estrofas de la canción. Al finalizar, las luces se apagan y los músicos se retiran sin dejar rastro. Un final épico y oscuro que te deja con la boca abierta.
TAMBIEN TE PUEDE INTERESAR:Deep Purple en Copenhague: “Una noche de mística y nostalgia”
Más allá de algunas críticas que uno hace como fan de la vieja escuela, es indiscutible que Behemoth alcanzó un nivel altísimo y que sus shows en vivo siempre están entre los mejores espectáculos de cada año o de los festivales en los que se presentan.
Llegó el turno del segundo plato fuerte y, siendo sincero, no tenía las expectativas muy altas. Vienen sacando discos que van de mediocres a malos y, las últimas veces que los había visto en vivo, sus presentaciones habían obtenido la misma valoración. El concierto comenzó de manera tibia, de la mano de “Ulvgjeld & Blodsodel”. Pero el entusiasmo subió varios escalones gracias al clásico “Mourning Palace” y a la súper técnica e intrincada “Kings of the Carnival Creation”. Ambas fueron muy celebradas. El sonido fue muy bueno, nítido y dando espacio a todos los instrumentos. Pero me pareció que la banda anterior había sonado con más poder. Como que a los noruegos les faltó un poco de potencia. Puede ser por el aspecto sinfónico de su propuesta o porque, en general, no eligieron temas demasiado rápidos para su repertorio.
Otro punto a comparar con respecto a los polacos es que no están tan compenetrados. Behemoth funcionó como una unidad; Dimmu Borgir, como un grupo de músicos que hacían bien su trabajo, pero en el que cada uno parecía estar en su propia zona. Fallaron a la hora de transmitir esa sensación de banda. Yendo directamente a los frontmen, Shagrath no tiene carisma. Está ahí, deambulando por el escenario y cantando, pero no atrae las miradas ni anima demasiado a la gente. Caso contrario al de Nergal, que se ocupa de que no le saques los ojos de encima. Esto se notó mucho en el punto más alto del set, cuando Nergal subió a cantar el clásico de Venom que dio nombre al tour. Era imposible no seguirlo a él e ignorar por completo al resto.
TAMBIEN TE PUEDE INTERESAR:Tano Romano (La H No Murió): “Toda mi vida hice lo que amo”
La lista de temas se centró en material nuevo, algo que no es de mi agrado. Pero, al parecer, a los nuevos fans del grupo sí les gusta, ya que algunas canciones como “As Seen in the Unseen” tuvieron una gran respuesta. La última parte del repertorio se centró en los grandes éxitos del grupo. Y acá apareció un problemón: la falta de un cantante de voz limpia. En canciones como “The Serpentine Offering” o el clásico que cerró la noche, “Progenies of the Great Apocalypse”, el vocalista susurró algunas partes de la letra, pero lo que predominaba era un sample extraño de la voz de Vortex, mezclado con un coro. Una decisión muy extraña, ya que sonó raro y feo. Entiendo que ya no quieran tener un cantante de voz limpia para su nueva música. Pero que contraten a un bajista o guitarrista que pueda hacerse cargo de esas partes en vivo. ¿O me van a decir que en Noruega no hay músicos que podrían encargarse de eso? Esta decisión me parece que nace del ego de Shagrath, de querer ser el centro de atención, y termina perjudicando a Dimmu Borgir. Tras el final con la canción mencionada, los noruegos saludaron y dieron cierre a una gran noche. Esto, con un show que, si bien tuvo muchos puntos en contra, aprobó. Fue entretenido y cumplió.
Antes de cerrar, me gustaría destacar la importancia emocional que tuvo este tour. Pude ver juntas a estas tres bandas que me iniciaron en mi género favorito, y hacerlo tan lejos de Buenos Aires, donde las conocí. Tengo el recuerdo de que las tres primeras remeras de bandas de Black Metal que compré, allá por los locales de la peatonal Lavalle, fueron una de Dimmu Borgir, otra de Behemoth y una de Dark Funeral. Hace 18 años, cuando recién entraba en la adolescencia y me estaba dejando crecer el pelo. Muy emotivo este concierto para quien escribe.
Esta gira llevó el estandarte del Black Metal más melódico y digerible a los grandes escenarios, y convocó tanto a fans nuevos como a viejos en comunión. Más allá de los detalles sobre los conciertos y el presente de los grupos, lo más importante fue ver a esta trinidad blasfema junta y unida, levantando la bandera de la música extrema y de Satán, y honrando a su reciente padre caído, el gran Cronos, de Venom.




















