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Dream Theater en Buenos Aires: “La Parasomnia mejor soñada”
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Portada: Wolfeeliotmedia 

No todos los días uno es testigo de un despliegue musical de alto calibre como el que se presenció hace unas noches en el Movistar. De una interpretación sublime. Milimétricamente calculada. Con un nivel de producción estelar, de esas que deja a todo el mundo dentro del recinto extasiado y con la boca completamente abierta y babeando hasta el piso. Mucho menos, uno es testigo de un show de estas características, y que encima, cuente con una duración de ni más ni menos que tres horas.

Bueno, tal vez si uno es habitué de los conciertos de Dream Theater, puede que presencie más seguido este tipo de espectáculos. Y es que la actuación que nos ofrecieron los neoyorquinos el pasado 24 de abril en medio de la capital porteña, fácilmente puede quedar registrada como una de los mejores en el país. Si es que no fue la mejor.

A tan solo un año del lanzamiento de su nuevo álbum, Parasomnia (2025), los legendarios maestros del metal progresivo, llegaron a la Argentina para deleitar a sus fanáticos con una interpretación íntegra de dicho trabajo y un viaje que los llevó a rincones no tan explorados dentro de su discografía.

Pero antes de eso, estuvo la banda Génova que funcionó como el acto apertura de la noche. Despojados de cualquier instrumento eléctrico, el grupo argentino salió al escenario a las 20hs en formato acústico, con únicamente dos miembros, Nicolás Messina en la guitarra y Lucas Aguirre frente a los micrófonos. Con esta particular formación y alejados de su estilo alternativo de metal, abrieron la jornada con un set que recorrió distintos puntos de su carrera.

Ante un Movistar Arena que aún estaba recibiendo público, los músicos se plantaron con firmeza y ofrecieron una actuación limpia, cálida e impecable. Media hora fue tiempo más que suficiente para poder despedirse entre aplausos y con el sello de aprobación de la gente, que se mostró atraída por la singular propuesta de la banda.

Acorde al horario y con la misma precisión que un reloj suizo, apenas se hicieron las 21hs empezaron a sonar los arpegios de “In the Arms of Morpheus” que fueron envolviendo al recinto de un aura oscura en el ambiente mientras los músicos, uno por uno, hacían acto de aparición sobre el escenario. Tras esta introducción instrumental cargada de luces, humo y láseres, la banda finalmente dio inicio a su actuación y al primer segmento de la noche con “Night Terror”.

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Lo primero para destacar sin duda, es la gran puesta en escena con la que contó esta parte de la presentación. Ya que desde el minuto uno, la producción se encargó de crear un ambiente lúgubre y tétrico acorde con la temática del nuevo álbum del grupo: con una cama abandonada y asolada en el centro, uno faros de luz oscuros propios de las calles góticas de la Nueva York de fines del siglo XIX, un micrófono adornado con una cabeza con tres caras unidas y deformadas gritando, y de fondo, las animaciones visuales en la pantalla central que iban variando de acuerdo con el tema. Todo con la idea de sumergir al espectador en medio de un viaje onírico y tormentoso en los más profundo de su ser. En un mundo dónde no hay lugar para los sueños, y en el que reina la locura y la parasomnia.

Si algo dejó en claro la banda es que no escatimó en recursos técnicos. Y como cereza del postre, tuvimos una figura inflable de más de dos metros de altura conocida como Shadowman, que estuvo presente en “The Shadow Man Incident”, marcando el cierre de este arco del show.

Tras este arranque absorbente y arrollador por parte de la maquinaria técnica neoyorkina, hubo un pequeño descanso de 20 minutos adornado con la melodía de la emblemática serie, Twin Peaks, en dónde la gente aprovechó para ir al baño y recargar energías para lo que vendría a continuación.

Y es que el segundo acto estuvo cargado de nostalgia y rarezas. “The Enemy Inside” y “A Rite of Passage”, marcaron el comienzo de las grandes rondas de pogo y de los gritos efervescente de los fanáticos, que dejaron de ser simples observadores para pasar a formar parte del espectáculo. Conectándose al ritmo vibrante y dinámico del grupo.

La unión de “Through My Words” y “Fatal Tragedy” funcionó como el espacio de mayor calma y brillo de la toda noche (junto con la balada “Bend The Clock” en la primera parte), mientras que “The Dark Eternal Night” sin duda desató el momento más explosivo y pirotécnico, tanto por parte Petrucci y compañía, como de los fans.

TAMBIEN TE PUEDE INTERESAR: Dream Theater – Parasomnia (2025)

“Peruvian Skies” nos trajo a los Dream Theater más psicodélicos, acompañados de unas imágenes visuales muy coloridas y unos pequeños guiños a Pink Floyd y Metallica. Por su parte, “Take The Time” fue la carta representativa de su mayor clásico, Images And Words (1992).

Pero el momento más esperado y seguramente, el más memorable tuvo lugar durante el último acto. Un fragmento de la icónica película Dead Poets Society (La sociedad de los poetas muertos), protagonizada por Robin Williams, funcionó como el preámbulo para la gran epopeya de la noche: “A Change of Seasons”, que era el otro atractivo del concierto. La banda tocó la suite completa, con la misma sensibilidad y calidez con la que fue compuesta. Desplegando toda su destreza a lo largo de los 20 minutos y culminando de manera gloriosa una jornada especial.

Y podemos decir que fue especial por varios factores. Uno, ya lo mencionamos y fue el impecable nivel de producción con el que contó el show. Otro ya lo estuvimos viendo a lo largo de la reseña y es el setlist, que no sólo estuvo comprendido por joyas que no son habituales dentro del catalogo de la agrupación, sino que varias tuvieron su estreno oficial en el país. Y un tercer factor que podría sumar sin problema, sería la extraordinaria performance del grupo. Pero haré una mención especial, a la que fue la gran figura de la noche, James Labrie.

El cantante contó fácilmente, con su mejor interpretación vocal en mucho tiempo. Alcanzando notas altas y exigentes con comodidad, y desenvolviéndose en el escenario con suma frescura y soltura. Sin duda, el canadiense fue la gran sorpresa de la velada, encontrando el equilibrio perfecto entre potencia y melodía en su canto.

De esta manera, este nuevo paso de Dream Theater por Argentina quedará marcado a fuego como uno de los más sobresalientes y memorables. Porque no se trató solo de un show más: fue el testimonio de una banda que con 40 años a sus espaldas, todavía sabe sorprender y cautivar a sus fanáticos. Y que tiene catalogo de sobra, para hacerlo. Quién sabe, con que piezas nos podemos encontrar en la próxima cita con los maestros.

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Dream Theater en Buenos Aires: “La Parasomnia mejor soñada”
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Portada: Wolfeeliotmedia 

No todos los días uno es testigo de un despliegue musical de alto calibre como el que se presenció hace unas noches en el Movistar. De una interpretación sublime. Milimétricamente calculada. Con un nivel de producción estelar, de esas que deja a todo el mundo dentro del recinto extasiado y con la boca completamente abierta y babeando hasta el piso. Mucho menos, uno es testigo de un show de estas características, y que encima, cuente con una duración de ni más ni menos que tres horas.

Bueno, tal vez si uno es habitué de los conciertos de Dream Theater, puede que presencie más seguido este tipo de espectáculos. Y es que la actuación que nos ofrecieron los neoyorquinos el pasado 24 de abril en medio de la capital porteña, fácilmente puede quedar registrada como una de los mejores en el país. Si es que no fue la mejor.

A tan solo un año del lanzamiento de su nuevo álbum, Parasomnia (2025), los legendarios maestros del metal progresivo, llegaron a la Argentina para deleitar a sus fanáticos con una interpretación íntegra de dicho trabajo y un viaje que los llevó a rincones no tan explorados dentro de su discografía.

Pero antes de eso, estuvo la banda Génova que funcionó como el acto apertura de la noche. Despojados de cualquier instrumento eléctrico, el grupo argentino salió al escenario a las 20hs en formato acústico, con únicamente dos miembros, Nicolás Messina en la guitarra y Lucas Aguirre frente a los micrófonos. Con esta particular formación y alejados de su estilo alternativo de metal, abrieron la jornada con un set que recorrió distintos puntos de su carrera.

Ante un Movistar Arena que aún estaba recibiendo público, los músicos se plantaron con firmeza y ofrecieron una actuación limpia, cálida e impecable. Media hora fue tiempo más que suficiente para poder despedirse entre aplausos y con el sello de aprobación de la gente, que se mostró atraída por la singular propuesta de la banda.

Acorde al horario y con la misma precisión que un reloj suizo, apenas se hicieron las 21hs empezaron a sonar los arpegios de “In the Arms of Morpheus” que fueron envolviendo al recinto de un aura oscura en el ambiente mientras los músicos, uno por uno, hacían acto de aparición sobre el escenario. Tras esta introducción instrumental cargada de luces, humo y láseres, la banda finalmente dio inicio a su actuación y al primer segmento de la noche con “Night Terror”.

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Si algo dejó en claro la banda es que no escatimó en recursos técnicos. Y como cereza del postre, tuvimos una figura inflable de más de dos metros de altura conocida como Shadowman, que estuvo presente en “The Shadow Man Incident”, marcando el cierre de este arco del show.

Tras este arranque absorbente y arrollador por parte de la maquinaria técnica neoyorkina, hubo un pequeño descanso de 20 minutos adornado con la melodía de la emblemática serie, Twin Peaks, en dónde la gente aprovechó para ir al baño y recargar energías para lo que vendría a continuación.

Y es que el segundo acto estuvo cargado de nostalgia y rarezas. “The Enemy Inside” y “A Rite of Passage”, marcaron el comienzo de las grandes rondas de pogo y de los gritos efervescente de los fanáticos, que dejaron de ser simples observadores para pasar a formar parte del espectáculo. Conectándose al ritmo vibrante y dinámico del grupo.

La unión de “Through My Words” y “Fatal Tragedy” funcionó como el espacio de mayor calma y brillo de la toda noche (junto con la balada “Bend The Clock” en la primera parte), mientras que “The Dark Eternal Night” sin duda desató el momento más explosivo y pirotécnico, tanto por parte Petrucci y compañía, como de los fans.

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