

30 años de carrera no son poca cosa. Es una gran cantidad de tiempo. Ni más ni menos que tres décadas. Y en el caso de Symphony X, han dedicado esa considerable cantidad de tiempo a la música, a los recitales y a sus fans. Con un compromiso inquebrantable por esta profesión, los maestros y referentes del Metal progresivo regresaron a la Argentina el pasado martes 17 de marzo para repasar y celebrar sus 30 años de trayectoria musical.
La cita tuvo lugar en el Teatro Flores. Y para tratarse de un martes, he de decir que desde temprano ya se encontraba una gran cantidad de fanáticos en las puertas del recinto, a la espera del show. Y no era para menos. 2019 había sido la última vez que el conjunto norteamericano había pisado el país. 7 largos años. Aunque hablando con conocidos adentro, para más de uno pareció haber sido más tiempo.
Así que bajo este clima lleno de ansia y expectativa, fue que el público se conglomeró en las puertas del teatro, para ser recibidos por la furia y potencia de Virthual. El grupo liderado por el vocalista Pablo Díaz ejerció su rol como único acto nacional de soporte y tal como habían hecho en la fecha que abrieron para Hammerfall (en noviembre del año pasado), desplegaron su electrizante propuesta, intercalando entre terrenos más melódico y otros más sucios. ¿El resultado? Una actuación que consiguió enchufar a la gente y lanzar los primeros destellos de fuego de la noche.
Quién tomó esta antorcha ardiente que era el público apasionado fue el señor Andy Addams. Este “guitar hero” tomó el relevo y sin mucha presentación, se encargó de entregar una elevada dosis de virtuosismo y velocidad con su instrumento. Junto a Elizabeth Schembrí en bajo y Chucho Romero en batería, ofrecieron una gala instrumental resplandeciente, llena de técnica y elegancia, y en la que cada músico tuvo espacio para lucir su talento y destreza.
¿Lo más destacado? Sin duda el final, con el guitarrista haciendo uso de su chaleco de luces LEDS, y un segmento musical intercalado por openings emblemáticos como “Pegasus Fantasy” de Los Caballeros del Zodiaco y “Chala Head Chala” de Dragon Ball, que puso a todo el Teatro a cantar.
Con un clima mucho más acalorado tras la presentación de los teloneros, la euforia y deseo de la gente se palpitaba de forma mucho más evidente entre las paredes del lugar. La base de fanáticos más entusiastas ya se encontraba firmemente plantada en el círculo central frente al escenario, mientras que los más relajados se ubicaban en los alrededores y dejaban lugar para que pasen los últimos rezagados de la noche.
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Con un Flores bastante concurrido, por no decir casi explotado, fue que se apagaron las luces para dar paso a un vídeo animado recorriendo todas las portadas de los discos de la banda. En evidente alusión, a los 30 años que los de New Jersey venían a celebrar (una práctica que haya habido realizado Dream Theater en su última presentación en el país).
Tras la aparición de Michael Romeo, líder indiscutido del grupo, salieron uno tras de otro el resto de los miembros, siendo Rusell Allen el último en aparecer sobre el escenario. Una lluvia de aplausos, un breve saludo y “Of Sins and Shadows”, no tardó en hacer vibrar a todos los presentes y comenzar el viaje hacia el pasado. Uno que tendría a The Divine Wings of Tragedy (1996), como una de las principales paradas del show.
“Sea of Lies” y “Out of the Ashes” fueron las siguientes en sonar y dejaron entrever, la increíble performance del quinteto en vivo. Desde el segundo uno, se escuchó a un conjunto con un manejo muy versátil y volátil para las distintas facetas musicales entre los que se mueven sus composiciones. Interpretando con mucho tacto los pasajes más delicados e íntimos y poniendo el pie en el acelerador en los tramos más ostentosos y “pirotécnicos”. 
Un manejo que si no quedó bien plasmado, terminó por quedar completamente en evidencia con la magnificente “The Accolade”, el primer momento de gran emoción de la noche. Y el primero de absoluto lucimiento por parte de Rusell Allen, que estuvo a lo largo de todo el show en un nivel cuanto menos, pletórico. El cantante fue una de las grandes figuras, y no solo por su enorme desempeño vocal (que parece conservar en mejor forma que nunca), sino por la agilidad y magnetismo con el que se desenvuelve sobre el escenario. Un tipo capaz de hacer cantar a su audiencia, de transmitir su energía e hipnotizar a todo un recinto con su voz. Si en estudio resulta un vocalista excepcional, en vivo esto se potencia aún más.
Y hablando de estrellas, no podemos obviar al gran capitán del barco. Porque pareciera que Allen fuera la figura central del grupo pero el alma y corazón de Symphony X sigue siendo Michael Romero. Y el guitarrista también contó con una presentación descollante. Tal vez estuvo más enfocado en el apartado estrictamente musical, pero cuando los reflectores apuntaban a él, dejaba bien en claro porque es considerado uno de los máximos maestros del género. Decir que es un lujo verlo, es quedarse corto.
Y lo mismo podría replicar del resto de los músicos. Ya que en líneas generales, la alineación completa esta compuesta de grandes talentos individuales. Tal como se vio en composiciones como “Communion and the Oracle” y “Evolution (The Grand Design)”.
El repertorio se movió entre temas de todas sus etapas. O al menos, una por disco. “Smoke and Mirrors” del Twilight in Olympus (1998), “Inferno (Unleash the Fire)” del aclamado The Odyssey (2002) o “Nevermore” del último lanzamiento hasta la fecha Underworld (2015).
¿Las ausencias? Y más allá de algún clásico, nada del debut o del Damnation Game (1995). Algo esperable aunque tratándose de un recital repasando toda su carrera, no hubiese sido un mal gesto hacia su etapa inicial interpretar algo de estas obras.
¿Algo para reprochar? Quizás la duración. La noche terminó con “Dehumanized” del Iconoclast (2011) y “Set the World on Fire”, el tema más esperado de la noche que desató el descontrol y alegría de todo el público. No obstante, la hora y media de duración del show se sintió breve. Corta. Como si hubiesen faltado uno o dos temas más.
Pero tras el incendiario cierre que dieron, poco más se podía tocar. El público estaba completamente satisfecho y contento tras el espectáculo que había presenciado. Y aun más quedó, tras saber que la cuenta regresiva por el nuevo trabajo del grupo, estaría llegando a su fin.
De modo que para la próxima visita, muy seguramente Michael Romero y compañía vuelvan con material nuevo bajo sus brazos. Y con la posibilidad, de replicar y por qué no, superar lo hecho en esta actuación en Flores.
Agradecimientos al equipo de Icarus por la producción y realización del evento. Y por permitirnos una vez más, decir presente.
Fotos de: Facundo Di Salvo
- Virthual
- Andy Addams
- Andy Addams
- Andy Addams
- Symphony X
- Symphony X
- Symphony X
- Symphony X
Etiquetas: argentina, icarus, Michael Romeo, Progresivo, Symphony X


30 años de carrera no son poca cosa. Es una gran cantidad de tiempo. Ni más ni menos que tres décadas. Y en el caso de Symphony X, han dedicado esa considerable cantidad de tiempo a la música, a los recitales y a sus fans. Con un compromiso inquebrantable por esta profesión, los maestros y referentes del Metal progresivo regresaron a la Argentina el pasado martes 17 de marzo para repasar y celebrar sus 30 años de trayectoria musical.
La cita tuvo lugar en el Teatro Flores. Y para tratarse de un martes, he de decir que desde temprano ya se encontraba una gran cantidad de fanáticos en las puertas del recinto, a la espera del show. Y no era para menos. 2019 había sido la última vez que el conjunto norteamericano había pisado el país. 7 largos años. Aunque hablando con conocidos adentro, para más de uno pareció haber sido más tiempo.
Así que bajo este clima lleno de ansia y expectativa, fue que el público se conglomeró en las puertas del teatro, para ser recibidos por la furia y potencia de Virthual. El grupo liderado por el vocalista Pablo Díaz ejerció su rol como único acto nacional de soporte y tal como habían hecho en la fecha que abrieron para Hammerfall (en noviembre del año pasado), desplegaron su electrizante propuesta, intercalando entre terrenos más melódico y otros más sucios. ¿El resultado? Una actuación que consiguió enchufar a la gente y lanzar los primeros destellos de fuego de la noche.
Quién tomó esta antorcha ardiente que era el público apasionado fue el señor Andy Addams. Este “guitar hero” tomó el relevo y sin mucha presentación, se encargó de entregar una elevada dosis de virtuosismo y velocidad con su instrumento. Junto a Elizabeth Schembrí en bajo y Chucho Romero en batería, ofrecieron una gala instrumental resplandeciente, llena de técnica y elegancia, y en la que cada músico tuvo espacio para lucir su talento y destreza.
¿Lo más destacado? Sin duda el final, con el guitarrista haciendo uso de su chaleco de luces LEDS, y un segmento musical intercalado por openings emblemáticos como “Pegasus Fantasy” de Los Caballeros del Zodiaco y “Chala Head Chala” de Dragon Ball, que puso a todo el Teatro a cantar.
Con un clima mucho más acalorado tras la presentación de los teloneros, la euforia y deseo de la gente se palpitaba de forma mucho más evidente entre las paredes del lugar. La base de fanáticos más entusiastas ya se encontraba firmemente plantada en el círculo central frente al escenario, mientras que los más relajados se ubicaban en los alrededores y dejaban lugar para que pasen los últimos rezagados de la noche.
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Con un Flores bastante concurrido, por no decir casi explotado, fue que se apagaron las luces para dar paso a un vídeo animado recorriendo todas las portadas de los discos de la banda. En evidente alusión, a los 30 años que los de New Jersey venían a celebrar (una práctica que haya habido realizado Dream Theater en su última presentación en el país).
Tras la aparición de Michael Romeo, líder indiscutido del grupo, salieron uno tras de otro el resto de los miembros, siendo Rusell Allen el último en aparecer sobre el escenario. Una lluvia de aplausos, un breve saludo y “Of Sins and Shadows”, no tardó en hacer vibrar a todos los presentes y comenzar el viaje hacia el pasado. Uno que tendría a The Divine Wings of Tragedy (1996), como una de las principales paradas del show.
“Sea of Lies” y “Out of the Ashes” fueron las siguientes en sonar y dejaron entrever, la increíble performance del quinteto en vivo. Desde el segundo uno, se escuchó a un conjunto con un manejo muy versátil y volátil para las distintas facetas musicales entre los que se mueven sus composiciones. Interpretando con mucho tacto los pasajes más delicados e íntimos y poniendo el pie en el acelerador en los tramos más ostentosos y “pirotécnicos”. 
Un manejo que si no quedó bien plasmado, terminó por quedar completamente en evidencia con la magnificente “The Accolade”, el primer momento de gran emoción de la noche. Y el primero de absoluto lucimiento por parte de Rusell Allen, que estuvo a lo largo de todo el show en un nivel cuanto menos, pletórico. El cantante fue una de las grandes figuras, y no solo por su enorme desempeño vocal (que parece conservar en mejor forma que nunca), sino por la agilidad y magnetismo con el que se desenvuelve sobre el escenario. Un tipo capaz de hacer cantar a su audiencia, de transmitir su energía e hipnotizar a todo un recinto con su voz. Si en estudio resulta un vocalista excepcional, en vivo esto se potencia aún más.
Y hablando de estrellas, no podemos obviar al gran capitán del barco. Porque pareciera que Allen fuera la figura central del grupo pero el alma y corazón de Symphony X sigue siendo Michael Romero. Y el guitarrista también contó con una presentación descollante. Tal vez estuvo más enfocado en el apartado estrictamente musical, pero cuando los reflectores apuntaban a él, dejaba bien en claro porque es considerado uno de los máximos maestros del género. Decir que es un lujo verlo, es quedarse corto.
Y lo mismo podría replicar del resto de los músicos. Ya que en líneas generales, la alineación completa esta compuesta de grandes talentos individuales. Tal como se vio en composiciones como “Communion and the Oracle” y “Evolution (The Grand Design)”.
El repertorio se movió entre temas de todas sus etapas. O al menos, una por disco. “Smoke and Mirrors” del Twilight in Olympus (1998), “Inferno (Unleash the Fire)” del aclamado The Odyssey (2002) o “Nevermore” del último lanzamiento hasta la fecha Underworld (2015).
¿Las ausencias? Y más allá de algún clásico, nada del debut o del Damnation Game (1995). Algo esperable aunque tratándose de un recital repasando toda su carrera, no hubiese sido un mal gesto hacia su etapa inicial interpretar algo de estas obras.
¿Algo para reprochar? Quizás la duración. La noche terminó con “Dehumanized” del Iconoclast (2011) y “Set the World on Fire”, el tema más esperado de la noche que desató el descontrol y alegría de todo el público. No obstante, la hora y media de duración del show se sintió breve. Corta. Como si hubiesen faltado uno o dos temas más.
Pero tras el incendiario cierre que dieron, poco más se podía tocar. El público estaba completamente satisfecho y contento tras el espectáculo que había presenciado. Y aun más quedó, tras saber que la cuenta regresiva por el nuevo trabajo del grupo, estaría llegando a su fin.
De modo que para la próxima visita, muy seguramente Michael Romero y compañía vuelvan con material nuevo bajo sus brazos. Y con la posibilidad, de replicar y por qué no, superar lo hecho en esta actuación en Flores.
Agradecimientos al equipo de Icarus por la producción y realización del evento. Y por permitirnos una vez más, decir presente.
Fotos de: Facundo Di Salvo
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