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Fughu en Buenos Ayres Club: “Conexión humana”
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La música progresiva tiene una historia muy larga en Argentina, teniendo algunos de los grupos más respetados del estilo en Latinoamérica durante los setentas y principios de los ochentas. Pero en materia de metal progresivo, no parece haber una escena muy grande en estas tierras, al menos no al nivel de lo que es el thrash, el power o incluso el death metal. No es que no haya bandas grandes pasadas o presentes, como 2112 o Presto Vivace, pero los grupos con trayectorias largas y constantes se pueden contar con los dedos de las manos, o incluso con los de una. Y una de estas agrupaciones es el quinteto porteño Fughu, que editó su cuarto álbum Lost Connection en febrero de 2020, a puertas del comienzo de la cuarentena, y casi 21 meses después se pudo dar el gusto de presentarlo en vivo el 20 de noviembre último.

El panorama al llegar al primer piso del Buenos Ayres Club era atípico, incluso para alguien con muchos años de experiencia en recitales (o, tal vez, justamente por los años de haberse acostumbrado a los conciertos “tradicionales” de metal): mesas redondas, dispuestas de manera prolija en un ambiente de bar, con jazz de principios del siglo XX sonando de fondo. Si no fuera por las remeras negras de varios de los asistentes y la escenografía dispuesta en el escenario, con el logo de Fughu y diversos elementos cibernéticos alrededor, uno pensaría que se iba a presentar una orquesta de tango. Es el barrio de San Telmo, después de todo.

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A las 21:40, con alrededor de 65 personas en el público, un anuncio humilde marcó la salida de la base instrumental de Fughu, dando comienzo a la intro misteriosa de “Pixel Hero”, segunda canción de Lost Connection. Sólo faltaba el cantante Renzo Favaro, que apareció entre el público. Vestido con camisa, anteojos de sol y un abrigo de piel en los hombros, como parte de la propuesta teatral del grupo y la letra sobre la fama y ser una estrella, el vocalista comenzó a cantar mientras se acercaba al escenario. La canción iba sumando elementos, con los teclados pasando a estar acompañados por el bombo, más tarde por los platillos, hit hat y ruidos de guitarra, hasta que los riffs terminan explotando un minuto después. 

Favaro canta de manera dramática, pero el tecladista Marcelo Malmierca se encarga de señalar que no todo en el quinteto progresivo es ultra serio al sonreír mientras sostenía un cartel de “APLAUSOS”, algo a lo que el público correspondió. La banda suena precisa como un reloj suizo a pesar de algunos problemas de sonido, con feedback o interferencia filtrándose entre la música, aunque más allá de eso cada instrumento era perfectamente distinguible entre la mezcla.

“Storm” siguió con una actitud mucho más directa en cuanto a sus riffs y ritmos, utilizando una dinámica de ruido y calma. Por otro lado, Renzo volvió al escenario con un look mucho más casual de remera y pantalón, después de tener que soportar el calor del noviembre porteño con el abrigo de piel. A esta la siguieron con la energética “Evil Eyes” y sus teclados prominentes de regusto Deep Purple.

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Después de esa seguidilla de líneas de bajo serpenteantes y baterías cambiantes de parte de los respectivos Juan Manuel López y Alejandro López, Favaro aprovechó un momento para dirigirse al público, dando una expresión humana en medio de la estética de ciencia ficción oscura de Fughu. El cantante celebró la llegada del fin de semana, y presentó la siguiente canción como una historia de traición, “una serruchada de piso”, antes de pasar a “Quirk of Fate”. Esta canción es bastante menos errática y más melódica que las anteriores, pero no por eso menos dramática en su ejecución.

Poniéndome personal, en cierto momento me distraje un segundo para tomar algunas notas, y cuando levanté la vista al momento de comenzar “Martian” vi el escenario bañado en luz roja y una figura alta y con capa  en el costado izquierdo del escenario, que asumí que era un maniquí, hasta que comenzó a sonar una voz. Esta escena, que podría salir de los primeros versos de “Black Sabbath” o de una escena perdida de Alucarda, La Hija de las Tinieblas, era en realidad Favaro interpretando a otro de los diferentes personajes de las canciones de la banda. El hecho de que sea una de las canciones menos pesadas y más atmosféricas de Fughu ayudó a apreciar mejor este costado a lo Genesis de la presentación del grupo.

“What If” sigue a “Martian” en Lost Connection, y lo mismo ocurrió en el recital. Canción con solo “pinkfloydiano” de parte del guitarrista Ariel Bellizzio y teclados prominentes, tuvo a Favaro actuando sentado frente a un espejo. Algunos problemas de sonido empañaron la presentación, pero nada que terminara por arruinarla, con los músicos continuando el show en vez de parar todo.

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Presentándolo como “un tema viejo pero clásico”, “Ashes” tuvo a Fughu volviendo a su primer álbum, con una canción bien pesada y con teclados enredados, que volvió a demostrar el buen humor del grupo con su cartel de “Aplausos” y cerrando la canción con una parte muy corta de “YYZ” de Rush por si sus pergaminos progresivos no quedaban lo suficientemente claros. Aunque Favaro tenga un timbre diferente al de Santiago Bürgi, a quien reemplazó en 2017, el ex Patan demuestra que su estilo le cae como anillo al dedo al grupo, y que no tiene problemas en hacer suyas estas canciones. Lo mismo se vio con “Absence”, tema título del primer álbum, con su intro de piano y sus guitarras delicadas yendo in crescendo.

Ya promediando la mitad del show, el cantante dejó a la gente con los músicos de la banda para dar paso al instrumental “Winter”. Otra canción que comienza tranquila y no sólo se va poniendo más pesada sino también más laberíntica, con unos sonidos de teclado que no estarían fuera de lugar en las partes más complejas del espectacular Darwin! de los italianos Banco del Mutuo Soccorso, por poner una referencia.

Para “Told You”, todos los músicos se pusieron unas vinchas con linternas, para el inicio de la canción apagaron todas las luces del lugar, dejando las suyas como las únicas fuentes de iluminación. En esta ocasión, Favaro apareció en el escenario como el personaje más siniestro de todo el recital, con su ropa negra y bastón con cabeza de cabra. La canción va cambiando de atmósferas, contrastando algunos de los pasajes vocales más suaves con agudos estratosféricos, que suenan impecables.

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“Stay” fue “la canción víctima de un video en plena pandemia”, como la presentaron los miembros de la banda, que además pidieron un aplauso al baterista Alejandro López por haber sido su compositor. Esta fue otra que Favaro cantó entre el público, incluso sentándose en algunas de las mesas como si fuera un espectador más y pasándole el micrófono a los presentes.

Ya para el “final”, Fughu fueron quemando los últimos cartuchos, arrancando con “Peggy”. El tema inicial de Lost Connection tuvo a Favaro vestido con el atuendo de científico loco de la tapa del álbum y recorriendo las diferentes mesas del lugar. La siguieron con la rockera “Right From The Bone”, y la cerraron con “Alive”, canción inédita que estará presente en el próximo álbum de la banda y que combina arpegios de guitarra con una parte extremadamente compleja de batería.

Después de los aplausos del público y las despedidas de rigor, con reverencia incluida, no pasó mucho tiempo hasta que Fughu volvieran para un bis. Bromeando con que había que apurarse porque había que pagar el estacionamiento y asegurando que esta era la última “porque no es como la última gira de los Stones”, el quinteto dio punto final a su presentación con “Dead End Start” de Absence, que se llevó los aplausos del público y cerró el recital con broche de oro.

Aunque el dato del tamaño de la concurrencia pueda parecer un dato negativo para aquellos que busquen una experiencia más tradicional en el mundo del heavy metal, la propuesta más cerebral de Fughu hizo que resultara. Con su lado teatral y atención al detalle, el grupo porteño logró no sólo presentar su nuevo trabajo, sino asegurar su lugar como una de las propuestas más particulares de la escena pesada argentina.

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El panorama al llegar al primer piso del Buenos Ayres Club era atípico, incluso para alguien con muchos años de experiencia en recitales (o, tal vez, justamente por los años de haberse acostumbrado a los conciertos “tradicionales” de metal): mesas redondas, dispuestas de manera prolija en un ambiente de bar, con jazz de principios del siglo XX sonando de fondo. Si no fuera por las remeras negras de varios de los asistentes y la escenografía dispuesta en el escenario, con el logo de Fughu y diversos elementos cibernéticos alrededor, uno pensaría que se iba a presentar una orquesta de tango. Es el barrio de San Telmo, después de todo.

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Favaro canta de manera dramática, pero el tecladista Marcelo Malmierca se encarga de señalar que no todo en el quinteto progresivo es ultra serio al sonreír mientras sostenía un cartel de “APLAUSOS”, algo a lo que el público correspondió. La banda suena precisa como un reloj suizo a pesar de algunos problemas de sonido, con feedback o interferencia filtrándose entre la música, aunque más allá de eso cada instrumento era perfectamente distinguible entre la mezcla.

“Storm” siguió con una actitud mucho más directa en cuanto a sus riffs y ritmos, utilizando una dinámica de ruido y calma. Por otro lado, Renzo volvió al escenario con un look mucho más casual de remera y pantalón, después de tener que soportar el calor del noviembre porteño con el abrigo de piel. A esta la siguieron con la energética “Evil Eyes” y sus teclados prominentes de regusto Deep Purple.

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Después de los aplausos del público y las despedidas de rigor, con reverencia incluida, no pasó mucho tiempo hasta que Fughu volvieran para un bis. Bromeando con que había que apurarse porque había que pagar el estacionamiento y asegurando que esta era la última “porque no es como la última gira de los Stones”, el quinteto dio punto final a su presentación con “Dead End Start” de Absence, que se llevó los aplausos del público y cerró el recital con broche de oro.

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