

La Sala Revi Live se ha consolidado como ese rincón de Madrid donde el sonido rara vez te traiciona, y la noche protagonizada por Harakiri For The Sky y MurMur no fue una excepción. La entrada generosa, en una tarde muy lluviosa de jueves, demostraba las ganas que Madrid le tiene al post-black metal, vivimos una jornada donde la pesadez sonora y la sensibilidad se dieron la mano en una atmósfera muy cuidada, con ambas bandas dando un alección de técnica e intención.
Abrieron fuego MurMur, una formación que sabe moverse con elegancia entre las sombras del metal extremo. Su estilo es difícil de encasillar en una sola etiqueta, ya que combinan la agresividad rítmica del black con paisajes mucho más atmosféricos y experimentales. Lo que los hace singulares es precisamente esa capacidad de crear pasajes donde la tensión crece lentamente hasta estallar en una muralla. La voz de Beatriz es espectacular, con registros muy extremos. Visualmente el grupo sorprendió con una iluminación luminosa y ejecutada con mucho gusto, permitiendo apreciar la ejecución técnica sin perder ese aura de misterio que rodea sus composiciones, reforzado por las velas a pie de escenario y el altar.
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Lo que realmente terminó de sellar la atmósfera de su actuación fue el componente ritualista que Bea despliega a lo largo de todo el set. No se trata de un simple aderezo escénico, sino de una parte integral de su discurso que obliga al espectador a detenerse. En esos momentos de pausa necesaria, la concentración de Bea es tan magnética que resulta imposible apartar la vista; su lenguaje corporal, cargado de una solemnidad mística, invita a leer en cada gesto y en la intensidad de sus expresiones la profundidad de una ceremonia que parece nacer de lo más hondo. Es una mezcla visual y sonora que encaja como un guante con el estilo de la banda, transformando el concierto en una experiencia compartida donde lo físico y lo musical se funden para golpear directamente en el subconsciente del respetable.
Tras el pertinente cambio de bártulos, pubntuales, llegó el momento de los austríacos Harakiri for the Sky. La banda liderada por Matthias Sollak (M.S.) en la composición y Michael Kogler (J.J.) en las voces ha recorrido un camino impecable desde su formación en 2011. Con discos como “III: Trauma” o el aclamado “Mære”, han perfeccionado una fórmula que ellos mismos ayudaron a definir: el post-black metal melódico. Su estilo se caracteriza por canciones de larga duración, donde los blast beats y la velocidad del black metal más crudo se funden con melodías de guitarra que beben directamente del post-rock. Esa dualidad entre la desesperación y la belleza es lo que hace que temas como “Fire, Walk with Me” o “Sing for the Damage We’ve Done” resuenen de forma tan profunda.
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En esta ocasión, el apartado visual fue clave para sumergirnos en su propuesta. A diferencia de lo que vivimos en su anterior paso por la Sala Moby Dick, casi por completo a oscuras menos la luz del proyector y algo de relleno o en su bolazo en el Resurrection Fest de Viveiro, donde el uso del contraluz era tan extremo que los músicos eran siluetas, en la Revi Live optaron por un juego de luces algo más equilibrado. Predominaron los azules profundos, los morados y el rojo, subrayando la carga dramática de las letras de J.J., quien, como es habitual, se dejó el alma en cada frase, moviéndose por el escenario como si estuviera librando una batalla interna, arrodillado de espaldas frente a la batería o enrollando el cable del micro en su cuello para dejarnos la ya emblematica imagen simulando una horca. También se acercó en el bis al público, bajando a la valla de seguridad y dejándose querer, fue un momento emocionante, tan solo empañado por el mar de móviles que lo rodeó.
En un estilo donde las capas de guitarras pueden convertirse fácilmente en una masa, el técnico de la sala logró que cada arreglo melódico se diferenciara y disfrutara, permitiendo que la batería se pudiera diferenciar de las voces o las partes más atmosféricas. Lo que ocurrió en la Revi Live fue, en esencia, una transición impecable de lo ceremonial a lo visceral. MurMur nos preparó el espíritu con su ritual, Harakiri for the Sky se encargó de ponerle banda sonora a ese trance con solvencia. Rara vez se siente una sinergia tan natural entre la propuesta de dos bandas y el entorno que las acoge; la sala no solo prestó sus muros, sino que su fidelidad acústica permitió que la carga emocional de los austríacos no se diluyera en el estruendo. Una noche redonda, de las que te hacen volver a casa con la sensación de que el género sigue encontrando nuevas formas de golpear, y de sanar.


La Sala Revi Live se ha consolidado como ese rincón de Madrid donde el sonido rara vez te traiciona, y la noche protagonizada por Harakiri For The Sky y MurMur no fue una excepción. La entrada generosa, en una tarde muy lluviosa de jueves, demostraba las ganas que Madrid le tiene al post-black metal, vivimos una jornada donde la pesadez sonora y la sensibilidad se dieron la mano en una atmósfera muy cuidada, con ambas bandas dando un alección de técnica e intención.
Abrieron fuego MurMur, una formación que sabe moverse con elegancia entre las sombras del metal extremo. Su estilo es difícil de encasillar en una sola etiqueta, ya que combinan la agresividad rítmica del black con paisajes mucho más atmosféricos y experimentales. Lo que los hace singulares es precisamente esa capacidad de crear pasajes donde la tensión crece lentamente hasta estallar en una muralla. La voz de Beatriz es espectacular, con registros muy extremos. Visualmente el grupo sorprendió con una iluminación luminosa y ejecutada con mucho gusto, permitiendo apreciar la ejecución técnica sin perder ese aura de misterio que rodea sus composiciones, reforzado por las velas a pie de escenario y el altar.
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Lo que realmente terminó de sellar la atmósfera de su actuación fue el componente ritualista que Bea despliega a lo largo de todo el set. No se trata de un simple aderezo escénico, sino de una parte integral de su discurso que obliga al espectador a detenerse. En esos momentos de pausa necesaria, la concentración de Bea es tan magnética que resulta imposible apartar la vista; su lenguaje corporal, cargado de una solemnidad mística, invita a leer en cada gesto y en la intensidad de sus expresiones la profundidad de una ceremonia que parece nacer de lo más hondo. Es una mezcla visual y sonora que encaja como un guante con el estilo de la banda, transformando el concierto en una experiencia compartida donde lo físico y lo musical se funden para golpear directamente en el subconsciente del respetable.
Tras el pertinente cambio de bártulos, pubntuales, llegó el momento de los austríacos Harakiri for the Sky. La banda liderada por Matthias Sollak (M.S.) en la composición y Michael Kogler (J.J.) en las voces ha recorrido un camino impecable desde su formación en 2011. Con discos como “III: Trauma” o el aclamado “Mære”, han perfeccionado una fórmula que ellos mismos ayudaron a definir: el post-black metal melódico. Su estilo se caracteriza por canciones de larga duración, donde los blast beats y la velocidad del black metal más crudo se funden con melodías de guitarra que beben directamente del post-rock. Esa dualidad entre la desesperación y la belleza es lo que hace que temas como “Fire, Walk with Me” o “Sing for the Damage We’ve Done” resuenen de forma tan profunda.
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En esta ocasión, el apartado visual fue clave para sumergirnos en su propuesta. A diferencia de lo que vivimos en su anterior paso por la Sala Moby Dick, casi por completo a oscuras menos la luz del proyector y algo de relleno o en su bolazo en el Resurrection Fest de Viveiro, donde el uso del contraluz era tan extremo que los músicos eran siluetas, en la Revi Live optaron por un juego de luces algo más equilibrado. Predominaron los azules profundos, los morados y el rojo, subrayando la carga dramática de las letras de J.J., quien, como es habitual, se dejó el alma en cada frase, moviéndose por el escenario como si estuviera librando una batalla interna, arrodillado de espaldas frente a la batería o enrollando el cable del micro en su cuello para dejarnos la ya emblematica imagen simulando una horca. También se acercó en el bis al público, bajando a la valla de seguridad y dejándose querer, fue un momento emocionante, tan solo empañado por el mar de móviles que lo rodeó.
En un estilo donde las capas de guitarras pueden convertirse fácilmente en una masa, el técnico de la sala logró que cada arreglo melódico se diferenciara y disfrutara, permitiendo que la batería se pudiera diferenciar de las voces o las partes más atmosféricas. Lo que ocurrió en la Revi Live fue, en esencia, una transición impecable de lo ceremonial a lo visceral. MurMur nos preparó el espíritu con su ritual, Harakiri for the Sky se encargó de ponerle banda sonora a ese trance con solvencia. Rara vez se siente una sinergia tan natural entre la propuesta de dos bandas y el entorno que las acoge; la sala no solo prestó sus muros, sino que su fidelidad acústica permitió que la carga emocional de los austríacos no se diluyera en el estruendo. Una noche redonda, de las que te hacen volver a casa con la sensación de que el género sigue encontrando nuevas formas de golpear, y de sanar.





















