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4 de julio, día nublado, frío, lluvioso, en fin, nada raro para países como Escocia e Irlanda del Norte. Y estas condiciones son las que creo ayudan a que bandas […]

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Hellfest Open Air 2024 Día 4: “Del metal al blues, del punk al gótico”

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Para el último día del Hellfest, tendríamos una lista bastante particular de artistas. Claro que el jueves, viernes y sábado anteriores habíamos podido experimentar varias bandas por fuera del espectro […]

Hellfest Open Air 2024 Día 3: “Espadas, oscuridad, diversión”

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Ya para el tercer día el ritmo del Hellfest nos estaba cobrando factura, pero teniendo la oportunidad de estar en semejante festival no nos íbamos a quedar sin disfrutar cada […]


Hellfest Open Air 2024 Día 2: “Riffs, poder y violencia”
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Siendo que el viernes 28 sería el primer día “completo” del Hellfest, tendríamos bastante más para ver pero también tendríamos que planear las cosas de manera más detallada, como para no terminar sin energías para cuando llegara la noche. Es así que apenas pasado el mediodía nos dirigimos al Mainstage 1 para ver la presentación de las japonesas Lovebites.

Quien estuviera metido en el mundo de las bandas japonesas de power metal integradas únicamente por mujeres (de las que hay muchas más de las que uno podría imaginarse) seguro habrían escuchado de este quinteto de Tokio, pero parece que fue con su cuarto álbum Judgement Day de 2023 donde dieron el gran salto para que incluso la gente por fuera de algo tan específico hable de ellas. Siendo esta su primera presentación en el Hellfest y con un público bastante grande, el grupo se centró en este último disco durante su corto set de media hora, con Miyako y Midori sacándose chispas en las guitarras y la base instrumental de la bajista Fami y la baterista Haruna dándolo todo en “Holy War”, “The Hammer of Wrath” y “Soldier Stands Solitarily”, por nombrar un par.

La cantante Asami no tendrá la mejor pronunciación del inglés pero demuestra su potencia en cada canción, encima teniendo que hacer lo suyo con ese vestido enorme de gala con el peligro que conlleva la temperatura en esta temporada. Un espectáculo corto pero muy correcto.

Tras aquel espectáculo en el escenario principal, cambiamos un tanto el ritmo de nuestro viaje por el evento y nos dirigimos a los escenarios menores. El Hellfest 2024 contó con nada menos que seis escenarios diferentes, con los dos principales y otros cuatro con los que viendo la lista de bandas se podía sacar cierta temática: Warzone para el punk, Temple para el black y el folk, Altar para el death y el progresivo, y Valley para el stoner y el hard rock. Yendo al Valley, pudimos ver a los lisérgicos estadounidenses Gozu, actualmente presentando su quinto álbum Remedy. Los de los de Boston es stoner puro y duro (sobre todo duro), con mucha guitarra distorsionada, ritmos como para viajar por el desierto y títulos de canciones raros, con “Tom Cruise Control” y “Ben Gazzara Loves No One” a la cabeza. Lindo set para despeinarse con headbanging.

Ya volviendo al escenario principal teníamos a Orden Ogan poniéndole algo de power y fantasía al Hellfest. Incluso bajo el sol directo la gente agitaba con cada canción de los alemanes, ya fuera saltando con cada nota de canciones como “Heart of the Android” y “The Order of Fear”, o como hicieron en “Let The Fire Rain” donde se pusieron a “remar el barco vikingo”, esa alternativa al mosh inventada en los recitales de Amon Amarth. Más allá de eso, la banda se escuchó correcta y con un buen setlist, con ese power metal que da ganas de ponerse a practicar los agudos y dándome ganas de chequear el álbum que sacarán en un par de días.

Mencionaba antes la mala fama del “core” al momento de hablar de los ingleses Bleed From Within, y creo que ahí también entran los también ingleses While She Sleeps. Al igual que BFW, While She Sleeps han buscado ir cambiando su sonido, en este caso adoptando elementos más alternativos y hasta cercanos al nu metal, una maniobra interesante si consideramos que ambos estilos están teniendo un revival. Presentando su reciente Self Hell, el quinteto dio un buen concierto en el Mainstage 2, incluso para alguien que no es súper fan de su obra: si la gente a tu alrededor está pasando un buen momento, es complicado que no te contagien la energía.

Mientras tanto pero en el Altar los neerlandeses Textures ya se confirmaban como veteranos del Hellfest, siendo que ya estuvieron en 2004 en el antecesor Fury Fest en Le Mans y esta era la tercera presentación en la versión moderna del festival. Claro, esta era una ocasión especial siendo que este era de los primeros recitales del sexteto de Tilburg luego de su separación en 2017 y su vuelta este mismo año. El djent no es algo para todo el mundo, pero Textures saben manejar esta variante melódica del sonido de Meshuggah, e incluso dando muchos momentos para el mosh: “New Horizons”, “Regenesis”, “Singularity”, como para repartir patadas en compases irregulares.

Tras un descanso, nos dirigimos al Valley para ver a Gaupa, banda que el corrector no deja de cambiarle el nombre por “Guapa”. A pesar de que el frío nórdico está en las antípodas del desierto estadounidense con el que se suele relacionar al stoner rock, Suecia ha dado una gran cantidad de bandas del estilo, y con algunas de ellas de vez en cuando dándole su propia firma a este sonido. En el caso de Gaupa, combinan esos riffs clásicos del género con la particular voz de su cantante Emma Näslund: las voces femeninas no son algo nuevo en este estilo, pero no recuerdo escuchar una como la de Näslund en el stoner, con un timbre y unas inflexiones que recuerdan inmediatamente a Björk.

Los de la ciudad de Falun dedicaron la mayor parte de su hora de actuación a su último álbum Myriad, muy recomendable, con la banda sonando muy sólida y Näslund dándolo todo detrás del micrófono y haciendo sus bailes combinados con un vestido a lo Stevie Nicks. Ténganlos en cuenta a futuro, porque espero que exploten en popularidad.

Contrastando con la calidez stoner del Valley, en el Mainstage 1 se daba una batalla de las máquinas con la actuación de las leyendas industriales Fear Factory. Un FF sin el histórico Burton C. Bell detrás del micrófono es algo que nadie se esperaba y lo más seguro que el guitarrista Dino Cazares tampoco lo hubiera imaginado, y es por eso que tardó tanto tiempo en revelar la identidad de quien ocuparía un puesto tan complicado, siendo el italiano Milo Silvestro el encargado de plantarse frente al micrófono.

La dualidad de voces podridas y limpias características de Fear Factory es muy complicada para un solo cantante, pero arriba del escenario del Hellfest Silvestro demostró que tiene lo que se necesita para hacerse cargo de la tarea, más allá de la sospecha de que pudiera haber alguna pista de apoyo. Con un setlist apoyado más que nada en el clásico Demanufacture, la guitarra de Dino sonó tan brutal como de costumbre y el barbudo Tony Campos hizo lo propio en el bajo junto al recién llegado Pete Webber, que tuvo sus imperfecciones detrás de la batería pero cumplió su tarea.

A pesar de ser un festival predominantemente de metal, rock pesado y punk, el Hellfest está abierto a muchas propuestas diferentes incluso por fuera del rock, siempre y cuando puedan tener algo de público dentro de la música pesada. Es así que en el Altar pudimos ver al noruego Einar Solberg, más conocido por su trabajo junto a los metaleros progresivos Leprous y a su vez formando parte junto a estos de la banda solista de su cuñado Ihsahn: en 2023 Solberg lanzó 16, su LP debut como solista y que lo ha tenido tocando por Sudamérica y Europa.

En sus últimos álbumes Leprous se han ido poniendo menos pesados e incorporando más elementos melódicos y rockeros a su propuesta sin abandonar sus tendencias progresivas. El sonido solista de Solberg claramente toma de eso, con mucha influencia pop y acústica en canciones mucho más “íntimas”, por ponerlo de alguna manera. Claramente no es música para el mosh ni el headbanging, sino más para sentarse y escuchar con los ojos cerrados, y Solberg lo hace muy bien: con una lista dedicada de lleno a su obra como solista, nos deleitó con canciones como “Grotto”, “Remember Me”, “Where All The Twigs Broke” y otras más, con su inconfundible voz como uno de los atractivos principales. Mucho piano y guitarra acústica, como para darse un descanso con música en medio de tanta violencia auditiva.

Volviendo a la violencia, en el Temple hicimos un viaje en el tiempo a una época a la que no sé cuántos tendrían de verdad ganas de visitar, de la mano de los alemanes Kanonenfieber. Estos enmascarados comandados por el misterioso cantante Noise nos dieron una lección de historia acerca de la Primera Guerra Mundial, con un escenario decorado cual trinchera, cañones a los lados incluidos, y los músicos enfundados en uniformes de la época.

Incluso para quien no tenga interés en la temática histórica que Noise busca incluir en Kanonenfieber y/o no entienda ni una palabra de alemán, la potencia de la banda tanto en estudio como en vivo es innegable. Arrancando el set con la intro “Grossmachtfantasie” para pasar a “Menschenmühle”, adelanto de lo que será su segundo disco Die Urkatastrophe que saldrá en septiembre próximo, el grupo repasó canciones tanto de su debut Menschenmühle (no confundir con la canción antes mencionada) y de sus diferentes EPs. 

Puro black / death brutal, oscuro y directo al pecho, pero incluso en medio de la carnicería sónica y las historias de masacres militares se pudo ver a la gente aplaudiendo al ritmo de “Over There”, una canción de la época de la Gran Guerra que con su grabación con sonido de fonógrafo marca el inicio del final con “The Yankee Division March”, con Noise llegando al escenario con un lanzallamas y su característica máscara de calavera. Un espectáculo sonoro y visual de enorme nivel por parte de Kanonenfieber.

Tras otra caminata de vuelta al Altar nos preparamos para ver a Ne Obliviscaris, la gran esperanza del progresivo extremo en esta era post Opeth abandonando el death. Los australianos dieron un set de apenas cinco canciones, pero si consideramos que sus composiciones frecuentemente superan los diez minutos entonces tiene mucho más sentido. Durante esa hora tocaron “Equus” y “Suspyre” del último Exul y luego una de cada uno de sus otros tres álbumes, Mucho riff retorcido, contraste de voces entre los rugidos de Xenoyr y las voces limpias de Tim Charles y obviamente los acompañamientos de violín de este último, uno de los elementos esenciales de la fórmula de la banda. Desde ya que todos los músicos sonaron sólidos, con el público acompañando de manera discreta pero respetuosa: ya con diez horas de festival encima, muchos se veían bastante cansados.

A las 20:45 en el Mainstage 1 se daba un debut en los escenarios del Hellfest, con Tom Morello comenzando su primera aparición en la historia del festival. El guitarrista de Rage Against The Machine es uno de esos magos de la guitarra que influenció a millones, pero como solista tengo que decir que su saga The Atlas Underground son tres de los discos más inescuchables que haya tenido que soportar: la combinación de sus ruidos guitarreros y cosas como dubstep y trap simplemente no funciona. 

Por suerte Morello sólo tocó tres canciones de esos discos, con el resto del set siendo sorprendentemente variado: “Soldier in the Army of Love” (con la que arrancó el recital y es el adelanto de su primer disco solista “rockero), “One Man Revolution” (de su alter ego folk The Nightwatchman), el clásico “Like a Stone” de Audioslave, “Gossip” de Måneskin (canción en la que aparecer como invitado), covers de MC5, Bruce Springsteen y John Lennon, y obviamente varias seguidillas de tracks de RATM, que tuvieron a todos saltando y bailando incluso si estuvieran en las antípodas de las ideas políticas de Morello.

Al mismo tiempo pero en el escenario Temple, los noruegos Satyricon hacían ya su sexta aparición en la historia del festival, pudiendo contarse junto con Napalm Death entre los grupos con más participaciones en el Hellfest. Más allá de eso, no hay mucho que decir de especial acerca de lo que fue la presentación del grupo comandado por Satyr: tan sólidos como se debería esperar de una banda con tanta experiencia, y centrándose en clásicos como “Mother North”, “Forhekset”, “K.I.N.G” y demás tracks que un fan de la banda puede recitar de memoria sin mucho esfuerzo. 

Y ya que estamos, nos quedamos en el Temple para ver a otro de los grandes de la movida noruega y veteranos del Hellfest, ya que Emperor aparecía por quinta vez en el póster del evento. Al igual que con Satyricon podríamos decir que lo de Emperor estuvo centrando en los “clásicos”, aunque esto viene con un enorme asterisco si tenemos en cuenta que Prometheus, el último disco de la banda, salió allá en 2001, con reuniones intermitentes desde aquella época, así que toda su discografía se podría considerar como un “clásico”. 

Pero más allá del tiempo Emperor todavía tienen lo suyo, con “I Am The Black Wizards”, “Thus Spake the Nightspirit”, “Inno a Satana”, “Ye Entrancemperium” y demás canciones que ya son clásicos no sólo de Emperor, sino de todo el black metal. Ihsahn parecerá un hipster cualquiera o un profe de geografía a simple vista, pero detrás de la guitarra y el micrófono es una bestia, con el eterno Samoth acompañándolo en los riffs y Trym Torson tocando los ritmos con precisión milimétrica.

Ya la noche se había cernido por completo en el campo del Hellfest, y era momento de cerrar el Mainstage 1 por segunda vez. Los encargados de esta tarea serían Machine Head, que dieron la patada inicial con la imponente “Imperium” y el líder Robb Flynn agitando para que la gente cantara y armara circle pits, algo con lo que la gente correspondió. “Ten Ton Hammer”, “From This Day”, “Davidian”, una bomba tras otra de parte del cuarteto completado con Jared MacEachern en bajo y Matt Alston en batería, además de la asistencia del segundo guitarrista Reece Scruggs, quien tuvo su gran momento de brillar con un solo de guitarra tras “NØ GØDS, NØ MASTERS” que por suerte no se extendió demasiado. Hora y media de riffs gruesos y mucho mosh, como es debido.

Machine Head habían cerrado el Mainstage 1 por hoy, pero mientras tanto todavía había algo de acción en el Mainstage 2, donde pudimos ver a los stoners Fu Manchu trayendo el soleado desierto californiano a la noche del oeste francés. Fu Manchu no es una banda complicada de describir o de analizar, pero la gracia está en esa simpleza: riffs graves con extra fuzz y ritmos como para atravesar el desierto levantando polvo arriba de un hot rod, tal vez con algo de marihuana de por medio como para condimentar la experiencia. En estudio podrán ponerse repetitivos, pero en vivo exudan una energía contagiosa con “Evil Eye”, “Hell on Wheels”, “Laserbl’ast!”, “Weird Beard” y demás odas a verse cool encima de un auto retro. No necesitan nada más.

Contrastando con la atmósfera soleada que Scott Hill imprime en las canciones de Fu Manchu, a la 1:00 de la mañana en el escenario Temple era hora de sumirnos en la oscuridad de mano de Anaal Nathrakh. La combinación de black metal, grindcore y metal industrial de la banda es única: recuerdo un comentario diciendo que su debut The Codex Necro no sonaba como un disco sino directamente como un exorcismo. Durante muchos años el dúo conformado por el cantante V.I.T.R.I.O.L. y el multi instrumentista Irrumator dijo que no iba a dar presentaciones en vivo seguramente por algo sobre las dificultades de trasladar lo hecho en estudio al contexto en vivo, pero eventualmente encontraron la manera y ahora ya es la cuarta vez que se presentan en el Hellfest, con el logo puntiagudo de la banda como única decoración arriba del escenario.

Como pasa con Ihsahn, V.I.T.R.I.O.L a primera vista no parece el tipo más pesado, hasta que abre la boca y deja salir su demonio interno en himnos de brutalidad, violencia y oscuridad como “In the Constellation of the Black Widow”, “Bellum Omnium Contra Omnes”, “Obscene as Cancer” y “Feeding the Death Machine”, entre otras. Mosh brutal, headbanging y demás, fue en la final “Submission is for the Weak” donde se armó el mayor wall of death de la noche, con V.I.T.R.I.O.L alargando la canción antes de dar la señal para el comienzo de la brutalidad con el inmortal “Die on your knees!”. Un gran set para quemar los últimos cartuchos de energía de la noche, e irnos a nuestros aposentos para prepararnos al día siguiente, con el cuerpo dolido pero contentos por lo que habíamos pasado.

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Hellfest Open Air 2024 Día 2: “Riffs, poder y violencia”
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Siendo que el viernes 28 sería el primer día “completo” del Hellfest, tendríamos bastante más para ver pero también tendríamos que planear las cosas de manera más detallada, como para no terminar sin energías para cuando llegara la noche. Es así que apenas pasado el mediodía nos dirigimos al Mainstage 1 para ver la presentación de las japonesas Lovebites.

Quien estuviera metido en el mundo de las bandas japonesas de power metal integradas únicamente por mujeres (de las que hay muchas más de las que uno podría imaginarse) seguro habrían escuchado de este quinteto de Tokio, pero parece que fue con su cuarto álbum Judgement Day de 2023 donde dieron el gran salto para que incluso la gente por fuera de algo tan específico hable de ellas. Siendo esta su primera presentación en el Hellfest y con un público bastante grande, el grupo se centró en este último disco durante su corto set de media hora, con Miyako y Midori sacándose chispas en las guitarras y la base instrumental de la bajista Fami y la baterista Haruna dándolo todo en “Holy War”, “The Hammer of Wrath” y “Soldier Stands Solitarily”, por nombrar un par.

La cantante Asami no tendrá la mejor pronunciación del inglés pero demuestra su potencia en cada canción, encima teniendo que hacer lo suyo con ese vestido enorme de gala con el peligro que conlleva la temperatura en esta temporada. Un espectáculo corto pero muy correcto.

Tras aquel espectáculo en el escenario principal, cambiamos un tanto el ritmo de nuestro viaje por el evento y nos dirigimos a los escenarios menores. El Hellfest 2024 contó con nada menos que seis escenarios diferentes, con los dos principales y otros cuatro con los que viendo la lista de bandas se podía sacar cierta temática: Warzone para el punk, Temple para el black y el folk, Altar para el death y el progresivo, y Valley para el stoner y el hard rock. Yendo al Valley, pudimos ver a los lisérgicos estadounidenses Gozu, actualmente presentando su quinto álbum Remedy. Los de los de Boston es stoner puro y duro (sobre todo duro), con mucha guitarra distorsionada, ritmos como para viajar por el desierto y títulos de canciones raros, con “Tom Cruise Control” y “Ben Gazzara Loves No One” a la cabeza. Lindo set para despeinarse con headbanging.

Ya volviendo al escenario principal teníamos a Orden Ogan poniéndole algo de power y fantasía al Hellfest. Incluso bajo el sol directo la gente agitaba con cada canción de los alemanes, ya fuera saltando con cada nota de canciones como “Heart of the Android” y “The Order of Fear”, o como hicieron en “Let The Fire Rain” donde se pusieron a “remar el barco vikingo”, esa alternativa al mosh inventada en los recitales de Amon Amarth. Más allá de eso, la banda se escuchó correcta y con un buen setlist, con ese power metal que da ganas de ponerse a practicar los agudos y dándome ganas de chequear el álbum que sacarán en un par de días.

Mencionaba antes la mala fama del “core” al momento de hablar de los ingleses Bleed From Within, y creo que ahí también entran los también ingleses While She Sleeps. Al igual que BFW, While She Sleeps han buscado ir cambiando su sonido, en este caso adoptando elementos más alternativos y hasta cercanos al nu metal, una maniobra interesante si consideramos que ambos estilos están teniendo un revival. Presentando su reciente Self Hell, el quinteto dio un buen concierto en el Mainstage 2, incluso para alguien que no es súper fan de su obra: si la gente a tu alrededor está pasando un buen momento, es complicado que no te contagien la energía.

Mientras tanto pero en el Altar los neerlandeses Textures ya se confirmaban como veteranos del Hellfest, siendo que ya estuvieron en 2004 en el antecesor Fury Fest en Le Mans y esta era la tercera presentación en la versión moderna del festival. Claro, esta era una ocasión especial siendo que este era de los primeros recitales del sexteto de Tilburg luego de su separación en 2017 y su vuelta este mismo año. El djent no es algo para todo el mundo, pero Textures saben manejar esta variante melódica del sonido de Meshuggah, e incluso dando muchos momentos para el mosh: “New Horizons”, “Regenesis”, “Singularity”, como para repartir patadas en compases irregulares.

Tras un descanso, nos dirigimos al Valley para ver a Gaupa, banda que el corrector no deja de cambiarle el nombre por “Guapa”. A pesar de que el frío nórdico está en las antípodas del desierto estadounidense con el que se suele relacionar al stoner rock, Suecia ha dado una gran cantidad de bandas del estilo, y con algunas de ellas de vez en cuando dándole su propia firma a este sonido. En el caso de Gaupa, combinan esos riffs clásicos del género con la particular voz de su cantante Emma Näslund: las voces femeninas no son algo nuevo en este estilo, pero no recuerdo escuchar una como la de Näslund en el stoner, con un timbre y unas inflexiones que recuerdan inmediatamente a Björk.

Los de la ciudad de Falun dedicaron la mayor parte de su hora de actuación a su último álbum Myriad, muy recomendable, con la banda sonando muy sólida y Näslund dándolo todo detrás del micrófono y haciendo sus bailes combinados con un vestido a lo Stevie Nicks. Ténganlos en cuenta a futuro, porque espero que exploten en popularidad.

Contrastando con la calidez stoner del Valley, en el Mainstage 1 se daba una batalla de las máquinas con la actuación de las leyendas industriales Fear Factory. Un FF sin el histórico Burton C. Bell detrás del micrófono es algo que nadie se esperaba y lo más seguro que el guitarrista Dino Cazares tampoco lo hubiera imaginado, y es por eso que tardó tanto tiempo en revelar la identidad de quien ocuparía un puesto tan complicado, siendo el italiano Milo Silvestro el encargado de plantarse frente al micrófono.

La dualidad de voces podridas y limpias características de Fear Factory es muy complicada para un solo cantante, pero arriba del escenario del Hellfest Silvestro demostró que tiene lo que se necesita para hacerse cargo de la tarea, más allá de la sospecha de que pudiera haber alguna pista de apoyo. Con un setlist apoyado más que nada en el clásico Demanufacture, la guitarra de Dino sonó tan brutal como de costumbre y el barbudo Tony Campos hizo lo propio en el bajo junto al recién llegado Pete Webber, que tuvo sus imperfecciones detrás de la batería pero cumplió su tarea.

A pesar de ser un festival predominantemente de metal, rock pesado y punk, el Hellfest está abierto a muchas propuestas diferentes incluso por fuera del rock, siempre y cuando puedan tener algo de público dentro de la música pesada. Es así que en el Altar pudimos ver al noruego Einar Solberg, más conocido por su trabajo junto a los metaleros progresivos Leprous y a su vez formando parte junto a estos de la banda solista de su cuñado Ihsahn: en 2023 Solberg lanzó 16, su LP debut como solista y que lo ha tenido tocando por Sudamérica y Europa.

En sus últimos álbumes Leprous se han ido poniendo menos pesados e incorporando más elementos melódicos y rockeros a su propuesta sin abandonar sus tendencias progresivas. El sonido solista de Solberg claramente toma de eso, con mucha influencia pop y acústica en canciones mucho más “íntimas”, por ponerlo de alguna manera. Claramente no es música para el mosh ni el headbanging, sino más para sentarse y escuchar con los ojos cerrados, y Solberg lo hace muy bien: con una lista dedicada de lleno a su obra como solista, nos deleitó con canciones como “Grotto”, “Remember Me”, “Where All The Twigs Broke” y otras más, con su inconfundible voz como uno de los atractivos principales. Mucho piano y guitarra acústica, como para darse un descanso con música en medio de tanta violencia auditiva.

Volviendo a la violencia, en el Temple hicimos un viaje en el tiempo a una época a la que no sé cuántos tendrían de verdad ganas de visitar, de la mano de los alemanes Kanonenfieber. Estos enmascarados comandados por el misterioso cantante Noise nos dieron una lección de historia acerca de la Primera Guerra Mundial, con un escenario decorado cual trinchera, cañones a los lados incluidos, y los músicos enfundados en uniformes de la época.

Incluso para quien no tenga interés en la temática histórica que Noise busca incluir en Kanonenfieber y/o no entienda ni una palabra de alemán, la potencia de la banda tanto en estudio como en vivo es innegable. Arrancando el set con la intro “Grossmachtfantasie” para pasar a “Menschenmühle”, adelanto de lo que será su segundo disco Die Urkatastrophe que saldrá en septiembre próximo, el grupo repasó canciones tanto de su debut Menschenmühle (no confundir con la canción antes mencionada) y de sus diferentes EPs. 

Puro black / death brutal, oscuro y directo al pecho, pero incluso en medio de la carnicería sónica y las historias de masacres militares se pudo ver a la gente aplaudiendo al ritmo de “Over There”, una canción de la época de la Gran Guerra que con su grabación con sonido de fonógrafo marca el inicio del final con “The Yankee Division March”, con Noise llegando al escenario con un lanzallamas y su característica máscara de calavera. Un espectáculo sonoro y visual de enorme nivel por parte de Kanonenfieber.

Tras otra caminata de vuelta al Altar nos preparamos para ver a Ne Obliviscaris, la gran esperanza del progresivo extremo en esta era post Opeth abandonando el death. Los australianos dieron un set de apenas cinco canciones, pero si consideramos que sus composiciones frecuentemente superan los diez minutos entonces tiene mucho más sentido. Durante esa hora tocaron “Equus” y “Suspyre” del último Exul y luego una de cada uno de sus otros tres álbumes, Mucho riff retorcido, contraste de voces entre los rugidos de Xenoyr y las voces limpias de Tim Charles y obviamente los acompañamientos de violín de este último, uno de los elementos esenciales de la fórmula de la banda. Desde ya que todos los músicos sonaron sólidos, con el público acompañando de manera discreta pero respetuosa: ya con diez horas de festival encima, muchos se veían bastante cansados.

A las 20:45 en el Mainstage 1 se daba un debut en los escenarios del Hellfest, con Tom Morello comenzando su primera aparición en la historia del festival. El guitarrista de Rage Against The Machine es uno de esos magos de la guitarra que influenció a millones, pero como solista tengo que decir que su saga The Atlas Underground son tres de los discos más inescuchables que haya tenido que soportar: la combinación de sus ruidos guitarreros y cosas como dubstep y trap simplemente no funciona. 

Por suerte Morello sólo tocó tres canciones de esos discos, con el resto del set siendo sorprendentemente variado: “Soldier in the Army of Love” (con la que arrancó el recital y es el adelanto de su primer disco solista “rockero), “One Man Revolution” (de su alter ego folk The Nightwatchman), el clásico “Like a Stone” de Audioslave, “Gossip” de Måneskin (canción en la que aparecer como invitado), covers de MC5, Bruce Springsteen y John Lennon, y obviamente varias seguidillas de tracks de RATM, que tuvieron a todos saltando y bailando incluso si estuvieran en las antípodas de las ideas políticas de Morello.

Al mismo tiempo pero en el escenario Temple, los noruegos Satyricon hacían ya su sexta aparición en la historia del festival, pudiendo contarse junto con Napalm Death entre los grupos con más participaciones en el Hellfest. Más allá de eso, no hay mucho que decir de especial acerca de lo que fue la presentación del grupo comandado por Satyr: tan sólidos como se debería esperar de una banda con tanta experiencia, y centrándose en clásicos como “Mother North”, “Forhekset”, “K.I.N.G” y demás tracks que un fan de la banda puede recitar de memoria sin mucho esfuerzo. 

Y ya que estamos, nos quedamos en el Temple para ver a otro de los grandes de la movida noruega y veteranos del Hellfest, ya que Emperor aparecía por quinta vez en el póster del evento. Al igual que con Satyricon podríamos decir que lo de Emperor estuvo centrando en los “clásicos”, aunque esto viene con un enorme asterisco si tenemos en cuenta que Prometheus, el último disco de la banda, salió allá en 2001, con reuniones intermitentes desde aquella época, así que toda su discografía se podría considerar como un “clásico”. 

Pero más allá del tiempo Emperor todavía tienen lo suyo, con “I Am The Black Wizards”, “Thus Spake the Nightspirit”, “Inno a Satana”, “Ye Entrancemperium” y demás canciones que ya son clásicos no sólo de Emperor, sino de todo el black metal. Ihsahn parecerá un hipster cualquiera o un profe de geografía a simple vista, pero detrás de la guitarra y el micrófono es una bestia, con el eterno Samoth acompañándolo en los riffs y Trym Torson tocando los ritmos con precisión milimétrica.

Ya la noche se había cernido por completo en el campo del Hellfest, y era momento de cerrar el Mainstage 1 por segunda vez. Los encargados de esta tarea serían Machine Head, que dieron la patada inicial con la imponente “Imperium” y el líder Robb Flynn agitando para que la gente cantara y armara circle pits, algo con lo que la gente correspondió. “Ten Ton Hammer”, “From This Day”, “Davidian”, una bomba tras otra de parte del cuarteto completado con Jared MacEachern en bajo y Matt Alston en batería, además de la asistencia del segundo guitarrista Reece Scruggs, quien tuvo su gran momento de brillar con un solo de guitarra tras “NØ GØDS, NØ MASTERS” que por suerte no se extendió demasiado. Hora y media de riffs gruesos y mucho mosh, como es debido.

Machine Head habían cerrado el Mainstage 1 por hoy, pero mientras tanto todavía había algo de acción en el Mainstage 2, donde pudimos ver a los stoners Fu Manchu trayendo el soleado desierto californiano a la noche del oeste francés. Fu Manchu no es una banda complicada de describir o de analizar, pero la gracia está en esa simpleza: riffs graves con extra fuzz y ritmos como para atravesar el desierto levantando polvo arriba de un hot rod, tal vez con algo de marihuana de por medio como para condimentar la experiencia. En estudio podrán ponerse repetitivos, pero en vivo exudan una energía contagiosa con “Evil Eye”, “Hell on Wheels”, “Laserbl’ast!”, “Weird Beard” y demás odas a verse cool encima de un auto retro. No necesitan nada más.

Contrastando con la atmósfera soleada que Scott Hill imprime en las canciones de Fu Manchu, a la 1:00 de la mañana en el escenario Temple era hora de sumirnos en la oscuridad de mano de Anaal Nathrakh. La combinación de black metal, grindcore y metal industrial de la banda es única: recuerdo un comentario diciendo que su debut The Codex Necro no sonaba como un disco sino directamente como un exorcismo. Durante muchos años el dúo conformado por el cantante V.I.T.R.I.O.L. y el multi instrumentista Irrumator dijo que no iba a dar presentaciones en vivo seguramente por algo sobre las dificultades de trasladar lo hecho en estudio al contexto en vivo, pero eventualmente encontraron la manera y ahora ya es la cuarta vez que se presentan en el Hellfest, con el logo puntiagudo de la banda como única decoración arriba del escenario.

Como pasa con Ihsahn, V.I.T.R.I.O.L a primera vista no parece el tipo más pesado, hasta que abre la boca y deja salir su demonio interno en himnos de brutalidad, violencia y oscuridad como “In the Constellation of the Black Widow”, “Bellum Omnium Contra Omnes”, “Obscene as Cancer” y “Feeding the Death Machine”, entre otras. Mosh brutal, headbanging y demás, fue en la final “Submission is for the Weak” donde se armó el mayor wall of death de la noche, con V.I.T.R.I.O.L alargando la canción antes de dar la señal para el comienzo de la brutalidad con el inmortal “Die on your knees!”. Un gran set para quemar los últimos cartuchos de energía de la noche, e irnos a nuestros aposentos para prepararnos al día siguiente, con el cuerpo dolido pero contentos por lo que habíamos pasado.

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