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Icarus Music Fest 2024 en Buenos Aires: “La reunión del metal”
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Foto de portada: Cuervo Deth

Cuando una banda dice que se va a presentar en Argentina en el contexto de un festival, sinceramente me la baja mucho, sobre todo si es un evento similar al Lollapalooza. El precio de las entradas, la bolsa de gatos que terminan siendo las listas y que esté la posibilidad de que los grupos que quieras ver estén en días distintos o que toquen al mismo tiempo en diferentes escenarios, el simple hecho de ser varios escenarios y además de que hacerlo al aire libre siempre deje abierta la posibilidad de que la lluvia arruine todo.

En el mundo del metal no pasa tan seguido por el simple hecho de ser menos masivo, pero no está exento. Sin embargo, entiendo que este formato ayuda a amortizar gastos, y hay contextos donde no me opongo, como es en el caso del Icarus Music Fest que se realizó el 23 de abril en Buenos Aires, Argentina: un solo escenario, bajo techo y con un formato más cercano al de un recital normal pero con teloneros de lujo. Y la gente de Icarus se pasó en esta edición, trayendo a nada menos que los medievales alemanes In Extremo, a los power finlandeses Battle Beast y, coronando la noche, a las leyendas metaleras finesas Amorphis

En los casos de Amorphis e In Extremo sus últimos conciertos en la Argentina se habían dado hacía más de una década, con la presentación de los primeros en The Roxy Live en 2012 y el doblete de los segundos en el Teatro Flores en 2007, mientras que esta sería la primera vez de Battle Beast en el país de los campeones del mundo. En los tres casos, hablamos de fechas que se venían debiendo hace rato, y ahora los tendríamos a todos juntos en un solo lugar.

TAMBIÉN TE PUEDE INTERESAR: CMBA The Punk Rock Fest: “Un Estallido de Energía y Nostalgia”

Llegué a tiempo para ver las últimas canciones de In Element, los teloneros locales. Ya había tenido la oportunidad de verlos en El Teatrito en noviembre de 2023 cuando fueran teloneros de Septicflesh, y aunque ya me habían parecido una agrupación más que interesante creo que el cambio al Groove les hizo muy bien. La propuesta metalcore / moderna / industrial de la banda se benefició con un lugar con un sonido mucho mejor, pudiendo mostrar la potencia de su sonido en óptimas condiciones. No hay mucho más que pueda mencionar que no haya hecho en esa ocasión, pero es sin lugar a dudas de los proyectos más llamativos a nivel nacional, tanto por sonido como por imagen y mensaje. Tengan sus links a mano cuando alguien diga que no hay nada interesante en material de metal argentino.

La velocidad con la que trabajó la producción hizo que no tuviéramos que esperar una eternidad para poder escuchar a la siguiente banda, algo que se agradece un montón. Así que de manera puntual pudimos ver aparecer el logo de In Extremo en la pantalla trasera y las laterales, anunciando la llegada del combo germano. 

“Metal medieval” es la etiqueta que se le suele aplicar al sonido de In Extremo, o “Mittelalter-Metal” como se lo suele llamar en Alemania. Pero puede que esa sea categoría un tanto engañosa: “medieval” muchas veces me da una connotación como de música de monasterio, como algo que sacarían los blackmetaleros Obsequiae, mientras que lo de In Extremo no tiene mucho de monasterio y está mucho más cerca de ser como si los Sex Pistols hubieran hecho un cameo en Monty Python and the Holy Grail.

Si reducimos su sonido a lo más básico son una banda de hard rock / punk bien, algo en lo que ya son muy buenos, pero con el agregado de los instrumentos tradicionales a cargo del gaitero Marco Ernst-Felix Zorzytzky, alias Flex der Biegsame, y André Strugala, más conocido como Dr. Pymonte. Pymonte es el verdadero MVP de la banda, tocando la gaita, la flauta, la chirimía (que es como una flauta larga) y hasta el arpa en distintas canciones, haciendo un aporte invaluable a la propuesta (y dándome otra razón para aplaudir a los encargados del sonido por hacer que un arpa se pueda oír entre la distorsión).

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“Küss mich” y “Liam” fueron sólo un par de las que se escucharon en la velada, con la gente pogueando, bailando e incluso coreando las canciones, todas en el idioma de Johann Wolfgang von Goethe con excepción de “En Esta Noche”, con su español masticado pero encantador gracias al carisma de la leyenda Michael Robert Rhein, alias Das letzte Einhorn, que desde detrás del micrófono le agrega más atmósfera callejera a las composiciones. Lo de Das letzte Einhorn no se queda sólo en las voces, porque también se cuelga el cistro, un instrumento similar al laúd, y lo toca como si fuera un Johnny Ramone medieval.

Lo de In Extremo fue pura fiesta: habían pasado 17 años de la única visita de los berlineses, así que a pesar de lo de que “se debía” un nuevo recital no sabía muy cómo sería el recibimiento. Pero la gente me calló la boca, porque un número importante de los presentes recibió a los alemanes como si hubieran sido la banda principal del festival, con un número importante de remeras dedicadas a ellos (y también a Die Toten Hosen, el ejemplo clásico de banda alemana que encontró un segundo hogar acá). Una presentación impresionante y que se llevó todos los aplausos tanto de los fans como de los recién llegados al universo de la banda.

Tras otra espera relativamente corta, comenzó a sonar la intro que marcaba la llegada de Battle Beast al escenario del Groove. Antes del recital Battle Beast era la banda que menos me interesaba de la lista, porque en papel eran los que tenían la propuesta menos interesante de las tres bandas principales: simplemente otro grupo finlandés de power metal, como tantos otros que llenan los festivales europeos. Pero el set del sexteto de Helsinki me cambió completamente la visión que tenía de ellos, y entendí por qué tenían también un grupo dedicado de fans en el lugar.

Aunque la base de Battle Beast siga siendo el power, desde hace un tiempo vienen agregando una buena dosis de AOR de los ochentas a su sonido, una combinación muy obvia pero que funciona de maravillas, dando un enfoque más cancionero con sus estribillos explosivos y el invalorable aporte de Janne Björkroth, quien iba por el escenario con su keytar llenando de colchones de teclados las canciones. Y no hay que olvidar a Noora Louhimo, quien sale al escenario con sus cuernos demoníacos y canta con su particular estilo, comparado en una entrevista con Janis Joplin y al que le agregaría un toque de Cyndi Lauper, alejándose un poco del estilo ultra limpio y lírico en el que suelen caer muchas cantantes metaleras. Que mostrara una energía y entrega constante también ayudaba, y es por eso que se ganó muchos cantos de apoyo entre la gente.

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Abrieron con “Circus of Doom”, canción que da título tanto a su último álbum y a la gira de presentación del mismo, con “King for a Day”, “Wings of Light” y “Bastard son of Odin” siendo algunas de otras en la lista. Entre canción y canción, los músicos agradecieron a la gente con todo el entusiasmo del mundo, con el público pareciendo más como si habláramos de una banda con un largo historial de visitas a la Argentina y no unos que recién debutaban acá. Cuando la banda terminó, hubo foto con la gente e incluso incluyó una bandera argentina con el logo de Battle Beast en la imagen, hecho por uno de los fans que se la hizo llegar desde el público. La vuelta del grupo a corto plazo está bastante asegurada.

Después de tres sets lo más seguro es que ya muchos estuvieran con el cuerpo cansado de tanto pogo (sobre todo las rodillas), pero todavía quedaba una banda más para cerrar la noche y que pudiéramos salir al frío que se cernía en la avenida Santa Fe. Así que todos hicimos de tripas corazón para sacar energías de la nada y darle una calurosa bienvenida a Amorphis, que con una intro de fondo y las luces bajas dieron comienzo a su presentación con “Northwards”, canción de su último álbum Halo. Desde el inicio pudimos sentir un sonido demoledor, digno de una banda arriba de todo en el flyer, lo mismo seguimos sintiendo con la siguiente “On The Dark Waters”, con Tomi Joutsen demostrando cómo pasa del canto melódico a los rugidos de bestia con la misma facilidad con la que respira.

“Ooooooooooooh, ¡soy de Amorphis! ¡Es un sentimiento! ¡Que no lo puedo parar!”, cantaba la gente, demostrando nuevamente la habilidad para meter cualquier nombre de banda en la canción. Y los de Amorphis lo recibieron con una sonrisa y agradecimientos, siguiendo la noche revisitando Skyforger con “The Smoke” y volviendo a Halo con “The Moon”. Tras “The Four Wise Ones”, Joutsen presentó a todos los miembros de la banda, cada uno dando su momento musical. Es así que el guitarrista rítmico Tomi Koivusaari tocó “Raining Blood” de Slayer, el bajista Olli-Pekka Laine hizo lo mismo con “After Forever” de Black Sabbath, el baterista Jan Rechberger y el tecladista Santeri Kallio tocaron sus solos, y el líder Esa Holopainen tocó “Back In Black” de AC/DC. Un momento simpático antes de pasar a “Silver Bride”.

Los finlandeses nos llevaron a los noventas y a su etapa más death metal con “The Castaway” y “Black Winter Day” de Tales From the Thousand Lakes y el clasicazo “My Kantele” de Elegy, que tuvieron a la gente coreando estas letras adaptadas del Kalevala, el compilado épico de poemas finlandeses, con la banda sonando precisa de manera milimétrica. Y fue con “House of Sleep” que Amorphis se retiraron del escenario, dejando que la gente clamara a viva voz por su regreso para que volvieran a las tablas y cerraran ya la noche con “The Bee”, canción de Queen of Time que fue muy bien recibida y con la que los asistentes quedaran completamente satisfechos, y seguramente aliviados por poder irse a su casa a descansar, que al miércoles siguiente había que trabajar.

Bien organizado, buena selección de bandas sin que ninguna se sienta como relleno, con una duración óptima para que cada una de ellas hiciera lo propio y con un sonido excelente, este Icarus Music Fest 2024 aprobó con facilidad todo lo que pido en una fecha festival o no. Esperemos que no tengamos que esperar mucho para que estas bandas vuelvan a pisar tierras argentinas, y que todas las ediciones a futuro de estos festivales mantengan el gran nivel que esta edición marcó.

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Icarus Music Fest 2024 en Buenos Aires: “La reunión del metal”
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Foto de portada: Cuervo Deth

Cuando una banda dice que se va a presentar en Argentina en el contexto de un festival, sinceramente me la baja mucho, sobre todo si es un evento similar al Lollapalooza. El precio de las entradas, la bolsa de gatos que terminan siendo las listas y que esté la posibilidad de que los grupos que quieras ver estén en días distintos o que toquen al mismo tiempo en diferentes escenarios, el simple hecho de ser varios escenarios y además de que hacerlo al aire libre siempre deje abierta la posibilidad de que la lluvia arruine todo.

En el mundo del metal no pasa tan seguido por el simple hecho de ser menos masivo, pero no está exento. Sin embargo, entiendo que este formato ayuda a amortizar gastos, y hay contextos donde no me opongo, como es en el caso del Icarus Music Fest que se realizó el 23 de abril en Buenos Aires, Argentina: un solo escenario, bajo techo y con un formato más cercano al de un recital normal pero con teloneros de lujo. Y la gente de Icarus se pasó en esta edición, trayendo a nada menos que los medievales alemanes In Extremo, a los power finlandeses Battle Beast y, coronando la noche, a las leyendas metaleras finesas Amorphis

En los casos de Amorphis e In Extremo sus últimos conciertos en la Argentina se habían dado hacía más de una década, con la presentación de los primeros en The Roxy Live en 2012 y el doblete de los segundos en el Teatro Flores en 2007, mientras que esta sería la primera vez de Battle Beast en el país de los campeones del mundo. En los tres casos, hablamos de fechas que se venían debiendo hace rato, y ahora los tendríamos a todos juntos en un solo lugar.

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Llegué a tiempo para ver las últimas canciones de In Element, los teloneros locales. Ya había tenido la oportunidad de verlos en El Teatrito en noviembre de 2023 cuando fueran teloneros de Septicflesh, y aunque ya me habían parecido una agrupación más que interesante creo que el cambio al Groove les hizo muy bien. La propuesta metalcore / moderna / industrial de la banda se benefició con un lugar con un sonido mucho mejor, pudiendo mostrar la potencia de su sonido en óptimas condiciones. No hay mucho más que pueda mencionar que no haya hecho en esa ocasión, pero es sin lugar a dudas de los proyectos más llamativos a nivel nacional, tanto por sonido como por imagen y mensaje. Tengan sus links a mano cuando alguien diga que no hay nada interesante en material de metal argentino.

La velocidad con la que trabajó la producción hizo que no tuviéramos que esperar una eternidad para poder escuchar a la siguiente banda, algo que se agradece un montón. Así que de manera puntual pudimos ver aparecer el logo de In Extremo en la pantalla trasera y las laterales, anunciando la llegada del combo germano. 

“Metal medieval” es la etiqueta que se le suele aplicar al sonido de In Extremo, o “Mittelalter-Metal” como se lo suele llamar en Alemania. Pero puede que esa sea categoría un tanto engañosa: “medieval” muchas veces me da una connotación como de música de monasterio, como algo que sacarían los blackmetaleros Obsequiae, mientras que lo de In Extremo no tiene mucho de monasterio y está mucho más cerca de ser como si los Sex Pistols hubieran hecho un cameo en Monty Python and the Holy Grail.

Si reducimos su sonido a lo más básico son una banda de hard rock / punk bien, algo en lo que ya son muy buenos, pero con el agregado de los instrumentos tradicionales a cargo del gaitero Marco Ernst-Felix Zorzytzky, alias Flex der Biegsame, y André Strugala, más conocido como Dr. Pymonte. Pymonte es el verdadero MVP de la banda, tocando la gaita, la flauta, la chirimía (que es como una flauta larga) y hasta el arpa en distintas canciones, haciendo un aporte invaluable a la propuesta (y dándome otra razón para aplaudir a los encargados del sonido por hacer que un arpa se pueda oír entre la distorsión).

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Lo de In Extremo fue pura fiesta: habían pasado 17 años de la única visita de los berlineses, así que a pesar de lo de que “se debía” un nuevo recital no sabía muy cómo sería el recibimiento. Pero la gente me calló la boca, porque un número importante de los presentes recibió a los alemanes como si hubieran sido la banda principal del festival, con un número importante de remeras dedicadas a ellos (y también a Die Toten Hosen, el ejemplo clásico de banda alemana que encontró un segundo hogar acá). Una presentación impresionante y que se llevó todos los aplausos tanto de los fans como de los recién llegados al universo de la banda.

Tras otra espera relativamente corta, comenzó a sonar la intro que marcaba la llegada de Battle Beast al escenario del Groove. Antes del recital Battle Beast era la banda que menos me interesaba de la lista, porque en papel eran los que tenían la propuesta menos interesante de las tres bandas principales: simplemente otro grupo finlandés de power metal, como tantos otros que llenan los festivales europeos. Pero el set del sexteto de Helsinki me cambió completamente la visión que tenía de ellos, y entendí por qué tenían también un grupo dedicado de fans en el lugar.

Aunque la base de Battle Beast siga siendo el power, desde hace un tiempo vienen agregando una buena dosis de AOR de los ochentas a su sonido, una combinación muy obvia pero que funciona de maravillas, dando un enfoque más cancionero con sus estribillos explosivos y el invalorable aporte de Janne Björkroth, quien iba por el escenario con su keytar llenando de colchones de teclados las canciones. Y no hay que olvidar a Noora Louhimo, quien sale al escenario con sus cuernos demoníacos y canta con su particular estilo, comparado en una entrevista con Janis Joplin y al que le agregaría un toque de Cyndi Lauper, alejándose un poco del estilo ultra limpio y lírico en el que suelen caer muchas cantantes metaleras. Que mostrara una energía y entrega constante también ayudaba, y es por eso que se ganó muchos cantos de apoyo entre la gente.

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Después de tres sets lo más seguro es que ya muchos estuvieran con el cuerpo cansado de tanto pogo (sobre todo las rodillas), pero todavía quedaba una banda más para cerrar la noche y que pudiéramos salir al frío que se cernía en la avenida Santa Fe. Así que todos hicimos de tripas corazón para sacar energías de la nada y darle una calurosa bienvenida a Amorphis, que con una intro de fondo y las luces bajas dieron comienzo a su presentación con “Northwards”, canción de su último álbum Halo. Desde el inicio pudimos sentir un sonido demoledor, digno de una banda arriba de todo en el flyer, lo mismo seguimos sintiendo con la siguiente “On The Dark Waters”, con Tomi Joutsen demostrando cómo pasa del canto melódico a los rugidos de bestia con la misma facilidad con la que respira.

“Ooooooooooooh, ¡soy de Amorphis! ¡Es un sentimiento! ¡Que no lo puedo parar!”, cantaba la gente, demostrando nuevamente la habilidad para meter cualquier nombre de banda en la canción. Y los de Amorphis lo recibieron con una sonrisa y agradecimientos, siguiendo la noche revisitando Skyforger con “The Smoke” y volviendo a Halo con “The Moon”. Tras “The Four Wise Ones”, Joutsen presentó a todos los miembros de la banda, cada uno dando su momento musical. Es así que el guitarrista rítmico Tomi Koivusaari tocó “Raining Blood” de Slayer, el bajista Olli-Pekka Laine hizo lo mismo con “After Forever” de Black Sabbath, el baterista Jan Rechberger y el tecladista Santeri Kallio tocaron sus solos, y el líder Esa Holopainen tocó “Back In Black” de AC/DC. Un momento simpático antes de pasar a “Silver Bride”.

Los finlandeses nos llevaron a los noventas y a su etapa más death metal con “The Castaway” y “Black Winter Day” de Tales From the Thousand Lakes y el clasicazo “My Kantele” de Elegy, que tuvieron a la gente coreando estas letras adaptadas del Kalevala, el compilado épico de poemas finlandeses, con la banda sonando precisa de manera milimétrica. Y fue con “House of Sleep” que Amorphis se retiraron del escenario, dejando que la gente clamara a viva voz por su regreso para que volvieran a las tablas y cerraran ya la noche con “The Bee”, canción de Queen of Time que fue muy bien recibida y con la que los asistentes quedaran completamente satisfechos, y seguramente aliviados por poder irse a su casa a descansar, que al miércoles siguiente había que trabajar.

Bien organizado, buena selección de bandas sin que ninguna se sienta como relleno, con una duración óptima para que cada una de ellas hiciera lo propio y con un sonido excelente, este Icarus Music Fest 2024 aprobó con facilidad todo lo que pido en una fecha festival o no. Esperemos que no tengamos que esperar mucho para que estas bandas vuelvan a pisar tierras argentinas, y que todas las ediciones a futuro de estos festivales mantengan el gran nivel que esta edición marcó.

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