

La Sala Tótem de Pamplona se llenó para recibir a In Flames, una de las bandas fundamentales del metal sueco, en una noche que tenía todos los ingredientes para convertirse en una de las citas destacadas del verano. Con el recinto prácticamente tomado desde primera hora y un público dispuesto a dejarse la voz, la formación sueca llegaba acompañada por Gaerea, encargados de abrir una velada que desde el comienzo estuvo marcada por la intensidad. La cercanía de una sala como la Tótem permitió además vivir el concierto desde una perspectiva especialmente directa, con escenario y público prácticamente conectados durante toda la noche.
Antes de que llegara el turno de los suecos, Gaerea convirtió la Sala Tótem en un escenario dominado por la oscuridad. La formación portuguesa, una de las propuestas más interesantes del post black metal / metalcore actual, apostó por una puesta en escena sobria, apoyada en la iluminación, el humo y sus habituales rostros cubiertos. Las guitarras afiladas, la batería contundente y las voces desgarradas fueron construyendo una actuación intensa, sin necesidad de grandes artificios. Gaerea no se limitó a cumplir con su papel de banda invitada y consiguió generar una atmósfera propia, ganándose la atención de un público que respondió especialmente bien a los momentos de mayor intensidad.
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La aparición de In Flames cambió inmediatamente el ambiente de la sala. Desde los primeros compases, el público respondió con una energía constante, cantando, saltando y acompañando cada uno de los grandes momentos del repertorio. La banda sueca supo aprovechar esa respuesta para mantener un concierto dinámico, alternando la contundencia de sus composiciones con sus reconocibles pasajes melódicos. Canciones como “The Quiet Place”, “Cloud Connected” o “Only for the Weak” provocaron algunas de las reacciones más fuertes de la noche, mientras el material de discos como Colony, Clayman o Reroute to Remain recordó por qué In Flames consiguió convertirse en uno de los nombres esenciales del metal europeo. Más allá del escenario, buena parte del protagonismo terminó recayendo sobre una pista que no dejó de moverse.
Con el concierto avanzando, la respuesta del público fue todavía a más. Anders Fridén ejerció de conductor de una actuación en la que la banda encontró en la Tótem el espacio perfecto para desarrollar su propuesta sin perder intensidad. “Trigger”, “Take This Life” y otros de los grandes clásicos del grupo fueron recibidos con una sala completamente volcada, mientras las guitarras de Björn Gelotte sostenían buena parte del peso de un directo construido para ser vivido a pocos metros del escenario. Entre saltos, coros y constantes movimientos en la pista, In Flames fue llevando el concierto hacia sus últimos minutos sin rebajar el ritmo, dejando que fueran los propios asistentes quienes mantuvieran el ruido cuando las últimas notas todavía seguían resonando en la Sala Tótem.


La Sala Tótem de Pamplona se llenó para recibir a In Flames, una de las bandas fundamentales del metal sueco, en una noche que tenía todos los ingredientes para convertirse en una de las citas destacadas del verano. Con el recinto prácticamente tomado desde primera hora y un público dispuesto a dejarse la voz, la formación sueca llegaba acompañada por Gaerea, encargados de abrir una velada que desde el comienzo estuvo marcada por la intensidad. La cercanía de una sala como la Tótem permitió además vivir el concierto desde una perspectiva especialmente directa, con escenario y público prácticamente conectados durante toda la noche.
Antes de que llegara el turno de los suecos, Gaerea convirtió la Sala Tótem en un escenario dominado por la oscuridad. La formación portuguesa, una de las propuestas más interesantes del post black metal / metalcore actual, apostó por una puesta en escena sobria, apoyada en la iluminación, el humo y sus habituales rostros cubiertos. Las guitarras afiladas, la batería contundente y las voces desgarradas fueron construyendo una actuación intensa, sin necesidad de grandes artificios. Gaerea no se limitó a cumplir con su papel de banda invitada y consiguió generar una atmósfera propia, ganándose la atención de un público que respondió especialmente bien a los momentos de mayor intensidad.
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La aparición de In Flames cambió inmediatamente el ambiente de la sala. Desde los primeros compases, el público respondió con una energía constante, cantando, saltando y acompañando cada uno de los grandes momentos del repertorio. La banda sueca supo aprovechar esa respuesta para mantener un concierto dinámico, alternando la contundencia de sus composiciones con sus reconocibles pasajes melódicos. Canciones como “The Quiet Place”, “Cloud Connected” o “Only for the Weak” provocaron algunas de las reacciones más fuertes de la noche, mientras el material de discos como Colony, Clayman o Reroute to Remain recordó por qué In Flames consiguió convertirse en uno de los nombres esenciales del metal europeo. Más allá del escenario, buena parte del protagonismo terminó recayendo sobre una pista que no dejó de moverse.
Con el concierto avanzando, la respuesta del público fue todavía a más. Anders Fridén ejerció de conductor de una actuación en la que la banda encontró en la Tótem el espacio perfecto para desarrollar su propuesta sin perder intensidad. “Trigger”, “Take This Life” y otros de los grandes clásicos del grupo fueron recibidos con una sala completamente volcada, mientras las guitarras de Björn Gelotte sostenían buena parte del peso de un directo construido para ser vivido a pocos metros del escenario. Entre saltos, coros y constantes movimientos en la pista, In Flames fue llevando el concierto hacia sus últimos minutos sin rebajar el ritmo, dejando que fueran los propios asistentes quienes mantuvieran el ruido cuando las últimas notas todavía seguían resonando en la Sala Tótem.













