


Si alguien pasaba por la montaña de Montjuïc este domingo 17 de mayo y no sabía lo que estaba pasando, era porque no era argentino. Se había transportado un pedazo de la argentina rockera directo al corazón de Catalunya.
Ambiente total, trapos, remeras de Los Redondos, La Renga, Almafuerte, perfume de fernet, gente feliz en las calles para reencontrarse en otro “banquete”. Esta vez a 11.000km de su origen.
El Poble Espanyol, un recinto de arquitectura histórica con ambiente íntimo y casi barrial, colgó el cartel de entradas agotadas, donde alrededor de 5.000 personas transformaron la plaza en una caldera .
Si algo caracteriza a La Renga, con absoluta evidencia en Barcelona, es su capacidad para juntar a gente de todos los “palos” rockeros. Abajo del escenario se borraron las etiquetas: seguidores de Los Redondos, metaleros, motoqueros y fanáticos del rock nacional clásico, todos fundidos en un mismo pogo. El paisaje visual era el de un estadio bonaerense teletransportado al Mediterráneo, con banderas de los barrios (Laferrere, Evita, Mataderos, Liniers) y lienzos del Diego (10) Maradona ondeando sobre un mar de cabezas. Más allá de la nostalgia patria, lo que se respiró en Barcelona fue un fenómeno sociológico que muy pocas bandas pueden lograr.
Sin teloneros y con una puesta audiovisual demoledora: el trío histórico conformado por Chizzo Nápoli, Tete Iglesias y Tanque Iglesias —escoltados por los vientos y la armónica de Manu Varela— decidió salir a la cancha solo, sin bandas invitadas. Y no hizo falta más. Desde el primer acorde quedó claro que el sonido sería impecable, una pared sonora pulida y rabiosa que pegaba directo en el pecho.
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El apartado visual fue otro de los grandes protagonistas de la noche. Las enormes pantallas de fondo no solo amplificaban lo que pasaba en el escenario, sino que funcionaron como una ventana al universo renguero. (Con su famoso 73, que viene de la quiniela “El rengo”) Durante muchos pasajes del show, se proyectaron imágenes de su reciente película “Totalmente Poseídos”, la cual Chizzo hizo referencia. Intercaladas fotos de los tatuajes que los propios fans llevan en la piel y figuras animadas que ilustraban la temática de cada canción. Era, literalmente, ver la devoción del público reflejada en el escenario.
La salida la dio “Buena ruta hermano”, la declaración de principios perfecta para iniciar la travesía europea. De ahí en más, la lista de 30 temas no dio respiro. Canciones como “Tripa y corazón” y “Cuándo vendrán” convirtieron a la multitud en un solo coro ensordecedor.
El machaque pesado y la actitud metalera del trío brillaron en tramos de alta distorsión con “Almohada de piedra”, “Detonador de sueños” y un coreadísimo “Desnudo para siempre (o despedazado por mil partes)”. Chizzo, con la voz curtida e intacta, comandó las acciones mientras Tete no paró de correr por todo el ancho de las tablas y Tanque marcaba el pulso como un reloj de demolición.
Los momentos más emotivos llegaron cuando la crudeza le cedió paso a la épica. “Lo frágil de la locura”, “Cuando estés acá” y la ineludible “Balada del diablo y la muerte” iluminaron el recinto catalán con miles de pantallas de celulares y gargantas rotas, demostrando que la sensibilidad también tiene lugar en el heavy rock.
La recta final fue una avalancha que hizo temblar el suelo de Montjuïc: “El viento que todo empuja”, “El juicio del ganso” y “Oscuro diamante” prepararon el terreno para el primer amague de despedida con “El final es en donde partí”.
Pero faltaba el golpe de gracia. El encore fue un triplete destructivo que arrancó con “El revelde”, desatando un mar de camisetas negras saltando al unísono. Inmediatamente después, sonó el inconfundible bajo de “Panic show”, provocando el pogo más salvaje y multitudinario de la jornada. Y como dicta la sagrada tradición de la banda, el cierre definitivo llegó con “Hablando de la libertad”, un abrazo colectivo que selló la primera gran noche de la gira.
La Renga demostró en Barcelona que no son solo una banda de rock; son un refugio itinerante, y que no son recitales, son “banquetes”
Domingo 17/5: Barcelona, Poble Espanyol (Realizado)
Jueves 21/5: Berlín, Huxley’s Neue Welt
Domingo 24/5: Copenhague, Poolen
Miércoles 27/5: Tenerife, Xanadu (junto a Evaristo)
Domingo 31/5: Barcelona, Poble Espanyol



Si alguien pasaba por la montaña de Montjuïc este domingo 17 de mayo y no sabía lo que estaba pasando, era porque no era argentino. Se había transportado un pedazo de la argentina rockera directo al corazón de Catalunya.
Ambiente total, trapos, remeras de Los Redondos, La Renga, Almafuerte, perfume de fernet, gente feliz en las calles para reencontrarse en otro “banquete”. Esta vez a 11.000km de su origen.
El Poble Espanyol, un recinto de arquitectura histórica con ambiente íntimo y casi barrial, colgó el cartel de entradas agotadas, donde alrededor de 5.000 personas transformaron la plaza en una caldera .
Si algo caracteriza a La Renga, con absoluta evidencia en Barcelona, es su capacidad para juntar a gente de todos los “palos” rockeros. Abajo del escenario se borraron las etiquetas: seguidores de Los Redondos, metaleros, motoqueros y fanáticos del rock nacional clásico, todos fundidos en un mismo pogo. El paisaje visual era el de un estadio bonaerense teletransportado al Mediterráneo, con banderas de los barrios (Laferrere, Evita, Mataderos, Liniers) y lienzos del Diego (10) Maradona ondeando sobre un mar de cabezas. Más allá de la nostalgia patria, lo que se respiró en Barcelona fue un fenómeno sociológico que muy pocas bandas pueden lograr.
Sin teloneros y con una puesta audiovisual demoledora: el trío histórico conformado por Chizzo Nápoli, Tete Iglesias y Tanque Iglesias —escoltados por los vientos y la armónica de Manu Varela— decidió salir a la cancha solo, sin bandas invitadas. Y no hizo falta más. Desde el primer acorde quedó claro que el sonido sería impecable, una pared sonora pulida y rabiosa que pegaba directo en el pecho.
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El apartado visual fue otro de los grandes protagonistas de la noche. Las enormes pantallas de fondo no solo amplificaban lo que pasaba en el escenario, sino que funcionaron como una ventana al universo renguero. (Con su famoso 73, que viene de la quiniela “El rengo”) Durante muchos pasajes del show, se proyectaron imágenes de su reciente película “Totalmente Poseídos”, la cual Chizzo hizo referencia. Intercaladas fotos de los tatuajes que los propios fans llevan en la piel y figuras animadas que ilustraban la temática de cada canción. Era, literalmente, ver la devoción del público reflejada en el escenario.
La salida la dio “Buena ruta hermano”, la declaración de principios perfecta para iniciar la travesía europea. De ahí en más, la lista de 30 temas no dio respiro. Canciones como “Tripa y corazón” y “Cuándo vendrán” convirtieron a la multitud en un solo coro ensordecedor.
El machaque pesado y la actitud metalera del trío brillaron en tramos de alta distorsión con “Almohada de piedra”, “Detonador de sueños” y un coreadísimo “Desnudo para siempre (o despedazado por mil partes)”. Chizzo, con la voz curtida e intacta, comandó las acciones mientras Tete no paró de correr por todo el ancho de las tablas y Tanque marcaba el pulso como un reloj de demolición.
Los momentos más emotivos llegaron cuando la crudeza le cedió paso a la épica. “Lo frágil de la locura”, “Cuando estés acá” y la ineludible “Balada del diablo y la muerte” iluminaron el recinto catalán con miles de pantallas de celulares y gargantas rotas, demostrando que la sensibilidad también tiene lugar en el heavy rock.
La recta final fue una avalancha que hizo temblar el suelo de Montjuïc: “El viento que todo empuja”, “El juicio del ganso” y “Oscuro diamante” prepararon el terreno para el primer amague de despedida con “El final es en donde partí”.
Pero faltaba el golpe de gracia. El encore fue un triplete destructivo que arrancó con “El revelde”, desatando un mar de camisetas negras saltando al unísono. Inmediatamente después, sonó el inconfundible bajo de “Panic show”, provocando el pogo más salvaje y multitudinario de la jornada. Y como dicta la sagrada tradición de la banda, el cierre definitivo llegó con “Hablando de la libertad”, un abrazo colectivo que selló la primera gran noche de la gira.
La Renga demostró en Barcelona que no son solo una banda de rock; son un refugio itinerante, y que no son recitales, son “banquetes”
Domingo 17/5: Barcelona, Poble Espanyol (Realizado)
Jueves 21/5: Berlín, Huxley’s Neue Welt
Domingo 24/5: Copenhague, Poolen
Miércoles 27/5: Tenerife, Xanadu (junto a Evaristo)
Domingo 31/5: Barcelona, Poble Espanyol
















