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Prague Death Mass VI: “Celebración de la oscuridad”
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Texto y fotos: Fernando Serani, www.MetalEyeWitness.com

El festival Prague Death Mass VI fue un debut personal y un gran acierto para presenciar actuaciones de artistas muy difíciles de ver en Sudamérica, y en un lugar óptimo, para 650 personas aproximadamente (Meet Factory se llama el venue, en Praga 5). Organizado al detalle por la productora local Obscure Promotion, con un timing de una precisión increíble, ya que de las 21 bandas que tocaron en ambos días (el pasado 27 y 28 de octubre), ninguna subió al escenario ni un minuto tarde, ni terminó después de lo pactado (un promedio de concierto de entre 45 minutos y una hora por banda). Ríos de cerveza, decenas de checos ebrios hasta la manija y excelentes puestos de discos y merch, completaron el combo.

El primer día arrancó con Altars Ablaze, una de las dos bandas del organizador del festival (Heaving Earth la otra, que tocó al otro día y no pude ver). Nuevos en la escena, esgrimen un black/death contundente, sin muchos condimentos propios pero con la furia de los que recién comienzan.

A los suizos Dakhma los pase por alto: unos tipos que tocaron en patas y con un aire “ritualístico” (como TODAS las bandas de hoy en día, que peste), que ellos definen como “zoroástrico”, y que la verdad no me llamó la atención para nada.

Le siguió Baxaxaxa, un grupo bávaro (no bárbaro, aunque son capos) que tenía muchísimas ganas de ver porque me gustan los discos, básicamente. Hacen un black crudo y riffero con aires ochenteros por momentos, y en vivo la rompen como en estudio. Me hicieron acordar bastante a Impurity de Brasil, sobre todo por la onda del vocalista.

XIII. Století es una especie de grupo de culto en Rep. Checa, hacen un gothic rock con toques new wave muy interesantes, canciones gancheras y predominio de las melodías y los teclados. Activos desde fines de los ’80s, dieron la nota diferente del día, como en la jornada siguiente lo haría Attila Csihar con su proyecto.

Los Misotheist (noruegos del norte y también parte de la movida del “nidrosian black metal”), tienen dos discos, que me gustan bastante. Afortunadamente en vivo despliegan mucha potencia y crudeza, ajena a la pose desinteresada y estéril de los sobrevaluados Mare. La música, como dije, es un black metal mántrico y elaborado, por momentos repetitivo, que no alcanza a ser una joya como Djevel pero que de todas maneras es muy interesante de apreciar en vivo.

Los veteranos neozelandeses Diocletian, ya toda una institución dentro del black/death “casi war metal” underground, demolieron el escenario con ese sonido tan particular, carente de matices pero destructivo como una bomba de hidrógeno. Bestial, como dicen ahora.

Continuó Hell Militia, los más complicados de fotografiar junto a Djevel (siempre por las luces), y aunque tenía mucha expectativa por verlos, debo decir que no me rompieron la cabeza. Los franceses hacen una mezcla de black y war metal que en disco parecía interesante pero en vivo me dejaron con ganas de algo más personal y diferente a las miles de bandas que andan por ahí.

Cerró la noche Djevel y Mortuary Drape. En el caso de los noruegos, decidieron tocar en plena oscuridad salvo por la presencia de un par de velas (como pasaría el día después con Mare, sus compatriotas). Como público, me encanta la música de Djevel y me gustó mucho su performance (excepto la del vocalista que tenía menos entusiasmo que un verdulero un lunes a la mañana). Pero como fotógrafo, este tipo de decisiones artísticas en cuanto a iluminación, son una patada en las bolas realmente… a Bard “Faust” (Emperor) en batería, ¡ni llegué a verlo! Sin embargo fueron uno de los puntos altos del primer día, junto a los italianos Mortuary Drape. Una banda de culto que lleva décadas en la escena, que esgrime un sonido y presencia escénica que se remonta a los ’80s (aunque Walter el vocalista sea su único miembro original) , con una mezcla de oscuridad y a la vez ciertos guiños de humor (siempre negrísimo), característicos dentro de los primeros coletazos de la música extrema. Con luces mucho mejores y una gran puesta en escena, se fueron ovacionados. Nota de color: fué la única banda “grande” de todo el festival en no poner absolutamente nada a la venta, ni discos, ni remeras, ni nada. Bizarro, como se esperaba.

El segundo y último día del festival fue más relajado, ya que tenía bien organizadas las cosas. Llegué a media tarde ya que las primeras cinco bandas o no me interesaban, o no las conocía: Bohemyst, Thelma Ramon (!?), Heaving Earth y Ritualization. No quería saturarme como el día anterior. También, y es un dato para quien le interese la fotografía, decidí cambiar el equipo del día anterior y utilizar otro más luminoso aunque menos versátil: la falta de una iluminación decente, principalmente por elección de las bandas, complicaba bastante la cuestión fotográfica.

Llegué sobre el final de Thorybos, que tampoco los conocía, y me llevé la sorpresa de que al bajo estaba Ryan Förster (Blasphemy, Death Worship). Parece que les está haciendo la gamba hace un año o es miembro estable ya, eso no lo sé. Black/death impenetrable y brutal como era de esperarse, pero poco llegué a ver. Luego de unas pocas fotos, y finalizado el set, apalabré a Förster (ya nos habíamos cruzado en Chile con su Death Worship) e hicimos unos retratos de backstage en un amplio estacionamiento/callejón lindante al venue. Muy amable se prestó a las fotos, como luego lo harían Attila Csihar, Vladimir Pavelka (The House, Cult Of Fire), y la gente de Thy Darkened Shade.

Pero el primer set que aprecié por completo, fue la propuesta del vocalista de Mayhem, Void Ov Voices, que sería lo “diferente” del día así como la jornada anterior fueron los checos XIII. Století. Acompañado solamente por una pequeña consola y una especie de altar con velas, calaveras y huesos, Csihar se entregó por 40 minutos a una locura de sonidos, ruidos, vocalizaciones y berridos bestiales, cánticos, recitados y gesticulaciones que si bien no obedecen a un patrón musical tradicional, crearon una atmósfera demencial, para perderse por un rato y parar la pelota. Gran parte, si no toda la performance, nace de una improvisación constante (poesías propias y demás textos, según me contó), aunque el proyecto esté bien estudiado y ejecutado. Sin duda, ideal para formar parte de festivales donde el contraste está asegurado.

Hierophant. Una banda extraña de apreciar y fotear, otra vez. Black/death directo con muchas influencias de otros estilos en su pasado, y que no terminó de entrarme. Quisieron hacer una gran despliegue escénico, con la pésima idea de tirar sangre falsa al público (le dicen allí “vegan blood” en tono de burla): no solamente me pareció mediocre (creo que si se utiliza sangre en una performance, tiene que hacerse con un propósito poderoso), si no que lo único que lograron con esa truchada es dejar manchas fluorescentes en todos lados. Una berreteada.

Siguió una banda que esperaba ver con ansias, Thy Darkened Shade. Con más de dos décadas de vida y comandada por el guitarrista Semjaza, su propuesta de black metal religioso en líricas y poco ortodoxo en música, fue una bomba sobre las tablas. El formato de sus canciones no es tradicional, tienen ese toque helénico por supuesto pero las canciones tienen cambios de ritmo (y rumbos), a pesar de conservar todas una marcha imparable de guitarra. Una base melódica y galopante donde se incorporan un montón de elementos que evitan que las canciones se diferencien fácilmente, pero que a la vez hacen distinta a la propuesta. Ojo que no hablo de “prog” ni nada de eso: esto es black metal directo, con melodias, no crudo… pero con muchos matices. Sonaron muy bien, y su vocalista The A se encargó de acompañar la propuesta musical con visceralidad y credibilidad a toda prueba, a diferencia de otros actos del festival.

Bölzer ganó el escenario, y ya sabía que la cosa se iba a poner difícil visualmente. No se como hace esta gente para configurar sus presentaciones con una iluminación (dominante azul todo el tiempo) y ambiente (humo por todos lados) que parece pensada a propósito para que nadie vea nada. Sin embargo, y pese a la frustración del momento, quedé muy satisfecho con las tomas logradas que verán aquí, ya que fotearlos es un desafío que se compensa con varios factores… si bien la iluminación es de pesadilla, es activa, dinámica. O sea lo contrario a lo que hicieron Djevel o Mare por ejemplo, en completa oscuridad, casi sin moverse, y con tres velas prendidas. Además, lo que hacen los suizos me gustó desde que los escuché por primera vez cuando arrancaron, ya que lo suyo es singular, único. Un dúo, que compone de una manera muy personal, que ejecuta sus instrumentos también de una manera única (la guitarra de Okoi Jones es una entidad propia, ya hablé una vez de eso, 10 cuerdas superpuestas con las que hace el trabajo de guitarrista y bajista al mismo tiempo), y que transpiran la camiseta en las presentaciones de una manera visceral, a través de una performance física, imparable de su guitarrista/vocalista. Fabian Wyrsch tras los parches no le va en zaga por supuesto, aunque siempre desde la penumbra absoluta, o casi. Una vez más la rompieron, pese a ciertos problemas con el micrófono.

Le siguió Mare, el hype mayor de todo el festival. Otra banda enrolada en el “nidrosian black metal” noruego, pero a diferencia de Djevel (comparten uno de sus guitarristas), su música en vivo me pareció absolutamente aburrida. Digo en vivo porque creo haber disfrutado de su único disco hasta ahora, “Ebony Tower” (2018), pero no ocurrió lo mismo en directo. De vuelta las velas y la oscuridad completa (parece que garantizaran lo trve…), pero con un estatismo inquebrantable, y un vestuario que o no lo entendí, o era tan ridículo como me pareció. Una pena estar en tanta falta de sintonía con el resto del público, que estaba disfrutando al mango del número puesto del festival. Sí, black metal ortodoxo y bien ejecutado, con ciertos cánticos un poco pretenciosos, pero con tal falta de visceralidad que no me transmitieron nada.

Sobre el final, los Dead Congregation se plantaron para llevarse la ovación del público, ya que era una de las bandas más esperadas. También con casi dos décadas de trayectoria, curiosamente sólo editaron dos discos y dos Eps… ¡el último full length publicado hace casi 10 años! Sin embargo, tienen una reputación impecable en la escena del death metal europeo, y tuvieron con qué sostenerlo en vivo: una aplanadora que sin pausa ni respiro ofreció un set impecable, sin fisuras, muy ensayado. Confieso que en disco me siguen gustando más, porque es donde mejor se aprecia la mezcla de death metal ortodoxo con esos interludios instrumentales y corales que tan bien les queda. En vivo fue más palo y a la bolsa, sin decir esto como algo negativo.

A continuación y como cierre del festival/bonus track, la peculiar presentación de The House, uno de los proyectos paralelos de Vladimir Pavelka, guitarrista y líder de Cult Of Fire. Una auténtica sorpresa. No solamente levantaron a la gente (ya cansadísima luego de ver tantas bandas, y casi rozando las dos de la mañana) con una propuesta musical totalmente diferente, si no que se presentaron con un despliegue visual muy atractivo y que conforma el 50% del proyecto. Lo que hacen es un homenaje instrumental a las bandas de sonido tradicionales del cine de horror mundial, en formato trío y en clave de black/heavy metal. Guitarra, bajo y batería, enfocados en replicar esas melodías inolvidables (de películas como “El Exorcista”, “Christine”, “Pesadilla…”, “Halloween”, “Suspiria”, etc), en un escenario colmado de cruces sangrantes, ataúdes, velas, una pantalla donde se proyectaban fragmentos de las películas, y un look de los músicos a tono con mucha sangre y efectos old school. La verdad es que me gustó mucho, porque ofrecieron algo diferente muy bien logrado visualmente, como todo lo que hace el guitarrista con sus bandas. Me recordaron un poco a los italianos Death SS, en cuanto a su presentación escénica. Terminaron con el cover de “Pet Sematary” de Ramones, junto al vocalista de Cult Of Fire, Vojtech, de invitado.

Prague Death Mass fue una nueva experiencia en un país que no conocía. La clase de desafíos y experiencias que más me interesa explorar hoy en día, lejos del estatismo que representa ver siempre a las mismas bandas en los mismos lugares. ¡Next!

 

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Prague Death Mass VI: “Celebración de la oscuridad”
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Texto y fotos: Fernando Serani, www.MetalEyeWitness.com

El festival Prague Death Mass VI fue un debut personal y un gran acierto para presenciar actuaciones de artistas muy difíciles de ver en Sudamérica, y en un lugar óptimo, para 650 personas aproximadamente (Meet Factory se llama el venue, en Praga 5). Organizado al detalle por la productora local Obscure Promotion, con un timing de una precisión increíble, ya que de las 21 bandas que tocaron en ambos días (el pasado 27 y 28 de octubre), ninguna subió al escenario ni un minuto tarde, ni terminó después de lo pactado (un promedio de concierto de entre 45 minutos y una hora por banda). Ríos de cerveza, decenas de checos ebrios hasta la manija y excelentes puestos de discos y merch, completaron el combo.

El primer día arrancó con Altars Ablaze, una de las dos bandas del organizador del festival (Heaving Earth la otra, que tocó al otro día y no pude ver). Nuevos en la escena, esgrimen un black/death contundente, sin muchos condimentos propios pero con la furia de los que recién comienzan.

A los suizos Dakhma los pase por alto: unos tipos que tocaron en patas y con un aire “ritualístico” (como TODAS las bandas de hoy en día, que peste), que ellos definen como “zoroástrico”, y que la verdad no me llamó la atención para nada.

Le siguió Baxaxaxa, un grupo bávaro (no bárbaro, aunque son capos) que tenía muchísimas ganas de ver porque me gustan los discos, básicamente. Hacen un black crudo y riffero con aires ochenteros por momentos, y en vivo la rompen como en estudio. Me hicieron acordar bastante a Impurity de Brasil, sobre todo por la onda del vocalista.

XIII. Století es una especie de grupo de culto en Rep. Checa, hacen un gothic rock con toques new wave muy interesantes, canciones gancheras y predominio de las melodías y los teclados. Activos desde fines de los ’80s, dieron la nota diferente del día, como en la jornada siguiente lo haría Attila Csihar con su proyecto.

Los Misotheist (noruegos del norte y también parte de la movida del “nidrosian black metal”), tienen dos discos, que me gustan bastante. Afortunadamente en vivo despliegan mucha potencia y crudeza, ajena a la pose desinteresada y estéril de los sobrevaluados Mare. La música, como dije, es un black metal mántrico y elaborado, por momentos repetitivo, que no alcanza a ser una joya como Djevel pero que de todas maneras es muy interesante de apreciar en vivo.

Los veteranos neozelandeses Diocletian, ya toda una institución dentro del black/death “casi war metal” underground, demolieron el escenario con ese sonido tan particular, carente de matices pero destructivo como una bomba de hidrógeno. Bestial, como dicen ahora.

Continuó Hell Militia, los más complicados de fotografiar junto a Djevel (siempre por las luces), y aunque tenía mucha expectativa por verlos, debo decir que no me rompieron la cabeza. Los franceses hacen una mezcla de black y war metal que en disco parecía interesante pero en vivo me dejaron con ganas de algo más personal y diferente a las miles de bandas que andan por ahí.

Cerró la noche Djevel y Mortuary Drape. En el caso de los noruegos, decidieron tocar en plena oscuridad salvo por la presencia de un par de velas (como pasaría el día después con Mare, sus compatriotas). Como público, me encanta la música de Djevel y me gustó mucho su performance (excepto la del vocalista que tenía menos entusiasmo que un verdulero un lunes a la mañana). Pero como fotógrafo, este tipo de decisiones artísticas en cuanto a iluminación, son una patada en las bolas realmente… a Bard “Faust” (Emperor) en batería, ¡ni llegué a verlo! Sin embargo fueron uno de los puntos altos del primer día, junto a los italianos Mortuary Drape. Una banda de culto que lleva décadas en la escena, que esgrime un sonido y presencia escénica que se remonta a los ’80s (aunque Walter el vocalista sea su único miembro original) , con una mezcla de oscuridad y a la vez ciertos guiños de humor (siempre negrísimo), característicos dentro de los primeros coletazos de la música extrema. Con luces mucho mejores y una gran puesta en escena, se fueron ovacionados. Nota de color: fué la única banda “grande” de todo el festival en no poner absolutamente nada a la venta, ni discos, ni remeras, ni nada. Bizarro, como se esperaba.

El segundo y último día del festival fue más relajado, ya que tenía bien organizadas las cosas. Llegué a media tarde ya que las primeras cinco bandas o no me interesaban, o no las conocía: Bohemyst, Thelma Ramon (!?), Heaving Earth y Ritualization. No quería saturarme como el día anterior. También, y es un dato para quien le interese la fotografía, decidí cambiar el equipo del día anterior y utilizar otro más luminoso aunque menos versátil: la falta de una iluminación decente, principalmente por elección de las bandas, complicaba bastante la cuestión fotográfica.

Llegué sobre el final de Thorybos, que tampoco los conocía, y me llevé la sorpresa de que al bajo estaba Ryan Förster (Blasphemy, Death Worship). Parece que les está haciendo la gamba hace un año o es miembro estable ya, eso no lo sé. Black/death impenetrable y brutal como era de esperarse, pero poco llegué a ver. Luego de unas pocas fotos, y finalizado el set, apalabré a Förster (ya nos habíamos cruzado en Chile con su Death Worship) e hicimos unos retratos de backstage en un amplio estacionamiento/callejón lindante al venue. Muy amable se prestó a las fotos, como luego lo harían Attila Csihar, Vladimir Pavelka (The House, Cult Of Fire), y la gente de Thy Darkened Shade.

Pero el primer set que aprecié por completo, fue la propuesta del vocalista de Mayhem, Void Ov Voices, que sería lo “diferente” del día así como la jornada anterior fueron los checos XIII. Století. Acompañado solamente por una pequeña consola y una especie de altar con velas, calaveras y huesos, Csihar se entregó por 40 minutos a una locura de sonidos, ruidos, vocalizaciones y berridos bestiales, cánticos, recitados y gesticulaciones que si bien no obedecen a un patrón musical tradicional, crearon una atmósfera demencial, para perderse por un rato y parar la pelota. Gran parte, si no toda la performance, nace de una improvisación constante (poesías propias y demás textos, según me contó), aunque el proyecto esté bien estudiado y ejecutado. Sin duda, ideal para formar parte de festivales donde el contraste está asegurado.

Hierophant. Una banda extraña de apreciar y fotear, otra vez. Black/death directo con muchas influencias de otros estilos en su pasado, y que no terminó de entrarme. Quisieron hacer una gran despliegue escénico, con la pésima idea de tirar sangre falsa al público (le dicen allí “vegan blood” en tono de burla): no solamente me pareció mediocre (creo que si se utiliza sangre en una performance, tiene que hacerse con un propósito poderoso), si no que lo único que lograron con esa truchada es dejar manchas fluorescentes en todos lados. Una berreteada.

Siguió una banda que esperaba ver con ansias, Thy Darkened Shade. Con más de dos décadas de vida y comandada por el guitarrista Semjaza, su propuesta de black metal religioso en líricas y poco ortodoxo en música, fue una bomba sobre las tablas. El formato de sus canciones no es tradicional, tienen ese toque helénico por supuesto pero las canciones tienen cambios de ritmo (y rumbos), a pesar de conservar todas una marcha imparable de guitarra. Una base melódica y galopante donde se incorporan un montón de elementos que evitan que las canciones se diferencien fácilmente, pero que a la vez hacen distinta a la propuesta. Ojo que no hablo de “prog” ni nada de eso: esto es black metal directo, con melodias, no crudo… pero con muchos matices. Sonaron muy bien, y su vocalista The A se encargó de acompañar la propuesta musical con visceralidad y credibilidad a toda prueba, a diferencia de otros actos del festival.

Bölzer ganó el escenario, y ya sabía que la cosa se iba a poner difícil visualmente. No se como hace esta gente para configurar sus presentaciones con una iluminación (dominante azul todo el tiempo) y ambiente (humo por todos lados) que parece pensada a propósito para que nadie vea nada. Sin embargo, y pese a la frustración del momento, quedé muy satisfecho con las tomas logradas que verán aquí, ya que fotearlos es un desafío que se compensa con varios factores… si bien la iluminación es de pesadilla, es activa, dinámica. O sea lo contrario a lo que hicieron Djevel o Mare por ejemplo, en completa oscuridad, casi sin moverse, y con tres velas prendidas. Además, lo que hacen los suizos me gustó desde que los escuché por primera vez cuando arrancaron, ya que lo suyo es singular, único. Un dúo, que compone de una manera muy personal, que ejecuta sus instrumentos también de una manera única (la guitarra de Okoi Jones es una entidad propia, ya hablé una vez de eso, 10 cuerdas superpuestas con las que hace el trabajo de guitarrista y bajista al mismo tiempo), y que transpiran la camiseta en las presentaciones de una manera visceral, a través de una performance física, imparable de su guitarrista/vocalista. Fabian Wyrsch tras los parches no le va en zaga por supuesto, aunque siempre desde la penumbra absoluta, o casi. Una vez más la rompieron, pese a ciertos problemas con el micrófono.

Le siguió Mare, el hype mayor de todo el festival. Otra banda enrolada en el “nidrosian black metal” noruego, pero a diferencia de Djevel (comparten uno de sus guitarristas), su música en vivo me pareció absolutamente aburrida. Digo en vivo porque creo haber disfrutado de su único disco hasta ahora, “Ebony Tower” (2018), pero no ocurrió lo mismo en directo. De vuelta las velas y la oscuridad completa (parece que garantizaran lo trve…), pero con un estatismo inquebrantable, y un vestuario que o no lo entendí, o era tan ridículo como me pareció. Una pena estar en tanta falta de sintonía con el resto del público, que estaba disfrutando al mango del número puesto del festival. Sí, black metal ortodoxo y bien ejecutado, con ciertos cánticos un poco pretenciosos, pero con tal falta de visceralidad que no me transmitieron nada.

Sobre el final, los Dead Congregation se plantaron para llevarse la ovación del público, ya que era una de las bandas más esperadas. También con casi dos décadas de trayectoria, curiosamente sólo editaron dos discos y dos Eps… ¡el último full length publicado hace casi 10 años! Sin embargo, tienen una reputación impecable en la escena del death metal europeo, y tuvieron con qué sostenerlo en vivo: una aplanadora que sin pausa ni respiro ofreció un set impecable, sin fisuras, muy ensayado. Confieso que en disco me siguen gustando más, porque es donde mejor se aprecia la mezcla de death metal ortodoxo con esos interludios instrumentales y corales que tan bien les queda. En vivo fue más palo y a la bolsa, sin decir esto como algo negativo.

A continuación y como cierre del festival/bonus track, la peculiar presentación de The House, uno de los proyectos paralelos de Vladimir Pavelka, guitarrista y líder de Cult Of Fire. Una auténtica sorpresa. No solamente levantaron a la gente (ya cansadísima luego de ver tantas bandas, y casi rozando las dos de la mañana) con una propuesta musical totalmente diferente, si no que se presentaron con un despliegue visual muy atractivo y que conforma el 50% del proyecto. Lo que hacen es un homenaje instrumental a las bandas de sonido tradicionales del cine de horror mundial, en formato trío y en clave de black/heavy metal. Guitarra, bajo y batería, enfocados en replicar esas melodías inolvidables (de películas como “El Exorcista”, “Christine”, “Pesadilla…”, “Halloween”, “Suspiria”, etc), en un escenario colmado de cruces sangrantes, ataúdes, velas, una pantalla donde se proyectaban fragmentos de las películas, y un look de los músicos a tono con mucha sangre y efectos old school. La verdad es que me gustó mucho, porque ofrecieron algo diferente muy bien logrado visualmente, como todo lo que hace el guitarrista con sus bandas. Me recordaron un poco a los italianos Death SS, en cuanto a su presentación escénica. Terminaron con el cover de “Pet Sematary” de Ramones, junto al vocalista de Cult Of Fire, Vojtech, de invitado.

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