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Ratos de Porão en Buenos Aires: “Carnicería Tropical”
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Desde que debutaran el 7 de diciembre de 1989 en la Federación Argentina de Box durante la gira de presentación de su clásico Brasil, los Ratos de Porão han tenido en Argentina un segundo hogar en Sudamérica, algo que se puede ver no sólo en la cantidad de veces que han tocado, siempre reuniendo en un mismo lugar tanto a los metaleros como a los punks, sino también en que muchas veces den varios conciertos seguidos en cada visita. Para su concierto número 22, las Ratas de Sótano de São Paulo debutaron en el escenario de Groove, en el barrio de Palermo, en una fecha que tuvo de todo y para todo el mundo.

Para serles sinceros, la inclusión de Ratos de Porão en el título es un tema más de SEO que otra cosa: si nos ponemos estrictos, esta nueva presentación de la banda liderada por el guitarrista Jão y el cantante João Gordo fue como acto de cierre de una nueva edición del Noiseground Festival, el evento realizado por la productora del mismo nombre y una de las mejores del país en materia de música pesada. 

Uno podría decir que está claro que Ratos de Porão eran el nombre más grande en el póster y la banda más popular de la lista, pero por otro lado también está claro que tener siete bandas en un solo día hubiera sido considerado excesivo fuera del contexto de un festival, a lo que hay que agregar que la enorme variedad en las propuestas de estos grupos hubiera quedado fuera de lugar en una fecha donde fuera simples teloneros de una banda principal. Como dije antes, de todo y para todo el mundo.

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Llegué al Groove cuando los doomers Wicca333 y los stoner punks Sangre de Barro habían hecho lo suyo, y con la gente de Miserere comenzando a testear los límites de los parlantes del lugar. La banda de Buenos Aires ha tenido un 2024 bastante movido, con su LP debut Quiebra Todo recibiendo muy buenos comentarios tanto de la crítica especializada como de conocidos míos. Su mezcla de hardcore beatdown con elementos crusties y atmósfera urbana, algo que se ve en la inclusión de varios samples de hip hop, se traslada muy bien arriba del escenario, con el quinteto sumando no uno sino dos percusionistas a su formación en vivo. 

Canciones con títulos como “Cambiaste de bando”, “Rata” y “Quiébralo” requieren cierta convicción, y por suerte los Miserere tienen al frente a la cantante Renata Modarelli, que se deja la garganta en cada grito acusatorio y violento: escuchar su voz normal entre cada canción fue un contraste bastante fuerte, créanme. La dupla de guitarras de Gonzalo Casalinuovo y Juan Abrate va como piña de borracho, más allá de un problemita de interferencia que se escuchó un par de veces, y el bajo de Axel Keller y la batería de Matías Barés dan esa base pesadísima que dan ganas de darle una patada karateca a quien sea que uno tenga al lado en el pogo. Fue una buena presentación para una de las bandas que más están dando que hablar en el under pesado moderno, con una propuesta que puede hacerle frente a los comentarios típicos de que “ya no se hace música pesada buena en Argentina”.

No hubo que esperar mucho tiempo por suerte, y a las 19:30 en punto el telón de Groove se abrió para marcar el comienzo del set de IAH. El post rock / stoner rock instrumental es de esas propuestas bastante complicadas de vender, pero este power trío cordobés se ha establecido como uno de los grupos más importantes de esta movida súper de nicho en el país, suficiente como para tener giras internacionales. “Ouroboros”, “Raju” y “Cabalgan Los Cielos” fueron algunas de las canciones que pasaron por sus manos, demostrando un sonido poderoso construido alrededor de la guitarra, el bajo y la batería, con muchos efectos como para ponerlo a uno en medio del espacio o en algún estado elevado de la mente, si ustedes me entienden. 

Como dije antes, está claro que como teloneros de Ratos de Porão hubieran quedado muy extraños, pero como parte de un festival para mostrar muchas propuestas pesadas lo de IAH queda muy bien como para darle variedad a la noche, donde también ayuda que suenen más firmes que rulo de estatua en cada riff y ritmo. Una propuesta para pocos, pero muy bien hecha en todos sus aspectos.

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Para ya ir poniéndonos en ambiente y velocidad, con cada vez más gente acumulándose tanto en el campo como en los balcones de Groove, fue momento de darle la bienvenida a Undermine, quienes salieron al escenario con el sonido de la intro “The Hellion” de Judas Priest de fondo. El cuarteto de Buenos Aires ha sabido cultivar el thrash metal sin sonar necesariamente como alguno de los tantos grupos pertenecientes al “revival” del género de las dos últimas décadas (más allá de la calidad innegable de varios de esos artistas), pero sin tampoco caer en la bolsa del mero “metal moderno”: tienen un sonido familiar pero personal, básicamente. Además, la banda mostraba una postura bastante explícita con las remeras con la cabeza de Javier Milei atravesada por un palo.

La presentación de Undermine ya marcaba un peldaño más alto en cuanto a producción, ya que aparte de hacer lo propio con canciones como “Negligente” y “Bajo el Velo de la Masacre”, tuvieron de invitados a Cristian Rodríguez de Avernal en su cover de “El Sueño Americano” de Flema y a Gonzalo Morales de los post hardcore WRRN en el de “Valentín Alsina” de 2 Minutos, ambas versiones incluidas en su disco de covers punk Crisis Capital de 2023. Buena idea para marcar la unión de estilos mostrada en la fecha y que fue muy bien recibida por el público, que se hacía cada vez mayor a medida que pasaban los minutos y se acercaban la salida del grupo principal. Con buen sonido y una interpretación furiosa pero precisa, Undermine cerraron con “La Casa de las 100 Habitaciones”, ya dejándonos con esperanzas de poder tener nuevo material lo antes posible.

Mencionaba antes a Avernal, y justamente los de Quilmes no estaban simplemente presentes de la mano de su cantante, ya que ellos tendrían la tarea de dar la última presentación antes del plato principal. El quinteto de death metal, uno de los más veteranos de la escena argentina todavía en pie, dieron comienzo a su set con “La Tormenta Después de la Calma” y “Mediador”, demostrando no sólo el poder de la voz podrida de Cristian sino también la dureza de los riffs a cargo de Fede Ramos y Gonzalo Varela, quienes acompañados por Germán Rodríguez en la batería y el recién llegado Tulio Navia en el bajo (quien reemplazó este año a Franki Cañardo, justamente cantante y guitarrista de Undermine así que las cosas parecen haber sido en buenos términos) mostraron ser un combo letal en todos los aspectos.

Lo de Avernal estuvo más que nada enfocado en los últimos La Quimera de la Perfección (2016) y Tzompantli (2020), con la inicial “La Tormenta Después de la Calma” de El Sangriento (2007) y “Catalepsia”, de su lejano debut autotitulado de 1997, como representantes del resto de su obra. Más allá de estas elecciones, todas demostraron un gran sonido y una fuerza tremenda, lo que se espera de una banda con tanta experiencia detrás. Y se notaba que Avernal tenía una cantidad importante de fans propios entre la gente, a juzgar por la cantidad de remeras que se podían ver entre el público incluso antes de que salieran. Ciertamente fue un cierre espectacular para esta primera parte de la noche, dejando a la gente bien caliente para lo que se venía.

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Ya para las 22:00 las dos secciones de Groove estaban muy pobladas, al nivel de hacerse complicado moverse. Menciono esa hora porque era la que estaba pactada para que salieran los Ratos de Porão, pero con los pequeños retrasos que se había ido acumulando a lo largo de la noche la banda de São Paulo terminó teniendo su apertura a las 22:20, con el cuarteto pateando la puerta con la dupla “Alerta Antifascista” y “Aglomeração”, ambas de su último álbum Necropolítica de 2022.

Ambas fueron bien recibidas por el público, demostrando que los Ratos han sabido mantenerse en forma incluso con el paso de los años, pero está claro que la verdadera explosión se iba a dar con el clasicazo “Amazônia Nunca Mais” de su también álbum clásico Brasil, que dio lugar al primer pogo de verdad brutal del set, algo que siguió obviamente con “Farsa Nacionalista”. Con la gente dedicándole el canto clásico de “Es un sentimiento”, João Gordo respondió con un “¡Muchas gracias, boludos!”, con todo el cariño del mundo. La noche siguió con “Morte ao rei” de Anarkophobia, otra más que fue recibida con un mosh karateca brutal.

Hablar de lo hecho por Jão y João Gordo sería un tanto redundante para ser sincero, ya que no hay mucho que decir más que que el guitarrista sigue tan afilado como siempre en su tarea de unir la furia punk de sus riffs con la precisión metalera de cada solo y que el cantante sigue igual de brutal en cada grito que se manda, como un Barney Greenway brasileño con el que no importa que no se le entienda una palabra sepa uno portugués o no. Pero es bueno destacar a Boka en la batería, que parece que en cualquier momento se fuera a desarmar por la manera en la que daba cada golpe, y la energía del “recién llegado” (en el sentido de que es el que hace menos que está en el grupo, habiendo entrado en 2003) Juninho, que no sólo toca con precisión en bajo sino también da saltos por todo el escenario.

La noche siguió de esa manera, con los Ratos de Porão repasando su discografía llena de clásicos punks metaleros, a veces viajando a sus inicios crusties con el clásico “Crucificados pelo sistema” o cayendo en cosas extrañas pero graciosas como el ritmo medio disco, similar al de “Good Times” de Chic (o a “Rapper’s Delight”), en “AIDS, pop, repressão”, con la gente coreando el título al ritmo. Desde arriba se podía ver cómo el campo se volvía una carnicería tropical en cada explosión de furia por parte de los brasileños, como en “Beber até morrer”, “Igreja Universal” (como curiosidad, cerca de Groove hay justamente una sucursal de la corrupta Iglesia Universal del Reino de Dios), con João Gordo haciendo una “bendición” en nombre de “Cocaina, prata, sexo, ¡Aleluia!”, y “Descanse em paz”.

Fueron poco menos de 70 minutos de presentación, donde parecía que los Ratos no se iban a quedar en ningún momento sin energía, y no lo hicieron. Pero todo tiene su final, y el cuarteto eventualmente se despidió con el sonido de los acoples de fondo y los gritos de la gente, saludando mientras de fondo comenzaba a sonar “Meteoro 2028” de Natas, ese clasicazo del stoner argentino, con la gente saliendo a tomar aire fresco a una avenida Santa Fe donde se sentía algo del calor veraniego que había comenzado el día anterior.

Stoner, hardcore, punk, death metal, thrash y demás, hubo de todo en aquel domingo en Palermo, y todo se dio de la mejor manera. Esperamos tener muchas más fechas de este estilo en la escena argentina, y desde ya tengo que decir que le doy muchas gracias a la gente de Noiseground y a todas las bandas que participaron en el evento, siendo que gracias a todos se dio una gran fecha.

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Desde que debutaran el 7 de diciembre de 1989 en la Federación Argentina de Box durante la gira de presentación de su clásico Brasil, los Ratos de Porão han tenido en Argentina un segundo hogar en Sudamérica, algo que se puede ver no sólo en la cantidad de veces que han tocado, siempre reuniendo en un mismo lugar tanto a los metaleros como a los punks, sino también en que muchas veces den varios conciertos seguidos en cada visita. Para su concierto número 22, las Ratas de Sótano de São Paulo debutaron en el escenario de Groove, en el barrio de Palermo, en una fecha que tuvo de todo y para todo el mundo.

Para serles sinceros, la inclusión de Ratos de Porão en el título es un tema más de SEO que otra cosa: si nos ponemos estrictos, esta nueva presentación de la banda liderada por el guitarrista Jão y el cantante João Gordo fue como acto de cierre de una nueva edición del Noiseground Festival, el evento realizado por la productora del mismo nombre y una de las mejores del país en materia de música pesada. 

Uno podría decir que está claro que Ratos de Porão eran el nombre más grande en el póster y la banda más popular de la lista, pero por otro lado también está claro que tener siete bandas en un solo día hubiera sido considerado excesivo fuera del contexto de un festival, a lo que hay que agregar que la enorme variedad en las propuestas de estos grupos hubiera quedado fuera de lugar en una fecha donde fuera simples teloneros de una banda principal. Como dije antes, de todo y para todo el mundo.

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Canciones con títulos como “Cambiaste de bando”, “Rata” y “Quiébralo” requieren cierta convicción, y por suerte los Miserere tienen al frente a la cantante Renata Modarelli, que se deja la garganta en cada grito acusatorio y violento: escuchar su voz normal entre cada canción fue un contraste bastante fuerte, créanme. La dupla de guitarras de Gonzalo Casalinuovo y Juan Abrate va como piña de borracho, más allá de un problemita de interferencia que se escuchó un par de veces, y el bajo de Axel Keller y la batería de Matías Barés dan esa base pesadísima que dan ganas de darle una patada karateca a quien sea que uno tenga al lado en el pogo. Fue una buena presentación para una de las bandas que más están dando que hablar en el under pesado moderno, con una propuesta que puede hacerle frente a los comentarios típicos de que “ya no se hace música pesada buena en Argentina”.

No hubo que esperar mucho tiempo por suerte, y a las 19:30 en punto el telón de Groove se abrió para marcar el comienzo del set de IAH. El post rock / stoner rock instrumental es de esas propuestas bastante complicadas de vender, pero este power trío cordobés se ha establecido como uno de los grupos más importantes de esta movida súper de nicho en el país, suficiente como para tener giras internacionales. “Ouroboros”, “Raju” y “Cabalgan Los Cielos” fueron algunas de las canciones que pasaron por sus manos, demostrando un sonido poderoso construido alrededor de la guitarra, el bajo y la batería, con muchos efectos como para ponerlo a uno en medio del espacio o en algún estado elevado de la mente, si ustedes me entienden. 

Como dije antes, está claro que como teloneros de Ratos de Porão hubieran quedado muy extraños, pero como parte de un festival para mostrar muchas propuestas pesadas lo de IAH queda muy bien como para darle variedad a la noche, donde también ayuda que suenen más firmes que rulo de estatua en cada riff y ritmo. Una propuesta para pocos, pero muy bien hecha en todos sus aspectos.

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La presentación de Undermine ya marcaba un peldaño más alto en cuanto a producción, ya que aparte de hacer lo propio con canciones como “Negligente” y “Bajo el Velo de la Masacre”, tuvieron de invitados a Cristian Rodríguez de Avernal en su cover de “El Sueño Americano” de Flema y a Gonzalo Morales de los post hardcore WRRN en el de “Valentín Alsina” de 2 Minutos, ambas versiones incluidas en su disco de covers punk Crisis Capital de 2023. Buena idea para marcar la unión de estilos mostrada en la fecha y que fue muy bien recibida por el público, que se hacía cada vez mayor a medida que pasaban los minutos y se acercaban la salida del grupo principal. Con buen sonido y una interpretación furiosa pero precisa, Undermine cerraron con “La Casa de las 100 Habitaciones”, ya dejándonos con esperanzas de poder tener nuevo material lo antes posible.

Mencionaba antes a Avernal, y justamente los de Quilmes no estaban simplemente presentes de la mano de su cantante, ya que ellos tendrían la tarea de dar la última presentación antes del plato principal. El quinteto de death metal, uno de los más veteranos de la escena argentina todavía en pie, dieron comienzo a su set con “La Tormenta Después de la Calma” y “Mediador”, demostrando no sólo el poder de la voz podrida de Cristian sino también la dureza de los riffs a cargo de Fede Ramos y Gonzalo Varela, quienes acompañados por Germán Rodríguez en la batería y el recién llegado Tulio Navia en el bajo (quien reemplazó este año a Franki Cañardo, justamente cantante y guitarrista de Undermine así que las cosas parecen haber sido en buenos términos) mostraron ser un combo letal en todos los aspectos.

Lo de Avernal estuvo más que nada enfocado en los últimos La Quimera de la Perfección (2016) y Tzompantli (2020), con la inicial “La Tormenta Después de la Calma” de El Sangriento (2007) y “Catalepsia”, de su lejano debut autotitulado de 1997, como representantes del resto de su obra. Más allá de estas elecciones, todas demostraron un gran sonido y una fuerza tremenda, lo que se espera de una banda con tanta experiencia detrás. Y se notaba que Avernal tenía una cantidad importante de fans propios entre la gente, a juzgar por la cantidad de remeras que se podían ver entre el público incluso antes de que salieran. Ciertamente fue un cierre espectacular para esta primera parte de la noche, dejando a la gente bien caliente para lo que se venía.

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Ambas fueron bien recibidas por el público, demostrando que los Ratos han sabido mantenerse en forma incluso con el paso de los años, pero está claro que la verdadera explosión se iba a dar con el clasicazo “Amazônia Nunca Mais” de su también álbum clásico Brasil, que dio lugar al primer pogo de verdad brutal del set, algo que siguió obviamente con “Farsa Nacionalista”. Con la gente dedicándole el canto clásico de “Es un sentimiento”, João Gordo respondió con un “¡Muchas gracias, boludos!”, con todo el cariño del mundo. La noche siguió con “Morte ao rei” de Anarkophobia, otra más que fue recibida con un mosh karateca brutal.

Hablar de lo hecho por Jão y João Gordo sería un tanto redundante para ser sincero, ya que no hay mucho que decir más que que el guitarrista sigue tan afilado como siempre en su tarea de unir la furia punk de sus riffs con la precisión metalera de cada solo y que el cantante sigue igual de brutal en cada grito que se manda, como un Barney Greenway brasileño con el que no importa que no se le entienda una palabra sepa uno portugués o no. Pero es bueno destacar a Boka en la batería, que parece que en cualquier momento se fuera a desarmar por la manera en la que daba cada golpe, y la energía del “recién llegado” (en el sentido de que es el que hace menos que está en el grupo, habiendo entrado en 2003) Juninho, que no sólo toca con precisión en bajo sino también da saltos por todo el escenario.

La noche siguió de esa manera, con los Ratos de Porão repasando su discografía llena de clásicos punks metaleros, a veces viajando a sus inicios crusties con el clásico “Crucificados pelo sistema” o cayendo en cosas extrañas pero graciosas como el ritmo medio disco, similar al de “Good Times” de Chic (o a “Rapper’s Delight”), en “AIDS, pop, repressão”, con la gente coreando el título al ritmo. Desde arriba se podía ver cómo el campo se volvía una carnicería tropical en cada explosión de furia por parte de los brasileños, como en “Beber até morrer”, “Igreja Universal” (como curiosidad, cerca de Groove hay justamente una sucursal de la corrupta Iglesia Universal del Reino de Dios), con João Gordo haciendo una “bendición” en nombre de “Cocaina, prata, sexo, ¡Aleluia!”, y “Descanse em paz”.

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