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Resurrection Fest 2023 Día 1: “Fiesta macabra”
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Decimoséptima edición del ya legendario Resurrection Fest, contando la versión virtual y la “limited” que se realizaran en 2020 y 2021 por razones epidémicas de público conocimiento, en la aldea gallega de Celeiro. Este evento atrae a decenas de miles de personas cada año desde que comenzara en 2006 y logra contarse entre los festivales de música pesada más importantes del continente europeo, por lo que es una cita obligada para cualquier fan del género que quiera asistir a un evento de calidad.

Con cuatro escenarios repartiéndose presentaciones a lo largo de la misma cantidad de días, hubiera sido imposible asistir a todos los eventos que hubiéramos querido y darles una cobertura certera de todo lo que se dio, así que para este primer día del Resurrection, celebrado el miércoles 28 de junio, nos centraremos en los artistas que hicieron acto de presencia en el escenario principal del festival.

El puntapié inicial de este escenario se dio de la mano de los nacionales Ktulu. Los oriundos de L’Hospitalet de Llobregat no son santos de mi devoción, y lo serán menos todavía considerando que el claro playback al que nos sometieron: aunque sean conocidos por utilizar samples y demás sonidos pregrabados, esenciales para la movida industrial, lo de Ktulu fue mucho más allá.

Siguieron en la lista Dead By April, otros que mentiría si dijera que suelen dar en la tecla que me gusta: los suecos muchas veces se me dan como extremadamente empalagosos, incluso para alguien que se reconoce fan de esta onda de metalcore melódico, tal vez por la sobredosis de teclados, voces limpias y estribillos ultra melódicos, que hacen que sienta que estoy viendo a unos Backstreet Boys con In Flames como invitados, una comparación que se ha hecho más de una vez como me enteré más tarde. 

Pero viéndolos en vivo es fácil entender cuál es la atracción del grupo: pocas bandas deben personificar mejor la idea de “pop metal”, y cuando se ponen pesados lo hacen de verdad. “Me” y “Dreamlike” fueron de la partida, demostrando un manejo excepcional de los riffs y de las transiciones entre las guitarras pesadas de Pontus Hjelm y los estribillos azucarados. Dead By April es de esos grupos que le llegan incluso a los que no son fans de la música pesada, aunque no sé cómo les irá con los que ya están curtidos en la materia.

No quiero sonar como una persona resentida, pero no puedo negar que el Resurrection me la pondría complicada en este primer día siendo que casi llegadas las 19:00 saldría a escena los estadounidenses Motionless In White, otra de esas bandas que no me terminan de llegar, por más esfuerzo que hagan sus fans. Pero eso se me da más que nada con sus discos, que se me hacen tediosos: en vivo me parece que los liderados por el cantante Chris Motionless se manejan mejor al no tener que sufrir el relleno de los álbumes. 

Ataviados con su maquillaje y ropajes negros gótico-industriales característicos, la banda capturó la atención de un público particularmente numeroso desde que salieran al escenario para dar rienda suelta a todo con “Disguise”, con Chris dejándose la garganta en sus gritos y con el guitarrista Ricky “Horror” Olson y el bajista Justin Morrow haciéndole la segunda en los coros melódicos. Al igual que con Dead By April, está claro el carisma y el profesionalismo en vivo del grupo, aunque esté claro que no soy su público objetivo.

Ahora sí, podríamos ver en vivo a otro grupo de metalcore, aunque uno con una historia bastante interesante detrás. En 2015 los estadounidenses The Ghost Inside se encontraban de gira, presentando su cuarto álbum Dear Youth, cuando su camioneta chocó contra un tractor en Texas, en un accidente donde no sólo murieron ambos conductores sino también por el que el baterista Andrew Tkaczyk quedó en coma por diez días y perdió su pierna derecha. Esto paró las actividades de la banda durante unos años, hasta que volvieron a las presentaciones en vivo en 2019 y en 2020 lanzaron su nuevo álbum The Ghost Inside, todo esto con su baterista habiendo aprendido a tocar con su pierna ortopédica. 

Una historia de película frente a nosotros, aunque de todo esto me enteré después, y viéndolos en vivo simplemente me parecieron una banda extremadamente sólida, con esas guitarras que crujen y un énfasis importante en las voces podridas y gritadas, como me gusta. “Engine 45”, “The Outcast” y “The Great Unknown” marcaron la pauta de pesadez y velocidad, con muchos en el público cantando las letras de principio a fin como si estuvieran viendo a Iron Maiden o alguna otra leyenda. En la primera tuvieron al público cantando todo un pasaje, y fue un tanto bizarro ver a un par vestidos de Pikachu cantando a toda voz la canción pero no por eso fue menos emotivo. Una presentación excepcional, sin lugar a dudas.

A veces siento que Behemoth están alcanzando el nivel de Amon Amarth en cuanto a sacar una y otra vez el mismo disco e incluso así sonar cada vez más estériles: tal vez sea porque el cantante y guitarrista Nergal se pone cada vez más payaso con sus declaraciones y posteos en redes sociales, que sea complicado mantener la esencia de una banda de black metal estando en un sello grande o porque las excelentes reseñas que tuviera The Satanist allá en 2014 le hayan dado impulso a los polacos para achancharse con los siguientes I Loved You at Your Darkest (2018) y sobre todo Opvs contra natvram (2022). 

Estamos prontos a cumplir una década desde que el grupo lanzara algo que de verdad me llamara la atención, pero al menos en vivo siguen teniendo esa chispa característica, sea por la atmósfera de energía satánica o por el presupuesto que tienen para sus presentaciones. Tras sonar la intro “Post‐God Nirvana”, el telón blanco que tapaba el escenario cayó (no de la manera más elegante, algo que me recuerda demasiado a la misma decisión artística de Pantera en presentaciones recientes) para revelar la parafernalia satánica-ocultista que caracteriza a los de Gdańsk, comenzando su set con la brutal “Ora Pro Nobis Lucifer” de The Satanist mientras de fondo se veía un Cristo con una mordaza de bola BDSM en la boca, los micrófonos con stands de formas ocultistas y los fuegos artificiales que iluminaban en ciertos momentos a los músicos.

En el contexto de un festival, creo que el espectáculo es esencial, y Behemoth no se olvidan de acompañar esta escenografía, digna de lo que hubieran imaginado los evangélicos pensaban que eran los recitales de KISS, con una selección digna de canciones: “Ov Fire and the Void”, “Blow Your Trumpets Gabriel”, “Conquer All” y “Chant for Eschaton 2000” tuvieron al público intercambiando golpes y saltando de acá para allá, mientras Nergal se encargó de alentarlos a cada momento que pudo. Lo de Behemoth fue sobresaliente, dejando a todos satisfechos con sus riffs y su sobredosis de doble bombo y voces ultra podridas.

Lo de los polacos podría haber sido el broche de oro de la primera fecha del Resurrection, pero quedaba todavía una banda de temática similar y misma (o incluso mayor) dedicación al espectáculo visual, aunque su sonido esté directamente en las antípodas. 

Parece mentira que ya hayan pasado 13 años desde que los suecos Ghost tomaran por asalto al mundo de la música pesada con su debut Opus Eponymous, y que desde ese momento no hayan hecho otra cosa que ascender en popularidad. Mucho de esto tuvo que ver la particular presentación de la banda como un grupo de anónimos, más allá de que eventualmente saliera a la luz la identidad del cantante Papa Emeritus y de sus acompañantes los Nameless Ghouls, pero también por su mezcla de tópicos y estética satánica con un sonido que se ha ido poniendo cada vez más melódico y radial con el paso de cada álbum, al punto tal de que a esta altura bien podrían ser el eslabón perdido entre Dokken y H.I.M

Pero no me quejo, siendo que Ghost parecen sonar mejor cuanto más se acercan sin tapujos al pop rock, incluso si esto termina provocando que su canción “Mary on a Cross” se volviera una moda en TikTok. Con una escenografía detrás que mostraba los vitrales de una catedral, el multitudinario grupo comenzó con “Kaisarion”, en la que fue la primera de toda una selección de canciones que bien podría ser descrita como un Grandes Éxitos presentado en vivo: “Year Zero”, “Cirice”, “Ritual”, “Dance Macabre”, “Square Hammer”, “Watcher In The Sky” y muchas más fueron de la partida. 

El ambiente tenía menos que ver con la oscuridad peligrosa de Behemoth y más con la fiesta que uno esperaría en un recital de Bon Jovi o cualquier otra banda de hard rock edulcorado, y eso para nada es una crítica negativa: la gente cantaba las canciones de principio a fin, mientras Tobias Forge iba cambiando de trajes elegantes en diferentes tramos. Y la verdad es que de vez en cuando el metalero debe sacarse los prejuicios y entregarse a la diversión, que es sana y siempre bienvenida en un ambiente tan estirado. Aunque el setlist fue más corto de lo que suelen acostumbrar, el grupo entregó un recital más que sobresaliente y sacó muchas sonrisas, siendo uno de los puntos altos de esta nueva edición del Resurrection.


 

 

 

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Resurrection Fest 2023 Día 1: “Fiesta macabra”
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Decimoséptima edición del ya legendario Resurrection Fest, contando la versión virtual y la “limited” que se realizaran en 2020 y 2021 por razones epidémicas de público conocimiento, en la aldea gallega de Celeiro. Este evento atrae a decenas de miles de personas cada año desde que comenzara en 2006 y logra contarse entre los festivales de música pesada más importantes del continente europeo, por lo que es una cita obligada para cualquier fan del género que quiera asistir a un evento de calidad.

Con cuatro escenarios repartiéndose presentaciones a lo largo de la misma cantidad de días, hubiera sido imposible asistir a todos los eventos que hubiéramos querido y darles una cobertura certera de todo lo que se dio, así que para este primer día del Resurrection, celebrado el miércoles 28 de junio, nos centraremos en los artistas que hicieron acto de presencia en el escenario principal del festival.

El puntapié inicial de este escenario se dio de la mano de los nacionales Ktulu. Los oriundos de L’Hospitalet de Llobregat no son santos de mi devoción, y lo serán menos todavía considerando que el claro playback al que nos sometieron: aunque sean conocidos por utilizar samples y demás sonidos pregrabados, esenciales para la movida industrial, lo de Ktulu fue mucho más allá.

Siguieron en la lista Dead By April, otros que mentiría si dijera que suelen dar en la tecla que me gusta: los suecos muchas veces se me dan como extremadamente empalagosos, incluso para alguien que se reconoce fan de esta onda de metalcore melódico, tal vez por la sobredosis de teclados, voces limpias y estribillos ultra melódicos, que hacen que sienta que estoy viendo a unos Backstreet Boys con In Flames como invitados, una comparación que se ha hecho más de una vez como me enteré más tarde. 

Pero viéndolos en vivo es fácil entender cuál es la atracción del grupo: pocas bandas deben personificar mejor la idea de “pop metal”, y cuando se ponen pesados lo hacen de verdad. “Me” y “Dreamlike” fueron de la partida, demostrando un manejo excepcional de los riffs y de las transiciones entre las guitarras pesadas de Pontus Hjelm y los estribillos azucarados. Dead By April es de esos grupos que le llegan incluso a los que no son fans de la música pesada, aunque no sé cómo les irá con los que ya están curtidos en la materia.

No quiero sonar como una persona resentida, pero no puedo negar que el Resurrection me la pondría complicada en este primer día siendo que casi llegadas las 19:00 saldría a escena los estadounidenses Motionless In White, otra de esas bandas que no me terminan de llegar, por más esfuerzo que hagan sus fans. Pero eso se me da más que nada con sus discos, que se me hacen tediosos: en vivo me parece que los liderados por el cantante Chris Motionless se manejan mejor al no tener que sufrir el relleno de los álbumes. 

Ataviados con su maquillaje y ropajes negros gótico-industriales característicos, la banda capturó la atención de un público particularmente numeroso desde que salieran al escenario para dar rienda suelta a todo con “Disguise”, con Chris dejándose la garganta en sus gritos y con el guitarrista Ricky “Horror” Olson y el bajista Justin Morrow haciéndole la segunda en los coros melódicos. Al igual que con Dead By April, está claro el carisma y el profesionalismo en vivo del grupo, aunque esté claro que no soy su público objetivo.

Ahora sí, podríamos ver en vivo a otro grupo de metalcore, aunque uno con una historia bastante interesante detrás. En 2015 los estadounidenses The Ghost Inside se encontraban de gira, presentando su cuarto álbum Dear Youth, cuando su camioneta chocó contra un tractor en Texas, en un accidente donde no sólo murieron ambos conductores sino también por el que el baterista Andrew Tkaczyk quedó en coma por diez días y perdió su pierna derecha. Esto paró las actividades de la banda durante unos años, hasta que volvieron a las presentaciones en vivo en 2019 y en 2020 lanzaron su nuevo álbum The Ghost Inside, todo esto con su baterista habiendo aprendido a tocar con su pierna ortopédica. 

Una historia de película frente a nosotros, aunque de todo esto me enteré después, y viéndolos en vivo simplemente me parecieron una banda extremadamente sólida, con esas guitarras que crujen y un énfasis importante en las voces podridas y gritadas, como me gusta. “Engine 45”, “The Outcast” y “The Great Unknown” marcaron la pauta de pesadez y velocidad, con muchos en el público cantando las letras de principio a fin como si estuvieran viendo a Iron Maiden o alguna otra leyenda. En la primera tuvieron al público cantando todo un pasaje, y fue un tanto bizarro ver a un par vestidos de Pikachu cantando a toda voz la canción pero no por eso fue menos emotivo. Una presentación excepcional, sin lugar a dudas.

A veces siento que Behemoth están alcanzando el nivel de Amon Amarth en cuanto a sacar una y otra vez el mismo disco e incluso así sonar cada vez más estériles: tal vez sea porque el cantante y guitarrista Nergal se pone cada vez más payaso con sus declaraciones y posteos en redes sociales, que sea complicado mantener la esencia de una banda de black metal estando en un sello grande o porque las excelentes reseñas que tuviera The Satanist allá en 2014 le hayan dado impulso a los polacos para achancharse con los siguientes I Loved You at Your Darkest (2018) y sobre todo Opvs contra natvram (2022). 

Estamos prontos a cumplir una década desde que el grupo lanzara algo que de verdad me llamara la atención, pero al menos en vivo siguen teniendo esa chispa característica, sea por la atmósfera de energía satánica o por el presupuesto que tienen para sus presentaciones. Tras sonar la intro “Post‐God Nirvana”, el telón blanco que tapaba el escenario cayó (no de la manera más elegante, algo que me recuerda demasiado a la misma decisión artística de Pantera en presentaciones recientes) para revelar la parafernalia satánica-ocultista que caracteriza a los de Gdańsk, comenzando su set con la brutal “Ora Pro Nobis Lucifer” de The Satanist mientras de fondo se veía un Cristo con una mordaza de bola BDSM en la boca, los micrófonos con stands de formas ocultistas y los fuegos artificiales que iluminaban en ciertos momentos a los músicos.

En el contexto de un festival, creo que el espectáculo es esencial, y Behemoth no se olvidan de acompañar esta escenografía, digna de lo que hubieran imaginado los evangélicos pensaban que eran los recitales de KISS, con una selección digna de canciones: “Ov Fire and the Void”, “Blow Your Trumpets Gabriel”, “Conquer All” y “Chant for Eschaton 2000” tuvieron al público intercambiando golpes y saltando de acá para allá, mientras Nergal se encargó de alentarlos a cada momento que pudo. Lo de Behemoth fue sobresaliente, dejando a todos satisfechos con sus riffs y su sobredosis de doble bombo y voces ultra podridas.

Lo de los polacos podría haber sido el broche de oro de la primera fecha del Resurrection, pero quedaba todavía una banda de temática similar y misma (o incluso mayor) dedicación al espectáculo visual, aunque su sonido esté directamente en las antípodas. 

Parece mentira que ya hayan pasado 13 años desde que los suecos Ghost tomaran por asalto al mundo de la música pesada con su debut Opus Eponymous, y que desde ese momento no hayan hecho otra cosa que ascender en popularidad. Mucho de esto tuvo que ver la particular presentación de la banda como un grupo de anónimos, más allá de que eventualmente saliera a la luz la identidad del cantante Papa Emeritus y de sus acompañantes los Nameless Ghouls, pero también por su mezcla de tópicos y estética satánica con un sonido que se ha ido poniendo cada vez más melódico y radial con el paso de cada álbum, al punto tal de que a esta altura bien podrían ser el eslabón perdido entre Dokken y H.I.M

Pero no me quejo, siendo que Ghost parecen sonar mejor cuanto más se acercan sin tapujos al pop rock, incluso si esto termina provocando que su canción “Mary on a Cross” se volviera una moda en TikTok. Con una escenografía detrás que mostraba los vitrales de una catedral, el multitudinario grupo comenzó con “Kaisarion”, en la que fue la primera de toda una selección de canciones que bien podría ser descrita como un Grandes Éxitos presentado en vivo: “Year Zero”, “Cirice”, “Ritual”, “Dance Macabre”, “Square Hammer”, “Watcher In The Sky” y muchas más fueron de la partida. 

El ambiente tenía menos que ver con la oscuridad peligrosa de Behemoth y más con la fiesta que uno esperaría en un recital de Bon Jovi o cualquier otra banda de hard rock edulcorado, y eso para nada es una crítica negativa: la gente cantaba las canciones de principio a fin, mientras Tobias Forge iba cambiando de trajes elegantes en diferentes tramos. Y la verdad es que de vez en cuando el metalero debe sacarse los prejuicios y entregarse a la diversión, que es sana y siempre bienvenida en un ambiente tan estirado. Aunque el setlist fue más corto de lo que suelen acostumbrar, el grupo entregó un recital más que sobresaliente y sacó muchas sonrisas, siendo uno de los puntos altos de esta nueva edición del Resurrection.


 

 

 

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