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Rhapsody of Fire en Buenos Aires: “Un paso más en la batalla”
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Fotografía portada: Leticia Villalba

¿Les pasó de estar súper metidos en alguna serie, por cosas de la vida dejar de seguirla por un tiempo y cuando quisieron volver a ella lanzaron tantos capítulos nuevos, murieron tantos personajes, sumaron tantos nuevos y sacaron tantos spin-offs que ya no saben por dónde comenzar? Puede que hable de Los Caballeros del Zodíaco o Dragon Ball, pero también podría estar hablando de lo que pasó en la última década en el seno de Rhapsody of Fire.

Las leyendas italianas del power metal habían pasado por tierras argentinas en 2012, y es imposible pasar por alto cuánta agua pasó bajo el puente en esta década y monedas. Ya en aquella ocasión el quinteto se había presentado sin el guitarrista Luca Turilli, uno de los pilares del particular sonido de Rhapsody of Fire, reemplazado el año anterior por Roberto De Micheli, y esta ocasión tanto De Micheli como el histórico tecladista Alex Staropoli serían los únicos que quedaban de la formación que se había presentado en el Teatro Flores aquella vez. 

Junto con la salida del guitarrista fundador también se había dado la fundación de Luca Turilli’s Rhapsody, que incluso editó su debut Ascending To Infinity la misma semana que Rhapsody of Fire se presentara acá, pero después tuvimos la salida del cantante Fabio Lione en 2016, su reunión con Turilli ese mismo año para girar bajo el nombre Rhapsody tocando los éxitos de la banda, la formación de Turilli / Lione Rhapsody en 2018 con una formación integrada por exmiembros del Rhapsody of Fire original y la gira que hicieron por Latinoamérica antes de separarse en 2023, con Lione enfocándose en su tarea como cantante de los brasileños Angra. Oficialmente esto se dio de común acuerdo entre las diferentes formaciones, pero es imposible negar lo confuso que se volvió tener que hablar de todos estos Rhapsodys diferentes como si fueran entidades separadas.

Para hacer más confusas las cosas, la vuelta de Rhapsody of Fire en este 2024 se dio el mismo mes que los de Trieste lanzarán su nuevo álbum Challenge The Wind… pero esta gira no es para promocionar este disco: el título Glory for the Enchanted Lands Latin America Tour 2024 nos muestra que es para presentar Glory for Salvation, su álbum de 2021, y también para celebrar los 25 años del segundo disco Symphony of Enchanted Lands de 1998. Obviamente la pandemia obligó a Rhapsody of Fire a posponer todos los recitales hasta 2022 y recién pudieron meterse de lleno en eso en el 2023, pero si llegaron hasta acá sin un dolor de cabeza los felicito.

Puede que estos cambios de formación y la salida de los dos miembros más conocidos de Rhapsody of Fire, sumado a la situación económica del país, llevara a que el sexto concierto de los italianos en Argentina se diera en una versión un tanto reducida. Con excepción de su debut en 2001 en el antiguo Teatro Colegiales (actual Vorterix), todos los conciertos de los powermetaleros se habían dado en el Teatro Flores, mientras que en esta ocasión plantaron bandera en El Teatrito, que tiene poco más de un tercio de la capacidad de ese lugar. 

Sin embargo, no creo que esto le importara a los fans que compraron la entrada para estar en la fría noche del 11 de mayo en Sarmiento 1752: si seguimos con la analogía de la serie, esta ocasión podría ser como si sacaran un película de aquella obra, con el lugar estando ya casi complemente lleno durante la presentación de los primeros teloneros Metal Crucifier. Los peruanos se encontraban de gira por Argentina presentando su segundo álbum The Strike of the Beast de 2022, y la gente pudo experimentar la potencia del quinteto de Lima. Ver a este grupo es como si los ochentas nunca hubieran terminado, con su speed metal sobredosificado con adrenalina y riffs melódicos como para tirar a diestra y siniestra. 

Con el cantante Julio Brendal demostrando el poder de su voz y agradeciendo a todos los presentes cada vez que podía, el grupo repasó sus dos discos y se fue con su himno “Metal Crucifier”, arrancando la noche de manera muy positiva.

A continuación tomaron control del escenario los argentinos Arpeghy, quinteto de estilo también ochentero pero de otra clase, con mucha influencia hard rock como para salir de noche con anteojos de sol mientras las luces de neón pasan alrededor. Con tres álbumes en su haber, los porteños repasaron su obra con mucha fuerza en el sonido, aunque en más de una ocasión se escucharon problemas con los parlantes y el retorno, casi nada que ameritara más que un pedido por parte de la banda al sonidista más allá de que la intro se trabara antes que la banda saliera. Más allá de eso, fue un buen set, con esos riffs melódicos pero fuertes y canciones como para mover la patita y cabecear mientras se toma una cerveza.

Con envidiable puntualidad, a las 21.30 las luces del Teatrito se apagaron, y segundos después comenzó a sonar la intro “The Dark Secret”, con la voz del fallecido Christopher Lee narrando el inicio de la saga del “Secreto Oscuro” y anunciando la salida de Rhapsody of Fire al escenario para dar inicio al clasicazo “Unholy Warcry”, canción de Symphony of Enchanted Lands II: The Dark Secret que invita al público a participar en los coros. El inicio se vio un tanto manchado por un problema en el micrófono que hizo que la voz de Giacomo Voli no se escuchara en las primeras líneas, pero tras arreglar eso pudimos oír fuerte y claro al vocalista. 

Está claro que incluso con los ocho años que Voli ha pasado frente al micrófono de Rhapsody of Fire siempre será visto como “el reemplazo” de Lione, y también está claro que no es en realidad culpa de Voli. La sombra del cantante histórico y las botas que hay que llenar serán enormes para cualquiera, sin importar su habilidad, y en vivo queda claro que Voli es un vocalista espectacular, muchas veces imposible de diferenciar de su antecesor. ¿Será ese el problema? Vaya uno a saber, pero su performance a lo largo de la presentación fue sobresaliente, con sus agudos entonando las letras cursis pero épicas que caracterizan al grupo con toda la confianza que necesitan.

Con un sonido muy bueno, cosa que siempre es complicada en El Teatrito, siguieron la noche con “I’ll Be Your Hero”, canción del Glory for Salvation cuyo estribillo parece “2 Minutes To Midnight” de Iron Maiden pasado a través de un filtro de intro de animé (funciona mejor de lo que lo hago sonar). “¡Buenas noches, Buenos Aires!” fue lo que gritó Voli al final de la canción, mostrando que tiene bien en claro los tips del curso de demagogia rockera, sumado a la cantidad de veces que gritó “¡Carrrrrrajo!”, para luego presentar la siguiente “Chains of Destiny”, otra del Glory for Salvation que además sería la última de ese disco en aparecer en el setlist. 

Si están sintiendo que lo del disco de 2021 fue más como un trámite no se preocupen: fue la misma sensación que tuve al ver la lista de temas. pero al menos el público lo recibió bien y Rhapsody of Fire se mostraron tremendos, con Paolo Marchesich mostrando su habilidad con el doble bombo detrás de la batería.

El resto de la noche se movió por los carriles habituales, con Rhapsody of Fire haciendo el mejor repaso que pudieron por su discografía considerando el tiempo limitado: imaginen querer contentar a todos teniendo catorce discos de los que tomar material. Aparte de los clásicos de la etapa con Lione y Turilli como “The March of the Swordmaster” y “March Against The Tyrant”, también metieron “Challenge The Wind”, canción que da título al nuevo disco, y tres canciones de The Eighth Mountain, mostrando (o al menos tratando de mostrar) que esta nueva versión de Rhapsody of Fire no vive sólo del pasado. Más allá de cómo lo hago sonar, el enorme público acomodado dentro del Teatrito disfrutó cada segundo de la presentación, con un agite tremendo en el medio del lugar y los cantos “Olé olé olé olé” repitiéndose en varias ocasiones.

También es para destacar a Roberto De Micheli, quien desde la guitarra demostró estar perfectamente a la altura de Turilli, otra leyenda complicada para andar reemplazando, a lo que se suma lo hecho por Danilo Arisi en el bajo, reemplazando a Alessandro Sala durante esta gira debido a que Sala también trabaja como científico y no podía dejar eso de lado. Y con respecto a Alex Staropoli, siempre ha quedado la duda sobre cuánto de lo que toca es en vivo y cuánto son pistas, pero su tarea es invaluable de cualquier manera, agregando a la atmósfera de fantasía épica de las canciones.

“The Magic of the Wizard’s Dream” estuvo dedicada a Christopher Lee, con Voli pidiéndole a la gente que cantara con él las partes del actor, algo que estos hicieron con mucho gusto. Y cerrando con el clásico “Dawn of Victory” Rhapsody of Fire se retiraron con las alabanzas del público. No pasó mucho tiempo para que volvieron ya para los bises, que se dieron a pura pompa con la opulenta “Reign of Terror”, una de las más particulares de la discografía de los italianos con esos blast beats sorpresivos y voces casi chilladas que hay al principio, dando para el mosh violento, aunque al principio hubo problemas con el ruido que hacía una de las partes de la batería. Siguieron otros clásicos con “Wisdom of the Kings” y “Land of Immortals”, que tuvo la presentación de todos los miembros del grupo, con Staropoli obviamente llevándose los mayores aplausos.

El final se dio por fin con otro gran momento para la participación del público con “Emerald Sword”, tal vez la más legendaria de las canciones de Rhapsody of Fire: escuchar a la gente cantando en coro acerca de las montañas, los valles verdes donde los dragones vuelan y la espada esmeralda con la que derrotarán al villano puede sonar extremadamente cursi en texto y lo es, pero en vivo fue una experiencia emocionante, digna de levantar las espadas en su honor.

Con muchos agradecimientos a todos, foto de por medio y demás, Rhapsody of Fire se retiraron finalmente del escenario, mientras la gente hacía lo propio saliendo a la calle Sarmiento. Fueron poco más de 90 minutos de concierto, lo cual fue suficiente considerando las condiciones del lugar. El sonido podría haber sido mejor pero fue decente, y la lista de canciones podría haber incluido alguna otra del último disco pero está claro que la pandemia dejó a todos en contramano. A pesar de cómo lo hice sonar, creo que esta nueva versión de Rhapsody of Fire tiene suficiente nafta como para cargar en sus hombros el legado del grupo, y ya en los discos se nota que las cosas se van acomodando. Desde ya esperamos poder tenerlos por estos lares lo antes posible y con un disco nuevo bajo el brazo, siguiendo en la batalla a pesar de todos los vendavales.

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Rhapsody of Fire en Buenos Aires: “Un paso más en la batalla”
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Fotografía portada: Leticia Villalba

¿Les pasó de estar súper metidos en alguna serie, por cosas de la vida dejar de seguirla por un tiempo y cuando quisieron volver a ella lanzaron tantos capítulos nuevos, murieron tantos personajes, sumaron tantos nuevos y sacaron tantos spin-offs que ya no saben por dónde comenzar? Puede que hable de Los Caballeros del Zodíaco o Dragon Ball, pero también podría estar hablando de lo que pasó en la última década en el seno de Rhapsody of Fire.

Las leyendas italianas del power metal habían pasado por tierras argentinas en 2012, y es imposible pasar por alto cuánta agua pasó bajo el puente en esta década y monedas. Ya en aquella ocasión el quinteto se había presentado sin el guitarrista Luca Turilli, uno de los pilares del particular sonido de Rhapsody of Fire, reemplazado el año anterior por Roberto De Micheli, y esta ocasión tanto De Micheli como el histórico tecladista Alex Staropoli serían los únicos que quedaban de la formación que se había presentado en el Teatro Flores aquella vez. 

Junto con la salida del guitarrista fundador también se había dado la fundación de Luca Turilli’s Rhapsody, que incluso editó su debut Ascending To Infinity la misma semana que Rhapsody of Fire se presentara acá, pero después tuvimos la salida del cantante Fabio Lione en 2016, su reunión con Turilli ese mismo año para girar bajo el nombre Rhapsody tocando los éxitos de la banda, la formación de Turilli / Lione Rhapsody en 2018 con una formación integrada por exmiembros del Rhapsody of Fire original y la gira que hicieron por Latinoamérica antes de separarse en 2023, con Lione enfocándose en su tarea como cantante de los brasileños Angra. Oficialmente esto se dio de común acuerdo entre las diferentes formaciones, pero es imposible negar lo confuso que se volvió tener que hablar de todos estos Rhapsodys diferentes como si fueran entidades separadas.

Para hacer más confusas las cosas, la vuelta de Rhapsody of Fire en este 2024 se dio el mismo mes que los de Trieste lanzarán su nuevo álbum Challenge The Wind… pero esta gira no es para promocionar este disco: el título Glory for the Enchanted Lands Latin America Tour 2024 nos muestra que es para presentar Glory for Salvation, su álbum de 2021, y también para celebrar los 25 años del segundo disco Symphony of Enchanted Lands de 1998. Obviamente la pandemia obligó a Rhapsody of Fire a posponer todos los recitales hasta 2022 y recién pudieron meterse de lleno en eso en el 2023, pero si llegaron hasta acá sin un dolor de cabeza los felicito.

Puede que estos cambios de formación y la salida de los dos miembros más conocidos de Rhapsody of Fire, sumado a la situación económica del país, llevara a que el sexto concierto de los italianos en Argentina se diera en una versión un tanto reducida. Con excepción de su debut en 2001 en el antiguo Teatro Colegiales (actual Vorterix), todos los conciertos de los powermetaleros se habían dado en el Teatro Flores, mientras que en esta ocasión plantaron bandera en El Teatrito, que tiene poco más de un tercio de la capacidad de ese lugar. 

Sin embargo, no creo que esto le importara a los fans que compraron la entrada para estar en la fría noche del 11 de mayo en Sarmiento 1752: si seguimos con la analogía de la serie, esta ocasión podría ser como si sacaran un película de aquella obra, con el lugar estando ya casi complemente lleno durante la presentación de los primeros teloneros Metal Crucifier. Los peruanos se encontraban de gira por Argentina presentando su segundo álbum The Strike of the Beast de 2022, y la gente pudo experimentar la potencia del quinteto de Lima. Ver a este grupo es como si los ochentas nunca hubieran terminado, con su speed metal sobredosificado con adrenalina y riffs melódicos como para tirar a diestra y siniestra. 

Con el cantante Julio Brendal demostrando el poder de su voz y agradeciendo a todos los presentes cada vez que podía, el grupo repasó sus dos discos y se fue con su himno “Metal Crucifier”, arrancando la noche de manera muy positiva.

A continuación tomaron control del escenario los argentinos Arpeghy, quinteto de estilo también ochentero pero de otra clase, con mucha influencia hard rock como para salir de noche con anteojos de sol mientras las luces de neón pasan alrededor. Con tres álbumes en su haber, los porteños repasaron su obra con mucha fuerza en el sonido, aunque en más de una ocasión se escucharon problemas con los parlantes y el retorno, casi nada que ameritara más que un pedido por parte de la banda al sonidista más allá de que la intro se trabara antes que la banda saliera. Más allá de eso, fue un buen set, con esos riffs melódicos pero fuertes y canciones como para mover la patita y cabecear mientras se toma una cerveza.

Con envidiable puntualidad, a las 21.30 las luces del Teatrito se apagaron, y segundos después comenzó a sonar la intro “The Dark Secret”, con la voz del fallecido Christopher Lee narrando el inicio de la saga del “Secreto Oscuro” y anunciando la salida de Rhapsody of Fire al escenario para dar inicio al clasicazo “Unholy Warcry”, canción de Symphony of Enchanted Lands II: The Dark Secret que invita al público a participar en los coros. El inicio se vio un tanto manchado por un problema en el micrófono que hizo que la voz de Giacomo Voli no se escuchara en las primeras líneas, pero tras arreglar eso pudimos oír fuerte y claro al vocalista. 

Está claro que incluso con los ocho años que Voli ha pasado frente al micrófono de Rhapsody of Fire siempre será visto como “el reemplazo” de Lione, y también está claro que no es en realidad culpa de Voli. La sombra del cantante histórico y las botas que hay que llenar serán enormes para cualquiera, sin importar su habilidad, y en vivo queda claro que Voli es un vocalista espectacular, muchas veces imposible de diferenciar de su antecesor. ¿Será ese el problema? Vaya uno a saber, pero su performance a lo largo de la presentación fue sobresaliente, con sus agudos entonando las letras cursis pero épicas que caracterizan al grupo con toda la confianza que necesitan.

Con un sonido muy bueno, cosa que siempre es complicada en El Teatrito, siguieron la noche con “I’ll Be Your Hero”, canción del Glory for Salvation cuyo estribillo parece “2 Minutes To Midnight” de Iron Maiden pasado a través de un filtro de intro de animé (funciona mejor de lo que lo hago sonar). “¡Buenas noches, Buenos Aires!” fue lo que gritó Voli al final de la canción, mostrando que tiene bien en claro los tips del curso de demagogia rockera, sumado a la cantidad de veces que gritó “¡Carrrrrrajo!”, para luego presentar la siguiente “Chains of Destiny”, otra del Glory for Salvation que además sería la última de ese disco en aparecer en el setlist. 

Si están sintiendo que lo del disco de 2021 fue más como un trámite no se preocupen: fue la misma sensación que tuve al ver la lista de temas. pero al menos el público lo recibió bien y Rhapsody of Fire se mostraron tremendos, con Paolo Marchesich mostrando su habilidad con el doble bombo detrás de la batería.

El resto de la noche se movió por los carriles habituales, con Rhapsody of Fire haciendo el mejor repaso que pudieron por su discografía considerando el tiempo limitado: imaginen querer contentar a todos teniendo catorce discos de los que tomar material. Aparte de los clásicos de la etapa con Lione y Turilli como “The March of the Swordmaster” y “March Against The Tyrant”, también metieron “Challenge The Wind”, canción que da título al nuevo disco, y tres canciones de The Eighth Mountain, mostrando (o al menos tratando de mostrar) que esta nueva versión de Rhapsody of Fire no vive sólo del pasado. Más allá de cómo lo hago sonar, el enorme público acomodado dentro del Teatrito disfrutó cada segundo de la presentación, con un agite tremendo en el medio del lugar y los cantos “Olé olé olé olé” repitiéndose en varias ocasiones.

También es para destacar a Roberto De Micheli, quien desde la guitarra demostró estar perfectamente a la altura de Turilli, otra leyenda complicada para andar reemplazando, a lo que se suma lo hecho por Danilo Arisi en el bajo, reemplazando a Alessandro Sala durante esta gira debido a que Sala también trabaja como científico y no podía dejar eso de lado. Y con respecto a Alex Staropoli, siempre ha quedado la duda sobre cuánto de lo que toca es en vivo y cuánto son pistas, pero su tarea es invaluable de cualquier manera, agregando a la atmósfera de fantasía épica de las canciones.

“The Magic of the Wizard’s Dream” estuvo dedicada a Christopher Lee, con Voli pidiéndole a la gente que cantara con él las partes del actor, algo que estos hicieron con mucho gusto. Y cerrando con el clásico “Dawn of Victory” Rhapsody of Fire se retiraron con las alabanzas del público. No pasó mucho tiempo para que volvieron ya para los bises, que se dieron a pura pompa con la opulenta “Reign of Terror”, una de las más particulares de la discografía de los italianos con esos blast beats sorpresivos y voces casi chilladas que hay al principio, dando para el mosh violento, aunque al principio hubo problemas con el ruido que hacía una de las partes de la batería. Siguieron otros clásicos con “Wisdom of the Kings” y “Land of Immortals”, que tuvo la presentación de todos los miembros del grupo, con Staropoli obviamente llevándose los mayores aplausos.

El final se dio por fin con otro gran momento para la participación del público con “Emerald Sword”, tal vez la más legendaria de las canciones de Rhapsody of Fire: escuchar a la gente cantando en coro acerca de las montañas, los valles verdes donde los dragones vuelan y la espada esmeralda con la que derrotarán al villano puede sonar extremadamente cursi en texto y lo es, pero en vivo fue una experiencia emocionante, digna de levantar las espadas en su honor.

Con muchos agradecimientos a todos, foto de por medio y demás, Rhapsody of Fire se retiraron finalmente del escenario, mientras la gente hacía lo propio saliendo a la calle Sarmiento. Fueron poco más de 90 minutos de concierto, lo cual fue suficiente considerando las condiciones del lugar. El sonido podría haber sido mejor pero fue decente, y la lista de canciones podría haber incluido alguna otra del último disco pero está claro que la pandemia dejó a todos en contramano. A pesar de cómo lo hice sonar, creo que esta nueva versión de Rhapsody of Fire tiene suficiente nafta como para cargar en sus hombros el legado del grupo, y ya en los discos se nota que las cosas se van acomodando. Desde ya esperamos poder tenerlos por estos lares lo antes posible y con un disco nuevo bajo el brazo, siguiendo en la batalla a pesar de todos los vendavales.

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