


El deathcore está liderando el mercado extremo más mainstream. Bandas con un sonido superproducido, grave y con composiciones construidas a base de breakdowns están ganando mucha popularidad dentro de la escena, sobre todo entre el público más joven.
Una de las bandas que más está llamando la atención dentro de la segunda línea del género es Shadow of Intent. Con una propuesta muy pesada y atmosférica, el grupo no esconde su influencia del death metal técnico. Actualmente se encuentra de gira presentando su último trabajo, Imperium Delirium, editado el año pasado y recibido con gran entusiasmo tanto por los fans como por la crítica. El tour estaba conformado por Soreption y Disembodied Tyrant como actos de apertura, mientras que la leyenda belga del brutal death, Aborted, fueron los invitados especiales.
La noche se inició de la mano de Soreption, grupo australiano que practica deathcore técnico, aunque con una mayor preponderancia de los riffs por sobre los breakdowns. Si bien el sonido no fue de lo mejor, dieron una presentación sólida y se mostraron muy ajustados y correctos sobre el escenario. Las canciones contaban con riffs muy pesados, breakdowns muy cabezeables y momentos extremadamente técnicos, sobre todo en el bajo y la guitarra. La batería, en este tipo de estilos, siempre suele ser bastante compleja.
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Si bien todavía faltaba ingresar mucha gente al lugar, ya había una cantidad considerable de público. Este disfrutó del show, sobre todo los tres fanáticos acérrimos que hicieron pogo entre ellos. Incluso llegaron a girar y revolearse de un lado a otro entre sí.
La segunda banda fue Disembodied Tyrant, cuya propuesta fue bastante más rara. Era deathcore técnico, pero por momentos coqueteaba con el metalcore, el black metal y otros estilos. Esta ensalada de géneros no siempre funcionaba. Por momentos daba la sensación de que todo estaba pegado con plasticola. No había fluidez en el paso de una parte a otra: simplemente sucedía. Esto hacía que el resultado sonara confuso y extraño.
Otro detalle que reafirmaba esta sensación era el poco trabajo puesto en el final de las canciones. No contaban con cierres trabajados, pulidos y construidos. Las canciones simplemente terminaban y ya, dejando nuevamente una sensación confusa.
Sin embargo, el carisma de los músicos, sobre todo del frontman, hizo que el público enloqueciera. Se armaron rondas grandes y hubo mucho pogo, que se fue haciendo cada vez más grande a medida que más espectadores se acercaban a la sala. Si bien el lugar no llegó a agotarse, estaba bastante lleno.
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La noche iba pasando rápido y, sin darnos cuenta, ya había llegado la hora de los invitados especiales. Los belgas Aborted subieron al escenario y todo se descontroló.
La gente no esperó un segundo: ya desde la primera canción, el elegante Amager Bio se había transformado en un campo de batalla. Y, como era de esperarse, el carismático vocalista Sven de Caluwé no tardó mucho en tirar leña al fuego. Recurriendo a sus chistes y monólogos tipo stand-up, daba consignas sobre cómo la gente tenía que accionar en el pit. Puso a todo el recinto a hacer sentadillas y luego logró algo muy divertido y brutal: hizo que se armara un circle pit más pequeño girando para un lado y otro más grande alrededor, yendo en sentido contrario. Una salvajada.
El sonido y la ejecución fueron tremendos. Impecables, precisos y concisos, tal como Aborted nos tiene acostumbrados desde hace años. Pero hay un pequeño detalle que hace que mi cabeza nerd y obsesiva no pueda pasar por alto: la ausencia del bajo.
La banda suena superpesada y muy bien, pero por momentos sentía que faltaba algo. Escuchaba los riffs enfermos y los solos esquizofrénicos que se pasaban entre las guitarras, y mi cabeza pensaba: en este momento hay algo que suena medio vacío. Qué bien que vendría un bajo tocando esto, o haciendo tal movimiento. En fin, detalles.
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Sin embargo, los belgas sonaron increíble y el concierto fue excelente. Se pusieron al público en el bolsillo y dejaron la vara altísima para el plato principal.
Sin mucha introducción, Shadow of Intent salió a escena de golpe y con los tapones de punta, de la mano de dos temas de su último trabajo: “Infinity of Horrors” y “Flying the Black Flag”.
Ya desde el vamos, notamos varias cosas que marcaron diferencias con respecto a los grupos anteriores. Los canadienses, en vez de buscar generar una presentación entretenida e invitar al descontrol, se inclinaron por una idea más atmosférica. Se comunicaron menos con el público y dejaron que la música y las atmósferas hablaran por sí solas. Ellos, si bien se movieron y dieron todo, tuvieron poca comunicación con la gente.
Y eso se notó. El entusiasmo del público fue menor al que hubo con Aborted.
Me parece que la música del artista principal, si bien es más atmosférica, no alcanza para centrar la propuesta exclusivamente en eso.
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El sonido fue superclaro y nítido. La banda sonó grave y densa, pero mi mente volvió a hacer de las suyas. Muchos de los momentos atmosféricos se construyeron a base de pistas de otras guitarras, y me dio la sensación de que eso podría compensarse de mejor manera con un segundo guitarrista. Esto, a su vez, solucionaría el asunto principal: a mi gusto, sonaron menos pesados de lo que deberían. Me parece que el grupo, en directo, necesita una segunda guitarra para mejorar las atmósferas y sonar más pesado.
Si bien hubo clásicos de la mayoría de sus discos, el setlist estuvo centrado en el último. Esto fue algo que mucha gente criticó, ya que esperaba disfrutar de más clásicos. El concierto terminó abruptamente y el público comenzó a retirarse. Pero la banda volvió para cerrar su show con “Malediction” y así despedirse definitivamente.
En una noche donde Shadow of Intent tenía todo para ganar, quedó en segundo puesto. El primer lugar se lo quedó Aborted, y esto se debió a que los belgas le dieron al público exactamente lo que quería: una presentación divertida y alocada, capaz de convertir el venue en una fiesta. Los headliners, en cambio, apostaron por un enfoque diferente al del álbum y que, al menos en esta ocasión, no parecía ser lo que su público había ido a buscar.




El deathcore está liderando el mercado extremo más mainstream. Bandas con un sonido superproducido, grave y con composiciones construidas a base de breakdowns están ganando mucha popularidad dentro de la escena, sobre todo entre el público más joven.
Una de las bandas que más está llamando la atención dentro de la segunda línea del género es Shadow of Intent. Con una propuesta muy pesada y atmosférica, el grupo no esconde su influencia del death metal técnico. Actualmente se encuentra de gira presentando su último trabajo, Imperium Delirium, editado el año pasado y recibido con gran entusiasmo tanto por los fans como por la crítica. El tour estaba conformado por Soreption y Disembodied Tyrant como actos de apertura, mientras que la leyenda belga del brutal death, Aborted, fueron los invitados especiales.
La noche se inició de la mano de Soreption, grupo australiano que practica deathcore técnico, aunque con una mayor preponderancia de los riffs por sobre los breakdowns. Si bien el sonido no fue de lo mejor, dieron una presentación sólida y se mostraron muy ajustados y correctos sobre el escenario. Las canciones contaban con riffs muy pesados, breakdowns muy cabezeables y momentos extremadamente técnicos, sobre todo en el bajo y la guitarra. La batería, en este tipo de estilos, siempre suele ser bastante compleja.
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Si bien todavía faltaba ingresar mucha gente al lugar, ya había una cantidad considerable de público. Este disfrutó del show, sobre todo los tres fanáticos acérrimos que hicieron pogo entre ellos. Incluso llegaron a girar y revolearse de un lado a otro entre sí.
La segunda banda fue Disembodied Tyrant, cuya propuesta fue bastante más rara. Era deathcore técnico, pero por momentos coqueteaba con el metalcore, el black metal y otros estilos. Esta ensalada de géneros no siempre funcionaba. Por momentos daba la sensación de que todo estaba pegado con plasticola. No había fluidez en el paso de una parte a otra: simplemente sucedía. Esto hacía que el resultado sonara confuso y extraño.
Otro detalle que reafirmaba esta sensación era el poco trabajo puesto en el final de las canciones. No contaban con cierres trabajados, pulidos y construidos. Las canciones simplemente terminaban y ya, dejando nuevamente una sensación confusa.
Sin embargo, el carisma de los músicos, sobre todo del frontman, hizo que el público enloqueciera. Se armaron rondas grandes y hubo mucho pogo, que se fue haciendo cada vez más grande a medida que más espectadores se acercaban a la sala. Si bien el lugar no llegó a agotarse, estaba bastante lleno.
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La gente no esperó un segundo: ya desde la primera canción, el elegante Amager Bio se había transformado en un campo de batalla. Y, como era de esperarse, el carismático vocalista Sven de Caluwé no tardó mucho en tirar leña al fuego. Recurriendo a sus chistes y monólogos tipo stand-up, daba consignas sobre cómo la gente tenía que accionar en el pit. Puso a todo el recinto a hacer sentadillas y luego logró algo muy divertido y brutal: hizo que se armara un circle pit más pequeño girando para un lado y otro más grande alrededor, yendo en sentido contrario. Una salvajada.
El sonido y la ejecución fueron tremendos. Impecables, precisos y concisos, tal como Aborted nos tiene acostumbrados desde hace años. Pero hay un pequeño detalle que hace que mi cabeza nerd y obsesiva no pueda pasar por alto: la ausencia del bajo.
La banda suena superpesada y muy bien, pero por momentos sentía que faltaba algo. Escuchaba los riffs enfermos y los solos esquizofrénicos que se pasaban entre las guitarras, y mi cabeza pensaba: en este momento hay algo que suena medio vacío. Qué bien que vendría un bajo tocando esto, o haciendo tal movimiento. En fin, detalles.
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Sin embargo, los belgas sonaron increíble y el concierto fue excelente. Se pusieron al público en el bolsillo y dejaron la vara altísima para el plato principal.
Sin mucha introducción, Shadow of Intent salió a escena de golpe y con los tapones de punta, de la mano de dos temas de su último trabajo: “Infinity of Horrors” y “Flying the Black Flag”.
Ya desde el vamos, notamos varias cosas que marcaron diferencias con respecto a los grupos anteriores. Los canadienses, en vez de buscar generar una presentación entretenida e invitar al descontrol, se inclinaron por una idea más atmosférica. Se comunicaron menos con el público y dejaron que la música y las atmósferas hablaran por sí solas. Ellos, si bien se movieron y dieron todo, tuvieron poca comunicación con la gente.
Y eso se notó. El entusiasmo del público fue menor al que hubo con Aborted.
Me parece que la música del artista principal, si bien es más atmosférica, no alcanza para centrar la propuesta exclusivamente en eso.
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El sonido fue superclaro y nítido. La banda sonó grave y densa, pero mi mente volvió a hacer de las suyas. Muchos de los momentos atmosféricos se construyeron a base de pistas de otras guitarras, y me dio la sensación de que eso podría compensarse de mejor manera con un segundo guitarrista. Esto, a su vez, solucionaría el asunto principal: a mi gusto, sonaron menos pesados de lo que deberían. Me parece que el grupo, en directo, necesita una segunda guitarra para mejorar las atmósferas y sonar más pesado.
Si bien hubo clásicos de la mayoría de sus discos, el setlist estuvo centrado en el último. Esto fue algo que mucha gente criticó, ya que esperaba disfrutar de más clásicos. El concierto terminó abruptamente y el público comenzó a retirarse. Pero la banda volvió para cerrar su show con “Malediction” y así despedirse definitivamente.
En una noche donde Shadow of Intent tenía todo para ganar, quedó en segundo puesto. El primer lugar se lo quedó Aborted, y esto se debió a que los belgas le dieron al público exactamente lo que quería: una presentación divertida y alocada, capaz de convertir el venue en una fiesta. Los headliners, en cambio, apostaron por un enfoque diferente al del álbum y que, al menos en esta ocasión, no parecía ser lo que su público había ido a buscar.




















