


Muchas cosas pasaron en el mundo de Katatonia en los últimos años, y varias de ellas no fueron positivas. Los dos episodios más destacados fueron la salida del fundador y compositor Anders Nyström, quien declaró que Jonas Renkse se apropió de la banda, y el lanzamiento de su último trabajo, Nightmares as Extension of the Waking State, que no fue bien recibido ni por la crítica ni por el público.
En este contexto, los suecos decidieron girar por Latinoamérica para presentar el flamante disco. Dicha gira los trajo al porteño barrio de Almagro, más precisamente a la zona del Abasto, donde se ubica nuestro querido Uniclub.
La productora encargada de realizar el concierto fue Noiseground, que eligió muy adecuadamente a Dios Serpiente como telonero. Si bien su propuesta no se asemeja a la de Katatonia, comparte la idea de generar un viaje introspectivo en el oyente.
La propuesta de la banda local es bastante personal: un bajista y vocalista acompañado de samplers y pistas de batería. Desde ese formato, construyen atmósferas pesadas y densas con las cuatro cuerdas, que luego son intervenidas por una voz gritada y sofocante. Los samplers también aportan riqueza a las canciones, generando distintas sensaciones a lo largo del set. Tras una presentación de poco más de media hora, Leandro Buceta se retiró aplaudido por el público.
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Tras una corta espera, las luces se apagaron y los miembros de Katatonia tomaron posición para dar inicio con “Thrice” y “Soil’s Song”.
Desde ese momento quedaron en evidencia dos puntos clave. El primero fue la gran calidad de sonido: nítido, prolijo y equilibrado. La batería y el bajo construyeron una base grave y potente, mientras que las guitarras aportaban melodías y matices constantes.
El segundo fue la dispar respuesta del público según el material interpretado. Las canciones de los últimos tres discos tuvieron una recepción fría, celebradas apenas por algunos fanáticos acérrimos. En cambio, las pertenecientes a The Great Cold Distance, Night Is the New Day y Dead End Kings fueron cantadas, coreadas y vividas por la totalidad del recinto.
Esto generó un show de dos caras: una primera parte más lenta y distante, y una segunda mitad mucho más dinámica y disfrutable, que fluyó con mayor naturalidad.
En cuanto a la ejecución, fue quirúrgica. La banda sonó precisa, sólida y sin fisuras, demostrando por qué ocupa el lugar que tiene dentro de la escena.
Luego de un setlist de 15 canciones, el grupo se tomó un breve descanso para regresar y cerrar definitivamente con “Forsaker”.
Si bien el show fue muy bueno en términos generales, hubo aspectos a mejorar. El principal fue la elección del setlist, que dejó afuera gran parte de la discografía del grupo y, además, resultó algo corto para una banda de su trayectoria.
Katatonia ofreció un concierto sólido, con gran sonido y ejecución impecable, pero que terminó viéndose opacado por una discutible selección de canciones y una duración que dejó gusto a poco.




Muchas cosas pasaron en el mundo de Katatonia en los últimos años, y varias de ellas no fueron positivas. Los dos episodios más destacados fueron la salida del fundador y compositor Anders Nyström, quien declaró que Jonas Renkse se apropió de la banda, y el lanzamiento de su último trabajo, Nightmares as Extension of the Waking State, que no fue bien recibido ni por la crítica ni por el público.
En este contexto, los suecos decidieron girar por Latinoamérica para presentar el flamante disco. Dicha gira los trajo al porteño barrio de Almagro, más precisamente a la zona del Abasto, donde se ubica nuestro querido Uniclub.
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La propuesta de la banda local es bastante personal: un bajista y vocalista acompañado de samplers y pistas de batería. Desde ese formato, construyen atmósferas pesadas y densas con las cuatro cuerdas, que luego son intervenidas por una voz gritada y sofocante. Los samplers también aportan riqueza a las canciones, generando distintas sensaciones a lo largo del set. Tras una presentación de poco más de media hora, Leandro Buceta se retiró aplaudido por el público.
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El segundo fue la dispar respuesta del público según el material interpretado. Las canciones de los últimos tres discos tuvieron una recepción fría, celebradas apenas por algunos fanáticos acérrimos. En cambio, las pertenecientes a The Great Cold Distance, Night Is the New Day y Dead End Kings fueron cantadas, coreadas y vividas por la totalidad del recinto.
Esto generó un show de dos caras: una primera parte más lenta y distante, y una segunda mitad mucho más dinámica y disfrutable, que fluyó con mayor naturalidad.
En cuanto a la ejecución, fue quirúrgica. La banda sonó precisa, sólida y sin fisuras, demostrando por qué ocupa el lugar que tiene dentro de la escena.
Luego de un setlist de 15 canciones, el grupo se tomó un breve descanso para regresar y cerrar definitivamente con “Forsaker”.
Si bien el show fue muy bueno en términos generales, hubo aspectos a mejorar. El principal fue la elección del setlist, que dejó afuera gran parte de la discografía del grupo y, además, resultó algo corto para una banda de su trayectoria.
Katatonia ofreció un concierto sólido, con gran sonido y ejecución impecable, pero que terminó viéndose opacado por una discutible selección de canciones y una duración que dejó gusto a poco.


















