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Testament y Exodus en Barcelona: “De la bahía al fin del mundo”
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Texto: Jordi  Vilaplana / Fotografías: Pablo Gándara

Finalmente, el virus monárquico no impidió el paso del “The Bay Area Strikes Back Tour” por Catalunya, tras la suspensión del show en Milano hace unos pocos días, donde la problemática parece ser grave, aquí ya nos suspendieron el Mobile Congress, para alegría de muchos, y desgracia para hoteleros, taxistas, etc. Por primera vez en gira conjunta llegaban tres de las bandas que componen el llamémosle Little four, ya que si Slayer, Megadeth, Anthrax y Metallica son el Big 4, Testament, Exodus, Death Angel y Overkill, deben ser el Little 4, o los otros cuatro.

En fin, Death Angel volvían a la sala I de Razzmatazz treinta años después de su primera visita a la ciudad condal cuando lideraron un cartel junto a Forbidden, banda de la que formaron parte Robb Flynn, o Paul Bostaph, y Vicious Rumours. Parece mentira, o simplemente inexplicable que ahora lleguen como meros acompañantes, como sus últimas visitas que fueron como invitados de Exodus en 2012, o en solitario en 2015 en la sala Boveda, por la ya pasaron durante el verano del 2008, ante medio centenar de fans, en un show memorable. A las seis y cuarto, tal y como informaba la organización, aparecía la banda originaria de Daly City, con Mark Osegueda y Rob Cavestany al frente, únicos miembros originales de la banda tras la marcha en 2009 de Andy Galeón y Dennis Pepa. Abrieron fuego con el tema que da título a su disco, Humanicide (2019), por el que fueron candidatos a los premios Grammy, como Best Metal Performance. Tras una buenísima recepción de un público que aún no llenaba la sala, quizás estaba al cincuenta por ciento, continuaron con un clásico como anunciaría el propio Osegueda, la mudable “Voracious  Souls” de su primer álbum Ultra Violence (1987). Turno ahora para su Relentless Retribution (2010) con “Claws So Keep”, en la que Mark comparte las voces con Rob, que ya ejerció de vocalista tras la disolución de la banda en 1991, y  formar The Organization junto al resto de miembros de Death Angel a excepción de Osegueda. Otro corte de su último trabajo es “Aggressor” en la que Mark se deja la voz con extensos y asfixiantes gritos. Junto al impasible Ted Aguilar, Rob construye un muro de guitarras infranqueable para la coral “Dream Calls For Blood”, con la sala coreando junto al grupo, puños arriba, y otra serie de gritos marca de la casa. Un encendido speech de Osegueda, sobre “lo maravilloso que es siempre volver, gracias por la pasión y energía, nos encanta tocar para gente que aprecia de verdad esta música”. Durante el tema “The Moth”, el bajista ayudó a subir a escena a un thrasher, este subió a otro, y hasta un tercero diría que hizo su pequeña sesión de headbanging hasta volver al redil por su propio pie. Es raro que una de las mejores piezas de Act III sonara tan embarullada y atropellada como ocurrió con “Seemingly Endless Time”, después de interpretar la parte inicial de “The Ultra-Violence”” debidamente coreada por una sala bastante más llena que al principio, ensamblan la instrumental con “Thrown to the Wolves” que daría punto y final a cincuenta minutos de intensidad máxima, en especial a cargo de los socios fundadores  que llevan todo el peso del directo junto al baterista Will Carroll, mientras que Aguilar, y el bajista Damien Sisson se mantienen más contemplativos.

Tras la tremenda descarga de los chicos de San Mateo County, llega el turno de Exodus que han pasado en menos de un año de tocar en la sala III de Razzmatazz ante un centenar de acérrimos fans a hacerlo en la grande ante más de un millar de entregados acólitos. Antes de iniciar su actuación suena de fondo “Alcohol, Alcohol, Alcohol” de Los Inhumanos ante la sorpresa general. Ahora sí, con un par de temas de su último álbum, Blood In, Blood Out, “Body Harvest”, y la que le da título al ritmo impuesto por su miembro fundador, el batería Tom Haunting situado bajo un enorme telón, y enfrascado entre un pequeño muro de Marshalls, nos machaca inalterablemente  durante los sesenta minutos adjudicados a los de Richmond. “Deliver Us to Evil” desde su disco insignia, su debut en 1985 Bonded by Blood es la siguiente. Gritos de Exodus por el gentío que Zetro transforma por Barcelona, y acto seguido presenta al hijo prodigo, Gary Holt que vuelve a casa tras unos buenos años con Slayer, se marca un destructivo mini solo. Zetro entona el estribillo de “Fabulous Disaster” para que el público ya se haga participe de este discordante título desde el principio, y vaya si lo hizo, al final de este singular éxito de su discografía, Sousa comenta que han pasado dos días libres en la ciudad, y deja ir un sinfín de bonitas palabras sobre Barcelona, y lo bien que lo han pasado, pero es momento de tomar una “Deathamphetamine”, Hunting debió tomar más de una porque puso en marcha el martillo neumático , y al finalizar esta persistente composición se subió a la batería para imitar a un gorila, levantarse la camiseta y mostrar su torso. Es el turno de “Tempo of the Damned” y su “Blacklist”, un corte muy similar a Fabulous en cuanto al ritmo, y con Holt estrujando su guitarra con un solo que rezuma su paso por Slayer. Zetro lleva el pelo tan mojado por el sudor que no se le aprecia su cabellera desde el fondo del local, Holt poco más o menos, ellos dos son los más activos recorriendo el escenario sin parar, mientras su bajista se muestra bastante pasota con su bajo transparente al ristre. El headbanging no falla durante una penetrante “Bonded by Blood” que termina con Sousa declarando el amor incondicional entre Exodus y Barcelona para siempre. Solicita también unos aplausos para sus compañeros de viaje, antes de entrar a matar con “Toxic Waltz”, y un final animal con Holt aguantando la guitarra por las cuerdas para “Strike of the Beast”, dando por finalizada su ascendente descarga que no supera la realizada por los angelitos.

Un buen rato de descanso para instalar todo el atrezo de Testament lleva consigo, telas, tarimas varias, y un efectivo y efectista juego de luces. “Eeire Habitants” es la primera en caernos encima como una tormenta de thrash iniciático de su segundo álbum, seguida por la canción que le da título. “The New Order” nos excita hasta transportarnos a esos finales de los ochenta, y principios de los noventa. Y es que al igual que Death Angel, también pisaron Catalunya por primera vez en 1990, pero en un formato más festivalero, junto a Megadeth, Slayer y Suicidal Tendencies, en un tour denominado Clash of TItans, que curiosamente  se asemeja al nombre del que será el duodécimo disco de Testamente el próximo abril, Titans of Creation. No deja de ser extraño que estando a unos meses de salir a la venta anden embarcados en esta gira europea. De los clásicos, y la vieja usanza pasamos a la rapidez y aspereza con “The Persecuted Won’t Forget” desde The Formation of Damnation (2008). De nuevo saludos y aplausos para las otras bandas que por primera vez comparten una larga gira, antes de que las incisivas guitarras que conjugan “The Haunting” de su álbum debut The Legacy nos lastimen. Cae el telón con la imagen de unas ruinas antiguas, y aparece uno con la portada de Dark Roots of Earth, para lógicamente interpretar el corte que le da título, con Steve Di Giorgio encargándose de los coros, otra andanada de cuidado es “Last Stand for Independence”, y también de este mismo disco del 2012, la rocosa “Thone of Throns” con Chuck Billy incorporando unas voces más gruesas, excelentes solos de Skolnick y Peterson que van turnándose la pequeña tarima central. Chuck se dirige al gentío como mi familia, nos habla de la hermandad thrasher de la Bay Area donde crecieron todos en los mismos bares, clubes, etc., y nos presenta a otra hermandad, “The Brotherhood Snake” con la aparición como telón de fondo de su portada, con los ojos de las serpientes debidamente iluminados, y una masa totalmente entregada a la causa con “Pale King”. Gene Hoglan golpea su kit de batería con especial ardor “Fall of Sipledome”, uno de los temas que componen The Gathering (1999), un disco que contó con Dave Lombardo tras la batería. ¿Lo estáis pasando bien amigos?, pregunta Chuck, aparte de agradecer el apoyo a esta gira, y finalmente presentar una canción nueva perteneciente al disco que verá la luz en abril, “Night of the Witch”, un corte intenso, que lleva unos meses colgado en la red, y del que podemos visualizar la portada con un nuevo telón de fondo. De vuelta a The New Order con “Into the Pit”, con Chuck removiendo su palo de micro personalizado insinuando a los allí presentes a realizar un pequeño circle pit, que acabó fraguando por unos minutos, hasta empalmar con “Practice What You Preach” de forma indetectable. Final con dos temazos de sus primeras dos obras, “Over the Wall” del primero de ellos, con unos coros que podrían extrapolarse a alguna composición de power metal, y “Disciples of the Watch” del segundo, con Chuck Billy mostrando su poderío gutural, y Alex y Eric dejándose las yemas de los dedos. Estos fueron los clásicos elegidos para cerrar, aunque cualquiera de los temas de esa primera época sería candidato a formar parte del encore, con piezas que se dejaron para otro día, tarde, o noche, como de “Apocaliptic City”, “Curse of the Legions of Death”, “Burnt Offerings”, “Trial by Fire”, o “Greenhouse Effect”, que va entrando y saliendo a lo largo de la gira, de hecho aparecía tachada de la hoja del setlist que utilizó la banda esa misma noche. Abandonamos la sala con el “Superstition” de Stevie Wonder como fondo musical, curiosa elección, aunque de agradecer tras esta sesión de más de tres horas de thrash metal de la bahía de San Francisco, y unos claros vencedores que fueron Death Angel, por su intensidad, y un estilo más versátil y menos repetitivo que sus colegas.

Galería de fotos:

 

 

 

 

 

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Testament y Exodus en Barcelona: “De la bahía al fin del mundo”
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Texto: Jordi  Vilaplana / Fotografías: Pablo Gándara

Finalmente, el virus monárquico no impidió el paso del “The Bay Area Strikes Back Tour” por Catalunya, tras la suspensión del show en Milano hace unos pocos días, donde la problemática parece ser grave, aquí ya nos suspendieron el Mobile Congress, para alegría de muchos, y desgracia para hoteleros, taxistas, etc. Por primera vez en gira conjunta llegaban tres de las bandas que componen el llamémosle Little four, ya que si Slayer, Megadeth, Anthrax y Metallica son el Big 4, Testament, Exodus, Death Angel y Overkill, deben ser el Little 4, o los otros cuatro.

En fin, Death Angel volvían a la sala I de Razzmatazz treinta años después de su primera visita a la ciudad condal cuando lideraron un cartel junto a Forbidden, banda de la que formaron parte Robb Flynn, o Paul Bostaph, y Vicious Rumours. Parece mentira, o simplemente inexplicable que ahora lleguen como meros acompañantes, como sus últimas visitas que fueron como invitados de Exodus en 2012, o en solitario en 2015 en la sala Boveda, por la ya pasaron durante el verano del 2008, ante medio centenar de fans, en un show memorable. A las seis y cuarto, tal y como informaba la organización, aparecía la banda originaria de Daly City, con Mark Osegueda y Rob Cavestany al frente, únicos miembros originales de la banda tras la marcha en 2009 de Andy Galeón y Dennis Pepa. Abrieron fuego con el tema que da título a su disco, Humanicide (2019), por el que fueron candidatos a los premios Grammy, como Best Metal Performance. Tras una buenísima recepción de un público que aún no llenaba la sala, quizás estaba al cincuenta por ciento, continuaron con un clásico como anunciaría el propio Osegueda, la mudable “Voracious  Souls” de su primer álbum Ultra Violence (1987). Turno ahora para su Relentless Retribution (2010) con “Claws So Keep”, en la que Mark comparte las voces con Rob, que ya ejerció de vocalista tras la disolución de la banda en 1991, y  formar The Organization junto al resto de miembros de Death Angel a excepción de Osegueda. Otro corte de su último trabajo es “Aggressor” en la que Mark se deja la voz con extensos y asfixiantes gritos. Junto al impasible Ted Aguilar, Rob construye un muro de guitarras infranqueable para la coral “Dream Calls For Blood”, con la sala coreando junto al grupo, puños arriba, y otra serie de gritos marca de la casa. Un encendido speech de Osegueda, sobre “lo maravilloso que es siempre volver, gracias por la pasión y energía, nos encanta tocar para gente que aprecia de verdad esta música”. Durante el tema “The Moth”, el bajista ayudó a subir a escena a un thrasher, este subió a otro, y hasta un tercero diría que hizo su pequeña sesión de headbanging hasta volver al redil por su propio pie. Es raro que una de las mejores piezas de Act III sonara tan embarullada y atropellada como ocurrió con “Seemingly Endless Time”, después de interpretar la parte inicial de “The Ultra-Violence”” debidamente coreada por una sala bastante más llena que al principio, ensamblan la instrumental con “Thrown to the Wolves” que daría punto y final a cincuenta minutos de intensidad máxima, en especial a cargo de los socios fundadores  que llevan todo el peso del directo junto al baterista Will Carroll, mientras que Aguilar, y el bajista Damien Sisson se mantienen más contemplativos.

Tras la tremenda descarga de los chicos de San Mateo County, llega el turno de Exodus que han pasado en menos de un año de tocar en la sala III de Razzmatazz ante un centenar de acérrimos fans a hacerlo en la grande ante más de un millar de entregados acólitos. Antes de iniciar su actuación suena de fondo “Alcohol, Alcohol, Alcohol” de Los Inhumanos ante la sorpresa general. Ahora sí, con un par de temas de su último álbum, Blood In, Blood Out, “Body Harvest”, y la que le da título al ritmo impuesto por su miembro fundador, el batería Tom Haunting situado bajo un enorme telón, y enfrascado entre un pequeño muro de Marshalls, nos machaca inalterablemente  durante los sesenta minutos adjudicados a los de Richmond. “Deliver Us to Evil” desde su disco insignia, su debut en 1985 Bonded by Blood es la siguiente. Gritos de Exodus por el gentío que Zetro transforma por Barcelona, y acto seguido presenta al hijo prodigo, Gary Holt que vuelve a casa tras unos buenos años con Slayer, se marca un destructivo mini solo. Zetro entona el estribillo de “Fabulous Disaster” para que el público ya se haga participe de este discordante título desde el principio, y vaya si lo hizo, al final de este singular éxito de su discografía, Sousa comenta que han pasado dos días libres en la ciudad, y deja ir un sinfín de bonitas palabras sobre Barcelona, y lo bien que lo han pasado, pero es momento de tomar una “Deathamphetamine”, Hunting debió tomar más de una porque puso en marcha el martillo neumático , y al finalizar esta persistente composición se subió a la batería para imitar a un gorila, levantarse la camiseta y mostrar su torso. Es el turno de “Tempo of the Damned” y su “Blacklist”, un corte muy similar a Fabulous en cuanto al ritmo, y con Holt estrujando su guitarra con un solo que rezuma su paso por Slayer. Zetro lleva el pelo tan mojado por el sudor que no se le aprecia su cabellera desde el fondo del local, Holt poco más o menos, ellos dos son los más activos recorriendo el escenario sin parar, mientras su bajista se muestra bastante pasota con su bajo transparente al ristre. El headbanging no falla durante una penetrante “Bonded by Blood” que termina con Sousa declarando el amor incondicional entre Exodus y Barcelona para siempre. Solicita también unos aplausos para sus compañeros de viaje, antes de entrar a matar con “Toxic Waltz”, y un final animal con Holt aguantando la guitarra por las cuerdas para “Strike of the Beast”, dando por finalizada su ascendente descarga que no supera la realizada por los angelitos.

Un buen rato de descanso para instalar todo el atrezo de Testament lleva consigo, telas, tarimas varias, y un efectivo y efectista juego de luces. “Eeire Habitants” es la primera en caernos encima como una tormenta de thrash iniciático de su segundo álbum, seguida por la canción que le da título. “The New Order” nos excita hasta transportarnos a esos finales de los ochenta, y principios de los noventa. Y es que al igual que Death Angel, también pisaron Catalunya por primera vez en 1990, pero en un formato más festivalero, junto a Megadeth, Slayer y Suicidal Tendencies, en un tour denominado Clash of TItans, que curiosamente  se asemeja al nombre del que será el duodécimo disco de Testamente el próximo abril, Titans of Creation. No deja de ser extraño que estando a unos meses de salir a la venta anden embarcados en esta gira europea. De los clásicos, y la vieja usanza pasamos a la rapidez y aspereza con “The Persecuted Won’t Forget” desde The Formation of Damnation (2008). De nuevo saludos y aplausos para las otras bandas que por primera vez comparten una larga gira, antes de que las incisivas guitarras que conjugan “The Haunting” de su álbum debut The Legacy nos lastimen. Cae el telón con la imagen de unas ruinas antiguas, y aparece uno con la portada de Dark Roots of Earth, para lógicamente interpretar el corte que le da título, con Steve Di Giorgio encargándose de los coros, otra andanada de cuidado es “Last Stand for Independence”, y también de este mismo disco del 2012, la rocosa “Thone of Throns” con Chuck Billy incorporando unas voces más gruesas, excelentes solos de Skolnick y Peterson que van turnándose la pequeña tarima central. Chuck se dirige al gentío como mi familia, nos habla de la hermandad thrasher de la Bay Area donde crecieron todos en los mismos bares, clubes, etc., y nos presenta a otra hermandad, “The Brotherhood Snake” con la aparición como telón de fondo de su portada, con los ojos de las serpientes debidamente iluminados, y una masa totalmente entregada a la causa con “Pale King”. Gene Hoglan golpea su kit de batería con especial ardor “Fall of Sipledome”, uno de los temas que componen The Gathering (1999), un disco que contó con Dave Lombardo tras la batería. ¿Lo estáis pasando bien amigos?, pregunta Chuck, aparte de agradecer el apoyo a esta gira, y finalmente presentar una canción nueva perteneciente al disco que verá la luz en abril, “Night of the Witch”, un corte intenso, que lleva unos meses colgado en la red, y del que podemos visualizar la portada con un nuevo telón de fondo. De vuelta a The New Order con “Into the Pit”, con Chuck removiendo su palo de micro personalizado insinuando a los allí presentes a realizar un pequeño circle pit, que acabó fraguando por unos minutos, hasta empalmar con “Practice What You Preach” de forma indetectable. Final con dos temazos de sus primeras dos obras, “Over the Wall” del primero de ellos, con unos coros que podrían extrapolarse a alguna composición de power metal, y “Disciples of the Watch” del segundo, con Chuck Billy mostrando su poderío gutural, y Alex y Eric dejándose las yemas de los dedos. Estos fueron los clásicos elegidos para cerrar, aunque cualquiera de los temas de esa primera época sería candidato a formar parte del encore, con piezas que se dejaron para otro día, tarde, o noche, como de “Apocaliptic City”, “Curse of the Legions of Death”, “Burnt Offerings”, “Trial by Fire”, o “Greenhouse Effect”, que va entrando y saliendo a lo largo de la gira, de hecho aparecía tachada de la hoja del setlist que utilizó la banda esa misma noche. Abandonamos la sala con el “Superstition” de Stevie Wonder como fondo musical, curiosa elección, aunque de agradecer tras esta sesión de más de tres horas de thrash metal de la bahía de San Francisco, y unos claros vencedores que fueron Death Angel, por su intensidad, y un estilo más versátil y menos repetitivo que sus colegas.

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