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Asagraum en Murcia: “Sinfonías blasfemas se adueñaron de Murcia”

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En principio un miércoles no era el día idóneo para montar un show de metal extremo y en concreto de black metal, pero esto muchas veces no depende de las […]

Harp Twins en Barcelona: “Estoy viendo doble”

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En ocasiones, este oficio nos arrastra a rincones que ni en nuestros sueños más estrafalarios habríamos imaginado. Tras sumergirme en las fauces de Track To Hell durante un par de […]

Metal-Argento Fest: “Calor y miedo nunca tuvimos”

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Las épocas de principio de año son las más complicadas para lo que a fechas de metal respecta, tenemos pocas ofertas para deleitar los oídos y la vista y a […]

Persefone en Barcelona: “Idioma progresivo”

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Después de dar unas vueltas por Poble Nou en horario vespertino antes que caiga el sol concretamos una cita con el death, metal y el progresivo.  Los primeros en presentarse […]

Lorihen en Buenos Aires: “Magia Eterna”

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Fotografía portada: Leticia Villalba En el marco del Metalum Deluxe Festival nos acercamos a El Teatrito, para presenciar una noche a puro metal del bueno, con la gente de Lörihen a […]

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La oscuridad invocada se materializó el pasado viernes 16 de febrero en la Sala Upload de Barcelona, donde el “Invoking Darkness Across Spain Tour” se erigió como una ceremonia de […]

Thrice en Barcelona: “Una velada Emo-cionante”

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Nos acercamos a la Sala Apolo, ese santuario del desenfreno sonoro, junto al equipo de Track to Hell, ansiosos por capturar la esencia de uno de los conciertos más impactantes […]

Hamlet en Barcelona: “Pasan los años, y todo sigue igual”

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Los gigantes madrileños Hamlet vuelven por las tierras del antiguo Condado de Barcelona, esta vez aterrizando en la Sala Salamandra para darnos a todos nosotros una buena dosis de nostalgia, […]

Rise To Fall en Tarragona: “Desafiando a los dioses”

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Este pasado viernes, cayó la noche con más oscuridad e incertidumbre de lo normal, situándonos en la baja Tarragona para adentrarnos en la Sala Zero. Ahí nos esperaban tres de […]

Sirenia en Madrid: “El lado más salvaje”

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El pasado viernes 08 de febrero me dirigí bajo la lluvia de Madrid al concierto de Sirenia teloneados por Against Myself. La sala The Bassement Club como lugar de encuentro, […]


The Nosferatu en Madrid: “El gran día goth”
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Venidos de todos los rincones de España, los amantes del rock gótico y más oscuro se congregaban en la sala Nazca de Madrid para disfrutar de la celebración del 30º aniversario del mítico disco “Rise” de Nosferatu.

Nosferatu fue una banda británica de rock gótico formada en 1988. Son considerados como una de las bandas pioneras del género y han dejado una huella significativa en la escena del rock gótico. Su estilo musical se caracterizó por combinar elementos del rock gótico, post-punk y dark wave, creando una atmósfera oscura y melancólica.

Encargados de abrir boca con su Dark Wave, los portugueses IAMTHESHADOW pusieron altas dosis de calidad en sonido e interpretación. La sala, todavía fría, con grupos aún saludándose o pidiendo sus consumiciones, fue cogiendo fuerza con cada tema y pronto comenzaron a oírse las primeras palabras de aprobación y ánimo para la banda. Los saltos y gestos para invitar a seguir el ritmo con palmas fueron bien recibidos. Se nota la personalidad de Pedro Code en cada tema, las dos primeras canciones sin guitarra y concentrándose en la voz y la letra de la tablet que tenía acoplada al pie de micro, para el resto del setlist sí busco la compañía de su guitarra para disfrute del personal. Guiños en el cierre de los primeros temas y complicidad entre los miembros de la banda, las cosas estaban saliendo bien, el público estaba cogiendo fuerza y se acercaba al escenario para arropar al trío. Tras una pequeña pausa cerraron con dos temas casi unidos en los que se dejaron el resto. Muy buen grupo al que seguir la pista y recomendar, perfecto arranque de lo que estaba por llegar…
TAMBIÉN TE PUEDE INTERESAR: DOL – Amor Brutale (2023)

La sala se sumió en una penumbra intrigante mientras las luces tenues iluminaban el escenario. La banda The Nosferatu, iconos del rock gótico, emergió de las sombras, listos para llevar al público en un viaje musical inolvidable. La sala, repleta, respiraba goth, vestida en su característico negro, con su presencia misteriosa y enigmática, comenzaba a soltar sus primeras voces de ánimos y los aplausos se elevaron.

Louis DeWray (voz y letras), con su carismática presencia, figura esbelta, pálida tez, gafas de sol cosidas, pelo cardado y personalidad a raudales, se apoderó del micrófono y su voz melancólica resonó en cada rincón. Los acordes oscuros y seductores de la guitarra de Rob Leydon (Guitarra solista y rítmica) se mezclaron con los riffs hipnóticos creando una atmósfera que no se perdería en todo el bolo, mientras el bajo de Vlad Janicek (Bajo y teclados) retumbaba en el pecho de los asistentes como un latido ominoso. La experta batería de Simon Rippin (Batería en NFD, Nefilim muchos otros) marcaba un ritmo poderoso y despiadado con precisión.

La banda nos deleitó con una selección de canciones que incluyeron éxitos como “Abominations”, “Dark Angel”, “Demonicus” y “Siren”.  Las letras, impregnadas de un dolor ancestral y oscuro, se deslizaron como susurros envenenados por el aire. Temas de desamor, pasión prohibida y desesperación llenaron la sala, capturando la atención de los corazones atormentados de la tribu gótica. También interpretaron “Crysania”, “Alone”, “Away”, “Silver”, “Vampyres Cry” muy coreada y celebrada, “Rise” con abrazos entre amigos y saltos sincronizados, “Inside the Devil”, “Lament” y “Her Heaven”.

La estética gótica envolvía cada detalle del lugar. Los asistentes, vestidos con sus ropas extravagantes y elegantes, portaban encajes, cuero, detalles de plata, uñas pintadas, bolsos de ataúd, detalles Victorianos, guiños Barrocos y Renacentistas, gusto por lo vampírico y lo no terrenal. El maquillaje pálido y elaborado realzaba sus rostros, mientras que los peinados elaborados añadían un toque de teatralidad sombría. Una actitud introspectiva pero que ensalza la belleza, se sienten fuertes en la tristeza y la melancolía,  transmitiendo una imagen misteriosa y evocadora. Espectacular en particular, precioso en conjunto.

El concierto se tornaba ritual, un encuentro íntimo entre la banda y su público, la comunión entre la música, la banda y los espectadores era palpable, una conexión profunda, verdadera, que trascendía las palabras, los cuerpos se movían al ritmo de la música, valanceandose, cantaban las letras a pleno pulmón, algunos levantan las manos otros sonreían embelesados… Cada canción era recibida con aplausos y vítores, solo bastan algunos acordes para que fueran reconocidas, se entregaban por completo a la experiencia y donde se mirase se veían caras disfrutando y cada tema se cerraba con vítores y ovaciones. La atmósfera se cargaba de energía e intensidad a medida que el concierto avanzaba, con lanzamiento de púas y móviles al aire para inmortalizar el recuerdo. Los góticos se sumergían en un éxtasis musical, dejándose llevar por la magia y la oscuridad que The Nosferatu evocaba con los clásicos del género. Tras una pausa, algo larga, reentraron para rematar la noche con “Lucy is red” y “The Wiccaman”.
El escenario se sumió nuevamente en la oscuridad, pero la huella dejada por The Nosferatu y su séquito gótico perdurará, fue un concierto que trascendió lo musical, una oscura sinfonía que despertó las pasiones más ocultas y siniestras, un encuentro de almas afines en la búsqueda de la belleza en la oscuridad.
ENGLISH VERSION

THE GREAT GOTH DAY

From all corners of Spain, lovers of gothic and dark rock gathered at Madrid’s Nazca venue to celebrate the 30th anniversary of Nosferatu’s legendary album “Rise”.

Nosferatu was a British gothic rock band formed in 1988. They are considered one of the pioneers of the genre and have made a significant impact on the gothic rock scene. Their musical style combined elements of gothic rock, post-punk, and dark wave, creating a dark and melancholic atmosphere.

Opening the night with their Dark Wave sound, the Portuguese band IAMTHESHADOW delivered high-quality sound and performance. The room, still cold with people greeting each other and ordering drinks, gained strength with each song, and the first words of approval and encouragement for the band began to be heard. Jumps and gestures to invite clapping along were well received. Pedro Code’s personality shone through in each song, with the first two performed without a guitar, focusing on his voice and the lyrics displayed on a tablet attached to the microphone stand. For the rest of the setlist, he sought the company of his guitar to the delight of the audience. Winks and camaraderie between band members indicated that things were going well; the audience was gaining momentum and moving closer to the stage to support the trio. After a brief pause, they closed with two seamlessly connected songs, leaving everything on the stage. IAMTHESHADOW was a great band to follow and recommend, setting the perfect tone for what was to come.

The venue was engulfed in intriguing darkness as the dim lights illuminated the stage. The band, The Nosferatu, a gothic rock icon, emerged from the shadows, ready to take the audience on an unforgettable musical journey. The packed room breathed Goth, dressed in their characteristic black, with their mysterious and enigmatic presence, and the first encouraging voices and applause filled the air.

Louis DeWray (vocals and lyrics), with his charismatic presence, slender figure, pale complexion, sewn sunglasses, backcombed hair, and overflowing personality, took hold of the microphone, and his melancholic voice resonated in every corner. The dark and seductive guitar chords from Rob Leydon (lead and rhythm guitar) blended with hypnotic riffs, creating an atmosphere that would not be lost throughout the show, while Vlad Janicek’s bass (and keyboards) thumped in the chests of the attendees like an ominous heartbeat. Simon Rippin’s expert drumming (known for his work in NFD, Nefilim, and many others) set a powerful and relentless rhythm with precision.

The band delighted the audience with a selection of songs including hits like “Abominations,” “Dark Angel,” “Demonicus,” and “Siren”. The lyrics, imbued with ancestral and dark pain, slipped like poisoned whispers through the air. Themes of lost love, forbidden passion, and despair filled the room, capturing the attention of the tormented hearts of the Gothic tribe. They also performed “Crysania,” “Alone,” “Away,” “Silver,” “Vampyres Cry,” which was enthusiastically sung along and celebrated, “Rise” with hugs between friends and synchronized jumps, “Inside the Devil,” “Lament,” and “Her Heaven”.

The gothic aesthetic enveloped every detail of the venue. Attendees, dressed in their extravagant and elegant attire, adorned themselves with lace, leather, silver details, painted nails, coffin-shaped bags, Victorian hints, Baroque and Renaissance touches, a taste for the vampiric and the otherworldly. The elaborate and pale makeup enhanced their faces, while intricate hairstyles added a touch of somber theatricality. Their introspective attitude exalted beauty, finding strength in sadness and melancholy, conveying a mysterious and evocative image. Each individual was spectacular, and together they formed a beautiful ensemble.

The concert became a ritual, an intimate encounter between the band and their audience. The communion between the music, the band, and the spectators was palpable, a deep and genuine connection that transcended words. Bodies moved to the rhythm of the music, swaying, singing the lyrics at the top of their lungs, some raised their hands, others smiled in rapture. Each song was received with applause and cheers, recognizable from just a few chords, as the audience fully immersed themselves in the experience. The atmosphere became charged with energy and intensity as the concert progressed, with guitar picks and mobile phones thrown into the air to capture the memories. The gothic tribe surrendered to a musical ecstasy, embracing the magic and darkness evoked by The Nosferatu’s classic songs. After a somewhat long pause, they returned to conclude the night with “Lucy is Red” and “The Wiccaman”.

The stage once again plunged into darkness, but the imprint left by The Nosferatu and their gothic entourage will endure. It was a concert that transcended mere music, a dark symphony that awakened the deepest and most sinister passions, a meeting of like-minded souls in the search for beauty in darkness.

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The Nosferatu en Madrid: “El gran día goth”
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Venidos de todos los rincones de España, los amantes del rock gótico y más oscuro se congregaban en la sala Nazca de Madrid para disfrutar de la celebración del 30º aniversario del mítico disco “Rise” de Nosferatu.

Nosferatu fue una banda británica de rock gótico formada en 1988. Son considerados como una de las bandas pioneras del género y han dejado una huella significativa en la escena del rock gótico. Su estilo musical se caracterizó por combinar elementos del rock gótico, post-punk y dark wave, creando una atmósfera oscura y melancólica.

Encargados de abrir boca con su Dark Wave, los portugueses IAMTHESHADOW pusieron altas dosis de calidad en sonido e interpretación. La sala, todavía fría, con grupos aún saludándose o pidiendo sus consumiciones, fue cogiendo fuerza con cada tema y pronto comenzaron a oírse las primeras palabras de aprobación y ánimo para la banda. Los saltos y gestos para invitar a seguir el ritmo con palmas fueron bien recibidos. Se nota la personalidad de Pedro Code en cada tema, las dos primeras canciones sin guitarra y concentrándose en la voz y la letra de la tablet que tenía acoplada al pie de micro, para el resto del setlist sí busco la compañía de su guitarra para disfrute del personal. Guiños en el cierre de los primeros temas y complicidad entre los miembros de la banda, las cosas estaban saliendo bien, el público estaba cogiendo fuerza y se acercaba al escenario para arropar al trío. Tras una pequeña pausa cerraron con dos temas casi unidos en los que se dejaron el resto. Muy buen grupo al que seguir la pista y recomendar, perfecto arranque de lo que estaba por llegar…
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La sala se sumió en una penumbra intrigante mientras las luces tenues iluminaban el escenario. La banda The Nosferatu, iconos del rock gótico, emergió de las sombras, listos para llevar al público en un viaje musical inolvidable. La sala, repleta, respiraba goth, vestida en su característico negro, con su presencia misteriosa y enigmática, comenzaba a soltar sus primeras voces de ánimos y los aplausos se elevaron.

Louis DeWray (voz y letras), con su carismática presencia, figura esbelta, pálida tez, gafas de sol cosidas, pelo cardado y personalidad a raudales, se apoderó del micrófono y su voz melancólica resonó en cada rincón. Los acordes oscuros y seductores de la guitarra de Rob Leydon (Guitarra solista y rítmica) se mezclaron con los riffs hipnóticos creando una atmósfera que no se perdería en todo el bolo, mientras el bajo de Vlad Janicek (Bajo y teclados) retumbaba en el pecho de los asistentes como un latido ominoso. La experta batería de Simon Rippin (Batería en NFD, Nefilim muchos otros) marcaba un ritmo poderoso y despiadado con precisión.

La banda nos deleitó con una selección de canciones que incluyeron éxitos como “Abominations”, “Dark Angel”, “Demonicus” y “Siren”.  Las letras, impregnadas de un dolor ancestral y oscuro, se deslizaron como susurros envenenados por el aire. Temas de desamor, pasión prohibida y desesperación llenaron la sala, capturando la atención de los corazones atormentados de la tribu gótica. También interpretaron “Crysania”, “Alone”, “Away”, “Silver”, “Vampyres Cry” muy coreada y celebrada, “Rise” con abrazos entre amigos y saltos sincronizados, “Inside the Devil”, “Lament” y “Her Heaven”.

La estética gótica envolvía cada detalle del lugar. Los asistentes, vestidos con sus ropas extravagantes y elegantes, portaban encajes, cuero, detalles de plata, uñas pintadas, bolsos de ataúd, detalles Victorianos, guiños Barrocos y Renacentistas, gusto por lo vampírico y lo no terrenal. El maquillaje pálido y elaborado realzaba sus rostros, mientras que los peinados elaborados añadían un toque de teatralidad sombría. Una actitud introspectiva pero que ensalza la belleza, se sienten fuertes en la tristeza y la melancolía,  transmitiendo una imagen misteriosa y evocadora. Espectacular en particular, precioso en conjunto.

El concierto se tornaba ritual, un encuentro íntimo entre la banda y su público, la comunión entre la música, la banda y los espectadores era palpable, una conexión profunda, verdadera, que trascendía las palabras, los cuerpos se movían al ritmo de la música, valanceandose, cantaban las letras a pleno pulmón, algunos levantan las manos otros sonreían embelesados… Cada canción era recibida con aplausos y vítores, solo bastan algunos acordes para que fueran reconocidas, se entregaban por completo a la experiencia y donde se mirase se veían caras disfrutando y cada tema se cerraba con vítores y ovaciones. La atmósfera se cargaba de energía e intensidad a medida que el concierto avanzaba, con lanzamiento de púas y móviles al aire para inmortalizar el recuerdo. Los góticos se sumergían en un éxtasis musical, dejándose llevar por la magia y la oscuridad que The Nosferatu evocaba con los clásicos del género. Tras una pausa, algo larga, reentraron para rematar la noche con “Lucy is red” y “The Wiccaman”.
El escenario se sumió nuevamente en la oscuridad, pero la huella dejada por The Nosferatu y su séquito gótico perdurará, fue un concierto que trascendió lo musical, una oscura sinfonía que despertó las pasiones más ocultas y siniestras, un encuentro de almas afines en la búsqueda de la belleza en la oscuridad.
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From all corners of Spain, lovers of gothic and dark rock gathered at Madrid’s Nazca venue to celebrate the 30th anniversary of Nosferatu’s legendary album “Rise”.

Nosferatu was a British gothic rock band formed in 1988. They are considered one of the pioneers of the genre and have made a significant impact on the gothic rock scene. Their musical style combined elements of gothic rock, post-punk, and dark wave, creating a dark and melancholic atmosphere.

Opening the night with their Dark Wave sound, the Portuguese band IAMTHESHADOW delivered high-quality sound and performance. The room, still cold with people greeting each other and ordering drinks, gained strength with each song, and the first words of approval and encouragement for the band began to be heard. Jumps and gestures to invite clapping along were well received. Pedro Code’s personality shone through in each song, with the first two performed without a guitar, focusing on his voice and the lyrics displayed on a tablet attached to the microphone stand. For the rest of the setlist, he sought the company of his guitar to the delight of the audience. Winks and camaraderie between band members indicated that things were going well; the audience was gaining momentum and moving closer to the stage to support the trio. After a brief pause, they closed with two seamlessly connected songs, leaving everything on the stage. IAMTHESHADOW was a great band to follow and recommend, setting the perfect tone for what was to come.

The venue was engulfed in intriguing darkness as the dim lights illuminated the stage. The band, The Nosferatu, a gothic rock icon, emerged from the shadows, ready to take the audience on an unforgettable musical journey. The packed room breathed Goth, dressed in their characteristic black, with their mysterious and enigmatic presence, and the first encouraging voices and applause filled the air.

Louis DeWray (vocals and lyrics), with his charismatic presence, slender figure, pale complexion, sewn sunglasses, backcombed hair, and overflowing personality, took hold of the microphone, and his melancholic voice resonated in every corner. The dark and seductive guitar chords from Rob Leydon (lead and rhythm guitar) blended with hypnotic riffs, creating an atmosphere that would not be lost throughout the show, while Vlad Janicek’s bass (and keyboards) thumped in the chests of the attendees like an ominous heartbeat. Simon Rippin’s expert drumming (known for his work in NFD, Nefilim, and many others) set a powerful and relentless rhythm with precision.

The band delighted the audience with a selection of songs including hits like “Abominations,” “Dark Angel,” “Demonicus,” and “Siren”. The lyrics, imbued with ancestral and dark pain, slipped like poisoned whispers through the air. Themes of lost love, forbidden passion, and despair filled the room, capturing the attention of the tormented hearts of the Gothic tribe. They also performed “Crysania,” “Alone,” “Away,” “Silver,” “Vampyres Cry,” which was enthusiastically sung along and celebrated, “Rise” with hugs between friends and synchronized jumps, “Inside the Devil,” “Lament,” and “Her Heaven”.

The gothic aesthetic enveloped every detail of the venue. Attendees, dressed in their extravagant and elegant attire, adorned themselves with lace, leather, silver details, painted nails, coffin-shaped bags, Victorian hints, Baroque and Renaissance touches, a taste for the vampiric and the otherworldly. The elaborate and pale makeup enhanced their faces, while intricate hairstyles added a touch of somber theatricality. Their introspective attitude exalted beauty, finding strength in sadness and melancholy, conveying a mysterious and evocative image. Each individual was spectacular, and together they formed a beautiful ensemble.

The concert became a ritual, an intimate encounter between the band and their audience. The communion between the music, the band, and the spectators was palpable, a deep and genuine connection that transcended words. Bodies moved to the rhythm of the music, swaying, singing the lyrics at the top of their lungs, some raised their hands, others smiled in rapture. Each song was received with applause and cheers, recognizable from just a few chords, as the audience fully immersed themselves in the experience. The atmosphere became charged with energy and intensity as the concert progressed, with guitar picks and mobile phones thrown into the air to capture the memories. The gothic tribe surrendered to a musical ecstasy, embracing the magic and darkness evoked by The Nosferatu’s classic songs. After a somewhat long pause, they returned to conclude the night with “Lucy is Red” and “The Wiccaman”.

The stage once again plunged into darkness, but the imprint left by The Nosferatu and their gothic entourage will endure. It was a concert that transcended mere music, a dark symphony that awakened the deepest and most sinister passions, a meeting of like-minded souls in the search for beauty in darkness.

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