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Watain
The Agony & Ecstasy of Watain (2022)
Nuclear Blast

Tracklist:

01. Ecstasies in Night Infinite
02. The Howling
03. Serimosa
04. Black Cunt
05. Leper’s Grace
06. Not Sun Nor Man Nor God
07. Before the Cataclysm
08. We Remain
09. Funeral Winter
10. Septentrion

Por: Fernando Serani (MetalEyeWitness.com)

Séptimo disco de estudio para Watain, los más odiados del Extremo Norte. O uno de los grupos de black metal más controversiales de la escena, mejor dicho, amados y odiados por partes iguales. Dos pasiones opuestas que se encuentran en un punto de partida común: la credibilidad. Porque en el black metal, la credibilidad y la calidad musical están a la misma altura. ¿O no? Puesta en tela de juicio por los que los odian, esa credibilidad es defendida a rajatabla por quienes los aman. 

Para el que escribe, Watain es un grupo de black metal ortodoxo que ha sabido labrar su propio sonido y, por sobre todas las cosas, que sabe manejar la controversia para su propio beneficio, como debe ser. En mi opinión, una agrupación (de las escasas), que forjaron exitosamente una aleación propia de credos, creencias y la expresión artística idónea. De los contados con los dedos de la mano que siguen la solitaria tradición de estar comprometidos con lo expresado a través de su arte, el Metal Negro en espíritu y carne.

Pero la mayoría de los que están leyendo estas líneas ya saben de qué va Watain… Lo importante ahora es cómo han invertido estos dos años y pico de párate mundial para terminar de darle forma a esta nueva entrega discográfica. Por fortuna y ya a primera oída, “The Agony…”, con su título de película del Viejo Oeste, me conquistó y cubrió todos los casilleros que su predecesor, a mi gusto, no había hecho. En este nuevo opus, la horda de Uppsala ha sabido balancear mejor que nunca (hasta tanto me animo de decir), su universo sonoro.

TAMBIÉN TE PUEDE INTERESAR: Novarupta – Carrion Movements (2022)

A las canciones infaltables, inflamables de guitarras zumbantes y baterías marciales y letras escupidas con odio por Erik Danielsson, se le acopla perfectamente esa “otra variedad” compositiva en la que la banda se viene especializando desde “Sworn to the Dark”: las piezas de melódica melancolía, de nostalgia negra venida de un pasado metálico donde se cimentaron los gustos de muchos de los que ya pasamos hace rato los 40.

En el rubro de las infaltables piezas virulentas, salvajes y ortodoxas, tenemos a “The howling”, “Ecstasies in the night infinite”, “Black cunt”, “Leper’s grace” y “Funeral winter”, aunque esta vez se me ocurre encontrarles cambios de ritmo y pequeños arreglos que las emparentan también con las del otro lote. Esas pinceladas melódicas, guiños y cortes musicales enraizados en los ‘90s, años que han encontrado en Suecia a los más grandes exponentes del metal negro, y que sin duda han dejado su marca en los miembros de Watain. Pequeños detalles que hoy, hacen a los temas más brutales de la banda diferentes y más ricos que los del mismo tenor de los primeros discos.

En el segundo rubro, tenemos las canciones en las que estos músicos han crecido enormemente, las que llamé anteriormente “de melódica melancolía”. Esta cualidad se hace presente sin ir en detrimento de su negra matriz, por supuesto. “Serimosa” y “We remain” primero, siguen una línea de épica memorable que había explotado anteriormente en algunas piezas de Lawless Darkness y The Wild Hunt, discos donde estas cualidades ya brillaban. Canciones largas, emotivas, oscurísimas, bañadas de esos condimentos (solos de guitarra, riffs, vocalizaciones) que ahora ya se encuentran perfectamente dosificados en este disco. 

TAMBIÉN TE PUEDE INTERESAR: Cailleach Calling – Dreams of Fragmentation (2022)

Especialmente, “We remain” destaca como la más peculiar del álbum, con un estilo y paisaje sonoro que parece pensado especialmente para sus invitados de lujo, ya que en mi oído guarda parentesco con el sonido de los grupos de donde ellos, Farida Lemouchi y Gottfrid Ahman, provienen. El comienzo cadencioso, emocionante como sólo la voz única de la ex vocalista de The Devil’s Blood y actual Molassess sabe expresar, más el solo de guitarra del ex In Solitude (también fue guitarrista en vivo de Watain), transforman la canción en la obra más personal del disco, un tanto emparentada con la ya archiconocida “They rode on”

Los dos tracks restantes son mis preferidos del álbum, y los que combinan estupendamente los dos estilos compositivos antes mencionados… para mí “Not sun nor man nor god” oficia de sentida intro de teclas para la bellamente belicosa “Before the cataclysm”, una oda bestial que dispara a mansalva contra todos, entre riffs y dobles bombos implacables, y tomando aire en pasajes rítmicos a lo Bathory que conducen la canción por senderos cambiantes que se entrecruzan ajustadamente con la dosis de violencia esperada. 

Finalmente, “Septentrion” cierra la placa con una cabalgata memorable, de esas que te dejan bien arriba, sediento de sangre. Una canción redonda, que galopa tras la huella de los grandes exponentes suecos de la primera ola del estilo. Guitarra, batería y voz corriendo imparables y a la par, con un corte al medio que reagrupa el sonido en un remolino, dando pie a los solos, machaques y repiques que conducen con elegancia hacia el final del camino, de la canción y del disco.

TAMBIÉN TE PUEDE INTERESAR: Faceless Entity – The Great Anguish of Rapture (2022)

“The Agony & Ecstasy of Watain” es el primer disco que graban con su formación de banda en vivo, y el resultado es sólido como la roca. Watain no es una banda compleja que busca erudición. Es un grupo que busca efectividad, que busca perpetuar la emoción, la intención… y aquí, el objetivo es alcanzado limpiamente. Las letras, difícil tarea la de mantenerlas frescas y ricas teniendo en cuenta la exigencia de un grupo cómo éste en cuanto a la preservación del espíritu mismo de su black metal, brillan como siempre con poesía blasfema y vueltas de tuerca que dejo en los oídos del oyente su descubrimiento, ya con el disco en mano.

Con un tour norteamericano de presentación oficial de este disco (y después de dos años de reclusión “plandémica”) arrancado de cuajo por las autoridades yankees hace un mes nomás, el grupo ha sufrido un golpe brutal, una esperada oposición a una expresión artística que busca conflicto y que siempre, cuando es llevada a cabo honestamente, solamente puede engendrar problemas a donde sea que llegue. Esto es virtud para Watain, y virtud es éste álbum en el que han destilado la más fina esencia de un linaje de sangre y muerte destinado al orgullo y a la arrogancia: un puñado de canciones donde la identidad del grupo ha obtenido, hasta ahora, su ofrenda emblema.

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Watain
The Agony & Ecstasy of Watain (2022)
Nuclear Blast

Tracklist:

01. Ecstasies in Night Infinite
02. The Howling
03. Serimosa
04. Black Cunt
05. Leper’s Grace
06. Not Sun Nor Man Nor God
07. Before the Cataclysm
08. We Remain
09. Funeral Winter
10. Septentrion




Por: Fernando Serani (MetalEyeWitness.com)

Séptimo disco de estudio para Watain, los más odiados del Extremo Norte. O uno de los grupos de black metal más controversiales de la escena, mejor dicho, amados y odiados por partes iguales. Dos pasiones opuestas que se encuentran en un punto de partida común: la credibilidad. Porque en el black metal, la credibilidad y la calidad musical están a la misma altura. ¿O no? Puesta en tela de juicio por los que los odian, esa credibilidad es defendida a rajatabla por quienes los aman. 

Para el que escribe, Watain es un grupo de black metal ortodoxo que ha sabido labrar su propio sonido y, por sobre todas las cosas, que sabe manejar la controversia para su propio beneficio, como debe ser. En mi opinión, una agrupación (de las escasas), que forjaron exitosamente una aleación propia de credos, creencias y la expresión artística idónea. De los contados con los dedos de la mano que siguen la solitaria tradición de estar comprometidos con lo expresado a través de su arte, el Metal Negro en espíritu y carne.

Pero la mayoría de los que están leyendo estas líneas ya saben de qué va Watain… Lo importante ahora es cómo han invertido estos dos años y pico de párate mundial para terminar de darle forma a esta nueva entrega discográfica. Por fortuna y ya a primera oída, “The Agony…”, con su título de película del Viejo Oeste, me conquistó y cubrió todos los casilleros que su predecesor, a mi gusto, no había hecho. En este nuevo opus, la horda de Uppsala ha sabido balancear mejor que nunca (hasta tanto me animo de decir), su universo sonoro.

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A las canciones infaltables, inflamables de guitarras zumbantes y baterías marciales y letras escupidas con odio por Erik Danielsson, se le acopla perfectamente esa “otra variedad” compositiva en la que la banda se viene especializando desde “Sworn to the Dark”: las piezas de melódica melancolía, de nostalgia negra venida de un pasado metálico donde se cimentaron los gustos de muchos de los que ya pasamos hace rato los 40.

En el rubro de las infaltables piezas virulentas, salvajes y ortodoxas, tenemos a “The howling”, “Ecstasies in the night infinite”, “Black cunt”, “Leper’s grace” y “Funeral winter”, aunque esta vez se me ocurre encontrarles cambios de ritmo y pequeños arreglos que las emparentan también con las del otro lote. Esas pinceladas melódicas, guiños y cortes musicales enraizados en los ‘90s, años que han encontrado en Suecia a los más grandes exponentes del metal negro, y que sin duda han dejado su marca en los miembros de Watain. Pequeños detalles que hoy, hacen a los temas más brutales de la banda diferentes y más ricos que los del mismo tenor de los primeros discos.

En el segundo rubro, tenemos las canciones en las que estos músicos han crecido enormemente, las que llamé anteriormente “de melódica melancolía”. Esta cualidad se hace presente sin ir en detrimento de su negra matriz, por supuesto. “Serimosa” y “We remain” primero, siguen una línea de épica memorable que había explotado anteriormente en algunas piezas de Lawless Darkness y The Wild Hunt, discos donde estas cualidades ya brillaban. Canciones largas, emotivas, oscurísimas, bañadas de esos condimentos (solos de guitarra, riffs, vocalizaciones) que ahora ya se encuentran perfectamente dosificados en este disco. 

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Especialmente, “We remain” destaca como la más peculiar del álbum, con un estilo y paisaje sonoro que parece pensado especialmente para sus invitados de lujo, ya que en mi oído guarda parentesco con el sonido de los grupos de donde ellos, Farida Lemouchi y Gottfrid Ahman, provienen. El comienzo cadencioso, emocionante como sólo la voz única de la ex vocalista de The Devil’s Blood y actual Molassess sabe expresar, más el solo de guitarra del ex In Solitude (también fue guitarrista en vivo de Watain), transforman la canción en la obra más personal del disco, un tanto emparentada con la ya archiconocida “They rode on”

Los dos tracks restantes son mis preferidos del álbum, y los que combinan estupendamente los dos estilos compositivos antes mencionados… para mí “Not sun nor man nor god” oficia de sentida intro de teclas para la bellamente belicosa “Before the cataclysm”, una oda bestial que dispara a mansalva contra todos, entre riffs y dobles bombos implacables, y tomando aire en pasajes rítmicos a lo Bathory que conducen la canción por senderos cambiantes que se entrecruzan ajustadamente con la dosis de violencia esperada. 

Finalmente, “Septentrion” cierra la placa con una cabalgata memorable, de esas que te dejan bien arriba, sediento de sangre. Una canción redonda, que galopa tras la huella de los grandes exponentes suecos de la primera ola del estilo. Guitarra, batería y voz corriendo imparables y a la par, con un corte al medio que reagrupa el sonido en un remolino, dando pie a los solos, machaques y repiques que conducen con elegancia hacia el final del camino, de la canción y del disco.

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Con un tour norteamericano de presentación oficial de este disco (y después de dos años de reclusión “plandémica”) arrancado de cuajo por las autoridades yankees hace un mes nomás, el grupo ha sufrido un golpe brutal, una esperada oposición a una expresión artística que busca conflicto y que siempre, cuando es llevada a cabo honestamente, solamente puede engendrar problemas a donde sea que llegue. Esto es virtud para Watain, y virtud es éste álbum en el que han destilado la más fina esencia de un linaje de sangre y muerte destinado al orgullo y a la arrogancia: un puñado de canciones donde la identidad del grupo ha obtenido, hasta ahora, su ofrenda emblema.

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