

8 años, 2 meses y 20 días transcurrieron desde la anterior visita de Obituary a nuestro país. En aquella ocasión, el venue fue el ya conocido Uniclub, ubicado en el Abasto. 35 años de “Cause of Death“ fueron la excusa perfecta para que vuelvan a visitarnos y, por supuesto, dijimos presente.
Si bien el show inicialmente había sido anunciado para el 19 de febrero de 2025, una mañana de noviembre nos desayunamos con un comunicado por parte de la banda donde informaban que la gira por esta parte del mundo debía posponerse. Tuvimos que prolongar la manija un año más, pero la espera valió totalmente la pena.
La locación inicialmente era el conocidísimo por todos “El Teatrito” de Congreso; pero como comenté más arriba, la ansiedad era tal que se agotaron las localidades y hubo que reubicar a los de Tampa, Florida, a otro barrio porteño; en esta ocasión, pasando al “Teatro Flores”, que tiene amantes y detractores por igual.
Son muchas y diversas las opiniones en cuanto al recinto de Av. Rivadavia y Pergamino: para algunos suena bien dependiendo de la banda; para otros, dependiendo del sonidista; para otros, rara vez suena bien. No quiero dejar de mencionar esto porque los encargados de abrir la noche fueron los muchachos de Morferus, quienes ya se hicieron un nombre en la escena local extrema. No es la primera vez que tienen el placer de abrir para Obituary: ya habían dado el puntapié inicial en 2017. Como es sabido, sus interpretaciones están basadas en asesinos seriales y psicópatas de nuestra historia argentina, como por ejemplo: los hermanos Schoklender, el “Petiso Orejudo”, Barreda y Yiya Murano, entre otros inefables pero interesantes personajes.
Cuando utilizo la palabra “interesantes”, me refiero al hecho de conocer qué los llevó a cometer tales atrocidades; algunos reincidieron y otros no (Barreda y Schoklender). Ver a Morferus en vivo es la interpretación que hacen al contarnos estas historias, a veces en primera, otras en tercera persona, pero siempre desde un lado visceral y crudo como el Death Metal mismo. Después de todo, el género se trata de eso, ¿o no?
Si hay algo que siempre me llamó la atención es por qué las bandas soporte, en el 90% de los casos, siempre suenan por debajo del nivel estipulado, ya sea en cuanto a volumen o en calidad de sonido. No sé de qué o de quiénes depende esto que destaco, pero es algo que pasa desde siempre, sin importar dónde sea la fecha. Dicho esto, desde mi punto de vista, la ejecución de Morferus fue directa y al hueso como las historias que cuentan en sus letras; se los nota una banda muy ajustada y con mucho ensayo. Destaco el hecho de que Leandro haya llamado a su padre para interpretar juntos una canción: dos generaciones de amantes del Heavy Metal en el mismo escenario; pasado, presente y futuro. Morferus fue una muy buena elección para dejar al público expectante por el plato principal.
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Entre charla va y bebida viene, pasaron casi cuarenta minutos para que las luces se apagaran, el telón rojo sangre del Teatro Flores se abriera y pudiéramos ver a Terry Butler en bajo, Trevor Peres y Kenny Andrews en guitarras, y al grandísimo Donald Tardy con pantalones que simulaban ser la bandera de Estados Unidos, tal como usa Apollo Creed en Rocky III. Salieron en formato cuarteto para interpretar el ya conocido instrumental “Redneck Stomp”, de su disco “Frozen in Time“ de 2005, intro que se repite hace muchísimos años en sus vivos.
Desde el primer machaque y golpe de tacho el sonido fue demoledor, cosa que se mantuvo toda la velada. La siguiente canción sí haría que aparezca y se ovacione a John Tardy, siendo esta “Sentence Day”, seguida de “A Lesson in Vengeance”, ambas del disco homónimo de 2017. Junto con las mencionadas anteriormente sumaron “The Wrong Time”, única elegida de su más reciente lanzamiento que data del 2023, titulado “Dying of Everything“.
El ida y vuelta entre “los de abajo” y “los de arriba” de las tablas era contagioso canción tras canción; a los cinco músicos se los notaba cómodos y felices de haber vuelto por estos pagos. Leer la palabra “felices” en una reseña de un show de una banda de este estilo debe ser medio raro, lo sé, pero los que estuvieron ahí no me dejan mentir: las expresiones en sus caras eran de felicidad al ver que seguimos tarareando y cantando los riffs y los solos.
El 19 de septiembre de 1990 ve la luz en las bateas de EE. UU. el disco que está cumpliendo 35 años: “Cause of Death“, el segundo disco de los norteamericanos. “Slowly We Rot” había sido un debut excelente, pero el cumpleañero en cuestión reafirmó el sonido denso, bien riffero y que iba muy en serio. Podría dividir el set en tres partes: la primera mencionada anteriormente y la segunda haciendo casi todos los temas del disco vinieron a festejar. Digo casi porque, por algún motivo que desconozco, omitieron “Find the Arise” y “Memories Remain”, pero no fue excusa para dejar de disfrutar los clásicos que queríamos volver a escuchar. Tal como en el larga duración, hicieron en orden “Infected” y “Body Bag”, para después desordenar un poco la lista y continuar con la canción título y el cover de Celtic Frost, “Circle of the Tyrants”, que en manos de Obituary suena en una versión muchísimo más pesada. Esta segunda parte del set culminó con los aclamadísimos “Chopped in Half” y “Turned Inside Out”. Repito: era tal la felicidad con la que se los veía que, en un momento, el dueño de los parches, Donald Tardy, sacó un cocodrilo inflable y lo tiró al público buscando la complicidad y las risas de los presentes.
El parate no llegó ni a cinco minutos para que volvieran a calzarse sus respectivos instrumentos y darle un cierre a esta gloriosa noche con dos clasicazos como son “I’m in Pain”, de “The End Complete”, y el esperadísimo “Slowly We Rot”.
Espero que no tengamos que esperar casi una década para volver a disfrutar de estos históricos del Death Metal; tanto ellos como nosotros nos dimos cuenta de que la comunión banda-público sigue intacta.


8 años, 2 meses y 20 días transcurrieron desde la anterior visita de Obituary a nuestro país. En aquella ocasión, el venue fue el ya conocido Uniclub, ubicado en el Abasto. 35 años de “Cause of Death“ fueron la excusa perfecta para que vuelvan a visitarnos y, por supuesto, dijimos presente.
Si bien el show inicialmente había sido anunciado para el 19 de febrero de 2025, una mañana de noviembre nos desayunamos con un comunicado por parte de la banda donde informaban que la gira por esta parte del mundo debía posponerse. Tuvimos que prolongar la manija un año más, pero la espera valió totalmente la pena.
La locación inicialmente era el conocidísimo por todos “El Teatrito” de Congreso; pero como comenté más arriba, la ansiedad era tal que se agotaron las localidades y hubo que reubicar a los de Tampa, Florida, a otro barrio porteño; en esta ocasión, pasando al “Teatro Flores”, que tiene amantes y detractores por igual.
Son muchas y diversas las opiniones en cuanto al recinto de Av. Rivadavia y Pergamino: para algunos suena bien dependiendo de la banda; para otros, dependiendo del sonidista; para otros, rara vez suena bien. No quiero dejar de mencionar esto porque los encargados de abrir la noche fueron los muchachos de Morferus, quienes ya se hicieron un nombre en la escena local extrema. No es la primera vez que tienen el placer de abrir para Obituary: ya habían dado el puntapié inicial en 2017. Como es sabido, sus interpretaciones están basadas en asesinos seriales y psicópatas de nuestra historia argentina, como por ejemplo: los hermanos Schoklender, el “Petiso Orejudo”, Barreda y Yiya Murano, entre otros inefables pero interesantes personajes.
Cuando utilizo la palabra “interesantes”, me refiero al hecho de conocer qué los llevó a cometer tales atrocidades; algunos reincidieron y otros no (Barreda y Schoklender). Ver a Morferus en vivo es la interpretación que hacen al contarnos estas historias, a veces en primera, otras en tercera persona, pero siempre desde un lado visceral y crudo como el Death Metal mismo. Después de todo, el género se trata de eso, ¿o no?
Si hay algo que siempre me llamó la atención es por qué las bandas soporte, en el 90% de los casos, siempre suenan por debajo del nivel estipulado, ya sea en cuanto a volumen o en calidad de sonido. No sé de qué o de quiénes depende esto que destaco, pero es algo que pasa desde siempre, sin importar dónde sea la fecha. Dicho esto, desde mi punto de vista, la ejecución de Morferus fue directa y al hueso como las historias que cuentan en sus letras; se los nota una banda muy ajustada y con mucho ensayo. Destaco el hecho de que Leandro haya llamado a su padre para interpretar juntos una canción: dos generaciones de amantes del Heavy Metal en el mismo escenario; pasado, presente y futuro. Morferus fue una muy buena elección para dejar al público expectante por el plato principal.
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Entre charla va y bebida viene, pasaron casi cuarenta minutos para que las luces se apagaran, el telón rojo sangre del Teatro Flores se abriera y pudiéramos ver a Terry Butler en bajo, Trevor Peres y Kenny Andrews en guitarras, y al grandísimo Donald Tardy con pantalones que simulaban ser la bandera de Estados Unidos, tal como usa Apollo Creed en Rocky III. Salieron en formato cuarteto para interpretar el ya conocido instrumental “Redneck Stomp”, de su disco “Frozen in Time“ de 2005, intro que se repite hace muchísimos años en sus vivos.
Desde el primer machaque y golpe de tacho el sonido fue demoledor, cosa que se mantuvo toda la velada. La siguiente canción sí haría que aparezca y se ovacione a John Tardy, siendo esta “Sentence Day”, seguida de “A Lesson in Vengeance”, ambas del disco homónimo de 2017. Junto con las mencionadas anteriormente sumaron “The Wrong Time”, única elegida de su más reciente lanzamiento que data del 2023, titulado “Dying of Everything“.
El ida y vuelta entre “los de abajo” y “los de arriba” de las tablas era contagioso canción tras canción; a los cinco músicos se los notaba cómodos y felices de haber vuelto por estos pagos. Leer la palabra “felices” en una reseña de un show de una banda de este estilo debe ser medio raro, lo sé, pero los que estuvieron ahí no me dejan mentir: las expresiones en sus caras eran de felicidad al ver que seguimos tarareando y cantando los riffs y los solos.
El 19 de septiembre de 1990 ve la luz en las bateas de EE. UU. el disco que está cumpliendo 35 años: “Cause of Death“, el segundo disco de los norteamericanos. “Slowly We Rot” había sido un debut excelente, pero el cumpleañero en cuestión reafirmó el sonido denso, bien riffero y que iba muy en serio. Podría dividir el set en tres partes: la primera mencionada anteriormente y la segunda haciendo casi todos los temas del disco vinieron a festejar. Digo casi porque, por algún motivo que desconozco, omitieron “Find the Arise” y “Memories Remain”, pero no fue excusa para dejar de disfrutar los clásicos que queríamos volver a escuchar. Tal como en el larga duración, hicieron en orden “Infected” y “Body Bag”, para después desordenar un poco la lista y continuar con la canción título y el cover de Celtic Frost, “Circle of the Tyrants”, que en manos de Obituary suena en una versión muchísimo más pesada. Esta segunda parte del set culminó con los aclamadísimos “Chopped in Half” y “Turned Inside Out”. Repito: era tal la felicidad con la que se los veía que, en un momento, el dueño de los parches, Donald Tardy, sacó un cocodrilo inflable y lo tiró al público buscando la complicidad y las risas de los presentes.
El parate no llegó ni a cinco minutos para que volvieran a calzarse sus respectivos instrumentos y darle un cierre a esta gloriosa noche con dos clasicazos como son “I’m in Pain”, de “The End Complete”, y el esperadísimo “Slowly We Rot”.
Espero que no tengamos que esperar casi una década para volver a disfrutar de estos históricos del Death Metal; tanto ellos como nosotros nos dimos cuenta de que la comunión banda-público sigue intacta.










