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Buzzcocks en Barcelona: “Orgasmos y Harmonia”
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Toda una institución desde 1976 en el seno del punk británico, en su variante más poppie bailable, y que hace unos siete años se quedó sin su fundador Pete McNeish, aka Pete Shelley, tomando Steve Diggle la voz cantante que ya compartía junto a Shelley desde 1978 cuando entró en la banda.

En esta ocasión, vuelven a Catalunya amparados en su gira de 50 aniversario, además de presentarnos su doceavo álbum Attitude Adjustment (2026), en una sala Salamandra que también anda celebración, veinte en su caso, al igual que el Let’s Festival que organizan desde el 96 durante el mes de marzo, y que se inició el día 6 con el fenómeno vasco, Ezezez, y que finalizará el 27 con los indies valencianos de La Habitación Roja, y en el que han sido incluidos los de Bolton, Manchester. Que no cumplieron con aquello de la puntualidad inglesa, o británica, a pesar de que fueron tan solo cinco minutos los que se demoraron con su apertura introductoria del “Also Sprach Zarathustra, Op.30” de Richard Strauss, conocida popularmente por ser el tema principal del icónico film de Stanley Kubrick, 2001: A Space Odyssey. Y tras la cual apareció en escena el cuarteto con efusivo recibimiento de una sala que no acabó de llenarse del todo, como si lo hizo hace unas semanas con los dioses del Euskal Metal, Su Ta Gar, en mi última visita a este local con unas setecientas personas de aforo.

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 Diggle gritó Barcelona a pulmón, para seguidamente poner su harmónica entre sus labios para abrir con una de sus composiciones más populares, “What Do I Get?”. Siguieron con “I Don’t Mind”, único extracto de su Another Music In a Different Kitchen (1978), que se quedó algo corta en cuanto a coros se refiere, al ser únicamente el guitarrista Mani Perazzoli el encargado de apoyar en las voces a Diggle, que ahora le toca lidiar con todo el peso vocal, así como esos escuetos solos de guitarra. Mientras que la sección rítmica compuesta por Danny Farrant, y Chris Remington se concentran exclusivamente en sus instrumentos, siendo el público presente el encargado de llenar esos juegos corales imprescindibles en las composiciones de Buzzcocks.

Sin descanso alguno, presentó la tintineante y encantadora “Everybody’s Happy Nowadays”, seguida por una del nuevo disco, ese fantástico corte dedicado a los reality shows titulado “Queen of Scene”. Se saltaron “Senses Out of Control” de su setlist para hablarnos de esas numerosas ciudades enfermas, “Sick City Sometimes”, esta, desde su disco homónimo del 2003. Otra de las nuevas fue una interminable “Seeing Daylight”, seguida por una versión extralarga de “Bad Dreams”, en la que Diggle susurra, y puntea su Telecaster de forma disonante y discordante, sobre una base guitarrera monocorde.

Enormemente coreada por el respetable fue la relajada “Why Can’t I Touch It”. Más coros y palmas en “Destination Zero”, no sin antes preguntarnos “¿Estáis listos para rockear?”, un tema que se vio alterado por los problemas de Mani con su guitarra, colgándose al hombro la Rickenbacker de Steve, y recuperando la suya para la siguiente de la lista, “Love You More”. 

Los primeros pogos no llegaron hasta la interpretación de la potente “Orgasm Addict”, y también con “Manchester Rain” del Sonics in the Soul (2022), aunque algo menos violentos. Tras la clásica “Promises”, y soltar un We Love You Barcelona, llegaría un prematuro, pero merecido descanso de unos tres o cuatro minutos, mientras el roadie se dedicaba a probar las guitarras eléctricas, y la guitarra acústica, aparte de arengar al personal para que reclamáramos el retorno del cuarteto a escena.

Siguieron saltándose el guion, ahora con Diggle en solitario, que aprovecho para cambiarse la camisa blanca que lucía, por una camiseta rallada, y agarrar la guitarra acústica para interpretar la canción protesta “All Gone to War”, que sonó hasta mejor que en el disco sin esos golpeos tan perturbadores, a pesar de finalizarla en formato trio, pero de forma distinta a la versión realizada en estudio. Retomaron los ritmos más bailables con su último single “Poetic Machine Gun”, otra de su Attitude Adjustment, para acto seguido retroceder en el tiempo con un par de temas de su EP debut, Spiral Cratch del 1977, “Time’s Up”, y la satírica “Boredom”, e incluida en la BSO de la película Ghostbusters: Afterlife.

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Otra sorpresa, fuera del repertorio habitual, fue la inclusión de “Why She’s a Girl From the Chainstore”, un sencillo de 1980. A la que siguieron “Chasing Rainbows/Modern Times” del The Way (2014), y la novedosa y reiterativa “Break That Ball and Chain” es una especie de homenaje a la Motown a toque de pandereta, que Steve pasea por delante de las primeras filas para que la golpeen con el puño, o la palma de la mano. 

Y así llegamos a su gran mega hit, el “Ever Fallen in Love (With Someone You Shouldn’t’ve?”, con el que llega la locura. Parecía que se marchaban con “Harmony in My Head”, para el que nos pidió que saltáramos hasta tocar el techo, y prender las luces de la sala de L’Hospitalet de Llobregat hacia el final de esta canción que incluyo un largo solo de guitarra, seguido por un palmeo general. Aunque era el final apoteósico perfecto y habitual en ellos, los de Bolton decidieron hacer la pieza que cierra el último disco, la lenta “The Greatest of Them All” dedicada a la crisis habitacional en el Reino Unido, y que tiene un rollo Patti Smith, con ese aire algo hippie, que tanto odian los punks, y que estaba situada en posiciones anteriores en el listado de temas. 

Pues nada, un notable show de aproximadamente hora y media, con mucha carne fresca, demostrando el buen estado compositivo de Steve Diggle a sus setenta años de edad, así que parece que hay cuerda para rato para estos veteranos del punk. Ese mismo día, sábado, nos enterábamos de la muerte del guitarrista galés Phil Campbell, exMotörhead a los sesenta y cuatro, del que no hubo ninguna referencia desde el escenario para mi sorpresa, al menos. 


 

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Buzzcocks en Barcelona: “Orgasmos y Harmonia”
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Toda una institución desde 1976 en el seno del punk británico, en su variante más poppie bailable, y que hace unos siete años se quedó sin su fundador Pete McNeish, aka Pete Shelley, tomando Steve Diggle la voz cantante que ya compartía junto a Shelley desde 1978 cuando entró en la banda.

En esta ocasión, vuelven a Catalunya amparados en su gira de 50 aniversario, además de presentarnos su doceavo álbum Attitude Adjustment (2026), en una sala Salamandra que también anda celebración, veinte en su caso, al igual que el Let’s Festival que organizan desde el 96 durante el mes de marzo, y que se inició el día 6 con el fenómeno vasco, Ezezez, y que finalizará el 27 con los indies valencianos de La Habitación Roja, y en el que han sido incluidos los de Bolton, Manchester. Que no cumplieron con aquello de la puntualidad inglesa, o británica, a pesar de que fueron tan solo cinco minutos los que se demoraron con su apertura introductoria del “Also Sprach Zarathustra, Op.30” de Richard Strauss, conocida popularmente por ser el tema principal del icónico film de Stanley Kubrick, 2001: A Space Odyssey. Y tras la cual apareció en escena el cuarteto con efusivo recibimiento de una sala que no acabó de llenarse del todo, como si lo hizo hace unas semanas con los dioses del Euskal Metal, Su Ta Gar, en mi última visita a este local con unas setecientas personas de aforo.

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Sin descanso alguno, presentó la tintineante y encantadora “Everybody’s Happy Nowadays”, seguida por una del nuevo disco, ese fantástico corte dedicado a los reality shows titulado “Queen of Scene”. Se saltaron “Senses Out of Control” de su setlist para hablarnos de esas numerosas ciudades enfermas, “Sick City Sometimes”, esta, desde su disco homónimo del 2003. Otra de las nuevas fue una interminable “Seeing Daylight”, seguida por una versión extralarga de “Bad Dreams”, en la que Diggle susurra, y puntea su Telecaster de forma disonante y discordante, sobre una base guitarrera monocorde.

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Los primeros pogos no llegaron hasta la interpretación de la potente “Orgasm Addict”, y también con “Manchester Rain” del Sonics in the Soul (2022), aunque algo menos violentos. Tras la clásica “Promises”, y soltar un We Love You Barcelona, llegaría un prematuro, pero merecido descanso de unos tres o cuatro minutos, mientras el roadie se dedicaba a probar las guitarras eléctricas, y la guitarra acústica, aparte de arengar al personal para que reclamáramos el retorno del cuarteto a escena.

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