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Soen en Copenhague: “Del Susurro a la Tormenta Progresiva”

Soen en Copenhague: “Del Susurro a la Tormenta Progresiva”

El género progresivo ha tomado gran protagonismo en la escena de la música pesada. A partir de la década pasada han surgido muchas bandas que interpretan este estilo, mientras que […]

Heaven Shall Burn en Glasgow: “Brutalidad alemana sobre el escenario”

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La banda alemana de metal extremo Heaven Shall Burn emprendió su más reciente gira por Reino Unido y Europa para celebrar el lanzamiento de su nuevo álbum Heimat, publicado en […]

Avatar en Barcelona: “Carpa de pesadillas”

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La gira europea de Avatar recaló el pasado 24 de febrero en Razzmatazz 1, en una noche que, sin colgar el cartel de entradas agotadas, presentó una muy buena entrada […]

Sanguisugabogg en Copenhague: “Death metal sin frenos en el corazón de la capital danesa”

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El death metal, como ya hemos comentado en otras crónicas, está gozando de un resurgimiento en popularidad. Con las bandas clásicas convocando muchos espectadores y bandas nuevas que apuestan al […]

Igorrr en Copenhague: “El arte de mezclar lo imposible y hacerlo sublime”

Igorrr en Copenhague: “El arte de mezclar lo imposible y hacerlo sublime”

La noche del 22 de febrero arrancó un poco demorada de la mano de la banda británica Dvne. Fue a eso de las 19:50 cuando abrieron el show para un […]

Xasthur en Copenhague: “Un Ritual Minimalista de Dolor y Silencio”

Xasthur en Copenhague: “Un Ritual Minimalista de Dolor y Silencio”

Un nombre muy conocido en la escena underground del black metal norteamericano es Xasthur, proyecto solista de Scott Conner. Sacudió la escena a principios de los 2000 con álbumes muy […]

Obituary en Buenos Aires: “Tampa siempre estuvo cerca”

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8 años, 2 meses y 20 días transcurrieron desde la anterior visita de Obituary a nuestro país. En aquella ocasión, el venue fue el ya conocido Uniclub, ubicado en el […]

Powerwolf en Copenhague: “La Noche en que el Lobo Reinó en Dinamarca”

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Un movimiento que volvió a tomar mucha fuerza a fines de los 2010 y principios de esta década fue el Power Metal. Bandas clásicas del género retomaron impulso y se […]

Satan en Barcelona: “Ritos Sacramentales”

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Mítica formación de la New Wave of British Heavy Metal, y del proto thrash/speed metal, que ha tenido una carrera ciertamente rocambolesca, con cambios de nombre en sus inicios, denominándose […]

Avernal en Buenos Aires: “Dando el primer paso”

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El pasado viernes 20 de febrero, Avernal volvió a los escenarios y el lugar elegido fue nuestro querido Uniclub, un recinto que, tanto la banda como el público presente, incluyendo […]


Bad Manners en Barcelona: “A ritmo de ska y locura colectiva”
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La noche comenzó con Rock-A-Fondians, quienes abrieron la velada rindiendo homenaje a los orígenes del ska y el reggae, cimentando el espíritu que dominaría toda la jornada. Su setlist fue una auténtica travesía por la historia musical de la Jamaica post-independencia, una narrativa de resistencia y liberación contada a través del ritmo. Con la urgencia característica del ska clásico, temas como “Stop That Train” marcaron el punto de partida para un recorrido emocional que alcanzó su punto de protesta con “54-46 Was My Number” de Toots and the Maytals, un grito contra la injusticia que resonó con fuerza. La celebración llegó con “I Love The Reggae” de The Pioneers, mientras que la introspección se hizo presente con “You’re Wondering Now”. El cierre, con “Ba Ba Boom” y “Oh Vell Barrabás”, dejó al público vibrando con el mensaje esencial del Caribe: el ritmo como forma de resistencia.

Con su inconfundible silueta y ese magnetismo que desafía al tiempo, Buster Bloodvessel se apoderó del escenario como si el paso de las décadas fuera apenas una anécdota. El líder de Bad Manners no solo canta, sino que encarna el espíritu del ska británico: humor, energía y desparpajo en estado puro. Entre sus gestos característicos, como el célebre sacar de lengua y su constante interacción con el público, Buster se erigió en maestro de ceremonias absoluto, guiando una multitud multigeneracional que respondía con saltos, aplausos y un skanking frenético que no cesó durante todo el espectáculo.

El repertorio fue un auténtico Greatest Hits de Bad Manners, una descarga sin descanso donde cada tema despertaba una ola de euforia colectiva. Clásicos como “Special Brew”, “Walking in the Sunshine” y la entrañable “Lorraine” encendieron el recinto desde los primeros compases. La banda sonó compacta y afilada, con un bajo poderoso de Lee Thompson y una sección de vientos que brilló especialmente en “Just a Feeling” y la combativa “Inner London Violence”. El público, contagiado por la vitalidad del conjunto, respondió con un entusiasmo que hacía retumbar las paredes de la sala, recordando por qué el ska sigue siendo un fenómeno vivo e intergeneracional.

En medio de la vorágine, hubo también espacio para la diversión y la irreverencia que caracterizan al grupo. La mezcla de temas propios con covers llenos de energía mantuvo la intensidad en lo más alto. “My Girl Lollipop”, homenaje a Millie Small, fue una joya para los amantes del ska original, mientras que “Woolly Bully” y “Nee Nee Na Na Na Na Nu Nu” mostraron el costado más humorístico de la banda. La inesperada versión de “Can’t Take My Eyes Off You”, convertida en himno coral, resumió el espíritu de la noche: puro desenfreno y complicidad. A su alrededor, la sala se transformó en un mosaico de estilos —skins clásicos, rude boys y jóvenes curiosos— unidos por el mismo pulso rítmico que hace del two-tone una fiesta sin edad.

El final fue una explosión de energía. Tras “Sally Brown” y “Feel Like Jumping”, el rugido del bajo anunció “Lip Up Fatty”, y el caos se desató. Dos fans saltaron al escenario para improvisar una pequeña torre humana al estilo casteller, en una escena tan surrealista como simbólica. Lejos de incomodarse, Buster Bloodvessel celebró la anarquía con una sonrisa, integrando el momento en el propio espectáculo. La banda regresó para un bis delirante con una versión instrumental del “Can Can” de Offenbach, que cerró la noche entre saltos, risas y sudor. Bad Manners demostraron una vez más que no son solo una banda, sino una institución del ska: un torbellino de humor, energía y libertad que convierte cada concierto en una celebración colectiva e irrepetible.

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Bad Manners en Barcelona: “A ritmo de ska y locura colectiva”
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La noche comenzó con Rock-A-Fondians, quienes abrieron la velada rindiendo homenaje a los orígenes del ska y el reggae, cimentando el espíritu que dominaría toda la jornada. Su setlist fue una auténtica travesía por la historia musical de la Jamaica post-independencia, una narrativa de resistencia y liberación contada a través del ritmo. Con la urgencia característica del ska clásico, temas como “Stop That Train” marcaron el punto de partida para un recorrido emocional que alcanzó su punto de protesta con “54-46 Was My Number” de Toots and the Maytals, un grito contra la injusticia que resonó con fuerza. La celebración llegó con “I Love The Reggae” de The Pioneers, mientras que la introspección se hizo presente con “You’re Wondering Now”. El cierre, con “Ba Ba Boom” y “Oh Vell Barrabás”, dejó al público vibrando con el mensaje esencial del Caribe: el ritmo como forma de resistencia.

Con su inconfundible silueta y ese magnetismo que desafía al tiempo, Buster Bloodvessel se apoderó del escenario como si el paso de las décadas fuera apenas una anécdota. El líder de Bad Manners no solo canta, sino que encarna el espíritu del ska británico: humor, energía y desparpajo en estado puro. Entre sus gestos característicos, como el célebre sacar de lengua y su constante interacción con el público, Buster se erigió en maestro de ceremonias absoluto, guiando una multitud multigeneracional que respondía con saltos, aplausos y un skanking frenético que no cesó durante todo el espectáculo.

El repertorio fue un auténtico Greatest Hits de Bad Manners, una descarga sin descanso donde cada tema despertaba una ola de euforia colectiva. Clásicos como “Special Brew”, “Walking in the Sunshine” y la entrañable “Lorraine” encendieron el recinto desde los primeros compases. La banda sonó compacta y afilada, con un bajo poderoso de Lee Thompson y una sección de vientos que brilló especialmente en “Just a Feeling” y la combativa “Inner London Violence”. El público, contagiado por la vitalidad del conjunto, respondió con un entusiasmo que hacía retumbar las paredes de la sala, recordando por qué el ska sigue siendo un fenómeno vivo e intergeneracional.

En medio de la vorágine, hubo también espacio para la diversión y la irreverencia que caracterizan al grupo. La mezcla de temas propios con covers llenos de energía mantuvo la intensidad en lo más alto. “My Girl Lollipop”, homenaje a Millie Small, fue una joya para los amantes del ska original, mientras que “Woolly Bully” y “Nee Nee Na Na Na Na Nu Nu” mostraron el costado más humorístico de la banda. La inesperada versión de “Can’t Take My Eyes Off You”, convertida en himno coral, resumió el espíritu de la noche: puro desenfreno y complicidad. A su alrededor, la sala se transformó en un mosaico de estilos —skins clásicos, rude boys y jóvenes curiosos— unidos por el mismo pulso rítmico que hace del two-tone una fiesta sin edad.

El final fue una explosión de energía. Tras “Sally Brown” y “Feel Like Jumping”, el rugido del bajo anunció “Lip Up Fatty”, y el caos se desató. Dos fans saltaron al escenario para improvisar una pequeña torre humana al estilo casteller, en una escena tan surrealista como simbólica. Lejos de incomodarse, Buster Bloodvessel celebró la anarquía con una sonrisa, integrando el momento en el propio espectáculo. La banda regresó para un bis delirante con una versión instrumental del “Can Can” de Offenbach, que cerró la noche entre saltos, risas y sudor. Bad Manners demostraron una vez más que no son solo una banda, sino una institución del ska: un torbellino de humor, energía y libertad que convierte cada concierto en una celebración colectiva e irrepetible.

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