


La Sala Upload se sentía esa noche como el último bastión de una resistencia olvidada, un refugio de paredes frías donde el vacío inicial, denso y casi físico, amenazaba con devorar las ilusiones de los pocos que nos atrevemos a cruzar el umbral. El silencio inicial era un animal acechante, una sombra que vaticinaba un desastre sin precedentes, pero en cuanto Embersland tomó posiciones, el aire dejó de ser oxígeno para convertirse en pura electricidad estática. No estábamos ante una simple banda, sino ante un ecosistema indomable que ha aprendido a florecer en las grietas del asfalto barcelonés; verlos fue como internarse en un bosque ancestral donde las leyes de la física no aplican y donde el Power Metal se hibrida con lo sinfónico de forma natural. El juego de sus tres voces es un viaje esquizofrénico y delicioso: Will ruge desde las entrañas con unos guturales que parecen extraídos de la roca misma para luego ascender a cielos limpios con una facilidad pasmosa, mientras Clara desborda un poderío operístico que corta el aire como una espada de cristal templada en el fuego de mil fraguas. Repasaron su historia como quien hojea un grimorio de hechizos olvidados, centrando el tiro en ese “The Art of Peace” que suena a gloria benedictina y a madurez bien ganada tras años de lucha contra la industria. Temas como “Strike Back”, “Fatal Obsession” o la melancólica “When I Die” no fueron sólo canciones, sino paisajes sonoros de una arquitectura compleja donde el teclado de Xavi ponía los cimientos y las réplicas vocales para que la melodía no se despeñaba por el precipicio. Son una maquinaria que ya no pide permiso para soñar grande, sino que reclama su trono por derecho propio, demostrando una actitud 100% profesional que nos dejó con los ojos brillantes y la mandíbula en el suelo.
Pero entonces, la noche decidió ponerse a prueba y el destino lanzó sus dados más negros cuando llegó el turno de los valencianos Sylvania. Lo que vivimos fue una epopeya digna de los libros de Tolkien; una lucha fratricida contra una técnica caprichosa que intentó hundir el barco en cada acorde, en cada estrofa. La banda, recién llegada de cabalgar por tierras mexicanas y estadounidenses, lejos de amedrentarse ante el infortunio, se ajustó el peto de cuero y sacó el escudo ante cortes de luz que nos dejaron en penumbras absolutas, convirtiendo la sala en una cueva hostil donde sólo brillaba el acero de las cuerdas. “Purgatorium” y “El Río de los Lamentos” no fueron simplemente interpretadas, fueron defendidas a capa y espada como declaraciones de guerra contra la mala suerte, con la banda capeando un temporal de calamidades que habría quebrado el espíritu de cualquier músico de cristal. Alberto Tramoyeres, el corazón palpitante y motor de esta bestia, actuó como una brújula infalible que no perdió el norte ni cuando la oscuridad total se adueñó del escenario, demostrando por qué es el líder natural de esta formación. A su lado, un colosal Alberto Symon, cuya voz es un cañón diseñado para honrar la lengua de Cervantes, elevaba “Finis Templarii” a una categoría casi mística, proyectando un carisma que llenaba cada rincón de la sala a pesar de las sombras.
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En medio de este vendaval de adversidades técnicas y apagones premonitorios, hubo un momento que rompió la coraza de hierro del concierto y nos recordó por qué el metal es una religión universal: la banda detuvo el tiempo para rendir un tributo cargado de humanidad y gratitud, dedicando unas palabras de fuego a los fans costarricenses que cruzaron medio mundo, desde el corazón de Centroamérica, solo para ser testigos de este ritual en la Ciudad Condal. Ese puente invisible tendido sobre el océano hizo que el cansancio, la baja de los teloneros y los fallos técnicos desaparecieran de un plumazo, recordándonos que esta música no entiende de distancias kilométricas. En el epicentro del caos, Sergio Pinar desató una invocación desde la batería; no fue un solo de cinco minutos, fue un trueno rítmico, un castigo divino a los parches y al doble bombo que despertó a los dioses antiguos y nos fundió a todos en un solo rugido de percusión y gargantas, con Sergio dirigiendo a la hueste de fieles con sus baquetas como si fueran cetros reales.
A pesar de los latigazos del destino, gemas como “La Princesa Prometida”, con Tramoyeres volando sobre el mástil, y “Hechizo de Invierno” brillaron con la luz propia de quienes saben que el metal es, ante todo, resistencia y hermandad. Tramoyeres, en un acto de honestidad brutal, se deshizo en disculpas por los problemas de la noche, confesando su amor por Barcelona, su segunda casa, mientras la base rítmica de Álvaro Chillarón al bajo mantenía el pulso de un concierto que se negaba a morir. El final fue un incendio emocional descontrolado: las melodías sinfónicas de “Tu Calor será mi Luz” y la emblemática y épica “Vivo en tu Memoria” cerraron una velada donde la fe del Power Metal venció al lado oscuro de los cables, los generadores y los fusibles. Sylvania no dio un concierto; sobrevivió a una batalla de desgaste contra los elementos y nos regaló las cicatrices más hermosas en forma de melodía, dejándonos claro que, aunque el escenario se apague y el mundo se desmorone, siempre habrá una guitarra dispuesta a rugir entre las ruinas y una comunidad dispuesta a corear hasta el último aliento.


Viví la apertura del Triumviratum como un acto fundacional: Bóveda del Sol fue la pieza angular que inauguró el ritual sonoro concebido junto a JADE y Moonloop, aprovechando la mística de un eclipse lunar para convertir el Poble Espanyol en un auténtico epicentro de gravedad sideral.
Desde el primer impacto, la formación barcelonesa desplegó un bloque monolítico de space doom que funcionó como un portal de desmaterialización, arrancando con la asfixiante elegancia de “Event Horizon” y expandiéndose hacia las texturas cósmicas de “Traveler Between Worlds”.
Con una presencia escénica robusta y un sonido de baja frecuencia que vibraba físicamente en el cuerpo, ejecutaron piezas como “Orbitual” y “Collective Unconsciousness” sin conceder un solo respiro al silencio, logrando una inmersión total en el vacío astral. Aquel inicio no solo fijó una atmósfera densa y onírica, sino que actuó como el prefacio perfecto de una alquimia épica, culminada con la rotundidad de “Terra Firma”, dejando la sala sumida en un trance absoluto antes de ceder el testigo.
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La atmósfera mutó entonces desde la densidad mineral hacia una expansión oceánica y vibrante con la entrada de Moonloop, como si las paredes se disolvieran para revelar un arrecife de coral bajo un cielo eléctrico. No era una noche cualquiera: celebrábamos veinticinco años de una travesía inquebrantable que ha convertido a la banda en un faro de integridad dentro del metal progresivo.
Con “Zeal” comprendí que no estaba ante un grupo convencional, sino ante un organismo vivo, madurado por décadas de exploración sonora, donde técnica y emoción respiraban al unísono. El regreso tras años de cambios se reflejaba en el rostro de Eric Baulé: la urgencia del fuego contenido y, a la vez, la serenidad de quien ha observado el paso de las estaciones desde el puente de mando.
La música fluyó como una corriente cristalina y feroz; en “Mask”, riffs afilados como obsidiana convivieron con pasajes atmosféricos donde el espíritu de Cynic y Opeth parecía danzar en un rito de purificación. Cada golpe de Raúl Payán fue geometría sagrada en movimiento, mientras Marc Contel y Alexander Nuñez se integraban como raíces que por fin encuentran su tierra.
Con “Arrival” y “Medusa”, la experiencia se volvió casi táctil: la voz de Eric transitó del rugido gutural a la claridad melódica con la naturalidad de quien respira bajo el agua, recordándonos nuestra fragilidad ante una naturaleza madre y verdugo. “New Dark Reality” funcionó como espejo de un presente incierto, y “Megalodon” cayó sobre la sala como una fuerza tectónica, prehistórica e inevitable.
Cuando el peso del abismo parecía definitivo, “Cosmic Matter” nos elevó de nuevo hacia las estrellas, sellando la noche como una espiral orgánica y pura que celebró veinticinco años de coherencia artística.
Bajo la cúpula de la Sala Upload, el tiempo dejó entonces de ser lineal con la entrada de JADE, transformándose en una densidad mineral, en un estrato geológico que se plegaba sobre nosotros. No asistí a una mera ejecución de temas, sino a la exhumación de un monumento: The Stars Shelter fue el cierre de los párpados antes de un sueño febril, una niebla antigua cargada de turba y vacío estelar.
Con “Light’s Blood”, la sala pareció hundirse bajo tierra y la voz de Fiar emergió como un fenómeno atmosférico, oscilando entre la claridad helada y el rugido tectónico. En “Shores of Otherness”, el death metal clásico se funde con un doom introspectivo, recordándome que el jade es frío al tacto, pero guarda un fuego espiritual en su núcleo.
A partir de “Cascade”, el sonido se volvió una marea negra que nos arrastró hacia “Dragged Fears & Drowned Bones”, donde los riffs pesaban como lápidas y la batería resonaba como el martillo de un enterrador. “Ghastly Eyes” y “Darkness in Movement” confirmaron que la propuesta de JADE trasciende la fuerza bruta para explorar estados liminales, reforzados por unas proyecciones visuales que sellaron el pacto ceremonial.
El tramo final descendió hacia lo onírico y lo sagrado: “A Flowery Dream” reveló una belleza macabra y sofisticada, mientras “The Hidden Crypt” actuó como la losa definitiva que clausura el sepulcro. No fue solo un concierto, sino una liturgia completa; salir a la superficie tras semejante experiencia fue como despertar de un entierro ritual, con el espíritu renovado y los oídos aún vibrando con el eco de la piedra.


El 2026 inició de buena manera para lo que al Black Metal se refiere, ya que una de las bandas más interesantes y resonantes del under editó su esperado nuevo álbum el 2 de enero. Me refiero a los austriacos Ellende y a su nuevo trabajo Zerfall, en el cual siguen apostando por crear atmósferas oscuras y melancólicas, que son las verdaderas protagonistas de su música.
Como podemos deducir, no esperaron a que el año avanzara para empezar a trabajar, por lo que el lanzamiento fue acompañado por una gira de presentación. Esta gira los trajo al underground Spillested Stengade, en el corazón de la capital danesa, Copenhague.
El primer acto de apertura fue Firtan, grupo alemán de Black Metal pagano. La particularidad del grupo es que cuentan con una violinista entre sus filas, quien, dicho sea de paso, colaboró en el disco de los headliners. El concierto gozó de un sonido compacto y comprimido. Parecía como si los instrumentos no terminaran de explotar o de dar todo su potencial. Aclaro que esto era una cuestión de apreciación sonora y no estaba relacionado con la ejecución.
Los músicos contaban con muy poco espacio para moverse, por lo que se limitaron a interpretar las canciones, quietos en su lugar. Esto, si bien es entendible, hizo que la presentación resultara algo redundante. El final del concierto fue lo más llamativo, ya que uno de los guitarristas tomó un violín y finalizaron el show con un dúo de violines.
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Llegó el turno de Karg, también austriacos. En sus filas cuentan con el vocalista de Harakiri for the Sky en voces y bajo, y con el baterista de Ellende. La propuesta se centra en un post black potente y directo. Su particularidad es la inclusión de tres guitarras. Yo no soy simpatizante de esta formación, ya que muchas veces la tercera guitarra sobra. Si bien sentí que esto sucedió en algunos momentos con la guitarra rítmica, en otros se pudo entender bien su función de acompañar al bajo en las bases. Las otras dos guitarras se iban intercambiando punteos etéreos y sonidos más emocionales, que mostraban el costado post hardcore del grupo.
La batería iba llevando un tempo rápido y firme, mientras que, con arreglos en los toms y los platillos, agregaba color a las canciones. La voz principal y los coros sonaron fuertes, claros y contundentes. Aunque, a mi gusto, a la voz principal le faltó un poco de fuerza. Sonaba como si la garganta estuviera cansada.
Con una presentación redonda y convincente, que solo contó con un problema con el bajo hacia el final, Karg demostró que es un proyecto que se sostiene por sí mismo y no por ser la banda de miembros de otro grupo más popular.
Faltando diez minutos para la hora pactada, las luces se apagaron y la intro de la canción que da nombre al álbum comenzó a sonar. Esta musicalizó la entrada de los músicos, quienes se encontraron con el lugar a medio llenar. Esto se debió al comienzo temprano del show, ya que gran parte de la audiencia se encontraba en otro sector del local esperando la hora indicada. Ya al final de la primera canción, la mayoría del público se encontraba disfrutando del espectáculo.
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El concierto comenzó con un desperfecto en la guitarra rítmica, que fue reparado al instante, por lo que no opacó la presentación. El sonido fue muy claro y nítido, pero, por sobre todo, grande. Cada instrumento tenía el espacio suficiente para desarrollarse y escucharse con total claridad: desde el bajo, con un sonido grave y denso de fondo, hasta la guitarra rítmica, que iba llevando el ritmo lento y atmosférico de las canciones.
La guitarra líder fue la gran protagonista, contrastando riffs con trémolo rápidos, sonidos fantasmales y unos solos espectaculares que dejaron a toda la audiencia boquiabierta. La batería sonó potente y muy fuerte, y tener a un baterista tan bueno y particular es casi un pecado si se lo deja atrás en la mezcla. Su singularidad radica en que toca con dos rides y suele hacer juegos entre ambos, en lugar de hacerlo sobre uno solo con las dos manos.
La voz aguda se escuchó muy clara y al frente, pero no fue la protagonista de la noche. Solo aparecía cuando tenía algo que aportar; de lo contrario, los instrumentos iban solos, llevando de viaje al oyente. El setlist hizo foco en su flamante LP, pero también dio lugar a viejos clásicos como “Ballade auf den Tod” y la encargada de cerrar la noche, “Abschied”.
Si bien el show fue corto y apenas duró una hora, fue contundente y dejó conformes a las numerosas personas que acudieron al evento. Ellende supo llevar al vivo la atmósfera y el clima que buscan generar con la escucha del álbum, y eso es una tarea muy difícil de lograr en un género tan melancólico y abrasivo.
Etiquetas: atmospheric black metal, Black Metal, Copenhague, Ellende, Firtan, Karg, Pagan Black Metal, Post-Black metal, Spillestedet Stengade, Zerfall

Las leyendas del rock canadiense Three Days Grace regresaron a Glasgow por primera vez en tres años como parte de la gira de su nuevo álbum Alienation. Con el apoyo de la banda californiana de punk rock Badflower, ambas formaciones ofrecieron un concierto para el recuerdo.
Los encargados de abrir la noche fueron Badflower. Con un sonido que parecía mezclar metal, hard rock, punk y emo, la energía que el cuarteto llevó al escenario fue un arranque perfecto para el show. Su set comenzó con “Drop Dead”, tema incluido en su EP de 2016 Temper. Esta canción directa, combativa y cargada de energía funcionó muy bien como apertura, aunque la mezcla del O2 Academy no le hizo demasiados favores, ya que partes de la banda, como el bajo y las guitarras, sonaban algo apagadas. Afortunadamente, esto mejoró con el siguiente tema, “Number 1”, que sonó bastante más definido.
Como suele ocurrir con muchas bandas teloneras, la respuesta del público puede ser irregular, ya que muchos reservan energías para el cabeza de cartel. Sin embargo, Badflower tuvo la suerte de encontrarse con un público de Glasgow especialmente abierto y acogedor, con la gente aplaudiendo y moviendo la cabeza casi desde el primer momento. Esto se vio reforzado por las constantes interacciones del vocalista Josh Katz tanto con el público de la grada como con el de pista, bromeando con alguien del balcón preguntándole si había pagado entrada extra, o respondiendo a un grito de “¡PENIS!” desde el foso con un irónico “No penes durante la próxima canción, por favor”.
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El momento más destacado de su actuación llegó durante “Stalker”, cuando Katz no solo se lanzó a hacer crowd surfing —al principio de forma algo inestable, pero bastante efectiva—, sino que después se movió por distintas zonas del público de pista mientras seguía tocando. En un momento incluso pareció intentar subir hasta el balcón, aunque aparentemente surgieron algunos problemas con el micrófono. Lejos de ser un inconveniente, esto dio pie a que el batería Antony Sonetti se marcara un impresionante solo de batería de tres minutos, sin interrupciones y cargado de energía. Hubo instantes en los que uno se daba cuenta de que seguía tocando y resultaba genuinamente asombroso lo mucho que consiguió alargarlo.
Katz regresó al escenario para interpretar algunos temas más calmados y cercanos a la balada, como “Heroin” y “Ghost”. Su rango vocal fue realmente destacable, pasando sin esfuerzo del canto suave y limpio a registros más agresivos y punk, e incluso a unos gritos sorprendentemente bien ejecutados. Como teloneros de una de las bandas de hard rock más conocidas del mundo, Badflower tenían el listón muy alto. Aunque al principio parecían algo nerviosos, esos nervios desaparecieron por completo al final del set. Sería muy interesante verlos interactuar con el público como cabeza de cartel, ya que su conexión con la audiencia promete ser especialmente disfrutable.
Las luces del recinto se atenuaron y comenzaron los ya clásicos cánticos de “Here We Fucking Go”. Casi como si estuviera guionizado, las pantallas del escenario mostraron exactamente esas palabras. El público rugió de emoción cuando los miembros de la banda salieron al escenario, acompañados por el vocalista original Adam Gontier, quien recientemente ha regresado al grupo tras haberlo dejado en 2013 por motivos de salud mental. Ahora comparte las voces principales junto a su sustituto de entonces, Matt Walst.
Esta gira marca el lanzamiento de su nuevo álbum Alienation, y el regreso de Gontier ha generado una gran expectación en torno al disco. El concierto arrancó con “Dominate”, tema de apertura de este nuevo trabajo. De forma casi poética, el estribillo incluye el característico “Here We Fucking Go” de Escocia como un canto de fondo con aire de himno. Poco después, Walst y Gontier explicaron que esa parte de la canción está directamente inspirada en sus actuaciones en Glasgow y en escuchar ese cántico del público.
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Manteniendo al público completamente encendido, la banda enlazó directamente con el icónico “Animal I Have Become”, que para muchos —incluyéndome— fue el primer contacto con Three Days Grace. El riff de bajo inicial retumbó por toda la sala y fue recibido con una enorme ovación. Los riffs de guitarra contundentes y el bajo que hacía vibrar el pecho fueron uno de los grandes puntos altos de la noche, mientras todo el público cantaba, movía la cabeza y se dejaba llevar por el groove.
El setlist fue sencillamente excelente. A pesar de tratarse de una gira centrada en el nuevo álbum, el equilibrio entre canciones recientes como “Dominate” y “Mayday” y clásicos de toda su discografía, como “I Hate Everything About You” o la favorita de los fans “Painkiller”, fue perfecto. El público también elevó aún más la actuación, con prácticamente toda la sala cantando tanto los temas más conocidos como los nuevos. Quedó claro que incluso cuando Gontier no formaba parte de la banda, la chispa que hace tan icónicos a Three Days Grace nunca se perdió, lo que da aún más mérito al resto de músicos: el bajista Brad Walst, hermano de Matt Walst; el guitarrista Barry Stock; y el batería Neil Sanderson.
Los cinco miembros se muestran sobre el escenario con una energía vibrante y contagiosa, llena de diversión y buen rollo, que hacía imposible no sonreír cuando sonaban temas como “Animal I Have Become” o “Riot” y todo a tu alrededor era saltos, pogos, crowd surfing, coros y gente simplemente disfrutando. No hay nada peor que un concierto que, aun siendo correcto, no resulta divertido, ya sea por un público apagado, un setlist mediocre o una banda sin chispa. Three Days Grace no tuvo nada de eso. A pesar de haber girado de forma constante incluso sin Gontier, este concierto se sintió como un auténtico regreso a la forma, como si la banda hubiese estado parada durante mucho tiempo.
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Una sorpresa muy bienvenida en la segunda mitad del show fueron los temas más calmados y cercanos a la balada, que demostraron el amplio rango del grupo. En un cambio de tono notable, Gontier salió solo al escenario para interpretar una versión sencillamente excelente de “Creep” de Radiohead. Y, como había ocurrido durante toda la noche, el público cantó cada palabra, llegando incluso a tapar la voz de Gontier en algunos momentos.
Cerrar con “Riot” fue el clímax perfecto para una actuación realmente fantástica. El pogo se abrió en cuestión de segundos y todo el foso saltaba como una masa de camisetas negras y cabezas ya completamente empapadas de sudor. Está claro que Three Days Grace todavía tiene muchísimo que ofrecer a sus fans, y queda esperar que cumplan su promesa de volver a Glasgow todos los años a partir de ahora.
- Badflower
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- Three Days Grace
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Foto de Portada: Damian Muñoz
En el marco de una ola de calor agobiante que envuelve a la Ciudad de Buenos Aires, el sábado 27 de diciembre las huestes assperianas se hicieron presentes en Groove para despedir el año de la mano de las melodías de Asspera.
La apertura de la velada, casi con una puntualidad no propia de la argentinidad a lo largo de toda la noche, estuvo a cargo de ZORRA, mostrando a los presentes una gran Z a la mitad delantera del escenario desde donde partían cintas de seguridad que iban desde ella hasta los micrófonos ubicados en los extremos del escenario.
La banda, con una impronta similar al acto principal de la noche —lo que no podía ser de otra manera al tener entre sus filas al propio cantante de la “A”—, presentó su propuesta durante aproximadamente 40 minutos contando con un público participativo desde el primer momento, lo que permitía presumir cómo se desarrollaría la noche debajo del escenario con el devenir de los minutos.
A esa altura, el lugar se iba poblando lenta, pero incesantemente, con un claro predominio de remeras de los Asspera.
Alrededor de las 20:17, los cuatro integrantes de DARLOTODO subieron al escenario para desplegar su propuesta de nu metal (lo que quedaría claro con la versión de “Falling Away From Me” de Korn). La banda presentó temas de su última producción, “Crisálida”, que vio la luz en octubre de este año. Haciéndole honor al nombre de la banda, la energía desplegada sobre el escenario hizo subir unos cuantos grados la temperatura del recinto, mereciendo destacarse la labor del bajista y del baterista (quien le pegó con un caño de principio a fin). Interesante y recomendable propuesta para los cultores del género.
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A las 21:15 llegó el turno del plato principal. Ante un local prácticamente colmado de su gente, los muchachos de Asspera saltaron sobre las tablas al son de “Viaje al centro de la verga” para dar comienzo a la despedida del año. Casi sin solución de continuidad, uno tras otro, sonaron “Cagón”, “Vecinos de mierda” y “El barrio proveerá”, dando pie a un pogo alegremente descontrolado que se extendió por los cuatro puntos de Groove.
Para dejar en claro su calificativo de metal bizarro, y ese aire entre irónico y cómico, la banda continuó con “La puntita”, con la participación de un gran pene de cartón; “Tarifazo”, con facturas de servicios públicos de montos exorbitantes y correspondientes a empresas con nombres adecuados a la época; “Gorda puerca”, con la incorporación de una rubia vestida para la ocasión; y “Me cago”, donde los protagonistas fueron los rollos de papel higiénico que volaban por el escenario y desde este al público.
Tras esta seguidilla, pudimos escuchar “Berrinche y cuenta nueva”, “El rey celular” (tema de su último álbum y con un celular personificado sobre el escenario) y “Gambeta”, para dar lugar a uno de los momentos de mayor descontrol de la noche: “Marolio”, versión del famoso jingle de la publicidad argentina que dio pie a un pogo que hizo temblar las paredes del recinto.
La noche siguió al compás de “Rotopercutor”, “El Cazita”, “Sin garantía”, “Reverendo HDP” (donde se hizo cargo de las voces 3.14J para darle un aire punk), “Partiendo cabezas” y “La poneta” (con una intro donde sonaron melodías de “Blind” de Korn). Para hacerle honor al título del tema, durante la ejecución de “Sin garantía”, Rockardo Asspero tuvo un tropezón que lo hizo caer sobre sus propias guitarras sin pasar a mayores.
El final del año musical assperiano estuvo a cargo de la consagrada “Hijo de puta” y la versión del tema de Vilma Palma e Vampiros “La pachanga”, donde el Asspero gigante subió para danzar al ritmo de sus acordes, aun a riesgo de un tropezón que no tuvo lugar por suerte para su integridad. El último tema de la noche fue el emotivo “Pogo al corazón”, donde Rockardo bajaría del escenario para tocar junto a los más cercanos a la valla y poner fin al 2025 de la banda.
Los Asspera dejaron el anuncio de que el 6 del 6 del 2026 estarán celebrando el vigésimo aniversario de su disco debut en el Teatro Flores.
Esperemos que lo que el “2026 provea” para todos sea prosperidad y metal.
Etiquetas: asspera, Darlotodo, Metal Bizarro, zorra

Recién salidos del lanzamiento de su nuevo álbum, Another Miracle, Of Mice and Men llegaron a la sala Garage de Glasgow para ofrecer la última fecha de su gira europea como cabezas de cartel. Tras no haber tocado en la ciudad durante un par de años, los fans tenían muchas ganas de ver de nuevo a la banda y escuchar algunos de los temas más destacados de su excelente discografía. Junto a ellos estuvieron dos teloneros de lujo: la banda estadounidense de metalcore con vocalista femenina Gore y el grupo alemán de metalcore industrial GHØSTKID. Entre los tres ofrecieron actuaciones realmente sobresalientes, cada una con su propia identidad, cerrando el año de conciertos de una forma inmejorable.
Los primeros en salir al escenario fueron Gore, una banda que ha ido ganando popularidad de forma constante en los últimos años, llamando la atención por sus paisajes sonoros atmosféricos y envolventes combinados con riffs aplastantes y unas voces sorprendentemente variadas. La cantante Haley Roughton apareció en escena envuelta en un llamativo abrigo de pelo, y comenzó el set llevando al público a una falsa sensación de calma con uno de sus singles más recientes, “Wrath”. Lo que empezó como un tema con claras reminiscencias a Sleep Token terminó golpeándonos de lleno con las impresionantes voces agresivas de Roughton. Esto dejó el listón muy alto para el resto de su set, que lamentablemente fue bastante corto, compuesto por solo seis canciones.
Teniendo en cuenta que actualmente cuentan con menos de una docena de temas publicados oficialmente, Gore han arrancado con fuerza en esta primera etapa de su carrera y todo apunta a que solo pueden ir a más. Aunque la sala aún no estaba llena durante la mayor parte de su actuación, quedó claro que tienen seguidores, y sin duda serán bien recibidos de nuevo en Glasgow más pronto que tarde.
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A continuación fue el turno de GHØSTKID. Al no estar familiarizado con ellos antes del concierto, no sabía muy bien qué esperar. Al ver a los miembros subir al escenario con maquillaje corporal de aspecto fantasmal y ropa oscura y rasgada, pensé que me encontraría con algo cercano al black metal o a un sonido ambiental oscuro. Sin embargo, su tema de apertura, “SUPERNØVA”, resultó ser un auténtico rompecuellos electrónico, frenético y sorprendentemente groovy, que me arrancó una sonrisa de inmediato. Este enfoque más animado y pegadizo cobra sentido al saber que su vocalista, Sebastian “Sushi” Biesler, fue el antiguo frontman de Electric Callboy, banda alemana conocida por mezclar metal con electrónica.
En retrospectiva, esto explica el carácter más bailable y electrónico de su sonido, utilizando elementos techno para reforzar su propuesta, aunque con un tono mucho más oscuro y pesado que el de Electric Callboy. “Hollywood Suicide”, uno de los temas favoritos de los fans, hizo que el público saltara y botara sin parar. A pesar de los riffs agresivos y de los gritos contundentes del vocalista, la música era, sencillamente, muy divertida. Es fácil imaginar estos temas sonando en un club o una fiesta, bailando con una sonrisa en la cara.
Ese espíritu lúdico también se reflejó en el resto de la banda, que no paró de moverse por el escenario e interactuar con el público de primera fila. El momento más destacado del set llegó cuando el bajista Stanislaw Czywil saltó la valla, abrió a la gente para formar un circle pit y dio inicio a “CRØWN” con un riff salvaje y agresivo que puso a toda la sala a girar. Momentos así son los que hacen que las salas pequeñas y de base sean el lugar ideal para los conciertos de metal. La conexión con el público fue pura diversión, sin artificios ni distancias: todos estaban allí para pasarlo bien. El resto del set de GHØSTKID incluyó temas de sus dos discos publicados hasta la fecha, con “YØU & I” destacando especialmente por su energía.
Como se mencionó antes, GHØSTKID es la vía de Biesler para explorar un sonido más oscuro y agresivo en comparación con el mayor énfasis electrónico de Electric Callboy, inclinándose aquí claramente hacia lo más pesado. Esto quedó especialmente claro con “UGLY”, tema que dio lugar al primer gran Wall of Death de la noche. GHØSTKID tienen claramente ese “algo” especial: energía, interacción con el público y un sonido distintivo que apunta a que, sin duda, están hechos para ser cabezas de cartel.
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Por último, fue el turno de Of Mice and Men. Estas leyendas del metalcore de principios de la década de 2010 han publicado música de gran nivel de forma constante a lo largo de los años, y su nuevo álbum sigue esa misma línea, algo que resulta casi reconfortante y nostálgico para sus seguidores. De forma curiosa, a pesar de tratarse de una gira centrada en el nuevo disco, durante el set sonaron más temas del álbum Restoring Force (2014) de lo que cabría esperar. Esto no es una crítica, ya que el repertorio fue excelente, aunque quizá un poco más corto de lo habitual para un cabeza de cartel.
Abrieron con el tema que da título al nuevo disco, “Another Miracle”, un clásico metalcore directo y contundente que muestra a Of Mice and Men en su estado más cómodo y efectivo. El público ya venía bien calentado por los teloneros y lo dio todo desde el primer momento. El rango vocal del cantante Aaron Pauley es innegablemente impresionante, aunque su presencia escénica resultó algo rígida al principio. A medida que avanzó el concierto, se fue soltando y terminó transmitiendo muy buenas sensaciones durante el resto del show.
El diseño del escenario merece tanto elogios como críticas, dependiendo del punto de vista. Como espectador, las luces estroboscópicas y los contraluces crearon un espectáculo visual intenso, emocionante y muy divertido; como fotógrafo, fue un auténtico quebradero de cabeza, pero eso es otra historia. En cualquier caso, fue un despliegue visual innegable por parte de Of Mice and Men. El mosh pit más grande de la noche hasta ese momento se formó con “You Make Me Sick”, de Restoring Force, con crowdsurfers, pogos y cabezas agitándose por toda la sala. “Obsolete” también tuvo una respuesta excelente, con esos estribillos grandes y pegadizos que definen al metalcore y que hicieron cantar a todo el público.
El tono cambió con “Another You”, bajando las revoluciones durante unos minutos antes de volver de lleno a la intensidad con “Troubled Water”, uno de los singles del nuevo disco, y con “O.G. Loko”, tema clásico de 2011 perteneciente a su segundo álbum The Flood. Precisamente “O.G. Loko” desató un mosh pit absolutamente salvaje, que prácticamente ocupó toda la pista y concentró la mayor cantidad de crowdsurfers de la noche. Colocarla como último tema antes del bis fue una decisión acertada de Of Mice and Men, ya que muchos asistentes parecían completamente exhaustos tras semejante descarga de energía.
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El cierre con los favoritos “Bones Exposed” y “SECOND AND SERBING” puso un broche casi cinematográfico a la noche, con el público volcado por última vez con la banda.
Como última fecha de la gira europea, fue un concierto intenso, satisfactorio y muy disfrutable. Of Mice and Men tienen su fórmula perfectamente pulida: son consistentes, efectivos y entretenidos, sin necesidad de reinventarse o experimentar de forma arriesgada. Si te gusta el metalcore clásico de la década de 2010, no dudes en ver a Of Mice and Men en directo en cuanto tengas la oportunidad.
- Of Mice and Men
- Of Mice and Men
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- Of Mice and Men
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- Gore
- Gore
- Gore
- Ghostkid
- Ghostkid
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Madrid, 26 de diciembre de 2025 , Kabrönes llegaba a la capital para cerrar el año, y lo hacía con la autoridad que solo dan los años y el cariño incondicional de una audiencia que nunca los olvidó.
Para entender el fenómeno, hay que remontarse a la génesis del proyecto. Kabrönes nace de la unión de los cuatro pilares fundamentales de la época dorada de Mägo de Oz: José Andrëa, Frank, Carlitos y Salva. Formada para recuperar el espíritu indómito de los años 90 y principios de los 2000, la banda se configuró no como un tributo, sino como la reclamación legítima de un legado por parte de quienes lo crearon. Tras años de caminos separados, la necesidad de reencontrarse con su sonido original y con un público que anhelaba la formación clásica fue el motor que puso en marcha esta maquinaria de folk metal.
El ambiente en los alrededores de Las Ventas ya vaticinaba una noche grande. Con el cartel de “Agotado” colgado desde hace semanas, la expectación era máxima. Resultó conmovedor observar la gran variedad generacional y de género entre los asistentes: desde veteranos que lucían camisetas raídas de la gira de 1998 hasta adolescentes que descubrían por primera vez en vivo la voz de José Andrëa. La propia banda hizo hincapié en este “recorrido de generaciones”, agradeciendo cómo los padres han sabido transmitir ese “veneno” musical a sus hijos.
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Musicalmente, el concierto fue un viaje directo al año 2000. El sentimiento del álbum Finisterra sobrevoló toda la noche. Cuando sonaron los primeros acordes de “Satania” o la épica “Finisterra”, la sala se convirtió en un solo rugido. Se sintió esa energía cruda y mágica de hace dos décadas; la voz de José, recuperada y poderosa, junto a las guitarras gemelas de Frank y Carlitos y el bajo sólido de Salva, devolvieron a Madrid la esencia de una época donde el rock en castellano dominaba las listas.
Uno de los puntos más comentados fue el impecable trabajo de la pantalla trasera. El escenario se vio enriquecido por una serie de fondos que, con un claro toque de Inteligencia Artificial en su creación, mantenían un diseño artístico coherente y fascinante. Los paisajes oníricos y medievales se integraban perfectamente con el ritmo de las canciones, destacando especialmente la animación de un barco pirata que zarpaba hacia el horizonte, un guiño visual que elevó la épica de la actuación.
La velada se convirtió en una reunión de amigos con invitados que aportaron matices memorables: Chema Alonso, el guitarrista original de los inicios de Mägo de Oz, cuya presencia fue un regalo para los más puristas. Juanjo Melero, exmiebro de Sangre Azul demostró por qué es una leyenda de nuestra guitarra, aportando su elegancia habitual en “El Fin del Camino“. Diego Cisneros, en uno de los momentos más emotivos de la noche, el hijo de Sergio Cisneros “Kiskilla” tomó los teclados para rendir un sentido homenaje a su padre y al añorado Fernando Ponce de León. Todo acompañado por fotos de los homenajeados en la pantalla, muy triste y muy bonito. Dani (Lèpoka) que aportó la frescura y el vigor de la nueva hornada de folk metal nacional.
Kabrönes demostró en Madrid que, aunque pasen los años y cambien los nombres, la magia de esas canciones pertenece a quienes las dotaron de alma. Fue, en definitiva, la fiesta que Madrid merecía para despedir el 2025: una fiesta pagana, nostálgica y, por encima de todo, auténtica.
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Mientras se acercaba el fin de año, fecha en donde uno hace balances, come mucho, sufre del calor de la ciudad y ve que la gente está con otro humor, había que estar presente en la fecha “despedida” de la gira por los 30 años del lanzamiento de uno de los discos más memorables y frescos del metal nacional: el mismísimo Espíritu Combativo de Malón. Cabe destacar que el término “despedida” va entrecomillado ya que, según palabras del propio Claudio O’Connor, parecería que esto sigue.
Arribando una hora antes del show, el desfile incesante de remeras negras y grises se contaba de a centenares sobre la Avenida Rivadavia al 7800. El Teatro Flores fue testigo, una vez más, de un show que iba a marcar otro hecho histórico para el pueblo metalero.
Eran las 20:30 cuando ya decidí a entrar al venue en cuestión y ubicarme frente al escenario. La sorpresa fue que la organización o la banda, vaya uno a saber, esta vez no sumó a ningún acto soporte; por lo que, mientras sonaban diferentes canciones del ambiente pesado, este cronista se dedicaba a charlar con amigos y colegas aguardando la salida de los músicos mientras el reloj iba marcando la hora indicada en el flyer publicado.
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Pasados cinco minutos de las nueve de la noche, los miembros fueron ingresando uno a uno llevándose la primera ovación de la noche, entre fotos y gente que iba filmando cada uno de los movimientos para tener ese recuerdito que quizás nunca más vean.
La premisa era clara, repasar el disco completo más algunos extras que se sumaron a los diez temas que integran la placa editada en 1995. Los temas más festejados, obviamente entre otros, fueron “Síntoma de la infección”, “Malón mestizo”, “Gatillo fácil” y “Castigador por herencia”, donde los pogos, si bien no fueron tan grandes ni violentos, tuvieron muy buena recepción por parte de las 1800 o 2000 personas que estuvieron aquella noche. Para el cierre de la primera parte del set, ejecutaron “Fábula del avestruz y el jabalí”, la canción que cierra el álbum.
Todavía quedaba tiempo para más. La segunda parte del show iba a traer canciones del resto de la discografía del cuarteto. En primer lugar sonó “Un cielo rojo”, perteneciente a Oscuro plan del poder (2023); luego llegó “Nido de almas”, del segundo larga duración editado en el 96 (Justicia o Resistencia).
En este tramo hubo un ida y vuelta entre estos discos hasta que llegó un momento que, personalmente, es la parte donde más me aburro de cada show: el solo de batería. Entiendo que los músicos, sobre todo los cantantes, tienen que recuperar las cuerdas vocales, pero es algo que noto innecesario ya que podrían sumar una canción más al setlist. La última tanda de canciones arrancó con “Ancho falso” e “Impulsando el encuentro”, pero el clímax llegó cuando el Tano Romano, interpretó “30.000 plegarias”, tarareada y coreada por todo el teatro.
Tras casi dos horas de shows y sin tanta comunicación con el público, Malón despidió este 2025 con “Grito de Pilagá” e “Hipotecado”, ha sido una larga gira que los llevó por todo el país celebrando el aniversario de uno de los trabajos más emblemáticos de la música. Esta celebración de los 30 años de Espíritu Combativo no fue solo un ejercicio de nostalgia; fue una demostración de vigencia.
Agradecimientos especiales a la producción de AV Producciones y a Nadya por la acreditación para poder traerles esta nueva cobertura.
Etiquetas: Heavy Metal Argentino, Hermetica, Malon, O' Connor, Teatro Flores


Noche de festejo para Vorax. Llegando los últimos días del año 2025, para la banda de Villa Soldati también marcan el final de la gira 25 aniversario de la edición de “Por Sentimiento Pesado”. Fecha especial entonces en el siempre cómodo El Teatrito, con la promesa de algunas sorpresas y una velada plagada de metal argentino.
Último Golpe, Pesadumbre y Malogro fueron las bandas invitadas, quienes ofrecieron sus respectivos sets mientras un interesante número de personas iba nutriendo la sala. El ambiente ya estaba preparado.
Apenas pasadas las 21:30 se abrieron las cortinas del escenario para dar paso a Vorax y canciones que se hilvanan como una declaracion de principios. Para reforzar el mensaje basta con escuchar “Por Sentimiento Pesado”, uno de los temas emblemas de esta agrupación. Esta primera sección del show se completó con “Cuando Mates tus Miedos” del tercer álbum, Guerra Mental.
Vorax son Rubén Martínez en guitarra y voz, de gran manejo escénico; su hermano Walter Martínez tras los parches, con ese toque brutal, siempre a tempo; y completando la formación Ernesto Rodriguez en guitarra y coros; y Matías Basto Solis en Bajo. No extraña que un conjunto con tantos años de trayectoria suene de manera tan ajustada.
Tras algunos saludos continuaron el set con un par de clásicos de Almafuerte… primero “Sentir Indiano” y luego “1999”, ambas de la primera época de la recordada banda. A estos temas les sumaron un par más de su placa debut, “Vicio del Alma” y “Siempre Seré Yo Mismo”.
Tal como habían anunciado desde las redes sociales, ibamos a poder ver varios invitados. El primer turno fue para la guitarrista de La Plata, Valeria Terraz. Gran performance para dar vida al clásico de Hemética “Atravesando Todo Límite”, aunque en una versión más cercana a la que solía ejecutar Almafuerte. Valeria se retiró muy aplaudida y dio paso a otro invitado, esta vez en los teclados. Fue el turno de Gabriel Fajardo de Tándem, quien se acopló para una versión de “Estigmas”, perteneciente a La Oscuridad, el segundo LP.
El siguiente invitado fue quizás quien se llevó las mayores ovaciones de la noche… es que Larry Zavala no precisa introducción, toda una institución dentro del Metal Pesado argentino. El experimentado vocalista sumó todo su oficio para una potente versión de “El Visitante”. Acertada decisión ya que el registro de Larry siempre calzó a la perfección en las canciones de Almafuerte.
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Nuevamente la banda volvió a su formación habitual para despacharse con dos temas más del segundo disco… “Soy La Oscuridad” y la genial “El Monje Negro”.
Momento de otra invitada, nada menos que Johana Gieco en teclados, quien compartiera tantos años de ruta junto a los hermanos Martínez en la banda de Ricardo Iorio. Justamente de ese período eligieron interpretar dos canciones que habían formado parte del célebre streaming Avivando la Llama de la Ley Natural. Primero fue “Morir Al Lado De Mi Amor” de Demis Roussos; y luego “Me Gusta La Gente Simple” del recordado Facundo Cabral. Muy festejada la participación de Johana.
Siguieron los invitados: Daniel Rodriguez, quien oficiara de tecladista en la banda durante los tumultosos años 80s. Ejecutaron “Espera Un Poco Más”.
Quedaba tiempo para algo más… Primero “Viejas Miserias” del primer disco; luego “Si Te Cuesta, Es Tuyo” del segundo. El final fue con una poderosa versión de un clásico de la música pesada argentina, “Sucio y Desprolijo” de Pappo´s Blues.
Vorax gozó de su festejo de fín de año con una propuesta tan auténtica como los ha caracterizado toda su carrera, recorriendo su historia y con varios invitados de lujo. El final de una etapa pero el comienzo de otra.
“Esta raza no negocia su sentir, porque no es moda ni un mercado.”


Fotos de portada Pedro “Chino” Romero
Diciembre suele ser un mes de despedidas y cierres. La gente se junta con sus familiares, compañeros o amigos y comparten una última noche. Tienen almuerzos, reuniones o fiestas. Todo, para despedir el año. Sin embargo, también es un mes de autocrítica y reflexión. En el que las personas se detienen un momento a hacer un balance. Y reflexionar. Analizan lo qué hicieron, lo que pudieron haber hecho y lo que harían. De esta forma, ponen un punto final a lo hecho en el año para poder enfocarse de lleno en el próximo.
Con estos conceptos en mente, se presentó Arpeghy el pasado sábado 13 de noviembre en el Teatrito, para despedir el año celebrando sobre el escenario junto con su público y su gente. La banda formada y comanda por el guitarrista “Diego Solís”, estuvo acompañada por Argan y La Enana Peligro, en una noche especial, con invitados de lujo.
La jornada arrancó temprano con la presentación de Argan, un cuarteto de Hard Rock, liderados por “Gastón Durand”, quienes vinieron a revitalizar el Ep que sacaron el año pasado, Umbral pt 2. La banda se presentó con una formación de emergencia, debido a la baja de su batero “Lukas Ledesma”. Para cubrirlo, estuvo a cargo de las baquetas “Pablo Ureta”, miembro del grupo Neon Rider. Un gran gesto en por parte del músico, que permitió que la presentación de Argan no se caiga. Y es que en la media hora que estuvieron sobre el escenario, supieron deslumbrar a los presentes con su propuesta melódica y moderna. De la mano virtuosa de Gastón en la viola y la presencia enérgica de Matías Acevedo en las voces, el grupo supo sacar adelante una actuación sólida y sin fisuras.
Luego llego el turno de La Enana Peligro, un quinteto que con su potente y explosivo Hard Rock, al más estilo Van Halen y Guns And Roses, se subió al escenario para encender a la gente que iba aumentando su presencia en el sitio. La “Gibson” de su guitarrista y su forma de tocarla, marcaba muy bien de donde provenían las influencias del grupo, y es que a diferencia de Argan, la propuesta de estos muchachos hacía especial énfasis en riffs más clásicos, dinámicos y electrizantes. Si bien la mayoría de los temas siguieron una misma línea musical, en este apartado resaltó “Psicoasfixia”, que la tocaron con mucha emoción e ímpetu. Su ritmo trepidante y el solo explosivo llamaron la atención de aquellos despistados que aún estaban a la espera del acto principal y se llevaron una buena sorpresa con este tema.
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De esta forma, la Enana peligro redondeo una actuación que les valió varios aplausos y la aprobación tanto de los que fueron a verlo a ellos, como de los que fueron para ver a la siguiente banda.
Y es que la fecha tenía un plato principal y central, estelarizado por Arpeghy. El grupo que hacía unos días había tenido la posibilidad de ser el acto soporte de ni más ni menos que el proyecto de Tobias Sammet, Avantasia, se presentaba en esta oportunidad como los principales protagonistas de la noche. Y al igual que aquella velada en el Teatro Flores, ahora decían presente con Jorge Balles frente a los micrófonos, debido a la salida de su anterior vocalista, Mariano Middleton.
21:30 era la hora cronometrada para su salida al escenario. Sin ningún tipo de demora ni contratiempo, los músicos aparecieron en escena a horario. Y sin mucha presentación, comenzó la acción. Velocidad, potencia y fuerza. Esos fueron los ingredientes con los que arrancaron a todo trapo, sin dar respiro. El gran rango vocal de Jorge junto con el despliegue técnico y melódico de Diego en la guitarra, fueron la mezcla apropiada para lograr una entrada demoledora desde lo musical. Y es que dos temas bastaron para entender porque habían sido elegidos para abrir para Avantasia. Sus momentos más Heavy/Power no están muy alejados que los temas más acelerados de las huestes de Tobias y compañía.
Sin embargo, ni el enérgico arranque ni el cálido recibimiento por parte del público, impidieron que los problemas técnicos estuvieran a la orden del día. Y más en concreto, desperfectos que parecían afectar directamente al líder de Arpeghy, quién parecía tener problemas de retorno, además de inconvenientes con la conexión de su instrumento. Afortunadamente, estos problemas no prevalecieron durante mucho tiempo y al cabo del cuarto tema ya habían desaparecido.
Justo en este momento, la banda se detiene para dar el primer saludo de la noche y agradecer a Jorge, por su participación. A continuación, sonó “Laberinto”, que fue el primer cambio de revoluciones, y dio inicio una etapa del show menos acelerada y más calma, con temas más limpios y melódicos, en los que resaltaba los teclados de Jorge Justo.
Tras esta interpretación, llegaron los primeros cambios de la noche. Diego cambió de guitarra mientras que a la vez, Jorge Balles fue reemplazado por Gustavo Despalanque (ex Presto Vivace), quién se encargó de vocalizar las baladas “Mi Destino” y “En tus Ojos”, del Arpeghy 3 del 2022. Su principal impronta, estuvo en brindar un registro vocal más rasgado e íntimo a estas composiciones. Como dándoles más profundidad. Sin desprenderse de sus gritos agudos, su desempeño tuvo un aire más rockero que el de Balles, mucho más esplendoroso y limpio.
Siguiendo con la ronda de cambios, luego fue el turno de Ariel García, cantante de Valirios y Bulletproof, de hacerse cargo de las voces. Con un porte más sencillo, supo cantar quizás con más personalidad, sin buscar tanto imitar la versión original de los temas. Es así como la banda presentó su nuevo single, “Siento”, junto con Ariel, brindando uno de los momentos más destacables de la noche con la gente totalmente compenetrada con la música y prestando toda su atención a la guitarra de Solís, que no parecía agotar su energía y virtuosismo.
Ya para el cierre, la banda aprovechó un momento para agradecer al público por el aguante, anunciando que se viene el lanzamiento de su nuevo disco para el año que viene, bajo el sello de Heresy Metal Media. Sin embargo, de lo que no hubo novedades es acerca del nuevo vocalista que los acompañará en sus próximas fechas para el año que viene. En vez de eso, hicieron un balance de lo que fue su año. Y si bien, no ocultaron las dificultades que afrontaron, la reflexión final fue más alentadora, quedándose con el logro de haber terminado un nuevo trabajo, y de haber sido participes de la fecha de Avantasia.
Tras este transparente momento, la banda invitó tanto a Balles, como a “Despa” para que compartan el último momento de la noche y del año, en el escenario junto con Ariel. De esta forma, los tres vocalistas y Arpeghy se despidieron a pura emoción y Heavy/Hard Rock.
Finalizado el acto, la gente que dijo presente salió del Teatrito con aire de satisfacción de haber podido disfrutar de una velada llena de música, una de las últimas del año. Pero al mismo tiempo, expectante para lo que se viene. Porque si algo nos quedó bien claro del show de esa noche, es que Arphegy no va a parar. Y mientras haya compromiso y ganas, la música tampoco.
Etiquetas: argentina, Arpeghy, Hard Rock


La Sala Upload se sentía esa noche como el último bastión de una resistencia olvidada, un refugio de paredes frías donde el vacío inicial, denso y casi físico, amenazaba con devorar las ilusiones de los pocos que nos atrevemos a cruzar el umbral. El silencio inicial era un animal acechante, una sombra que vaticinaba un desastre sin precedentes, pero en cuanto Embersland tomó posiciones, el aire dejó de ser oxígeno para convertirse en pura electricidad estática. No estábamos ante una simple banda, sino ante un ecosistema indomable que ha aprendido a florecer en las grietas del asfalto barcelonés; verlos fue como internarse en un bosque ancestral donde las leyes de la física no aplican y donde el Power Metal se hibrida con lo sinfónico de forma natural. El juego de sus tres voces es un viaje esquizofrénico y delicioso: Will ruge desde las entrañas con unos guturales que parecen extraídos de la roca misma para luego ascender a cielos limpios con una facilidad pasmosa, mientras Clara desborda un poderío operístico que corta el aire como una espada de cristal templada en el fuego de mil fraguas. Repasaron su historia como quien hojea un grimorio de hechizos olvidados, centrando el tiro en ese “The Art of Peace” que suena a gloria benedictina y a madurez bien ganada tras años de lucha contra la industria. Temas como “Strike Back”, “Fatal Obsession” o la melancólica “When I Die” no fueron sólo canciones, sino paisajes sonoros de una arquitectura compleja donde el teclado de Xavi ponía los cimientos y las réplicas vocales para que la melodía no se despeñaba por el precipicio. Son una maquinaria que ya no pide permiso para soñar grande, sino que reclama su trono por derecho propio, demostrando una actitud 100% profesional que nos dejó con los ojos brillantes y la mandíbula en el suelo.
Pero entonces, la noche decidió ponerse a prueba y el destino lanzó sus dados más negros cuando llegó el turno de los valencianos Sylvania. Lo que vivimos fue una epopeya digna de los libros de Tolkien; una lucha fratricida contra una técnica caprichosa que intentó hundir el barco en cada acorde, en cada estrofa. La banda, recién llegada de cabalgar por tierras mexicanas y estadounidenses, lejos de amedrentarse ante el infortunio, se ajustó el peto de cuero y sacó el escudo ante cortes de luz que nos dejaron en penumbras absolutas, convirtiendo la sala en una cueva hostil donde sólo brillaba el acero de las cuerdas. “Purgatorium” y “El Río de los Lamentos” no fueron simplemente interpretadas, fueron defendidas a capa y espada como declaraciones de guerra contra la mala suerte, con la banda capeando un temporal de calamidades que habría quebrado el espíritu de cualquier músico de cristal. Alberto Tramoyeres, el corazón palpitante y motor de esta bestia, actuó como una brújula infalible que no perdió el norte ni cuando la oscuridad total se adueñó del escenario, demostrando por qué es el líder natural de esta formación. A su lado, un colosal Alberto Symon, cuya voz es un cañón diseñado para honrar la lengua de Cervantes, elevaba “Finis Templarii” a una categoría casi mística, proyectando un carisma que llenaba cada rincón de la sala a pesar de las sombras.
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En medio de este vendaval de adversidades técnicas y apagones premonitorios, hubo un momento que rompió la coraza de hierro del concierto y nos recordó por qué el metal es una religión universal: la banda detuvo el tiempo para rendir un tributo cargado de humanidad y gratitud, dedicando unas palabras de fuego a los fans costarricenses que cruzaron medio mundo, desde el corazón de Centroamérica, solo para ser testigos de este ritual en la Ciudad Condal. Ese puente invisible tendido sobre el océano hizo que el cansancio, la baja de los teloneros y los fallos técnicos desaparecieran de un plumazo, recordándonos que esta música no entiende de distancias kilométricas. En el epicentro del caos, Sergio Pinar desató una invocación desde la batería; no fue un solo de cinco minutos, fue un trueno rítmico, un castigo divino a los parches y al doble bombo que despertó a los dioses antiguos y nos fundió a todos en un solo rugido de percusión y gargantas, con Sergio dirigiendo a la hueste de fieles con sus baquetas como si fueran cetros reales.
A pesar de los latigazos del destino, gemas como “La Princesa Prometida”, con Tramoyeres volando sobre el mástil, y “Hechizo de Invierno” brillaron con la luz propia de quienes saben que el metal es, ante todo, resistencia y hermandad. Tramoyeres, en un acto de honestidad brutal, se deshizo en disculpas por los problemas de la noche, confesando su amor por Barcelona, su segunda casa, mientras la base rítmica de Álvaro Chillarón al bajo mantenía el pulso de un concierto que se negaba a morir. El final fue un incendio emocional descontrolado: las melodías sinfónicas de “Tu Calor será mi Luz” y la emblemática y épica “Vivo en tu Memoria” cerraron una velada donde la fe del Power Metal venció al lado oscuro de los cables, los generadores y los fusibles. Sylvania no dio un concierto; sobrevivió a una batalla de desgaste contra los elementos y nos regaló las cicatrices más hermosas en forma de melodía, dejándonos claro que, aunque el escenario se apague y el mundo se desmorone, siempre habrá una guitarra dispuesta a rugir entre las ruinas y una comunidad dispuesta a corear hasta el último aliento.


Viví la apertura del Triumviratum como un acto fundacional: Bóveda del Sol fue la pieza angular que inauguró el ritual sonoro concebido junto a JADE y Moonloop, aprovechando la mística de un eclipse lunar para convertir el Poble Espanyol en un auténtico epicentro de gravedad sideral.
Desde el primer impacto, la formación barcelonesa desplegó un bloque monolítico de space doom que funcionó como un portal de desmaterialización, arrancando con la asfixiante elegancia de “Event Horizon” y expandiéndose hacia las texturas cósmicas de “Traveler Between Worlds”.
Con una presencia escénica robusta y un sonido de baja frecuencia que vibraba físicamente en el cuerpo, ejecutaron piezas como “Orbitual” y “Collective Unconsciousness” sin conceder un solo respiro al silencio, logrando una inmersión total en el vacío astral. Aquel inicio no solo fijó una atmósfera densa y onírica, sino que actuó como el prefacio perfecto de una alquimia épica, culminada con la rotundidad de “Terra Firma”, dejando la sala sumida en un trance absoluto antes de ceder el testigo.
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La atmósfera mutó entonces desde la densidad mineral hacia una expansión oceánica y vibrante con la entrada de Moonloop, como si las paredes se disolvieran para revelar un arrecife de coral bajo un cielo eléctrico. No era una noche cualquiera: celebrábamos veinticinco años de una travesía inquebrantable que ha convertido a la banda en un faro de integridad dentro del metal progresivo.
Con “Zeal” comprendí que no estaba ante un grupo convencional, sino ante un organismo vivo, madurado por décadas de exploración sonora, donde técnica y emoción respiraban al unísono. El regreso tras años de cambios se reflejaba en el rostro de Eric Baulé: la urgencia del fuego contenido y, a la vez, la serenidad de quien ha observado el paso de las estaciones desde el puente de mando.
La música fluyó como una corriente cristalina y feroz; en “Mask”, riffs afilados como obsidiana convivieron con pasajes atmosféricos donde el espíritu de Cynic y Opeth parecía danzar en un rito de purificación. Cada golpe de Raúl Payán fue geometría sagrada en movimiento, mientras Marc Contel y Alexander Nuñez se integraban como raíces que por fin encuentran su tierra.
Con “Arrival” y “Medusa”, la experiencia se volvió casi táctil: la voz de Eric transitó del rugido gutural a la claridad melódica con la naturalidad de quien respira bajo el agua, recordándonos nuestra fragilidad ante una naturaleza madre y verdugo. “New Dark Reality” funcionó como espejo de un presente incierto, y “Megalodon” cayó sobre la sala como una fuerza tectónica, prehistórica e inevitable.
Cuando el peso del abismo parecía definitivo, “Cosmic Matter” nos elevó de nuevo hacia las estrellas, sellando la noche como una espiral orgánica y pura que celebró veinticinco años de coherencia artística.
Bajo la cúpula de la Sala Upload, el tiempo dejó entonces de ser lineal con la entrada de JADE, transformándose en una densidad mineral, en un estrato geológico que se plegaba sobre nosotros. No asistí a una mera ejecución de temas, sino a la exhumación de un monumento: The Stars Shelter fue el cierre de los párpados antes de un sueño febril, una niebla antigua cargada de turba y vacío estelar.
Con “Light’s Blood”, la sala pareció hundirse bajo tierra y la voz de Fiar emergió como un fenómeno atmosférico, oscilando entre la claridad helada y el rugido tectónico. En “Shores of Otherness”, el death metal clásico se funde con un doom introspectivo, recordándome que el jade es frío al tacto, pero guarda un fuego espiritual en su núcleo.
A partir de “Cascade”, el sonido se volvió una marea negra que nos arrastró hacia “Dragged Fears & Drowned Bones”, donde los riffs pesaban como lápidas y la batería resonaba como el martillo de un enterrador. “Ghastly Eyes” y “Darkness in Movement” confirmaron que la propuesta de JADE trasciende la fuerza bruta para explorar estados liminales, reforzados por unas proyecciones visuales que sellaron el pacto ceremonial.
El tramo final descendió hacia lo onírico y lo sagrado: “A Flowery Dream” reveló una belleza macabra y sofisticada, mientras “The Hidden Crypt” actuó como la losa definitiva que clausura el sepulcro. No fue solo un concierto, sino una liturgia completa; salir a la superficie tras semejante experiencia fue como despertar de un entierro ritual, con el espíritu renovado y los oídos aún vibrando con el eco de la piedra.


El 2026 inició de buena manera para lo que al Black Metal se refiere, ya que una de las bandas más interesantes y resonantes del under editó su esperado nuevo álbum el 2 de enero. Me refiero a los austriacos Ellende y a su nuevo trabajo Zerfall, en el cual siguen apostando por crear atmósferas oscuras y melancólicas, que son las verdaderas protagonistas de su música.
Como podemos deducir, no esperaron a que el año avanzara para empezar a trabajar, por lo que el lanzamiento fue acompañado por una gira de presentación. Esta gira los trajo al underground Spillested Stengade, en el corazón de la capital danesa, Copenhague.
El primer acto de apertura fue Firtan, grupo alemán de Black Metal pagano. La particularidad del grupo es que cuentan con una violinista entre sus filas, quien, dicho sea de paso, colaboró en el disco de los headliners. El concierto gozó de un sonido compacto y comprimido. Parecía como si los instrumentos no terminaran de explotar o de dar todo su potencial. Aclaro que esto era una cuestión de apreciación sonora y no estaba relacionado con la ejecución.
Los músicos contaban con muy poco espacio para moverse, por lo que se limitaron a interpretar las canciones, quietos en su lugar. Esto, si bien es entendible, hizo que la presentación resultara algo redundante. El final del concierto fue lo más llamativo, ya que uno de los guitarristas tomó un violín y finalizaron el show con un dúo de violines.
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Llegó el turno de Karg, también austriacos. En sus filas cuentan con el vocalista de Harakiri for the Sky en voces y bajo, y con el baterista de Ellende. La propuesta se centra en un post black potente y directo. Su particularidad es la inclusión de tres guitarras. Yo no soy simpatizante de esta formación, ya que muchas veces la tercera guitarra sobra. Si bien sentí que esto sucedió en algunos momentos con la guitarra rítmica, en otros se pudo entender bien su función de acompañar al bajo en las bases. Las otras dos guitarras se iban intercambiando punteos etéreos y sonidos más emocionales, que mostraban el costado post hardcore del grupo.
La batería iba llevando un tempo rápido y firme, mientras que, con arreglos en los toms y los platillos, agregaba color a las canciones. La voz principal y los coros sonaron fuertes, claros y contundentes. Aunque, a mi gusto, a la voz principal le faltó un poco de fuerza. Sonaba como si la garganta estuviera cansada.
Con una presentación redonda y convincente, que solo contó con un problema con el bajo hacia el final, Karg demostró que es un proyecto que se sostiene por sí mismo y no por ser la banda de miembros de otro grupo más popular.
Faltando diez minutos para la hora pactada, las luces se apagaron y la intro de la canción que da nombre al álbum comenzó a sonar. Esta musicalizó la entrada de los músicos, quienes se encontraron con el lugar a medio llenar. Esto se debió al comienzo temprano del show, ya que gran parte de la audiencia se encontraba en otro sector del local esperando la hora indicada. Ya al final de la primera canción, la mayoría del público se encontraba disfrutando del espectáculo.
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El concierto comenzó con un desperfecto en la guitarra rítmica, que fue reparado al instante, por lo que no opacó la presentación. El sonido fue muy claro y nítido, pero, por sobre todo, grande. Cada instrumento tenía el espacio suficiente para desarrollarse y escucharse con total claridad: desde el bajo, con un sonido grave y denso de fondo, hasta la guitarra rítmica, que iba llevando el ritmo lento y atmosférico de las canciones.
La guitarra líder fue la gran protagonista, contrastando riffs con trémolo rápidos, sonidos fantasmales y unos solos espectaculares que dejaron a toda la audiencia boquiabierta. La batería sonó potente y muy fuerte, y tener a un baterista tan bueno y particular es casi un pecado si se lo deja atrás en la mezcla. Su singularidad radica en que toca con dos rides y suele hacer juegos entre ambos, en lugar de hacerlo sobre uno solo con las dos manos.
La voz aguda se escuchó muy clara y al frente, pero no fue la protagonista de la noche. Solo aparecía cuando tenía algo que aportar; de lo contrario, los instrumentos iban solos, llevando de viaje al oyente. El setlist hizo foco en su flamante LP, pero también dio lugar a viejos clásicos como “Ballade auf den Tod” y la encargada de cerrar la noche, “Abschied”.
Si bien el show fue corto y apenas duró una hora, fue contundente y dejó conformes a las numerosas personas que acudieron al evento. Ellende supo llevar al vivo la atmósfera y el clima que buscan generar con la escucha del álbum, y eso es una tarea muy difícil de lograr en un género tan melancólico y abrasivo.
Etiquetas: atmospheric black metal, Black Metal, Copenhague, Ellende, Firtan, Karg, Pagan Black Metal, Post-Black metal, Spillestedet Stengade, Zerfall

Las leyendas del rock canadiense Three Days Grace regresaron a Glasgow por primera vez en tres años como parte de la gira de su nuevo álbum Alienation. Con el apoyo de la banda californiana de punk rock Badflower, ambas formaciones ofrecieron un concierto para el recuerdo.
Los encargados de abrir la noche fueron Badflower. Con un sonido que parecía mezclar metal, hard rock, punk y emo, la energía que el cuarteto llevó al escenario fue un arranque perfecto para el show. Su set comenzó con “Drop Dead”, tema incluido en su EP de 2016 Temper. Esta canción directa, combativa y cargada de energía funcionó muy bien como apertura, aunque la mezcla del O2 Academy no le hizo demasiados favores, ya que partes de la banda, como el bajo y las guitarras, sonaban algo apagadas. Afortunadamente, esto mejoró con el siguiente tema, “Number 1”, que sonó bastante más definido.
Como suele ocurrir con muchas bandas teloneras, la respuesta del público puede ser irregular, ya que muchos reservan energías para el cabeza de cartel. Sin embargo, Badflower tuvo la suerte de encontrarse con un público de Glasgow especialmente abierto y acogedor, con la gente aplaudiendo y moviendo la cabeza casi desde el primer momento. Esto se vio reforzado por las constantes interacciones del vocalista Josh Katz tanto con el público de la grada como con el de pista, bromeando con alguien del balcón preguntándole si había pagado entrada extra, o respondiendo a un grito de “¡PENIS!” desde el foso con un irónico “No penes durante la próxima canción, por favor”.
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El momento más destacado de su actuación llegó durante “Stalker”, cuando Katz no solo se lanzó a hacer crowd surfing —al principio de forma algo inestable, pero bastante efectiva—, sino que después se movió por distintas zonas del público de pista mientras seguía tocando. En un momento incluso pareció intentar subir hasta el balcón, aunque aparentemente surgieron algunos problemas con el micrófono. Lejos de ser un inconveniente, esto dio pie a que el batería Antony Sonetti se marcara un impresionante solo de batería de tres minutos, sin interrupciones y cargado de energía. Hubo instantes en los que uno se daba cuenta de que seguía tocando y resultaba genuinamente asombroso lo mucho que consiguió alargarlo.
Katz regresó al escenario para interpretar algunos temas más calmados y cercanos a la balada, como “Heroin” y “Ghost”. Su rango vocal fue realmente destacable, pasando sin esfuerzo del canto suave y limpio a registros más agresivos y punk, e incluso a unos gritos sorprendentemente bien ejecutados. Como teloneros de una de las bandas de hard rock más conocidas del mundo, Badflower tenían el listón muy alto. Aunque al principio parecían algo nerviosos, esos nervios desaparecieron por completo al final del set. Sería muy interesante verlos interactuar con el público como cabeza de cartel, ya que su conexión con la audiencia promete ser especialmente disfrutable.
Las luces del recinto se atenuaron y comenzaron los ya clásicos cánticos de “Here We Fucking Go”. Casi como si estuviera guionizado, las pantallas del escenario mostraron exactamente esas palabras. El público rugió de emoción cuando los miembros de la banda salieron al escenario, acompañados por el vocalista original Adam Gontier, quien recientemente ha regresado al grupo tras haberlo dejado en 2013 por motivos de salud mental. Ahora comparte las voces principales junto a su sustituto de entonces, Matt Walst.
Esta gira marca el lanzamiento de su nuevo álbum Alienation, y el regreso de Gontier ha generado una gran expectación en torno al disco. El concierto arrancó con “Dominate”, tema de apertura de este nuevo trabajo. De forma casi poética, el estribillo incluye el característico “Here We Fucking Go” de Escocia como un canto de fondo con aire de himno. Poco después, Walst y Gontier explicaron que esa parte de la canción está directamente inspirada en sus actuaciones en Glasgow y en escuchar ese cántico del público.
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Manteniendo al público completamente encendido, la banda enlazó directamente con el icónico “Animal I Have Become”, que para muchos —incluyéndome— fue el primer contacto con Three Days Grace. El riff de bajo inicial retumbó por toda la sala y fue recibido con una enorme ovación. Los riffs de guitarra contundentes y el bajo que hacía vibrar el pecho fueron uno de los grandes puntos altos de la noche, mientras todo el público cantaba, movía la cabeza y se dejaba llevar por el groove.
El setlist fue sencillamente excelente. A pesar de tratarse de una gira centrada en el nuevo álbum, el equilibrio entre canciones recientes como “Dominate” y “Mayday” y clásicos de toda su discografía, como “I Hate Everything About You” o la favorita de los fans “Painkiller”, fue perfecto. El público también elevó aún más la actuación, con prácticamente toda la sala cantando tanto los temas más conocidos como los nuevos. Quedó claro que incluso cuando Gontier no formaba parte de la banda, la chispa que hace tan icónicos a Three Days Grace nunca se perdió, lo que da aún más mérito al resto de músicos: el bajista Brad Walst, hermano de Matt Walst; el guitarrista Barry Stock; y el batería Neil Sanderson.
Los cinco miembros se muestran sobre el escenario con una energía vibrante y contagiosa, llena de diversión y buen rollo, que hacía imposible no sonreír cuando sonaban temas como “Animal I Have Become” o “Riot” y todo a tu alrededor era saltos, pogos, crowd surfing, coros y gente simplemente disfrutando. No hay nada peor que un concierto que, aun siendo correcto, no resulta divertido, ya sea por un público apagado, un setlist mediocre o una banda sin chispa. Three Days Grace no tuvo nada de eso. A pesar de haber girado de forma constante incluso sin Gontier, este concierto se sintió como un auténtico regreso a la forma, como si la banda hubiese estado parada durante mucho tiempo.
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Una sorpresa muy bienvenida en la segunda mitad del show fueron los temas más calmados y cercanos a la balada, que demostraron el amplio rango del grupo. En un cambio de tono notable, Gontier salió solo al escenario para interpretar una versión sencillamente excelente de “Creep” de Radiohead. Y, como había ocurrido durante toda la noche, el público cantó cada palabra, llegando incluso a tapar la voz de Gontier en algunos momentos.
Cerrar con “Riot” fue el clímax perfecto para una actuación realmente fantástica. El pogo se abrió en cuestión de segundos y todo el foso saltaba como una masa de camisetas negras y cabezas ya completamente empapadas de sudor. Está claro que Three Days Grace todavía tiene muchísimo que ofrecer a sus fans, y queda esperar que cumplan su promesa de volver a Glasgow todos los años a partir de ahora.
- Badflower
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- Three Days Grace
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Foto de Portada: Damian Muñoz
En el marco de una ola de calor agobiante que envuelve a la Ciudad de Buenos Aires, el sábado 27 de diciembre las huestes assperianas se hicieron presentes en Groove para despedir el año de la mano de las melodías de Asspera.
La apertura de la velada, casi con una puntualidad no propia de la argentinidad a lo largo de toda la noche, estuvo a cargo de ZORRA, mostrando a los presentes una gran Z a la mitad delantera del escenario desde donde partían cintas de seguridad que iban desde ella hasta los micrófonos ubicados en los extremos del escenario.
La banda, con una impronta similar al acto principal de la noche —lo que no podía ser de otra manera al tener entre sus filas al propio cantante de la “A”—, presentó su propuesta durante aproximadamente 40 minutos contando con un público participativo desde el primer momento, lo que permitía presumir cómo se desarrollaría la noche debajo del escenario con el devenir de los minutos.
A esa altura, el lugar se iba poblando lenta, pero incesantemente, con un claro predominio de remeras de los Asspera.
Alrededor de las 20:17, los cuatro integrantes de DARLOTODO subieron al escenario para desplegar su propuesta de nu metal (lo que quedaría claro con la versión de “Falling Away From Me” de Korn). La banda presentó temas de su última producción, “Crisálida”, que vio la luz en octubre de este año. Haciéndole honor al nombre de la banda, la energía desplegada sobre el escenario hizo subir unos cuantos grados la temperatura del recinto, mereciendo destacarse la labor del bajista y del baterista (quien le pegó con un caño de principio a fin). Interesante y recomendable propuesta para los cultores del género.
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A las 21:15 llegó el turno del plato principal. Ante un local prácticamente colmado de su gente, los muchachos de Asspera saltaron sobre las tablas al son de “Viaje al centro de la verga” para dar comienzo a la despedida del año. Casi sin solución de continuidad, uno tras otro, sonaron “Cagón”, “Vecinos de mierda” y “El barrio proveerá”, dando pie a un pogo alegremente descontrolado que se extendió por los cuatro puntos de Groove.
Para dejar en claro su calificativo de metal bizarro, y ese aire entre irónico y cómico, la banda continuó con “La puntita”, con la participación de un gran pene de cartón; “Tarifazo”, con facturas de servicios públicos de montos exorbitantes y correspondientes a empresas con nombres adecuados a la época; “Gorda puerca”, con la incorporación de una rubia vestida para la ocasión; y “Me cago”, donde los protagonistas fueron los rollos de papel higiénico que volaban por el escenario y desde este al público.
Tras esta seguidilla, pudimos escuchar “Berrinche y cuenta nueva”, “El rey celular” (tema de su último álbum y con un celular personificado sobre el escenario) y “Gambeta”, para dar lugar a uno de los momentos de mayor descontrol de la noche: “Marolio”, versión del famoso jingle de la publicidad argentina que dio pie a un pogo que hizo temblar las paredes del recinto.
La noche siguió al compás de “Rotopercutor”, “El Cazita”, “Sin garantía”, “Reverendo HDP” (donde se hizo cargo de las voces 3.14J para darle un aire punk), “Partiendo cabezas” y “La poneta” (con una intro donde sonaron melodías de “Blind” de Korn). Para hacerle honor al título del tema, durante la ejecución de “Sin garantía”, Rockardo Asspero tuvo un tropezón que lo hizo caer sobre sus propias guitarras sin pasar a mayores.
El final del año musical assperiano estuvo a cargo de la consagrada “Hijo de puta” y la versión del tema de Vilma Palma e Vampiros “La pachanga”, donde el Asspero gigante subió para danzar al ritmo de sus acordes, aun a riesgo de un tropezón que no tuvo lugar por suerte para su integridad. El último tema de la noche fue el emotivo “Pogo al corazón”, donde Rockardo bajaría del escenario para tocar junto a los más cercanos a la valla y poner fin al 2025 de la banda.
Los Asspera dejaron el anuncio de que el 6 del 6 del 2026 estarán celebrando el vigésimo aniversario de su disco debut en el Teatro Flores.
Esperemos que lo que el “2026 provea” para todos sea prosperidad y metal.
Etiquetas: asspera, Darlotodo, Metal Bizarro, zorra

Recién salidos del lanzamiento de su nuevo álbum, Another Miracle, Of Mice and Men llegaron a la sala Garage de Glasgow para ofrecer la última fecha de su gira europea como cabezas de cartel. Tras no haber tocado en la ciudad durante un par de años, los fans tenían muchas ganas de ver de nuevo a la banda y escuchar algunos de los temas más destacados de su excelente discografía. Junto a ellos estuvieron dos teloneros de lujo: la banda estadounidense de metalcore con vocalista femenina Gore y el grupo alemán de metalcore industrial GHØSTKID. Entre los tres ofrecieron actuaciones realmente sobresalientes, cada una con su propia identidad, cerrando el año de conciertos de una forma inmejorable.
Los primeros en salir al escenario fueron Gore, una banda que ha ido ganando popularidad de forma constante en los últimos años, llamando la atención por sus paisajes sonoros atmosféricos y envolventes combinados con riffs aplastantes y unas voces sorprendentemente variadas. La cantante Haley Roughton apareció en escena envuelta en un llamativo abrigo de pelo, y comenzó el set llevando al público a una falsa sensación de calma con uno de sus singles más recientes, “Wrath”. Lo que empezó como un tema con claras reminiscencias a Sleep Token terminó golpeándonos de lleno con las impresionantes voces agresivas de Roughton. Esto dejó el listón muy alto para el resto de su set, que lamentablemente fue bastante corto, compuesto por solo seis canciones.
Teniendo en cuenta que actualmente cuentan con menos de una docena de temas publicados oficialmente, Gore han arrancado con fuerza en esta primera etapa de su carrera y todo apunta a que solo pueden ir a más. Aunque la sala aún no estaba llena durante la mayor parte de su actuación, quedó claro que tienen seguidores, y sin duda serán bien recibidos de nuevo en Glasgow más pronto que tarde.
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A continuación fue el turno de GHØSTKID. Al no estar familiarizado con ellos antes del concierto, no sabía muy bien qué esperar. Al ver a los miembros subir al escenario con maquillaje corporal de aspecto fantasmal y ropa oscura y rasgada, pensé que me encontraría con algo cercano al black metal o a un sonido ambiental oscuro. Sin embargo, su tema de apertura, “SUPERNØVA”, resultó ser un auténtico rompecuellos electrónico, frenético y sorprendentemente groovy, que me arrancó una sonrisa de inmediato. Este enfoque más animado y pegadizo cobra sentido al saber que su vocalista, Sebastian “Sushi” Biesler, fue el antiguo frontman de Electric Callboy, banda alemana conocida por mezclar metal con electrónica.
En retrospectiva, esto explica el carácter más bailable y electrónico de su sonido, utilizando elementos techno para reforzar su propuesta, aunque con un tono mucho más oscuro y pesado que el de Electric Callboy. “Hollywood Suicide”, uno de los temas favoritos de los fans, hizo que el público saltara y botara sin parar. A pesar de los riffs agresivos y de los gritos contundentes del vocalista, la música era, sencillamente, muy divertida. Es fácil imaginar estos temas sonando en un club o una fiesta, bailando con una sonrisa en la cara.
Ese espíritu lúdico también se reflejó en el resto de la banda, que no paró de moverse por el escenario e interactuar con el público de primera fila. El momento más destacado del set llegó cuando el bajista Stanislaw Czywil saltó la valla, abrió a la gente para formar un circle pit y dio inicio a “CRØWN” con un riff salvaje y agresivo que puso a toda la sala a girar. Momentos así son los que hacen que las salas pequeñas y de base sean el lugar ideal para los conciertos de metal. La conexión con el público fue pura diversión, sin artificios ni distancias: todos estaban allí para pasarlo bien. El resto del set de GHØSTKID incluyó temas de sus dos discos publicados hasta la fecha, con “YØU & I” destacando especialmente por su energía.
Como se mencionó antes, GHØSTKID es la vía de Biesler para explorar un sonido más oscuro y agresivo en comparación con el mayor énfasis electrónico de Electric Callboy, inclinándose aquí claramente hacia lo más pesado. Esto quedó especialmente claro con “UGLY”, tema que dio lugar al primer gran Wall of Death de la noche. GHØSTKID tienen claramente ese “algo” especial: energía, interacción con el público y un sonido distintivo que apunta a que, sin duda, están hechos para ser cabezas de cartel.
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Por último, fue el turno de Of Mice and Men. Estas leyendas del metalcore de principios de la década de 2010 han publicado música de gran nivel de forma constante a lo largo de los años, y su nuevo álbum sigue esa misma línea, algo que resulta casi reconfortante y nostálgico para sus seguidores. De forma curiosa, a pesar de tratarse de una gira centrada en el nuevo disco, durante el set sonaron más temas del álbum Restoring Force (2014) de lo que cabría esperar. Esto no es una crítica, ya que el repertorio fue excelente, aunque quizá un poco más corto de lo habitual para un cabeza de cartel.
Abrieron con el tema que da título al nuevo disco, “Another Miracle”, un clásico metalcore directo y contundente que muestra a Of Mice and Men en su estado más cómodo y efectivo. El público ya venía bien calentado por los teloneros y lo dio todo desde el primer momento. El rango vocal del cantante Aaron Pauley es innegablemente impresionante, aunque su presencia escénica resultó algo rígida al principio. A medida que avanzó el concierto, se fue soltando y terminó transmitiendo muy buenas sensaciones durante el resto del show.
El diseño del escenario merece tanto elogios como críticas, dependiendo del punto de vista. Como espectador, las luces estroboscópicas y los contraluces crearon un espectáculo visual intenso, emocionante y muy divertido; como fotógrafo, fue un auténtico quebradero de cabeza, pero eso es otra historia. En cualquier caso, fue un despliegue visual innegable por parte de Of Mice and Men. El mosh pit más grande de la noche hasta ese momento se formó con “You Make Me Sick”, de Restoring Force, con crowdsurfers, pogos y cabezas agitándose por toda la sala. “Obsolete” también tuvo una respuesta excelente, con esos estribillos grandes y pegadizos que definen al metalcore y que hicieron cantar a todo el público.
El tono cambió con “Another You”, bajando las revoluciones durante unos minutos antes de volver de lleno a la intensidad con “Troubled Water”, uno de los singles del nuevo disco, y con “O.G. Loko”, tema clásico de 2011 perteneciente a su segundo álbum The Flood. Precisamente “O.G. Loko” desató un mosh pit absolutamente salvaje, que prácticamente ocupó toda la pista y concentró la mayor cantidad de crowdsurfers de la noche. Colocarla como último tema antes del bis fue una decisión acertada de Of Mice and Men, ya que muchos asistentes parecían completamente exhaustos tras semejante descarga de energía.
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El cierre con los favoritos “Bones Exposed” y “SECOND AND SERBING” puso un broche casi cinematográfico a la noche, con el público volcado por última vez con la banda.
Como última fecha de la gira europea, fue un concierto intenso, satisfactorio y muy disfrutable. Of Mice and Men tienen su fórmula perfectamente pulida: son consistentes, efectivos y entretenidos, sin necesidad de reinventarse o experimentar de forma arriesgada. Si te gusta el metalcore clásico de la década de 2010, no dudes en ver a Of Mice and Men en directo en cuanto tengas la oportunidad.
- Of Mice and Men
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- Gore
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- Ghostkid
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Madrid, 26 de diciembre de 2025 , Kabrönes llegaba a la capital para cerrar el año, y lo hacía con la autoridad que solo dan los años y el cariño incondicional de una audiencia que nunca los olvidó.
Para entender el fenómeno, hay que remontarse a la génesis del proyecto. Kabrönes nace de la unión de los cuatro pilares fundamentales de la época dorada de Mägo de Oz: José Andrëa, Frank, Carlitos y Salva. Formada para recuperar el espíritu indómito de los años 90 y principios de los 2000, la banda se configuró no como un tributo, sino como la reclamación legítima de un legado por parte de quienes lo crearon. Tras años de caminos separados, la necesidad de reencontrarse con su sonido original y con un público que anhelaba la formación clásica fue el motor que puso en marcha esta maquinaria de folk metal.
El ambiente en los alrededores de Las Ventas ya vaticinaba una noche grande. Con el cartel de “Agotado” colgado desde hace semanas, la expectación era máxima. Resultó conmovedor observar la gran variedad generacional y de género entre los asistentes: desde veteranos que lucían camisetas raídas de la gira de 1998 hasta adolescentes que descubrían por primera vez en vivo la voz de José Andrëa. La propia banda hizo hincapié en este “recorrido de generaciones”, agradeciendo cómo los padres han sabido transmitir ese “veneno” musical a sus hijos.
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Musicalmente, el concierto fue un viaje directo al año 2000. El sentimiento del álbum Finisterra sobrevoló toda la noche. Cuando sonaron los primeros acordes de “Satania” o la épica “Finisterra”, la sala se convirtió en un solo rugido. Se sintió esa energía cruda y mágica de hace dos décadas; la voz de José, recuperada y poderosa, junto a las guitarras gemelas de Frank y Carlitos y el bajo sólido de Salva, devolvieron a Madrid la esencia de una época donde el rock en castellano dominaba las listas.
Uno de los puntos más comentados fue el impecable trabajo de la pantalla trasera. El escenario se vio enriquecido por una serie de fondos que, con un claro toque de Inteligencia Artificial en su creación, mantenían un diseño artístico coherente y fascinante. Los paisajes oníricos y medievales se integraban perfectamente con el ritmo de las canciones, destacando especialmente la animación de un barco pirata que zarpaba hacia el horizonte, un guiño visual que elevó la épica de la actuación.
La velada se convirtió en una reunión de amigos con invitados que aportaron matices memorables: Chema Alonso, el guitarrista original de los inicios de Mägo de Oz, cuya presencia fue un regalo para los más puristas. Juanjo Melero, exmiebro de Sangre Azul demostró por qué es una leyenda de nuestra guitarra, aportando su elegancia habitual en “El Fin del Camino“. Diego Cisneros, en uno de los momentos más emotivos de la noche, el hijo de Sergio Cisneros “Kiskilla” tomó los teclados para rendir un sentido homenaje a su padre y al añorado Fernando Ponce de León. Todo acompañado por fotos de los homenajeados en la pantalla, muy triste y muy bonito. Dani (Lèpoka) que aportó la frescura y el vigor de la nueva hornada de folk metal nacional.
Kabrönes demostró en Madrid que, aunque pasen los años y cambien los nombres, la magia de esas canciones pertenece a quienes las dotaron de alma. Fue, en definitiva, la fiesta que Madrid merecía para despedir el 2025: una fiesta pagana, nostálgica y, por encima de todo, auténtica.
Etiquetas: Finisterra, Heavy/Folk Metal, Kabrones, Live In Las Ventas, madrid, Mago de Oz, Metal Español


Mientras se acercaba el fin de año, fecha en donde uno hace balances, come mucho, sufre del calor de la ciudad y ve que la gente está con otro humor, había que estar presente en la fecha “despedida” de la gira por los 30 años del lanzamiento de uno de los discos más memorables y frescos del metal nacional: el mismísimo Espíritu Combativo de Malón. Cabe destacar que el término “despedida” va entrecomillado ya que, según palabras del propio Claudio O’Connor, parecería que esto sigue.
Arribando una hora antes del show, el desfile incesante de remeras negras y grises se contaba de a centenares sobre la Avenida Rivadavia al 7800. El Teatro Flores fue testigo, una vez más, de un show que iba a marcar otro hecho histórico para el pueblo metalero.
Eran las 20:30 cuando ya decidí a entrar al venue en cuestión y ubicarme frente al escenario. La sorpresa fue que la organización o la banda, vaya uno a saber, esta vez no sumó a ningún acto soporte; por lo que, mientras sonaban diferentes canciones del ambiente pesado, este cronista se dedicaba a charlar con amigos y colegas aguardando la salida de los músicos mientras el reloj iba marcando la hora indicada en el flyer publicado.
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Pasados cinco minutos de las nueve de la noche, los miembros fueron ingresando uno a uno llevándose la primera ovación de la noche, entre fotos y gente que iba filmando cada uno de los movimientos para tener ese recuerdito que quizás nunca más vean.
La premisa era clara, repasar el disco completo más algunos extras que se sumaron a los diez temas que integran la placa editada en 1995. Los temas más festejados, obviamente entre otros, fueron “Síntoma de la infección”, “Malón mestizo”, “Gatillo fácil” y “Castigador por herencia”, donde los pogos, si bien no fueron tan grandes ni violentos, tuvieron muy buena recepción por parte de las 1800 o 2000 personas que estuvieron aquella noche. Para el cierre de la primera parte del set, ejecutaron “Fábula del avestruz y el jabalí”, la canción que cierra el álbum.
Todavía quedaba tiempo para más. La segunda parte del show iba a traer canciones del resto de la discografía del cuarteto. En primer lugar sonó “Un cielo rojo”, perteneciente a Oscuro plan del poder (2023); luego llegó “Nido de almas”, del segundo larga duración editado en el 96 (Justicia o Resistencia).
En este tramo hubo un ida y vuelta entre estos discos hasta que llegó un momento que, personalmente, es la parte donde más me aburro de cada show: el solo de batería. Entiendo que los músicos, sobre todo los cantantes, tienen que recuperar las cuerdas vocales, pero es algo que noto innecesario ya que podrían sumar una canción más al setlist. La última tanda de canciones arrancó con “Ancho falso” e “Impulsando el encuentro”, pero el clímax llegó cuando el Tano Romano, interpretó “30.000 plegarias”, tarareada y coreada por todo el teatro.
Tras casi dos horas de shows y sin tanta comunicación con el público, Malón despidió este 2025 con “Grito de Pilagá” e “Hipotecado”, ha sido una larga gira que los llevó por todo el país celebrando el aniversario de uno de los trabajos más emblemáticos de la música. Esta celebración de los 30 años de Espíritu Combativo no fue solo un ejercicio de nostalgia; fue una demostración de vigencia.
Agradecimientos especiales a la producción de AV Producciones y a Nadya por la acreditación para poder traerles esta nueva cobertura.
Etiquetas: Heavy Metal Argentino, Hermetica, Malon, O' Connor, Teatro Flores


Noche de festejo para Vorax. Llegando los últimos días del año 2025, para la banda de Villa Soldati también marcan el final de la gira 25 aniversario de la edición de “Por Sentimiento Pesado”. Fecha especial entonces en el siempre cómodo El Teatrito, con la promesa de algunas sorpresas y una velada plagada de metal argentino.
Último Golpe, Pesadumbre y Malogro fueron las bandas invitadas, quienes ofrecieron sus respectivos sets mientras un interesante número de personas iba nutriendo la sala. El ambiente ya estaba preparado.
Apenas pasadas las 21:30 se abrieron las cortinas del escenario para dar paso a Vorax y canciones que se hilvanan como una declaracion de principios. Para reforzar el mensaje basta con escuchar “Por Sentimiento Pesado”, uno de los temas emblemas de esta agrupación. Esta primera sección del show se completó con “Cuando Mates tus Miedos” del tercer álbum, Guerra Mental.
Vorax son Rubén Martínez en guitarra y voz, de gran manejo escénico; su hermano Walter Martínez tras los parches, con ese toque brutal, siempre a tempo; y completando la formación Ernesto Rodriguez en guitarra y coros; y Matías Basto Solis en Bajo. No extraña que un conjunto con tantos años de trayectoria suene de manera tan ajustada.
Tras algunos saludos continuaron el set con un par de clásicos de Almafuerte… primero “Sentir Indiano” y luego “1999”, ambas de la primera época de la recordada banda. A estos temas les sumaron un par más de su placa debut, “Vicio del Alma” y “Siempre Seré Yo Mismo”.
Tal como habían anunciado desde las redes sociales, ibamos a poder ver varios invitados. El primer turno fue para la guitarrista de La Plata, Valeria Terraz. Gran performance para dar vida al clásico de Hemética “Atravesando Todo Límite”, aunque en una versión más cercana a la que solía ejecutar Almafuerte. Valeria se retiró muy aplaudida y dio paso a otro invitado, esta vez en los teclados. Fue el turno de Gabriel Fajardo de Tándem, quien se acopló para una versión de “Estigmas”, perteneciente a La Oscuridad, el segundo LP.
El siguiente invitado fue quizás quien se llevó las mayores ovaciones de la noche… es que Larry Zavala no precisa introducción, toda una institución dentro del Metal Pesado argentino. El experimentado vocalista sumó todo su oficio para una potente versión de “El Visitante”. Acertada decisión ya que el registro de Larry siempre calzó a la perfección en las canciones de Almafuerte.
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Nuevamente la banda volvió a su formación habitual para despacharse con dos temas más del segundo disco… “Soy La Oscuridad” y la genial “El Monje Negro”.
Momento de otra invitada, nada menos que Johana Gieco en teclados, quien compartiera tantos años de ruta junto a los hermanos Martínez en la banda de Ricardo Iorio. Justamente de ese período eligieron interpretar dos canciones que habían formado parte del célebre streaming Avivando la Llama de la Ley Natural. Primero fue “Morir Al Lado De Mi Amor” de Demis Roussos; y luego “Me Gusta La Gente Simple” del recordado Facundo Cabral. Muy festejada la participación de Johana.
Siguieron los invitados: Daniel Rodriguez, quien oficiara de tecladista en la banda durante los tumultosos años 80s. Ejecutaron “Espera Un Poco Más”.
Quedaba tiempo para algo más… Primero “Viejas Miserias” del primer disco; luego “Si Te Cuesta, Es Tuyo” del segundo. El final fue con una poderosa versión de un clásico de la música pesada argentina, “Sucio y Desprolijo” de Pappo´s Blues.
Vorax gozó de su festejo de fín de año con una propuesta tan auténtica como los ha caracterizado toda su carrera, recorriendo su historia y con varios invitados de lujo. El final de una etapa pero el comienzo de otra.
“Esta raza no negocia su sentir, porque no es moda ni un mercado.”


Fotos de portada Pedro “Chino” Romero
Diciembre suele ser un mes de despedidas y cierres. La gente se junta con sus familiares, compañeros o amigos y comparten una última noche. Tienen almuerzos, reuniones o fiestas. Todo, para despedir el año. Sin embargo, también es un mes de autocrítica y reflexión. En el que las personas se detienen un momento a hacer un balance. Y reflexionar. Analizan lo qué hicieron, lo que pudieron haber hecho y lo que harían. De esta forma, ponen un punto final a lo hecho en el año para poder enfocarse de lleno en el próximo.
Con estos conceptos en mente, se presentó Arpeghy el pasado sábado 13 de noviembre en el Teatrito, para despedir el año celebrando sobre el escenario junto con su público y su gente. La banda formada y comanda por el guitarrista “Diego Solís”, estuvo acompañada por Argan y La Enana Peligro, en una noche especial, con invitados de lujo.
La jornada arrancó temprano con la presentación de Argan, un cuarteto de Hard Rock, liderados por “Gastón Durand”, quienes vinieron a revitalizar el Ep que sacaron el año pasado, Umbral pt 2. La banda se presentó con una formación de emergencia, debido a la baja de su batero “Lukas Ledesma”. Para cubrirlo, estuvo a cargo de las baquetas “Pablo Ureta”, miembro del grupo Neon Rider. Un gran gesto en por parte del músico, que permitió que la presentación de Argan no se caiga. Y es que en la media hora que estuvieron sobre el escenario, supieron deslumbrar a los presentes con su propuesta melódica y moderna. De la mano virtuosa de Gastón en la viola y la presencia enérgica de Matías Acevedo en las voces, el grupo supo sacar adelante una actuación sólida y sin fisuras.
Luego llego el turno de La Enana Peligro, un quinteto que con su potente y explosivo Hard Rock, al más estilo Van Halen y Guns And Roses, se subió al escenario para encender a la gente que iba aumentando su presencia en el sitio. La “Gibson” de su guitarrista y su forma de tocarla, marcaba muy bien de donde provenían las influencias del grupo, y es que a diferencia de Argan, la propuesta de estos muchachos hacía especial énfasis en riffs más clásicos, dinámicos y electrizantes. Si bien la mayoría de los temas siguieron una misma línea musical, en este apartado resaltó “Psicoasfixia”, que la tocaron con mucha emoción e ímpetu. Su ritmo trepidante y el solo explosivo llamaron la atención de aquellos despistados que aún estaban a la espera del acto principal y se llevaron una buena sorpresa con este tema.
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De esta forma, la Enana peligro redondeo una actuación que les valió varios aplausos y la aprobación tanto de los que fueron a verlo a ellos, como de los que fueron para ver a la siguiente banda.
Y es que la fecha tenía un plato principal y central, estelarizado por Arpeghy. El grupo que hacía unos días había tenido la posibilidad de ser el acto soporte de ni más ni menos que el proyecto de Tobias Sammet, Avantasia, se presentaba en esta oportunidad como los principales protagonistas de la noche. Y al igual que aquella velada en el Teatro Flores, ahora decían presente con Jorge Balles frente a los micrófonos, debido a la salida de su anterior vocalista, Mariano Middleton.
21:30 era la hora cronometrada para su salida al escenario. Sin ningún tipo de demora ni contratiempo, los músicos aparecieron en escena a horario. Y sin mucha presentación, comenzó la acción. Velocidad, potencia y fuerza. Esos fueron los ingredientes con los que arrancaron a todo trapo, sin dar respiro. El gran rango vocal de Jorge junto con el despliegue técnico y melódico de Diego en la guitarra, fueron la mezcla apropiada para lograr una entrada demoledora desde lo musical. Y es que dos temas bastaron para entender porque habían sido elegidos para abrir para Avantasia. Sus momentos más Heavy/Power no están muy alejados que los temas más acelerados de las huestes de Tobias y compañía.
Sin embargo, ni el enérgico arranque ni el cálido recibimiento por parte del público, impidieron que los problemas técnicos estuvieran a la orden del día. Y más en concreto, desperfectos que parecían afectar directamente al líder de Arpeghy, quién parecía tener problemas de retorno, además de inconvenientes con la conexión de su instrumento. Afortunadamente, estos problemas no prevalecieron durante mucho tiempo y al cabo del cuarto tema ya habían desaparecido.
Justo en este momento, la banda se detiene para dar el primer saludo de la noche y agradecer a Jorge, por su participación. A continuación, sonó “Laberinto”, que fue el primer cambio de revoluciones, y dio inicio una etapa del show menos acelerada y más calma, con temas más limpios y melódicos, en los que resaltaba los teclados de Jorge Justo.
Tras esta interpretación, llegaron los primeros cambios de la noche. Diego cambió de guitarra mientras que a la vez, Jorge Balles fue reemplazado por Gustavo Despalanque (ex Presto Vivace), quién se encargó de vocalizar las baladas “Mi Destino” y “En tus Ojos”, del Arpeghy 3 del 2022. Su principal impronta, estuvo en brindar un registro vocal más rasgado e íntimo a estas composiciones. Como dándoles más profundidad. Sin desprenderse de sus gritos agudos, su desempeño tuvo un aire más rockero que el de Balles, mucho más esplendoroso y limpio.
Siguiendo con la ronda de cambios, luego fue el turno de Ariel García, cantante de Valirios y Bulletproof, de hacerse cargo de las voces. Con un porte más sencillo, supo cantar quizás con más personalidad, sin buscar tanto imitar la versión original de los temas. Es así como la banda presentó su nuevo single, “Siento”, junto con Ariel, brindando uno de los momentos más destacables de la noche con la gente totalmente compenetrada con la música y prestando toda su atención a la guitarra de Solís, que no parecía agotar su energía y virtuosismo.
Ya para el cierre, la banda aprovechó un momento para agradecer al público por el aguante, anunciando que se viene el lanzamiento de su nuevo disco para el año que viene, bajo el sello de Heresy Metal Media. Sin embargo, de lo que no hubo novedades es acerca del nuevo vocalista que los acompañará en sus próximas fechas para el año que viene. En vez de eso, hicieron un balance de lo que fue su año. Y si bien, no ocultaron las dificultades que afrontaron, la reflexión final fue más alentadora, quedándose con el logro de haber terminado un nuevo trabajo, y de haber sido participes de la fecha de Avantasia.
Tras este transparente momento, la banda invitó tanto a Balles, como a “Despa” para que compartan el último momento de la noche y del año, en el escenario junto con Ariel. De esta forma, los tres vocalistas y Arpeghy se despidieron a pura emoción y Heavy/Hard Rock.
Finalizado el acto, la gente que dijo presente salió del Teatrito con aire de satisfacción de haber podido disfrutar de una velada llena de música, una de las últimas del año. Pero al mismo tiempo, expectante para lo que se viene. Porque si algo nos quedó bien claro del show de esa noche, es que Arphegy no va a parar. Y mientras haya compromiso y ganas, la música tampoco.
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