


Hirax son de esos grupos de thrash de los ochentas que en su momento estuvieron alejados de las grandes ligas, separándose justo antes de que los noventas los obligaran a tener que adaptarse o perecer como le pasó a muchos de sus congéneres. Pero con la llegada del nuevo milenio parece que a la formación original del grupo se le dio por reactivar a Hirax, aunque rápidamente toda la base instrumental decidió bajarse y dejar al cantante Katon W. de Pena como único miembro constante de esta nueva etapa de Hirax.
Con la expansión de la Internet, la nueva apreciación por el thrash metal clásico de los ochentas y los sellos apostando a las reediciones dando acceso a muchos fans jóvenes que no habían tenido oportunidad de vivir esos años de escuchar a muchas bandas del estilo que seguramente hubiera quedado sepultadas por las arenas del tiempo en otras circunstancias, Hirax se encontraron en el momento indicado para tener una segunda oportunidad. Acá también tuvo mucho que ver la personalidad de Katon, un tipo carismático y particular que no sólo ha logrado mantener a flote al grupo a través de los constantes cambios de formación, sino también armarse todo un personaje a su alrededor: muchos metaleros argentinos lo conocerán por la cantidad de fotos que tiene con remeras de Hermética, banda a la que conoció a través del baterista argentino Jorge Iacobellis, quien fuera parte de Hirax durante casi una década.
TAMBIÉN TE PUEDE INTERESAR: Nervosa en Buenos Aires: “Rebeldía y caos perpetuo”
Además de vivir de sus canciones de la década de Reagan, Hirax ha tenido también nuevos lanzamientos, de un nivel bastante aceptable para lo que suelen ser estas bandas de thrash dinosaurio retomando sus carreras: The New Age of Terror y El Rostro de la Muerte me parecen discos muy disfrutables para quien buscara esa onda de thrash metal crudo y veloz. Y tras la salida de Immortal Legacy en 2014, en 2018 Katon comenzó a hablar sobre lo que sería el nuevo álbum de Hirax, eventualmente bautizado como Faster Than Death, pero la espera comenzó a alargarse más y más, sumado a los cambios de integrantes que lo más seguro es que no ayudara a las grabaciones.
Para ser sincero, estaba preparado para que Faster Than Death de Hirax no saliera jamás. Con una pandemia de por medio y Katon haciendo horas extras para andar hypeando el álbum con tanta anticipación sin tener un adelanto preparado hizo que por momentos este lanzamiento de los californianos se sintiera como el Detox, el The Unquestionable Truth (Part 2) o el Time II del thrash metal. Pero contra todo pronóstico, el 27 de febrero último pudimos tener ya en nuestras manos el tan anticipado sexto álbum de Hirax, editado a través de Doomentia Records, a casi 11 años exactos desde el anterior Immortal Legacy.
¿Qué cabe encontrarse en este disquito? Bueno, “Drill Into The Brain” arranca con el sonido de un taladro haciendo lo suyo con (asumo) un cerebro, e inmediatamente da paso a una avalancha de riffs filosos, en este caso a cargo de Neil Metcalf (quien también se encargó del bajo), y un repiqueteo asesino de la mano de Danny Walker, actualmente baterista de D.R.I. Ninguno de estos dos está actualmente en la banda, pero su aporte a lo largo del álbum es imposible de exagerar: hay una energía constante e infecciosa detrás de cada nota, con ese bajo pulsante que de vez en cuando se separa del resto de los instrumentos para hacer lo suyo y las guitarras tronando como una motosierra.
TAMBIÉN TE PUEDE INTERESAR: Domination en Buenos Aires: “Del under argentino para el mundo”
Y claro, hay que hablar sobre Katon. Se podrán decir muchas cosas acerca de Katon, sobre los momentos en los que su personaje se siente un tanto forzado o el nivel de vendehumo o figuretismo tratando de promocionar el disco, pero es imposible negar que el tipo tiene la voz para este tipo de música, con la que pasa sin problemas del grito hardcore al agudo metalero.
De esta manera se puede hablar acerca de todas las canciones, porque ciertamente Faster Than Death no es el disco más variado del mundo: es para un público muy específico que quiere thrash metal puro y duro, sin nada de cosas raras como pasajes melódicos o elementos progresivos elegantes, sólo thrash callejero y roñoso como un chaleco con parches viejo que ha visto mil batallas y mucho mosh. Los mejores momentos se encuentran en las canciones más desarrolladas como “Armageddon”, “Drowned Bodies”, “Relentless” y “Revenant”, donde Hirax sacan su Slayer interno homenajeando / copiando la intro del clásico “Hell Awaits” del combo Araya-King-Hanneman-Lombardo.
Creo que la mayor queja que muchos tendrán acerca de Faster Than Death estará en su longitud: no creo que 22 minutos de material tras 11 años de espera sea suficiente. Hirax no es una banda que rechace hacer discos cortos: su segundo trabajo Hate, Fear and Power escupe ocho canciones en 16 minutos y la banda no sólo lo considera un LP sino que muchos fans lo consideran el mejor de su primera etapa. Pero creo que en ese caso funciona como algo de una sola vez: volviendo a la comparativa con Slayer, Reign In Blood será recordado como un clásico de menos de media hora pero si estos días Araya y King sacaran un disco de esa longitud muchos se quejarían.
Sumado a eso, hay un par de canciones a las que no les habría venido mal una repasada más como “Psychiatric Ward” y el tema título “Faster Than Death”: el material presente está bien, pero darle un poco más de jugo a los versos o a los riffs los podría haber hecho incluso mejor.
¿Es Faster Than Death de lo mejor de Hirax? Respondiendo a eso, les pido por favor que no nos vayamos al carajo con eso. Faster Than Death está bien: es enérgico, furioso, se pone justo en la línea entre el thrash clásico y la onda crossover que tanto me gusta, suena bien y da para imaginarse cómo sería todo en vivo. Pero se queda corto de material justo cuando la cosa para que va a alcanzar su verdadero clímax en el final y se lo puede tachar de cortachorro claramente. No es de los mejores discos de Hirax pero tampoco creo que sea de lo peor de la banda como vienen diciendo algunas reseñas que he leído: es un disco perfectamente aceptable que daba para más.


Los californianos Bleeding Through son una de aquellas bandas que pese a haber influido en la generación posterior con la que se vivió la explosión del metalcore, nunca pudieron alcanzar la cima “mainstream” del género como si ha ocurrido con compañeros suyos como Avenged Sevenfold (aunque ellos hayan variado el estilo musical, se criaron juntos y compartieron alguna gira en el pasado), Lamb of God, Killswitch Engage, As I Lay Dying y posteriormente Parkway Drive, Architects y August Burns Red, por citar algunas de las “Vacas Sagradas” del género.
TAMBIÉN TE PUEDE INTERESAR: Stick To Your Guns – Keep Planting Flowers (2025)
Para esta nueva entrega, la banda ya con SharpTone Records como casa discográfica, no parece haber perdido un ápice de fuerza respecto a sus trabajos anteriores, es más, me atrevería a decir que es uno de los discos más pesados y oscuros en la discografía de los de Orange County.
Desde el apabullante comienzo con “Gallows”, uno ya puede ir agarrándose a la silla ante la tamaña tormenta que se le viene encima, esos gritos demoledores de Brandan Schieppati combinados con una base rítmica brutal y un puente algo más pausado pero igual de intenso con un ligero protagonismo de Marta Peterson a los teclados, es el comienzo perfecto para una obra que recoge el testigo justo donde lo dejaron hace siete años, cualquiera lo diría también hay que decirlo.
El binomio de singles “Our Brand is Chaos” y “Dead, But So Alive”, ya nos puso de sobre aviso hace unos meses de que el retorno de Bleeding Through iba a ser muy potente y que los de Orange County, podrían toda la carne en el asador para estar a la altura de sus trabajos previos.
La primera navega entre el metalcore más rudo y ciertos toques de blackened core, absolutamente brillantes y que harán las delicias de los amantes de estos dos estilos, con poco espacio para la “dulzura” vocal, pero si con ambientes creados por Marta que le dan un toque muy personal a la canción.
Para “Hail Destruction”, la banda vuelve a desplegar su lado más oscuro, pero combinado con unos riffs afiladísimos y unas voces infernales por parte de Brandan, que bien podrían haber encajado en un disco como Declaration e incluso en The Truth, evidenciando que para Bleeding Through, no solamente el tiempo no ha pasado, si no que se comen a gran parte de las bandas actuales del género que matarían por tener un disco como este en lugar de lo que ofrecen. El tema cuenta con un demoledor solo de guitarra que no hace más que coronar una de las mejores piezas del disco.
En el ecuador del álbum, vamos a encontrar al primer invitado que no es otro que el señor Doc Coyle, guitarrista de Bad Wolves, pero que muchos de nosotros conocimos hace casi dos décadas en bandas como God Forbid cuando surgió la explosión de la “NWOAHM” (o Early Metalcore, como queráis llamarlo) y que aporta su talento en uno de los cortes más “Accesibles” del disco y quiero matizar que es un tema mucho más abierto a nivel de melodías y arreglos que los primeros 4 cortes del disco, podría entrar con relativa facilidad al oyente que no conozca mucho a Bleeding Through, pero lejísimos está de ser un tema “ligero”.
Tras el interludio “Last Breath”, la banda dispara el tercer single del disco “Path of Our Disease”, con Marta ejerciendo de protagonista vocal, con un timbre aterciopelado que pone los pelos de punta, para luego ser secundada por los screams de Brandan, creando una atmósfera bastante especial a lo Cradle of Filth, pero pasada por el filtro del metalcore clásico.
Escuchando temas como este, es fácil entender de donde bandas como Betraying The Martyrs y Make Them Suffer cogieron inspección, solo por citar dos bandas donde es muy clara la influencia que han tenido BT.
La siguiente es un bombazo y es que “I Am Resistence”, cuenta con la colaboración especial de Andrew Neufield (Comeback Kid, Sights & Sounds) y es un ejercicio impecable que combina hardcore punk, metalcore y toques sinfónicos por parte de Marta a los teclados, simplemente una delicia para el oyente y otra de las joyas del disco.
El disco va llegando a su fin, pero no sin antes dejarnos una traca final de infarto y es que “Emery”, recupera el sonido de la primera mitad del disco, pero le añade un toque algo más melódico y moderno que encaja de perlas en el sonido actual de Bleeding Through, sin cambiar nada, simplemente evidenciando que para ellos la evolución musical es un hecho concreto y real, no puro marketing como ocurre con otras bandas del estilo, sobre todo de las más nuevas, las cuales no solamente no les llegan a Bleeding Through a la suela de los zapatos, si no que deberían tomar ejemplo de como se lleva una carrera digna y con grandes canciones.
Para “War Time”, la banda abre un poquito el abanico y nos devuelve a su primera época con un sonido más propio de discos como This Is Love, This Is Murderous, con ese metalcore “Old School” de guitarras pesadas y que se combinan con un juego de voces espectacular entre Brandan y Marta, al cual se le suma la aparición del señor Brian Fair, vocalista de Shadows Fall y que va a dibujar una sonrisa gigante entre los que crecieron escuchando este genero a comienzos y la primera mitad de los 2000. Ese “Breakdown” hará añicos tus oídos y es impresionante, una vez más la aportación vocal de Marta, que está simplemente pletórica y brillando como nunca en este disco.
Con la furiosa “Unholy Armada”, el disco llega a su fin y como se podía intuir hace unos meses, con los dos primeros singles, Bleeding Through no solo han vuelto a lo grande, demostrando que para ellos 20 años no es nada, si no que ya es hora de que la gente les empiece a dar el crédito que merecen, porque con Nine, los californianos se lo han vuelto a ganar y con creces.
Etiquetas: Bleeding Through, Metalcore, Nine, SharpTone Records


Tras años de preparación, tenemos un supergrupo italiano concebido por el líder y cantante de Skeletoon, Tomi Fooler, en The 7th Guild. El trío de vocalistas está formado por Giacomo Voli (Rhapsody of Fire) e Ivan Giannini (ex-Vision Divine), mientras que el elenco de músicos incluye a miembros de Gamma Ray, DGM, Freedom Call y Ancient Bards. En los nueve temas de Triumviro, su álbum de debut, se puede esperar un estilo de power metal operístico con matices sinfónicos y bombásticos, melodías elevadas y componentes musicales edificantes que se alinean bien con los de los primeros Angra y Sonata Arctica.
El proyecto se puso en marcha en 2021, pero hasta febrero de 2025 no vio la luz el primer álbum de larga duración, Triumviro, bajo el sello Scarlet Records. Fue producido, mezclado y masterizado por Tomi Fooler, Simone Mularoni y Simone Bertozzi en Domination Studio, mientras que la portada corre a cargo de Thomas Everhard (Edguy, Avantasia, Therion).
Triumviro hace gala de un power metal italiano muy tradicional: velocidad temeraria, voces agudas y ruidosas, y un patrón de batería diseñado para agotar al que empuña las baquetas (o palillos) antes de que piense en retirarse. Además, los guitarristas se dejan la piel con el típico festival de riffs, aderezado con algún que otro solo.
TAMBIÉN TE PUEDE INTERESAR: Riot V – Mean Streets (2024)
El álbum es un viaje a través de las formas artísticas más icónicas del género, combinando pegadizas melodías de power metal con ricos arreglos orquestales. Esta mezcla única da como resultado un efecto coral fascinante. A diferencia de grupos igualmente opulentos como Twilight Force y Fellowship, The 7th Guild personifica lo genérico en cada momento, hasta el punto de que, a veces, resulta difícil distinguir a los tres vocalistas.
Al tratarse de un grupo nuevo y de un álbum de debut, las canciones iniciales son muy importantes, ya que representan la famosa “primera impresión”. En este sentido, es un poco suave. Disponen de buenas canciones y tienen todos los componentes que cabría esperar, pero Triumviro a menudo caza descaradamente en territorios que otros conjuntos ya ocuparon.
Una de las canciones destacadas es Glorious, que incluye cambios de ritmo entre un piano y una mezcla de voces en inglés e italiano, lo que añade profundidad. Se siente grandiosa y épica, que es lo que se esperaba de Triumviro. La Promessa Cremisi también mantiene la calidad, con otro enfoque dramático de la música que tiene un aire más teatral. Cantada predominantemente en italiano y con unos cantantes excepcionales a la cabeza, nos trae a la mente imágenes de la ópera italiana y de los famosos tenores.
Las bandas novatas a veces recopilan los mejores cortes que otras bandas ya publicaron para ganarse el favor de su todavía creciente base de fans, lo que terminó saturando a los oyentes por la superpoblación de bandas del estilo allá por el año 2001.
El trabajo a la guitarra de Simone Mularoni, junto con la impresionante producción de teclados y orquestación de Alessio Lucatti y Daniele Mazza, crea una atmósfera elevada en canciones como In Nomine Patris, que recuerda a Rhapsody of Fire, hasta llegar a un himno épico a medio tempo como Guardians of Eternity, que invita a profundizar en los componentes clave del gancho.
TAMBIÉN TE PUEDE INTERESAR: Sabaton y Powerwolf se presentarán en Argentina en 2025
La sinergia entre el trío de vocalistas es palpable, creando un sonido armonioso y dinámico, mientras que la claridad de cada instrumento, unida a los exuberantes arreglos orquestales, permite al oyente apreciar plenamente las complejidades de la música. Si bien el aspecto vocal de los tres cantantes es muy bueno, existen canciones como Time, en donde sinceramente no se distinguen, ya que el registro es tan similar que se pierde durante los minutos que dura la balada. Cierran el álbum con una innecesaria versión de “Fairy Tale” canción de los brasileros Shaman.
Si te gusta el power metal europeo ambientado en un paisaje más parecido al de Avantasia, The 7th Guild podría llenar todas esas casillas auditivas que has deseado a través de Triumviro. Pero, en definitiva, no esperes un disco que tenga el impacto que tuvieron, por ejemplo, Symphony of the Enchanted Lands (Rhapsody), Ecliptica (Sonata Arctica) o, en menor medida, A New Religion? de Athena.
Etiquetas: Athena, avantasia, Edguy, Rhapsody, Rhapsody Of Fire, Scarlet Records, Shaman, Sonata Arctica, The 7th Guild, Therion, Vision Divine
Una amalgama de sensaciones donde los sentimientos con sabor amargo predominan, eso es lo que tengo después de escuchar lo nuevo de Dynazty. A primera hora de medianoche del viernes pasado, me dispuse a escuchar su último álbum titulado Game Of Faces, producido por la discográfica Nuclear Blast Records y no son del todo buenas las primeras impresiones.
Este último trabajo que saliera el pasado viernes 14 de febrero es un disco LP de 40 minutos de duración resultado de una secuencia de 10 piezas musicales. Si bien mis sensaciones, como dije, no son del todo buenas (y voy a explicarles el por qué), no es un álbum que se vuelva difícil de escuchar o que debamos cortar con su reproducción en los primeros minutos. Por el contrario, esta producción, es por demás ganchera, de fácil escucha y que puede quedarse sonando en loop hasta que nos percatemos de ello.
Dynazty, es una banda de casi 2 décadas de existencia y que particularmente sigo desde su segundo lanzamiento, el espectacular Knock You Down, motivo por el cual me veía entusiasmado y ansioso por este nuevo material. Quizás mis altas expectativas me hayan jugado una mala pasada, quizás sus anteriores trabajos hayan dejado la vara muy alta, o quizás no y puede que ustedes coincidan plenamente conmigo. Realmente no lo sé, pero tratare de ser lo más honesto posible en cada una de mis palabras.
TAMBIÉN TE PUEDE INTERESAR: Marko Hietala – Roses From the Deep (2025)
El disco arranca con “Call of the Night”, uno de sus singles promocionales. Aquí nos llega en los primeros segundos la presencia de unos sintetizadores bien presentes y con tono de suspenso, que dan introducción a un riff explosivo y muy ganchero. La canción comienza muy arriba, con mucha energía y se mantiene así en todo momento, con la típica estructura del éxito: estrofas, estribillos, solo y nuevamente estribillo. Sin duda que una muy buena forma de arrancar.
“Game of Faces” viene en una línea similar, mucha presencia de sintetizadores, pero aquí empezamos a notar un poco sobrecargada de efectos la voz de Nils Molin (vaya desperdicio). Precediendo a la anterior, tenemos a “Devilry of Ecstasy” que, nuevamente, comienza con sintetizadores, pero aquí al menos podremos notar un poco más la existencia de las guitarras (finalmente).
Llegamos a mitad de disco con “Die to Survive” y “Fire to Fight”, 2 canciones de las que no puedo decir mucho que ya no haya mencionado anteriormente. Sin embargo, no puedo negar que “Fire to Fight” es por demás pegadiza y motivacional. Canción que podría tal vez adoptar como la joya oculta del álbum si no fuese por esos fastidiosos segundos donde podemos escuchar a Molin cantar como un robot, al fiel estilo Robotina de los Supersónicos.
De “Dark Angel”, que es lo próximo en llegar a nuestros oídos, rescato con mucha voluntad que suena bastante más natural que sus compañeras y que tiene una melodía vocal por demás excepcional y llamativa, de esas que invitan a emularla con un leve silbido. Me gusta el inicio de “Fortune Favors the Brave”, con un excelente riff de guitarra para acompañarlo con alguna onomatopeya (como se dice por estos lares, tarareando).
El álbum cierra con “Sole Survivor”, “Phoenix” y “Dream of Spring” en ese mismo orden. Canciones que no pararé a dar detalles porque, en definitiva, son de una estructura composicional muy similar a todo lo que hemos venido escuchando hasta aquí.
En general el disco transcurre siempre de la misma forma, con la misma fórmula composicional en cada uno de sus temas, los insistentes inicios con teclados, las voces sobre producidas y guitarras que pasan a un segundo plano por la fuerte presencia de los sintetizadores. Y no es que tenga algo contra los sintetizadores y/o teclados, puesto que me gusta mucho más su inclusión que su ausencia, pero no al menos de esta forma, al punto donde uno se pregunta al finalizar la escucha: ¿Qué pasó con las malditas guitarras? Una propuesta que si debiera resumirla de alguna forma para que entendieran con que se van a encontrar, sería con la palabra “artificial”, porque así me suena este álbum, demasiado artificial.
TAMBIÉN TE PUEDE INTERESAR: Ronnie Romero – Raised on Heavy Radio (2023)
Se denota una clara intención de Dynazty de, en esta ocasión, perseguir sonidos más comerciales o que repercutan con más facilidad. Podemos decir, de alguna manera, que Game Of Faces es de aquellas producciones que, puestas en cierto contexto, comparada con sus precedentes y el nivel mismo con que la banda venía trabajando, no puedan resultarnos del todo buenas, pero que para cualquier persona que se encuentre con ellos por medio de este disco, el resultado quizás sea totalmente diferente. Sin duda, que es una producción de opiniones opuestas.
¿Realmente es un mal disco? No, no se confundan, es solo una apreciación que está fuertemente influenciada por todos aquellos años dedicados a escuchar esta banda y de la cual, a esta altura de su carrera, quizás esperaba algo diferente. Sin duda alguna que Game of Faces logra su cometido: una escucha rápida, agradable y fácilmente asequible al paladar de los oyentes. Por mi parte y a pesar de mi parcial descontento, rescato muchas particularidades, como ha de ser las excelentes melodías (sobre todo las vocales) que este disco nos convida, la prolijidad con que lo produjeron y que la agrupación da muestras de que todavía tienen un largo camino por delante. Los invito, una vez más, a escuchar Game Of Faces y que saquen sus propias conclusiones.
Etiquetas: AOR, DYNAZTY, Hard Rock, Heavy Metal, nuclear blast, Suecia

En una ocasión anterior mencioné que muchas veces la portada es lo primero que suelo cruzarme de un álbum, y que por eso aprecio cuando los artistas se toman en serio el trabajo de presentar una imagen que haga que me interese por el lanzamiento y que al mismo tiempo represente bien el contenido del mismo. Así que me veo en la obligación de aplaudir a los chicos de Wild Charge por ilustrar su álbum con una imagen que exprese tan bien los deseos tremendos que tienen de ser Iron Maiden.
¿Qué tenemos acá? Podríamos decir que es el Eddie con el traje de samurái de la portada de Senjutsu recorriendo las calles de alguna ciudad japonesa, pasando frente a un bar donde sirven Heineken, con el contraste de azul y amarillo de la portada de Live After Death. Alguno lo podría considerar un robo a mano armada y no lo culparía, porque yo por dos segundos creí que era justamente una portada de algún disco de Steve Harris y su séquito, pero no puedo negar que cumplió su propósito de hacerme interesar en el álbum. Y si tengo que ser más sincero todavía, diría que es mejor que al menos la dos últimas portadas del Iron Maiden verdadero, o al menos desde que decidieron que todas las portadas tengan un fondo negro y nada más.
Así que vamos a centrarnos ya en la música en sí y en la banda detrás de ella. Wild Charge es un cuarteto estadounidense formado en California por el cantante y guitarrista chipriota Sebastian “Seb” Agini, el guitarrista Chris McLeod, el bajista Will Weiner y el baterista Stanley Love. Este es su primer LP. antes habiendo editado el EP The Curse of the Crystal Witch con dos tracks que también están incluidos en este disco autotitulado.
TAMBIÉN TE PUEDE INTERESAR: Lögan (Crimson Storm): “La IA en la música es una estafa”
Apenas arranca la primera canción “City Hunter” (o, mejor dicho, cuando arranca la canción de verdad tras el sample del transporte público japonés), queda claro que la fascinación por Iron Maiden no se limita sólo a las portadas, aunque está lejos de ser su única inspiración. Es muy obvio que Wild Charge tienen bien estudiado el manual maideniano, sobre todo el material aguerrido de principios y mediados de los ochentas, con sus cabalgatas guitarreras y los riffs como para poner a estadios completos a saltar, pero de la misma manera también se pueden encontrar muchos detalles que aluden a otros clásicos británicos de los ochentas como Judas Priest, Saxon o incluso Tank.
La mayor diferencia, aparte del uso del doble bombo tradicional, está obviamente en las voces, con Agini teniendo un estilo mucho más agresivo y grave que el de cualquiera de los vocalistas que pasaron por las filas de Maiden, por momentos asemejándose a Tom Angelripper de Sodom. Imaginen el universo alternativo donde Paul Di’Anno siguió al frente de Maiden tras los dos primeros discos y su estilo punk poco a poco le hubiera pasado factura a su voz y tendrán una visión bastante clara de lo hecho por Wild Charge.
TAMBIÉN TE PUEDE INTERESAR: Crimson Storm – Livin’ on the Bad Side (2025)
Es una combinación bastante particular, hasta podría tacharla de extraña, pero a fin de cuentas termina funcionando, a juzgar por lo mucho que me terminó convenciendo. Durando apenas 30 minutos, es un tanto complicado elegir un track favorito, pero tras repetidas escuchas iría por “Crystal Witch”: me encanta la manera en la que las guitarras suben y bajan y cómo se siente cada golpe minúsculo de la batería en los platillos. Y también me veo en la obligación de destacar la antes mencionada “City Hunter” y la final “Stardust Crusaders”, no sólo por ser grandes canciones sino también porque están claramente basadas en los animes City Hunter y Jojo’s Bizarre Adventure: si tanto los comparé con Iron Maiden, también quiero mencionar un par de cosas de las que Harris y Dickinson tendrían miedo de tomar inspiración .
A primera vista y escucha puede que Wild Charge no se destaquen por sobre otras bandas de heavy metal retro, pero rápidamente se nota la pasión que tienen por lo que hacen y la onda que le meten a sus composiciones. Para ser media hora de metal de 1983 que viajó en el tiempo al 2025 no suena apolillado, y las comparaciones que se le pueden hacer con otras bandas terminan sonando más como cumplidos que como otra cosa. Es un trabajo muy entretenido y cumplidor, y si el material progresivo de los últimos discos de Maiden no es de tu agrado, lo de Wild Charge puede ser un viaje a una dimensión donde todo se mantiene en su lugar.
Etiquetas: Estados Unidos, Heavy Metal, Wild Charge

Desde España y como mordida de tiburón, llega el disco No Sins To Confess de la agrupación de heavy metal Löanshark con 10 temas que te hacen vibrar con todo el poder y la energía de una banda joven que se quiere comer al mundo con nueva música.
TAMBIÉN TE PUEDE INTERESAR: Reseña: Crimson Storm – Livin’ on the Bad Side (2025)
De principio a fin, el disco está cargado de metal por donde sea vea, al abrir el tema “Electric Shocking Waves” te das cuenta que la vieja escuela está presente; el redoblante hace lo suyo con “Machine Gunner” en donde el baterista Ángel Smolski marca el ritmo en toda la canción.
“Another Man in the Trunk” revienta de poder al ritmo del guitarrista Lögan Heads y la voz de Aless Oppossed que también marca las líneas de bajo, nos recuerda una primera época de Saxon.
Uno de los mayores deleites de este disco fue el cover que eligieron para poner en el, escarbaron muy bien en el baúl de las bandas de la NWOBHM y la elegida fue Marseille, una agrupación que hizo su aparición a finales de los 70´s y que en 1984 sacó su disco Touch the Night, de aquí el tema que cierra el disco “Open Fire” suena encantador, esa es la palabra, ya que tiene mejor producción y además va en la misma onda que la original pero con toques modernos, que buen acierto fue sacar algo de una banda tan buena pero tan olvidada por el tiempo.
Con casi 40 minutos, No Sins To Confess es un disco para los metaleros de la vieja guardia que crecieron con bandas como Angel Witch, Y&T, Accept, Anthem, Baron Rojo, Heavy Pettin o Tokyo Blade; puede que agrupaciones como Löanshark no hagan nada nuevo pero aportan granos de arena gigantes al heavy metal actual esa fuerza que este género necesita para no decaer y ser olvidado.
Etiquetas: Aless Oppossed, Ángel Smolski, Another Man in the Trunk, Heavy Metal, Löanshark, Lögan Heads, Marseille, No Sins To Confess

Acá hablamos mucho de bandas finlandesas, alemanas, suecas y demás lugares elegantes donde la gente usa puntos raros encima de las vocales, pero con el porcentaje de latinoamericanos que hay escribiendo en Track To Hell es obvio que en este equipo estamos al tanto de que hay todo un mundo por fuera de los festivales europeos y los discos editados por Nuclear Blast. Y si yo pude dedicarle unas palabras al espantoso EP de Mötley Crüe de hace unos meses, entonces no veo por qué no podría hacerlo mismo con el álbum de estos Blister Bleed.
Se puede criticar mucho de la Internet, pero siempre voy a apreciar cómo ha facilitado conocer bandas de lugares remotos, aunque para un argentino como yo lo de “remoto” con respecto a Blister Bleed es extremadamente relativo, siendo que este proyecto unipersonal nos llega desde la ciudad de Cochabamba en Bolivia, uno de nuestros países limítrofes. Si nuestros registros son correctos, esta sería la primera banda boliviana de la que hablamos, así que esta reseña bien podría considerarse como todo un evento en la historia de Track To Hell.
Blister Bleed forma parte de la extremadamente fructífera escena latinoamericana del brutal death metal, un género que ha encontrado tierra fértil por estos lares gracias tanto a apoyo de fanáticos como de sellos dedicados de lleno al estilo: Blister Bleed mismos participaron de un compilado del sello mexicano Sick Musik To Your Guts. Y ahora el grupo (perdonen que use este término a pesar de que ya sé que es un solo músico, es que es más cómodo) debuta con su LP Apocalyptic Alien Invasion, editado a través de Catáfila Producciones el 7 de febrero.
TAMBIÉN TE PUEDE INTERESAR: Krisiun en Barcelona: “Carioca extremo”
Ya desde la portada, el nombre del disco y los títulos de las canciones, queda clara la temática extraterrestre y hasta conspirativa de Blister Bleed, un que es llamativamente popular entre los trucos de este estilo. Y ya al apretar play para arrancar con la inicial “Illuminati Warfare” nos encontramos con un largo sample tomado de un video del llamado Project Blue Book que supuestamente muestra una entrevista con un alien, y apenas arranca la canción en sí comprobamos que la banda no miente con respecto a la etiqueta que le pusieron: es death metal, y es muy brutal. Las guitarras son una pared de distorsión, la batería repiquetea tirando blast beats casi sin descanso, y las voces parecieran salir desde lo más profundo de un pozo de pestilencia. De vez en cuando tenemos algunos momentos donde Blister Bleed clava un poco el freno y le da un rebaje a los riffs, como se puede escuchar en el breakdown en “Ancient Ruins Of Extraterrestrial Remains”, pero en su enorme mayoría es velocidad y brutalidad descarnada todo el tiempo.
La temática alienígena es algo que sigue en todo el álbum, con el sample de la serie de ciencia ficción Falling Skies al inicio de “Program Life Forms”, serie que vuelve a aparecer en la introducción de la final “Drones War”. Es interesante, aunque creo que los samples se hacen demasiado largos en varios casos: en la primera canción dura 80 segundos, en “Program Life Forms” dura 74 y en la última dura 100 segundos y menos, dejando poco más de 4 minutos de samples cinemáticos en un disco de 32 minutos. Además, hay un par de efectos en ellos que se repiten demasiado.
Claro que esto es parte de la experiencia, una que es extrema, jodida, de esas que no son aptas para los que no estén ya súper metidos en la onda del brutal death metal bien denso, en el caso de Blister Bleed pudiendo perfectamente compararse con ser devorado por alguna bestia alienígena cuya estructura biológica está por fuera de las capacidad cognitivas del ser humano para siquiera comenzar a comprender. Y en mi caso, diría que también puede ser un tanto demasiado para el oyente.
TAMBIÉN TE PUEDE INTERESAR: Nile en Barcelona: “Los faraones del death metal”
Me gusta apoyar el metal latinoamericano, como apoyaría cualquier escena pero acá con un sentido de pertenencia directa en el medio, y creo que una parte de apoyar a algo o alguien es señalar los aspectos donde puede mejorar. Como suele pasar con muchas bandas de brutal death metal, este primer LP de Blister Bleed tiene una producción que deja un tanto que desear. Sea por una decisión presupuestaria o artística, la mezcla cacofónica hace que sea extremadamente complicado distinguir algún riff individual, y ni hablar de que el bajo es directamente inexistente. hasta las voces parecen perderse entre las guitarras, algo bastante particular en un estilo caracterizado por sus vocalizaciones.
Obviamente estamos hablando de death metal, una música que se se supone que sea extrema, underground y con una estética que aleje a los “normies” y “posers” que no estén preparados para algo así, y donde hacer el equivalente sonoro de alguna película snuff bajada de la Deep Web es una buena manera de poder cumplir ese objetivo. Esto no es algo exclusivo de este estilo: escuché una cantidad enorme de discos de black metal que sonaban como si salieran de una radio de la Segunda Guerra Mundial, pero en el caso de Blister Bleed creo que ese sonido termina atentando contra la música, sobre todo considerando el contraste entre la calidad de sonido de los samples y la de la música en sí.
A pesar de esto último que dije, Apocalyptic Alien Invasion es un álbum que recomiendo para los ultra fanáticos del brutal death metal y/o los obsesionados con los videos sobre conspiraciones extraterrestres y de alienígenas infiltrados en las instituciones gubernamentales. Son 32 minutos de carnicería sonora, corrosiva como un vómito de ácido directo al rostro. Espero que Blister Bleed logre mejorar esos aspectos que mencioné anteriormente sin dejar de lado su fiereza, porque es un proyecto interesante en todos sus ingredientes.


El destino y/o la casualidad ha querido que dos de los pesos pesados del metalcore más clásico como son los californianos Bleeding Through y nuestros protagonistas en esta reseña, Killswitch Engage hayan sacado sus nuevos discos con apenas una semana de diferencia y ambos marquen el regreso de estas bandas a la escena.
TAMBIÉN TE PUEDE INTERESAR: Alien Weaponry estrena el segundo single de su nuevo disco
Para su novena entrega, la banda capitaneada por Adam.D y con Jesse Leach ya establecido nuevamente al frente del micrófono, la banda vuelve con This Consequence para demostrar que aún tienen mucho para dar y dentro de su estilo, siguen siendo de los mejores.
Y tras escuchar los casi 35 minutos que dura este trabajo, lo cierto es que tengo que darles la razón, aunque hay cosas para puntualizar, la gran mayoría de forma positiva.
Es cierto que si somos justos, a estas alturas no se puede pretender que KSE vuelvan a editar obras tan magnánimas como The End of Heartache o Alive or Just Breathing, ni que vayan a revolucionar la escena como hicieron hace dos décadas con su propuesta, pero lo que es innegable es que el disco es bastante mejor que sus últimos dos discos, manteniendo la misma fórmula, pero con algunas canciones superiores a las de aquellas dos obras.
Ya desde el inicio con “Abandon Us”, Killswitch dejan en claro sus intenciones: Volver a recuperar la chispa de antaño y visto la combinación de este tema, creo que es un inicio acertado para ello.
Adam nos regala magia con sus seis cuerdas, mientras que la base rítmica suena muy compacta acompañando a Jeese, que (independientemente del gusto personal) sigue cantando como los ángeles y demostrando que su lugar es aquí, en el micrófono cantando las canciones de Killswitch Engage.
“Discordant Nation”, con esa batería tremenda y la potencia moderna de “Aftermath” (ay…como nos gustan bandas como Atreyu o Trivium a algunos), continúan la senda del disco de una forma más que correcta y donde vemos que la banda, si puede pecar de “conformista”, pero haciendo lo que hacen no tienen apenas competencia y muchas de las bandas actuales les han tomado prestadas más de una y de dos ideas a la hora de hacer música.
Y que pasa con Jesse Leach, bueno chicos el tipo está en uno de sus mejores momentos, creo que suena más agresivo que en los dos discos anteriores (que no aportan gran cosa a la carrera de KSE) y a nivel melódico me parece que el tipo está incluso mejor, en temas como “Forever Aligned” es una delicia como suena en el estribillo melódico, muy a lo In Flames.
Ahora con “I Believe”, empieza quizás la mejor parte del disco y es que aunque no varié mucho el estilo de las cuatro piezas anteriores, si que suenan mejor a nivel grupal, teniendo en esta pieza a un futuro “himno” para la banda sin duda y que evidencia que cuando recargan las pilas, Killswitch pueden con todo lo que se ponga por delante.
Todo lo opuesto representa “Where It Dies”, un corte más pesado con cierto aroma thrash, pero con un estribillo digno de ser coreado por todos sus seguidores en una sala llena y que de nuevo cuenta con un precioso y metalero solo de guitarra por parte de Adam.D, siendo otra de las piezas destacadas del disco.
Las contundentes “The Fall of Us” y “Broken Glass”, muestran todos los elementos y recursos que KSE han usado a lo largo del disco: Blastbeats aplastantes, guitarras afiladas, melodías arrebatadoras y voces agresivas pero totalmente entretenidas para captar al gran público.
Quizás la segunda sea más interesante que la primera a nivel de innovación con cierto toque sludge core que puede gustar tanto a nuevos como a clásicos fans de la banda, así como a los “seguidores casuales” del metalcore.
Con “Requiem”, la banda da por finalizado el disco y hay que señalar un par de cosas más, lo primero es lo bien que han hecho dejando de lado el minutaje excesivo, aquí hay diez cortes y no sobra ni falta nada, se pasa muy ameno el disco siendo directo y concreto.
Y por otro lado, la banda ha recuperado parte de la chispa que parecía haberse perdido y al menos para mi perspectiva, este es un disco que puedo volver a poner sin llegar a cansarme, cosa que si ocurría con Atonement, un disco que tenía buenas ideas, pero que no acabaron de concretarlas.
Ahora bien, han entregado Killswitch Engage un disco a la altura de sus dos mejores obras citadas al comienzo de la reseña, no claro que no, pero es que ni ellos mismos han podido superarlas con el tiempo. Esto ¿Quiere decir que el disco sea malo?, tampoco ni siquiera es irregular, en resumidas cuentas es un más que notable retorno para KSE, a los cuales siendo la banda que son, les exigíamos que ya entregasen una obra a la altura de su legado y esta, mal que les pese a algunos, lo es y con creces.
Etiquetas: Killswitch Engage, metal blade records, Metalcore, This Consequence


Estimados lectores y fans del metal podrido hoy les traigo la reseña de un disco que me sorprendió gratamente. Gracias a la amabilidad de Will, del sello Season of Mist, llegó a mis oídos el álbum debut de los death metaleros suecos Retromorphosis.
Creada por cuatro antiguos miembros de Spawn of Possession—Jonas Bryssling (guitarra), Dennis Röndum (voz), Christian Muenzner (guitarra) y Erlend Caspersen (bajo)—la banda reclutó al baterista KC Howard, con quienes publicaron su álbum de debut, Psalmus Mortis.
La ópera prima, lanzada el 21 de febrero a nivel mundial, está compuesta por una intro y siete canciones, con una duración total aproximada de cuarenta y dos minutos. A lo largo del álbum, la banda nos sumerge en una espiral de oscuridad con riffs intrincados e intensos, donde también las melodías de corte tenebroso cobran vital importancia, incluyendo, además, instantes de disonancias.
Abre la placa la instrumental “Obscure Exordium“, una introducción con sonidos fantasmales de órgano y cuerdas que nos conduce gradualmente hacia la violencia. Cada segundo construye un paisaje sonoro envolvente e inquietante, preparando el terreno para que “Vanished” despliegue su esencia de death metal clásico. Esta canción contiene todo lo que un fan del género espera: tremolo picking, armónicos, voces guturales y música muy técnica. La voz de Dennis Röndum es cavernosa e imponente, evocando una atmósfera cargada de terror que encaja perfectamente con los temas de decadencia y transformación del álbum.
En contraste, “Aunt Christie’s Will” rocía algo de esa bondad melódica de SoP, pero no se detiene en cosas dulces. Riffs a toda marcha, blast beats y gruesas líneas de bajo retumban en tu cabeza durante los casi seis minutos que dura la canción. Al llegar a “Never to Wake“, Retromorphosis demuestra que no teme explorar nuevos terrenos y presenta varios cambios de tempo, fusionando elementos de death metal técnico con progresivos, manteniendo la canción fresca y emocionante.
TAMBIÉN TE PUEDE INTERESAR: Blood Red Throne en Buenos Aires: “Death Metal, Alcohol y Violencia”
Tras pasar el ecuador de la placa llega “The Tree“, donde los sintetizadores se unen a los riffs retorcidos para pintar un cuadro de pesadilla de codicia y corrupción. Es otra canción con un gran dominio técnico, y la banda logra aportar variedad al oyente sin perder el hilo conductor, un desafío en este género.
La canción homónima, “Retromorphosis“, abraza aquellas raíces, rememorando a bandas como Death y Suffocation, y a la vez forja un nuevo camino combinando el tecnicismo con una atmósfera inquietante. Para quienes buscan caos puro e implacable, “Machine” es el punto culminante del álbum. Con más de nueve minutos de duración, este tema cambia de tempo con una fluidez vertiginosa, equilibrando sin esfuerzo agresividad y una tensión inquietante y calculada.
El álbum se cierra con “Exalted Splendour“, un final abrasador que lleva al límite el rango dinámico de la banda. La batería de KC Howard es implacable, alimentando un ataque final que deja a los oyentes exhaustos y alborozados.
El despliegue técnico es inmenso y se pone al servicio de las canciones. El oyente encontrará que el álbum está impregnado de profundas tradiciones del género, pero se niega a quedarse ahí. La banda utiliza un enfoque moderno de la música, y su dominio técnico es sólido.
Psalmus Mortis está repleto de grandes arreglos y tiene el potencial de atraer a una amplia gama de fans del death metal, desde los seguidores de Death y Suffocation hasta quienes disfrutan de bandas más modernas como Obscura.
Etiquetas: Death Metal, Necrophagist, Obscura, Retromorphosis, Season Of Mist, Suecia, suffocation

Manic Street Preachers serán de esas bandas que siempre tendrán a alguien ansioso por cada nuevo lanzamiento, pero incluso el fan más parece haberla tenido complicada con la última década de carrera de los galeses. Alienar a sus seguidores no es algo nuevo para los Preachers: quien haya logrado seguirlos desde sus inicios los ha visto pasar de ser unos punks glam andróginos y politizados a coquetear con sonidos oscuros, ponerse el traje de britpop de estadio tras la desaparición misteriosa de su guitarrista, querer rebelarse contra su propia popularidad y ya con el nuevo milenio aceptar su posición como un grupo de pop rock efectivo sin vergüenza de serlo. Pero en este caso está claro que este bache en su discografía tiene menos que ver con las maniobras estilísticas del power trío y más con que el material no parece estar a la altura de su legado.
A pesar de que discos como Resistance Is Futile y The Ultra Vivid Moment no tuvieron el recibimiento que se esperaba, no creo que ya haya que descartar de entrada cada nuevo material por parte de estos oriundos de la pequeña ciudad de Blackpool. Puede que simplemente se hayan vuelto un grupo a lo Weezer, donde es mejor acercarse a cada nuevo álbum sin hacerse mucho la cabeza y hasta diría que esperando lo peor: si el disco es malo entonces uno no se decepciona, y si el disco es bueno uno la pasa bien porque no se la esperaba. Así que eso fue lo que pasó cuando me puse a escuchar Critical Thinking, el decimoquinto álbum de estudio de los Manic Street Preachers.
El inicio con “Critical Thinking” es… extraño, por ponerlo de alguna manera. Una línea de bajo fuerte, una guitarra repetitiva con cierto toque post punk, voces medio fantasmales con eco y una sección que me recuerda a los versos de algo como “Elephant Talk” de King Crimson, recitando conceptos vagamente relacionados con la modernidad y la Internet. La canción tiene todos los elementos individuales como para agradarme, pero la suma de todos ellos no termina por convencerme: le falta poder, las voces no me gustan, y no termino de entender cuál es la idea detrás de todo ello. ¿Habrá sido un intento de volver a la temática política de sus inicios? Podría ser considerado un intento experimental por parte de los Preachers, pero el hecho de que sea nuestra primera exposición al disco no deja la mejor impresión.
TAMBIÉN TE PUEDE INTERESAR: Vukovi – My God Has Got a Gun (2025)
Sin embargo, también podría tachar a “Critical Thinking” como un tanto mentirosa: será la primera canción del disco y la que le da nombre, pero el resto del material va por caminos completamente diferentes. Eso queda claro con la siguiente “Decline & Fall”, con su melodía fuerte y sus coros brillantes, con ese toque pop que la banda siempre logró manejar sin problemas. Lo mismo con algo como “Hiding In Plain Sight”, con su órgano prominente y sus melodías pegadizas, y “People Ruin Paintings”, otra canción de pop placentero y melódico. Es un disco mucho más melódico de lo que uno pensaría al principio, con mucha guitarra acústica y teclados
“Dear Stephen” es una de las canciones más interesantes del disco y también una de las más personales: aparentemente inspirada por una postal que Morrissey le había enviado al bajista Nicky Wire en aquella época, es un poco sobre la nostalgia por aquella época y por la manera en la que la música de The Smiths lo ha influenciado, incluso después de décadas de Morrissey demostrando ser una de las personas más desagradables y odiables de la música popular. Es una cosa con la que muchos nos podemos identificar en estos días: sentirse prisionero de la grandeza de una canción que nos recuerda a nuestra juventud y que seguimos escuchando a pesar de lo que ahora sabemos de esa persona detrás. La mezcla de guitarras acústicas con ese riff de estadio funciona muy bien, dando lugar a una de las mejores canciones del disco.
Entre todas esas canciones tendríamos un lindo EP de 19 minutos (y justamente antes de editar el disco tuvimos un EP con un par de esas canciones mencionadas), pero Spotify me marca que el disco dura 41 minutos, y es el resto de Critical Thinking lo que lo termina tirando abajo. El álbum peca de sentirse mucho más largo de lo que es, con la falta de variantes entre canción y canción haciendo que la experiencia se ponga un tanto tediosa. Creo que eso debe ser porque en su mayor parte se siente demasiado relajado, con falta de algo que haga destacar de verdad a muchas de las canciones, y cuando quieren probar algo como “Critical Thinking” o la final “OneManMilitia”, con esos ruidos similares a láseres, simplemente no funciona.
No es inescuchable y en su conjunto puede funcionar perfectamente como música de fondo, pero escuchado de manera activa la cosa se hace complicada, como si escucháramos diferentes versiones de la misma canción.
¿Será simplemente que se quedaron sin ideas? Si tenemos en cuenta que dentro de poco Manic Street Preachers estarán cumpliendo 40 años como banda, no me sorprendería que simplemente se hayan quedado viejos y al mismo tiempo tengan suficiente legado detrás como para que no se sientan obligados a tener que probar nada con cada nuevo álbum: el síndrome Metallica, o el síndrome U2 si vamos con una banda más cercana en cuanto estilo.
Pero siendo que en 2010 lograron sacar un disco como Postcards From A Young Man, uno de mis favoritos de su discografía, cuando estaban por cumplir 25 años, creo que demuestra que James Dean Bradfield, Sean Moore y Nicky Wire tienen el talento como para sacarse un clásico de la manga si se pusieran las pilas. Y todavía hay material muy disfrutable disperso entre estos últimos discos: tal vez si aplicaran algo de pensamiento crítico, podrían volver a sacar un disco que convenza de principio a fin. Yo estaré esperando, a pesar de todo.



Hirax son de esos grupos de thrash de los ochentas que en su momento estuvieron alejados de las grandes ligas, separándose justo antes de que los noventas los obligaran a tener que adaptarse o perecer como le pasó a muchos de sus congéneres. Pero con la llegada del nuevo milenio parece que a la formación original del grupo se le dio por reactivar a Hirax, aunque rápidamente toda la base instrumental decidió bajarse y dejar al cantante Katon W. de Pena como único miembro constante de esta nueva etapa de Hirax.
Con la expansión de la Internet, la nueva apreciación por el thrash metal clásico de los ochentas y los sellos apostando a las reediciones dando acceso a muchos fans jóvenes que no habían tenido oportunidad de vivir esos años de escuchar a muchas bandas del estilo que seguramente hubiera quedado sepultadas por las arenas del tiempo en otras circunstancias, Hirax se encontraron en el momento indicado para tener una segunda oportunidad. Acá también tuvo mucho que ver la personalidad de Katon, un tipo carismático y particular que no sólo ha logrado mantener a flote al grupo a través de los constantes cambios de formación, sino también armarse todo un personaje a su alrededor: muchos metaleros argentinos lo conocerán por la cantidad de fotos que tiene con remeras de Hermética, banda a la que conoció a través del baterista argentino Jorge Iacobellis, quien fuera parte de Hirax durante casi una década.
TAMBIÉN TE PUEDE INTERESAR: Nervosa en Buenos Aires: “Rebeldía y caos perpetuo”
Además de vivir de sus canciones de la década de Reagan, Hirax ha tenido también nuevos lanzamientos, de un nivel bastante aceptable para lo que suelen ser estas bandas de thrash dinosaurio retomando sus carreras: The New Age of Terror y El Rostro de la Muerte me parecen discos muy disfrutables para quien buscara esa onda de thrash metal crudo y veloz. Y tras la salida de Immortal Legacy en 2014, en 2018 Katon comenzó a hablar sobre lo que sería el nuevo álbum de Hirax, eventualmente bautizado como Faster Than Death, pero la espera comenzó a alargarse más y más, sumado a los cambios de integrantes que lo más seguro es que no ayudara a las grabaciones.
Para ser sincero, estaba preparado para que Faster Than Death de Hirax no saliera jamás. Con una pandemia de por medio y Katon haciendo horas extras para andar hypeando el álbum con tanta anticipación sin tener un adelanto preparado hizo que por momentos este lanzamiento de los californianos se sintiera como el Detox, el The Unquestionable Truth (Part 2) o el Time II del thrash metal. Pero contra todo pronóstico, el 27 de febrero último pudimos tener ya en nuestras manos el tan anticipado sexto álbum de Hirax, editado a través de Doomentia Records, a casi 11 años exactos desde el anterior Immortal Legacy.
¿Qué cabe encontrarse en este disquito? Bueno, “Drill Into The Brain” arranca con el sonido de un taladro haciendo lo suyo con (asumo) un cerebro, e inmediatamente da paso a una avalancha de riffs filosos, en este caso a cargo de Neil Metcalf (quien también se encargó del bajo), y un repiqueteo asesino de la mano de Danny Walker, actualmente baterista de D.R.I. Ninguno de estos dos está actualmente en la banda, pero su aporte a lo largo del álbum es imposible de exagerar: hay una energía constante e infecciosa detrás de cada nota, con ese bajo pulsante que de vez en cuando se separa del resto de los instrumentos para hacer lo suyo y las guitarras tronando como una motosierra.
TAMBIÉN TE PUEDE INTERESAR: Domination en Buenos Aires: “Del under argentino para el mundo”
Y claro, hay que hablar sobre Katon. Se podrán decir muchas cosas acerca de Katon, sobre los momentos en los que su personaje se siente un tanto forzado o el nivel de vendehumo o figuretismo tratando de promocionar el disco, pero es imposible negar que el tipo tiene la voz para este tipo de música, con la que pasa sin problemas del grito hardcore al agudo metalero.
De esta manera se puede hablar acerca de todas las canciones, porque ciertamente Faster Than Death no es el disco más variado del mundo: es para un público muy específico que quiere thrash metal puro y duro, sin nada de cosas raras como pasajes melódicos o elementos progresivos elegantes, sólo thrash callejero y roñoso como un chaleco con parches viejo que ha visto mil batallas y mucho mosh. Los mejores momentos se encuentran en las canciones más desarrolladas como “Armageddon”, “Drowned Bodies”, “Relentless” y “Revenant”, donde Hirax sacan su Slayer interno homenajeando / copiando la intro del clásico “Hell Awaits” del combo Araya-King-Hanneman-Lombardo.
Creo que la mayor queja que muchos tendrán acerca de Faster Than Death estará en su longitud: no creo que 22 minutos de material tras 11 años de espera sea suficiente. Hirax no es una banda que rechace hacer discos cortos: su segundo trabajo Hate, Fear and Power escupe ocho canciones en 16 minutos y la banda no sólo lo considera un LP sino que muchos fans lo consideran el mejor de su primera etapa. Pero creo que en ese caso funciona como algo de una sola vez: volviendo a la comparativa con Slayer, Reign In Blood será recordado como un clásico de menos de media hora pero si estos días Araya y King sacaran un disco de esa longitud muchos se quejarían.
Sumado a eso, hay un par de canciones a las que no les habría venido mal una repasada más como “Psychiatric Ward” y el tema título “Faster Than Death”: el material presente está bien, pero darle un poco más de jugo a los versos o a los riffs los podría haber hecho incluso mejor.
¿Es Faster Than Death de lo mejor de Hirax? Respondiendo a eso, les pido por favor que no nos vayamos al carajo con eso. Faster Than Death está bien: es enérgico, furioso, se pone justo en la línea entre el thrash clásico y la onda crossover que tanto me gusta, suena bien y da para imaginarse cómo sería todo en vivo. Pero se queda corto de material justo cuando la cosa para que va a alcanzar su verdadero clímax en el final y se lo puede tachar de cortachorro claramente. No es de los mejores discos de Hirax pero tampoco creo que sea de lo peor de la banda como vienen diciendo algunas reseñas que he leído: es un disco perfectamente aceptable que daba para más.


Los californianos Bleeding Through son una de aquellas bandas que pese a haber influido en la generación posterior con la que se vivió la explosión del metalcore, nunca pudieron alcanzar la cima “mainstream” del género como si ha ocurrido con compañeros suyos como Avenged Sevenfold (aunque ellos hayan variado el estilo musical, se criaron juntos y compartieron alguna gira en el pasado), Lamb of God, Killswitch Engage, As I Lay Dying y posteriormente Parkway Drive, Architects y August Burns Red, por citar algunas de las “Vacas Sagradas” del género.
TAMBIÉN TE PUEDE INTERESAR: Stick To Your Guns – Keep Planting Flowers (2025)
Para esta nueva entrega, la banda ya con SharpTone Records como casa discográfica, no parece haber perdido un ápice de fuerza respecto a sus trabajos anteriores, es más, me atrevería a decir que es uno de los discos más pesados y oscuros en la discografía de los de Orange County.
Desde el apabullante comienzo con “Gallows”, uno ya puede ir agarrándose a la silla ante la tamaña tormenta que se le viene encima, esos gritos demoledores de Brandan Schieppati combinados con una base rítmica brutal y un puente algo más pausado pero igual de intenso con un ligero protagonismo de Marta Peterson a los teclados, es el comienzo perfecto para una obra que recoge el testigo justo donde lo dejaron hace siete años, cualquiera lo diría también hay que decirlo.
El binomio de singles “Our Brand is Chaos” y “Dead, But So Alive”, ya nos puso de sobre aviso hace unos meses de que el retorno de Bleeding Through iba a ser muy potente y que los de Orange County, podrían toda la carne en el asador para estar a la altura de sus trabajos previos.
La primera navega entre el metalcore más rudo y ciertos toques de blackened core, absolutamente brillantes y que harán las delicias de los amantes de estos dos estilos, con poco espacio para la “dulzura” vocal, pero si con ambientes creados por Marta que le dan un toque muy personal a la canción.
Para “Hail Destruction”, la banda vuelve a desplegar su lado más oscuro, pero combinado con unos riffs afiladísimos y unas voces infernales por parte de Brandan, que bien podrían haber encajado en un disco como Declaration e incluso en The Truth, evidenciando que para Bleeding Through, no solamente el tiempo no ha pasado, si no que se comen a gran parte de las bandas actuales del género que matarían por tener un disco como este en lugar de lo que ofrecen. El tema cuenta con un demoledor solo de guitarra que no hace más que coronar una de las mejores piezas del disco.
En el ecuador del álbum, vamos a encontrar al primer invitado que no es otro que el señor Doc Coyle, guitarrista de Bad Wolves, pero que muchos de nosotros conocimos hace casi dos décadas en bandas como God Forbid cuando surgió la explosión de la “NWOAHM” (o Early Metalcore, como queráis llamarlo) y que aporta su talento en uno de los cortes más “Accesibles” del disco y quiero matizar que es un tema mucho más abierto a nivel de melodías y arreglos que los primeros 4 cortes del disco, podría entrar con relativa facilidad al oyente que no conozca mucho a Bleeding Through, pero lejísimos está de ser un tema “ligero”.
Tras el interludio “Last Breath”, la banda dispara el tercer single del disco “Path of Our Disease”, con Marta ejerciendo de protagonista vocal, con un timbre aterciopelado que pone los pelos de punta, para luego ser secundada por los screams de Brandan, creando una atmósfera bastante especial a lo Cradle of Filth, pero pasada por el filtro del metalcore clásico.
Escuchando temas como este, es fácil entender de donde bandas como Betraying The Martyrs y Make Them Suffer cogieron inspección, solo por citar dos bandas donde es muy clara la influencia que han tenido BT.
La siguiente es un bombazo y es que “I Am Resistence”, cuenta con la colaboración especial de Andrew Neufield (Comeback Kid, Sights & Sounds) y es un ejercicio impecable que combina hardcore punk, metalcore y toques sinfónicos por parte de Marta a los teclados, simplemente una delicia para el oyente y otra de las joyas del disco.
El disco va llegando a su fin, pero no sin antes dejarnos una traca final de infarto y es que “Emery”, recupera el sonido de la primera mitad del disco, pero le añade un toque algo más melódico y moderno que encaja de perlas en el sonido actual de Bleeding Through, sin cambiar nada, simplemente evidenciando que para ellos la evolución musical es un hecho concreto y real, no puro marketing como ocurre con otras bandas del estilo, sobre todo de las más nuevas, las cuales no solamente no les llegan a Bleeding Through a la suela de los zapatos, si no que deberían tomar ejemplo de como se lleva una carrera digna y con grandes canciones.
Para “War Time”, la banda abre un poquito el abanico y nos devuelve a su primera época con un sonido más propio de discos como This Is Love, This Is Murderous, con ese metalcore “Old School” de guitarras pesadas y que se combinan con un juego de voces espectacular entre Brandan y Marta, al cual se le suma la aparición del señor Brian Fair, vocalista de Shadows Fall y que va a dibujar una sonrisa gigante entre los que crecieron escuchando este genero a comienzos y la primera mitad de los 2000. Ese “Breakdown” hará añicos tus oídos y es impresionante, una vez más la aportación vocal de Marta, que está simplemente pletórica y brillando como nunca en este disco.
Con la furiosa “Unholy Armada”, el disco llega a su fin y como se podía intuir hace unos meses, con los dos primeros singles, Bleeding Through no solo han vuelto a lo grande, demostrando que para ellos 20 años no es nada, si no que ya es hora de que la gente les empiece a dar el crédito que merecen, porque con Nine, los californianos se lo han vuelto a ganar y con creces.
Etiquetas: Bleeding Through, Metalcore, Nine, SharpTone Records


Tras años de preparación, tenemos un supergrupo italiano concebido por el líder y cantante de Skeletoon, Tomi Fooler, en The 7th Guild. El trío de vocalistas está formado por Giacomo Voli (Rhapsody of Fire) e Ivan Giannini (ex-Vision Divine), mientras que el elenco de músicos incluye a miembros de Gamma Ray, DGM, Freedom Call y Ancient Bards. En los nueve temas de Triumviro, su álbum de debut, se puede esperar un estilo de power metal operístico con matices sinfónicos y bombásticos, melodías elevadas y componentes musicales edificantes que se alinean bien con los de los primeros Angra y Sonata Arctica.
El proyecto se puso en marcha en 2021, pero hasta febrero de 2025 no vio la luz el primer álbum de larga duración, Triumviro, bajo el sello Scarlet Records. Fue producido, mezclado y masterizado por Tomi Fooler, Simone Mularoni y Simone Bertozzi en Domination Studio, mientras que la portada corre a cargo de Thomas Everhard (Edguy, Avantasia, Therion).
Triumviro hace gala de un power metal italiano muy tradicional: velocidad temeraria, voces agudas y ruidosas, y un patrón de batería diseñado para agotar al que empuña las baquetas (o palillos) antes de que piense en retirarse. Además, los guitarristas se dejan la piel con el típico festival de riffs, aderezado con algún que otro solo.
TAMBIÉN TE PUEDE INTERESAR: Riot V – Mean Streets (2024)
El álbum es un viaje a través de las formas artísticas más icónicas del género, combinando pegadizas melodías de power metal con ricos arreglos orquestales. Esta mezcla única da como resultado un efecto coral fascinante. A diferencia de grupos igualmente opulentos como Twilight Force y Fellowship, The 7th Guild personifica lo genérico en cada momento, hasta el punto de que, a veces, resulta difícil distinguir a los tres vocalistas.
Al tratarse de un grupo nuevo y de un álbum de debut, las canciones iniciales son muy importantes, ya que representan la famosa “primera impresión”. En este sentido, es un poco suave. Disponen de buenas canciones y tienen todos los componentes que cabría esperar, pero Triumviro a menudo caza descaradamente en territorios que otros conjuntos ya ocuparon.
Una de las canciones destacadas es Glorious, que incluye cambios de ritmo entre un piano y una mezcla de voces en inglés e italiano, lo que añade profundidad. Se siente grandiosa y épica, que es lo que se esperaba de Triumviro. La Promessa Cremisi también mantiene la calidad, con otro enfoque dramático de la música que tiene un aire más teatral. Cantada predominantemente en italiano y con unos cantantes excepcionales a la cabeza, nos trae a la mente imágenes de la ópera italiana y de los famosos tenores.
Las bandas novatas a veces recopilan los mejores cortes que otras bandas ya publicaron para ganarse el favor de su todavía creciente base de fans, lo que terminó saturando a los oyentes por la superpoblación de bandas del estilo allá por el año 2001.
El trabajo a la guitarra de Simone Mularoni, junto con la impresionante producción de teclados y orquestación de Alessio Lucatti y Daniele Mazza, crea una atmósfera elevada en canciones como In Nomine Patris, que recuerda a Rhapsody of Fire, hasta llegar a un himno épico a medio tempo como Guardians of Eternity, que invita a profundizar en los componentes clave del gancho.
TAMBIÉN TE PUEDE INTERESAR: Sabaton y Powerwolf se presentarán en Argentina en 2025
La sinergia entre el trío de vocalistas es palpable, creando un sonido armonioso y dinámico, mientras que la claridad de cada instrumento, unida a los exuberantes arreglos orquestales, permite al oyente apreciar plenamente las complejidades de la música. Si bien el aspecto vocal de los tres cantantes es muy bueno, existen canciones como Time, en donde sinceramente no se distinguen, ya que el registro es tan similar que se pierde durante los minutos que dura la balada. Cierran el álbum con una innecesaria versión de “Fairy Tale” canción de los brasileros Shaman.
Si te gusta el power metal europeo ambientado en un paisaje más parecido al de Avantasia, The 7th Guild podría llenar todas esas casillas auditivas que has deseado a través de Triumviro. Pero, en definitiva, no esperes un disco que tenga el impacto que tuvieron, por ejemplo, Symphony of the Enchanted Lands (Rhapsody), Ecliptica (Sonata Arctica) o, en menor medida, A New Religion? de Athena.
Etiquetas: Athena, avantasia, Edguy, Rhapsody, Rhapsody Of Fire, Scarlet Records, Shaman, Sonata Arctica, The 7th Guild, Therion, Vision Divine
Una amalgama de sensaciones donde los sentimientos con sabor amargo predominan, eso es lo que tengo después de escuchar lo nuevo de Dynazty. A primera hora de medianoche del viernes pasado, me dispuse a escuchar su último álbum titulado Game Of Faces, producido por la discográfica Nuclear Blast Records y no son del todo buenas las primeras impresiones.
Este último trabajo que saliera el pasado viernes 14 de febrero es un disco LP de 40 minutos de duración resultado de una secuencia de 10 piezas musicales. Si bien mis sensaciones, como dije, no son del todo buenas (y voy a explicarles el por qué), no es un álbum que se vuelva difícil de escuchar o que debamos cortar con su reproducción en los primeros minutos. Por el contrario, esta producción, es por demás ganchera, de fácil escucha y que puede quedarse sonando en loop hasta que nos percatemos de ello.
Dynazty, es una banda de casi 2 décadas de existencia y que particularmente sigo desde su segundo lanzamiento, el espectacular Knock You Down, motivo por el cual me veía entusiasmado y ansioso por este nuevo material. Quizás mis altas expectativas me hayan jugado una mala pasada, quizás sus anteriores trabajos hayan dejado la vara muy alta, o quizás no y puede que ustedes coincidan plenamente conmigo. Realmente no lo sé, pero tratare de ser lo más honesto posible en cada una de mis palabras.
TAMBIÉN TE PUEDE INTERESAR: Marko Hietala – Roses From the Deep (2025)
El disco arranca con “Call of the Night”, uno de sus singles promocionales. Aquí nos llega en los primeros segundos la presencia de unos sintetizadores bien presentes y con tono de suspenso, que dan introducción a un riff explosivo y muy ganchero. La canción comienza muy arriba, con mucha energía y se mantiene así en todo momento, con la típica estructura del éxito: estrofas, estribillos, solo y nuevamente estribillo. Sin duda que una muy buena forma de arrancar.
“Game of Faces” viene en una línea similar, mucha presencia de sintetizadores, pero aquí empezamos a notar un poco sobrecargada de efectos la voz de Nils Molin (vaya desperdicio). Precediendo a la anterior, tenemos a “Devilry of Ecstasy” que, nuevamente, comienza con sintetizadores, pero aquí al menos podremos notar un poco más la existencia de las guitarras (finalmente).
Llegamos a mitad de disco con “Die to Survive” y “Fire to Fight”, 2 canciones de las que no puedo decir mucho que ya no haya mencionado anteriormente. Sin embargo, no puedo negar que “Fire to Fight” es por demás pegadiza y motivacional. Canción que podría tal vez adoptar como la joya oculta del álbum si no fuese por esos fastidiosos segundos donde podemos escuchar a Molin cantar como un robot, al fiel estilo Robotina de los Supersónicos.
De “Dark Angel”, que es lo próximo en llegar a nuestros oídos, rescato con mucha voluntad que suena bastante más natural que sus compañeras y que tiene una melodía vocal por demás excepcional y llamativa, de esas que invitan a emularla con un leve silbido. Me gusta el inicio de “Fortune Favors the Brave”, con un excelente riff de guitarra para acompañarlo con alguna onomatopeya (como se dice por estos lares, tarareando).
El álbum cierra con “Sole Survivor”, “Phoenix” y “Dream of Spring” en ese mismo orden. Canciones que no pararé a dar detalles porque, en definitiva, son de una estructura composicional muy similar a todo lo que hemos venido escuchando hasta aquí.
En general el disco transcurre siempre de la misma forma, con la misma fórmula composicional en cada uno de sus temas, los insistentes inicios con teclados, las voces sobre producidas y guitarras que pasan a un segundo plano por la fuerte presencia de los sintetizadores. Y no es que tenga algo contra los sintetizadores y/o teclados, puesto que me gusta mucho más su inclusión que su ausencia, pero no al menos de esta forma, al punto donde uno se pregunta al finalizar la escucha: ¿Qué pasó con las malditas guitarras? Una propuesta que si debiera resumirla de alguna forma para que entendieran con que se van a encontrar, sería con la palabra “artificial”, porque así me suena este álbum, demasiado artificial.
TAMBIÉN TE PUEDE INTERESAR: Ronnie Romero – Raised on Heavy Radio (2023)
Se denota una clara intención de Dynazty de, en esta ocasión, perseguir sonidos más comerciales o que repercutan con más facilidad. Podemos decir, de alguna manera, que Game Of Faces es de aquellas producciones que, puestas en cierto contexto, comparada con sus precedentes y el nivel mismo con que la banda venía trabajando, no puedan resultarnos del todo buenas, pero que para cualquier persona que se encuentre con ellos por medio de este disco, el resultado quizás sea totalmente diferente. Sin duda, que es una producción de opiniones opuestas.
¿Realmente es un mal disco? No, no se confundan, es solo una apreciación que está fuertemente influenciada por todos aquellos años dedicados a escuchar esta banda y de la cual, a esta altura de su carrera, quizás esperaba algo diferente. Sin duda alguna que Game of Faces logra su cometido: una escucha rápida, agradable y fácilmente asequible al paladar de los oyentes. Por mi parte y a pesar de mi parcial descontento, rescato muchas particularidades, como ha de ser las excelentes melodías (sobre todo las vocales) que este disco nos convida, la prolijidad con que lo produjeron y que la agrupación da muestras de que todavía tienen un largo camino por delante. Los invito, una vez más, a escuchar Game Of Faces y que saquen sus propias conclusiones.
Etiquetas: AOR, DYNAZTY, Hard Rock, Heavy Metal, nuclear blast, Suecia

En una ocasión anterior mencioné que muchas veces la portada es lo primero que suelo cruzarme de un álbum, y que por eso aprecio cuando los artistas se toman en serio el trabajo de presentar una imagen que haga que me interese por el lanzamiento y que al mismo tiempo represente bien el contenido del mismo. Así que me veo en la obligación de aplaudir a los chicos de Wild Charge por ilustrar su álbum con una imagen que exprese tan bien los deseos tremendos que tienen de ser Iron Maiden.
¿Qué tenemos acá? Podríamos decir que es el Eddie con el traje de samurái de la portada de Senjutsu recorriendo las calles de alguna ciudad japonesa, pasando frente a un bar donde sirven Heineken, con el contraste de azul y amarillo de la portada de Live After Death. Alguno lo podría considerar un robo a mano armada y no lo culparía, porque yo por dos segundos creí que era justamente una portada de algún disco de Steve Harris y su séquito, pero no puedo negar que cumplió su propósito de hacerme interesar en el álbum. Y si tengo que ser más sincero todavía, diría que es mejor que al menos la dos últimas portadas del Iron Maiden verdadero, o al menos desde que decidieron que todas las portadas tengan un fondo negro y nada más.
Así que vamos a centrarnos ya en la música en sí y en la banda detrás de ella. Wild Charge es un cuarteto estadounidense formado en California por el cantante y guitarrista chipriota Sebastian “Seb” Agini, el guitarrista Chris McLeod, el bajista Will Weiner y el baterista Stanley Love. Este es su primer LP. antes habiendo editado el EP The Curse of the Crystal Witch con dos tracks que también están incluidos en este disco autotitulado.
TAMBIÉN TE PUEDE INTERESAR: Lögan (Crimson Storm): “La IA en la música es una estafa”
Apenas arranca la primera canción “City Hunter” (o, mejor dicho, cuando arranca la canción de verdad tras el sample del transporte público japonés), queda claro que la fascinación por Iron Maiden no se limita sólo a las portadas, aunque está lejos de ser su única inspiración. Es muy obvio que Wild Charge tienen bien estudiado el manual maideniano, sobre todo el material aguerrido de principios y mediados de los ochentas, con sus cabalgatas guitarreras y los riffs como para poner a estadios completos a saltar, pero de la misma manera también se pueden encontrar muchos detalles que aluden a otros clásicos británicos de los ochentas como Judas Priest, Saxon o incluso Tank.
La mayor diferencia, aparte del uso del doble bombo tradicional, está obviamente en las voces, con Agini teniendo un estilo mucho más agresivo y grave que el de cualquiera de los vocalistas que pasaron por las filas de Maiden, por momentos asemejándose a Tom Angelripper de Sodom. Imaginen el universo alternativo donde Paul Di’Anno siguió al frente de Maiden tras los dos primeros discos y su estilo punk poco a poco le hubiera pasado factura a su voz y tendrán una visión bastante clara de lo hecho por Wild Charge.
TAMBIÉN TE PUEDE INTERESAR: Crimson Storm – Livin’ on the Bad Side (2025)
Es una combinación bastante particular, hasta podría tacharla de extraña, pero a fin de cuentas termina funcionando, a juzgar por lo mucho que me terminó convenciendo. Durando apenas 30 minutos, es un tanto complicado elegir un track favorito, pero tras repetidas escuchas iría por “Crystal Witch”: me encanta la manera en la que las guitarras suben y bajan y cómo se siente cada golpe minúsculo de la batería en los platillos. Y también me veo en la obligación de destacar la antes mencionada “City Hunter” y la final “Stardust Crusaders”, no sólo por ser grandes canciones sino también porque están claramente basadas en los animes City Hunter y Jojo’s Bizarre Adventure: si tanto los comparé con Iron Maiden, también quiero mencionar un par de cosas de las que Harris y Dickinson tendrían miedo de tomar inspiración .
A primera vista y escucha puede que Wild Charge no se destaquen por sobre otras bandas de heavy metal retro, pero rápidamente se nota la pasión que tienen por lo que hacen y la onda que le meten a sus composiciones. Para ser media hora de metal de 1983 que viajó en el tiempo al 2025 no suena apolillado, y las comparaciones que se le pueden hacer con otras bandas terminan sonando más como cumplidos que como otra cosa. Es un trabajo muy entretenido y cumplidor, y si el material progresivo de los últimos discos de Maiden no es de tu agrado, lo de Wild Charge puede ser un viaje a una dimensión donde todo se mantiene en su lugar.
Etiquetas: Estados Unidos, Heavy Metal, Wild Charge

Desde España y como mordida de tiburón, llega el disco No Sins To Confess de la agrupación de heavy metal Löanshark con 10 temas que te hacen vibrar con todo el poder y la energía de una banda joven que se quiere comer al mundo con nueva música.
TAMBIÉN TE PUEDE INTERESAR: Reseña: Crimson Storm – Livin’ on the Bad Side (2025)
De principio a fin, el disco está cargado de metal por donde sea vea, al abrir el tema “Electric Shocking Waves” te das cuenta que la vieja escuela está presente; el redoblante hace lo suyo con “Machine Gunner” en donde el baterista Ángel Smolski marca el ritmo en toda la canción.
“Another Man in the Trunk” revienta de poder al ritmo del guitarrista Lögan Heads y la voz de Aless Oppossed que también marca las líneas de bajo, nos recuerda una primera época de Saxon.
Uno de los mayores deleites de este disco fue el cover que eligieron para poner en el, escarbaron muy bien en el baúl de las bandas de la NWOBHM y la elegida fue Marseille, una agrupación que hizo su aparición a finales de los 70´s y que en 1984 sacó su disco Touch the Night, de aquí el tema que cierra el disco “Open Fire” suena encantador, esa es la palabra, ya que tiene mejor producción y además va en la misma onda que la original pero con toques modernos, que buen acierto fue sacar algo de una banda tan buena pero tan olvidada por el tiempo.
Con casi 40 minutos, No Sins To Confess es un disco para los metaleros de la vieja guardia que crecieron con bandas como Angel Witch, Y&T, Accept, Anthem, Baron Rojo, Heavy Pettin o Tokyo Blade; puede que agrupaciones como Löanshark no hagan nada nuevo pero aportan granos de arena gigantes al heavy metal actual esa fuerza que este género necesita para no decaer y ser olvidado.
Etiquetas: Aless Oppossed, Ángel Smolski, Another Man in the Trunk, Heavy Metal, Löanshark, Lögan Heads, Marseille, No Sins To Confess

Acá hablamos mucho de bandas finlandesas, alemanas, suecas y demás lugares elegantes donde la gente usa puntos raros encima de las vocales, pero con el porcentaje de latinoamericanos que hay escribiendo en Track To Hell es obvio que en este equipo estamos al tanto de que hay todo un mundo por fuera de los festivales europeos y los discos editados por Nuclear Blast. Y si yo pude dedicarle unas palabras al espantoso EP de Mötley Crüe de hace unos meses, entonces no veo por qué no podría hacerlo mismo con el álbum de estos Blister Bleed.
Se puede criticar mucho de la Internet, pero siempre voy a apreciar cómo ha facilitado conocer bandas de lugares remotos, aunque para un argentino como yo lo de “remoto” con respecto a Blister Bleed es extremadamente relativo, siendo que este proyecto unipersonal nos llega desde la ciudad de Cochabamba en Bolivia, uno de nuestros países limítrofes. Si nuestros registros son correctos, esta sería la primera banda boliviana de la que hablamos, así que esta reseña bien podría considerarse como todo un evento en la historia de Track To Hell.
Blister Bleed forma parte de la extremadamente fructífera escena latinoamericana del brutal death metal, un género que ha encontrado tierra fértil por estos lares gracias tanto a apoyo de fanáticos como de sellos dedicados de lleno al estilo: Blister Bleed mismos participaron de un compilado del sello mexicano Sick Musik To Your Guts. Y ahora el grupo (perdonen que use este término a pesar de que ya sé que es un solo músico, es que es más cómodo) debuta con su LP Apocalyptic Alien Invasion, editado a través de Catáfila Producciones el 7 de febrero.
TAMBIÉN TE PUEDE INTERESAR: Krisiun en Barcelona: “Carioca extremo”
Ya desde la portada, el nombre del disco y los títulos de las canciones, queda clara la temática extraterrestre y hasta conspirativa de Blister Bleed, un que es llamativamente popular entre los trucos de este estilo. Y ya al apretar play para arrancar con la inicial “Illuminati Warfare” nos encontramos con un largo sample tomado de un video del llamado Project Blue Book que supuestamente muestra una entrevista con un alien, y apenas arranca la canción en sí comprobamos que la banda no miente con respecto a la etiqueta que le pusieron: es death metal, y es muy brutal. Las guitarras son una pared de distorsión, la batería repiquetea tirando blast beats casi sin descanso, y las voces parecieran salir desde lo más profundo de un pozo de pestilencia. De vez en cuando tenemos algunos momentos donde Blister Bleed clava un poco el freno y le da un rebaje a los riffs, como se puede escuchar en el breakdown en “Ancient Ruins Of Extraterrestrial Remains”, pero en su enorme mayoría es velocidad y brutalidad descarnada todo el tiempo.
La temática alienígena es algo que sigue en todo el álbum, con el sample de la serie de ciencia ficción Falling Skies al inicio de “Program Life Forms”, serie que vuelve a aparecer en la introducción de la final “Drones War”. Es interesante, aunque creo que los samples se hacen demasiado largos en varios casos: en la primera canción dura 80 segundos, en “Program Life Forms” dura 74 y en la última dura 100 segundos y menos, dejando poco más de 4 minutos de samples cinemáticos en un disco de 32 minutos. Además, hay un par de efectos en ellos que se repiten demasiado.
Claro que esto es parte de la experiencia, una que es extrema, jodida, de esas que no son aptas para los que no estén ya súper metidos en la onda del brutal death metal bien denso, en el caso de Blister Bleed pudiendo perfectamente compararse con ser devorado por alguna bestia alienígena cuya estructura biológica está por fuera de las capacidad cognitivas del ser humano para siquiera comenzar a comprender. Y en mi caso, diría que también puede ser un tanto demasiado para el oyente.
TAMBIÉN TE PUEDE INTERESAR: Nile en Barcelona: “Los faraones del death metal”
Me gusta apoyar el metal latinoamericano, como apoyaría cualquier escena pero acá con un sentido de pertenencia directa en el medio, y creo que una parte de apoyar a algo o alguien es señalar los aspectos donde puede mejorar. Como suele pasar con muchas bandas de brutal death metal, este primer LP de Blister Bleed tiene una producción que deja un tanto que desear. Sea por una decisión presupuestaria o artística, la mezcla cacofónica hace que sea extremadamente complicado distinguir algún riff individual, y ni hablar de que el bajo es directamente inexistente. hasta las voces parecen perderse entre las guitarras, algo bastante particular en un estilo caracterizado por sus vocalizaciones.
Obviamente estamos hablando de death metal, una música que se se supone que sea extrema, underground y con una estética que aleje a los “normies” y “posers” que no estén preparados para algo así, y donde hacer el equivalente sonoro de alguna película snuff bajada de la Deep Web es una buena manera de poder cumplir ese objetivo. Esto no es algo exclusivo de este estilo: escuché una cantidad enorme de discos de black metal que sonaban como si salieran de una radio de la Segunda Guerra Mundial, pero en el caso de Blister Bleed creo que ese sonido termina atentando contra la música, sobre todo considerando el contraste entre la calidad de sonido de los samples y la de la música en sí.
A pesar de esto último que dije, Apocalyptic Alien Invasion es un álbum que recomiendo para los ultra fanáticos del brutal death metal y/o los obsesionados con los videos sobre conspiraciones extraterrestres y de alienígenas infiltrados en las instituciones gubernamentales. Son 32 minutos de carnicería sonora, corrosiva como un vómito de ácido directo al rostro. Espero que Blister Bleed logre mejorar esos aspectos que mencioné anteriormente sin dejar de lado su fiereza, porque es un proyecto interesante en todos sus ingredientes.


El destino y/o la casualidad ha querido que dos de los pesos pesados del metalcore más clásico como son los californianos Bleeding Through y nuestros protagonistas en esta reseña, Killswitch Engage hayan sacado sus nuevos discos con apenas una semana de diferencia y ambos marquen el regreso de estas bandas a la escena.
TAMBIÉN TE PUEDE INTERESAR: Alien Weaponry estrena el segundo single de su nuevo disco
Para su novena entrega, la banda capitaneada por Adam.D y con Jesse Leach ya establecido nuevamente al frente del micrófono, la banda vuelve con This Consequence para demostrar que aún tienen mucho para dar y dentro de su estilo, siguen siendo de los mejores.
Y tras escuchar los casi 35 minutos que dura este trabajo, lo cierto es que tengo que darles la razón, aunque hay cosas para puntualizar, la gran mayoría de forma positiva.
Es cierto que si somos justos, a estas alturas no se puede pretender que KSE vuelvan a editar obras tan magnánimas como The End of Heartache o Alive or Just Breathing, ni que vayan a revolucionar la escena como hicieron hace dos décadas con su propuesta, pero lo que es innegable es que el disco es bastante mejor que sus últimos dos discos, manteniendo la misma fórmula, pero con algunas canciones superiores a las de aquellas dos obras.
Ya desde el inicio con “Abandon Us”, Killswitch dejan en claro sus intenciones: Volver a recuperar la chispa de antaño y visto la combinación de este tema, creo que es un inicio acertado para ello.
Adam nos regala magia con sus seis cuerdas, mientras que la base rítmica suena muy compacta acompañando a Jeese, que (independientemente del gusto personal) sigue cantando como los ángeles y demostrando que su lugar es aquí, en el micrófono cantando las canciones de Killswitch Engage.
“Discordant Nation”, con esa batería tremenda y la potencia moderna de “Aftermath” (ay…como nos gustan bandas como Atreyu o Trivium a algunos), continúan la senda del disco de una forma más que correcta y donde vemos que la banda, si puede pecar de “conformista”, pero haciendo lo que hacen no tienen apenas competencia y muchas de las bandas actuales les han tomado prestadas más de una y de dos ideas a la hora de hacer música.
Y que pasa con Jesse Leach, bueno chicos el tipo está en uno de sus mejores momentos, creo que suena más agresivo que en los dos discos anteriores (que no aportan gran cosa a la carrera de KSE) y a nivel melódico me parece que el tipo está incluso mejor, en temas como “Forever Aligned” es una delicia como suena en el estribillo melódico, muy a lo In Flames.
Ahora con “I Believe”, empieza quizás la mejor parte del disco y es que aunque no varié mucho el estilo de las cuatro piezas anteriores, si que suenan mejor a nivel grupal, teniendo en esta pieza a un futuro “himno” para la banda sin duda y que evidencia que cuando recargan las pilas, Killswitch pueden con todo lo que se ponga por delante.
Todo lo opuesto representa “Where It Dies”, un corte más pesado con cierto aroma thrash, pero con un estribillo digno de ser coreado por todos sus seguidores en una sala llena y que de nuevo cuenta con un precioso y metalero solo de guitarra por parte de Adam.D, siendo otra de las piezas destacadas del disco.
Las contundentes “The Fall of Us” y “Broken Glass”, muestran todos los elementos y recursos que KSE han usado a lo largo del disco: Blastbeats aplastantes, guitarras afiladas, melodías arrebatadoras y voces agresivas pero totalmente entretenidas para captar al gran público.
Quizás la segunda sea más interesante que la primera a nivel de innovación con cierto toque sludge core que puede gustar tanto a nuevos como a clásicos fans de la banda, así como a los “seguidores casuales” del metalcore.
Con “Requiem”, la banda da por finalizado el disco y hay que señalar un par de cosas más, lo primero es lo bien que han hecho dejando de lado el minutaje excesivo, aquí hay diez cortes y no sobra ni falta nada, se pasa muy ameno el disco siendo directo y concreto.
Y por otro lado, la banda ha recuperado parte de la chispa que parecía haberse perdido y al menos para mi perspectiva, este es un disco que puedo volver a poner sin llegar a cansarme, cosa que si ocurría con Atonement, un disco que tenía buenas ideas, pero que no acabaron de concretarlas.
Ahora bien, han entregado Killswitch Engage un disco a la altura de sus dos mejores obras citadas al comienzo de la reseña, no claro que no, pero es que ni ellos mismos han podido superarlas con el tiempo. Esto ¿Quiere decir que el disco sea malo?, tampoco ni siquiera es irregular, en resumidas cuentas es un más que notable retorno para KSE, a los cuales siendo la banda que son, les exigíamos que ya entregasen una obra a la altura de su legado y esta, mal que les pese a algunos, lo es y con creces.
Etiquetas: Killswitch Engage, metal blade records, Metalcore, This Consequence


Estimados lectores y fans del metal podrido hoy les traigo la reseña de un disco que me sorprendió gratamente. Gracias a la amabilidad de Will, del sello Season of Mist, llegó a mis oídos el álbum debut de los death metaleros suecos Retromorphosis.
Creada por cuatro antiguos miembros de Spawn of Possession—Jonas Bryssling (guitarra), Dennis Röndum (voz), Christian Muenzner (guitarra) y Erlend Caspersen (bajo)—la banda reclutó al baterista KC Howard, con quienes publicaron su álbum de debut, Psalmus Mortis.
La ópera prima, lanzada el 21 de febrero a nivel mundial, está compuesta por una intro y siete canciones, con una duración total aproximada de cuarenta y dos minutos. A lo largo del álbum, la banda nos sumerge en una espiral de oscuridad con riffs intrincados e intensos, donde también las melodías de corte tenebroso cobran vital importancia, incluyendo, además, instantes de disonancias.
Abre la placa la instrumental “Obscure Exordium“, una introducción con sonidos fantasmales de órgano y cuerdas que nos conduce gradualmente hacia la violencia. Cada segundo construye un paisaje sonoro envolvente e inquietante, preparando el terreno para que “Vanished” despliegue su esencia de death metal clásico. Esta canción contiene todo lo que un fan del género espera: tremolo picking, armónicos, voces guturales y música muy técnica. La voz de Dennis Röndum es cavernosa e imponente, evocando una atmósfera cargada de terror que encaja perfectamente con los temas de decadencia y transformación del álbum.
En contraste, “Aunt Christie’s Will” rocía algo de esa bondad melódica de SoP, pero no se detiene en cosas dulces. Riffs a toda marcha, blast beats y gruesas líneas de bajo retumban en tu cabeza durante los casi seis minutos que dura la canción. Al llegar a “Never to Wake“, Retromorphosis demuestra que no teme explorar nuevos terrenos y presenta varios cambios de tempo, fusionando elementos de death metal técnico con progresivos, manteniendo la canción fresca y emocionante.
TAMBIÉN TE PUEDE INTERESAR: Blood Red Throne en Buenos Aires: “Death Metal, Alcohol y Violencia”
Tras pasar el ecuador de la placa llega “The Tree“, donde los sintetizadores se unen a los riffs retorcidos para pintar un cuadro de pesadilla de codicia y corrupción. Es otra canción con un gran dominio técnico, y la banda logra aportar variedad al oyente sin perder el hilo conductor, un desafío en este género.
La canción homónima, “Retromorphosis“, abraza aquellas raíces, rememorando a bandas como Death y Suffocation, y a la vez forja un nuevo camino combinando el tecnicismo con una atmósfera inquietante. Para quienes buscan caos puro e implacable, “Machine” es el punto culminante del álbum. Con más de nueve minutos de duración, este tema cambia de tempo con una fluidez vertiginosa, equilibrando sin esfuerzo agresividad y una tensión inquietante y calculada.
El álbum se cierra con “Exalted Splendour“, un final abrasador que lleva al límite el rango dinámico de la banda. La batería de KC Howard es implacable, alimentando un ataque final que deja a los oyentes exhaustos y alborozados.
El despliegue técnico es inmenso y se pone al servicio de las canciones. El oyente encontrará que el álbum está impregnado de profundas tradiciones del género, pero se niega a quedarse ahí. La banda utiliza un enfoque moderno de la música, y su dominio técnico es sólido.
Psalmus Mortis está repleto de grandes arreglos y tiene el potencial de atraer a una amplia gama de fans del death metal, desde los seguidores de Death y Suffocation hasta quienes disfrutan de bandas más modernas como Obscura.
Etiquetas: Death Metal, Necrophagist, Obscura, Retromorphosis, Season Of Mist, Suecia, suffocation

Manic Street Preachers serán de esas bandas que siempre tendrán a alguien ansioso por cada nuevo lanzamiento, pero incluso el fan más parece haberla tenido complicada con la última década de carrera de los galeses. Alienar a sus seguidores no es algo nuevo para los Preachers: quien haya logrado seguirlos desde sus inicios los ha visto pasar de ser unos punks glam andróginos y politizados a coquetear con sonidos oscuros, ponerse el traje de britpop de estadio tras la desaparición misteriosa de su guitarrista, querer rebelarse contra su propia popularidad y ya con el nuevo milenio aceptar su posición como un grupo de pop rock efectivo sin vergüenza de serlo. Pero en este caso está claro que este bache en su discografía tiene menos que ver con las maniobras estilísticas del power trío y más con que el material no parece estar a la altura de su legado.
A pesar de que discos como Resistance Is Futile y The Ultra Vivid Moment no tuvieron el recibimiento que se esperaba, no creo que ya haya que descartar de entrada cada nuevo material por parte de estos oriundos de la pequeña ciudad de Blackpool. Puede que simplemente se hayan vuelto un grupo a lo Weezer, donde es mejor acercarse a cada nuevo álbum sin hacerse mucho la cabeza y hasta diría que esperando lo peor: si el disco es malo entonces uno no se decepciona, y si el disco es bueno uno la pasa bien porque no se la esperaba. Así que eso fue lo que pasó cuando me puse a escuchar Critical Thinking, el decimoquinto álbum de estudio de los Manic Street Preachers.
El inicio con “Critical Thinking” es… extraño, por ponerlo de alguna manera. Una línea de bajo fuerte, una guitarra repetitiva con cierto toque post punk, voces medio fantasmales con eco y una sección que me recuerda a los versos de algo como “Elephant Talk” de King Crimson, recitando conceptos vagamente relacionados con la modernidad y la Internet. La canción tiene todos los elementos individuales como para agradarme, pero la suma de todos ellos no termina por convencerme: le falta poder, las voces no me gustan, y no termino de entender cuál es la idea detrás de todo ello. ¿Habrá sido un intento de volver a la temática política de sus inicios? Podría ser considerado un intento experimental por parte de los Preachers, pero el hecho de que sea nuestra primera exposición al disco no deja la mejor impresión.
TAMBIÉN TE PUEDE INTERESAR: Vukovi – My God Has Got a Gun (2025)
Sin embargo, también podría tachar a “Critical Thinking” como un tanto mentirosa: será la primera canción del disco y la que le da nombre, pero el resto del material va por caminos completamente diferentes. Eso queda claro con la siguiente “Decline & Fall”, con su melodía fuerte y sus coros brillantes, con ese toque pop que la banda siempre logró manejar sin problemas. Lo mismo con algo como “Hiding In Plain Sight”, con su órgano prominente y sus melodías pegadizas, y “People Ruin Paintings”, otra canción de pop placentero y melódico. Es un disco mucho más melódico de lo que uno pensaría al principio, con mucha guitarra acústica y teclados
“Dear Stephen” es una de las canciones más interesantes del disco y también una de las más personales: aparentemente inspirada por una postal que Morrissey le había enviado al bajista Nicky Wire en aquella época, es un poco sobre la nostalgia por aquella época y por la manera en la que la música de The Smiths lo ha influenciado, incluso después de décadas de Morrissey demostrando ser una de las personas más desagradables y odiables de la música popular. Es una cosa con la que muchos nos podemos identificar en estos días: sentirse prisionero de la grandeza de una canción que nos recuerda a nuestra juventud y que seguimos escuchando a pesar de lo que ahora sabemos de esa persona detrás. La mezcla de guitarras acústicas con ese riff de estadio funciona muy bien, dando lugar a una de las mejores canciones del disco.
Entre todas esas canciones tendríamos un lindo EP de 19 minutos (y justamente antes de editar el disco tuvimos un EP con un par de esas canciones mencionadas), pero Spotify me marca que el disco dura 41 minutos, y es el resto de Critical Thinking lo que lo termina tirando abajo. El álbum peca de sentirse mucho más largo de lo que es, con la falta de variantes entre canción y canción haciendo que la experiencia se ponga un tanto tediosa. Creo que eso debe ser porque en su mayor parte se siente demasiado relajado, con falta de algo que haga destacar de verdad a muchas de las canciones, y cuando quieren probar algo como “Critical Thinking” o la final “OneManMilitia”, con esos ruidos similares a láseres, simplemente no funciona.
No es inescuchable y en su conjunto puede funcionar perfectamente como música de fondo, pero escuchado de manera activa la cosa se hace complicada, como si escucháramos diferentes versiones de la misma canción.
¿Será simplemente que se quedaron sin ideas? Si tenemos en cuenta que dentro de poco Manic Street Preachers estarán cumpliendo 40 años como banda, no me sorprendería que simplemente se hayan quedado viejos y al mismo tiempo tengan suficiente legado detrás como para que no se sientan obligados a tener que probar nada con cada nuevo álbum: el síndrome Metallica, o el síndrome U2 si vamos con una banda más cercana en cuanto estilo.
Pero siendo que en 2010 lograron sacar un disco como Postcards From A Young Man, uno de mis favoritos de su discografía, cuando estaban por cumplir 25 años, creo que demuestra que James Dean Bradfield, Sean Moore y Nicky Wire tienen el talento como para sacarse un clásico de la manga si se pusieran las pilas. Y todavía hay material muy disfrutable disperso entre estos últimos discos: tal vez si aplicaran algo de pensamiento crítico, podrían volver a sacar un disco que convenza de principio a fin. Yo estaré esperando, a pesar de todo.







