


A pesar de que Saints of Los Angeles, su último álbum de estudio, haya salido hace poco más de una década y media, Motley Crue han logrado mantener un espacio entre los medios rockeros que ninguna otra banda dinosaurio de la movida glam de los ochentas ha estado ni cerca de alcanzar. Esto casi nunca se da por alguna razón “positiva”, pero está claro que hay un público que está interesado, lo suficiente como para que se viralice un nuevo video de Vince Neil sonando desafinado durante un recital o que Tommy Lee tuitee una foto de su pene y que a alguien le importe: no por nada en los últimos cinco años tuvimos The Dirt y Pam & Tommy, producciones para televisión centradas ya sea en toda la banda o en alguno de sus integrantes. Más allá de lo que uno piense acerca de los músicos, de su obra o el valor de una película de Netflix o una serie de Hulu, pocas bandas tienen una historia personal que capture la atención de la gente de esa manera, sobre todo décadas después de la época “dorada” del grupo.
Pero no parece que Motley Crue se sientan listos para colgar las calzas y retirarse para vivir de las regalías y de vez en cuando tocar los clásicos para una audiencia de nostálgicos del glam, porque en abril de 2023 Motley Crue anunciaron que estaban trabajando en nuevas canciones, y en los meses siguientes el grupo fue poco a poco revelando nuevos detalles acerca de estos nuevos lanzamientos, como que eran tres canciones y que una de ellas se llamaba “Dogs of War”. En un giro que no creo que muchas personas esperaran, esta vez Motley Crue llamaban la atención por algo relacionado con su música en vez de por algún escándalo.
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Por esa misma época se dio a conocer que Motley Crue había firmado con Big Machine Records. Si son lectores habituales de esta página lo más seguro es que no tengan ni idea de este sello, siendo que está dedicado casi de manera plena a la música country, pero durante una década su mayor estrella fue Taylor Swift y desde 2019 es propiedad de Scooter Braun, el ejecutivo musical que descubrió a Justin Bieber en 2008. En el mejor de los casos una banda como Motley Crue trabajando con un sello así puede sonar sólo extraño y en el peor de los casos como una herejía, pero los californianos parecen estar en posición de elegir trabajar con gente por fuera del mundo del rock.
Y siendo que este sería el primer lanzamiento de la banda junto al guitarrista John 5, ex guitarrista de Marilyn Manson y Rob Zombie, reemplazando al ahora retirado Mick Mars, encargado clásico de las seis cuerdas del grupo. Teniendo a un guitarrista (relativamente) más joven y que viene de un estilo diferente, Motley Crue podría tener un ingrediente nuevo en su sonido.
Las alarmas se dispararon cuando dieron a conocer que una de esas canciones era un cover de “Fight For Your Right (To Party!)” de los Beastie Boys. Y la atención terminó deviniendo en morbo cuando en agosto dieron a conocer el título de la tercera canción, que también sería el del EP: Cancelled. La idea de Motley Crue haciendo una canción sobre la “cultura de la cancelación” era algo que generaba una sensación de pavor: piensen en la escena final de la película Se7en, con Mills observando la caja que el asesino serial le había hecho llegar y sintiéndose horrorizado incluso antes de abrirla, y tendrán bien presente lo que sentía antes de darle play al lanzamiento.
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El EP arranca con “Cancelled”, la canción que le da título, y no puedo negar que arranca de manera prometedora: esa intro de piano minimalista seguida por la guitarra de John 5, que suena pesada y crujiente sin dejar de lado las melodías pegadizas, casi festivas, características de Motley Crue. Pero las cosas terminan por derrumbarse en el segundo 51, que es cuando aparece Vince Neil.
Como dije antes, la idea de Motley Crue haciendo una canción sobre “la cultura de la cancelación” era algo que ya hacía que temiera lo peor. Y no es que crea que la banda no tenga derecho a expresar sus ideas o lo que les esté molestando en ese momento, porque por mí que saquen cualquier cosa y se banquen lo que la gente les diga, pero temía lo que pudiera ser la canción porque no es sólo que Motley Crue nunca me haya parecido una banda con ideas políticas, sino porque nunca haya parecido que tuviera alguna idea, de cualquier tipo: Motley Crue, al menos con Neil en las voces, siempre ha creado una atmósfera de pura fiesta, alcohol, rock fuerte y mujeres fáciles con poca o ninguna ropa. Imagínense si Rage Against The Machine un día decidieran sacar una canción sobre ir a un club de striptease y ya se imaginarán el choque.
Y en “Cancelled” se confirma lo que estaba sospechando, y ni siquiera tiene tanto que ver con el sentimiento que están expresando: Vince Neil cantando sobre trolls de internet, TikTok, el asalto al Capitolio de EEUU en enero de 2021 y hasta el tabloide británico Daily Mail, diciendo que te pueden cancelar por “decir lo que piensas” y sobre ser arrestado por tener un trío con una modelo, todo esto dicho con la profundidad de un post de Facebook o un e-mail compartido por tu tío acerca de la “libertad de expresión” y los “wokes”.
No, confirma lo que sospechaba porque la canción es extremadamente descerebrada tanto en lo que expresa como en la manera en la que está construida: el estribillo de la canción no tiene nada que ver con los versos, al punto de que parece más un medley que una canción normal. Me imagino que uno podría hacer algo de gimnasia mental para tratar de unir lo de la “cruzada woke” con la parte de “¿Me amarás cuando caiga?” repetida una y otra vez, tal vez diciendo que Vince Neil teme ser cancelado y preguntando si lo seguirán amando después de eso, lo cual es extraño siendo que Neil sigue teniendo una carrera después de un historial tan largo de encuentros con la ley, incluyendo el incidente que se marcó con la muerte del baterista de Hanoi Rocks. A esta altura creo que su posición está segura.
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La verdad es que no me pondría a analizar las letras de una canción de Motley Crue en casi cualquier otro contexto, porque nunca han sido una banda con una pluma muy afilada en ese aspecto. Y si están cansados de leerme hablando sobre la lírica y quieren que me limite a la música, están de suerte porque también tengo cosas para decir sobre eso: el inicio será prometedor, pero el riff se vuelve repetitivo demasiado rápido y los solos parece que están metidos de manera completamente aleatoria. No me gusta el sonido de la batería, el bajo no se escucha por ningún lado, y Neil tratando de cantar esas partes suaves simplemente es demasiado.
“Dogs of War” sigue en el EP y es una canción mejor, pero no por mucho. Es ciertamente extraña, alternando entre las partes suaves y atmosféricas y los riffs pesados de John 5, aunque en este caso se sienten mucho menos pegados con moco que en la anterior. Las partes suaves suenan medio Korn y me gustaría algo más de empuje, pero se siente mucho más como una canción: en su banda solista Sixx:A.M., el bajista Nikki Sixx mostró que puede manejar este sonido más alternativo. El problema es que la voz de Neil no se adapta bien a este estilo y que las partes suaves hacen que uno tenga que prestar atención a las letras, no tanto porque expresen algún pensamiento político sino porque parecen haber sido escritas cinco minutos antes de ser grabadas. Pero los riffs pesados son suficientes como para compensarlo: una canción de 5 puntos es mejor que una canción de 2 puntos, es lo que digo.
Y cerrando el EP tenemos el cover de “Fight for Your Right”. ¿Está mal si digo que esta es la mejor parte de Cancelled? Lo más seguro es que lo esté: ¿Qué hace Motley Crue grabando un cover de Beastie Boys, y encima una canción que buscaba parodiar el estilo de vida de fiesta constante mostrado por tantas bandas glam? Pero creo que es lo que mejor funciona porque justamente es una idea estúpida pero divertida. ¿Qué es Motley Crue sin la diversión descerebrada? “Fight For Your Right” será una de esas canciones satíricas de los ochentas a lo “Born in the USA” y “Rockin’ In The Free World” donde mucha gente no parece haber captado la idea, pero mientras esas son serias la de Beastie Boys es más cómica y lo de Motley Crue suena como algo que el grupo hubiera podido grabar en los ochentas de manera honesta.
Podría interpretarse como los miembros de Motley Crue burlándose un poco de sí mismos, a la manera de lo que viene haciendo un grupo como Limp Bizkit desde hace un largo tiempo: no hay nada mal con ser un chiste mientras seas entretenido. Pero incluso si no hubiera mucha estrategia detrás igual funcionaría porque, a diferencia de las otras dos canciones del EP, “Fight For Your Right” suena divertida, como algo que me gustaría escuchar en un recital de Motley Crue: en su etapa clásica, incluso cuando la banda cantaba sobre una sobredosis en “Kickstart My Heart”, sonaban entretenidos, y este cover es el único que logra eso.
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Cancelled no será el peor lanzamiento del año, pero esa primera canción es el equivalente discográfico de esos videos de Vince Neil dando vergüenza en vivo, e incluso diría que es mucho peor: Neil está lejos de ser el primer cantante de voz aguda que ha tenido una o incluso varias noches malas, y los conciertos siempre están abiertos a las imperfecciones, pero esto es algo que Motley Crue grabó, editó, mezcló y lanzó para consumo de su público, algo que eligieron dar a conocer en la que asumo que es la forma que ellos buscaban. Después de eso hay una canción aceptable pero que no deslumbra y un cover gracioso como para escuchar un par de veces pero no mucho más, lo cual me hace dudar acerca de cuál fue la idea detrás de sacar esto.
¿Es un adelanto de un nuevo disco? ¿Es Motley Crue intentando explotar la moda “anti woke”? ¿Es que están viejos y cascarrabias y quieren expresarlo? ¿Qué necesidad hay detrás de todo esto? Vaya uno a saber, pero Cancelled es un EP que se hace largo incluso con apenas 12 minutos, y toda una experiencia que francamente no quiero repetir.
Etiquetas: Estados Unidos, glam metal, Hard Rock, Metal Alternativo, Mötley Crüe

No eran una banda amada de manera universal, como suele pasar con casi cualquier grupo exitoso en un género que no se caracteriza por tener mucha llegada masiva, pero tanto fans como críticos de The Black Dahlia Murder sintieron el golpe cuando el 11 de mayo de 2022 la banda estadounidense anunció que su cantante Trevor Strnad había fallecido: que hayan incluido un número de ayuda al suicida en el mensaje daba a entender claramente la causa de muerte aunque el grupo nunca la anunciara abiertamente.
La pérdida de Strnad tenía todos los ingredientes para haber dar por terminado a The Black Dahlia Murder: era el frontman del grupo, uno de sus miembros fundadores y encima había sido una personalidad bastante conocida en el mundillo del metal extremo moderno durante muchos años. Es por eso que el hecho de que el resto de la banda informara que iban a continuar dio lugar a muchas dudas y especulaciones, pero creo que The Black Dahlia Murder tomaron una decisión excelente al hacer la gran Genesis y mantener todo en familia: el guitarrista Brian Eschbach pasó a encargarse de las voces, mientras el ex integrante Ryan Knight regresó a la banda para cubrir la guitarra.
Puede parecer un tanto atado con alambre a primera vista, pero Eschbach ya había cantado en un par de canciones y era el otro miembro junto a Strnad que había estado desde los inicios, así que está claro que estaba en una posición perfecta para continuar su legado. Y cuatro años después del anterior Verminous, un tiempo largo para una banda que en promedio solía editar un nuevo álbum cada dos años pero sorpresivamente rápido a poco más de dos de la muerte de Strnad, The Black Dahlia Murder vuelven a las andadas con Servitude, su décimo álbum de estudio.
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Considerando el contexto en el que se dio su producción, no me hubiera sorprendido algún cambio en la fórmula de The Black Dahlia Murder: el impacto de la muerte trágica de un compañero de banda y un cambio de cantante suele provocar eso. Pero mucho más que eso, Servitude se siente como otro álbum más en la discografía de The Black Dahlia Murder, con todos los ingredientes que cabría esperarse de parte de la banda: los riffs furiosos, los blast beats, los solos ultra melódicos y las voces desgarradas. Este último es, obviamente, un punto importante, porque Eschbach logra sonar casi idéntico a Strnad, más específicamente en la época de Nocturnal.
Puede que para alguno le suene como una decepción que yo diga que Servitude no marca ningún antes o después en la historia de The Black Dahlia Murder más allá del contexto que vivió la banda: si no supieran lo que pasó con Strnad, lo más seguro es que nunca notarían el cambio. Pero la gente tiene muchas maneras diferentes de sobrellevar las pérdidas y en el caso de la banda estadounidense diría que su manera es gritar a viva voz que nada los detendrá. Y lo digo de manera literal, porque en “Aftermath” Eschbach grita “Lo que no te mata, te hace más fuerte”, que será una línea cliché pero estoy seguro que el guitarrista convertido en cantante la sentía en lo más profundo del alma, y que sus compañeros de banda querían demostrar eso con este nuevo álbum.
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Y cuando digo que es “un disco más” en la discografía de The Black Dahlia Murder, lo digo también por su calidad: ninguno de sus álbumes será un Slaughter of the Soul, un Heartwork, un The Jester Race o demás clásicos del death metal melódico, pero el quinteto siempre ha sido una apuesta segura, donde uno sabe cómo sonará cada nuevo lanzamiento y que un fan del melodeath tendrá una serie de canciones que satisfagan el hambre de brutalidad mezclada con melodía. Y Servitude cumple con esas expectativas en poco menos de 33 minutos: tenemos la intro acústica de “Evening Ephemeral” previa a la explosión de riffs, la antes mencionada “Aftermath” con sus blast beats brutales, la riffera “Utopia Black” y la más lenta “Mammoth’s Hand”, que tiene un uso interesante de ritmos más grooveros sin abandonar el espíritu clásico de la The Black Dahlia Murder, además de un solo con más “feeling” que la catarata de notas característica de la banda.
Siendo que Servitude es “un disco más” en la discografía de The Black Dahlia Murder, eso también significa que no deslumbra ni creo que le vaya a cambiar la vida a nadie. Pero no creo que un álbum tenga que tener ese poder para ser recomendable: Servitude es un buen disco de death melódico, y estoy muy seguro de que eso era todo lo que buscaban los fans de la banda después de una etapa tan complicada y trágica en una historia que no había tenido muchos sobresaltos. Así que denle play a este décimo álbum de estos abanderados del melodeath estadounidense moderno, porque no los decepcionará de ninguna manera.


SkyEye no es exactamente una banda nueva, pero probablemente hay un montón de metalheads por ahí que no han oído hablar de ellos. Así que empecemos por el principio, que es 2014. SkyEye tiene su sede en Liubliana, Eslovenia, y la banda se formó hace diez años. El primer álbum que llegó a las estanterías fue “Digital God” y fue lanzado en 2018. Tres años más tarde, “Soldiers of Light” fue lanzado el segundo LP y otros tres años más tarde, en este 2024 están de vuelta con su tercer álbum “New Horizons” editado el pasado 19 de julio por Reaper Entertainment.
Las canciones del quinteto están influenciadas por bandas como Judas Priest y Hammerfall no son extraños para los chicos. Incluso algunos momentos de Dio/Rainbow vienen a la mente mientras van sucediéndose las canciones. SkyEye se adentran en el metal tradicional, sus excelentes canciones y la fantástica voz de Jan Leščanec los distinguen del resto de grupos del género.
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El tema de apertura “The Descenders” es un fuerte tema de heavy metal constantemente impulsado por la batería de Jurij Nograšek donde también cuenta con un un estribillo fantástico.
Hay una sensación de grandiosidad a medida que avanza el álbum, especialmente con la desafiante “Fight!”, en la que el vocalista Jan Leščanec evoca el espíritu de Ronnie James Dio. Cuenta con un estribillo de “Fight, fight, fight. Now we must fight” muy pegadizo.
Junto con una sólida porción de power metal, el quinteto derrocha mucha energía, aderezada con algunas líneas melódicas bien elaboradas, que dan a canciones como la machacona “Far Beyond” y la canción que da título al disco una sensación memorable.
Armonías de guitarras gemelas más allá de un bajo potente y un enérgico trabajo de batería llevan a “Railroad of Dreams” al panteón de los himnos instantáneos, donde los puños vuelan en alto y los largos mechones de pelo se arremolinan en el pogo.
El instrumental de apertura de Saraswati es suave y casi inquietante. Es una de las canciones más larga del álbum, con algo más de ocho minutos. Se trata de un melancólico rock a medio tiempo con riffs cargados de doom a cargo de Mare Kavčnik y Urban Železnik.
“New Horizons” tiene el potencial de ampliar la base de fans de la banda. Hay suficientes buenas canciones en el álbum que permiten un sólido headbanging.
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SkyEye tienen un claro modelo a seguir al que emulan claramente y al que han dedicado una clásica canción tributo, “The Voice From The Silver Mountain“, haciendo alusión al enorme Ronnie James Dio en donde el frontman, Jan Lescanec, hace un verdadero esfuerzo y consigue imitar al ex cantante de Black Sabbath y Rainbow casi a la perfección
“Nightfall” es pura gloria power metal con su ascendente trabajo de hachas y la melodía que da título al disco roza el thrash. Una gloriosa obra de heavy metal, New Horizons sabe cómo rockear duro y esas marcas de quemaduras serán visibles a kilómetros de distancia
“The Emerald River” es el tema más corto del álbum y es poco más de un minuto de música orquestal que realmente cambia las cosas, aporta una atmósfera especial y le dá paso a la canción “1917”, con más de 9 minutos de duración, una pieza que con su impresionante introducción y el excelente arreglo de guitarra del estribillo aumentan el dramatismo de la canción, incorporando riffs geniales trayendo recuerdos de las canciones épicas de Iron Maiden.
SkyEye es, ante todo, una banda de heavy metal potente, si sos fan del heavy metal de los 70/80, este disco te va a encantar.
Etiquetas: eslovenia, Heavy Metal, Iron Maiden, Power Metal, Reaper Entertainment, ronnie james dio, SkyEye

El aclamado grupo finlandés de metal sinfónico, Nightwish, marca un nuevo hito con la salida de su décimo álbum de estudio, “Yesterwynde“. Este trabajo no solo cierra una trilogía que comenzó con “Endless Forms Most Beautiful” y “Human. :||: Nature.”, sino que también refleja un periodo de cambios en el núcleo de la banda. Conjuntamente a la salida del bajista y vocalista Marko Hietala debido a problemas mentales, se sumó la lucha de Floor Jansen contra el cáncer y el nacimiento de su hija, por ende, el presente álbum se convierte en un testimonio de resiliencia y renovación.
Pasaron cuatro años desde que salió “Human..”, un álbum que ha generado opiniones diferentes entre los fans y la prensa especializada. En esta nueva entrega encontraremos a una Floor que interpreta un rango más “pop”, lo que realza el contraste cuando sus potentes vocalizaciones operísticas hacen su aparición.
Con una duración de 71 minutos, Tuomas Holopainen, la mente maestra detrás de Nightwish, nos invita a bucear en un universo infinito, rodeados de majestuosas melodías pegajosas que mantienen al oyente en una aventura emocionante hasta los últimos segundos.
En sí, el álbum mantiene la estructura de los últimos trabajos, atrás quedaron esas piezas firmas, poderosas, directas como “Wishmaster”, “The Phantom sails to Orion”, “She is my sin” o “Tutankhamen” de los primeros trabajos con Tarja, como tampoco hay temas que vayan para el lado de lo realizado por Anette Olson, por ejemplo ese tiro por elevación hacia la primera cantante de la banda en “Bye Bye beautiful”.
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No es un disco malo, pero los temas se hacen largos, eternos, con muchos pasajes instrumentales que tienden a aburrir. Es una obra cautivadora y ambiciosa, con una producción en la que quien sale beneficiado es Tuomas Holopainen (por algo es el líder de la banda, no?) mientras que las guitarras o algo tan primordial como es la voz de Floor quedan opacadas por tanto “ruido” que hay por delante.
Si bien el cantante y multiinstrumentista Troy Donockley aporta regularmente un toque folclórico, sumarle un coro de niños en uno de los tracks hace que uno pierda el interés rápidamente ya que no es novedad.
La banda ha colaborado con el compositor de bandas sonoras James Shearman, quien ha sustituido a Pip Williams en los arreglos orquestales, aportando una nueva perspectiva sin perder la esencia que caracteriza a Nightwish.
Yesterwynde predispone a los fans antes de darle “play” al disco, no hay cambios en la propuesta, por lo que no atraparía a un nuevo oyente o a aquellos que le quieren dar una segunda oportunidad a la banda luego de tantos cambios de alineación y propuesta.
Se destacan temas como “The Antikythera Mechanism” con varios cambios de ritmos que la hacen interesante, al igual que uno de lo cortes que se dieron a conocer antes de la salida de este décimo trajo, “Perfume Of The Timeless” que tiene esa epicidad con una interpretación de Floor particularmente conmovedora.
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Un álbum centrado temáticamente en el concepto de nuestras conexiones humanas con la historia, en donde nos recuerda que pronto formaremos parte del pasado.
Cabe recordar que Nightwish no participará en ninguna gira para promocionar este trabajo. Una decisión anunciada debido a tantos golpes que recibió la banda en el último tiempo, quizás lo aprovechen para replantearse el camino a seguir dado que así, quienes supimos disfrutar de aquellos shows en Obras Sanitarias como aquella recordada visita en 2001 en Acatraz le soltamos la mano hace tiempo.
En conclusión: un disco que pasará sin pena ni gloria, no estará en la lista de los clásicos de la banda ni mucho menos será recordable.


Para los que no los tengan en el mapa, Serious Black es un “super”grupo formado en 2013 por una variedad de músicos provenientes de algunas de las bandas más importantes del power metal europeo, editando su debut As Daylight Breaks en 2015. Pongo lo de “super” entre comillas porque la banda ha ido perdiendo los elementos más “súper” de su formación: Roland Grapow (Masterplan, ex Helloween) se fue antes de la salida del debut, Thomen Stauch (ex Blind Guardian) se fue en 2015, Alex Holzwarth (ex Rhapsody of Fire) se fue en 2018, y Bob Katsionis (ex Firewind) salió oficialmente en 2017, aunque ha tenido sus créditos posteriores con la banda.
Ahora con el bajista y productor alemán Mario Lochert y el guitarrista austríaco Dominik Sebastian (ex Edenbridge) como únicos miembros de la formación original, Serious Black están más cerca de ser un grupo “normal” que de un supergrupo. Sin embargo, también tengo claro que esto depende de qué tan esté metido uno en el power metal y pueda reconocer los nombres de los otros involucrados: tenemos en batería al iraquí Ramy Ali (Freedom Call, Iron Mask) y al serbio Nikola Mijić (Eden’s Curse, Alogia) en las voces, este último reemplazando al cantante original Urban Breed, quien se fue de Serious Black de bastante mala manera.
Es obvio que esta salida de los miembros más inmediatamente reconocibles de la banda, algo que también podríamos caracterizar como una fuga de cerebros si tenemos en cuenta que muchos de ellos también estaban acreditados en la composición, habrá hecho que muchos de los que seguían a Serious Black justamente por el enorme currículum de los músicos involucrados en sus inicios hayan dejado de seguirlos. Pero puede que ya no tener a todos estos nombres asociados haga que haya menos presión de parte del oyente sobre cada nuevo disco de llegar a algún nivel imaginario de calidad, y parece que Lochert y Sebastian siguen teniendo suficiente fe en este proyecto como para mantenerlo adelante, llegando ahora a su séptimo álbum de estudio, titulado Rise of Akhenaton.
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“Open Your Eyes” abre la placa con una patada de doble bombo y riffs machacantes, estos últimos acompañados por unos sintetizadores bastante presentes. Estos últimos combinan muy bien con las melodías ya características de la propuesta de Serious Black, al igual que en la siguiente “We Are The Storm”, que además tiene muchos sonidos de pianos y programaciones acompañando a las guitarras. Por otro lado, la tercera “Silent Angel” es particularmente melódica: por momentos parece amenazar con cruzar la barrera y meterse en el AOR de una banda que editaría un sello como Frontiers Records.
Haciendo un repaso rápido de la placa tenemos tracks como“When I’m Gone”, que comienza con mucho piano y aires de balada melosa como para imaginarse un video musical con nieve cayendo y tomas en cámara lenta y que poco a poco va poniéndose más pesada hasta llegar al clímax poco antes del final. Y también está la cursi pero no por eso menos pegadiza “United”, con esos teclados que no sonarían fuera de lugar en alguna canción de Europe de los ochentas. Y si tantos teclados hacen que uno se ruborice justo después tenemos el tema título “Rise of Akhenaton”, donde la temática egipcia se puede sentir en varias melodías vocales pero con el énfasis puesto en las guitarras y los solos épicos.
“Virtual Reality” es otra que dan ganas de apretar el acelerador en el auto y con un estribillo como para pedirle al público que acompañe a viva voz, y otra como la final “Metalized” marca bien que, a pesar de todos los teclados y estribillos con voces en multi track, la lealtad de Serious Black sigue siendo del metal pesado, con más riffs pesados y baterías incansables como para subirse al caballo y marchar hacia la batalla.
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Uno de los elementos claves de Rise of Akhenaton es la dupla de guitarras de Dominik Sebastian y el antes mencionado Bob Katsionis, quien junto a Rochert estuvo a cargo de la producción, la cual es un tanto genérica en cuanto a lo que es el power europeo pero cumple su tarea en dejarle espacio a los instrumentos necesarios para cada canción. Los teclados prominentes, con cierto regusto sinfónico, son un buen complemento para las canciones, siempre sonando en su lugar y no estorbando sino acompañando.
Otro elemento importante son los estribillos clásicos de puño alzado dirigidos por la voz de Mijić: el serbio está lejos de ser el cantante con el que esté más familiarizado, pero es un vocalista muy cumplidor en toda su tarea, marcando bien la atmósfera de energía positiva y fuerte que merece este tipo de música.
Y ya que usamos la palabra “cumplidor”, esa es la mejor manera de calificar a Rise of Akhenaton: es un álbum para quienes ya sean fans del power metal y que estén buscando un disco con ese sonido específico. Elegante pero no por eso suave, directo pero sin dejar de lado la melodía ni los estribillos, el séptimo álbum de Serious Black está hecho para pasar un buen rato: no es un lanzamiento complicado de entender y eso claramente se puede decir de toda la obra de este grupo: estamos hablando de gente que se bautizó como un personaje de Harry Potter, no esperen una exploración filosófica de la existencia humana. Son simples pero no simplistas, no reinventan la rueda pero saben usar sus herramientas, y quien tenga gusto por el power va a pasar unos 43 minutos muy entretenidos.
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Procedentes de Togo, en África Occidental, Arka’n Asrafokor se están convirtiendo en los referentes de la variada escena del metal africano. En los cuatro años transcurridos desde que publicaron su prometedor álbum debut, Zã Keli (2019), la banda cambió su nombre por el de Arka’n Asrafokor, o “Música de los Guerreros”, traducido de su lengua materna, y ha reforzado su sonido.
Mezclando cantos tradicionales, tambores tribales y metal, esta banda consigue crear algo que me recuerda un poco a Tÿr, pero menos sombrío y helado. También hay una mezcla de idiomas, con la lengua tradicional (ewe) mezclada con el inglés.
Su segundo álbum, Dzikkuh, salió a la venta el 21 de junio de 2024 bajo el sello Reigning Phoenix Music (RPM). Es una mezcla más ambiciosa de groove metal y death metal, con frenéticos polirritmos afrobeat, un disco lo suficientemente diverso como para atraer a los fans del prog metal, death metal y nu-metal.
Siguiendo la experiencia de bandas como Sepultura, Soulfly (o mejor dicho, Max Cavalera) así tambien a gente como The Hu de Mongolia, han introducido la música indígena en sus discos.
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“The Truth” es la encargada de abrir la placa. Incluye una maníaca percusión africana intercalada con bombos, guitarras cortantes y la voz melódica y gutural de Rock Ahavi.
Aunque Arka’n Asrafokor alterna a la perfección el francés, el inglés y la lengua togolesa, el ewe, sus estribillos tienden a cantarse en esta última. El groove nunca decae, a pesar de los múltiples cambios de ritmo, lo que lo convierte en una gran escucha.
“Not Getting In Line” suena como Soulfly fusionado con Slipknot y mantiene un sonido casi mathcore. Presenta cambios en los tonos de voz, con extraños pasajes entre estribillos limpios y versos ásperos.
Cuando la banda lanzó “Walk With Us” como sencillo, tuvieron una buena razón: es un tema pesado y accesible. La percusión golpea como una andanada de flechas, con un estribillo pegadizo y melódico que seguramente el público coreará en los shows en vivo. Los riffs son poco ortodoxos y se puede palpar una ligera influencia de Fear Factory.
La banda ha hablado de su conexión simbiótica con la naturaleza; tanto “Walk With Us” como “Angry God of Earth” desahogan sus frustraciones ante la persistente destrucción del medio ambiente por parte de la humanidad.
“Mamade” se mueve entre lo técnico y lo relajado, con líneas de guitarra que contrastan con los intrincados patrones de la batería. Comienza como una versión africana, engañosamente grunge, de Jar of Flies de Alice In Chains, incluyendo motivos tribales de percusión y un gran número de voces étnicas.
“Asrafo” se sale de los carriles con una complejidad rítmica, manteniendo un despliegue implacable de ritmos al estilo djent de Meshuggah y momentos thrash, con un excelente trabajo de batería y guiños a los primeros trabajos de Max Cavalero luego de su salida de Sepultura.
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Mientras suena la séptima canción del álbum, “Final Tournament“, la banda se sumerge en el territorio del death metal. Luego de ella, suena “Still Believe“, con un lado cuasi progresivo, repleta de notas folclóricas dentro de la misma canción. Logramos escuchar escalas de su cultura mezcladas con riffs y efectos metaleros, algo que solo las bandas escandinavas han logrado hacer perfectamente dentro del metal.
“Home” realmente trae la influencia de África Occidental, tiene un fuerte toque de grooves pesados con riffs beatdown y armónicos. Alrededor de la mitad de la canción, los momentos tribales toman el centro del escenario agregandole excelente juego de voces.
“The Calling” es una semi-balada con la cual se cierra el álbum. Es un tema lento y melancólico, cantado íntegramente en inglés, que comienza con una suave melodía de guitarra y va añadiendo emoción musical sin distraer del resto de la canción.
Dzikkuh es un disco con múltiples texturas que se nutre de varias fuentes musicales, donde la influencia de los sonidos africanos es evidente en la percusión, que es a la vez técnica y vibrante.
Recomendado para fans de Sepultura, Machine Head y Puya.

Los italianos Forgotten Tomb son uno de los principales exponentes de bandas de DSBM (Depressive Suicidal Black Metal). Este año han presentado su undécimo trabajo, “Nightfloating“, editado a través de Agonia Records.
Este nuevo álbum cuenta nuevamente con Ferdinando “Herr Morbid” Marchisio en el rol de vocalista, guitarrista y principal compositor; Alessandro “Algol” Comerio en el bajo; Kyoo-Nam “Asher” Rossi en la batería; y un nuevo miembro, Jöschu “J” Käser, en la guitarra solista.
Herr Morbid, originalmente el único miembro de Forgotten Tomb, desempeñó un papel vital en el desarrollo del género DSBM. A lo largo de su trayectoria, el sonido de la banda ha evolucionado. En sus primeros lanzamientos ofrecían un black metal crudo, abrumador y depresivo, para luego cambiar a un sonido con influencias del doom y algunos toques góticos.
La portada, bastante sugerente, fue dibujada a mano por el artista griego Satta La Main. Está a medio camino entre el “Nøkken” de Theodor Kittelsen y el famoso cuadro “Ofelia” de John Everett Millais. En ella, se ve una silueta femenina vestida de blanco flotando en un lago, con una ciudad completamente abandonada, gris y desolada al fondo, rodeada de árboles marchitos, niebla y una atmósfera nocturna, evocando el concepto de “flotar en la noche”.
Después de esta introducción, analicemos las canciones:
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“Nightfloating”, el primer adelanto y la canción que da título al álbum, comienza con un rugido y melodías ásperas que crean una atmósfera densa y asfixiante, intercaladas con melodías melancólicas. En los versos, Herr Morbid grita “Nightfloating”, creando un ambiente de black/doom. Es una canción impresionante y un excelente comienzo para el álbum.
El segundo tema, “A Chill That You Can’t Taint“, también lanzado como sencillo, muestra un avance en términos de composición. Incorpora un nuevo elemento interesante: solos de guitarras gemelas, inspirados en el heavy metal clásico.
Le sigue “This Sickness Withered My Heart“, con un excelente trabajo de batería proporcionado por Asher. Aunque la canción comienza con un tono melódico, rápidamente avanza hacia un estilo más rápido y frío, con elementos depresivos y un toque blacker.
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“Unsafe Spaces” presenta pasajes más agresivos, con melodías y una atmósfera densa. No es una canción alegre, sino una llena de negatividad. Hacia el final, se destaca por sus buenos solos. Muestra ciertos rasgos de la etapa posterior a Negative Megalomania (2007), algo que siempre es bueno escuchar.
La penúltima pista, “Drifting“, es la pieza más corta del álbum y es instrumental. Tiene un estilo muy inspirado en la producción de Burzum de principios de los 90, con sonidos basados en sintetizadores y teclados cargados de melancolía, angustia y depresión.
El álbum cierra con “A Despicable Gift“, la canción más larga, con casi 11 minutos de duración. Comienza con el estilo black/doom característico de Forgotten Tomb, incluyendo dinámicas y cambios de ritmo. Después de un pasaje melódico y sombrío, cortesía de Ferdinando, un solo de Jöschu abre las puertas al riff final, mientras Herr Morbid exclama “Your life’s a despicable gift”. La canción se apaga lentamente, cerrando el disco.
Los italianos nos entregan un álbum de solo 39 minutos. Aunque su duración parece adecuada, se siente algo corto, con solo seis canciones, todas de excelente calidad. Los tres primeros temas son una clase magistral de cómo mezclar atmósferas sombrías con melodías delicadas, manteniendo el interés y elevando el ánimo de las canciones.

La inconfundible pelirroja del mundo del metal finalmente dio un paso más en su trayectoria musical al lanzar su primer disco solista. Hablamos de la bella Simone Simons, voz líder de los holandeses Epica. Tras haber compartido escenario y prestado su voz en numerosos proyectos como Kamelot, MaYaN, junto a su ex pareja y compañero en Epica, Mark Jansen, Angra, Primal Fear y muchos más, llega Vermillion, una colaboración con Arjen Lucassen (Ayreon/Stream of Passion/Star One) y Lori Linstruth (Stream of Passion).
En este disco, podemos encontrar algo totalmente diferente a lo realizado por Simone en su banda principal.
Simone es una de las mejores cantantes de la actualidad y, junto con su banda, ha contribuido en gran medida a definir y popularizar el género del metal sinfónico. Por lo tanto, este álbum en solitario debería ser de escucha obligada para todo fan. Sumado al trabajo que realiza Arjen Lucassen, el resultado es un combo muy disfrutable.
Existen marcadas diferencias con lo realizado por la icónica voz de Epica en este disco solista. Aquí no encontraremos temas de larga duración ni orquestaciones; más bien, se ha optado por “lo simple”, sin que ello signifique falta de “alma”. Encontraremos elementos sinfónicos, progresivos y de power metal (entre otros), dando forma a diez canciones de gran calidad.
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El tema de apertura, “Aeterna”, contiene influencias orientales y enormes riffs hasta que Simons hace su entrada magistral y presenta un estribillo potente que se complementa con una transición electro-industrial en los minutos finales.
“In Love We Rust” es un poco más básica en comparación con lo que sus fans están acostumbrados. Es una magnífica balada con aires de pop de los 80. La canción es emotiva y conmovedora, y junto con el solo de guitarra a mitad de canción, pone la piel de gallina.
Por el contrario, “Cradle to the Grave” llega cargada de riffs pesados, inquietantes arreglos orquestales y los formidables gruñidos de Alissa White-Gluz (Arch Enemy), que se funden con las voces operísticas de Simone Simons para crear un magnífico contraste de luz y oscuridad.
A continuación, “Fight or Flight” se sumerge de lleno en la melancolía, pero esta vez expresada a través de arreglos más tradicionales, pomposos y con tintes progresivos que se asemejan a lo interpretado por Anathema, todo ello rematado con una gruesa capa de teatralidad electro-gótica.
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Siguen pasando los minutos y llega “The Weight of My World”, una de las canciones de metal sinfónico donde Simone replica lo que hacía hace más de 20 años, y lo hace realmente disfrutable.
El álbum continúa con “Vermillion Dreams”, una canción impregnada de sintetizadores con melodías darkwave que va aumentando en intensidad a lo largo de su duración antes de llegar a una conclusión sorprendentemente aguda.
Pasada la mitad del disco, llega “The Core” con una conexión de metal moderno en su máxima expresión, donde varios géneros chocan para formar un llamativo y fresco cóctel. En ella podemos escuchar a Mark Jansen añadiendo oportunos gruñidos.
La conexión entre Vermillion y Epica no solo cuenta con sus máximas figuras, sino también con Koen Herfst en la batería (quien sustituyó a Epica en 2007) y el actual bajista, Rob Van der Loo.
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“Dystopia” suena como una obra de teatro musical perdida hace tiempo, reimaginada para la generación synth-prog; suena lenta pero tiene un gran impacto en el total del disco.
“R.E.D”, elegida como tercer single, es otra canción que cuenta con la participación de Jansen y sus gruñidos. Es una canción con reminiscencias del rock industrial intercaladas con melódicos interludios electrónicos.
El final, “Dark Night of the Soul”, es una balada épica y conmovedora de piano, una auténtica belleza, llena de tristeza y alegría en igual proporción.
A lo largo de los 46 minutos de duración del disco, la composición es sólida y bien desarrollada, con emotividad y abundantes ganchos. Las canciones están bien elaboradas, destacando la potencia melódica y la destreza vocal.


Vulvodynia se ha hecho un hueco en la escena internacional del deathcore, siendo perfectamente la banda más conocida de todo el continente africano. La banda sudafricana vuelve completamente renovada con su sexto álbum de larga duración “Entabeni”, el cual nos muestra como la banda ha optado por un Deathcore Melódico como el que nos pueden ofrecer bandas como los canadienses de Angelmaker, cambiando la temática gore por letras sobre el folk y mitología sudafricanos, manteniendo el lado slam de la banda. En este trabajo, los del Cabo Este cuentan con la colaboración de vocalistas como David Simonich (Signs of the Swarm), Kyle Medina (Bodysnatcher) y Damonteal Harris (PeelingFlesh).
Entabeni es también el primer álbum lanzado desde la despedida del hasta entonces polémico vocalista Duncan Bentley, donde el guitarrista Lwandile Prusent ocupa el lugar con un resultado más que sorprendente el cual iremos analizando a lo largo de la reseña. Este sin duda ha sido el álbum donde han conseguido una producción más pulida y definida, donde no se me hace nada repetitivo ni pesado como ocurre en otros álbumes del género. Los de Durban han mostrado esta vez la capacidad de crear un proyecto dinámico y energético, cuyas características estaban algo ausentes en sus últimos álbumes, y como persona cercana a la banda, me complace ver cómo los chicos han evolucionado de esta manera.
Lo dicho, el sonido de Entabeni sigue siendo enorme y mucho más entretenido que su predecesor, Praenuntius Infiniti. El álbum es un torbellino rápido y lleno de solos de guitarra intrincados, riffs técnicamente impresionantes y un puñado de breakdowns emocionantes. Las frecuentes instancias de “chugga chugga” puntuadas por armónicos y barridos ocasionalmente se acercan demasiado al territorio de “error de Windows”, pero estos momentos están generalmente bien orquestados y no se sienten tan artificiosos como podrían haberlo sido lo mismo. Hay temas donde los toques sinfónicos se hacen más presentes ‘Devil Tree’, o los coros operísticos de ‘The Rand Lord’. Estas inclusiones no son desconocidas dentro del género, pero aquí, en medio de la barbarie de los cortes más salvajes y el constante trabajo de trastes abrasador, se sienten distraídamente triviales. No obstante, ‘The Rand Lord’, a pesar de sus deficiencias, logra destacar gracias a las guitarras enérgicas y una atmósfera contenida pero épica, aunque se siente ligeramente novedosa para una canción de Vulvodynia.
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De manera similar, el cierre ‘Generational Segregation’, uno de los mejores momentos de Entabeni, es un inusual pero memorable estertor final para el álbum, lleno de grooves contundentes y riffs de death metal rudos que fluctúan ágilmente a lo largo de casi cinco minutos. Es un resumen convincente del estilo actual de la banda, en el que todo parece estar afinado a la perfección, funcionando como debería, y sincronizándose excelentemente.
Aunque el estilo encontrado en Entabeni desafía un poco las expectativas para la banda, el vocalista Prusent hace un trabajo más que excelente en este paisaje musical, con sus bajos deliciosos y agudos rasposos que complementan idealmente este cambio estilístico frenéticamente animado, aunque los guturales de este no igualen la monstruosidad de Bentley. Esto último no es ningún inconveniente en mi opinión. La banda solamente ha buscado adaptarse de manera mutua tanto en la instrumental como en los vocales, es decir, que ambos aspectos han evolucionado. Si hay que poner alguna crítica a las vocales de Lwandile, sería una cierta sobreproducción en algunas partes que hace que el LP suene demasiado limpio en varias ocasiones. Esto no es particularmente inusual para los discos de metal técnico, ya que agrega fidelidad a los pasajes musicales más complejos, pero también suaviza gran parte de la explosividad que podría haber elevado este lanzamiento.
En ‘Mamlambo’, por ejemplo, que cuenta con un riff principal satisfactoriamente atronador, la aspereza del tono de la guitarra se diluye por lo nítido del efecto, sustrayendo gran parte del poder y peso de la composición en un instante. Los breakdowns frecuentemente caen víctimas de la producción también, con ‘Isandlwana’ destacándose en este sentido gracias a un outro simplista que se siente subdesarrollado en lugar de rematar con fuerza. Un acabado más crudo podría haber agregado impacto a la naturaleza directa del final, pero debido al pulido, simplemente no sirve como las últimas sacudidas cataclísmicas que debería ser. La producción sí ayuda a dar definición a los solos y pasajes más grandiosos, sin embargo, con el tema principal destacándose notablemente en este sentido; los cambios entre barridos y chugs están bien contrastados mientras las voces de Prusent se deslizan sobre la experiencia.


A pesar de que Flotsam and Jetsam nunca tuvo ese gran salto a la popularidad con el que (casi) todo músico sueña y la mayoría de los metaleros los conozcan como “la banda en la que estaba Jason Newsted justo antes de sumarse a Metallica”, la agrupación liderada por el cantante Eric A.K. y el guitarrista Michael Gilbert puede jactarse de llevar décadas luchando por el metal, acumulando un seguimiento de culto y siendo no sólo uno de los poquísimos grupos de su época que nunca se separó sino que también logró editar material de manera relativamente regular. En el año de su 40° aniversario, el quinteto originario de la ciudad de Phoenix, Arizona, lanza su decimoquinto álbum, el grandilocuentemente titulado I Am The Weapon, a editarse a través de AFM Records el 13 de septiembre.
Para quienes no la conozcan, la propuesta de Flotsam and Jetsam queda clara ya desde los primeros segundos de “A New Kind of Hero”, canción que da inicio a la placa con unas guitarras acústicas que dan paso al doble bombo del baterista Ken Mary, las guitarras de Gilbert y Steve Conley y el bajo de Bill Bodily. Aunque generalmente se los mete en la bolsa del thrash, los arizonianos tienen una influencia melódica importante y hasta diría cercana al power metal, sobre todo en cómo la voz de Eric A.K. no utiliza tanto ese estilo rudo thrashero sino más los agudos ascendentes tanto en los versos como en los estribillos prominentes.
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La totalidad de I Am The Weapon se mueve por esos caminos, con muchos riffs como para musicalizar moshpits y baterías para romperse el cuello tratando de seguirlas a puro headbanging. La falta de grandes variantes en las estructuras y demás ideas musicales puede hacer que el álbum se torne un tanto monótono si uno no está 100% metido en él, sobre todo cuando éste se extiende durante 47 minutos, pero Flotsam and Jetsam hacen todo el esfuerzo a su alcance para mantener la energía y los buenos riffs, que no son particularmente originales pero sí muy bien construidos.
Aparte de la inicial “A New Kind of Hero”, canciones como la siguiente “Primal”, “Burned My Bridges” y “Running Through The Fire” son algunas de las mejores composiciones incluidas en el disco, mostrando que el quinteto todavía tiene claras las ideas que quieren meter en cada canción. Y no es que tampoco todas las canciones sean iguales, porque de vez en cuando la banda se toma la libertad de irse por lugares un tanto inesperados: tomemos como ejemplo la canción título “I Am The Weapon”, que incluye un par de secciones que cruzarían la línea para meterse al terreno de Slayer o incluso del death metal si no fuera por las voces melódicas. O también la rockera “Beneath The Shadows”, que tiene un ritmo de marcha que es menos aplastante pero que pega igual en el pecho con cada golpe.
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I Am The Weapon no es un disco que se preste al gran análisis, pero diría que esa es justamente la manera en la que se ha manejado Flotsam and Jetsam durante toda su carrera: no serán una entidad imperturbable a lo AC/DC, porque en los noventas podemos ver más de un intento por adaptarse a nuevas movidas, pero está claro que la banda no busca reinventar la rueda sino hacer que el oyente pase un buen rato con buenas canciones y momentos como para corear a todo pulmón. Flotsam and Jetsam buscan hacer lo mejor que pueden con la fórmula y el manual que se han planteado, y creo que les sale muy bien para quienes estén buscando un disco de metal y nada más.



A pesar de que Saints of Los Angeles, su último álbum de estudio, haya salido hace poco más de una década y media, Motley Crue han logrado mantener un espacio entre los medios rockeros que ninguna otra banda dinosaurio de la movida glam de los ochentas ha estado ni cerca de alcanzar. Esto casi nunca se da por alguna razón “positiva”, pero está claro que hay un público que está interesado, lo suficiente como para que se viralice un nuevo video de Vince Neil sonando desafinado durante un recital o que Tommy Lee tuitee una foto de su pene y que a alguien le importe: no por nada en los últimos cinco años tuvimos The Dirt y Pam & Tommy, producciones para televisión centradas ya sea en toda la banda o en alguno de sus integrantes. Más allá de lo que uno piense acerca de los músicos, de su obra o el valor de una película de Netflix o una serie de Hulu, pocas bandas tienen una historia personal que capture la atención de la gente de esa manera, sobre todo décadas después de la época “dorada” del grupo.
Pero no parece que Motley Crue se sientan listos para colgar las calzas y retirarse para vivir de las regalías y de vez en cuando tocar los clásicos para una audiencia de nostálgicos del glam, porque en abril de 2023 Motley Crue anunciaron que estaban trabajando en nuevas canciones, y en los meses siguientes el grupo fue poco a poco revelando nuevos detalles acerca de estos nuevos lanzamientos, como que eran tres canciones y que una de ellas se llamaba “Dogs of War”. En un giro que no creo que muchas personas esperaran, esta vez Motley Crue llamaban la atención por algo relacionado con su música en vez de por algún escándalo.
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Por esa misma época se dio a conocer que Motley Crue había firmado con Big Machine Records. Si son lectores habituales de esta página lo más seguro es que no tengan ni idea de este sello, siendo que está dedicado casi de manera plena a la música country, pero durante una década su mayor estrella fue Taylor Swift y desde 2019 es propiedad de Scooter Braun, el ejecutivo musical que descubrió a Justin Bieber en 2008. En el mejor de los casos una banda como Motley Crue trabajando con un sello así puede sonar sólo extraño y en el peor de los casos como una herejía, pero los californianos parecen estar en posición de elegir trabajar con gente por fuera del mundo del rock.
Y siendo que este sería el primer lanzamiento de la banda junto al guitarrista John 5, ex guitarrista de Marilyn Manson y Rob Zombie, reemplazando al ahora retirado Mick Mars, encargado clásico de las seis cuerdas del grupo. Teniendo a un guitarrista (relativamente) más joven y que viene de un estilo diferente, Motley Crue podría tener un ingrediente nuevo en su sonido.
Las alarmas se dispararon cuando dieron a conocer que una de esas canciones era un cover de “Fight For Your Right (To Party!)” de los Beastie Boys. Y la atención terminó deviniendo en morbo cuando en agosto dieron a conocer el título de la tercera canción, que también sería el del EP: Cancelled. La idea de Motley Crue haciendo una canción sobre la “cultura de la cancelación” era algo que generaba una sensación de pavor: piensen en la escena final de la película Se7en, con Mills observando la caja que el asesino serial le había hecho llegar y sintiéndose horrorizado incluso antes de abrirla, y tendrán bien presente lo que sentía antes de darle play al lanzamiento.
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El EP arranca con “Cancelled”, la canción que le da título, y no puedo negar que arranca de manera prometedora: esa intro de piano minimalista seguida por la guitarra de John 5, que suena pesada y crujiente sin dejar de lado las melodías pegadizas, casi festivas, características de Motley Crue. Pero las cosas terminan por derrumbarse en el segundo 51, que es cuando aparece Vince Neil.
Como dije antes, la idea de Motley Crue haciendo una canción sobre “la cultura de la cancelación” era algo que ya hacía que temiera lo peor. Y no es que crea que la banda no tenga derecho a expresar sus ideas o lo que les esté molestando en ese momento, porque por mí que saquen cualquier cosa y se banquen lo que la gente les diga, pero temía lo que pudiera ser la canción porque no es sólo que Motley Crue nunca me haya parecido una banda con ideas políticas, sino porque nunca haya parecido que tuviera alguna idea, de cualquier tipo: Motley Crue, al menos con Neil en las voces, siempre ha creado una atmósfera de pura fiesta, alcohol, rock fuerte y mujeres fáciles con poca o ninguna ropa. Imagínense si Rage Against The Machine un día decidieran sacar una canción sobre ir a un club de striptease y ya se imaginarán el choque.
Y en “Cancelled” se confirma lo que estaba sospechando, y ni siquiera tiene tanto que ver con el sentimiento que están expresando: Vince Neil cantando sobre trolls de internet, TikTok, el asalto al Capitolio de EEUU en enero de 2021 y hasta el tabloide británico Daily Mail, diciendo que te pueden cancelar por “decir lo que piensas” y sobre ser arrestado por tener un trío con una modelo, todo esto dicho con la profundidad de un post de Facebook o un e-mail compartido por tu tío acerca de la “libertad de expresión” y los “wokes”.
No, confirma lo que sospechaba porque la canción es extremadamente descerebrada tanto en lo que expresa como en la manera en la que está construida: el estribillo de la canción no tiene nada que ver con los versos, al punto de que parece más un medley que una canción normal. Me imagino que uno podría hacer algo de gimnasia mental para tratar de unir lo de la “cruzada woke” con la parte de “¿Me amarás cuando caiga?” repetida una y otra vez, tal vez diciendo que Vince Neil teme ser cancelado y preguntando si lo seguirán amando después de eso, lo cual es extraño siendo que Neil sigue teniendo una carrera después de un historial tan largo de encuentros con la ley, incluyendo el incidente que se marcó con la muerte del baterista de Hanoi Rocks. A esta altura creo que su posición está segura.
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La verdad es que no me pondría a analizar las letras de una canción de Motley Crue en casi cualquier otro contexto, porque nunca han sido una banda con una pluma muy afilada en ese aspecto. Y si están cansados de leerme hablando sobre la lírica y quieren que me limite a la música, están de suerte porque también tengo cosas para decir sobre eso: el inicio será prometedor, pero el riff se vuelve repetitivo demasiado rápido y los solos parece que están metidos de manera completamente aleatoria. No me gusta el sonido de la batería, el bajo no se escucha por ningún lado, y Neil tratando de cantar esas partes suaves simplemente es demasiado.
“Dogs of War” sigue en el EP y es una canción mejor, pero no por mucho. Es ciertamente extraña, alternando entre las partes suaves y atmosféricas y los riffs pesados de John 5, aunque en este caso se sienten mucho menos pegados con moco que en la anterior. Las partes suaves suenan medio Korn y me gustaría algo más de empuje, pero se siente mucho más como una canción: en su banda solista Sixx:A.M., el bajista Nikki Sixx mostró que puede manejar este sonido más alternativo. El problema es que la voz de Neil no se adapta bien a este estilo y que las partes suaves hacen que uno tenga que prestar atención a las letras, no tanto porque expresen algún pensamiento político sino porque parecen haber sido escritas cinco minutos antes de ser grabadas. Pero los riffs pesados son suficientes como para compensarlo: una canción de 5 puntos es mejor que una canción de 2 puntos, es lo que digo.
Y cerrando el EP tenemos el cover de “Fight for Your Right”. ¿Está mal si digo que esta es la mejor parte de Cancelled? Lo más seguro es que lo esté: ¿Qué hace Motley Crue grabando un cover de Beastie Boys, y encima una canción que buscaba parodiar el estilo de vida de fiesta constante mostrado por tantas bandas glam? Pero creo que es lo que mejor funciona porque justamente es una idea estúpida pero divertida. ¿Qué es Motley Crue sin la diversión descerebrada? “Fight For Your Right” será una de esas canciones satíricas de los ochentas a lo “Born in the USA” y “Rockin’ In The Free World” donde mucha gente no parece haber captado la idea, pero mientras esas son serias la de Beastie Boys es más cómica y lo de Motley Crue suena como algo que el grupo hubiera podido grabar en los ochentas de manera honesta.
Podría interpretarse como los miembros de Motley Crue burlándose un poco de sí mismos, a la manera de lo que viene haciendo un grupo como Limp Bizkit desde hace un largo tiempo: no hay nada mal con ser un chiste mientras seas entretenido. Pero incluso si no hubiera mucha estrategia detrás igual funcionaría porque, a diferencia de las otras dos canciones del EP, “Fight For Your Right” suena divertida, como algo que me gustaría escuchar en un recital de Motley Crue: en su etapa clásica, incluso cuando la banda cantaba sobre una sobredosis en “Kickstart My Heart”, sonaban entretenidos, y este cover es el único que logra eso.
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Cancelled no será el peor lanzamiento del año, pero esa primera canción es el equivalente discográfico de esos videos de Vince Neil dando vergüenza en vivo, e incluso diría que es mucho peor: Neil está lejos de ser el primer cantante de voz aguda que ha tenido una o incluso varias noches malas, y los conciertos siempre están abiertos a las imperfecciones, pero esto es algo que Motley Crue grabó, editó, mezcló y lanzó para consumo de su público, algo que eligieron dar a conocer en la que asumo que es la forma que ellos buscaban. Después de eso hay una canción aceptable pero que no deslumbra y un cover gracioso como para escuchar un par de veces pero no mucho más, lo cual me hace dudar acerca de cuál fue la idea detrás de sacar esto.
¿Es un adelanto de un nuevo disco? ¿Es Motley Crue intentando explotar la moda “anti woke”? ¿Es que están viejos y cascarrabias y quieren expresarlo? ¿Qué necesidad hay detrás de todo esto? Vaya uno a saber, pero Cancelled es un EP que se hace largo incluso con apenas 12 minutos, y toda una experiencia que francamente no quiero repetir.
Etiquetas: Estados Unidos, glam metal, Hard Rock, Metal Alternativo, Mötley Crüe

No eran una banda amada de manera universal, como suele pasar con casi cualquier grupo exitoso en un género que no se caracteriza por tener mucha llegada masiva, pero tanto fans como críticos de The Black Dahlia Murder sintieron el golpe cuando el 11 de mayo de 2022 la banda estadounidense anunció que su cantante Trevor Strnad había fallecido: que hayan incluido un número de ayuda al suicida en el mensaje daba a entender claramente la causa de muerte aunque el grupo nunca la anunciara abiertamente.
La pérdida de Strnad tenía todos los ingredientes para haber dar por terminado a The Black Dahlia Murder: era el frontman del grupo, uno de sus miembros fundadores y encima había sido una personalidad bastante conocida en el mundillo del metal extremo moderno durante muchos años. Es por eso que el hecho de que el resto de la banda informara que iban a continuar dio lugar a muchas dudas y especulaciones, pero creo que The Black Dahlia Murder tomaron una decisión excelente al hacer la gran Genesis y mantener todo en familia: el guitarrista Brian Eschbach pasó a encargarse de las voces, mientras el ex integrante Ryan Knight regresó a la banda para cubrir la guitarra.
Puede parecer un tanto atado con alambre a primera vista, pero Eschbach ya había cantado en un par de canciones y era el otro miembro junto a Strnad que había estado desde los inicios, así que está claro que estaba en una posición perfecta para continuar su legado. Y cuatro años después del anterior Verminous, un tiempo largo para una banda que en promedio solía editar un nuevo álbum cada dos años pero sorpresivamente rápido a poco más de dos de la muerte de Strnad, The Black Dahlia Murder vuelven a las andadas con Servitude, su décimo álbum de estudio.
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Considerando el contexto en el que se dio su producción, no me hubiera sorprendido algún cambio en la fórmula de The Black Dahlia Murder: el impacto de la muerte trágica de un compañero de banda y un cambio de cantante suele provocar eso. Pero mucho más que eso, Servitude se siente como otro álbum más en la discografía de The Black Dahlia Murder, con todos los ingredientes que cabría esperarse de parte de la banda: los riffs furiosos, los blast beats, los solos ultra melódicos y las voces desgarradas. Este último es, obviamente, un punto importante, porque Eschbach logra sonar casi idéntico a Strnad, más específicamente en la época de Nocturnal.
Puede que para alguno le suene como una decepción que yo diga que Servitude no marca ningún antes o después en la historia de The Black Dahlia Murder más allá del contexto que vivió la banda: si no supieran lo que pasó con Strnad, lo más seguro es que nunca notarían el cambio. Pero la gente tiene muchas maneras diferentes de sobrellevar las pérdidas y en el caso de la banda estadounidense diría que su manera es gritar a viva voz que nada los detendrá. Y lo digo de manera literal, porque en “Aftermath” Eschbach grita “Lo que no te mata, te hace más fuerte”, que será una línea cliché pero estoy seguro que el guitarrista convertido en cantante la sentía en lo más profundo del alma, y que sus compañeros de banda querían demostrar eso con este nuevo álbum.
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Y cuando digo que es “un disco más” en la discografía de The Black Dahlia Murder, lo digo también por su calidad: ninguno de sus álbumes será un Slaughter of the Soul, un Heartwork, un The Jester Race o demás clásicos del death metal melódico, pero el quinteto siempre ha sido una apuesta segura, donde uno sabe cómo sonará cada nuevo lanzamiento y que un fan del melodeath tendrá una serie de canciones que satisfagan el hambre de brutalidad mezclada con melodía. Y Servitude cumple con esas expectativas en poco menos de 33 minutos: tenemos la intro acústica de “Evening Ephemeral” previa a la explosión de riffs, la antes mencionada “Aftermath” con sus blast beats brutales, la riffera “Utopia Black” y la más lenta “Mammoth’s Hand”, que tiene un uso interesante de ritmos más grooveros sin abandonar el espíritu clásico de la The Black Dahlia Murder, además de un solo con más “feeling” que la catarata de notas característica de la banda.
Siendo que Servitude es “un disco más” en la discografía de The Black Dahlia Murder, eso también significa que no deslumbra ni creo que le vaya a cambiar la vida a nadie. Pero no creo que un álbum tenga que tener ese poder para ser recomendable: Servitude es un buen disco de death melódico, y estoy muy seguro de que eso era todo lo que buscaban los fans de la banda después de una etapa tan complicada y trágica en una historia que no había tenido muchos sobresaltos. Así que denle play a este décimo álbum de estos abanderados del melodeath estadounidense moderno, porque no los decepcionará de ninguna manera.


SkyEye no es exactamente una banda nueva, pero probablemente hay un montón de metalheads por ahí que no han oído hablar de ellos. Así que empecemos por el principio, que es 2014. SkyEye tiene su sede en Liubliana, Eslovenia, y la banda se formó hace diez años. El primer álbum que llegó a las estanterías fue “Digital God” y fue lanzado en 2018. Tres años más tarde, “Soldiers of Light” fue lanzado el segundo LP y otros tres años más tarde, en este 2024 están de vuelta con su tercer álbum “New Horizons” editado el pasado 19 de julio por Reaper Entertainment.
Las canciones del quinteto están influenciadas por bandas como Judas Priest y Hammerfall no son extraños para los chicos. Incluso algunos momentos de Dio/Rainbow vienen a la mente mientras van sucediéndose las canciones. SkyEye se adentran en el metal tradicional, sus excelentes canciones y la fantástica voz de Jan Leščanec los distinguen del resto de grupos del género.
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El tema de apertura “The Descenders” es un fuerte tema de heavy metal constantemente impulsado por la batería de Jurij Nograšek donde también cuenta con un un estribillo fantástico.
Hay una sensación de grandiosidad a medida que avanza el álbum, especialmente con la desafiante “Fight!”, en la que el vocalista Jan Leščanec evoca el espíritu de Ronnie James Dio. Cuenta con un estribillo de “Fight, fight, fight. Now we must fight” muy pegadizo.
Junto con una sólida porción de power metal, el quinteto derrocha mucha energía, aderezada con algunas líneas melódicas bien elaboradas, que dan a canciones como la machacona “Far Beyond” y la canción que da título al disco una sensación memorable.
Armonías de guitarras gemelas más allá de un bajo potente y un enérgico trabajo de batería llevan a “Railroad of Dreams” al panteón de los himnos instantáneos, donde los puños vuelan en alto y los largos mechones de pelo se arremolinan en el pogo.
El instrumental de apertura de Saraswati es suave y casi inquietante. Es una de las canciones más larga del álbum, con algo más de ocho minutos. Se trata de un melancólico rock a medio tiempo con riffs cargados de doom a cargo de Mare Kavčnik y Urban Železnik.
“New Horizons” tiene el potencial de ampliar la base de fans de la banda. Hay suficientes buenas canciones en el álbum que permiten un sólido headbanging.
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SkyEye tienen un claro modelo a seguir al que emulan claramente y al que han dedicado una clásica canción tributo, “The Voice From The Silver Mountain“, haciendo alusión al enorme Ronnie James Dio en donde el frontman, Jan Lescanec, hace un verdadero esfuerzo y consigue imitar al ex cantante de Black Sabbath y Rainbow casi a la perfección
“Nightfall” es pura gloria power metal con su ascendente trabajo de hachas y la melodía que da título al disco roza el thrash. Una gloriosa obra de heavy metal, New Horizons sabe cómo rockear duro y esas marcas de quemaduras serán visibles a kilómetros de distancia
“The Emerald River” es el tema más corto del álbum y es poco más de un minuto de música orquestal que realmente cambia las cosas, aporta una atmósfera especial y le dá paso a la canción “1917”, con más de 9 minutos de duración, una pieza que con su impresionante introducción y el excelente arreglo de guitarra del estribillo aumentan el dramatismo de la canción, incorporando riffs geniales trayendo recuerdos de las canciones épicas de Iron Maiden.
SkyEye es, ante todo, una banda de heavy metal potente, si sos fan del heavy metal de los 70/80, este disco te va a encantar.
Etiquetas: eslovenia, Heavy Metal, Iron Maiden, Power Metal, Reaper Entertainment, ronnie james dio, SkyEye

El aclamado grupo finlandés de metal sinfónico, Nightwish, marca un nuevo hito con la salida de su décimo álbum de estudio, “Yesterwynde“. Este trabajo no solo cierra una trilogía que comenzó con “Endless Forms Most Beautiful” y “Human. :||: Nature.”, sino que también refleja un periodo de cambios en el núcleo de la banda. Conjuntamente a la salida del bajista y vocalista Marko Hietala debido a problemas mentales, se sumó la lucha de Floor Jansen contra el cáncer y el nacimiento de su hija, por ende, el presente álbum se convierte en un testimonio de resiliencia y renovación.
Pasaron cuatro años desde que salió “Human..”, un álbum que ha generado opiniones diferentes entre los fans y la prensa especializada. En esta nueva entrega encontraremos a una Floor que interpreta un rango más “pop”, lo que realza el contraste cuando sus potentes vocalizaciones operísticas hacen su aparición.
Con una duración de 71 minutos, Tuomas Holopainen, la mente maestra detrás de Nightwish, nos invita a bucear en un universo infinito, rodeados de majestuosas melodías pegajosas que mantienen al oyente en una aventura emocionante hasta los últimos segundos.
En sí, el álbum mantiene la estructura de los últimos trabajos, atrás quedaron esas piezas firmas, poderosas, directas como “Wishmaster”, “The Phantom sails to Orion”, “She is my sin” o “Tutankhamen” de los primeros trabajos con Tarja, como tampoco hay temas que vayan para el lado de lo realizado por Anette Olson, por ejemplo ese tiro por elevación hacia la primera cantante de la banda en “Bye Bye beautiful”.
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No es un disco malo, pero los temas se hacen largos, eternos, con muchos pasajes instrumentales que tienden a aburrir. Es una obra cautivadora y ambiciosa, con una producción en la que quien sale beneficiado es Tuomas Holopainen (por algo es el líder de la banda, no?) mientras que las guitarras o algo tan primordial como es la voz de Floor quedan opacadas por tanto “ruido” que hay por delante.
Si bien el cantante y multiinstrumentista Troy Donockley aporta regularmente un toque folclórico, sumarle un coro de niños en uno de los tracks hace que uno pierda el interés rápidamente ya que no es novedad.
La banda ha colaborado con el compositor de bandas sonoras James Shearman, quien ha sustituido a Pip Williams en los arreglos orquestales, aportando una nueva perspectiva sin perder la esencia que caracteriza a Nightwish.
Yesterwynde predispone a los fans antes de darle “play” al disco, no hay cambios en la propuesta, por lo que no atraparía a un nuevo oyente o a aquellos que le quieren dar una segunda oportunidad a la banda luego de tantos cambios de alineación y propuesta.
Se destacan temas como “The Antikythera Mechanism” con varios cambios de ritmos que la hacen interesante, al igual que uno de lo cortes que se dieron a conocer antes de la salida de este décimo trajo, “Perfume Of The Timeless” que tiene esa epicidad con una interpretación de Floor particularmente conmovedora.
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Un álbum centrado temáticamente en el concepto de nuestras conexiones humanas con la historia, en donde nos recuerda que pronto formaremos parte del pasado.
Cabe recordar que Nightwish no participará en ninguna gira para promocionar este trabajo. Una decisión anunciada debido a tantos golpes que recibió la banda en el último tiempo, quizás lo aprovechen para replantearse el camino a seguir dado que así, quienes supimos disfrutar de aquellos shows en Obras Sanitarias como aquella recordada visita en 2001 en Acatraz le soltamos la mano hace tiempo.
En conclusión: un disco que pasará sin pena ni gloria, no estará en la lista de los clásicos de la banda ni mucho menos será recordable.


Para los que no los tengan en el mapa, Serious Black es un “super”grupo formado en 2013 por una variedad de músicos provenientes de algunas de las bandas más importantes del power metal europeo, editando su debut As Daylight Breaks en 2015. Pongo lo de “super” entre comillas porque la banda ha ido perdiendo los elementos más “súper” de su formación: Roland Grapow (Masterplan, ex Helloween) se fue antes de la salida del debut, Thomen Stauch (ex Blind Guardian) se fue en 2015, Alex Holzwarth (ex Rhapsody of Fire) se fue en 2018, y Bob Katsionis (ex Firewind) salió oficialmente en 2017, aunque ha tenido sus créditos posteriores con la banda.
Ahora con el bajista y productor alemán Mario Lochert y el guitarrista austríaco Dominik Sebastian (ex Edenbridge) como únicos miembros de la formación original, Serious Black están más cerca de ser un grupo “normal” que de un supergrupo. Sin embargo, también tengo claro que esto depende de qué tan esté metido uno en el power metal y pueda reconocer los nombres de los otros involucrados: tenemos en batería al iraquí Ramy Ali (Freedom Call, Iron Mask) y al serbio Nikola Mijić (Eden’s Curse, Alogia) en las voces, este último reemplazando al cantante original Urban Breed, quien se fue de Serious Black de bastante mala manera.
Es obvio que esta salida de los miembros más inmediatamente reconocibles de la banda, algo que también podríamos caracterizar como una fuga de cerebros si tenemos en cuenta que muchos de ellos también estaban acreditados en la composición, habrá hecho que muchos de los que seguían a Serious Black justamente por el enorme currículum de los músicos involucrados en sus inicios hayan dejado de seguirlos. Pero puede que ya no tener a todos estos nombres asociados haga que haya menos presión de parte del oyente sobre cada nuevo disco de llegar a algún nivel imaginario de calidad, y parece que Lochert y Sebastian siguen teniendo suficiente fe en este proyecto como para mantenerlo adelante, llegando ahora a su séptimo álbum de estudio, titulado Rise of Akhenaton.
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“Open Your Eyes” abre la placa con una patada de doble bombo y riffs machacantes, estos últimos acompañados por unos sintetizadores bastante presentes. Estos últimos combinan muy bien con las melodías ya características de la propuesta de Serious Black, al igual que en la siguiente “We Are The Storm”, que además tiene muchos sonidos de pianos y programaciones acompañando a las guitarras. Por otro lado, la tercera “Silent Angel” es particularmente melódica: por momentos parece amenazar con cruzar la barrera y meterse en el AOR de una banda que editaría un sello como Frontiers Records.
Haciendo un repaso rápido de la placa tenemos tracks como“When I’m Gone”, que comienza con mucho piano y aires de balada melosa como para imaginarse un video musical con nieve cayendo y tomas en cámara lenta y que poco a poco va poniéndose más pesada hasta llegar al clímax poco antes del final. Y también está la cursi pero no por eso menos pegadiza “United”, con esos teclados que no sonarían fuera de lugar en alguna canción de Europe de los ochentas. Y si tantos teclados hacen que uno se ruborice justo después tenemos el tema título “Rise of Akhenaton”, donde la temática egipcia se puede sentir en varias melodías vocales pero con el énfasis puesto en las guitarras y los solos épicos.
“Virtual Reality” es otra que dan ganas de apretar el acelerador en el auto y con un estribillo como para pedirle al público que acompañe a viva voz, y otra como la final “Metalized” marca bien que, a pesar de todos los teclados y estribillos con voces en multi track, la lealtad de Serious Black sigue siendo del metal pesado, con más riffs pesados y baterías incansables como para subirse al caballo y marchar hacia la batalla.
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Uno de los elementos claves de Rise of Akhenaton es la dupla de guitarras de Dominik Sebastian y el antes mencionado Bob Katsionis, quien junto a Rochert estuvo a cargo de la producción, la cual es un tanto genérica en cuanto a lo que es el power europeo pero cumple su tarea en dejarle espacio a los instrumentos necesarios para cada canción. Los teclados prominentes, con cierto regusto sinfónico, son un buen complemento para las canciones, siempre sonando en su lugar y no estorbando sino acompañando.
Otro elemento importante son los estribillos clásicos de puño alzado dirigidos por la voz de Mijić: el serbio está lejos de ser el cantante con el que esté más familiarizado, pero es un vocalista muy cumplidor en toda su tarea, marcando bien la atmósfera de energía positiva y fuerte que merece este tipo de música.
Y ya que usamos la palabra “cumplidor”, esa es la mejor manera de calificar a Rise of Akhenaton: es un álbum para quienes ya sean fans del power metal y que estén buscando un disco con ese sonido específico. Elegante pero no por eso suave, directo pero sin dejar de lado la melodía ni los estribillos, el séptimo álbum de Serious Black está hecho para pasar un buen rato: no es un lanzamiento complicado de entender y eso claramente se puede decir de toda la obra de este grupo: estamos hablando de gente que se bautizó como un personaje de Harry Potter, no esperen una exploración filosófica de la existencia humana. Son simples pero no simplistas, no reinventan la rueda pero saben usar sus herramientas, y quien tenga gusto por el power va a pasar unos 43 minutos muy entretenidos.
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Procedentes de Togo, en África Occidental, Arka’n Asrafokor se están convirtiendo en los referentes de la variada escena del metal africano. En los cuatro años transcurridos desde que publicaron su prometedor álbum debut, Zã Keli (2019), la banda cambió su nombre por el de Arka’n Asrafokor, o “Música de los Guerreros”, traducido de su lengua materna, y ha reforzado su sonido.
Mezclando cantos tradicionales, tambores tribales y metal, esta banda consigue crear algo que me recuerda un poco a Tÿr, pero menos sombrío y helado. También hay una mezcla de idiomas, con la lengua tradicional (ewe) mezclada con el inglés.
Su segundo álbum, Dzikkuh, salió a la venta el 21 de junio de 2024 bajo el sello Reigning Phoenix Music (RPM). Es una mezcla más ambiciosa de groove metal y death metal, con frenéticos polirritmos afrobeat, un disco lo suficientemente diverso como para atraer a los fans del prog metal, death metal y nu-metal.
Siguiendo la experiencia de bandas como Sepultura, Soulfly (o mejor dicho, Max Cavalera) así tambien a gente como The Hu de Mongolia, han introducido la música indígena en sus discos.
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“The Truth” es la encargada de abrir la placa. Incluye una maníaca percusión africana intercalada con bombos, guitarras cortantes y la voz melódica y gutural de Rock Ahavi.
Aunque Arka’n Asrafokor alterna a la perfección el francés, el inglés y la lengua togolesa, el ewe, sus estribillos tienden a cantarse en esta última. El groove nunca decae, a pesar de los múltiples cambios de ritmo, lo que lo convierte en una gran escucha.
“Not Getting In Line” suena como Soulfly fusionado con Slipknot y mantiene un sonido casi mathcore. Presenta cambios en los tonos de voz, con extraños pasajes entre estribillos limpios y versos ásperos.
Cuando la banda lanzó “Walk With Us” como sencillo, tuvieron una buena razón: es un tema pesado y accesible. La percusión golpea como una andanada de flechas, con un estribillo pegadizo y melódico que seguramente el público coreará en los shows en vivo. Los riffs son poco ortodoxos y se puede palpar una ligera influencia de Fear Factory.
La banda ha hablado de su conexión simbiótica con la naturaleza; tanto “Walk With Us” como “Angry God of Earth” desahogan sus frustraciones ante la persistente destrucción del medio ambiente por parte de la humanidad.
“Mamade” se mueve entre lo técnico y lo relajado, con líneas de guitarra que contrastan con los intrincados patrones de la batería. Comienza como una versión africana, engañosamente grunge, de Jar of Flies de Alice In Chains, incluyendo motivos tribales de percusión y un gran número de voces étnicas.
“Asrafo” se sale de los carriles con una complejidad rítmica, manteniendo un despliegue implacable de ritmos al estilo djent de Meshuggah y momentos thrash, con un excelente trabajo de batería y guiños a los primeros trabajos de Max Cavalero luego de su salida de Sepultura.
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Mientras suena la séptima canción del álbum, “Final Tournament“, la banda se sumerge en el territorio del death metal. Luego de ella, suena “Still Believe“, con un lado cuasi progresivo, repleta de notas folclóricas dentro de la misma canción. Logramos escuchar escalas de su cultura mezcladas con riffs y efectos metaleros, algo que solo las bandas escandinavas han logrado hacer perfectamente dentro del metal.
“Home” realmente trae la influencia de África Occidental, tiene un fuerte toque de grooves pesados con riffs beatdown y armónicos. Alrededor de la mitad de la canción, los momentos tribales toman el centro del escenario agregandole excelente juego de voces.
“The Calling” es una semi-balada con la cual se cierra el álbum. Es un tema lento y melancólico, cantado íntegramente en inglés, que comienza con una suave melodía de guitarra y va añadiendo emoción musical sin distraer del resto de la canción.
Dzikkuh es un disco con múltiples texturas que se nutre de varias fuentes musicales, donde la influencia de los sonidos africanos es evidente en la percusión, que es a la vez técnica y vibrante.
Recomendado para fans de Sepultura, Machine Head y Puya.

Los italianos Forgotten Tomb son uno de los principales exponentes de bandas de DSBM (Depressive Suicidal Black Metal). Este año han presentado su undécimo trabajo, “Nightfloating“, editado a través de Agonia Records.
Este nuevo álbum cuenta nuevamente con Ferdinando “Herr Morbid” Marchisio en el rol de vocalista, guitarrista y principal compositor; Alessandro “Algol” Comerio en el bajo; Kyoo-Nam “Asher” Rossi en la batería; y un nuevo miembro, Jöschu “J” Käser, en la guitarra solista.
Herr Morbid, originalmente el único miembro de Forgotten Tomb, desempeñó un papel vital en el desarrollo del género DSBM. A lo largo de su trayectoria, el sonido de la banda ha evolucionado. En sus primeros lanzamientos ofrecían un black metal crudo, abrumador y depresivo, para luego cambiar a un sonido con influencias del doom y algunos toques góticos.
La portada, bastante sugerente, fue dibujada a mano por el artista griego Satta La Main. Está a medio camino entre el “Nøkken” de Theodor Kittelsen y el famoso cuadro “Ofelia” de John Everett Millais. En ella, se ve una silueta femenina vestida de blanco flotando en un lago, con una ciudad completamente abandonada, gris y desolada al fondo, rodeada de árboles marchitos, niebla y una atmósfera nocturna, evocando el concepto de “flotar en la noche”.
Después de esta introducción, analicemos las canciones:
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“Nightfloating”, el primer adelanto y la canción que da título al álbum, comienza con un rugido y melodías ásperas que crean una atmósfera densa y asfixiante, intercaladas con melodías melancólicas. En los versos, Herr Morbid grita “Nightfloating”, creando un ambiente de black/doom. Es una canción impresionante y un excelente comienzo para el álbum.
El segundo tema, “A Chill That You Can’t Taint“, también lanzado como sencillo, muestra un avance en términos de composición. Incorpora un nuevo elemento interesante: solos de guitarras gemelas, inspirados en el heavy metal clásico.
Le sigue “This Sickness Withered My Heart“, con un excelente trabajo de batería proporcionado por Asher. Aunque la canción comienza con un tono melódico, rápidamente avanza hacia un estilo más rápido y frío, con elementos depresivos y un toque blacker.
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“Unsafe Spaces” presenta pasajes más agresivos, con melodías y una atmósfera densa. No es una canción alegre, sino una llena de negatividad. Hacia el final, se destaca por sus buenos solos. Muestra ciertos rasgos de la etapa posterior a Negative Megalomania (2007), algo que siempre es bueno escuchar.
La penúltima pista, “Drifting“, es la pieza más corta del álbum y es instrumental. Tiene un estilo muy inspirado en la producción de Burzum de principios de los 90, con sonidos basados en sintetizadores y teclados cargados de melancolía, angustia y depresión.
El álbum cierra con “A Despicable Gift“, la canción más larga, con casi 11 minutos de duración. Comienza con el estilo black/doom característico de Forgotten Tomb, incluyendo dinámicas y cambios de ritmo. Después de un pasaje melódico y sombrío, cortesía de Ferdinando, un solo de Jöschu abre las puertas al riff final, mientras Herr Morbid exclama “Your life’s a despicable gift”. La canción se apaga lentamente, cerrando el disco.
Los italianos nos entregan un álbum de solo 39 minutos. Aunque su duración parece adecuada, se siente algo corto, con solo seis canciones, todas de excelente calidad. Los tres primeros temas son una clase magistral de cómo mezclar atmósferas sombrías con melodías delicadas, manteniendo el interés y elevando el ánimo de las canciones.

La inconfundible pelirroja del mundo del metal finalmente dio un paso más en su trayectoria musical al lanzar su primer disco solista. Hablamos de la bella Simone Simons, voz líder de los holandeses Epica. Tras haber compartido escenario y prestado su voz en numerosos proyectos como Kamelot, MaYaN, junto a su ex pareja y compañero en Epica, Mark Jansen, Angra, Primal Fear y muchos más, llega Vermillion, una colaboración con Arjen Lucassen (Ayreon/Stream of Passion/Star One) y Lori Linstruth (Stream of Passion).
En este disco, podemos encontrar algo totalmente diferente a lo realizado por Simone en su banda principal.
Simone es una de las mejores cantantes de la actualidad y, junto con su banda, ha contribuido en gran medida a definir y popularizar el género del metal sinfónico. Por lo tanto, este álbum en solitario debería ser de escucha obligada para todo fan. Sumado al trabajo que realiza Arjen Lucassen, el resultado es un combo muy disfrutable.
Existen marcadas diferencias con lo realizado por la icónica voz de Epica en este disco solista. Aquí no encontraremos temas de larga duración ni orquestaciones; más bien, se ha optado por “lo simple”, sin que ello signifique falta de “alma”. Encontraremos elementos sinfónicos, progresivos y de power metal (entre otros), dando forma a diez canciones de gran calidad.
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El tema de apertura, “Aeterna”, contiene influencias orientales y enormes riffs hasta que Simons hace su entrada magistral y presenta un estribillo potente que se complementa con una transición electro-industrial en los minutos finales.
“In Love We Rust” es un poco más básica en comparación con lo que sus fans están acostumbrados. Es una magnífica balada con aires de pop de los 80. La canción es emotiva y conmovedora, y junto con el solo de guitarra a mitad de canción, pone la piel de gallina.
Por el contrario, “Cradle to the Grave” llega cargada de riffs pesados, inquietantes arreglos orquestales y los formidables gruñidos de Alissa White-Gluz (Arch Enemy), que se funden con las voces operísticas de Simone Simons para crear un magnífico contraste de luz y oscuridad.
A continuación, “Fight or Flight” se sumerge de lleno en la melancolía, pero esta vez expresada a través de arreglos más tradicionales, pomposos y con tintes progresivos que se asemejan a lo interpretado por Anathema, todo ello rematado con una gruesa capa de teatralidad electro-gótica.
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Siguen pasando los minutos y llega “The Weight of My World”, una de las canciones de metal sinfónico donde Simone replica lo que hacía hace más de 20 años, y lo hace realmente disfrutable.
El álbum continúa con “Vermillion Dreams”, una canción impregnada de sintetizadores con melodías darkwave que va aumentando en intensidad a lo largo de su duración antes de llegar a una conclusión sorprendentemente aguda.
Pasada la mitad del disco, llega “The Core” con una conexión de metal moderno en su máxima expresión, donde varios géneros chocan para formar un llamativo y fresco cóctel. En ella podemos escuchar a Mark Jansen añadiendo oportunos gruñidos.
La conexión entre Vermillion y Epica no solo cuenta con sus máximas figuras, sino también con Koen Herfst en la batería (quien sustituyó a Epica en 2007) y el actual bajista, Rob Van der Loo.
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“Dystopia” suena como una obra de teatro musical perdida hace tiempo, reimaginada para la generación synth-prog; suena lenta pero tiene un gran impacto en el total del disco.
“R.E.D”, elegida como tercer single, es otra canción que cuenta con la participación de Jansen y sus gruñidos. Es una canción con reminiscencias del rock industrial intercaladas con melódicos interludios electrónicos.
El final, “Dark Night of the Soul”, es una balada épica y conmovedora de piano, una auténtica belleza, llena de tristeza y alegría en igual proporción.
A lo largo de los 46 minutos de duración del disco, la composición es sólida y bien desarrollada, con emotividad y abundantes ganchos. Las canciones están bien elaboradas, destacando la potencia melódica y la destreza vocal.


Vulvodynia se ha hecho un hueco en la escena internacional del deathcore, siendo perfectamente la banda más conocida de todo el continente africano. La banda sudafricana vuelve completamente renovada con su sexto álbum de larga duración “Entabeni”, el cual nos muestra como la banda ha optado por un Deathcore Melódico como el que nos pueden ofrecer bandas como los canadienses de Angelmaker, cambiando la temática gore por letras sobre el folk y mitología sudafricanos, manteniendo el lado slam de la banda. En este trabajo, los del Cabo Este cuentan con la colaboración de vocalistas como David Simonich (Signs of the Swarm), Kyle Medina (Bodysnatcher) y Damonteal Harris (PeelingFlesh).
Entabeni es también el primer álbum lanzado desde la despedida del hasta entonces polémico vocalista Duncan Bentley, donde el guitarrista Lwandile Prusent ocupa el lugar con un resultado más que sorprendente el cual iremos analizando a lo largo de la reseña. Este sin duda ha sido el álbum donde han conseguido una producción más pulida y definida, donde no se me hace nada repetitivo ni pesado como ocurre en otros álbumes del género. Los de Durban han mostrado esta vez la capacidad de crear un proyecto dinámico y energético, cuyas características estaban algo ausentes en sus últimos álbumes, y como persona cercana a la banda, me complace ver cómo los chicos han evolucionado de esta manera.
Lo dicho, el sonido de Entabeni sigue siendo enorme y mucho más entretenido que su predecesor, Praenuntius Infiniti. El álbum es un torbellino rápido y lleno de solos de guitarra intrincados, riffs técnicamente impresionantes y un puñado de breakdowns emocionantes. Las frecuentes instancias de “chugga chugga” puntuadas por armónicos y barridos ocasionalmente se acercan demasiado al territorio de “error de Windows”, pero estos momentos están generalmente bien orquestados y no se sienten tan artificiosos como podrían haberlo sido lo mismo. Hay temas donde los toques sinfónicos se hacen más presentes ‘Devil Tree’, o los coros operísticos de ‘The Rand Lord’. Estas inclusiones no son desconocidas dentro del género, pero aquí, en medio de la barbarie de los cortes más salvajes y el constante trabajo de trastes abrasador, se sienten distraídamente triviales. No obstante, ‘The Rand Lord’, a pesar de sus deficiencias, logra destacar gracias a las guitarras enérgicas y una atmósfera contenida pero épica, aunque se siente ligeramente novedosa para una canción de Vulvodynia.
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De manera similar, el cierre ‘Generational Segregation’, uno de los mejores momentos de Entabeni, es un inusual pero memorable estertor final para el álbum, lleno de grooves contundentes y riffs de death metal rudos que fluctúan ágilmente a lo largo de casi cinco minutos. Es un resumen convincente del estilo actual de la banda, en el que todo parece estar afinado a la perfección, funcionando como debería, y sincronizándose excelentemente.
Aunque el estilo encontrado en Entabeni desafía un poco las expectativas para la banda, el vocalista Prusent hace un trabajo más que excelente en este paisaje musical, con sus bajos deliciosos y agudos rasposos que complementan idealmente este cambio estilístico frenéticamente animado, aunque los guturales de este no igualen la monstruosidad de Bentley. Esto último no es ningún inconveniente en mi opinión. La banda solamente ha buscado adaptarse de manera mutua tanto en la instrumental como en los vocales, es decir, que ambos aspectos han evolucionado. Si hay que poner alguna crítica a las vocales de Lwandile, sería una cierta sobreproducción en algunas partes que hace que el LP suene demasiado limpio en varias ocasiones. Esto no es particularmente inusual para los discos de metal técnico, ya que agrega fidelidad a los pasajes musicales más complejos, pero también suaviza gran parte de la explosividad que podría haber elevado este lanzamiento.
En ‘Mamlambo’, por ejemplo, que cuenta con un riff principal satisfactoriamente atronador, la aspereza del tono de la guitarra se diluye por lo nítido del efecto, sustrayendo gran parte del poder y peso de la composición en un instante. Los breakdowns frecuentemente caen víctimas de la producción también, con ‘Isandlwana’ destacándose en este sentido gracias a un outro simplista que se siente subdesarrollado en lugar de rematar con fuerza. Un acabado más crudo podría haber agregado impacto a la naturaleza directa del final, pero debido al pulido, simplemente no sirve como las últimas sacudidas cataclísmicas que debería ser. La producción sí ayuda a dar definición a los solos y pasajes más grandiosos, sin embargo, con el tema principal destacándose notablemente en este sentido; los cambios entre barridos y chugs están bien contrastados mientras las voces de Prusent se deslizan sobre la experiencia.


A pesar de que Flotsam and Jetsam nunca tuvo ese gran salto a la popularidad con el que (casi) todo músico sueña y la mayoría de los metaleros los conozcan como “la banda en la que estaba Jason Newsted justo antes de sumarse a Metallica”, la agrupación liderada por el cantante Eric A.K. y el guitarrista Michael Gilbert puede jactarse de llevar décadas luchando por el metal, acumulando un seguimiento de culto y siendo no sólo uno de los poquísimos grupos de su época que nunca se separó sino que también logró editar material de manera relativamente regular. En el año de su 40° aniversario, el quinteto originario de la ciudad de Phoenix, Arizona, lanza su decimoquinto álbum, el grandilocuentemente titulado I Am The Weapon, a editarse a través de AFM Records el 13 de septiembre.
Para quienes no la conozcan, la propuesta de Flotsam and Jetsam queda clara ya desde los primeros segundos de “A New Kind of Hero”, canción que da inicio a la placa con unas guitarras acústicas que dan paso al doble bombo del baterista Ken Mary, las guitarras de Gilbert y Steve Conley y el bajo de Bill Bodily. Aunque generalmente se los mete en la bolsa del thrash, los arizonianos tienen una influencia melódica importante y hasta diría cercana al power metal, sobre todo en cómo la voz de Eric A.K. no utiliza tanto ese estilo rudo thrashero sino más los agudos ascendentes tanto en los versos como en los estribillos prominentes.
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La totalidad de I Am The Weapon se mueve por esos caminos, con muchos riffs como para musicalizar moshpits y baterías para romperse el cuello tratando de seguirlas a puro headbanging. La falta de grandes variantes en las estructuras y demás ideas musicales puede hacer que el álbum se torne un tanto monótono si uno no está 100% metido en él, sobre todo cuando éste se extiende durante 47 minutos, pero Flotsam and Jetsam hacen todo el esfuerzo a su alcance para mantener la energía y los buenos riffs, que no son particularmente originales pero sí muy bien construidos.
Aparte de la inicial “A New Kind of Hero”, canciones como la siguiente “Primal”, “Burned My Bridges” y “Running Through The Fire” son algunas de las mejores composiciones incluidas en el disco, mostrando que el quinteto todavía tiene claras las ideas que quieren meter en cada canción. Y no es que tampoco todas las canciones sean iguales, porque de vez en cuando la banda se toma la libertad de irse por lugares un tanto inesperados: tomemos como ejemplo la canción título “I Am The Weapon”, que incluye un par de secciones que cruzarían la línea para meterse al terreno de Slayer o incluso del death metal si no fuera por las voces melódicas. O también la rockera “Beneath The Shadows”, que tiene un ritmo de marcha que es menos aplastante pero que pega igual en el pecho con cada golpe.
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I Am The Weapon no es un disco que se preste al gran análisis, pero diría que esa es justamente la manera en la que se ha manejado Flotsam and Jetsam durante toda su carrera: no serán una entidad imperturbable a lo AC/DC, porque en los noventas podemos ver más de un intento por adaptarse a nuevas movidas, pero está claro que la banda no busca reinventar la rueda sino hacer que el oyente pase un buen rato con buenas canciones y momentos como para corear a todo pulmón. Flotsam and Jetsam buscan hacer lo mejor que pueden con la fórmula y el manual que se han planteado, y creo que les sale muy bien para quienes estén buscando un disco de metal y nada más.







