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Darkroot – Death and Life (2025)
En el mundo de la Internet de las cosas, me declaro afortunado porque no hay mes en que no descubra alguna banda nueva o poco conocida que está recién lanzando un EP/Single y eso hace que mi día mejore instantáneamente. Esta es la descripción de lo que sucedió recientemente cuando Instagram me recomendó Darkroot, banda con un poco más de 1000 seguidores y más de 25 posts. El post sugerido por Instagram daba la introducción a un tema el cual rápidamente busqué en internet y enganché, de esos temas que no te das cuenta y ya estás moviendo pies y cabeza al ritmo del tema.
Darkroot hizo su debut este viernes 22 de Agosto con su disco llamado Death and Lifeel cual contiene 12 temas. La banda está compuesta por 2 integrantes los cuales se dividen las tareas de la siguiente manera: Vocales, Guitarras y bajos a cargo de Christian Reinsborg y Percusión a cargo de Eivind Skogheim.
Christian amablemente nos compartió la definición de ellos como banda y también nos entrega contexto de que hacen y como a través de su música: “En la mitología nórdica, existen relatos de Yggdrasil, el árbol del mundo, símbolo de toda vida. En lo profundo de sus extensas raíces habita un dragón ancestral que se alimenta de su fuerza vital. Al igual que Yggdrasil, cada persona lleva cargas, traumas y sombras invisibles en lo más profundo de su mente. Así como no siempre podemos detectar la descomposición de un árbol desde su superficie, también las luchas internas de una persona a menudo se esconden en las raíces de su subconsciente.”
Como mencionamos, a través de su música, Darkroot es un tanto un viaje como un espejo a la experiencia transformativa de la psicoterapia, invitando a los escuchantes a encarar los problemas internos con los que se conviven día a día. La banda invita a poner atención a las letras dado que apuntan a iluminar las batallas de la salud mental mientras que su música está creada para cautivar y atrapar al oído.
Durante estas 12 canciones, siguiendo la recomendación de la banda podemos encontrarla historia conceptual que captura el viaje de un joven que lucha por escapar del tormento de una existencia eterna y estancada. En un intento por salvar su marchito “árbol de la vida”, desciende a su subconsciente y viaja a Darkroot. Guiado por la comprensión y la esperanza, confronta las sombras de su mundo interior, impulsado por la valentía de afrontar sus luchas más profundas.
En la oscuridad, encuentra manifestaciones de sus traumas, personalidad e historia. Cada una de estas figuras reivindica una canción, revelándose no solo a él, sino también a ti, el oyente. Estas figuras se expresan a través de una mezcla de tonos ásperos y conmovedoramente suaves, que representan facetas de la psique como la arrogancia, el autoengaño, la adicción, el sufrimiento, el odio, el trauma y el antagonista central del álbum: el autor resentimiento.
“Death and Life” ofrece una poderosa mezcla de hard rock y heavy metal, entrelazando melodías contundentes y riffs impactantes que trascienden los géneros. Aunque intensa, la música ofrece momentos de vulnerabilidad, guiando a los oyentes a través de un paisaje sonoro tan variado como las emociones que explora.
El disco comienza con un instrumental muy a tono de película, donde una batalla campal está pronta a comenzar, para luego saltar a “Death and Life” que de alguna forma continúa con esta sensación. Ya encontramos un sonido que puede ser conocido, ese thrash metal ochentero, riff pegajoso y un platillo que literal, no para de sonar mientras la voz suave y a ratos angelical canta “Dust and sand, footprints of madness, Sow the land, which gives you nothing, The light of day divides you from the truth. You remain all the same.”
Así es como pasamos a través de “The Melody”, “A Friend of Treachery” llegando al quinto tema del disco llamado “Pantomime”, tema que comenté al principio de esta nota el cual con una introducción y posteriormente estrofa característica de lo que parece ser ya, la identidad de Darkroot, un bajo claro y perfectamente mixeado con la batería marcando el paso.
La primera mitad del disco contiene 2 instrumentales, la canción con la que abren el disco y la pista 7, un pequeño interludio que da paso a 2 de los mejores temas del disco, “Kingdom” y para este fiel amante de la música, “Emperor” que viene a ser un poco el tema distinto del disco en ritmo y voz, coro perfecto. La guinda de la torta es “From Crown to Root” el cual es el último tema del disco, todo un viaje.
Terminando esta experiencia, si tuviera que recomendar un disco a mi círculo cercano de oyentes de metal o no, este disco pasa a ser mi az bajo la manga. Ya lo puse a prueba y pasó como un éxito total.
Y es que no es para menos, el disco tiene identidad propia, Darkroot tiene identidad, tiene un sonido característico y acá es donde queda en claro que cuando el o los artistas están al mando de su creatividad, es donde encontramos gemas como Death and Life. No tiene puntos bajos, no es virtuoso con solos de guitarra de 30 segundos o más (y como dijo un buen amigo, tampoco se extrañan). Darkroot tiene un sonido (para mi) similar a lo que encontramos en los 2000s pero sin dejar de sonar moderno, con un mixeo y producción a la altura de cualquier banda mundialmente conocida, a la altura de los grandes del heavy y thrash en cuanto a sonido. Pasajes en donde podemos comparar la voz de David Draiman de Disturbed, sonidos similares a lo que encontramos en los primeros discos de Ghost.
Gracias Christian por la disposición y la amabilidad de facilitar las letras y el arte del disco. No queda más que seguir disfrutando del arte que han creado.
Con Lonely God, Fit For A King da un paso firme hacia una etapa más intensa y madura en su carrera. Sin dejar de lado su esencia metalcore, el quinteto texano logra un equilibrio potente entre brutalidad sonora y emoción introspectiva. El álbum se siente más crudo y directo que su antecesor The Hell We Create, abordando temas como la ambición desmedida, el colapso emocional y la desconexión espiritual con un enfoque más oscuro y existencial.
Musicalmente, el disco se construye sobre contrastes bien definidos: breakdowns devastadores se entrelazan con coros melódicos y pasajes atmosféricos, mientras que los sintetizadores y texturas industriales amplían el paisaje sonoro sin desbordarlo. La participación de invitados como Chris Motionless (Motionless In White), Lochie Keogh (Alpha Wolf) y Landon Tewers (The Plot In You) aporta riqueza sin eclipsar a la banda, reforzando la sensación de caos calculado y expansión estilística.
Canciones como “Monolith” y “Technicum” destacan por su crudeza implacable, reflejando el lado más experimental y visceral del grupo, mientras que el tema título “Lonely God” y el cierre “Witness The End” dan forma a lo más emocional del disco, mostrando una vulnerabilidad que eleva el contenido lírico a nuevas alturas. Aquí, la brutalidad no es gratuita, sino una representación honesta del peso emocional que la banda arrastra.
Más que una simple colección de temas pesados, Lonely God es una declaración artística. Es el retrato de una banda en plena evolución, que convierte el dolor, la duda y la rabia en una obra tan devastadora como íntima. Fit For A King no se reinventa, pero afila sus armas con precisión, y el resultado es su disco más contundente hasta la fecha.
Desde Madrid y pisando fuerte, los chicos de Strangers han estrenado el que es ya su cuarto álbum de estudio Boundless, primero que editan bajo el ala de Frontiers Music srl, casa de artistas tan destacados como Chez Kane, Crazy Lixx y Cassidy Paris, entre otros y con el cual comienzan a dejar atrás esa suerte de “Eterna Promesa”, para convertirse en una firme realidad.
Liderados por Celia Barloz como vocalista principal y cuyo timbre es una de las señas de identidad de la banda, el disco comienza de manera poderosa con “Into The Night”, primer single elegido para promocionar este disco y poco podemos decir ante este vendaval delicioso que combina guitarras veloces, melodías infecciosas y una voz absolutamente cristalina y que combina dulzura, poder y energía a partes iguales.
La entrada de su nueva vocalista le ha otorgado a Strangers aires renovados y un toque de frescura, algo que se puede ver traducido en “Enemy”, un corte intenso, melódico y que se maquilla con una base rítmica muy rockera entre Cesar Chacón al bajo y Abel a los parches, llegando el solo de Miguel Martín justo a tiempo para redondear este gran pieza de hard rock moderno y melódico.
“My Dream”, es otra de las joyas del disco, un cañonazo melódico que te impulsa a salir a delante y no desistir en conseguir todo aquello que te propongas, una gran letra que Celia defiende y hace que se te quede grabada desde el segundo en el que pulsas play.
Las revoluciones bajan, pero no la intensidad y muchísimo menos la emoción ya que “Freedom”, es un medio tiempo que oxigena al álbum y que a la vez te sorprende al cambiar de tono hacia mitad con ciertos guiños a artistas como Chez Kane, con esa letal combinación rockera, melódica y con una pizca de AOR.
El ecuador del álbum llega de la mano de “Worth a Shot”, una pieza rockera con cierto aroma Halestorm, en su primer disco y una Celia que brilla con luz propia ya que su voz es muy especial y diferente, delicada cuando es necesario, poderosa en los agudos y muy melódica en la mayor parte de las canciones del disco, pero lo más importante no se parece a ninguna otra compañera dentro del estilo y eso la hace destacar especialmente, como ocurre en otro terreno con Kris Vega de Cobra Spell, Born in Exile y Serapis Project.
Pero mejor aún es “The Fate is Gone”, quizás una de las mejores 3 canciones del disco y que nos muestra que cuando Strangers rockean, no lo hacen a medio gas ya que el comienzo es cañero y con aires ochenteros y la intensidad va subiendo a medida que avanza el tema, con Celia demostrando su versatilidad a la hora de ponerse frente al micrófono.
Con “Goodbye”, la banda nos regala la balada para inaugurar la segunda mitad del disco, la cual sirve para respirar y dejarse envolver por el melancólico sonido que emite la pieza y nos transporta a la era dorada del estilo ya que es una pieza al estilo Whitesnake o Bon Jovi, pero también salvando las distancias podría haber encajado en el fantástico disco pop rock Plastic Hearts que nos regaló hace unos años Miley Cyrus, ya que tiene esa sensibilidad rockera pero con toque pop que la norteamericana exploró en aquel trabajo y ojo, no es ninguna comparación si no una apreciación que siento al escuchar este tema.
Tras la calma…Vuelve el huracán con la cañera “Still The One”, que es como la otra cara que nos vamos a encontrar en el disco, con una contundencia bien controlada, pero dando sus pequeños zarpazos, Strangers se han plantado en este disco dando lo mejor de si mismos y ofreciendo diversos colores en su sonido musical y este binomio entre “Goodbye” y “Still The One”, así lo pone de manifiesto.
Una de las sorpresas del disco es “Lose Yourself”, ya que sus potentes guitarras te harán vibrar desde el comienzo y Celia suena poderosa y con diferentes pinceladas vocales, que quizás hacen que nos hubiera gustado escuchar este tema un poquito más arriba en el tracklist del álbum, pero que evidencian el inmenso talento que tiene esta chica y lo acertada que estuvo la banda en ficharla como vocalista.
En líneas generales, Strangers han entregado un disco muy interesante, donde no se pretende alardear de lo que no son, pero si ofrecer lo que es su mejor trabajo hasta la fecha y demostrar que el rock sigue más vivo que nunca y que a veces el cerrar un ciclo y comenzar otro es la mejor forma de avanzar y esto es lo que han hecho Strangers con su nuevo disco y veremos hacia donde los lleva el camino del rock.
Las metaleras Burning Witches vuelven este 2025 con Inquisition, el que supone es ya su sexto disco de estudio, cuarto con Laura Guldemond como vocalista principal y que evidencia el gran trabajo que vienen realizando estas chicas durante su primera década de carrera.
Como novedad principal, vamos a encontrar que el disco es el primero que graba Courtney Cox, como guitarrista oficial de la banda y a quién muchos conoceréis por su pasado reciente en The Iron Maidens, donde formaba dupla guitarrera con Nikki Stringfield, con lo cual sobra decir que las guitarras que vamos a escuchar a lo largo del disco y más concretamente varios de los solos, son de los mejores que han conseguido BW en estos diez años de trayectoria.
El disco cuenta con doce tracks, diez si quitamos “Sanguini Hominum” y la final “Malus Maga”, que sirven como intro y outro respectivamente, pero que le dan al disco ese toque medio teatral que tienen las obras musicales.
El resto es básicamente lo que vienes a buscar cuando te pones delante de un disco de las Witches, esto se traduce en un heavy metal potente, rápido, con muchas subidas y bajas, digno heredero de la NWOBHM y que tiene en su vocalista, una clara señal de que Burning Witches no vienen a pasar el rato, si no a aplastar tus oídos con su poderoso hechizo.
El disco comienza a toda pastilla con “Soul Eater”, su último single y donde las chicas resumen un poco lo que hay en el disco, con una Laura pletórica a nivel vocal y heredera de grandes maestros como King Diamond y Bruce Dickinson, las guitarras de Courtney y Romana Kalkuhl suenan afiladísimas y harán las delicias de los amantes del virtuosismo y el poderío en las seis cuerdas.
“Shame”, es un tema más pesado, donde hay ciertos guiños de hard rock en su versión más oscura e intensa, aportando esa diversidad al disco y evidenciando lo bien que se desenvuelven en diferentes tipos de sonidos metaleros.
Los tres singles: “The Spell of the Skull”, “Inquisition” y “High Priestess of the Night”, conforman un triplete de auténtico vértigo y se entiende porque han sido elegidos para promocionar el álbum.
Mientras la primera es un ejercicio impecable de heavy metal clásico llevado al 2025 y donde cada pieza está encajada al 100%, con un coro que hará las delicias de sus seguidores en la gira europea del próximo año, el corte que da título al disco te llena de energía y Laura sigue brillando con unos agudos que realmente son complicados, pero que sin embargo ella ejecuta con mucha soltura y facilidad, evidenciando porque es una de las mejores cantantes del género en la actualidad.
Para cerrar la trilogía, “High Priestess of the Night”, muestra el lado más “NWOBHM” de las tres, con una clara influencia que Courtney trae y que pone la guinda con un solo espectacular, demostrando lo bien que hicieron BW en ficharla como nueva hacha en la banda.
Sin embargo el disco presenta un solo inconveniente realmente importante y que hay que destacar, este no es otro que la batería y más concretamente la figura de Lala Frischknecht, es que a diferencia de bandas como Cobra Spell, quienes tienen en la figura de Hale Naphtha, una gran ejecutante que se adapta a las canciones de la banda y le imprime su toque personal o incluso Nervosa, ya que Gabriela Abud es un auténtico huracán con los parches y en vivo suena aún mejor y más poderosa, no es el caso de Lala y en este nuevo disco de las Witches se ha vuelto a evidenciar.
El problema que tiene es que su manera de aporrear los parches ya que pasadas tres canciones del disco, se empieza a volver repetitiva, mientras que las guitarras dibujan melodías endiabladas y los agudos de Laura te transportan al cielo o al infierno, Lala no las acompaña con la batería, suena si, pero acaba opacando algunas canciones que objetivamente venían muy bien.
El sonido además hace aguas en algunos momentos a nivel de producción y eso le acaba quitando algún punto extra al disco, que se lo había ganado en buena ley, pero siendo justos Lala vuelve a estar un peldaño por debajo de sus compañeras una vez más.
Para sorpresa, hay que citar “Realese Me”, una gran balada que oxigena al disco, con un solo inicial hermoso y una Laura que demuestra lo bien que puede adaptarse a canciones más lentas y emotivas, para acabar conquistando al oyente y enriqueciendo al disco en su conjunto final.
Así pues, las brujitas han vuelto a lograr la pócima para seguir en la cima y hechizar a todo aquel que se acerque a su sonido, pero hay que cuidar ciertos detalles para su siguiente capítulo y mientras tanto disfrutar de este gran trabajo que han vuelto a realizar y que demuestra el futuro brillante e inmediato que les espera.
¿Vieron que por lo general se pueden emparentar ciertos géneros o subgéneros con determinados países, regiones o culturas? Bueno, digamos, por ejemplo, que nadie dudaría ni 10 segundos en pensar en Argentina cuando hablamos de tango, o en USA cuando se habla de blues. Con el metal pasa algo parecido, en cada una de sus ramificaciones. El glam y thrash metal, es no solo de Estados Unidos, sino que lo podemos ubicar aún con más precisión en Los Angeles, California.
¿A qué viene todo esto? A que hoy se me antoja obrar como crítico de un disco de death metal melódico que, ustedes se imaginaran, nos llega obviamente desde Suecia. Liv Sin es una banda escandinava que apenas está por llegar a su primera década de existencia y que anteriormente venía sacando material que apuntaba mucho más a heavy bien pesado que al death. Por alguna razón que no sé, pero prometo averiguar, con su reciente Close Your Eyes, incorporan elementos más industriales, que, si bien es apenas un detalle, es suficiente para empezar a bordear más el estilo de death de Children Of Bodom que el heavy/hard rock poderoso que venían haciendo (digamos, una delgada línea es la que los separa de un estilo a otro).
Volviendo al disco, algo que no pierde respecto de su predecesor, es la energía constante en cada de sus piezas. Termina como arranca, con un shock de adrenalina que no da respiro ni descanso al oído. “Praise The Winners” la primera canción, tiene un comienzo engañoso de apenas unos pocos segundos con voces melosas para luego dar lugar a los poderosos guturales de Liv Jagrell. Ah si, algo que me olvide de mencionar es que, si bien su voz es conocida por los típicos raspados del heavy y hard rock, que aquí también están presentes, empezamos a notar un ligero giro al canto gutural, algo que quizás marque tendencia para todo lo que venga.
Cada pieza es una ligera combinación entre estribillos gancheros de su estilo de siempre, con estrofas donde se ve esta nueva faceta más volcada al death. No puedo elegir una para destacar puesto que cada una de ellas me resulta magnífica. “Raven” ilustra perfectamente la genialidad creativa de Liv Sin, con sintetizadores de fondo que encajan perfectamente en la nueva propuesta, con cambios intermitentes entre lo alternativo, lo industrial, y el hard rock. En cambio, “I refuse” se vuelca muchísimo más al death. “Louder” destacada por ser un single promocionado con un videoclip, es un hard rock ochentoso con testosterona (insisto, todo en este disco está potenciado). También podemos mencionar la colaboración con Lars Palmqvist, vocalista de Scar Symetry, en la canción que da nombre al disco, con ese estribillo tan ganchero como les mencionaba anteriormente.
Como sea, Liv Sin encuentra en Close Your Eyes, quizás, puertas que se abren. Una obra que no tiene desperdicio de escuchar, que no pasa los 45 minutos de duración y que se sostiene de una producción por demás profesional. Este disco no escatima en nada. Las guitarras tienen una gran presencia y van de proa a popa combinando sus poderosos riffs rítmicos con sonidos más que graves a líneas más melódicas y agudas. Ambos encargados de guitarras hacen su trabajo de manera honrosa. La batería es, en esencia, una batería típica de estos estilos suecos más pesados, con mucho doble bombo y con predominancia de los sonidos graves. El otro elemento con gran presencia son los sintetizadores que, sin hacer abuso de su uso, logran mejorar el unísono general del disco. El bajo, allí por detrás, termina de darle cuerpo y profundidad, para que hablemos de sonido pesado y no de otra cosa.
Como sea que lo hagan, no pierdan la oportunidad de escuchar este gran álbum o al menos ponerlo en corta lista de espera. Close Your Eyes se consolida como lo mejor del mes de agosto y se coloca como gran competidor a mejor disco del año.
Parece una eternidad cuando uno piensa en Rise Against y como brillaban situándose a la cabeza del punk rock/hardcore melódico gracias a obras tan importantes como Revolutions Per Minute o el majestuoso The Suffering and The Witness, quizás uno de los dos mejores discos de la banda estadounidense en toda su carrera.
Pero la realidad es que aquellos días parecen ser solo un bonito recuerdo para los que tuvimos la suerte de vivir la época dorada de Tim McIlrath y los suyos, ya que progresivamente la banda ha ido perdiendo la chispa, la magia y sobre todo la mano para hacer buenas canciones y si hoy se presentan en grandes recintos es gracias a su pasado, les guste admitirlo o no.
Por lo tanto, poca fe le tenía al nuevo disco de RA y sobre todo una sensación agridulce ya hacía ruido en mi interior antes de enfrentarme al disco completo y una vez escuchado y analizado al completo, debo decir y confirmar que estaba en lo cierto y que las cosas lamentablemente no han cambiado nada…
Y quizás haya pecado de iluso ya que cuando RA lanzó “Nod” hace unos meses atrás, la verdad es que el corte sonaba bien con un poco de la garra que tenían antaño, pero también reconozco que cuando su segundo single del disco “Prizefighter” llegó a mis oídos, empecé a ver esa versión de RA cómoda y bajo la ley del mínimo esfuerzo ya que temas como ese hacían hace 15 años con mucha más gracia e inspiración.
De los 10 restantes entonces que podemos encontrar en el disco, pues básicamente lo de siempre desde el comienzo algo más rockero de “I Want It All”, con cierto aroma grunge, el gran sonido que hay en el corte que da título al disco y donde vemos la mejor versión de la banda, una “Damage is Done” que podría haber encajado en discos como Endgame y que a ver como defienden en directo, ya que también es una banda que suele dar una de cal y una de arena, antes de llegar al ecuador del disco con “Us Against The World”, donde a pesar de intentarlo se quedan lejos de himnos como “Survive”, pero de nuevo permite ver un poco de luz en medio del nubarrón que es el disco en su conjunto.
El problema viene que a partir de la segunda mitad del disco, el mismo se desinfla y “Black Crown”, con su ritmo pausado a lo Foo Fighters, pero sin su genialidad a la hora de hacer ciertos temas claro está, es tan solo el principio.
La dupla “Forty Days” y “State of Emergency”, es de lo más aburrido que he podido escuchar dentro de su discografía en el último lustro, con una fórmula que hace aguas por todos lados y que lamentablemente no parece poder ser arreglada. No son temas malos ninguno de los dos, simplemente son intrascendentes y eso para una banda del calibre de RA ya no se puede dejar pasar.
La acústica “Gold Long Gone” es una de las 3 mejores piezas del disco, de acuerdo, pero bajemos a tierra y entendamos que ni siquiera aquí han podido con su pasado y es que no nos olvidemos que RA crearon 2 de las mejores baladas o medios tiempos de punk melódico en los últimos 15 años como son “Swing Life Away” y “Hero of War”, mientras que la que ocupa el terreno en este disco “Gold Long Gone” no le llega ni a los talones a pesar de que es de lo mejorcito del disco.
En líneas generales es un disco que pasará sin pena ni gloria por el catálogo de Rise Against y ni siquiera el hecho de volver a una discográfica independiente les devolvió esa magia que lamentablemente ya no tienen y con otro disco como este y ya van 4 seguidos, creemos que no van a recuperar ya más… Que pena más grande, con lo que llegaron a ser un día…
Por temas económicos y de horario, no tengo muchas oportunidades de asistir a recitales por fuera de aquellos a los que tenga acreditación. Así que cuando me dieron la propuesta de ir a la fecha del domingo 17 de agosto en Uniclub, que tuvo a las bandas Delirium, Astral Amethyst, los amigos de la casa Innerforce y a los cabeza de cartel Arcane Sanctuary, quienes estaban presentando su primer álbum, decidí aprovechar. Habiéndola pasado muy bien, llegué a la conclusión de que lo mínimo que podía hacer era escribir algo acerca de este disco que tuvo a estos músicos visitando Buenos Aires en aquella noche fría.
Así que, ¿quiénes son Arcane Sanctuary? Oriundo de Rosario, Santa Fe, este cuarteto comenzó en realidad hace más de una década, pero fue en los últimos años en los que se afianzó lo suficiente como para editar material, siendo este The Traveler’s Diary su debut. Y en este álbum grabado, producido y editado de manera independiente nos traen una propuesta inusualmente sofisticada para la escena del metal argentino. No digo que necesariamente la banda promedio argentina sea algún rejunte de cavernícolas ni nada de eso, pero esta onda de metal progresivo de toques sinfónicos no es algo que se vea todos los días entre las bandas locales.
La dupla “Genesis Of An End” y “Between Four Walls”, claramente hechas para ser escuchadas en conjunto, nos marca muy bien la idea detrás de Arcane Sanctuary, con el crescendo de la primera marcada por los teclados cristalinos y los riffs gruesos de guitarra, ambos a cargo de Francisco Romero, preparando todo para la explosión que se da apenas arranca la segunda. La guitarra zigzagueante de Romero se ve acompañada por los ritmos precisos de Jeremías Scoccimarro, con ese doble bombo que pega en el pecho, y el bajo poderoso de Luciano Vittone, que no teme hacer lo propio en las canciones y no se queda simplemente como un adorno de frecuencias bajas. Pero las cosas terminan de armarse con la voz de Juliana Penacino, quien demuestra su talento al navegar la ola de riffs con soltura.
La descripción anterior también aplica para un gran porcentaje del resto de The Traveler’s Diary, pero esto no quiere decir que sea repetitivo. La mayor parte del álbum tira para el lado más heavy, y los fans de cabecear al ritmo de los riffs y las baterías fuertes van a estar muy a gusto con canciones como “The Host” y “The Sailor of the Rivers of Blood”, con mucho doble bombo y riffs marcados, además de algún que otro momento power. La voz hace muy bien su trabajo, pero creo que la canción donde más se destaca en la combinación de melodía y pesadez es en “He’s Waiting”, mi momento favorito del álbum: no sé, hay algo en la melodía del estribillo que se me quedó en la mente, sobre todo en la manera en la que canta la línea “And the end will come for the both of us”.
Por otro lado, no todo es pesadez en The Traveler’s Diary. “The Way Back” podría considerarse una balada, o al menos con un trabajo de guitarra más sutil, y “Breaking The Reality” parece servir como un interludio donde Arcane Sanctuary muestran a pleno sus influencias sinfónicas. “Reaching Infinity” se encarga de cerrar el álbum de esa manera, con otra balada de tintes atmosféricos y un cierre de teclados con melodías entre medievales y cinematográficas.
Para ser un álbum grabado de manera casera, The Traveler’s Diary tiene un sonido y mezcla de nivel muy profesional: tengo tendencia a alabar casi cualquier disco donde el bajo se escuche fuerte y claro, y esta no va a ser la excepción. Y aunque la pronunciación del inglés a veces flaquee muy de vez en cuando si se escucha con las letras a mano, algo que suele pasar en cualquier estilo donde la voz se escuche clara, la tarea de Penacino es superlativa: no sé si tendrá ese rango brutal de las cantantes que se pueden encontrar en las miles de bandas de metal sinfónico europeas, pero su voz es muy placentera de escuchar, agregando un toque muy humano a estas canciones que perfectamente podrían perderse en el virtuosismo por el virtuosismo mismo, algo que pasa tanto en el mundo progresivo.
The Traveler’s Diary es un álbum muy recomendable para los fans del metal progresivo que quieran propuestas por fuera de los países comunes de origen. No es una explosión de creatividad pero sí utiliza muy bien todos los elementos típicos del género para su beneficio, y logra tener estribillos y riffs que se te quedan en la mente y hasta terminás tarareando de la nada. Esperemos que este sea sólo el primer paso en la evolución de Arcane Sanctuary, porque hay un potencial enorme que se ve en cada una de las canciones de este primer trabajo.
Tener que reseñar un disco de Deftonescon rapidez constituye un acto de injusticia. No me caben dudas de que voy a necesitar unas quince escuchas a lo largo de una semana, por lo menos, como para realmente poder tener una impresión un poco más certera de la obra. Sin embargo, hay algo que para mí está muy claro: en Deftones se puede confiar.
Con este décimo disco en tres décadas de trayectoria, se podría decir que vienen lanzando uno cada tres años y ninguno decepciona. Por si fuera poco, no olvidemos que cuentan con un ya mítico álbum no editado (Eros) y que lanzaron un fantástico disco de tributos, titulado Covers (2011) y su excelente B-Sides & Rarities (2005). Pocas bandas tienen una carrera así. Estos californianos encarnan un monumento a la consistencia. Lejos de resistir el paso del tiempo, como verdaderas leyendas del metal alternativo fluyen sorteando las generaciones, las transformaciones de la industria y hasta la muerte de un integrante, sin tener otro cambio de formación más que el inevitable (y hasta la fecha siguen sin aceptar reemplazar a su bajista Chi Cheng más que con un sesionista, a esta altura ya el segundo: Fred Sablan, sucesor de Sergio Vega). Este punto merece una aclaración, pues no significa que estos músicos no aporten a la composición, sino que, simplemente, el grupo no tolera –al menos todavía- la idea de una reforma en su tejido, se entiende que como modo de honrar la pérdida. Estamos hablando de una banda que, en su esencia, se formó en la escuela secundaria y viene madurando como un vino de inigualable cepa.
El productor de este disco es Nick Raskulinecz, quien ya trabajó con la banda en Diamond Eyes (2010) y Koi No Yokan (2012). Si bien, Terry Date sigue ocupando el lugar de productor detrás de las obras maestras indiscutibles (Around the Fur de 1996 y White Pony de 2000), la alquimia que los de Sacramento logran combinando fuerzas con diferentes colaboradores da cuenta de su tremenda versatilidad. Hay una organicidad hasta en lo siempre imprevisible de las portadas. En esta oportunidad una gran serpiente blanca y todo un retoque estilístico en el logo e isotipo. Me dio risa ver algunos memes que, al mismo tiempo, me dieron bastante que pensar. Se puede agarrar cualquier foto de lo que sea y ponerle “Deftones” en algún lado y, mágicamente, tiene sentido. Es que hay en su arte algo inherentemente universal, puramente humano: una producción de significados que pueden atravesar a cualquiera o quedarse a vivir en su interior, donde, como y cuando sea.
En esta nueva entrega hay dos rasgos en particular que se han profundizado notablemente: la sonoridad de contundencia pulsátil y aterciopelada en los riffs de Stephen Carpenter y la apuesta a la seducción en la voz de Chino Moreno. No hay texturas rugosas ni bordes afilados; tampoco tantos gritos rabiosos. La guitarra es como un corazón latiendo y empujando sangre a través de las arterias, como el contacto intenso de cuerpos en pleno acto sexual. Y creo que ahí hay un buen punto: se me ocurre que este disco es erótico, pero no tan romántico. ¿Qué quiero decir con esto? Hace rato se viene diciendo que la música de Deftones es metal para hacer el amor, pero no me refiero a eso que, en última instancia, es algo muy relativo. Después de un par de escuchas, la primera idea que tuve fue que “private music” es un gran disco pero tiene algo de encuentro causal, de placer ocasional, como si no buscara grandes profundidades o alturas sentimentales, no hay cúspides de agónico hastío, ni declives en la melancolía, ni una “Bored” o una “My Own Summer”, ni una “Change” o una “Minerva”; tampoco la rabia de una “Elite”. No hay una canción que me cause un shock: todas me hacen, simplemente, disfrutar. Quizás sea esa una de las más evidentes señales de desarrollo, algo así como lo que sucede con el devenir de las emociones desde la adolescencia hasta la adultez, del pasaje de la tragedia de tintes casi suicidas por la ruptura amorosa o la pasión incontenible prometida para siempre, al ir a la cama solamente porque se la pasa bien, y que después cada cual siga con su vida.
El comienzo de “my mind is a mountain” suena, de hecho, como un anuncio pomposo que, inmediatamente, da lugar a ese movimiento casi oceánico de los riffs. El Chino, grita por momentos, pero nada de esos extremos de antaño en lo que la voz se le quebraba y uno se lo imaginaba escupiendo sangre. En general, se mantiene en un nivel medio bastante parejo. Este fue el primer single con video propio. La irrupción de “locked club” tiene cierta agresividad pero muy controlada, en seguida todo se endulza, es como el arte de manejar los límites del dolor en la intimidad, la regulación de la mordida. Creo que hablar de la expresividad de Abe Cunningham en la batería ya no es necesario, ni tampoco del buen gusto de Frank Delgado al generar las atmósferas más justas y adecuadas. En “ecdysis” hay una base de bajo que, al sumarse la guitarra, parece como una mezcla entre Depeche Mode y Bad Brains, dos influencias explícitamente reconocidas por Moreno, quien, por otro lado, da la sensación de que cada vez canta mejor pero también arriesga menos: el señor va a lo seguro.
Con “infinite source” aparece algo de frescura y nostalgia. Parece esbozarse algo etéreo, una intención de genuina reafirmación existencial, como una declaración de principios: “tenemos la hormona alternativa de los 90’s pero ya somos grandes”. Si no fuera por la gordura del sonido de Carpenter, algunas canciones podrían quedar al borde de The Smashing Pumpkins o Placebo, y con seguridad, ninguna de las dos referencias le podría molestar a la banda. Al llegar “sounvenir” algo de oscuridad se cierne sobre el paisaje, pero no demasiada. Se puede sacudir la cabeza con elegancia, degustando una cerveza artesanal en el sillón del living. “CXZ” hace que todo se agite un poco más, pero en dosis temporales reguladas con precisión.
La sutileza y emotividad de “i think about you all the time” son encantadores Todo parece confeccionado a medida para colocarse en la cima de la popularidad de la banda, que actualmente está teniendo shows propios en los estadios cerrados más grandes del mundo. El título “milk of the madonna” me hizo recordar que Maverick, el sello discográfico de la Reina del Pop, tuvo a Deftones como una de sus primeras contrataciones. Una canción muy dinámica, otra demostración de gran vitalidad en un conjunto de veteranos. En “cut hands” nos encontramos con un track de construcción muy urbana, hasta diría callejera, reminiscente de algunos momentos del pasado más remoto del grupo y metal dream despliega un coqueteo casi porno, además de seguir extendiendo la colección de estribillos creados con enorme talento. El principio de “departing the body”, con un punteo de guitarra casi folk y una llamativa voz grave, anuncia un tramo final muy evocativo y hace que el disco termine en un punto muy elevado de calidad compositiva.
El 22 de agosto, día de lanzamiento oficial del disco, salieron videos para todas las canciones, tal como sucedió con la publicación de Ohms en 2020. En conclusión: estamos ante uno de los mejores álbumes de metal del año en curso, y uno que a cada fan de la banda, le llevará un tiempo decidir en qué lugar lo coloca dentro de la escala de 10 grados de Deftones
Después del éxito comercial y la visibilidad masiva alcanzada con Blood & Glitter y su memorable paso por Eurovision 2023, Lord Of The Lost enfrentaba el desafío de mantener el momentum sin traicionar su esencia más oscura. Opvs Noir Vol. 1, primera entrega de una ambiciosa trilogía de 33 canciones, no solo responde a esta encrucijada con maestría, sino que establece un nuevo estándar en la discografía de los alemanes. Este es Lord Of The Lost en su forma más refinada y cinematográfica, donde cada elemento está meticulosamente calculado para crear una experiencia inmersiva que abraza sus raíces góticas sin renunciar a la sofisticación adquirida.
La incorporación de Benjamin “Benji” Mundigler como sexto miembro oficial ha enriquecido considerablemente la paleta sonora de la banda. La producción es exuberante pero nunca excesiva, permitiendo que cada capa respire y se entrelace orgánicamente con las demás. Chris Harms demuestra una vez más por qué es uno de los vocalistas más versátiles del metal gótico contemporáneo, navegando desde susurros melancólicos hasta rugidos industriales con una naturalidad que pocos pueden igualar.
“Bazaar Bizarre” establece inmediatamente las credenciales del álbum: una apertura sinfónica que muta hacia paisajes más íntimos antes de explotar en pasajes agresivos. Esta dinámica de contrastes marca todo el disco, aunque ocasionalmente puede resultar abrupta. “My Sanctuary” y “I Will Die In It” funcionan como perfectos ejemplos del equilibrio entre accesibilidad y profundidad lírica, con el segundo destacando por la versatilidad vocal de Harms, alternando entre delicadeza y aspereza con fluidez admirable (NDR: la mejor canción del disco)
Sin embargo, el verdadero triunfo del álbum radica en sus colaboraciones. “Light Can Only Shine In The Darkness” con Sharon den Adel de Within Temptation es simplemente magistral—un dueto que fusiona lo mejor de ambas bandas sin que ninguna pierda identidad. La química vocal es excepcional, creando momentos de belleza gótica que resuenan mucho después de que termine la canción. “Ghosts”, potenciada por el trabajo de cello de Tina Guo, transforma una composición ya sólida en una experiencia épica donde la intensidad orquestal eleva los pasajes pesados a cotas cinematográficas.
“Damage”, con Whiplasher Bernadotte de Deathstars, representa el lado más industrial y agresivo del disco. Es un bulldozer sónico con un gancho melódico irresistible que garantiza su efectividad en vivo, aunque su estructura repetitiva puede cansar en escuchas prolongadas. Por el contrario, “Moonstruck” con Stimmgewalt despliega un teatro gótico sofisticado, donde los elementos a capella añaden una dimensión fantasmal que complementa perfectamente la instrumentación.
El álbum navega hábilmente entre sus momentos más pesados y sus pasajes introspectivos. “The Things We Do For Love” comienza como una balada antes de transformarse en una declaración épica, aunque estos cambios de tempo a veces pueden sentirse forzados. “Lords Of Fyre” con Feuerschwanz aporta un aire más épico y power metal que, sorprendentemente, encaja con naturalidad en el concepto general.
El tramo final encuentra a la banda en territorio más contemplativo. “The Sadness In Everything” se beneficia de la etérea contribución vocal de Anna Maria Rose, creando un contraste hermoso con el timbre grave de Harms. “Dreams Are Never Alone” cierra el álbum con una delicadeza vulnerable que demuestra la madurez emocional del conjunto.
Opvs Noir Vol. 1 representa a Lord Of The Lost en su mejor momento creativo. Es un álbum que logra ser ambicioso sin ser pretencioso, pesado sin perder melodía, y experimental sin alienar a su base de fanáticos. Aunque algunos cambios de tempo pueden resultar discordantes, la cohesión general y la calidad compositiva hacen de este trabajo una declaración poderosa. Si los próximos volúmenes mantienen este nivel, estaremos ante una de las trilogías más importantes del metal gótico moderno.
Si uno conoce mínimamente la carrera de la banda norteamericana Good Charlotte, sabrá de sobra que aunque los hayan citado como influencias en sus comienzos, los gemelos Benji y Joel Madden acompañados por Billy Martin a la guitarra y Paul Thomas al bajo, nunca han sido Rancid, Social Distortion o Bad Religion, no chicos la banda siempre ha estado en esa delgada línea entre el pop rock y el pop punk, que después de su explosión allá por 2002, se pudo ver traducida en bandas como Busted, McFly o Vanilla Sky, entre otros.
Entonces tras siete años sin sacar nueva música, lo último que espero es que la banda haya dado un giro de 360 grados y se hayan convertido de la noche a la mañana en una banda de hardcore melódico a lo Shelter o No Use For a Name, pero si que deberían entregar una colección de buenas canciones fresquitas, accesibles (atentos a esta palabra para lo que se viene…) y bien armadas, la cuestión es ¿Lo han conseguido?
Tras una intro inncesaria y excesivamente larga, la banda llega con “Rejects”, totalmente copiada a “Wondering” del disco que les dio la fama como es The Young and The Hopeless, recordemos que este disco es de 2002 (hace 23 años…) y uno ya empieza a fruncir el seño ya que bueno puede ser un homenaje, de acuerdo, pero no una copia (casi) exacta de aquella pieza, la cual es de mis favoritas de la banda, que no se me entienda mal.
Tras este confuso inicio los chicos nos traen “Stepper”, un corte con aroma power pop y concretamente con claras influencias de Fountains of Wayne, Weezer y The Cars, que entra mejor que la pieza anterior y uno puede pensar que quizás dicha pieza fue un vago intento de repetir la fórmula que tantas alegrías (y billetes verdes…) les dio a comienzos de los 2000.
Las voces de Joel y Benji, siguen sonando muy bien, sin ser prodigios ninguno de los dos y el coqueto solo de Billy con la guitarra acaba inclinando la balanza hacia el lado positivo y pensar que Good Charlotte vuelven a ser los que eran en el disco Youth Authority, que sin ser una obra maestra, se podía disfrutar bastante.
Mejor aún es “I Don’t Work Here Anymore”, de nuevo con un regusto a los 2000 que no pueden esconder y quizás a pesar de que es una bonita pieza, la letra es una contradicción en si misma, porque habla de cuando uno esta en un trabajo que apesta, cansado y no quiere aguantar más allí…El problema no es la temática de la letra, el problema es que lo cantan dos tipos con el futuro resuelto, casados, con una vida estable y si…con mucho dinero en sus cuentas bancarias, entonces ¿Dónde está la humildad, la bronca por aquellos trabajos que detestamos? chicos, todo eso se esfumó para vosotros en 2003 tras haber vendido más de 4 millones de copias de vuestro segundo disco, no podéis vendernos esto ahora…
Pero repito, es una de las piezas que más se pueden disfrutar del disco, todo lo contrario que “Life is Great”, cuyo título es lo único disfrutable de un tema que es un pastiche infumable, donde Wiz Khalifa aporta su estilo, pero casi mejor que lo hubiese puesto en un disco suyo y no en uno de GC, esto recuerda a los peores temas de Sugar Ray y eso es muy grave.
Escuchando “Pink Guitar” o “Mean”, podemos entender porque artistas como MGK, Jxdn, Lolo o Girlfriends los han citado como influencia a la hora de hacer música ya que todos los que vivimos la era de los 2000, escuchábamos “Lifestyle of Rich and Famous”, “Hold On” o “The Young and The Hopeless” por la tele junto a bandas como NFG, Yellowcard, MxPx, The Used o MCR, entre otros.
Lo que no podemos dejar pasar son cortes como “Deserve You”, donde se intentan subir descaradamente al carro country pop rock que artistas como Post Malone hizo en su disco Austin, el cual es fantástico y genuino, cosa que aquí brilla por su ausencia y que lo único que destaca es la gran voz del señor Luke Borchelt.
“Bodies” pone un poquito más de sensatez y te invita a bailar en el Warped Tour o en cualquier fiesta alternativa que se monte en tu ciudad, podría haber encajado en el Good Morning Revival y mejorar un poquito lo ofrecido en aquel disco.
“Vertigo” mantiene el nivel y se puede presentar como una de las mejores piezas del disco, con la colaboración de Petty Hendrix que si bien poco tiene que ver con el rock, encaja bastante bien con los chicos y esta si que nos devuelve la mejor época de la banda, oriunda de Waldorf, Maryland.
Pero claro, llega “The Dress Rehersal” y el castillo se derrumba más rápido que azucarillo en un vaso de agua y es que yo puedo entender que haya “Baladas” o “Medios Tiempos” en el estilo, ahí están piezas como “Quit Your Life” de MxPx, “Only One” de Yellowcard o incluso “Pieces” de Sum 41, pero esto ya es demasiado, es un tema pop pasteloso que creo ni One Republic quisieran para si mismos, aquí es donde uno piensa ¿Para que han decidido volver Good Charlotte? porque para escuchar esto, mejor te pones sus 3 primeros discos y gracias.
Y por si no fuera suficiente una balada, llegan dos seguidas y es que “Castle in the Sand”, aunque es más bonita, sigue estando fuera de lugar en el disco como si Good Charlotte hubieran querido repetir la fórmula de “We Believe”, solo que aquella pieza emocionaba a nivel lírico, esta sin embargo no logra dicho cometido y empalaga a más no poder un disco que ya de por sí hace aguas en muchos momentos.
Con la nostálgica, pero esta vez si, efectiva “GC Forever”, Good Charlotte cierran un disco irregular, con más momentos dispersos que inspirados, pero que si coges las canciones correctas podrás disfrutar de esta banda, que aunque esté de regreso, tras 7 años sin material nuevo, tendría que haberse puesto más las pilas y no quedarse en “Lo que prometieron….Pero no llegaron a cumplir”.
En el mundo de la Internet de las cosas, me declaro afortunado porque no hay mes en que no descubra alguna banda nueva o poco conocida que está recién lanzando un EP/Single y eso hace que mi día mejore instantáneamente. Esta es la descripción de lo que sucedió recientemente cuando Instagram me recomendó Darkroot, banda con un poco más de 1000 seguidores y más de 25 posts. El post sugerido por Instagram daba la introducción a un tema el cual rápidamente busqué en internet y enganché, de esos temas que no te das cuenta y ya estás moviendo pies y cabeza al ritmo del tema.
Darkroot hizo su debut este viernes 22 de Agosto con su disco llamado Death and Lifeel cual contiene 12 temas. La banda está compuesta por 2 integrantes los cuales se dividen las tareas de la siguiente manera: Vocales, Guitarras y bajos a cargo de Christian Reinsborg y Percusión a cargo de Eivind Skogheim.
Christian amablemente nos compartió la definición de ellos como banda y también nos entrega contexto de que hacen y como a través de su música: “En la mitología nórdica, existen relatos de Yggdrasil, el árbol del mundo, símbolo de toda vida. En lo profundo de sus extensas raíces habita un dragón ancestral que se alimenta de su fuerza vital. Al igual que Yggdrasil, cada persona lleva cargas, traumas y sombras invisibles en lo más profundo de su mente. Así como no siempre podemos detectar la descomposición de un árbol desde su superficie, también las luchas internas de una persona a menudo se esconden en las raíces de su subconsciente.”
Como mencionamos, a través de su música, Darkroot es un tanto un viaje como un espejo a la experiencia transformativa de la psicoterapia, invitando a los escuchantes a encarar los problemas internos con los que se conviven día a día. La banda invita a poner atención a las letras dado que apuntan a iluminar las batallas de la salud mental mientras que su música está creada para cautivar y atrapar al oído.
Durante estas 12 canciones, siguiendo la recomendación de la banda podemos encontrarla historia conceptual que captura el viaje de un joven que lucha por escapar del tormento de una existencia eterna y estancada. En un intento por salvar su marchito “árbol de la vida”, desciende a su subconsciente y viaja a Darkroot. Guiado por la comprensión y la esperanza, confronta las sombras de su mundo interior, impulsado por la valentía de afrontar sus luchas más profundas.
En la oscuridad, encuentra manifestaciones de sus traumas, personalidad e historia. Cada una de estas figuras reivindica una canción, revelándose no solo a él, sino también a ti, el oyente. Estas figuras se expresan a través de una mezcla de tonos ásperos y conmovedoramente suaves, que representan facetas de la psique como la arrogancia, el autoengaño, la adicción, el sufrimiento, el odio, el trauma y el antagonista central del álbum: el autor resentimiento.
“Death and Life” ofrece una poderosa mezcla de hard rock y heavy metal, entrelazando melodías contundentes y riffs impactantes que trascienden los géneros. Aunque intensa, la música ofrece momentos de vulnerabilidad, guiando a los oyentes a través de un paisaje sonoro tan variado como las emociones que explora.
El disco comienza con un instrumental muy a tono de película, donde una batalla campal está pronta a comenzar, para luego saltar a “Death and Life” que de alguna forma continúa con esta sensación. Ya encontramos un sonido que puede ser conocido, ese thrash metal ochentero, riff pegajoso y un platillo que literal, no para de sonar mientras la voz suave y a ratos angelical canta “Dust and sand, footprints of madness, Sow the land, which gives you nothing, The light of day divides you from the truth. You remain all the same.”
Así es como pasamos a través de “The Melody”, “A Friend of Treachery” llegando al quinto tema del disco llamado “Pantomime”, tema que comenté al principio de esta nota el cual con una introducción y posteriormente estrofa característica de lo que parece ser ya, la identidad de Darkroot, un bajo claro y perfectamente mixeado con la batería marcando el paso.
La primera mitad del disco contiene 2 instrumentales, la canción con la que abren el disco y la pista 7, un pequeño interludio que da paso a 2 de los mejores temas del disco, “Kingdom” y para este fiel amante de la música, “Emperor” que viene a ser un poco el tema distinto del disco en ritmo y voz, coro perfecto. La guinda de la torta es “From Crown to Root” el cual es el último tema del disco, todo un viaje.
Terminando esta experiencia, si tuviera que recomendar un disco a mi círculo cercano de oyentes de metal o no, este disco pasa a ser mi az bajo la manga. Ya lo puse a prueba y pasó como un éxito total.
Y es que no es para menos, el disco tiene identidad propia, Darkroot tiene identidad, tiene un sonido característico y acá es donde queda en claro que cuando el o los artistas están al mando de su creatividad, es donde encontramos gemas como Death and Life. No tiene puntos bajos, no es virtuoso con solos de guitarra de 30 segundos o más (y como dijo un buen amigo, tampoco se extrañan). Darkroot tiene un sonido (para mi) similar a lo que encontramos en los 2000s pero sin dejar de sonar moderno, con un mixeo y producción a la altura de cualquier banda mundialmente conocida, a la altura de los grandes del heavy y thrash en cuanto a sonido. Pasajes en donde podemos comparar la voz de David Draiman de Disturbed, sonidos similares a lo que encontramos en los primeros discos de Ghost.
Gracias Christian por la disposición y la amabilidad de facilitar las letras y el arte del disco. No queda más que seguir disfrutando del arte que han creado.
Con Lonely God, Fit For A King da un paso firme hacia una etapa más intensa y madura en su carrera. Sin dejar de lado su esencia metalcore, el quinteto texano logra un equilibrio potente entre brutalidad sonora y emoción introspectiva. El álbum se siente más crudo y directo que su antecesor The Hell We Create, abordando temas como la ambición desmedida, el colapso emocional y la desconexión espiritual con un enfoque más oscuro y existencial.
Musicalmente, el disco se construye sobre contrastes bien definidos: breakdowns devastadores se entrelazan con coros melódicos y pasajes atmosféricos, mientras que los sintetizadores y texturas industriales amplían el paisaje sonoro sin desbordarlo. La participación de invitados como Chris Motionless (Motionless In White), Lochie Keogh (Alpha Wolf) y Landon Tewers (The Plot In You) aporta riqueza sin eclipsar a la banda, reforzando la sensación de caos calculado y expansión estilística.
Canciones como “Monolith” y “Technicum” destacan por su crudeza implacable, reflejando el lado más experimental y visceral del grupo, mientras que el tema título “Lonely God” y el cierre “Witness The End” dan forma a lo más emocional del disco, mostrando una vulnerabilidad que eleva el contenido lírico a nuevas alturas. Aquí, la brutalidad no es gratuita, sino una representación honesta del peso emocional que la banda arrastra.
Más que una simple colección de temas pesados, Lonely God es una declaración artística. Es el retrato de una banda en plena evolución, que convierte el dolor, la duda y la rabia en una obra tan devastadora como íntima. Fit For A King no se reinventa, pero afila sus armas con precisión, y el resultado es su disco más contundente hasta la fecha.
Desde Madrid y pisando fuerte, los chicos de Strangers han estrenado el que es ya su cuarto álbum de estudio Boundless, primero que editan bajo el ala de Frontiers Music srl, casa de artistas tan destacados como Chez Kane, Crazy Lixx y Cassidy Paris, entre otros y con el cual comienzan a dejar atrás esa suerte de “Eterna Promesa”, para convertirse en una firme realidad.
Liderados por Celia Barloz como vocalista principal y cuyo timbre es una de las señas de identidad de la banda, el disco comienza de manera poderosa con “Into The Night”, primer single elegido para promocionar este disco y poco podemos decir ante este vendaval delicioso que combina guitarras veloces, melodías infecciosas y una voz absolutamente cristalina y que combina dulzura, poder y energía a partes iguales.
La entrada de su nueva vocalista le ha otorgado a Strangers aires renovados y un toque de frescura, algo que se puede ver traducido en “Enemy”, un corte intenso, melódico y que se maquilla con una base rítmica muy rockera entre Cesar Chacón al bajo y Abel a los parches, llegando el solo de Miguel Martín justo a tiempo para redondear este gran pieza de hard rock moderno y melódico.
“My Dream”, es otra de las joyas del disco, un cañonazo melódico que te impulsa a salir a delante y no desistir en conseguir todo aquello que te propongas, una gran letra que Celia defiende y hace que se te quede grabada desde el segundo en el que pulsas play.
Las revoluciones bajan, pero no la intensidad y muchísimo menos la emoción ya que “Freedom”, es un medio tiempo que oxigena al álbum y que a la vez te sorprende al cambiar de tono hacia mitad con ciertos guiños a artistas como Chez Kane, con esa letal combinación rockera, melódica y con una pizca de AOR.
El ecuador del álbum llega de la mano de “Worth a Shot”, una pieza rockera con cierto aroma Halestorm, en su primer disco y una Celia que brilla con luz propia ya que su voz es muy especial y diferente, delicada cuando es necesario, poderosa en los agudos y muy melódica en la mayor parte de las canciones del disco, pero lo más importante no se parece a ninguna otra compañera dentro del estilo y eso la hace destacar especialmente, como ocurre en otro terreno con Kris Vega de Cobra Spell, Born in Exile y Serapis Project.
Pero mejor aún es “The Fate is Gone”, quizás una de las mejores 3 canciones del disco y que nos muestra que cuando Strangers rockean, no lo hacen a medio gas ya que el comienzo es cañero y con aires ochenteros y la intensidad va subiendo a medida que avanza el tema, con Celia demostrando su versatilidad a la hora de ponerse frente al micrófono.
Con “Goodbye”, la banda nos regala la balada para inaugurar la segunda mitad del disco, la cual sirve para respirar y dejarse envolver por el melancólico sonido que emite la pieza y nos transporta a la era dorada del estilo ya que es una pieza al estilo Whitesnake o Bon Jovi, pero también salvando las distancias podría haber encajado en el fantástico disco pop rock Plastic Hearts que nos regaló hace unos años Miley Cyrus, ya que tiene esa sensibilidad rockera pero con toque pop que la norteamericana exploró en aquel trabajo y ojo, no es ninguna comparación si no una apreciación que siento al escuchar este tema.
Tras la calma…Vuelve el huracán con la cañera “Still The One”, que es como la otra cara que nos vamos a encontrar en el disco, con una contundencia bien controlada, pero dando sus pequeños zarpazos, Strangers se han plantado en este disco dando lo mejor de si mismos y ofreciendo diversos colores en su sonido musical y este binomio entre “Goodbye” y “Still The One”, así lo pone de manifiesto.
Una de las sorpresas del disco es “Lose Yourself”, ya que sus potentes guitarras te harán vibrar desde el comienzo y Celia suena poderosa y con diferentes pinceladas vocales, que quizás hacen que nos hubiera gustado escuchar este tema un poquito más arriba en el tracklist del álbum, pero que evidencian el inmenso talento que tiene esta chica y lo acertada que estuvo la banda en ficharla como vocalista.
En líneas generales, Strangers han entregado un disco muy interesante, donde no se pretende alardear de lo que no son, pero si ofrecer lo que es su mejor trabajo hasta la fecha y demostrar que el rock sigue más vivo que nunca y que a veces el cerrar un ciclo y comenzar otro es la mejor forma de avanzar y esto es lo que han hecho Strangers con su nuevo disco y veremos hacia donde los lleva el camino del rock.
Las metaleras Burning Witches vuelven este 2025 con Inquisition, el que supone es ya su sexto disco de estudio, cuarto con Laura Guldemond como vocalista principal y que evidencia el gran trabajo que vienen realizando estas chicas durante su primera década de carrera.
Como novedad principal, vamos a encontrar que el disco es el primero que graba Courtney Cox, como guitarrista oficial de la banda y a quién muchos conoceréis por su pasado reciente en The Iron Maidens, donde formaba dupla guitarrera con Nikki Stringfield, con lo cual sobra decir que las guitarras que vamos a escuchar a lo largo del disco y más concretamente varios de los solos, son de los mejores que han conseguido BW en estos diez años de trayectoria.
El disco cuenta con doce tracks, diez si quitamos “Sanguini Hominum” y la final “Malus Maga”, que sirven como intro y outro respectivamente, pero que le dan al disco ese toque medio teatral que tienen las obras musicales.
El resto es básicamente lo que vienes a buscar cuando te pones delante de un disco de las Witches, esto se traduce en un heavy metal potente, rápido, con muchas subidas y bajas, digno heredero de la NWOBHM y que tiene en su vocalista, una clara señal de que Burning Witches no vienen a pasar el rato, si no a aplastar tus oídos con su poderoso hechizo.
El disco comienza a toda pastilla con “Soul Eater”, su último single y donde las chicas resumen un poco lo que hay en el disco, con una Laura pletórica a nivel vocal y heredera de grandes maestros como King Diamond y Bruce Dickinson, las guitarras de Courtney y Romana Kalkuhl suenan afiladísimas y harán las delicias de los amantes del virtuosismo y el poderío en las seis cuerdas.
“Shame”, es un tema más pesado, donde hay ciertos guiños de hard rock en su versión más oscura e intensa, aportando esa diversidad al disco y evidenciando lo bien que se desenvuelven en diferentes tipos de sonidos metaleros.
Los tres singles: “The Spell of the Skull”, “Inquisition” y “High Priestess of the Night”, conforman un triplete de auténtico vértigo y se entiende porque han sido elegidos para promocionar el álbum.
Mientras la primera es un ejercicio impecable de heavy metal clásico llevado al 2025 y donde cada pieza está encajada al 100%, con un coro que hará las delicias de sus seguidores en la gira europea del próximo año, el corte que da título al disco te llena de energía y Laura sigue brillando con unos agudos que realmente son complicados, pero que sin embargo ella ejecuta con mucha soltura y facilidad, evidenciando porque es una de las mejores cantantes del género en la actualidad.
Para cerrar la trilogía, “High Priestess of the Night”, muestra el lado más “NWOBHM” de las tres, con una clara influencia que Courtney trae y que pone la guinda con un solo espectacular, demostrando lo bien que hicieron BW en ficharla como nueva hacha en la banda.
Sin embargo el disco presenta un solo inconveniente realmente importante y que hay que destacar, este no es otro que la batería y más concretamente la figura de Lala Frischknecht, es que a diferencia de bandas como Cobra Spell, quienes tienen en la figura de Hale Naphtha, una gran ejecutante que se adapta a las canciones de la banda y le imprime su toque personal o incluso Nervosa, ya que Gabriela Abud es un auténtico huracán con los parches y en vivo suena aún mejor y más poderosa, no es el caso de Lala y en este nuevo disco de las Witches se ha vuelto a evidenciar.
El problema que tiene es que su manera de aporrear los parches ya que pasadas tres canciones del disco, se empieza a volver repetitiva, mientras que las guitarras dibujan melodías endiabladas y los agudos de Laura te transportan al cielo o al infierno, Lala no las acompaña con la batería, suena si, pero acaba opacando algunas canciones que objetivamente venían muy bien.
El sonido además hace aguas en algunos momentos a nivel de producción y eso le acaba quitando algún punto extra al disco, que se lo había ganado en buena ley, pero siendo justos Lala vuelve a estar un peldaño por debajo de sus compañeras una vez más.
Para sorpresa, hay que citar “Realese Me”, una gran balada que oxigena al disco, con un solo inicial hermoso y una Laura que demuestra lo bien que puede adaptarse a canciones más lentas y emotivas, para acabar conquistando al oyente y enriqueciendo al disco en su conjunto final.
Así pues, las brujitas han vuelto a lograr la pócima para seguir en la cima y hechizar a todo aquel que se acerque a su sonido, pero hay que cuidar ciertos detalles para su siguiente capítulo y mientras tanto disfrutar de este gran trabajo que han vuelto a realizar y que demuestra el futuro brillante e inmediato que les espera.
¿Vieron que por lo general se pueden emparentar ciertos géneros o subgéneros con determinados países, regiones o culturas? Bueno, digamos, por ejemplo, que nadie dudaría ni 10 segundos en pensar en Argentina cuando hablamos de tango, o en USA cuando se habla de blues. Con el metal pasa algo parecido, en cada una de sus ramificaciones. El glam y thrash metal, es no solo de Estados Unidos, sino que lo podemos ubicar aún con más precisión en Los Angeles, California.
¿A qué viene todo esto? A que hoy se me antoja obrar como crítico de un disco de death metal melódico que, ustedes se imaginaran, nos llega obviamente desde Suecia. Liv Sin es una banda escandinava que apenas está por llegar a su primera década de existencia y que anteriormente venía sacando material que apuntaba mucho más a heavy bien pesado que al death. Por alguna razón que no sé, pero prometo averiguar, con su reciente Close Your Eyes, incorporan elementos más industriales, que, si bien es apenas un detalle, es suficiente para empezar a bordear más el estilo de death de Children Of Bodom que el heavy/hard rock poderoso que venían haciendo (digamos, una delgada línea es la que los separa de un estilo a otro).
Volviendo al disco, algo que no pierde respecto de su predecesor, es la energía constante en cada de sus piezas. Termina como arranca, con un shock de adrenalina que no da respiro ni descanso al oído. “Praise The Winners” la primera canción, tiene un comienzo engañoso de apenas unos pocos segundos con voces melosas para luego dar lugar a los poderosos guturales de Liv Jagrell. Ah si, algo que me olvide de mencionar es que, si bien su voz es conocida por los típicos raspados del heavy y hard rock, que aquí también están presentes, empezamos a notar un ligero giro al canto gutural, algo que quizás marque tendencia para todo lo que venga.
Cada pieza es una ligera combinación entre estribillos gancheros de su estilo de siempre, con estrofas donde se ve esta nueva faceta más volcada al death. No puedo elegir una para destacar puesto que cada una de ellas me resulta magnífica. “Raven” ilustra perfectamente la genialidad creativa de Liv Sin, con sintetizadores de fondo que encajan perfectamente en la nueva propuesta, con cambios intermitentes entre lo alternativo, lo industrial, y el hard rock. En cambio, “I refuse” se vuelca muchísimo más al death. “Louder” destacada por ser un single promocionado con un videoclip, es un hard rock ochentoso con testosterona (insisto, todo en este disco está potenciado). También podemos mencionar la colaboración con Lars Palmqvist, vocalista de Scar Symetry, en la canción que da nombre al disco, con ese estribillo tan ganchero como les mencionaba anteriormente.
Como sea, Liv Sin encuentra en Close Your Eyes, quizás, puertas que se abren. Una obra que no tiene desperdicio de escuchar, que no pasa los 45 minutos de duración y que se sostiene de una producción por demás profesional. Este disco no escatima en nada. Las guitarras tienen una gran presencia y van de proa a popa combinando sus poderosos riffs rítmicos con sonidos más que graves a líneas más melódicas y agudas. Ambos encargados de guitarras hacen su trabajo de manera honrosa. La batería es, en esencia, una batería típica de estos estilos suecos más pesados, con mucho doble bombo y con predominancia de los sonidos graves. El otro elemento con gran presencia son los sintetizadores que, sin hacer abuso de su uso, logran mejorar el unísono general del disco. El bajo, allí por detrás, termina de darle cuerpo y profundidad, para que hablemos de sonido pesado y no de otra cosa.
Como sea que lo hagan, no pierdan la oportunidad de escuchar este gran álbum o al menos ponerlo en corta lista de espera. Close Your Eyes se consolida como lo mejor del mes de agosto y se coloca como gran competidor a mejor disco del año.
Parece una eternidad cuando uno piensa en Rise Against y como brillaban situándose a la cabeza del punk rock/hardcore melódico gracias a obras tan importantes como Revolutions Per Minute o el majestuoso The Suffering and The Witness, quizás uno de los dos mejores discos de la banda estadounidense en toda su carrera.
Pero la realidad es que aquellos días parecen ser solo un bonito recuerdo para los que tuvimos la suerte de vivir la época dorada de Tim McIlrath y los suyos, ya que progresivamente la banda ha ido perdiendo la chispa, la magia y sobre todo la mano para hacer buenas canciones y si hoy se presentan en grandes recintos es gracias a su pasado, les guste admitirlo o no.
Por lo tanto, poca fe le tenía al nuevo disco de RA y sobre todo una sensación agridulce ya hacía ruido en mi interior antes de enfrentarme al disco completo y una vez escuchado y analizado al completo, debo decir y confirmar que estaba en lo cierto y que las cosas lamentablemente no han cambiado nada…
Y quizás haya pecado de iluso ya que cuando RA lanzó “Nod” hace unos meses atrás, la verdad es que el corte sonaba bien con un poco de la garra que tenían antaño, pero también reconozco que cuando su segundo single del disco “Prizefighter” llegó a mis oídos, empecé a ver esa versión de RA cómoda y bajo la ley del mínimo esfuerzo ya que temas como ese hacían hace 15 años con mucha más gracia e inspiración.
De los 10 restantes entonces que podemos encontrar en el disco, pues básicamente lo de siempre desde el comienzo algo más rockero de “I Want It All”, con cierto aroma grunge, el gran sonido que hay en el corte que da título al disco y donde vemos la mejor versión de la banda, una “Damage is Done” que podría haber encajado en discos como Endgame y que a ver como defienden en directo, ya que también es una banda que suele dar una de cal y una de arena, antes de llegar al ecuador del disco con “Us Against The World”, donde a pesar de intentarlo se quedan lejos de himnos como “Survive”, pero de nuevo permite ver un poco de luz en medio del nubarrón que es el disco en su conjunto.
El problema viene que a partir de la segunda mitad del disco, el mismo se desinfla y “Black Crown”, con su ritmo pausado a lo Foo Fighters, pero sin su genialidad a la hora de hacer ciertos temas claro está, es tan solo el principio.
La dupla “Forty Days” y “State of Emergency”, es de lo más aburrido que he podido escuchar dentro de su discografía en el último lustro, con una fórmula que hace aguas por todos lados y que lamentablemente no parece poder ser arreglada. No son temas malos ninguno de los dos, simplemente son intrascendentes y eso para una banda del calibre de RA ya no se puede dejar pasar.
La acústica “Gold Long Gone” es una de las 3 mejores piezas del disco, de acuerdo, pero bajemos a tierra y entendamos que ni siquiera aquí han podido con su pasado y es que no nos olvidemos que RA crearon 2 de las mejores baladas o medios tiempos de punk melódico en los últimos 15 años como son “Swing Life Away” y “Hero of War”, mientras que la que ocupa el terreno en este disco “Gold Long Gone” no le llega ni a los talones a pesar de que es de lo mejorcito del disco.
En líneas generales es un disco que pasará sin pena ni gloria por el catálogo de Rise Against y ni siquiera el hecho de volver a una discográfica independiente les devolvió esa magia que lamentablemente ya no tienen y con otro disco como este y ya van 4 seguidos, creemos que no van a recuperar ya más… Que pena más grande, con lo que llegaron a ser un día…
Por temas económicos y de horario, no tengo muchas oportunidades de asistir a recitales por fuera de aquellos a los que tenga acreditación. Así que cuando me dieron la propuesta de ir a la fecha del domingo 17 de agosto en Uniclub, que tuvo a las bandas Delirium, Astral Amethyst, los amigos de la casa Innerforce y a los cabeza de cartel Arcane Sanctuary, quienes estaban presentando su primer álbum, decidí aprovechar. Habiéndola pasado muy bien, llegué a la conclusión de que lo mínimo que podía hacer era escribir algo acerca de este disco que tuvo a estos músicos visitando Buenos Aires en aquella noche fría.
Así que, ¿quiénes son Arcane Sanctuary? Oriundo de Rosario, Santa Fe, este cuarteto comenzó en realidad hace más de una década, pero fue en los últimos años en los que se afianzó lo suficiente como para editar material, siendo este The Traveler’s Diary su debut. Y en este álbum grabado, producido y editado de manera independiente nos traen una propuesta inusualmente sofisticada para la escena del metal argentino. No digo que necesariamente la banda promedio argentina sea algún rejunte de cavernícolas ni nada de eso, pero esta onda de metal progresivo de toques sinfónicos no es algo que se vea todos los días entre las bandas locales.
La dupla “Genesis Of An End” y “Between Four Walls”, claramente hechas para ser escuchadas en conjunto, nos marca muy bien la idea detrás de Arcane Sanctuary, con el crescendo de la primera marcada por los teclados cristalinos y los riffs gruesos de guitarra, ambos a cargo de Francisco Romero, preparando todo para la explosión que se da apenas arranca la segunda. La guitarra zigzagueante de Romero se ve acompañada por los ritmos precisos de Jeremías Scoccimarro, con ese doble bombo que pega en el pecho, y el bajo poderoso de Luciano Vittone, que no teme hacer lo propio en las canciones y no se queda simplemente como un adorno de frecuencias bajas. Pero las cosas terminan de armarse con la voz de Juliana Penacino, quien demuestra su talento al navegar la ola de riffs con soltura.
La descripción anterior también aplica para un gran porcentaje del resto de The Traveler’s Diary, pero esto no quiere decir que sea repetitivo. La mayor parte del álbum tira para el lado más heavy, y los fans de cabecear al ritmo de los riffs y las baterías fuertes van a estar muy a gusto con canciones como “The Host” y “The Sailor of the Rivers of Blood”, con mucho doble bombo y riffs marcados, además de algún que otro momento power. La voz hace muy bien su trabajo, pero creo que la canción donde más se destaca en la combinación de melodía y pesadez es en “He’s Waiting”, mi momento favorito del álbum: no sé, hay algo en la melodía del estribillo que se me quedó en la mente, sobre todo en la manera en la que canta la línea “And the end will come for the both of us”.
Por otro lado, no todo es pesadez en The Traveler’s Diary. “The Way Back” podría considerarse una balada, o al menos con un trabajo de guitarra más sutil, y “Breaking The Reality” parece servir como un interludio donde Arcane Sanctuary muestran a pleno sus influencias sinfónicas. “Reaching Infinity” se encarga de cerrar el álbum de esa manera, con otra balada de tintes atmosféricos y un cierre de teclados con melodías entre medievales y cinematográficas.
Para ser un álbum grabado de manera casera, The Traveler’s Diary tiene un sonido y mezcla de nivel muy profesional: tengo tendencia a alabar casi cualquier disco donde el bajo se escuche fuerte y claro, y esta no va a ser la excepción. Y aunque la pronunciación del inglés a veces flaquee muy de vez en cuando si se escucha con las letras a mano, algo que suele pasar en cualquier estilo donde la voz se escuche clara, la tarea de Penacino es superlativa: no sé si tendrá ese rango brutal de las cantantes que se pueden encontrar en las miles de bandas de metal sinfónico europeas, pero su voz es muy placentera de escuchar, agregando un toque muy humano a estas canciones que perfectamente podrían perderse en el virtuosismo por el virtuosismo mismo, algo que pasa tanto en el mundo progresivo.
The Traveler’s Diary es un álbum muy recomendable para los fans del metal progresivo que quieran propuestas por fuera de los países comunes de origen. No es una explosión de creatividad pero sí utiliza muy bien todos los elementos típicos del género para su beneficio, y logra tener estribillos y riffs que se te quedan en la mente y hasta terminás tarareando de la nada. Esperemos que este sea sólo el primer paso en la evolución de Arcane Sanctuary, porque hay un potencial enorme que se ve en cada una de las canciones de este primer trabajo.
Tener que reseñar un disco de Deftonescon rapidez constituye un acto de injusticia. No me caben dudas de que voy a necesitar unas quince escuchas a lo largo de una semana, por lo menos, como para realmente poder tener una impresión un poco más certera de la obra. Sin embargo, hay algo que para mí está muy claro: en Deftones se puede confiar.
Con este décimo disco en tres décadas de trayectoria, se podría decir que vienen lanzando uno cada tres años y ninguno decepciona. Por si fuera poco, no olvidemos que cuentan con un ya mítico álbum no editado (Eros) y que lanzaron un fantástico disco de tributos, titulado Covers (2011) y su excelente B-Sides & Rarities (2005). Pocas bandas tienen una carrera así. Estos californianos encarnan un monumento a la consistencia. Lejos de resistir el paso del tiempo, como verdaderas leyendas del metal alternativo fluyen sorteando las generaciones, las transformaciones de la industria y hasta la muerte de un integrante, sin tener otro cambio de formación más que el inevitable (y hasta la fecha siguen sin aceptar reemplazar a su bajista Chi Cheng más que con un sesionista, a esta altura ya el segundo: Fred Sablan, sucesor de Sergio Vega). Este punto merece una aclaración, pues no significa que estos músicos no aporten a la composición, sino que, simplemente, el grupo no tolera –al menos todavía- la idea de una reforma en su tejido, se entiende que como modo de honrar la pérdida. Estamos hablando de una banda que, en su esencia, se formó en la escuela secundaria y viene madurando como un vino de inigualable cepa.
El productor de este disco es Nick Raskulinecz, quien ya trabajó con la banda en Diamond Eyes (2010) y Koi No Yokan (2012). Si bien, Terry Date sigue ocupando el lugar de productor detrás de las obras maestras indiscutibles (Around the Fur de 1996 y White Pony de 2000), la alquimia que los de Sacramento logran combinando fuerzas con diferentes colaboradores da cuenta de su tremenda versatilidad. Hay una organicidad hasta en lo siempre imprevisible de las portadas. En esta oportunidad una gran serpiente blanca y todo un retoque estilístico en el logo e isotipo. Me dio risa ver algunos memes que, al mismo tiempo, me dieron bastante que pensar. Se puede agarrar cualquier foto de lo que sea y ponerle “Deftones” en algún lado y, mágicamente, tiene sentido. Es que hay en su arte algo inherentemente universal, puramente humano: una producción de significados que pueden atravesar a cualquiera o quedarse a vivir en su interior, donde, como y cuando sea.
En esta nueva entrega hay dos rasgos en particular que se han profundizado notablemente: la sonoridad de contundencia pulsátil y aterciopelada en los riffs de Stephen Carpenter y la apuesta a la seducción en la voz de Chino Moreno. No hay texturas rugosas ni bordes afilados; tampoco tantos gritos rabiosos. La guitarra es como un corazón latiendo y empujando sangre a través de las arterias, como el contacto intenso de cuerpos en pleno acto sexual. Y creo que ahí hay un buen punto: se me ocurre que este disco es erótico, pero no tan romántico. ¿Qué quiero decir con esto? Hace rato se viene diciendo que la música de Deftones es metal para hacer el amor, pero no me refiero a eso que, en última instancia, es algo muy relativo. Después de un par de escuchas, la primera idea que tuve fue que “private music” es un gran disco pero tiene algo de encuentro causal, de placer ocasional, como si no buscara grandes profundidades o alturas sentimentales, no hay cúspides de agónico hastío, ni declives en la melancolía, ni una “Bored” o una “My Own Summer”, ni una “Change” o una “Minerva”; tampoco la rabia de una “Elite”. No hay una canción que me cause un shock: todas me hacen, simplemente, disfrutar. Quizás sea esa una de las más evidentes señales de desarrollo, algo así como lo que sucede con el devenir de las emociones desde la adolescencia hasta la adultez, del pasaje de la tragedia de tintes casi suicidas por la ruptura amorosa o la pasión incontenible prometida para siempre, al ir a la cama solamente porque se la pasa bien, y que después cada cual siga con su vida.
El comienzo de “my mind is a mountain” suena, de hecho, como un anuncio pomposo que, inmediatamente, da lugar a ese movimiento casi oceánico de los riffs. El Chino, grita por momentos, pero nada de esos extremos de antaño en lo que la voz se le quebraba y uno se lo imaginaba escupiendo sangre. En general, se mantiene en un nivel medio bastante parejo. Este fue el primer single con video propio. La irrupción de “locked club” tiene cierta agresividad pero muy controlada, en seguida todo se endulza, es como el arte de manejar los límites del dolor en la intimidad, la regulación de la mordida. Creo que hablar de la expresividad de Abe Cunningham en la batería ya no es necesario, ni tampoco del buen gusto de Frank Delgado al generar las atmósferas más justas y adecuadas. En “ecdysis” hay una base de bajo que, al sumarse la guitarra, parece como una mezcla entre Depeche Mode y Bad Brains, dos influencias explícitamente reconocidas por Moreno, quien, por otro lado, da la sensación de que cada vez canta mejor pero también arriesga menos: el señor va a lo seguro.
Con “infinite source” aparece algo de frescura y nostalgia. Parece esbozarse algo etéreo, una intención de genuina reafirmación existencial, como una declaración de principios: “tenemos la hormona alternativa de los 90’s pero ya somos grandes”. Si no fuera por la gordura del sonido de Carpenter, algunas canciones podrían quedar al borde de The Smashing Pumpkins o Placebo, y con seguridad, ninguna de las dos referencias le podría molestar a la banda. Al llegar “sounvenir” algo de oscuridad se cierne sobre el paisaje, pero no demasiada. Se puede sacudir la cabeza con elegancia, degustando una cerveza artesanal en el sillón del living. “CXZ” hace que todo se agite un poco más, pero en dosis temporales reguladas con precisión.
La sutileza y emotividad de “i think about you all the time” son encantadores Todo parece confeccionado a medida para colocarse en la cima de la popularidad de la banda, que actualmente está teniendo shows propios en los estadios cerrados más grandes del mundo. El título “milk of the madonna” me hizo recordar que Maverick, el sello discográfico de la Reina del Pop, tuvo a Deftones como una de sus primeras contrataciones. Una canción muy dinámica, otra demostración de gran vitalidad en un conjunto de veteranos. En “cut hands” nos encontramos con un track de construcción muy urbana, hasta diría callejera, reminiscente de algunos momentos del pasado más remoto del grupo y metal dream despliega un coqueteo casi porno, además de seguir extendiendo la colección de estribillos creados con enorme talento. El principio de “departing the body”, con un punteo de guitarra casi folk y una llamativa voz grave, anuncia un tramo final muy evocativo y hace que el disco termine en un punto muy elevado de calidad compositiva.
El 22 de agosto, día de lanzamiento oficial del disco, salieron videos para todas las canciones, tal como sucedió con la publicación de Ohms en 2020. En conclusión: estamos ante uno de los mejores álbumes de metal del año en curso, y uno que a cada fan de la banda, le llevará un tiempo decidir en qué lugar lo coloca dentro de la escala de 10 grados de Deftones
Después del éxito comercial y la visibilidad masiva alcanzada con Blood & Glitter y su memorable paso por Eurovision 2023, Lord Of The Lost enfrentaba el desafío de mantener el momentum sin traicionar su esencia más oscura. Opvs Noir Vol. 1, primera entrega de una ambiciosa trilogía de 33 canciones, no solo responde a esta encrucijada con maestría, sino que establece un nuevo estándar en la discografía de los alemanes. Este es Lord Of The Lost en su forma más refinada y cinematográfica, donde cada elemento está meticulosamente calculado para crear una experiencia inmersiva que abraza sus raíces góticas sin renunciar a la sofisticación adquirida.
La incorporación de Benjamin “Benji” Mundigler como sexto miembro oficial ha enriquecido considerablemente la paleta sonora de la banda. La producción es exuberante pero nunca excesiva, permitiendo que cada capa respire y se entrelace orgánicamente con las demás. Chris Harms demuestra una vez más por qué es uno de los vocalistas más versátiles del metal gótico contemporáneo, navegando desde susurros melancólicos hasta rugidos industriales con una naturalidad que pocos pueden igualar.
“Bazaar Bizarre” establece inmediatamente las credenciales del álbum: una apertura sinfónica que muta hacia paisajes más íntimos antes de explotar en pasajes agresivos. Esta dinámica de contrastes marca todo el disco, aunque ocasionalmente puede resultar abrupta. “My Sanctuary” y “I Will Die In It” funcionan como perfectos ejemplos del equilibrio entre accesibilidad y profundidad lírica, con el segundo destacando por la versatilidad vocal de Harms, alternando entre delicadeza y aspereza con fluidez admirable (NDR: la mejor canción del disco)
Sin embargo, el verdadero triunfo del álbum radica en sus colaboraciones. “Light Can Only Shine In The Darkness” con Sharon den Adel de Within Temptation es simplemente magistral—un dueto que fusiona lo mejor de ambas bandas sin que ninguna pierda identidad. La química vocal es excepcional, creando momentos de belleza gótica que resuenan mucho después de que termine la canción. “Ghosts”, potenciada por el trabajo de cello de Tina Guo, transforma una composición ya sólida en una experiencia épica donde la intensidad orquestal eleva los pasajes pesados a cotas cinematográficas.
“Damage”, con Whiplasher Bernadotte de Deathstars, representa el lado más industrial y agresivo del disco. Es un bulldozer sónico con un gancho melódico irresistible que garantiza su efectividad en vivo, aunque su estructura repetitiva puede cansar en escuchas prolongadas. Por el contrario, “Moonstruck” con Stimmgewalt despliega un teatro gótico sofisticado, donde los elementos a capella añaden una dimensión fantasmal que complementa perfectamente la instrumentación.
El álbum navega hábilmente entre sus momentos más pesados y sus pasajes introspectivos. “The Things We Do For Love” comienza como una balada antes de transformarse en una declaración épica, aunque estos cambios de tempo a veces pueden sentirse forzados. “Lords Of Fyre” con Feuerschwanz aporta un aire más épico y power metal que, sorprendentemente, encaja con naturalidad en el concepto general.
El tramo final encuentra a la banda en territorio más contemplativo. “The Sadness In Everything” se beneficia de la etérea contribución vocal de Anna Maria Rose, creando un contraste hermoso con el timbre grave de Harms. “Dreams Are Never Alone” cierra el álbum con una delicadeza vulnerable que demuestra la madurez emocional del conjunto.
Opvs Noir Vol. 1 representa a Lord Of The Lost en su mejor momento creativo. Es un álbum que logra ser ambicioso sin ser pretencioso, pesado sin perder melodía, y experimental sin alienar a su base de fanáticos. Aunque algunos cambios de tempo pueden resultar discordantes, la cohesión general y la calidad compositiva hacen de este trabajo una declaración poderosa. Si los próximos volúmenes mantienen este nivel, estaremos ante una de las trilogías más importantes del metal gótico moderno.
Si uno conoce mínimamente la carrera de la banda norteamericana Good Charlotte, sabrá de sobra que aunque los hayan citado como influencias en sus comienzos, los gemelos Benji y Joel Madden acompañados por Billy Martin a la guitarra y Paul Thomas al bajo, nunca han sido Rancid, Social Distortion o Bad Religion, no chicos la banda siempre ha estado en esa delgada línea entre el pop rock y el pop punk, que después de su explosión allá por 2002, se pudo ver traducida en bandas como Busted, McFly o Vanilla Sky, entre otros.
Entonces tras siete años sin sacar nueva música, lo último que espero es que la banda haya dado un giro de 360 grados y se hayan convertido de la noche a la mañana en una banda de hardcore melódico a lo Shelter o No Use For a Name, pero si que deberían entregar una colección de buenas canciones fresquitas, accesibles (atentos a esta palabra para lo que se viene…) y bien armadas, la cuestión es ¿Lo han conseguido?
Tras una intro inncesaria y excesivamente larga, la banda llega con “Rejects”, totalmente copiada a “Wondering” del disco que les dio la fama como es The Young and The Hopeless, recordemos que este disco es de 2002 (hace 23 años…) y uno ya empieza a fruncir el seño ya que bueno puede ser un homenaje, de acuerdo, pero no una copia (casi) exacta de aquella pieza, la cual es de mis favoritas de la banda, que no se me entienda mal.
Tras este confuso inicio los chicos nos traen “Stepper”, un corte con aroma power pop y concretamente con claras influencias de Fountains of Wayne, Weezer y The Cars, que entra mejor que la pieza anterior y uno puede pensar que quizás dicha pieza fue un vago intento de repetir la fórmula que tantas alegrías (y billetes verdes…) les dio a comienzos de los 2000.
Las voces de Joel y Benji, siguen sonando muy bien, sin ser prodigios ninguno de los dos y el coqueto solo de Billy con la guitarra acaba inclinando la balanza hacia el lado positivo y pensar que Good Charlotte vuelven a ser los que eran en el disco Youth Authority, que sin ser una obra maestra, se podía disfrutar bastante.
Mejor aún es “I Don’t Work Here Anymore”, de nuevo con un regusto a los 2000 que no pueden esconder y quizás a pesar de que es una bonita pieza, la letra es una contradicción en si misma, porque habla de cuando uno esta en un trabajo que apesta, cansado y no quiere aguantar más allí…El problema no es la temática de la letra, el problema es que lo cantan dos tipos con el futuro resuelto, casados, con una vida estable y si…con mucho dinero en sus cuentas bancarias, entonces ¿Dónde está la humildad, la bronca por aquellos trabajos que detestamos? chicos, todo eso se esfumó para vosotros en 2003 tras haber vendido más de 4 millones de copias de vuestro segundo disco, no podéis vendernos esto ahora…
Pero repito, es una de las piezas que más se pueden disfrutar del disco, todo lo contrario que “Life is Great”, cuyo título es lo único disfrutable de un tema que es un pastiche infumable, donde Wiz Khalifa aporta su estilo, pero casi mejor que lo hubiese puesto en un disco suyo y no en uno de GC, esto recuerda a los peores temas de Sugar Ray y eso es muy grave.
Escuchando “Pink Guitar” o “Mean”, podemos entender porque artistas como MGK, Jxdn, Lolo o Girlfriends los han citado como influencia a la hora de hacer música ya que todos los que vivimos la era de los 2000, escuchábamos “Lifestyle of Rich and Famous”, “Hold On” o “The Young and The Hopeless” por la tele junto a bandas como NFG, Yellowcard, MxPx, The Used o MCR, entre otros.
Lo que no podemos dejar pasar son cortes como “Deserve You”, donde se intentan subir descaradamente al carro country pop rock que artistas como Post Malone hizo en su disco Austin, el cual es fantástico y genuino, cosa que aquí brilla por su ausencia y que lo único que destaca es la gran voz del señor Luke Borchelt.
“Bodies” pone un poquito más de sensatez y te invita a bailar en el Warped Tour o en cualquier fiesta alternativa que se monte en tu ciudad, podría haber encajado en el Good Morning Revival y mejorar un poquito lo ofrecido en aquel disco.
“Vertigo” mantiene el nivel y se puede presentar como una de las mejores piezas del disco, con la colaboración de Petty Hendrix que si bien poco tiene que ver con el rock, encaja bastante bien con los chicos y esta si que nos devuelve la mejor época de la banda, oriunda de Waldorf, Maryland.
Pero claro, llega “The Dress Rehersal” y el castillo se derrumba más rápido que azucarillo en un vaso de agua y es que yo puedo entender que haya “Baladas” o “Medios Tiempos” en el estilo, ahí están piezas como “Quit Your Life” de MxPx, “Only One” de Yellowcard o incluso “Pieces” de Sum 41, pero esto ya es demasiado, es un tema pop pasteloso que creo ni One Republic quisieran para si mismos, aquí es donde uno piensa ¿Para que han decidido volver Good Charlotte? porque para escuchar esto, mejor te pones sus 3 primeros discos y gracias.
Y por si no fuera suficiente una balada, llegan dos seguidas y es que “Castle in the Sand”, aunque es más bonita, sigue estando fuera de lugar en el disco como si Good Charlotte hubieran querido repetir la fórmula de “We Believe”, solo que aquella pieza emocionaba a nivel lírico, esta sin embargo no logra dicho cometido y empalaga a más no poder un disco que ya de por sí hace aguas en muchos momentos.
Con la nostálgica, pero esta vez si, efectiva “GC Forever”, Good Charlotte cierran un disco irregular, con más momentos dispersos que inspirados, pero que si coges las canciones correctas podrás disfrutar de esta banda, que aunque esté de regreso, tras 7 años sin material nuevo, tendría que haberse puesto más las pilas y no quedarse en “Lo que prometieron….Pero no llegaron a cumplir”.
Mientras se acercaba el fin de año, fecha en donde uno hace balances, come mucho, sufre del calor de la ciudad y ve que la gente está con otro humor, […]
Mientras se acercaba el fin de año, fecha en donde uno hace balances, come mucho, sufre del calor de la ciudad y ve que la gente está con otro humor, […]