


En Amager Bio se vivió una de esas noches que quedan dando vueltas en la cabeza cuando termina el recital. Desde temprano el lugar ya estaba explotado. Mucha gente llegó con bastante anticipación; las filas para comprar merch parecían no terminar nunca y la birra corría sin parar mientras todos esperaban lo mismo: el comienzo de la gira europea de Kanonenfieber, una banda que en los últimos años viene generando muchísimo ruido dentro del metal extremo por su propuesta conceptual sobre la Primera Guerra Mundial. Pero antes del plato fuerte había que arrancar la noche, y los encargados de abrir fueron sus compatriotas de Mental Cruelty, que salieron al escenario a las 20:00 en punto y no tardaron nada en poner a girar el pit.
Lo de Mental Cruelty fue un arranque fuerte, bien directo y sin vueltas. En 45 minutos metieron siete temas sin frenar prácticamente nunca, con un sonido muy prolijo para ser banda soporte y con una energía que conectó enseguida con la gente. El vocalista no paró de agitar durante todo el set, alentando a que se armen circle pits y walls of death, a lo que el público respondió de inmediato. Musicalmente fue un golpe de deathcore bien ejecutado: growls profundos, downtempos pesadísimos que hacían vibrar el piso del lugar, guitarras que alternaban entre riffs aplastantes y pasajes más melódicos, y una batería rápida y contundente marcando todo el tiempo el ritmo de la demolición. Fue un set corto pero muy efectivo, de esos que sirven para prender fuego el ambiente desde temprano. La banda cumplió con creces su rol y dejó al público bien arriba, aunque la sensación general —y la mía también— era que todos estaban esperando el momento en que saliera la banda principal.
Después del set hubo unos treinta minutos de pausa que se hicieron largos entre birras, charlas y miradas al escenario, donde ya se podía ver que algo grande se estaba preparando. Cuando finalmente se apagaron las luces, el clima cambió completamente. Primero se empezaron a escuchar disparos lejanos, como ecos de batalla, mientras el escenario se iba llenando lentamente de humo. Las luces rojas comenzaron a iluminar todo y de a poco se reveló la escenografía: la batería montada en lo alto como si fuera una posición de artillería, dos cañones de guerra a los costados del escenario y un telón gigantesco de fondo representando trincheras de la Primera Guerra Mundial. Entre la neblina espesa y esa iluminación rojiza, la imagen ya era brutal incluso antes de que sonara la primera nota.
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Los músicos fueron entrando uno por uno hasta que apareció Noise, líder y cerebro del proyecto, y ahí empezó lo que básicamente fue una masacre sonora durante toda la noche. Desde el primer riff quedó clarísimo por qué Kanonenfieber está creciendo tanto dentro de la escena. Lo que hacen es una mezcla feroz entre black metal y death metal, con riffs cortantes como metralla, baterías muy veloces y una precisión casi quirúrgica. En estudio ya suenan brutales, pero en vivo la sensación es todavía más arrolladora: las guitarras tienen una agresividad tremenda, el tremolo picking típico del black metal aparece combinado con grooves pesados más cercanos al death, y la batería es directamente una máquina de guerra que no pierde ni un milímetro de precisión.
El set empezó a desplegar varios de sus temas más fuertes, pasando por canciones como “Die Fastnacht Der Hölle”, “Der Füsilier I” y “Der Füsilier II”, donde el show empezó a mostrar uno de los aspectos más impresionantes de la banda: la teatralización. Kanonenfieber no hace solo un recital; arma una especie de relato escénico sobre la guerra. Entre canción y canción, Noise cambia de vestuario, interpreta distintos personajes y actúa pequeñas escenas que ayudan a meterte en la historia. En los temas de los fusileros la ambientación se volvió más fría y sombría; incluso había partículas flotando en el aire que simulaban nieve, reforzando la sensación de estar en una trinchera congelada. En un momento Noise apareció con un lanzallamas escénico que disparaba aire comprimido al comienzo del tema, sumando otro detalle visual que hacía todo todavía más intenso.
Algo que hace muy particular a Kanonenfieber es que sus letras están basadas en testimonios reales de soldados, cartas y documentos históricos de la Primera Guerra Mundial. No hay glorificación del conflicto; todo lo contrario. La banda se encarga de mostrar el horror, la miseria y la desesperación de quienes estuvieron ahí. Y ese mensaje se vuelve todavía más fuerte cuando se combina con la violencia musical del show.
Uno de los momentos más interesantes del recital llegó cuando cambió completamente la ambientación del escenario. El telón pasó a simular el acero de un barco y Noise apareció vestido como un capitán naval, dando paso a una parte del set donde sonaron “Z-Vor” y “Heizer Tenner”, dos temas del último disco lanzado ese mismo mes, Die Urkatastrophe, que en vivo sonaron absolutamente devastadores. La banda estaba afiladísima: riffs veloces, baterías marciales y una ejecución milimétrica que hacía que todo sonara compacto y aplastante.
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Más adelante llegaron otros momentos fuertes del repertorio con “Die Havarie” y “Menschenmühle”. Para esta parte Noise salió vestido como un general, con otro casco y una espada, reforzando esa narrativa escénica que atraviesa todo el show. En “Menschenmühle” aparece una de las frases más contundentes de la banda, donde se habla de cómo Alemania parece tener una especie de adicción a la guerra. El tema apunta directo a la obsesión histórica de las naciones con la guerra y cómo ese ciclo parece repetirse una y otra vez. La gente acompañó con una energía tremenda, y el pit no paró prácticamente en todo el show.
Después llegó uno de los momentos más coreados del recital con “Der Maulwurf”, un tema muy pegadizo dentro de la brutalidad general de la banda, con un estribillo que todo el público cantó al mismo tiempo mientras el lugar seguía girando en círculos frente al escenario. A esa altura la conexión entre banda y público era total.
El cierre del recital llegó con la canción/intro llamada “Verdun”. El ambiente se volvió oscuro otra vez y Noise apareció con su clásica máscara de calavera para introducir uno de los momentos más potentes del show con el tema “Ausblutungsschlacht”, haciendo referencia a la Batalla de Verdun, una de las batallas más sangrientas de la Primera Guerra Mundial. Un final devastador que resume perfectamente todo lo que es Kanonenfieber: riffs demoledores, un sonido enorme y una carga conceptual muy fuerte detrás de cada canción. El tema habla de cómo miles de soldados fueron enviados a una muerte prácticamente segura, reflejando la brutalidad absurda del conflicto.
Cuando terminó el recital quedó la sensación de haber visto algo más que una simple banda de metal extremo. Kanonenfieber logra algo bastante particular: combina música brutal, ejecución milimétrica y una puesta en escena muy bien pensada para transmitir un mensaje claro. Hablan de una guerra que ocurrió hace más de cien años, pero el mensaje sigue pegando fuerte hoy. En un mundo donde cada vez parece más fácil odiar al otro o ignorar las tragedias humanas que siguen pasando, Noise y compañía usan su música para recordar justamente lo contrario: que la guerra es miseria, dolor y destrucción.
Y si algo quedó clarísimo en Amager Bio es que la banda está en un momento increíble. Sonaron precisos, brutales y completamente conectados con el público. Un show intenso, teatral y demoledor que dejó al lugar entero con la sensación de haber presenciado una noche realmente especial.



En Amager Bio se vivió una de esas noches que quedan dando vueltas en la cabeza cuando termina el recital. Desde temprano el lugar ya estaba explotado. Mucha gente llegó con bastante anticipación; las filas para comprar merch parecían no terminar nunca y la birra corría sin parar mientras todos esperaban lo mismo: el comienzo de la gira europea de Kanonenfieber, una banda que en los últimos años viene generando muchísimo ruido dentro del metal extremo por su propuesta conceptual sobre la Primera Guerra Mundial. Pero antes del plato fuerte había que arrancar la noche, y los encargados de abrir fueron sus compatriotas de Mental Cruelty, que salieron al escenario a las 20:00 en punto y no tardaron nada en poner a girar el pit.
Lo de Mental Cruelty fue un arranque fuerte, bien directo y sin vueltas. En 45 minutos metieron siete temas sin frenar prácticamente nunca, con un sonido muy prolijo para ser banda soporte y con una energía que conectó enseguida con la gente. El vocalista no paró de agitar durante todo el set, alentando a que se armen circle pits y walls of death, a lo que el público respondió de inmediato. Musicalmente fue un golpe de deathcore bien ejecutado: growls profundos, downtempos pesadísimos que hacían vibrar el piso del lugar, guitarras que alternaban entre riffs aplastantes y pasajes más melódicos, y una batería rápida y contundente marcando todo el tiempo el ritmo de la demolición. Fue un set corto pero muy efectivo, de esos que sirven para prender fuego el ambiente desde temprano. La banda cumplió con creces su rol y dejó al público bien arriba, aunque la sensación general —y la mía también— era que todos estaban esperando el momento en que saliera la banda principal.
Después del set hubo unos treinta minutos de pausa que se hicieron largos entre birras, charlas y miradas al escenario, donde ya se podía ver que algo grande se estaba preparando. Cuando finalmente se apagaron las luces, el clima cambió completamente. Primero se empezaron a escuchar disparos lejanos, como ecos de batalla, mientras el escenario se iba llenando lentamente de humo. Las luces rojas comenzaron a iluminar todo y de a poco se reveló la escenografía: la batería montada en lo alto como si fuera una posición de artillería, dos cañones de guerra a los costados del escenario y un telón gigantesco de fondo representando trincheras de la Primera Guerra Mundial. Entre la neblina espesa y esa iluminación rojiza, la imagen ya era brutal incluso antes de que sonara la primera nota.
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Los músicos fueron entrando uno por uno hasta que apareció Noise, líder y cerebro del proyecto, y ahí empezó lo que básicamente fue una masacre sonora durante toda la noche. Desde el primer riff quedó clarísimo por qué Kanonenfieber está creciendo tanto dentro de la escena. Lo que hacen es una mezcla feroz entre black metal y death metal, con riffs cortantes como metralla, baterías muy veloces y una precisión casi quirúrgica. En estudio ya suenan brutales, pero en vivo la sensación es todavía más arrolladora: las guitarras tienen una agresividad tremenda, el tremolo picking típico del black metal aparece combinado con grooves pesados más cercanos al death, y la batería es directamente una máquina de guerra que no pierde ni un milímetro de precisión.
El set empezó a desplegar varios de sus temas más fuertes, pasando por canciones como “Die Fastnacht Der Hölle”, “Der Füsilier I” y “Der Füsilier II”, donde el show empezó a mostrar uno de los aspectos más impresionantes de la banda: la teatralización. Kanonenfieber no hace solo un recital; arma una especie de relato escénico sobre la guerra. Entre canción y canción, Noise cambia de vestuario, interpreta distintos personajes y actúa pequeñas escenas que ayudan a meterte en la historia. En los temas de los fusileros la ambientación se volvió más fría y sombría; incluso había partículas flotando en el aire que simulaban nieve, reforzando la sensación de estar en una trinchera congelada. En un momento Noise apareció con un lanzallamas escénico que disparaba aire comprimido al comienzo del tema, sumando otro detalle visual que hacía todo todavía más intenso.
Algo que hace muy particular a Kanonenfieber es que sus letras están basadas en testimonios reales de soldados, cartas y documentos históricos de la Primera Guerra Mundial. No hay glorificación del conflicto; todo lo contrario. La banda se encarga de mostrar el horror, la miseria y la desesperación de quienes estuvieron ahí. Y ese mensaje se vuelve todavía más fuerte cuando se combina con la violencia musical del show.
Uno de los momentos más interesantes del recital llegó cuando cambió completamente la ambientación del escenario. El telón pasó a simular el acero de un barco y Noise apareció vestido como un capitán naval, dando paso a una parte del set donde sonaron “Z-Vor” y “Heizer Tenner”, dos temas del último disco lanzado ese mismo mes, Die Urkatastrophe, que en vivo sonaron absolutamente devastadores. La banda estaba afiladísima: riffs veloces, baterías marciales y una ejecución milimétrica que hacía que todo sonara compacto y aplastante.
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Más adelante llegaron otros momentos fuertes del repertorio con “Die Havarie” y “Menschenmühle”. Para esta parte Noise salió vestido como un general, con otro casco y una espada, reforzando esa narrativa escénica que atraviesa todo el show. En “Menschenmühle” aparece una de las frases más contundentes de la banda, donde se habla de cómo Alemania parece tener una especie de adicción a la guerra. El tema apunta directo a la obsesión histórica de las naciones con la guerra y cómo ese ciclo parece repetirse una y otra vez. La gente acompañó con una energía tremenda, y el pit no paró prácticamente en todo el show.
Después llegó uno de los momentos más coreados del recital con “Der Maulwurf”, un tema muy pegadizo dentro de la brutalidad general de la banda, con un estribillo que todo el público cantó al mismo tiempo mientras el lugar seguía girando en círculos frente al escenario. A esa altura la conexión entre banda y público era total.
El cierre del recital llegó con la canción/intro llamada “Verdun”. El ambiente se volvió oscuro otra vez y Noise apareció con su clásica máscara de calavera para introducir uno de los momentos más potentes del show con el tema “Ausblutungsschlacht”, haciendo referencia a la Batalla de Verdun, una de las batallas más sangrientas de la Primera Guerra Mundial. Un final devastador que resume perfectamente todo lo que es Kanonenfieber: riffs demoledores, un sonido enorme y una carga conceptual muy fuerte detrás de cada canción. El tema habla de cómo miles de soldados fueron enviados a una muerte prácticamente segura, reflejando la brutalidad absurda del conflicto.
Cuando terminó el recital quedó la sensación de haber visto algo más que una simple banda de metal extremo. Kanonenfieber logra algo bastante particular: combina música brutal, ejecución milimétrica y una puesta en escena muy bien pensada para transmitir un mensaje claro. Hablan de una guerra que ocurrió hace más de cien años, pero el mensaje sigue pegando fuerte hoy. En un mundo donde cada vez parece más fácil odiar al otro o ignorar las tragedias humanas que siguen pasando, Noise y compañía usan su música para recordar justamente lo contrario: que la guerra es miseria, dolor y destrucción.
Y si algo quedó clarísimo en Amager Bio es que la banda está en un momento increíble. Sonaron precisos, brutales y completamente conectados con el público. Un show intenso, teatral y demoledor que dejó al lugar entero con la sensación de haber presenciado una noche realmente especial.




















