


Muchos años han pasado desde que vimos a Nashville Pussy por vez primera, en 1998, en la sala Mephisto, presentando aquel provocador Let Them Eat Pussy. Al igual que numerosas han sido sus visitas en estos cerca de treinta años a diversas salas de la capital catalana.
Desde que la imponente Corey Parks abandonara la formación en él 2000, muchas, cuatro, han sido las bajistas que han acompañado a la pareja fundadora, ahora con Bonnie Buitrago a las cuatro cuerdas. También unos cuantos baterías han golpeado los parches del cuarteto de Atlanta, cinco, hasta la llegada del veterano Dusty Watson, ex baquetero entre otras, de Lita Ford, Legs Diamond, Supersuckers, The Sonics o Boo Ya Tribe.
Hoy miércoles seis de mayo se estrenan en una de las habituales plazas de esta última década en la capital catalana, la prolífica y algo alejada sala Upload, situada en medio de la montaña de Montjüic. Así que, sobre las ocho y media, y sin bandas invitadas previas, y ante la incertidumbre de la hora de inicio la sala ya presentaba una buenísima entrada, aunque finalmente el cuarteto no saltó a escena hasta las nueve de la noche, con toda la calma del mundo, y al ritmo de Sly & The Family Stone de fondo.
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Al finalizar el “Soul Clappin’” de la banda afroamericana de funk, soul, encienden sus amplificadores para abrir de forma abrupta con “Pussy’s Not a Dirty Word”, seguida por la rockanrollera “Shoot First and Run Like Hell”, y sin abandonar el infierno se alzaron con “High as Hell”, un tema con ciertos efluvios a ZZ Top.
Blaine Cartwright luce como de costumbre esa indumentaria a lo Lynyrd Skynyrd de pantalones acampanados, botas rojas, una camisa negra repleta de estrellas, y sombrero tejano negro. Mientras que su esposa, la siempre provocativa Ruyter Suys nos seduce con un pantalón corto tejano ajustado sobre unas mallas de redecilla negras, y botas para estar a la altura, y de las que sobresalen unos calcetines marca de la casa que puedes adquirir en su nutrido merchandising.
Blaine se dirige a una excitada audiencia con un alarido enunciando Barcelona, como su segunda casa, preguntando como lo estamos pasando, y presentándose como Nashville Pussy, y que, para la próxima canción, “Come On, Come On”, le acompañemos gritando fuck you..
Después de “Speed Machine” de su From Hell to Texas (2009), nos soltaron un cariñoso, ¿How you doing now motherfuckers?, nos presenta el corte de título irrecordable “Gonna Hitchhike Down to Cincinnati and Kick the Shit Outta Your Drunk Daddy”, única extracción del Say Something Nasty (2002), y que durante el solo avanzaron posiciones las dos amazonas.
De una agónica “Go Home and Die”, pasamos a una acelerada y constante “Rub It to Death”. Un breve impasse con algo de música country, con Blaine dejando la guitarra aparcada, para echarse unos pasos de baile, e interpretar su versión del “(I Wanna) Testify” de la banda de la que formó parte George Clinton, The Parliaments, y durante la cual, Blaine jugueteó con el pie de micro, dejándolo caer para recuperarlo pegándole un tirón al cable de micro, bien efectivo mientras no lo estropees, claro.
Recupera la guitarra para deleitarnos con un par de cortes nuevos, “Jacking Off and Taking Names” y “King Shit of Fuck Mountain”, aunque sin mencionar nada al respecto, pero que formaran parte de su próximo EP 10 Inches of Pussy, más rock’n’roll sin aditivos, y sin rebasar, para nada, los límites de velocidad establecidos.
De ahí, saltaron sin mayor dilación a la clásica “Strutting Cock”, y las dedicadas a Kentucky “Hate and Whiskey”, del Get Some de 2005, y una animada “Pillbilly Blues”, con un solo espeluznante, desde su Up the Dosage (2014).
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Un poco de peloteo por parte de Cartwright sobre estar en el mejor club de rock’n’roll, para pasar a preguntarnos si la marihuana es legal acá, y claro, si alguien tiene un poco. Así como afirmar que una barbacoa y marihuana, es lo mejor del mundo, ya que puedes echar unas buenas caladas, mientras se hace la carne, “Till the Meat”, durante la que volvió a descolgarse la guitarra para echar unos movimientos que ni Michael Jackson. Se despidió de todos presentando a toda la banda, y echar el contenido de una botella de cerveza en su sombrero, para seguidamente bebérsela en parte, y echársela por encima de la camiseta con la portada de su nuevo EP.
Volvieron un par de minutos después para cerrar con tres piezas más, “Piece of Ass”, “Why, Why, Why”, y la infaltable “Go Motherfucker Go”, con la que suelen cerrar sus directos, y pieza única desde su sórdido álbum debut, Let Them Eat Pussy (1998). Finalizando así, un asado de carne poco hecha regada con bourbon, como hizo Ruyter sobre las primeras filas para finiquitar la botella de Jack, que se engulló a lo largo de los setenta y cinco minutos de show.
Ruyter es sin duda, la gran atracción del cuarteto con su espectacular melena, y figura, a pesar de que los años que no pasan en balde. Algo más comedido, o quizás resacoso, o simplemente cansado se mostró Blaine, mientras que Bonnie se mantuvo siempre en su zona de confort sin destacar en demasía, y que decir de míster redobles Watson, pues que dio buena muestra de su sabiduría y destreza a la batería. Como conclusión, creo dejaron buen sabor de boca, aunque no fueron tan orgásmicos, y desbocados como les recordaba.



Muchos años han pasado desde que vimos a Nashville Pussy por vez primera, en 1998, en la sala Mephisto, presentando aquel provocador Let Them Eat Pussy. Al igual que numerosas han sido sus visitas en estos cerca de treinta años a diversas salas de la capital catalana.
Desde que la imponente Corey Parks abandonara la formación en él 2000, muchas, cuatro, han sido las bajistas que han acompañado a la pareja fundadora, ahora con Bonnie Buitrago a las cuatro cuerdas. También unos cuantos baterías han golpeado los parches del cuarteto de Atlanta, cinco, hasta la llegada del veterano Dusty Watson, ex baquetero entre otras, de Lita Ford, Legs Diamond, Supersuckers, The Sonics o Boo Ya Tribe.
Hoy miércoles seis de mayo se estrenan en una de las habituales plazas de esta última década en la capital catalana, la prolífica y algo alejada sala Upload, situada en medio de la montaña de Montjüic. Así que, sobre las ocho y media, y sin bandas invitadas previas, y ante la incertidumbre de la hora de inicio la sala ya presentaba una buenísima entrada, aunque finalmente el cuarteto no saltó a escena hasta las nueve de la noche, con toda la calma del mundo, y al ritmo de Sly & The Family Stone de fondo.
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Blaine Cartwright luce como de costumbre esa indumentaria a lo Lynyrd Skynyrd de pantalones acampanados, botas rojas, una camisa negra repleta de estrellas, y sombrero tejano negro. Mientras que su esposa, la siempre provocativa Ruyter Suys nos seduce con un pantalón corto tejano ajustado sobre unas mallas de redecilla negras, y botas para estar a la altura, y de las que sobresalen unos calcetines marca de la casa que puedes adquirir en su nutrido merchandising.
Blaine se dirige a una excitada audiencia con un alarido enunciando Barcelona, como su segunda casa, preguntando como lo estamos pasando, y presentándose como Nashville Pussy, y que, para la próxima canción, “Come On, Come On”, le acompañemos gritando fuck you..
Después de “Speed Machine” de su From Hell to Texas (2009), nos soltaron un cariñoso, ¿How you doing now motherfuckers?, nos presenta el corte de título irrecordable “Gonna Hitchhike Down to Cincinnati and Kick the Shit Outta Your Drunk Daddy”, única extracción del Say Something Nasty (2002), y que durante el solo avanzaron posiciones las dos amazonas.
De una agónica “Go Home and Die”, pasamos a una acelerada y constante “Rub It to Death”. Un breve impasse con algo de música country, con Blaine dejando la guitarra aparcada, para echarse unos pasos de baile, e interpretar su versión del “(I Wanna) Testify” de la banda de la que formó parte George Clinton, The Parliaments, y durante la cual, Blaine jugueteó con el pie de micro, dejándolo caer para recuperarlo pegándole un tirón al cable de micro, bien efectivo mientras no lo estropees, claro.
Recupera la guitarra para deleitarnos con un par de cortes nuevos, “Jacking Off and Taking Names” y “King Shit of Fuck Mountain”, aunque sin mencionar nada al respecto, pero que formaran parte de su próximo EP 10 Inches of Pussy, más rock’n’roll sin aditivos, y sin rebasar, para nada, los límites de velocidad establecidos.
De ahí, saltaron sin mayor dilación a la clásica “Strutting Cock”, y las dedicadas a Kentucky “Hate and Whiskey”, del Get Some de 2005, y una animada “Pillbilly Blues”, con un solo espeluznante, desde su Up the Dosage (2014).
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Volvieron un par de minutos después para cerrar con tres piezas más, “Piece of Ass”, “Why, Why, Why”, y la infaltable “Go Motherfucker Go”, con la que suelen cerrar sus directos, y pieza única desde su sórdido álbum debut, Let Them Eat Pussy (1998). Finalizando así, un asado de carne poco hecha regada con bourbon, como hizo Ruyter sobre las primeras filas para finiquitar la botella de Jack, que se engulló a lo largo de los setenta y cinco minutos de show.
Ruyter es sin duda, la gran atracción del cuarteto con su espectacular melena, y figura, a pesar de que los años que no pasan en balde. Algo más comedido, o quizás resacoso, o simplemente cansado se mostró Blaine, mientras que Bonnie se mantuvo siempre en su zona de confort sin destacar en demasía, y que decir de míster redobles Watson, pues que dio buena muestra de su sabiduría y destreza a la batería. Como conclusión, creo dejaron buen sabor de boca, aunque no fueron tan orgásmicos, y desbocados como les recordaba.














