


Llegar justo siempre tiene algo de derrota antes de empezar, y esta vez nos tocó a nosotros. Por temas de horarios, nos perdimos el arranque del partido y la primera banda quedó fuera de nuestro radar. Cuando cruzamos las puertas de la Sala Salamandra, el ambiente ya estaba caliente, con la gente bien metida en lo que vendría a ser un doble turno: primero Dogma, luego Lord Of The Lost. Tocaba ver cómo se desarrollaba este encuentro con el marcador todavía en cero para nosotros.
El ingreso de Dogma fue como esos equipos que salen con uniforme impecable y mucha puesta en escena, prometiendo más de lo que luego muestran en el juego. Arrancaron con “Forbidden Zone” y desde ahí ya se notó que algo no terminaba de encajar, sobre todo en la voz. Hubo intención, luces, coreografías medidas y momentos como “My First Peak” o “Made Her Mine” que intentaban levantar al público, pero el sonido no acompañó y la sensación general fue de un equipo que domina la estética pero no concreta en el área rival.
A medida que avanzaba su set, con temas como “Carnal Liberation” o “Father I Have Sinned”, el partido seguía trabado. Hubo algún destello aislado, incluso con la versión de “Like a Prayer” que levantó celulares en la grada, pero la ejecución no terminó de convencer. La vocalista, especialmente, dejó muchas dudas en momentos clave, y eso en directo pesa. El cierre con “Pleasure from Pain” llegó casi sin aviso, como un empate sobre la hora que no deja conforme a nadie.
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Y entonces saltaron a la cancha Lord Of The Lost, jugando claramente de local. Lo suyo fue otra historia desde el primer minuto con “Kill the Lights”. Sonido firme, presencia total y una conexión con el público que se siente trabajada durante años en esta ciudad. Chris Harms llevó el equipo adelante con autoridad, alternando momentos intensos como “My Funeral” o “Drag Me to Hell” con otros más melódicos, siempre con una banda sólida que no baja el ritmo.
El partido ya estaba decidido cuando sonaron “Blood and Glitter”, “Loreley” o “Doomsday Disco”. Cada tema sumaba como un gol más en una goleada sin discusión. Hubo tiempo para jugar, para interactuar y para demostrar por qué cada vez que vuelven a Barcelona lo hacen ante más gente. Lord Of The Lost no solo ganaron, dominaron de principio a fin, dejando claro quién manda en este terreno.
Pero incluso con el marcador ya resuelto, no bajaron la intensidad. Temas como “I Hate People” o “In the Field of Blood”, de Judas, mostraron otra cara del equipo, combinando fuerza y melodía sin perder control del juego. Hubo momentos para el espectáculo, para hacer cantar a toda la sala y hasta para algún giro inesperado, pero siempre con la sensación de que tenían todo bajo control. Cerraron con autoridad, como quien firma una goleada en casa y se va sabiendo que el público ya juega de su lado.
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Llegar justo siempre tiene algo de derrota antes de empezar, y esta vez nos tocó a nosotros. Por temas de horarios, nos perdimos el arranque del partido y la primera banda quedó fuera de nuestro radar. Cuando cruzamos las puertas de la Sala Salamandra, el ambiente ya estaba caliente, con la gente bien metida en lo que vendría a ser un doble turno: primero Dogma, luego Lord Of The Lost. Tocaba ver cómo se desarrollaba este encuentro con el marcador todavía en cero para nosotros.
El ingreso de Dogma fue como esos equipos que salen con uniforme impecable y mucha puesta en escena, prometiendo más de lo que luego muestran en el juego. Arrancaron con “Forbidden Zone” y desde ahí ya se notó que algo no terminaba de encajar, sobre todo en la voz. Hubo intención, luces, coreografías medidas y momentos como “My First Peak” o “Made Her Mine” que intentaban levantar al público, pero el sonido no acompañó y la sensación general fue de un equipo que domina la estética pero no concreta en el área rival.
A medida que avanzaba su set, con temas como “Carnal Liberation” o “Father I Have Sinned”, el partido seguía trabado. Hubo algún destello aislado, incluso con la versión de “Like a Prayer” que levantó celulares en la grada, pero la ejecución no terminó de convencer. La vocalista, especialmente, dejó muchas dudas en momentos clave, y eso en directo pesa. El cierre con “Pleasure from Pain” llegó casi sin aviso, como un empate sobre la hora que no deja conforme a nadie.
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Y entonces saltaron a la cancha Lord Of The Lost, jugando claramente de local. Lo suyo fue otra historia desde el primer minuto con “Kill the Lights”. Sonido firme, presencia total y una conexión con el público que se siente trabajada durante años en esta ciudad. Chris Harms llevó el equipo adelante con autoridad, alternando momentos intensos como “My Funeral” o “Drag Me to Hell” con otros más melódicos, siempre con una banda sólida que no baja el ritmo.
El partido ya estaba decidido cuando sonaron “Blood and Glitter”, “Loreley” o “Doomsday Disco”. Cada tema sumaba como un gol más en una goleada sin discusión. Hubo tiempo para jugar, para interactuar y para demostrar por qué cada vez que vuelven a Barcelona lo hacen ante más gente. Lord Of The Lost no solo ganaron, dominaron de principio a fin, dejando claro quién manda en este terreno.
Pero incluso con el marcador ya resuelto, no bajaron la intensidad. Temas como “I Hate People” o “In the Field of Blood”, de Judas, mostraron otra cara del equipo, combinando fuerza y melodía sin perder control del juego. Hubo momentos para el espectáculo, para hacer cantar a toda la sala y hasta para algún giro inesperado, pero siempre con la sensación de que tenían todo bajo control. Cerraron con autoridad, como quien firma una goleada en casa y se va sabiendo que el público ya juega de su lado.

















