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Wolf
Shadowland (2022)
Century Media

TRACKLIST

01.Dust (04:40)
02. Visions For The Blind (05:35)
03. Rasputin (04:45)
04. Exit Sign (04:18)
05. Seek The Silence (04:59)
06. Shadowland (04:06)
07. The Ill-Fated Mr. Mordrake (05:35)
08. The Time Machine (06:00)
09. Evil Lies (03:33)
10. Into The Black Hole (04:44)
Bonus Track:
11. Trial By Fire (06:06)

Mi primera interacción con los suecos Wolf, allá por la década de los 2000, fue puramente visual, como seguro le habrá pasado a mucha gente. No fue gracias a alguno de sus videos musicales o por las pocas grabaciones de conciertos que se pudieran ver con una conexión del año 2006 en un cybercafé, sino de ver la portada de su álbum debut en un compilado de “peores tapas de discos”, uno de tantos que pululaban en foros en la época de la internet descentralizada. Aquel intento deforme de hombre lobo, que parecía más un híbrido de canino con mono, y ese logo puesto con Paint ciertamente se merecían estar en una lista entre Narita de Riot y Jesus Use Me de The Faith Tones.

Teniendo esa imagen como única referencia de la banda, hubiera sido muy difícil enterarme de diversas cosas. Que el álbum era de 1999 y no algún disco perdido de los setentas, que la portada había estado a cargo de un artista reconocido (el suizo-sueco Hans Arnold, el “Hans” que firma el dibujo, cuyo estilo está en el punto medio entre la psicodelia, el horror y lo naif), y que Wolf era, sencillamente, una muy buena banda de heavy metal clásico, algo que se podría haber comprobado escuchando ese o cualquiera de los discos que le siguieron, si es que uno tenía estómago para soportar aquella portada o esperara al 2005 para que lo reeditaran con arte más decente.

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Mucha agua pasó bajo el puente de este cuarteto oriundo de la ciudad de Örebro, la suficiente como para dejar al cantante y guitarrista Niklas Stålvind como único miembro de la formación original. Desde aquella época la banda se consiguió un logo como la gente y sobrecompensaron aquel primer traspié gráfico asegurándose que cada portada desde aquel debut se viera espectacular, pero más allá de eso Wolf siguen como siempre, como podemos apreciar en Shadowland, su noveno álbum de estudio y el sexto junto a Century Media, quienes editarán el disco el 1ro de abril próximo.

Como decía, Shadowland encuentra a Wolf inamovibles en su propuesta de heavy metal ultra deudor de la Nueva Ola del Heavy Metal Británico, lo cual es destacable considerando el paso del tiempo y el ambiente: mientras que grupos suecos retro como Enforcer, que tuvieron su experimentación con el AOR en Zenith, e In Solitude, que se metieron en las influencias góticas en su despedida Sister, eventualmente trascendieron esas influencias tan marcadas, Wolf siguen adelante con su admiración por Iron Maiden, Mercyful Fate y sobre todo Judas Priest, combinando esos riffs ultra melódicos con las voces agudas de Stålvind y sus letras de fantasía.

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Muchos dirán que ésta es una fórmula quemada hasta el hartazgo, y la verdad es que uno podría levantar una piedra y sacar diez o quince grupos que se podrían describir de esa misma manera. Pero hay una razón detrás de esto: es una combinación clásica, y que cuando se logra hacer de manera correcta trae grandísimos resultados. Tal es el caso de la carrera de Wolf, donde la pluma de Stålvind en la composición es tan sólida que puede sacar una y otra vez el mismo álbum y crear una gran experiencia a través de buenos riffs y solos.

“Dust” da el puntapié inicial con un riff que me hizo pensar en el de “Raining Blood” de Slayer. Siendo tan devotos de sus influencias no sorprende que a veces los riffs suenen parecidos, pero ese no es un grupo que contaría entre sus inspiraciones más obvias: en el contexto de la canción, es como si aquel riff hubiera sido compuesto en 1981 y no en 1986. Más allá de eso, es un arranque poderoso para el disco, con un estribillo pegadizo y una base muy sólida a cargo del bajista Pontus Egberg y del baterista Johan Kullberg, que disfrutan de su segundo álbum con Wolf.

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En canciones como “Visions for the Blind”, “Exit Sign”, “Into The Black Hole” y sobre todo “Evil Lives”, el cuarteto casi no saca el pie del acelerador, apoyándose en los riffs armonizados de Stålvind y el guitarrista Simon Johansson para darle esa atmósfera épica a sus canciones. Por otro lado, “The Time Machine” y “Rasputin” bajan un poco la velocidad aunque no tanto la intensidad, haciendo que los riffs ganen en pesadez.

Ya que tanto se habla acerca del grupo explotando la misma fórmula una y otra vez, quería mencionar dos de los momentos más particulares de Shadowland. Uno se encuentra en el tema título tenemos un break a la mitad del track donde sólo queda la voz y una pandereta y demuestra que la voz de Stålvind queda mucho mejor con la música potente detrás, y el otro es “The Ill-Fated Mr. Mordrake”, inspirada en la leyenda urbana del hombre que tenía un rostro en la nuca, que tiene un estilo un poco más cercano al hard rock en sus riffs iniciales, como para musicalizar una salida en moto.

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Shadowland es un disco ultra derivativo de sus influencias y que no presenta casi ninguna idea de verdad propia, pero hace rato que Wolf demostró que nada de esto es un problema cuando los riffs, el carisma y el músculo están presentes. Este noveno álbum de los suecos será igual a los anteriores, pero es una inyección de adrenalina de principio a fin, acompañado con una buena producción y una selección de canciones como para tener el puño en alto en los recitales. No es un disco que merezca un análisis particularmente largo, siendo que no tiene casi nada para ocultar, pero si es un trabajo al que todo fan del metal clásico debería prestarle atención: directo, profesional y que sabe lo que es, tal cual lo que se espera de la obra de Wolf.

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Wolf
Shadowland (2022)
Century Media

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01.Dust (04:40)
02. Visions For The Blind (05:35)
03. Rasputin (04:45)
04. Exit Sign (04:18)
05. Seek The Silence (04:59)
06. Shadowland (04:06)
07. The Ill-Fated Mr. Mordrake (05:35)
08. The Time Machine (06:00)
09. Evil Lies (03:33)
10. Into The Black Hole (04:44)
Bonus Track:
11. Trial By Fire (06:06)




Mi primera interacción con los suecos Wolf, allá por la década de los 2000, fue puramente visual, como seguro le habrá pasado a mucha gente. No fue gracias a alguno de sus videos musicales o por las pocas grabaciones de conciertos que se pudieran ver con una conexión del año 2006 en un cybercafé, sino de ver la portada de su álbum debut en un compilado de “peores tapas de discos”, uno de tantos que pululaban en foros en la época de la internet descentralizada. Aquel intento deforme de hombre lobo, que parecía más un híbrido de canino con mono, y ese logo puesto con Paint ciertamente se merecían estar en una lista entre Narita de Riot y Jesus Use Me de The Faith Tones.

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“Dust” da el puntapié inicial con un riff que me hizo pensar en el de “Raining Blood” de Slayer. Siendo tan devotos de sus influencias no sorprende que a veces los riffs suenen parecidos, pero ese no es un grupo que contaría entre sus inspiraciones más obvias: en el contexto de la canción, es como si aquel riff hubiera sido compuesto en 1981 y no en 1986. Más allá de eso, es un arranque poderoso para el disco, con un estribillo pegadizo y una base muy sólida a cargo del bajista Pontus Egberg y del baterista Johan Kullberg, que disfrutan de su segundo álbum con Wolf.

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