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David Ellefson en Buenos Aires: “El bajo al frente, los clásicos intactos”
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David Ellefson, el ex bajista de Megadeth convirtió su Basstory en un show directo y potente, apoyado en himnos inoxidables y un repaso por las raíces del heavy metal. Tercera visita consecutiva a Uniclub y cierre de una pequeña maratón personal.


No hubo formato clínico ni charla extendida. No hubo clínica de bajo ni repaso discursivo por su carrera. Ellefson salió a tocar. Y eso, en definitiva, era lo que la mayoría esperaba.

Con una leve demora respecto al horario pactado, el histórico bajista de Megadeth apareció en escena y desde el inicio dejó claro que la Basstory se iba a contar con canciones. El bajo al frente, protagonista absoluto en varios pasajes, marcó el pulso de una noche atravesada por el ADN del thrash. El arranque fue una declaración de principios, y cuando comenzaron a sonar piezas como “Tornado of Souls” y “Trust”, la conexión con el público se volvió inmediata.

Promediando el set, “Hangar 18” elevó la temperatura de la sala. Más adelante, “Symphony of Destruction” terminó de desatar la euforia y el cierre con “Peace Sells” funcionó como broche perfecto: un himno generacional que sigue teniendo la misma fuerza que décadas atrás. Hay canciones que no envejecen; simplemente se transforman en parte del ADN colectivo.

El show no se limitó al repertorio de “la sinfónica del colorado”, hubo espacio para rendir tributo a las bases del género, algo que Ellefson ya venía haciendo en otras paradas de la gira por Sudamérica, incluyendo los shows en Chile donde el formato también fue directo y centrado en clásicos. En Buenos Aires la fórmula se repitió con efectividad: versiones de Black Sabbath como “Neon Knights” y “Paranoid” encendieron a la sala, mientras que el espíritu combativo apareció con un guiño a Fight. También hubo lugar para la potencia clásica de Judas Priest y el desparpajo punk de Sex Pistols, ampliando el mapa sonoro de influencias que moldearon su carrera.

Más que una “historia contada”, fue una historia ejecutada. Sin discursos entre tema y tema, la narrativa se construyó a través de riffs, líneas de bajo y coros coreados por un público que respondió con entusiasmo constante.

La banda que lo acompañó estuvo a la altura del desafío. Andrew Freeman aportó presencia escénica y oficio en las voces, manejando con solvencia un repertorio exigente. En guitarras, Andy Martongelli y Emmanuel López sostuvieron el peso con precisión y actitud, mientras que Adrián Espósito imprimió contundencia desde los parches. El resultado fue un bloque compacto, sin fisuras ni baches, enfocado en la ejecución y en mantener la intensidad de principio a fin.

TAMBIÉN TE PUEDE INTERESAR: Megadeth – Megadeth (2026)

Mellowdeth fueron los encargados de abrir la noche con un set bien enfocado en clásicos de Megadeth en versión acústica. Arrancaron con “She-Wolf” y desde ahí marcaron el camino: “Use the Man”, la excelsa “Countdown to Extinction”, “Mary Jane” y el cierre con “A Tout le Monde” terminaron de acomodar al público en un ambiente intimista. Correctos, efectivos y sin demasiadas vueltas, funcionaron como antesala lógica para lo que vendría más tarde.

El segundo turno fue para Ocio, quinteto con base entre zona oeste y zona norte del conurbano bonaerense. Con una propuesta más cercana al metal alternativo y el apoyo de teclados, comenzaron con “De Gira”. Con “No Sé Quién Soy” mostraron una de sus facetas más sólidas, y el punto de mayor reacción llegó con el cover de “Killing in the Name” de Rage Against the Machine, coreado por el grueso del público. Luego pasaron por “La Ruleta”, una versión de “Aerials” de System of a Down y cerraron con “Rompiendo Cadenas”. Si bien el accionar fue correcto, tardaron en ganarse el reconocimiento de la gente.

Cuando el reloj Casio marcó las 21:15  y por un lapso de 30 minutos, fue el turno de Viejo Blanco, trío hard rockero oriundo de Cañuelas. El show fue correcto en lo musical, con buenas canciones y actitud, aunque el volumen —extremadamente alto— terminó siendo un factor en contra. Incluso utilizando protección auditiva, la potencia resultó excesiva, especialmente para alguien que llegaba a su tercera fecha consecutiva con propuestas intensas. Quizás su estilo no era el más acorde para una jornada más marcada por el thrash, aunque dentro de una grilla diversa cumplieron con solidez. Mención especial para su joven baterista, con gran despliegue y energía constante detrás de los parches.

En lo personal, esta tercera visita consecutiva a Uniclub cerró una pequeña maratón que había comenzado con Psychonaut 4 y Tribulation (pueden leer las crónicas en la web). Tres propuestas distintas dentro del amplio espectro del metal. Aquellas fechas estuvieron marcadas por la oscuridad, la atmósfera y la introspección, la de Ellefson fue directa al hueso: riffs reconocibles, bajo protagonista y clásicos que siguen convocando generaciones.

No hubo necesidad de reinventar nada, solo canciones fuertes, tocadas con convicción. A veces, la historia no se explica: se toca fuerte y claro sobre un escenario. Y en Uniclub, esa noche, el bajo marcó el pulso.

Agradezco a la producción de TDR Producciones y a Gaby Sisti por la acreditación de poder ver a una leyenda del thrash.

 

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David Ellefson en Buenos Aires: “El bajo al frente, los clásicos intactos”
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David Ellefson, el ex bajista de Megadeth convirtió su Basstory en un show directo y potente, apoyado en himnos inoxidables y un repaso por las raíces del heavy metal. Tercera visita consecutiva a Uniclub y cierre de una pequeña maratón personal.


No hubo formato clínico ni charla extendida. No hubo clínica de bajo ni repaso discursivo por su carrera. Ellefson salió a tocar. Y eso, en definitiva, era lo que la mayoría esperaba.

Con una leve demora respecto al horario pactado, el histórico bajista de Megadeth apareció en escena y desde el inicio dejó claro que la Basstory se iba a contar con canciones. El bajo al frente, protagonista absoluto en varios pasajes, marcó el pulso de una noche atravesada por el ADN del thrash. El arranque fue una declaración de principios, y cuando comenzaron a sonar piezas como “Tornado of Souls” y “Trust”, la conexión con el público se volvió inmediata.

Promediando el set, “Hangar 18” elevó la temperatura de la sala. Más adelante, “Symphony of Destruction” terminó de desatar la euforia y el cierre con “Peace Sells” funcionó como broche perfecto: un himno generacional que sigue teniendo la misma fuerza que décadas atrás. Hay canciones que no envejecen; simplemente se transforman en parte del ADN colectivo.

El show no se limitó al repertorio de “la sinfónica del colorado”, hubo espacio para rendir tributo a las bases del género, algo que Ellefson ya venía haciendo en otras paradas de la gira por Sudamérica, incluyendo los shows en Chile donde el formato también fue directo y centrado en clásicos. En Buenos Aires la fórmula se repitió con efectividad: versiones de Black Sabbath como “Neon Knights” y “Paranoid” encendieron a la sala, mientras que el espíritu combativo apareció con un guiño a Fight. También hubo lugar para la potencia clásica de Judas Priest y el desparpajo punk de Sex Pistols, ampliando el mapa sonoro de influencias que moldearon su carrera.

Más que una “historia contada”, fue una historia ejecutada. Sin discursos entre tema y tema, la narrativa se construyó a través de riffs, líneas de bajo y coros coreados por un público que respondió con entusiasmo constante.

La banda que lo acompañó estuvo a la altura del desafío. Andrew Freeman aportó presencia escénica y oficio en las voces, manejando con solvencia un repertorio exigente. En guitarras, Andy Martongelli y Emmanuel López sostuvieron el peso con precisión y actitud, mientras que Adrián Espósito imprimió contundencia desde los parches. El resultado fue un bloque compacto, sin fisuras ni baches, enfocado en la ejecución y en mantener la intensidad de principio a fin.

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Cuando el reloj Casio marcó las 21:15  y por un lapso de 30 minutos, fue el turno de Viejo Blanco, trío hard rockero oriundo de Cañuelas. El show fue correcto en lo musical, con buenas canciones y actitud, aunque el volumen —extremadamente alto— terminó siendo un factor en contra. Incluso utilizando protección auditiva, la potencia resultó excesiva, especialmente para alguien que llegaba a su tercera fecha consecutiva con propuestas intensas. Quizás su estilo no era el más acorde para una jornada más marcada por el thrash, aunque dentro de una grilla diversa cumplieron con solidez. Mención especial para su joven baterista, con gran despliegue y energía constante detrás de los parches.

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