


El de Orange County, plaza habitual de las bandas de hardcore melódico, se ha convertido en un asiduo de las salas barcelonesas des del 2015 presentando su segundo álbum Glory Bound, cuando empezó a pisar el minúsculo escenario de ese templo musical llamado Rocksound, reducido a escombros por la voracidad inmobiliaria que reina en la ciudad hace unos cuantos años.
Desde aquel entonces Rob siguió visitando año tras año aquel santuario de la calle Almogavers, sin interrupción hasta 2019. Tras la pandemia, su número de seguidores aumentó, y pasó a salas como Upload (2022), o Wolf en 2024, para ahora duplicar esos números de asistencia, y rondar el lleno en una Razzmatazz 2, con capacidad aproximada de setecientas almas, algunas a las que ya sueles encontrar en primera línea de esta onda musical, o sorprendentemente, a otras asiduas a descargas del metal más extremo.
Su gira europea Heartbreaks & Last Goodbyes European Tour se divide en dos partes, una primaveral, y una segunda para el próximo octubre ambas concentradas en el Reino Unido y Centroeuropa, así como su paso por diversas poblaciones de la península ibérica, con un total de seis fechas que finalizan en Barcelona, en esta ocasión junto a la banda local invitada, The Sleeping Circus.
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Los catalanes demoraron su entrada unos diez minutos, a expensas de que la sala dos de Razzmatazz contara con algo más de presencia, debiendo iniciar su actuación ante poco más de un centenar de veteranos del rock’n’roll de la vieja escuela, y lo hicieron subidos en su “Red Chevy Corvette”, y galopando a lomos de “Horses”.
Su guitarra solista, Eddie Alpuente, preguntó en catalán si ya íbamos bien bebidos, y de lo contrario, induciéndonos al consumo de alcohol antes de atacar con “Hippie”, y con “Find Myself”, todas las mencionadas, pertenecientes a su álbum debut, y sobre el que sustentaron unos cuarenta vivaces y floridos minutos de directo.
Aparte de sus propias composiciones se marcaron un par de versiones de alcurnia, como el “Questions” de una banda californiana de los sesenta de escasa trayectoria, pero considerable legado como fueron Buffalo Springfield, o la final “Already Gone” de los también angelinos, Eagles, con mucho más recorrido, éxito, y extrema popularidad.
Pues nada mal, no nos adormilamos que ya es mucho, con esa propuesta, trasnochada quizás, que transmite ese rock de los 60-70’s, con poderosas influencias de gente más próxima en el vector espacio tiempo, como The Black Crowes, Coverdale, o Gary Moore en su más notoria faceta bluesman.
Con un retraso de treinta minutos sobre el horario previsto apareció Robert Jon y los suyos entonando esa sinfonía al dolor que abre su Ride Into the Light (2023), “Pain No More”, seguida por “Blame It on the Whiskey” con excelso e interminable solo de slide guitar a cargo de Henry James Schneekluth. Redoble acelerado de batería de Andrew Spantman, para rockear un poco con el single “Sittin’ Pretty”.
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Un pequeño receso para que Robert pueda pegarle un trago a una lata de cerveza, antes de bajar a lo más profundo con “Highway”, y volver a subir de octanaje con “Long Gone”, ambas desde su Heartbreaks & Last Goodbyes (2025). Una breve mención para los chicos de Sleeping Circus, antes de anunciarnos una nueva composición, la titulada “Arroyo”, con notable presencia a los teclados de Jack Abenarthie, y lanzada pocos días después de este concierto en la Ciudad Condal, e incluida en el nuevo álbum recopilatorio Wreckage Vol.3.
Introducción a base de bajo, batería y teclados para una relajada y ampulosa “Red Moon Rising”, pero con mucho groove, eso sí, y aderezada con fragmentos del “Eminence Front” de The Who. Cambio de coreografía con “Life Between The Lines”, que sonó eléctrica y correosa, con Abenarthie en plano purpleliano.
Agradecimientos de Robert Jon antes de recordar que es el último show de la gira estatal, y es como estar en casa, de ahí a una sentimental y melancólica “Bring me Back Home Again”. Cambio de tercio, y de guitarras para una celebradísima “Oh Miss Carolina”, para la que Robert Jon quiso provocarnos con la clásica rivalidad y enfrentamiento Madrid-Barcelona, aludiendo lo bien que la cantaron los madrileños, y que, tras una larga interpretación conjunta de banda y fans, R.J. concluyó que esa noche en la capital catalana fue mejor que la realizada en la sala But.
Rob cambia al agua, mientras Henry James afina su guitarra para deleitarnos por dieciséis minutos de un “Cold Night”, repleto de duelos instrumentales, palmas, coros y guitarras dobladas, con la que desaparecieron de escena tras tremenda ovación. Volvieron al cabo de un par de minutos por sonora petición popular, para despedirse definitivamente con “Do You Remember”.
Una noche para recordar en el tiempo con esta excelsa banda de músicos liderados por R. J. Burrison, que convierten lo complejo en fácil y natural, puede que demasiado, pero algo falto de expresividad, sentimiento, corazón y ternura, en unos noventa minutos de perfecta aleación de rock, blues y southern rock, pero como decía, demasiado perfecta y virtuosista quizás.



El de Orange County, plaza habitual de las bandas de hardcore melódico, se ha convertido en un asiduo de las salas barcelonesas des del 2015 presentando su segundo álbum Glory Bound, cuando empezó a pisar el minúsculo escenario de ese templo musical llamado Rocksound, reducido a escombros por la voracidad inmobiliaria que reina en la ciudad hace unos cuantos años.
Desde aquel entonces Rob siguió visitando año tras año aquel santuario de la calle Almogavers, sin interrupción hasta 2019. Tras la pandemia, su número de seguidores aumentó, y pasó a salas como Upload (2022), o Wolf en 2024, para ahora duplicar esos números de asistencia, y rondar el lleno en una Razzmatazz 2, con capacidad aproximada de setecientas almas, algunas a las que ya sueles encontrar en primera línea de esta onda musical, o sorprendentemente, a otras asiduas a descargas del metal más extremo.
Su gira europea Heartbreaks & Last Goodbyes European Tour se divide en dos partes, una primaveral, y una segunda para el próximo octubre ambas concentradas en el Reino Unido y Centroeuropa, así como su paso por diversas poblaciones de la península ibérica, con un total de seis fechas que finalizan en Barcelona, en esta ocasión junto a la banda local invitada, The Sleeping Circus.
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Los catalanes demoraron su entrada unos diez minutos, a expensas de que la sala dos de Razzmatazz contara con algo más de presencia, debiendo iniciar su actuación ante poco más de un centenar de veteranos del rock’n’roll de la vieja escuela, y lo hicieron subidos en su “Red Chevy Corvette”, y galopando a lomos de “Horses”.
Su guitarra solista, Eddie Alpuente, preguntó en catalán si ya íbamos bien bebidos, y de lo contrario, induciéndonos al consumo de alcohol antes de atacar con “Hippie”, y con “Find Myself”, todas las mencionadas, pertenecientes a su álbum debut, y sobre el que sustentaron unos cuarenta vivaces y floridos minutos de directo.
Aparte de sus propias composiciones se marcaron un par de versiones de alcurnia, como el “Questions” de una banda californiana de los sesenta de escasa trayectoria, pero considerable legado como fueron Buffalo Springfield, o la final “Already Gone” de los también angelinos, Eagles, con mucho más recorrido, éxito, y extrema popularidad.
Pues nada mal, no nos adormilamos que ya es mucho, con esa propuesta, trasnochada quizás, que transmite ese rock de los 60-70’s, con poderosas influencias de gente más próxima en el vector espacio tiempo, como The Black Crowes, Coverdale, o Gary Moore en su más notoria faceta bluesman.
Con un retraso de treinta minutos sobre el horario previsto apareció Robert Jon y los suyos entonando esa sinfonía al dolor que abre su Ride Into the Light (2023), “Pain No More”, seguida por “Blame It on the Whiskey” con excelso e interminable solo de slide guitar a cargo de Henry James Schneekluth. Redoble acelerado de batería de Andrew Spantman, para rockear un poco con el single “Sittin’ Pretty”.
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Un pequeño receso para que Robert pueda pegarle un trago a una lata de cerveza, antes de bajar a lo más profundo con “Highway”, y volver a subir de octanaje con “Long Gone”, ambas desde su Heartbreaks & Last Goodbyes (2025). Una breve mención para los chicos de Sleeping Circus, antes de anunciarnos una nueva composición, la titulada “Arroyo”, con notable presencia a los teclados de Jack Abenarthie, y lanzada pocos días después de este concierto en la Ciudad Condal, e incluida en el nuevo álbum recopilatorio Wreckage Vol.3.
Introducción a base de bajo, batería y teclados para una relajada y ampulosa “Red Moon Rising”, pero con mucho groove, eso sí, y aderezada con fragmentos del “Eminence Front” de The Who. Cambio de coreografía con “Life Between The Lines”, que sonó eléctrica y correosa, con Abenarthie en plano purpleliano.
Agradecimientos de Robert Jon antes de recordar que es el último show de la gira estatal, y es como estar en casa, de ahí a una sentimental y melancólica “Bring me Back Home Again”. Cambio de tercio, y de guitarras para una celebradísima “Oh Miss Carolina”, para la que Robert Jon quiso provocarnos con la clásica rivalidad y enfrentamiento Madrid-Barcelona, aludiendo lo bien que la cantaron los madrileños, y que, tras una larga interpretación conjunta de banda y fans, R.J. concluyó que esa noche en la capital catalana fue mejor que la realizada en la sala But.
Rob cambia al agua, mientras Henry James afina su guitarra para deleitarnos por dieciséis minutos de un “Cold Night”, repleto de duelos instrumentales, palmas, coros y guitarras dobladas, con la que desaparecieron de escena tras tremenda ovación. Volvieron al cabo de un par de minutos por sonora petición popular, para despedirse definitivamente con “Do You Remember”.
Una noche para recordar en el tiempo con esta excelsa banda de músicos liderados por R. J. Burrison, que convierten lo complejo en fácil y natural, puede que demasiado, pero algo falto de expresividad, sentimiento, corazón y ternura, en unos noventa minutos de perfecta aleación de rock, blues y southern rock, pero como decía, demasiado perfecta y virtuosista quizás.
















