


Ópera Magna es una banda muy querida en la capital, aunque nos visiten poco, y esta noche se había anunciado un completo sold out. Es por eso que desde muy temprano se acumulaban los primeros valientes a las puertas del club Rockville. Nervios y alegría removían a los congregados, que corrieron al frente de la alargada sala en cuanto se abrieron las puertas. Apenas cabían unas diez o doce personas en cada fila y allí se fueron situando los más devotos, dispuestos a esperar lo que hiciera falta para disfrutar de una de las mejores bandas del metal sinfónico que ha dado nuestro país.
Los encargados de abrir el evento fueron los también valencianos Astral Experience. Lo que significa que el batería Juan Lahuerta, que integra ambos proyectos, iba a tener una noche de aúpa. Pero él es incansable e hizo que incluso pareciera sencillo desplegar tanta energía sobre el escenario.
La experiencia astral comenzó con un inserto techno que animó mucho a la audiencia, para después golpear con un metalcore pesado e interesante, con toques progresivos. Exploraron la disonancia, tanto en lo instrumental como en la combinación de dos vocalistas, para limpios y guturales.
La banda, que se fundó hace más de diez años con un planteamiento más cercano al progpower, ha evolucionado bastante desde entonces, con un resurgimiento importante a partir de 2024. Su vocalista habitual es el carismático Ovidi Bea: un frontman experimentado, quien ahora comparte generosamente las voces con el recién incorporado Jaime “Jaiscream”, encargado de los mencionados guturales. Han compuesto nuevas canciones pensando ya en dos micros (como “Versus”, una de las más nuevas), o incluso diría que tres, ya que el guitarrista, Rubén Albaladejo, realiza bonitos coros, además de hacer verdaderas virguerías en sus técnicos solos.
Les acompañaba para el directo el bajista Jesús Parejo y debo decir que su presencia tanto en el sonido, como en el escenario, son muy potentes. Además se prodigó en tapping y palm mutes, para acentuar el carácter djent que también explora la banda.
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Causaron una muy buena impresión y se ganaron un buen puñado de fans, que iluminaron la sala con sus móviles en “A Tu Lado” y brincaron hasta el techo en varias ocasiones. La versión del “Get Lucky” de Daft Punk sorprendió positivamente, recuperando los insertos techno del comienzo de la actuación.
Salvo por algún problema técnico con el micro de Ovidi, que nos dificultó en un par de temas escuchar su hermosa voz, hicieron un gran trabajo calentando al público. Jaiscream se esforzó por implicar a la audiencia e incluso se mezcló con el público, bajando a cantar junto a él: consiguió abrir las aguas del Mar Rojo, que rápidamente volvieron a cerrarse ya que nadie quería perder su puesto al frente de la sala, ante la inminente entrada de Ópera Magna.
Tras un intermedio para cambiar el equipo, en el que Juan Lahuerta aprovechó para refrescarse y metamorfosearse en el batería de Ópera Magna, la banda entró en el pequeño escenario, que temblaba por los vítores del público. Se sumaron progresivamente: Nacho Sánchez a los teclados, Enrique Mompó y F. Javier Nula a las guitarras, Alejandro Penella al bajo y, finalmente, con la mayor ovación si cabe, el vocalista José Vicente Broseta.
Una bienvenida muy cálida y esperada, que se extendió las casi dos horas que duró el set, pues el público demostró su devoción en cada minuto de la actuación: alabando y haciendo reverencias a la banda, intercambiando saludos y sobre todo, cantando todas y cada una de las canciones.
Y es que el público cantó las letras, cantó los solos y tarareó las melodías. Todo el grupo estaba visiblemente encantado. José Broseta tuvo que parar en alguna ocasión para decir con una gran sonrisa: “si es que os las sabéis mejor que yo”.
Realizaron un set tremendamente generoso, intercalando los temas más emblemáticos de su último disco, Heroica, con los de Poe, cuyo 15º aniversario es el motivo principal de la gira. Y desde luego, también tocaron sus grandes éxitos, muchos de los pertenecientes a su trilogía Del Amor y otros Demonios. Parafraseo una conversación escuchada entre el público, pues creo que es muy acertada: “no dejan de tocar temazos” decía un amigo “es que solo tienen temazos” le contestaba el otro.
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Por todo ello, es difícil señalar un momento álgido en este concierto; mantuvieron la sala en alto en todo momento. Aunque sí debo destacar la colaboración de Mar López, violinista de Circe, en “El momento y la eternidad”, adornando aún más, con su música y su carismática presencia una composición muy hermosa. También presente en la sala estaba Joaquín Padilla, que no actuó, pero que es amigo de la banda y les da cabida en su proyecto Legado De Una Tragedia: fue saludado desde el escenario.
Cada uno de los miembros de la banda tuvo su momento de oro. Es todo un placer presenciar los solos de Javier Nula: elásticos y cristalinos. Nacho Sánchez hizo las delicias de todos con su teclado, sobre todo en la intro de “El retrato oval”. Alejandro Penella, muy dinámico, me hipnotizó tocando sus particulares cuerdas de bajo color rosa neón, y Enrique Mompó, con su larga melena rizada acariciando su sonrisa, nos ofreció una magnífica guitarra rítmica, así como emocionantes coros. Se vieron en todo momento muy arropados por el calor del público.
Hacia el final de la actuación, la banda bromeó con la audiencia y preguntó si adivinarían las últimas canciones, cosa que hicieron infaliblemente. También retaron a Broseta a cantar “El Último Caballero”, pero eso deberá ser en otra ocasión.
Generosos hasta el final, la banda emplazó a sus fans para saludarse tras la actuación, cosa que hicieron en cuanto hubieron recogido el equipo. Todo el mundo quedó satisfecho.
En resumen, un llenazo en toda regla. Una experiencia de amor y devoción en la que el público no sólo acudía a escuchar las canciones sino a cantarlas con toda la banda y vivirlas con ellos.
Que Ópera Magna, una banda tan querida, tan experimentada y con tanta calidad musical, no esté girando por más y más grandes salas de toda la geografía española, me hace entristecerme un poco por el panorama de la industria musical en España. Pero afortunadamente este año aún les quedan varias fechas por delante: Murcia el 22 de mayo, Bilbao el 30, Valencia en julio (junto a Warcry), Castrillo Metal Fest en agosto y finalmente Alicante en diciembre para el festival Desolation.




Ópera Magna es una banda muy querida en la capital, aunque nos visiten poco, y esta noche se había anunciado un completo sold out. Es por eso que desde muy temprano se acumulaban los primeros valientes a las puertas del club Rockville. Nervios y alegría removían a los congregados, que corrieron al frente de la alargada sala en cuanto se abrieron las puertas. Apenas cabían unas diez o doce personas en cada fila y allí se fueron situando los más devotos, dispuestos a esperar lo que hiciera falta para disfrutar de una de las mejores bandas del metal sinfónico que ha dado nuestro país.
Los encargados de abrir el evento fueron los también valencianos Astral Experience. Lo que significa que el batería Juan Lahuerta, que integra ambos proyectos, iba a tener una noche de aúpa. Pero él es incansable e hizo que incluso pareciera sencillo desplegar tanta energía sobre el escenario.
La experiencia astral comenzó con un inserto techno que animó mucho a la audiencia, para después golpear con un metalcore pesado e interesante, con toques progresivos. Exploraron la disonancia, tanto en lo instrumental como en la combinación de dos vocalistas, para limpios y guturales.
La banda, que se fundó hace más de diez años con un planteamiento más cercano al progpower, ha evolucionado bastante desde entonces, con un resurgimiento importante a partir de 2024. Su vocalista habitual es el carismático Ovidi Bea: un frontman experimentado, quien ahora comparte generosamente las voces con el recién incorporado Jaime “Jaiscream”, encargado de los mencionados guturales. Han compuesto nuevas canciones pensando ya en dos micros (como “Versus”, una de las más nuevas), o incluso diría que tres, ya que el guitarrista, Rubén Albaladejo, realiza bonitos coros, además de hacer verdaderas virguerías en sus técnicos solos.
Les acompañaba para el directo el bajista Jesús Parejo y debo decir que su presencia tanto en el sonido, como en el escenario, son muy potentes. Además se prodigó en tapping y palm mutes, para acentuar el carácter djent que también explora la banda.
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Causaron una muy buena impresión y se ganaron un buen puñado de fans, que iluminaron la sala con sus móviles en “A Tu Lado” y brincaron hasta el techo en varias ocasiones. La versión del “Get Lucky” de Daft Punk sorprendió positivamente, recuperando los insertos techno del comienzo de la actuación.
Salvo por algún problema técnico con el micro de Ovidi, que nos dificultó en un par de temas escuchar su hermosa voz, hicieron un gran trabajo calentando al público. Jaiscream se esforzó por implicar a la audiencia e incluso se mezcló con el público, bajando a cantar junto a él: consiguió abrir las aguas del Mar Rojo, que rápidamente volvieron a cerrarse ya que nadie quería perder su puesto al frente de la sala, ante la inminente entrada de Ópera Magna.
Tras un intermedio para cambiar el equipo, en el que Juan Lahuerta aprovechó para refrescarse y metamorfosearse en el batería de Ópera Magna, la banda entró en el pequeño escenario, que temblaba por los vítores del público. Se sumaron progresivamente: Nacho Sánchez a los teclados, Enrique Mompó y F. Javier Nula a las guitarras, Alejandro Penella al bajo y, finalmente, con la mayor ovación si cabe, el vocalista José Vicente Broseta.
Una bienvenida muy cálida y esperada, que se extendió las casi dos horas que duró el set, pues el público demostró su devoción en cada minuto de la actuación: alabando y haciendo reverencias a la banda, intercambiando saludos y sobre todo, cantando todas y cada una de las canciones.
Y es que el público cantó las letras, cantó los solos y tarareó las melodías. Todo el grupo estaba visiblemente encantado. José Broseta tuvo que parar en alguna ocasión para decir con una gran sonrisa: “si es que os las sabéis mejor que yo”.
Realizaron un set tremendamente generoso, intercalando los temas más emblemáticos de su último disco, Heroica, con los de Poe, cuyo 15º aniversario es el motivo principal de la gira. Y desde luego, también tocaron sus grandes éxitos, muchos de los pertenecientes a su trilogía Del Amor y otros Demonios. Parafraseo una conversación escuchada entre el público, pues creo que es muy acertada: “no dejan de tocar temazos” decía un amigo “es que solo tienen temazos” le contestaba el otro.
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Por todo ello, es difícil señalar un momento álgido en este concierto; mantuvieron la sala en alto en todo momento. Aunque sí debo destacar la colaboración de Mar López, violinista de Circe, en “El momento y la eternidad”, adornando aún más, con su música y su carismática presencia una composición muy hermosa. También presente en la sala estaba Joaquín Padilla, que no actuó, pero que es amigo de la banda y les da cabida en su proyecto Legado De Una Tragedia: fue saludado desde el escenario.
Cada uno de los miembros de la banda tuvo su momento de oro. Es todo un placer presenciar los solos de Javier Nula: elásticos y cristalinos. Nacho Sánchez hizo las delicias de todos con su teclado, sobre todo en la intro de “El retrato oval”. Alejandro Penella, muy dinámico, me hipnotizó tocando sus particulares cuerdas de bajo color rosa neón, y Enrique Mompó, con su larga melena rizada acariciando su sonrisa, nos ofreció una magnífica guitarra rítmica, así como emocionantes coros. Se vieron en todo momento muy arropados por el calor del público.
Hacia el final de la actuación, la banda bromeó con la audiencia y preguntó si adivinarían las últimas canciones, cosa que hicieron infaliblemente. También retaron a Broseta a cantar “El Último Caballero”, pero eso deberá ser en otra ocasión.
Generosos hasta el final, la banda emplazó a sus fans para saludarse tras la actuación, cosa que hicieron en cuanto hubieron recogido el equipo. Todo el mundo quedó satisfecho.
En resumen, un llenazo en toda regla. Una experiencia de amor y devoción en la que el público no sólo acudía a escuchar las canciones sino a cantarlas con toda la banda y vivirlas con ellos.
Que Ópera Magna, una banda tan querida, tan experimentada y con tanta calidad musical, no esté girando por más y más grandes salas de toda la geografía española, me hace entristecerme un poco por el panorama de la industria musical en España. Pero afortunadamente este año aún les quedan varias fechas por delante: Murcia el 22 de mayo, Bilbao el 30, Valencia en julio (junto a Warcry), Castrillo Metal Fest en agosto y finalmente Alicante en diciembre para el festival Desolation.





















