


El grindcore es un género que tuvo una evolución muy grande. Empezando como una excusa para tocar rápido y pesado, supo mezclarse con otros géneros y lograr nuevas identidades. Entre estos ejemplos tenemos su mezcla con el death metal y con otros géneros alejados como la electrónica, el jazz o el ska. Eso hizo que ganase una base de fans muy leal y que, aún hoy en día, 40 años después de su creación, siga generando nuevos exponentes que continúan aportando a la diversidad del género.
Uno de los mayores representantes es Full of Hell, grupo estadounidense que mezcla grindcore con death metal, noise y muchos otros elementos, según sean requeridos. Lo principal es la consola de sonidos que usa el micrófono. La mayoría de los efectos están en la voz, pero hay otros que suenan por su cuenta. Estos se encuentran de gira presentando sus últimos trabajos: el disco de 2024 Coagulated Bliss y su EP de 2025, Broken Sword, Rotten Shield.
Como acompañantes del tour, eligieron bandas que practican distintos géneros del hardcore extremo, por lo que la velada en Lille Vega fue variada y entretenida. Los primeros fueron los polacos de Jad, quienes ejecutaron un hardcore punk muy pesado y distorsionado, con voces gritadas al extremo y ritmos muy rápidos, pero que tenían un espíritu punk bailable muy presente. La presentación fue entretenida y corta, con bloques de tres canciones tocadas seguidas y una pausa para tomar agua y hacer chistes con el público. Un buen inicio.
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La segunda banda fue Jarhead Fertilizer, quienes llevaron la velocidad y el peso de la música a niveles mucho más altos. Lo suyo era una mezcla de grindcore y death metal visceral: cruda, violenta y elaborada. El vocalista principal, también baterista, pasaba de growls profundos y densos a gritos agudos, mientras que los guitarristas apoyaban con voces más gritadas. Las canciones eran cortas, pero contaban con muchas partes. Estas fluían con naturalidad y daban la sensación de ser más largas de lo que eran. Tras una presentación que apenas pasó la media hora, se retiraron ovacionados.
Para la hora de The Body, la velocidad bajó muchos escalones, pero no así la distorsión y la violencia. El dúo contaba con un baterista súper talentoso, que se encargó de llevar el ritmo y de darle vida a los lentos y colgados riffs de guitarra. Este músico demostró ser un estudioso del instrumento, mostrando influencias de otros estilos, especialmente el jazz y el rock progresivo. La guitarra era lenta, sucia, distorsionada y generadora de acoples que se iban transformando en riffs pesadísimos. El punto en contra de la presentación fue que la voz estaba muy baja. Esta aparecía poco, y se entiende que buscaban enterrarla en la mezcla para que no se robe el protagonismo, pero, a mi parecer, hubiera quedado mucho mejor si los gritos hubieran sido ensordecedores. Dejando de lado este detalle, lograron sumergir a la gente en un viaje pausado y ruidoso.
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Llegó la hora del plato principal y el entusiasmo era mayor. Esto se reflejó en la respuesta del público, que ni bien comenzó la música armó un pit enorme y agresivo. La banda lo correspondió dándolo todo en el escenario, tanto técnica como energéticamente. Durante todo momento se movieron y arengaban a la gente, sobre todo el vocalista, quien cantó muy cerca del público y hacía gestos teatrales para atraer la atención.
Técnicamente la banda sonó como un reloj, muy a tiempo y desplegando una ejecución sólida, contundente y que se escapaba de un show tradicional del estilo. Más allá de los momentos musicales donde bajaron la velocidad y buscaron un sonido más atmosférico, se dieron el lujo de contar con un colosal solo de batería. El sonido fue muy bueno, pero tuvo una particularidad: la casi ausencia de la voz. Los instrumentos sonaron potentes, en el volumen y la definición correctos, pero la voz se escuchaba muy poco. Esto afectó el resultado del concierto, ya que una banda que experimenta tanto con las vocales, sonando sin ellas, dejó la sensación de estar incompleta.
Sin embargo, la mayor parte de la gente disfrutó de la energía y de los instrumentos, por lo que los estadounidenses se fueron muy aplaudidos. Full of Hell demostró en vivo que puede ser uno de los mayores exponentes del género, aunque lamentablemente deben resolver detalles en cuanto al sonido para alcanzar ese lugar.
Etiquetas: Copenhague, Death Metal, Death/Grindcore, Full of Hell, Grindcore, Hardcore Punk, JAD, Jarhead Fertilizer, Live Nation DK, Sludge Metal, The Body, Vega


El grindcore es un género que tuvo una evolución muy grande. Empezando como una excusa para tocar rápido y pesado, supo mezclarse con otros géneros y lograr nuevas identidades. Entre estos ejemplos tenemos su mezcla con el death metal y con otros géneros alejados como la electrónica, el jazz o el ska. Eso hizo que ganase una base de fans muy leal y que, aún hoy en día, 40 años después de su creación, siga generando nuevos exponentes que continúan aportando a la diversidad del género.
Uno de los mayores representantes es Full of Hell, grupo estadounidense que mezcla grindcore con death metal, noise y muchos otros elementos, según sean requeridos. Lo principal es la consola de sonidos que usa el micrófono. La mayoría de los efectos están en la voz, pero hay otros que suenan por su cuenta. Estos se encuentran de gira presentando sus últimos trabajos: el disco de 2024 Coagulated Bliss y su EP de 2025, Broken Sword, Rotten Shield.
Como acompañantes del tour, eligieron bandas que practican distintos géneros del hardcore extremo, por lo que la velada en Lille Vega fue variada y entretenida. Los primeros fueron los polacos de Jad, quienes ejecutaron un hardcore punk muy pesado y distorsionado, con voces gritadas al extremo y ritmos muy rápidos, pero que tenían un espíritu punk bailable muy presente. La presentación fue entretenida y corta, con bloques de tres canciones tocadas seguidas y una pausa para tomar agua y hacer chistes con el público. Un buen inicio.
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La segunda banda fue Jarhead Fertilizer, quienes llevaron la velocidad y el peso de la música a niveles mucho más altos. Lo suyo era una mezcla de grindcore y death metal visceral: cruda, violenta y elaborada. El vocalista principal, también baterista, pasaba de growls profundos y densos a gritos agudos, mientras que los guitarristas apoyaban con voces más gritadas. Las canciones eran cortas, pero contaban con muchas partes. Estas fluían con naturalidad y daban la sensación de ser más largas de lo que eran. Tras una presentación que apenas pasó la media hora, se retiraron ovacionados.
Para la hora de The Body, la velocidad bajó muchos escalones, pero no así la distorsión y la violencia. El dúo contaba con un baterista súper talentoso, que se encargó de llevar el ritmo y de darle vida a los lentos y colgados riffs de guitarra. Este músico demostró ser un estudioso del instrumento, mostrando influencias de otros estilos, especialmente el jazz y el rock progresivo. La guitarra era lenta, sucia, distorsionada y generadora de acoples que se iban transformando en riffs pesadísimos. El punto en contra de la presentación fue que la voz estaba muy baja. Esta aparecía poco, y se entiende que buscaban enterrarla en la mezcla para que no se robe el protagonismo, pero, a mi parecer, hubiera quedado mucho mejor si los gritos hubieran sido ensordecedores. Dejando de lado este detalle, lograron sumergir a la gente en un viaje pausado y ruidoso.
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Llegó la hora del plato principal y el entusiasmo era mayor. Esto se reflejó en la respuesta del público, que ni bien comenzó la música armó un pit enorme y agresivo. La banda lo correspondió dándolo todo en el escenario, tanto técnica como energéticamente. Durante todo momento se movieron y arengaban a la gente, sobre todo el vocalista, quien cantó muy cerca del público y hacía gestos teatrales para atraer la atención.
Técnicamente la banda sonó como un reloj, muy a tiempo y desplegando una ejecución sólida, contundente y que se escapaba de un show tradicional del estilo. Más allá de los momentos musicales donde bajaron la velocidad y buscaron un sonido más atmosférico, se dieron el lujo de contar con un colosal solo de batería. El sonido fue muy bueno, pero tuvo una particularidad: la casi ausencia de la voz. Los instrumentos sonaron potentes, en el volumen y la definición correctos, pero la voz se escuchaba muy poco. Esto afectó el resultado del concierto, ya que una banda que experimenta tanto con las vocales, sonando sin ellas, dejó la sensación de estar incompleta.
Sin embargo, la mayor parte de la gente disfrutó de la energía y de los instrumentos, por lo que los estadounidenses se fueron muy aplaudidos. Full of Hell demostró en vivo que puede ser uno de los mayores exponentes del género, aunque lamentablemente deben resolver detalles en cuanto al sonido para alcanzar ese lugar.
Etiquetas: Copenhague, Death Metal, Death/Grindcore, Full of Hell, Grindcore, Hardcore Punk, JAD, Jarhead Fertilizer, Live Nation DK, Sludge Metal, The Body, Vega








