


El lunes 11 de mayo se congregaron en el cine Cinesa Proyecciones de Madrid un buen puñado de ilusionados fans, así como bastantes caras conocidas de la prensa especializada, para ver el preestreno del documental autobiográfico de la “Dama de Hierro”.
Una película imprescindible tanto para los seguidores de la banda, como para cualquier aficionado al hard rock o al heavy metal, ya que retrata no sólo el ascenso de los londinenses, sino también en parte el desarrollo de la escena y de la industria, así como las aportaciones que hace el arte de la música al espíritu humano, sobre todo entre aquellos que más lo necesitan: las almas oprimidas, sea por un régimen totalitario, por una crisis económica, o por impuestas convicciones religiosas o ideológicas.
Y es que Iron Maiden ha sido, es y siempre será una banda capaz de unir al mundo. Más que nunca en 2026 necesitamos ese espíritu de unidad, que se marca como protagonista desde el minuto uno de la cinta.
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El director, Malcolm Venville, conocido por otros biopics de personajes históricos como Churchill, Roosevelt o Abraham Lincoln, hace un excelente trabajo, basado casi por entero en testimonios de viva voz de los miembros actuales y pasados de la banda, así como del uso de metraje auténtico, nunca recreado, que data desde los orígenes de la banda hasta la actualidad. A ese material se han sumado entrevistas con algunos fans destacados de todo el mundo, seleccionados o bien porque estuvieron presentes en los momentos más icónicos de la historia del grupo (su paso por Polonia en 1984, su llegada a algunas tiendas de discos en el Líbano, el macroconcierto de Rock in Rio…), o bien por su relevancia en la industria cultural, convocando a personajes tan variados como Javier Bardem, Lars Ulrich, Gene Simmons, Tom Morello o Chuck D.
El documental destaca por su naturalidad y autenticidad al recorrer hechos importantes de la historia de la banda, como los cambios entre los miembros del grupo o el cáncer de garganta que atravesó Bruce Dickinson. A través de ellos podemos conocer mejor la personalidad de cada uno de los músicos, su talento, su ambición, sus dificultades para expresar sus sentimientos, su bagaje como chicos del East End… y los lazos de amistad que los unen, incluso en los momentos de tensión, podemos ver su postura crítica ante las injusticias del poder, que se presenta, no como una afirmación política, sino como fruto de la pura lógica.
También es un canto a la relevancia del arte, tanto en forma de música como a nivel visual, resaltando la figura de Eddie y de su creador, Derek Riggs, así como la importancia del espectáculo y la grandeza de los conciertos, como catarsis y alimento del alma.
Aunque la cinta es minuciosa y presenta anécdotas tanto populares como otras poco conocidas, también pasa de largo ciertos aspectos que podrían ser relevantes para un estudioso de la época, para centrarse en las vivencias y el punto de vista de los artistas.
Con un buen ritmo e intercalando emocionantes piezas de las canciones más icónicas (en algunos casos mezclas inéditas y sonidos provenientes de ensayos), es un canto de amor a una de las mayores bandas que hayan existido nunca y también un homenaje a su público, a quien llaman a la unidad y la solidaridad: da igual quién seas, si eres fan de Iron Maiden, eres parte de una gran familia.



El lunes 11 de mayo se congregaron en el cine Cinesa Proyecciones de Madrid un buen puñado de ilusionados fans, así como bastantes caras conocidas de la prensa especializada, para ver el preestreno del documental autobiográfico de la “Dama de Hierro”.
Una película imprescindible tanto para los seguidores de la banda, como para cualquier aficionado al hard rock o al heavy metal, ya que retrata no sólo el ascenso de los londinenses, sino también en parte el desarrollo de la escena y de la industria, así como las aportaciones que hace el arte de la música al espíritu humano, sobre todo entre aquellos que más lo necesitan: las almas oprimidas, sea por un régimen totalitario, por una crisis económica, o por impuestas convicciones religiosas o ideológicas.
Y es que Iron Maiden ha sido, es y siempre será una banda capaz de unir al mundo. Más que nunca en 2026 necesitamos ese espíritu de unidad, que se marca como protagonista desde el minuto uno de la cinta.
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El director, Malcolm Venville, conocido por otros biopics de personajes históricos como Churchill, Roosevelt o Abraham Lincoln, hace un excelente trabajo, basado casi por entero en testimonios de viva voz de los miembros actuales y pasados de la banda, así como del uso de metraje auténtico, nunca recreado, que data desde los orígenes de la banda hasta la actualidad. A ese material se han sumado entrevistas con algunos fans destacados de todo el mundo, seleccionados o bien porque estuvieron presentes en los momentos más icónicos de la historia del grupo (su paso por Polonia en 1984, su llegada a algunas tiendas de discos en el Líbano, el macroconcierto de Rock in Rio…), o bien por su relevancia en la industria cultural, convocando a personajes tan variados como Javier Bardem, Lars Ulrich, Gene Simmons, Tom Morello o Chuck D.
El documental destaca por su naturalidad y autenticidad al recorrer hechos importantes de la historia de la banda, como los cambios entre los miembros del grupo o el cáncer de garganta que atravesó Bruce Dickinson. A través de ellos podemos conocer mejor la personalidad de cada uno de los músicos, su talento, su ambición, sus dificultades para expresar sus sentimientos, su bagaje como chicos del East End… y los lazos de amistad que los unen, incluso en los momentos de tensión, podemos ver su postura crítica ante las injusticias del poder, que se presenta, no como una afirmación política, sino como fruto de la pura lógica.
También es un canto a la relevancia del arte, tanto en forma de música como a nivel visual, resaltando la figura de Eddie y de su creador, Derek Riggs, así como la importancia del espectáculo y la grandeza de los conciertos, como catarsis y alimento del alma.
Aunque la cinta es minuciosa y presenta anécdotas tanto populares como otras poco conocidas, también pasa de largo ciertos aspectos que podrían ser relevantes para un estudioso de la época, para centrarse en las vivencias y el punto de vista de los artistas.
Con un buen ritmo e intercalando emocionantes piezas de las canciones más icónicas (en algunos casos mezclas inéditas y sonidos provenientes de ensayos), es un canto de amor a una de las mayores bandas que hayan existido nunca y también un homenaje a su público, a quien llaman a la unidad y la solidaridad: da igual quién seas, si eres fan de Iron Maiden, eres parte de una gran familia.











