


Foto de portada: Masters of Rock
Como amante de la música, reconozco que ella me ha ayudado en momentos muy difíciles y me ha dado algunas de las alegrías más grandes de mi vida. Por eso mismo decidí hacer un viaje exprés al Masters of Rock, en Vizovice, un pequeño pueblo ubicado en el hermoso país de la República Checa. En el último día de este evento se presentaron varias bandas, aunque las principales fueron The Gathering, Lordi, Slaughter to Prevail y Marilyn Manson.
Esta jornada también contó con una gran dosis de aventura, tanto a la ida como a la vuelta. La ciudad grande más cercana, donde además me hospedé, era Brno, ubicada a casi tres horas de viaje del festival. Como si esto fuera poco, el transporte era escaso y muy espaciado, por lo que terminé llegando muy temprano al predio.
El festival se realizaba en el patio de una fábrica de licores llamada R. Jelínek. El lugar estaba, literalmente, al lado de la ruta, por lo que las carpas donde acampaban los asistentes se encontraban junto a la banquina. En las afueras del predio había puestos de comida y bebida independientes del festival, mientras que el evento también contaba con sus propios puestos en el interior. Para consumir allí era necesario cargar dinero en una pulsera y pagar con ella, un sistema similar al utilizado en festivales como Wacken Open Air o Hellfest.
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El evento contó con un único escenario, grande, imponente y bautizado con un nombre glorioso: “Ronnie James Dio”. Un homenaje al mejor cantante de Heavy Metal de la historia y al creador de nuestro símbolo, la mano cornuta.
La primera banda que llegué a ver fue Crucified Barbara, grupo sueco de Heavy Metal clásico integrado por cuatro mujeres. Desafortunadamente, su presentación fue cancelada debido a una tormenta que duró aproximadamente una hora. Durante ese tiempo, la zona cercana al escenario permaneció cerrada por cuestiones de seguridad.
Una vez finalizada la lluvia, el escenario fue tomado por los alemanes Enemy Inside.
Si bien la banda mostró mucha energía y carisma, sobre todo su vocalista, la música no logró convencerme. Metalcore genérico, con estribillos empalagosos y breakdowns aburridos.
Por suerte, el nivel musical subió hasta el cielo con la presentación de The Gathering. El grupo fundamental para el desarrollo del Gothic Metal se encuentra girando junto a su cantante clásica, Anneke van Giersbergen, para celebrar los treinta años del mítico Mandylion. Por ese motivo, el repertorio estuvo compuesto mayoritariamente por canciones de ese álbum, además de clásicos pertenecientes a otros trabajos grabados junto a la vocalista.
TAMBIEN TE PUEDE INTERESAR: Copenhell 2026 – Día 2: “Una jornada demoledora bajo el sol danés”
Con una pantalla que acompañaba cada tema mediante visualizaciones y un sonido increíble, la banda desplegó todos sus clásicos.
Por momentos sonaron realmente pesados; por otros, relajantes. Pero siempre con esa cuota de melancolía tan característica de su música.
La interpretación de todos los músicos fue impecable y muy fiel al material original. Sin embargo, quien se llevó todas las miradas fue Anneke van Giersbergen. Una mujer dulce y encantadora, con una energía tan linda que resulta contagiosa. Y ni hablar de su voz: canta igual que hace treinta años.
Como ya mencioné, todo el setlist fue una maravilla. Pero debo destacar el enorme final compuesto por “Strange Machines” y “Saturnine”. La primera, pesada y oscura, con un estribillo épico para cantar con el puño en alto. La segunda, emotiva y dolorosa, cuyo estribillo generó un nudo en la garganta de todos los presentes. Ese sentimiento terminó explotando cuando el público siguió coreando la melodía final incluso después de terminada la canción.
Un concierto increíble y hermoso. De esos que uno espera durante mucho tiempo y recuerda con muchísimo cariño.
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Los siguientes fueron los finlandeses Lordi, quienes también estaban de aniversario. En este caso, celebrando los veinte años de The Arockalypse, el disco que los hizo conocidos en toda Europa tras su histórica victoria en Eurovisión 2006.
Tras una larga introducción, dieron comienzo con “Bringing Back the Balls to Rock”, demostrando muchísima energía y espectacularidad.
Desafortunadamente, hubo algunos problemas técnicos y de sonido, especialmente con una de las guitarras. Si bien fueron solucionados, volvieron a aparecer más adelante. El sonido nunca terminó de estar a la altura del resto de las bandas del festival.
Dejando eso de lado, el show fue realmente muy divertido. No solo por sus canciones pegadizas y hard rockeras, sino también por la constante interacción con el público.
Visualmente fue todavía mejor. No bastaba con ver a cinco monstruos tocando sus instrumentos. También hubo fuego, lanzallamas, humo, pirotecnia, muñecos, efectos prácticos y toda clase de sorpresas. Aparecieron desde Regan, de El Exorcista, hasta Leatherface, mientras que Mr. Lordi desplegó unas enormes alas sobre el escenario.
El final llegó a puro clásico con “Devil Is a Loser” y “Would You Love a Monsterman?”, las únicas pertenecientes a otro álbum. Y, por supuesto, el cierre definitivo fue con “Hard Rock Hallelujah”, el himno que los llevó a la fama y que todo el festival cantó de principio a fin.
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El primero de los headliners fue Slaughter to Prevail, una banda que viene creciendo con muchísima fuerza gracias a la violencia de su propuesta y de sus shows en vivo.
Como gran amante y conocedor de los géneros extremos, solo necesité dos canciones para entender por qué esta banda no me gusta: me resulta vacía.
Su mensaje consiste en ser violentos porque sí, sin utilizar esa violencia como un medio para transmitir una idea. Es simplemente un tipo gritando pavadas.
Eso también se traslada al aspecto musical. No encontré un solo riff memorable, ni un breakdown que no resultara genérico y, lo peor e imperdonable para mí, ningún pasaje con blast beats realmente recordable.
La música extrema necesita contenido y mensaje. Tiene que canalizar la agresión y la oscuridad para construir un lenguaje musical y lírico que invite a la transgresión y al cuestionamiento desde un lugar inteligente. Porque, de lo contrario, termina siendo simplemente un grupo de personas haciendo ruido y gritando estupideces. Y esa es justamente la sensación que me dejó esta banda.
Llegó entonces la hora del broche de oro. No solo de la jornada, sino del festival entero.
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Tras una larga introducción musicalizada con el temazo “Bela Lugosi’s Dead” de Bauhaus, los músicos salieron a escena. Cuando comenzaron a sonar los primeros acordes de “Nod If You Understand”, el Reverendo hizo su aparición.
Durante esa primera canción ya pude sacar varias conclusiones que se mantuvieron durante todo el concierto.
La primera es que la banda está en llamas. Sonó clara, prolija y contundente. No hubo errores ni actitudes extrañas o poco profesionales, como lamentablemente era habitual algunos años atrás.
Y eso se reflejó en la confianza que Marilyn Manson deposita hoy en sus músicos. Les da protagonismo, espacio y personalidad. Ya no parecen simples sesionistas, sino una verdadera banda de rock.
La segunda conclusión estuvo relacionada con el sonido. En otras oportunidades también había sido un problema. Esta vez fue perfecto.
Y la tercera, la más importante de todas: los rumores eran ciertos. Marilyn Manson volvió.
Es increíble lo bien que está. Honestamente no sé qué hizo, pero parece haber rejuvenecido veinte años. Está cantando como en la época de los 2000.
Por suerte quedaron atrás aquellos shows donde olvidaba las letras, desaparecía del escenario durante varios minutos o simplemente no podía cantar. Esta vez tuve la sensación de estar viéndolo por primera vez y pude borrar de mi memoria aquellos conciertos tan flojos que había presenciado.
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Luego del comienzo, el repertorio continuó a puro hit con la desafiante “Disposable Teens”, cuyo “yeah, yeah” fue coreado por todo el festival.
El Reverendo comentó que quería viajar hasta 1996, y así lo hizo de la mano de la violenta “Angel With the Scabbed Wings”, otra de las grandes ovacionadas de la noche.
Tras pedirle al público que iluminara el predio con sus luces, llegó el momento de “Great Big White World”. Ver todo el festival iluminado mientras Marilyn Manson interpretaba una canción tan sentida fue realmente conmovedor.
Pero la calma duró poco. Con el hit “This Is the New Shit” la violencia volvió a apoderarse del ambiente. Luego llegó, para mí, la gran joya de la noche: la oscura y densa “Dried Up, Tied and Dead to the World”. Una versión impresionante de una canción muy difícil de trasladar al vivo debido a la enorme cantidad de capas sonoras que posee.
Después llegó el potente primer sencillo de One Assassination Under God – Chapter 2, disco que será editado el próximo agosto. “Exit Wound” continúa demostrando que Marilyn Manson volvió con muchas cosas para decir. Es una canción potente, combativa y con un enorme potencial para convertirse en un nuevo clásico de su repertorio.
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continuación apareció uno de esos momentos mágicos donde una canción lenta no disminuye la intensidad del público. Ese fue el caso de “The Nobodies”, cuyo estribillo fue cantado por absolutamente todos.
Tras un breve pasaje instrumental comenzó “I Don’t Like the Drugs (But the Drugs Like Me)”, aunque fue interrumpida por Marilyn Manson, quien dejó entrever que los excesos forman parte de su pasado antes de dar paso a la sensual “The Dope Show”.
Desde allí en adelante todo fue una sucesión de clásicos: “Sweet Dreams (Are Made of This)” y la frontal “mOBSCENE”. Pero todavía quedaba el himno que les dio a generaciones enteras de adolescentes diferentes y marginados un verdadero grito de guerra: “The Beautiful People”.
Luego hubo espacio para dos bises. El primero fue la emotiva “Tourniquet”, que, a diferencia de otras giras, esta vez no interpretó sobre los zancos.
Y el cierre definitivo llegó con otro cover que hizo completamente suyo: “Personal Jesus”, de Depeche Mode. Terminada la canción, Marilyn Manson saludó, expresó su amor por su gente y se retiró triunfante.
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Así como el festival terminó, comenzó también mi eterno regreso hacia Brno. Eran las doce de la noche y el primer tren que salía de Vizovice partía recién a las 3:20 de la madrugada. Desde allí tuve que tomar dos trenes más hacia otros pueblos antes de llegar finalmente a mi destino. Recién pude entrar a mi hospedaje a las 6:30 de la mañana.
Pero todo ese viaje me sirvió para reflexionar sobre lo vivido y sobre lo que la música significa para mí y para tantas otras personas.
La música, en general, me sacó adelante y me hizo feliz cuando parecía no haber nada más. La de Marilyn Manson me ayudó a sobrevivir a algunos de los momentos más difíciles de mi vida. Durante mi preadolescencia sufrí mucho en manos de la misma gente que él siempre criticó y enfrentó con su arte y su discurso. Se transformó en un símbolo de resistencia que me dio fuerzas cuando ya no sabía de dónde sacarlas.
Este viaje fue un regalo para ese niño interior que sufrió tanto. Un agradecimiento por no haberse rendido y haber sobrevivido. Y, al mismo tiempo, una especie de peregrinación para agradecerle al Reverendo. No solo por todo lo que hizo por mí a través de su música, sino también por haber vuelto a estar a la altura de su propia leyenda y de todo lo que representa.
Etiquetas: Crucified Barbara, Deathcore, Enemy Inside, gothic metal, Hard Rock, Heavy Metal, Industrial Metal, Lordi, Marilyn Manson, Masters of Rock, Metalcore, Slaughter To Prevail, the gathering


Foto de portada: Masters of Rock
Como amante de la música, reconozco que ella me ha ayudado en momentos muy difíciles y me ha dado algunas de las alegrías más grandes de mi vida. Por eso mismo decidí hacer un viaje exprés al Masters of Rock, en Vizovice, un pequeño pueblo ubicado en el hermoso país de la República Checa. En el último día de este evento se presentaron varias bandas, aunque las principales fueron The Gathering, Lordi, Slaughter to Prevail y Marilyn Manson.
Esta jornada también contó con una gran dosis de aventura, tanto a la ida como a la vuelta. La ciudad grande más cercana, donde además me hospedé, era Brno, ubicada a casi tres horas de viaje del festival. Como si esto fuera poco, el transporte era escaso y muy espaciado, por lo que terminé llegando muy temprano al predio.
El festival se realizaba en el patio de una fábrica de licores llamada R. Jelínek. El lugar estaba, literalmente, al lado de la ruta, por lo que las carpas donde acampaban los asistentes se encontraban junto a la banquina. En las afueras del predio había puestos de comida y bebida independientes del festival, mientras que el evento también contaba con sus propios puestos en el interior. Para consumir allí era necesario cargar dinero en una pulsera y pagar con ella, un sistema similar al utilizado en festivales como Wacken Open Air o Hellfest.
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La primera banda que llegué a ver fue Crucified Barbara, grupo sueco de Heavy Metal clásico integrado por cuatro mujeres. Desafortunadamente, su presentación fue cancelada debido a una tormenta que duró aproximadamente una hora. Durante ese tiempo, la zona cercana al escenario permaneció cerrada por cuestiones de seguridad.
Una vez finalizada la lluvia, el escenario fue tomado por los alemanes Enemy Inside.
Si bien la banda mostró mucha energía y carisma, sobre todo su vocalista, la música no logró convencerme. Metalcore genérico, con estribillos empalagosos y breakdowns aburridos.
Por suerte, el nivel musical subió hasta el cielo con la presentación de The Gathering. El grupo fundamental para el desarrollo del Gothic Metal se encuentra girando junto a su cantante clásica, Anneke van Giersbergen, para celebrar los treinta años del mítico Mandylion. Por ese motivo, el repertorio estuvo compuesto mayoritariamente por canciones de ese álbum, además de clásicos pertenecientes a otros trabajos grabados junto a la vocalista.
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La interpretación de todos los músicos fue impecable y muy fiel al material original. Sin embargo, quien se llevó todas las miradas fue Anneke van Giersbergen. Una mujer dulce y encantadora, con una energía tan linda que resulta contagiosa. Y ni hablar de su voz: canta igual que hace treinta años.
Como ya mencioné, todo el setlist fue una maravilla. Pero debo destacar el enorme final compuesto por “Strange Machines” y “Saturnine”. La primera, pesada y oscura, con un estribillo épico para cantar con el puño en alto. La segunda, emotiva y dolorosa, cuyo estribillo generó un nudo en la garganta de todos los presentes. Ese sentimiento terminó explotando cuando el público siguió coreando la melodía final incluso después de terminada la canción.
Un concierto increíble y hermoso. De esos que uno espera durante mucho tiempo y recuerda con muchísimo cariño.
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Los siguientes fueron los finlandeses Lordi, quienes también estaban de aniversario. En este caso, celebrando los veinte años de The Arockalypse, el disco que los hizo conocidos en toda Europa tras su histórica victoria en Eurovisión 2006.
Tras una larga introducción, dieron comienzo con “Bringing Back the Balls to Rock”, demostrando muchísima energía y espectacularidad.
Desafortunadamente, hubo algunos problemas técnicos y de sonido, especialmente con una de las guitarras. Si bien fueron solucionados, volvieron a aparecer más adelante. El sonido nunca terminó de estar a la altura del resto de las bandas del festival.
Dejando eso de lado, el show fue realmente muy divertido. No solo por sus canciones pegadizas y hard rockeras, sino también por la constante interacción con el público.
Visualmente fue todavía mejor. No bastaba con ver a cinco monstruos tocando sus instrumentos. También hubo fuego, lanzallamas, humo, pirotecnia, muñecos, efectos prácticos y toda clase de sorpresas. Aparecieron desde Regan, de El Exorcista, hasta Leatherface, mientras que Mr. Lordi desplegó unas enormes alas sobre el escenario.
El final llegó a puro clásico con “Devil Is a Loser” y “Would You Love a Monsterman?”, las únicas pertenecientes a otro álbum. Y, por supuesto, el cierre definitivo fue con “Hard Rock Hallelujah”, el himno que los llevó a la fama y que todo el festival cantó de principio a fin.
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El primero de los headliners fue Slaughter to Prevail, una banda que viene creciendo con muchísima fuerza gracias a la violencia de su propuesta y de sus shows en vivo.
Como gran amante y conocedor de los géneros extremos, solo necesité dos canciones para entender por qué esta banda no me gusta: me resulta vacía.
Su mensaje consiste en ser violentos porque sí, sin utilizar esa violencia como un medio para transmitir una idea. Es simplemente un tipo gritando pavadas.
Eso también se traslada al aspecto musical. No encontré un solo riff memorable, ni un breakdown que no resultara genérico y, lo peor e imperdonable para mí, ningún pasaje con blast beats realmente recordable.
La música extrema necesita contenido y mensaje. Tiene que canalizar la agresión y la oscuridad para construir un lenguaje musical y lírico que invite a la transgresión y al cuestionamiento desde un lugar inteligente. Porque, de lo contrario, termina siendo simplemente un grupo de personas haciendo ruido y gritando estupideces. Y esa es justamente la sensación que me dejó esta banda.
Llegó entonces la hora del broche de oro. No solo de la jornada, sino del festival entero.
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Durante esa primera canción ya pude sacar varias conclusiones que se mantuvieron durante todo el concierto.
La primera es que la banda está en llamas. Sonó clara, prolija y contundente. No hubo errores ni actitudes extrañas o poco profesionales, como lamentablemente era habitual algunos años atrás.
Y eso se reflejó en la confianza que Marilyn Manson deposita hoy en sus músicos. Les da protagonismo, espacio y personalidad. Ya no parecen simples sesionistas, sino una verdadera banda de rock.
La segunda conclusión estuvo relacionada con el sonido. En otras oportunidades también había sido un problema. Esta vez fue perfecto.
Y la tercera, la más importante de todas: los rumores eran ciertos. Marilyn Manson volvió.
Es increíble lo bien que está. Honestamente no sé qué hizo, pero parece haber rejuvenecido veinte años. Está cantando como en la época de los 2000.
Por suerte quedaron atrás aquellos shows donde olvidaba las letras, desaparecía del escenario durante varios minutos o simplemente no podía cantar. Esta vez tuve la sensación de estar viéndolo por primera vez y pude borrar de mi memoria aquellos conciertos tan flojos que había presenciado.
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Luego del comienzo, el repertorio continuó a puro hit con la desafiante “Disposable Teens”, cuyo “yeah, yeah” fue coreado por todo el festival.
El Reverendo comentó que quería viajar hasta 1996, y así lo hizo de la mano de la violenta “Angel With the Scabbed Wings”, otra de las grandes ovacionadas de la noche.
Tras pedirle al público que iluminara el predio con sus luces, llegó el momento de “Great Big White World”. Ver todo el festival iluminado mientras Marilyn Manson interpretaba una canción tan sentida fue realmente conmovedor.
Pero la calma duró poco. Con el hit “This Is the New Shit” la violencia volvió a apoderarse del ambiente. Luego llegó, para mí, la gran joya de la noche: la oscura y densa “Dried Up, Tied and Dead to the World”. Una versión impresionante de una canción muy difícil de trasladar al vivo debido a la enorme cantidad de capas sonoras que posee.
Después llegó el potente primer sencillo de One Assassination Under God – Chapter 2, disco que será editado el próximo agosto. “Exit Wound” continúa demostrando que Marilyn Manson volvió con muchas cosas para decir. Es una canción potente, combativa y con un enorme potencial para convertirse en un nuevo clásico de su repertorio.
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continuación apareció uno de esos momentos mágicos donde una canción lenta no disminuye la intensidad del público. Ese fue el caso de “The Nobodies”, cuyo estribillo fue cantado por absolutamente todos.
Tras un breve pasaje instrumental comenzó “I Don’t Like the Drugs (But the Drugs Like Me)”, aunque fue interrumpida por Marilyn Manson, quien dejó entrever que los excesos forman parte de su pasado antes de dar paso a la sensual “The Dope Show”.
Desde allí en adelante todo fue una sucesión de clásicos: “Sweet Dreams (Are Made of This)” y la frontal “mOBSCENE”. Pero todavía quedaba el himno que les dio a generaciones enteras de adolescentes diferentes y marginados un verdadero grito de guerra: “The Beautiful People”.
Luego hubo espacio para dos bises. El primero fue la emotiva “Tourniquet”, que, a diferencia de otras giras, esta vez no interpretó sobre los zancos.
Y el cierre definitivo llegó con otro cover que hizo completamente suyo: “Personal Jesus”, de Depeche Mode. Terminada la canción, Marilyn Manson saludó, expresó su amor por su gente y se retiró triunfante.
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Así como el festival terminó, comenzó también mi eterno regreso hacia Brno. Eran las doce de la noche y el primer tren que salía de Vizovice partía recién a las 3:20 de la madrugada. Desde allí tuve que tomar dos trenes más hacia otros pueblos antes de llegar finalmente a mi destino. Recién pude entrar a mi hospedaje a las 6:30 de la mañana.
Pero todo ese viaje me sirvió para reflexionar sobre lo vivido y sobre lo que la música significa para mí y para tantas otras personas.
La música, en general, me sacó adelante y me hizo feliz cuando parecía no haber nada más. La de Marilyn Manson me ayudó a sobrevivir a algunos de los momentos más difíciles de mi vida. Durante mi preadolescencia sufrí mucho en manos de la misma gente que él siempre criticó y enfrentó con su arte y su discurso. Se transformó en un símbolo de resistencia que me dio fuerzas cuando ya no sabía de dónde sacarlas.
Este viaje fue un regalo para ese niño interior que sufrió tanto. Un agradecimiento por no haberse rendido y haber sobrevivido. Y, al mismo tiempo, una especie de peregrinación para agradecerle al Reverendo. No solo por todo lo que hizo por mí a través de su música, sino también por haber vuelto a estar a la altura de su propia leyenda y de todo lo que representa.
Etiquetas: Crucified Barbara, Deathcore, Enemy Inside, gothic metal, Hard Rock, Heavy Metal, Industrial Metal, Lordi, Marilyn Manson, Masters of Rock, Metalcore, Slaughter To Prevail, the gathering







