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Antes de su concierto en Barcelona, tuvimos una breve charla con Jay Valentine, vocalista de Guilt Trip, donde hablamos de su relación con España, nueva música y su identidad sonora. […]

Oskar (Agabas): “El jazz puede ser muy heavy…”

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Agabas son una banda noruega que fusiona Jazz con Death Metal, con unos directos totalmente únicos y que ofrece a partes iguales amor y furia. Acaban de sacar la versión […]

Ángel Jiménez (Veracruz Metal Fest): “Es una experiencia única”

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El Veracruz Metal Fest, reconocido como el festival mexicano de metal más playero del país, celebrará su segunda edición el próximo sábado 28 de marzo en el Hotel Diana Cazadora, […]

Bull Brigade: “Cuando tocamos aquí no sentimos distancia entre el escenario y el público”

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Con casi dos décadas de trayectoria, Bull Brigade se ha consolidado como una de las bandas más sólidas del punk europeo. Desde Torino, han construido un sonido que combina intensidad […]

Ergum: “Jorge Luís Borges los estará disfrutando desde su tumba”

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Hoy hablamos con Ergum, una banda de metal extremo en castellano, que sorprende por la crudeza de su sonido, la fuerza de sus guturales y la lírica de sus letras. […]

Hernán (Las Cosas Que Perdimos En El Fuego): “El emo tiene su costado político”

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“Hardcore emocional” y “emo” pueden ser etiquetas un tanto cargadas o incluso limitantes, pero la gente de Las Cosas Que Perdimos En El Fuego no parece tenerles miedo. Viniendo de […]

Kubika: “Todos los temas del disco han sido minuciosamente trabajados antes de entrar al estudio”

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  Con motivo del lanzamiento de su disco debut, nos reunimos con los chicos de Kubika para que nos cuenten toda la actualidad de la banda y alguna curiosidad más. […]

John Robert C. (Crystal Lake): “Cuando leo algunos comentarios negativos siento que simplemente están llorando.”

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Crystal Lake está de vuelta con nueva música, nueva energía y una nueva etapa. Tras el lanzamiento de su último álbum el pasado viernes, hablamos con John Robert C., el […]

Subterranean: “Ha salido lo que pretendíamos: un disco de hardcore actualizado y brutal”

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Tras el breve regreso de Subterranean Kids en 2023, una nueva etapa toma forma bajo el nombre de Subterranean. Con Mimo al frente —voz histórica del proyecto— y acompañado por […]

J.J. (Harakiri for the Sky): “Ser melancólico es parte de mi vida”

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En el marco de la actualidad de Harakiri for the Sky y sus próximos conciertos en España, dialogamos con J.J., voz de la banda austríaca, sobre identidad, melancolía, evolución y […]


Mag Stephens (Cathari): “El infierno es el plano en el que ahora existimos, porque en eso lo hemos convertido”
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Cathari es una banda que, desde Filadelfia, salió a la luz en 2019 con un excelente disco debut titulado Corporeality. Tras una pandemia sin precedentes, algunos cambios de lineup y en las vidas personales de sus integrantes, el grupo volvió este año con In God ‘s Infinite Silence. En la actualidad, la banda está formada por Magdalena Stephens (voz, composición, noise), Kevin Nolan (guitarra principal), Ty Miller (guitarra rítmica, noise), Zack Van Sant (bajo) y Michael Quigley (batería y composición).


Antes que nada, quería agradecerte mucho, Mag, por tu amabilidad al concedernos esta entrevista. Cuando escuché Corporeality, el primer disco de Cathari, me llamó mucho la atención y lo amé inmediatamente. Sonaba diferente, y eso que yo escucho toneladas de música todo el tiempo, pero su estilo sobresalía: era hermosamente oscuro, por momentos calmo y, de repente, violento. Las voces limpias eran cautivantes y las guturales, apasionadas. Acaban de lanzar In God’s Infinite Silence y me sorprendió de la mejor manera posible. ¿Cuáles pensás que son las principales diferencias y por qué? ¿Qué pasó en el medio?

M: Yo creo que me volví más cómoda con quién soy. Cuando escribí Corporeality estaba lidiando con una profunda crisis de identidad, tanto que, en algunas entrevistas, alteraba deliberadamente el significado de algunas canciones para ocultar lo que realmente trataba de expresar a través de ellas. Corporeality, en verdad, era sobre la aflicción y la aceptación de que no me fue dado todo lo que hubiera querido en una vida ideal, que mi género asignado no encajaba con mi percepción de mí misma, que mi vida se sentía tumultuosa; me sentía dominada por el escapismo y el hedonismo, no tenía otras formas para afrontarlo.

En el nuevo disco, el sentimiento de desesperación está mucho más afilado, mucho más perfeccionado, hay una furia que se filtra desde el fondo, tanto como una tristeza. No estoy tambaleándome al borde de un abismo de represión y autonegación, sino llegando a comprender que el mundo que me rodea es un feo lugar y lo ha sido por un largo tiempo. Mucho del disco tiene que ver con comprender lo que eso significa para mí.

Entre los dos álbumes yo experimenté la pérdida de muchos amigos por distanciamiento y de muchas partes de mí misma que no me avergüenza haber dejado atrás. Me comprometí con la sobriedad y ya no consumo alcohol desde hace dos años, ni uso otras drogas en la medida en que lo hacía durante los años de Corporeality. He dado grandes pasos para no ser mi propia enemiga.

En esencia, Corporeality se trataba acerca de encontrar la belleza en la tristeza de una vida no vivida, mientras que In God’s Infinite Silence es un viaje directo y visceral a través de la ira de ser una persona consciente y, en momentos particulares, una mujer trans, viviendo en el núcleo de uno de los imperios más monstruosos de la historia.

Una de las razones por las que me encanta Cathari es porque, si bien escucho todo tipo de música, hay ciertos artistas que tienen un halo mítico para mí, como David Bowie, Lou Reed, Jim Morrison o Nick Cave, y los tramos relativamente calmos de tu música, con la voz limpia, me recuerda a ellos, en el sentido de que eran muy intensos emocionalmente por medio de una cruda simpleza. Sonaban tan sinceros, como si le hablaran a la audiencia directo desde el corazón, de una manera que ameritaba convertirse en clásica. Hay miles de bandas que usan tanto voces limpias como guturales, alternando momentos suaves con otros agresivos, pero eso ya se convirtió en una patrón. No creo que Cathari siga ese esquema, por eso siento una gran conexión con su música, y percibo vibraciones que parecen provenir más de un pasado amado que de las tendencias actuales. ¿Por qué pensás que me pasa esto?

M: Yo creo que la respuesta es simplemente que no me avergüenzan mis influencias. Yo fui a la escuela de música y estudié las tradiciones tanto clásicas como del jazz. Una cualidad que siempre aprecié de las eras tardías de la música orquestal y operística occidental es el deseo de ser extremadamente expresiva en el mensaje y la emoción dada a cada pieza musical; de elevar las palabras más allá del mero significado hacia sensaciones dolorosas que te transportan en el momento. Uso lo que aprendí tanto como puedo para darle a cada oyente el mismo sentimiento de ser tragado totalmente por el mundo que trato de evocar a través de las letras de las canciones. No quiero que entiendan el mensaje, quiero que lo sientan en los huesos. Quiero que tiemblen como temblé yo en la oscuridad de la noche.

TAMBIÉN TE PUEDE INTERESAR: Cathari – In God’s Infinite Silence (2023)
Tu enfoque con el canto limpio siempre ha sido maravilloso y me parece que es muy importante para representar las emociones que querés expresar, pero las voces sucias en este disco son brutales, más poderosas que nunca. ¿Por qué? ¿Me equivoco si pienso que estás furiosa?

M: Es exactamente lo que decís: estoy furiosa y tengo toda la razón para estarlo. Soy una mujer trans viviendo en los Estados Unidos de América en 2023. Ahora sé mucho más que antes sobre la verdadera escala de la violencia del imperio estadounidense alrededor del mundo. Estoy segura de que conozco solo una fracción de lo que hay para saber y eso me aterroriza. Es furia y miedo, a veces en igual medida.

Hablemos de las letras de las canciones, tanto en Corporeality como en In God’s Infinite Silence. ¿De qué tratan? ¿Cómo es el proceso creativo detrás de las mismas, en cuanto a la inspiración y su relación con la música?

M: Siempre escribo las letras antes que la música, y después uso las letras como información sobre cómo la música debería sonar. Una vez que ambas empiezan a encajar juntas, paso a refinar y editar hasta que sienta que una pieza se acerca a la visión que tenía. Corporeality era sobre la aflicción de una vida virtualmente no vivida hasta ese punto. Todavía estaba en el clóset cuando el disco salió, y fui bastante deshonesta en entrevistas acerca del significado de algunos tracks, sobre todo del que tenía el mismo título.

In God’s Infinite Silence es mucho más sobre un despertar con respecto a la verdadera naturaleza del mundo, su fealdad, y mis luchas para encontrar mi lugar en él, así como mis temores de que pueda no haber un mundo que valga la pena salvar, una vez que logremos reunir suficiente poder colectivo como para remover la actual estructura opresiva que es una plaga alrededor del globo.

Cuando escribo, todo fluye desde sentimientos increíblemente sobrecogedores que debo afrontar en relación con algún aspecto de mi vida. Escribí “Wolves in a Cage” cuando tuve grandes dificultades en mi relación durante la pandemia de COVID, al llegar a darme cuenta de que éramos dos personas traumatizadas arremetiendo impulsivamente porque sabíamos que no había otra manera de confrontar la clase de conflictos con los que estábamos lidiando, por ejemplo.

Me parece hallar una conexión entre el nombre de la banda y los títulos de sus dos discos. Podría estar especulando, por eso me gustaría saber más acerca de esas elecciones. Creo que hay un fuerte trasfondo ideológico que lográs expresar con asombrosa sutileza. ¿Te gustaría hablar sobre algunas cuestiones sociales que podrían considerarse parte del actual zeitgeist en los Estados Unidos y el resto del mundo?

M: El nombre de la banda fue elegido por dos razones. La primera es simple, y es que estaba disponible. La segunda es que me gusta lo que los cátaros representan en el contexto de nuestro lugar actual en la historia: que el paraíso es nuestro alivio antes y después de estar atrapados en lo corpóreo y el infierno es el plano en el que ahora existimos, porque en eso lo hemos convertido. Es una noción que desafía ideológicamente a casi todo lo hegemónico y expone la hipocresía. Quienes predican lo que es mejor para la humanidad, son siempre quienes oprimen, matan y eliminan, todo con tal de “probarlo.”

Hablando de conexiones, ¿hay alguna relación entre las dos portadas de los discos? En caso de no ser así, quisiera saber más sobre ellas, porque siento que realmente encajan con la música y los cambios de un álbum a otro.

M: En realidad, no hay correlación entre ellas, es el aspecto en el que menos pensamos en la banda. La tapa del primer disco es un retrato abstracto de Liv, mi pareja, que fue tomada por una persona amiga nuestra, y la segunda es una fantástica obra de arte de Rio Oka Wardana (@digtrash.art en Instagram). Me gusta cuando la portada de un álbum existe con ambigüedad y manifiesta un sentido de algo implacable. Pienso que las dos portadas logran eso de manera muy bonita.

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Mis canciones favoritas del nuevo disco son “The Tipping Point”, “Children of Men” y “Beautiful Boy”. Me parece que son las que muestran cuánto evolucionó la banda y lo versátiles que se han vuelto. Contame más sobre esos tracks, en cuanto a las letras y la música. ¿Qué les pasó como personas? En serio, sea lo que sea, me encantan las consecuencias.

M: Yo envejecí y admití que escucho mucho death metal y sludge. La banda tuvo algunos cambios de lineup que me forzaron a ser mucho más intencional con respecto a quienes recluto y creo que ahora tenemos el mejor lineup. The Tipping Point es una fantasía escapista sobre el día en que todas las personas se cansen de sus ataduras y devoción esclava al capital y arremetan en contra de sus opresores en un resplandor de violencia. Children of Men es sobre el ascenso de la ideología fascista y el deseo de la clase dominante de que las personas oprimidas se canibalicen unas a otras y, en ese proceso, no se den cuenta de quiénes son los verdaderos enemigos. Beautiful Boy es sobre los hombres que hacen cosas indecibles y se esconden en los brazos protectores del patriarcado y el poder. Es sobre un asesino en masa que recibe simpatía en las noticias por sus problemas en el pasado, o sobre el delincuente sexual serial en tu comunidad al que se le permite hacer lo que le gusta porque es dueño de un local underground de música.

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Ya sé que esta pregunta es un lugar común, pero siento curiosidad por saber cuáles son tus influencias y qué escuchás actualmente. ¿Qué opinás sobre la escena musical underground y los efectos de la pandemia?

M: Recientemente he estado escuchando mucha música como Chat Pile, Crippling Alcoholism e Intercourse. Algo sobre esa cruda degeneración expresada a través de pasajes contundentes e implacables realmente encaja conmigo. Las letras son muy directas y me encantan. Pienso que es porque es justo como lo que hacemos, tomando las partes más oscuras de cada cual y convirtiéndolas en obras de arte que inspiran incomodidad e inquietud. Ha cambiado mi forma de pensar sobre las letras, pues muchas de estas bandas escriben en un tono conversacional, no buscan la forma más florida de decir algo, sino que lo hacen de la manera en que lo dirían en su momentos más bajos. Eso te atrapa y te atrae. En muchos sentidos, al underground le está yendo bien, pero hay problemas como en cualquier otro momento. Actualmente, parece que muchas ciudades están viendo grandes concentraciones de influencia en pocas productoras, lo que no ayuda a que haya diversidad en los conciertos. Unas pocas bandas suelen acaparar todas las oportunidades, aunque hay muchas otras en las mismas ciudades tocando una música similar, de una calidad comparable. Mucha gente perdió su sentido de la “etiqueta” por lo que es difícil acordar qué estándares hay que cumplir, y todo se ha vuelto un gran lío. Por otro lado, hay muchas personas que desafían estos problemas y hacen una música asombrosa, y muchas están apoyando la escena con mucho compromiso. Soy optimista acerca del futuro del underground mientras nos recuperemos sostenidamente de los efectos de la pandemia.

¿Hay algo más que quisieras decirle al público lector acerca de la banda, sus planes para el futuro, sus esperanzas y miedos?

M: Construyan una comunidad fuerte, díganle a sus amigos que los aman, y prepárense para que todo empeore. Incluso cuando no tengamos nada más, si podemos confiar en los demás, vamos a estar mejor. Cathari estará aquí con ustedes hasta el final, llorando con desesperación e ira justificada.

PD: Estamos planeando ir a Sudamérica lo antes posible. No puedo prometer fechas, pero puedo prometer que es una de nuestras metas principales para el futuro.

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Mag Stephens (Cathari): “El infierno es el plano en el que ahora existimos, porque en eso lo hemos convertido”
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Cathari es una banda que, desde Filadelfia, salió a la luz en 2019 con un excelente disco debut titulado Corporeality. Tras una pandemia sin precedentes, algunos cambios de lineup y en las vidas personales de sus integrantes, el grupo volvió este año con In God ‘s Infinite Silence. En la actualidad, la banda está formada por Magdalena Stephens (voz, composición, noise), Kevin Nolan (guitarra principal), Ty Miller (guitarra rítmica, noise), Zack Van Sant (bajo) y Michael Quigley (batería y composición).


Antes que nada, quería agradecerte mucho, Mag, por tu amabilidad al concedernos esta entrevista. Cuando escuché Corporeality, el primer disco de Cathari, me llamó mucho la atención y lo amé inmediatamente. Sonaba diferente, y eso que yo escucho toneladas de música todo el tiempo, pero su estilo sobresalía: era hermosamente oscuro, por momentos calmo y, de repente, violento. Las voces limpias eran cautivantes y las guturales, apasionadas. Acaban de lanzar In God’s Infinite Silence y me sorprendió de la mejor manera posible. ¿Cuáles pensás que son las principales diferencias y por qué? ¿Qué pasó en el medio?

M: Yo creo que me volví más cómoda con quién soy. Cuando escribí Corporeality estaba lidiando con una profunda crisis de identidad, tanto que, en algunas entrevistas, alteraba deliberadamente el significado de algunas canciones para ocultar lo que realmente trataba de expresar a través de ellas. Corporeality, en verdad, era sobre la aflicción y la aceptación de que no me fue dado todo lo que hubiera querido en una vida ideal, que mi género asignado no encajaba con mi percepción de mí misma, que mi vida se sentía tumultuosa; me sentía dominada por el escapismo y el hedonismo, no tenía otras formas para afrontarlo.

En el nuevo disco, el sentimiento de desesperación está mucho más afilado, mucho más perfeccionado, hay una furia que se filtra desde el fondo, tanto como una tristeza. No estoy tambaleándome al borde de un abismo de represión y autonegación, sino llegando a comprender que el mundo que me rodea es un feo lugar y lo ha sido por un largo tiempo. Mucho del disco tiene que ver con comprender lo que eso significa para mí.

Entre los dos álbumes yo experimenté la pérdida de muchos amigos por distanciamiento y de muchas partes de mí misma que no me avergüenza haber dejado atrás. Me comprometí con la sobriedad y ya no consumo alcohol desde hace dos años, ni uso otras drogas en la medida en que lo hacía durante los años de Corporeality. He dado grandes pasos para no ser mi propia enemiga.

En esencia, Corporeality se trataba acerca de encontrar la belleza en la tristeza de una vida no vivida, mientras que In God’s Infinite Silence es un viaje directo y visceral a través de la ira de ser una persona consciente y, en momentos particulares, una mujer trans, viviendo en el núcleo de uno de los imperios más monstruosos de la historia.

Una de las razones por las que me encanta Cathari es porque, si bien escucho todo tipo de música, hay ciertos artistas que tienen un halo mítico para mí, como David Bowie, Lou Reed, Jim Morrison o Nick Cave, y los tramos relativamente calmos de tu música, con la voz limpia, me recuerda a ellos, en el sentido de que eran muy intensos emocionalmente por medio de una cruda simpleza. Sonaban tan sinceros, como si le hablaran a la audiencia directo desde el corazón, de una manera que ameritaba convertirse en clásica. Hay miles de bandas que usan tanto voces limpias como guturales, alternando momentos suaves con otros agresivos, pero eso ya se convirtió en una patrón. No creo que Cathari siga ese esquema, por eso siento una gran conexión con su música, y percibo vibraciones que parecen provenir más de un pasado amado que de las tendencias actuales. ¿Por qué pensás que me pasa esto?

M: Yo creo que la respuesta es simplemente que no me avergüenzan mis influencias. Yo fui a la escuela de música y estudié las tradiciones tanto clásicas como del jazz. Una cualidad que siempre aprecié de las eras tardías de la música orquestal y operística occidental es el deseo de ser extremadamente expresiva en el mensaje y la emoción dada a cada pieza musical; de elevar las palabras más allá del mero significado hacia sensaciones dolorosas que te transportan en el momento. Uso lo que aprendí tanto como puedo para darle a cada oyente el mismo sentimiento de ser tragado totalmente por el mundo que trato de evocar a través de las letras de las canciones. No quiero que entiendan el mensaje, quiero que lo sientan en los huesos. Quiero que tiemblen como temblé yo en la oscuridad de la noche.

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Hablemos de las letras de las canciones, tanto en Corporeality como en In God’s Infinite Silence. ¿De qué tratan? ¿Cómo es el proceso creativo detrás de las mismas, en cuanto a la inspiración y su relación con la música?

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Cuando escribo, todo fluye desde sentimientos increíblemente sobrecogedores que debo afrontar en relación con algún aspecto de mi vida. Escribí “Wolves in a Cage” cuando tuve grandes dificultades en mi relación durante la pandemia de COVID, al llegar a darme cuenta de que éramos dos personas traumatizadas arremetiendo impulsivamente porque sabíamos que no había otra manera de confrontar la clase de conflictos con los que estábamos lidiando, por ejemplo.

Me parece hallar una conexión entre el nombre de la banda y los títulos de sus dos discos. Podría estar especulando, por eso me gustaría saber más acerca de esas elecciones. Creo que hay un fuerte trasfondo ideológico que lográs expresar con asombrosa sutileza. ¿Te gustaría hablar sobre algunas cuestiones sociales que podrían considerarse parte del actual zeitgeist en los Estados Unidos y el resto del mundo?

M: El nombre de la banda fue elegido por dos razones. La primera es simple, y es que estaba disponible. La segunda es que me gusta lo que los cátaros representan en el contexto de nuestro lugar actual en la historia: que el paraíso es nuestro alivio antes y después de estar atrapados en lo corpóreo y el infierno es el plano en el que ahora existimos, porque en eso lo hemos convertido. Es una noción que desafía ideológicamente a casi todo lo hegemónico y expone la hipocresía. Quienes predican lo que es mejor para la humanidad, son siempre quienes oprimen, matan y eliminan, todo con tal de “probarlo.”

Hablando de conexiones, ¿hay alguna relación entre las dos portadas de los discos? En caso de no ser así, quisiera saber más sobre ellas, porque siento que realmente encajan con la música y los cambios de un álbum a otro.

M: En realidad, no hay correlación entre ellas, es el aspecto en el que menos pensamos en la banda. La tapa del primer disco es un retrato abstracto de Liv, mi pareja, que fue tomada por una persona amiga nuestra, y la segunda es una fantástica obra de arte de Rio Oka Wardana (@digtrash.art en Instagram). Me gusta cuando la portada de un álbum existe con ambigüedad y manifiesta un sentido de algo implacable. Pienso que las dos portadas logran eso de manera muy bonita.

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