


Y un día llegó la gran velada. La noche esperada. El debut prometido. Jueves 15 de octubre de 2026 quedará marcado como la fecha que finalmente Between The Buried And Me se presentó de manera oficial, en territorio argentino. Tras años de espera, el conjunto estadounidense tuvo su bautismo de fuego en la Ciudad de Buenos Aires. Aquél que el destino les había negado a sus fanáticos hace tiempo.
Y es que es necesario recordar que la banda estuvo a nada de desembarcar en el país hace seis años. Más en específico, en marzo del 2020. No obstante, eso nunca terminó por concretarse. ¿El motivo? Pues creo que es de público conocimiento que un tal COVID-19 azotó todo el planeta Tierra y desencadenó en una pandemia mundial, que paró todo, cerró fronteras y nos mantuvo en confinamiento durante más de un año. Un hecho que en su momento, detuvo la gira de los norteamericanos y llevó a cancelar la fecha que tenían pautada en Argentina.
Sin embargo, el tiempo le dio una segunda oportunidad al grupo encabezado por Paul Waggoner y Tommy Giles Rogers Jr. Y ahora, su llegada se hizo realidad.
Con sede en Uniclub (Guardia Vieja 3360), la jornada contó con Pleia y Mitodian como actos de apertura. Y lo primero que se puede decir de ellas, es lo bien elegidas y seleccionadas que estuvieron para dar inicio a la fecha. Cada una aportando su grano de personalidad. Pero sosteniendo las dos, sus bases en una propuesta progresiva, moderna pero experimental. Pleia haciendo más gala de virtuosismo y recursos técnicos. Y Mitodian aportando más breakdowns y momentos extremos, a sus composiciones.
Ante un marco considerable de gente que dijo presente desde temprano, ambas bandas contaron con un sonido a la altura, y brindaron unas actuaciones notables que hicieron que la espera se pase en un abrir y cerrar de ojos.
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Cumpliendo casi a horario, Between The Buried And Me aparece en el escenario un par de minutos pasadas de las 21:15hs. Como era de esperar, fueron recibidos bajo una lluvia de aplausos y gritos. Ante esto, el grupo los recibe de forma considerada. Todo estaba dado. La luz, el sonido, los músicos. Con el Uniclub casi al tope de su totalidad, la ilusión de muchos se estaba volviendo realidad. Solo faltaban segundos para que todo arranqué. Y en el momento definitivo, pum. Un corto.
Justo cuando la banda iba a arrancar se escucha un chispazo proveniente del escenario. Más en concreto, del enchufe del teclado. ¿El resultado? Chau sonido. No había electricidad para que funcionen los amplificadores. Lo que hizo que los músicos se queden estupefactos y sin respuesta ante la situación, y que más de uno, se empiece a agarrar la cabeza. Lo que parecía el comienzo de un sueño, de repente se había convertido en el de una pesadilla. Y los minutos pasaban.
Los ingenieros probaban. Los técnicos iban y venían. Y el problema no aparecía. La incertidumbre iba creciendo segundo a segundo. Y el descontento de los músicos también. Todo iba camino a una nueva cancelación, pero llegó el ingenio argentino para salvar el momento. O mejor dicho, el humor. Porque si todo sale mal, que al menos no falten las risas.
Y el incomodo silencio se transformó en arenga. Primero el típico “Olé, olé”. Luego el famoso “eeeeoooo”. Y por último, el ya clásico pedido que toquen “Destrucción”. Esos comentarios inofensivos pero efectivos representaron un cambio de aires en el lugar, que se transmitió al escenario y a la banda. Quiénes se relajaron y dejaron que el público tomé las riendas en esta etapa del show.
Tras 10 minutos, el problema se solucionó. Y los que se hicieron cargo de ahí en más de la noche fueron los estadounidenses, quienes pese a su poco contacto se pusieron el show al hombro de la forma que ellos saben: haciendo música. Y para ello, retomaron la pieza que iban a ejecutar antes de parón, “Psychomanteum” del disco vinieron a presentar The Blue Nowhere y dieron inicio al espectáculo.
Una combinación de talento, virtuosismo, compenetración, química y arrebatos de creatividad inundaron la sala. Y es que ya de por sí, la forma en la que la banda logra transicionar en el estudio su costado feroz y agresivo hacia una vertiente más progresiva y melódica es digna de admirar. Pero presenciarlo en vivo fue un asunto totalmente distinto. Porque no solo se apreciaba con los oídos tal exhibición musical, sino también con los ojos. Y ver en primera persona a los músicos tocar lo que tocaban, a una velocidad, control y ritmo que rozaba la excelencia, resultó en una experiencia mucho más impactante de lo esperado.
Evidentemente no descubro nada al afirmar que el grupo está compuesto por absolutos superdotados. Cada uno, dominando al completo sus instrumentos. Pero sí puedo decir que fue un hallazgo ver como esa maestría se tradujo en magnetismo. Y un halo hipnótico que rodeó a todo el grupo durante toda su actuación. En especial alrededor de su vocalista, Tommy Rogers. Que facilidad para pasar de guturales a tonos bajos, de gritos con fuerza a voces limpias. Y sin forzar la garganta. Impresionante, cuanto menos.
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El setlist se encargó tanto de presentar material de su último disco, como de recorrer los distintos rincones de su discografía de ya más de 20 años. En ese sentido, habrá algún fanático que achaque la falta de más clásicos. Sin embargo, dada la duración y exigencia requerida de la mayoría de las piezas, el balance entre el pasado y el presente fue el apropiado. Así como la cantidad de temas, entre los que no faltaron “Condemned to the Gallows”, “The Coma Machine”, “Sun of Nothing”, “Selkies: The Endless Obsession”.
Por su parte, el show contó con su buena dosis de pogo. Con el público saltando, cantando y festejando todo lo que vino de “Absent Thereafter” en adelante. Siendo “Sun of Nothing”, el momento de mayor explosión y emoción de toda la noche. Aunque para el final, el grupo se guardó “Silent Flight Parliament”, y “Goodbye to everything Reprise” como piezas de despedida.
Sin duda se trató de una noche en la que pasaron muchas cosas. Lo que comenzó como un susto, finalmente se va a quedar en lo anecdótico. Ya que lo más memorable para todos los presentes, fue la forma en la que Between the Buried and Me impuso su autoridad ante las adversidades que se les presentaron.
Tal vez no hablaron mucho. Es más, su interacción fue casi mínima. Pero en su lugar, dejaron que su desborde de talento y locura lo hagan. Y que mejor lenguaje que ese para saldar una deuda que hace años debió haberse saldado.
Etiquetas: Between the Buried and Me, metal progresivo, Metalcore Melodico, Metalcore Progresivo, Mitodian, Pleia


Y un día llegó la gran velada. La noche esperada. El debut prometido. Jueves 15 de octubre de 2026 quedará marcado como la fecha que finalmente Between The Buried And Me se presentó de manera oficial, en territorio argentino. Tras años de espera, el conjunto estadounidense tuvo su bautismo de fuego en la Ciudad de Buenos Aires. Aquél que el destino les había negado a sus fanáticos hace tiempo.
Y es que es necesario recordar que la banda estuvo a nada de desembarcar en el país hace seis años. Más en específico, en marzo del 2020. No obstante, eso nunca terminó por concretarse. ¿El motivo? Pues creo que es de público conocimiento que un tal COVID-19 azotó todo el planeta Tierra y desencadenó en una pandemia mundial, que paró todo, cerró fronteras y nos mantuvo en confinamiento durante más de un año. Un hecho que en su momento, detuvo la gira de los norteamericanos y llevó a cancelar la fecha que tenían pautada en Argentina.
Sin embargo, el tiempo le dio una segunda oportunidad al grupo encabezado por Paul Waggoner y Tommy Giles Rogers Jr. Y ahora, su llegada se hizo realidad.
Con sede en Uniclub (Guardia Vieja 3360), la jornada contó con Pleia y Mitodian como actos de apertura. Y lo primero que se puede decir de ellas, es lo bien elegidas y seleccionadas que estuvieron para dar inicio a la fecha. Cada una aportando su grano de personalidad. Pero sosteniendo las dos, sus bases en una propuesta progresiva, moderna pero experimental. Pleia haciendo más gala de virtuosismo y recursos técnicos. Y Mitodian aportando más breakdowns y momentos extremos, a sus composiciones.
Ante un marco considerable de gente que dijo presente desde temprano, ambas bandas contaron con un sonido a la altura, y brindaron unas actuaciones notables que hicieron que la espera se pase en un abrir y cerrar de ojos.
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Cumpliendo casi a horario, Between The Buried And Me aparece en el escenario un par de minutos pasadas de las 21:15hs. Como era de esperar, fueron recibidos bajo una lluvia de aplausos y gritos. Ante esto, el grupo los recibe de forma considerada. Todo estaba dado. La luz, el sonido, los músicos. Con el Uniclub casi al tope de su totalidad, la ilusión de muchos se estaba volviendo realidad. Solo faltaban segundos para que todo arranqué. Y en el momento definitivo, pum. Un corto.
Justo cuando la banda iba a arrancar se escucha un chispazo proveniente del escenario. Más en concreto, del enchufe del teclado. ¿El resultado? Chau sonido. No había electricidad para que funcionen los amplificadores. Lo que hizo que los músicos se queden estupefactos y sin respuesta ante la situación, y que más de uno, se empiece a agarrar la cabeza. Lo que parecía el comienzo de un sueño, de repente se había convertido en el de una pesadilla. Y los minutos pasaban.
Los ingenieros probaban. Los técnicos iban y venían. Y el problema no aparecía. La incertidumbre iba creciendo segundo a segundo. Y el descontento de los músicos también. Todo iba camino a una nueva cancelación, pero llegó el ingenio argentino para salvar el momento. O mejor dicho, el humor. Porque si todo sale mal, que al menos no falten las risas.
Y el incomodo silencio se transformó en arenga. Primero el típico “Olé, olé”. Luego el famoso “eeeeoooo”. Y por último, el ya clásico pedido que toquen “Destrucción”. Esos comentarios inofensivos pero efectivos representaron un cambio de aires en el lugar, que se transmitió al escenario y a la banda. Quiénes se relajaron y dejaron que el público tomé las riendas en esta etapa del show.
Tras 10 minutos, el problema se solucionó. Y los que se hicieron cargo de ahí en más de la noche fueron los estadounidenses, quienes pese a su poco contacto se pusieron el show al hombro de la forma que ellos saben: haciendo música. Y para ello, retomaron la pieza que iban a ejecutar antes de parón, “Psychomanteum” del disco vinieron a presentar The Blue Nowhere y dieron inicio al espectáculo.
Una combinación de talento, virtuosismo, compenetración, química y arrebatos de creatividad inundaron la sala. Y es que ya de por sí, la forma en la que la banda logra transicionar en el estudio su costado feroz y agresivo hacia una vertiente más progresiva y melódica es digna de admirar. Pero presenciarlo en vivo fue un asunto totalmente distinto. Porque no solo se apreciaba con los oídos tal exhibición musical, sino también con los ojos. Y ver en primera persona a los músicos tocar lo que tocaban, a una velocidad, control y ritmo que rozaba la excelencia, resultó en una experiencia mucho más impactante de lo esperado.
Evidentemente no descubro nada al afirmar que el grupo está compuesto por absolutos superdotados. Cada uno, dominando al completo sus instrumentos. Pero sí puedo decir que fue un hallazgo ver como esa maestría se tradujo en magnetismo. Y un halo hipnótico que rodeó a todo el grupo durante toda su actuación. En especial alrededor de su vocalista, Tommy Rogers. Que facilidad para pasar de guturales a tonos bajos, de gritos con fuerza a voces limpias. Y sin forzar la garganta. Impresionante, cuanto menos.
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El setlist se encargó tanto de presentar material de su último disco, como de recorrer los distintos rincones de su discografía de ya más de 20 años. En ese sentido, habrá algún fanático que achaque la falta de más clásicos. Sin embargo, dada la duración y exigencia requerida de la mayoría de las piezas, el balance entre el pasado y el presente fue el apropiado. Así como la cantidad de temas, entre los que no faltaron “Condemned to the Gallows”, “The Coma Machine”, “Sun of Nothing”, “Selkies: The Endless Obsession”.
Por su parte, el show contó con su buena dosis de pogo. Con el público saltando, cantando y festejando todo lo que vino de “Absent Thereafter” en adelante. Siendo “Sun of Nothing”, el momento de mayor explosión y emoción de toda la noche. Aunque para el final, el grupo se guardó “Silent Flight Parliament”, y “Goodbye to everything Reprise” como piezas de despedida.
Sin duda se trató de una noche en la que pasaron muchas cosas. Lo que comenzó como un susto, finalmente se va a quedar en lo anecdótico. Ya que lo más memorable para todos los presentes, fue la forma en la que Between the Buried and Me impuso su autoridad ante las adversidades que se les presentaron.
Tal vez no hablaron mucho. Es más, su interacción fue casi mínima. Pero en su lugar, dejaron que su desborde de talento y locura lo hagan. Y que mejor lenguaje que ese para saldar una deuda que hace años debió haberse saldado.
Etiquetas: Between the Buried and Me, metal progresivo, Metalcore Melodico, Metalcore Progresivo, Mitodian, Pleia








