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Job For A Cowboy – Moon Healer (2024)
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Aunque en la mente de muchos Job For A Cowboy sigan siendo vistos como una banda de deathcore, eso es como decir que Ulver es una banda de black metal: hay que estirar un poco la verdad para ello. Su EP Doom (2005) fue ciertamente la entrada definitiva de esta nueva movida en el mainstream, como los también estadounidenses Killswitch Engage habían hecho poco antes con Alive Or Just Breathing (2002) y The End of Heartache (2004): ambas bandas pueden tomar gran parte del crédito por la avalancha de bandas de look emo, perfiles en MySpace, nombres de tres palabras o más, breakdowns y todos los otros clichés del metal mainstream durante la década del 2000. Pero mientras Killswitch Engage se mantuvieron como uno de los nombres más importantes de la movida, Job For A Cowboy le dejaría ese puesto a gente como Suicide Silence, Bring Me The Horizon, Carnifex, Whitechapel y demás, ya que ellos dejaron atrás el sonido deathcore. 

Bastante de esto tiene que ver el cambio de integrantes, con el cantante Jonny Davis siendo el único miembro constante, y que cuando comenzaran la enorme mayoría de los integrantes fueran adolescentes: uno no puede esperarse que sigan sonando igual. En su primer LP Genesis (2007) pusieron más énfasis en el death metal, y con Ruination (2009) y sobre todo Demonocracy (2012) mostraron riffs mucho más retorcidos y técnicos. Ese crecimiento en su sonido alcanzaría su punto más alto con Sun Eater (2014), su álbum más progresivo. Pero a pesar de ser su lanzamiento mejor recibido hasta el momento, la banda se tomó los últimos diez años como un descanso no oficial: no giraron para presentar el álbum y casi no dieron conciertos en general, enfocándose en sus estudios y familias para compensar el calendario salvaje de recitales que habían tenido en los últimos años. 

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Moon Healer, quinto álbum del grupo, sirve como un regreso a la actividad de Job For A Cowboy, y lo hace siguiendo la senda marcada en Sun Eater, e incluso redoblando la apuesta. La dupla “Beyond The Chemical Doorway” y “Etched in Oblivion”, claramente hechas para ser escuchadas juntas por la transición entre ambas, son una buena muestra de lo que hay que esperar de este álbum, con blastbeats brutales y las guitarras pesadas de Alan Glassman y Tony Sannicandro (no debe ser coincidencia que el cambio en el sonido de la banda esté marcado por la llegada de ambos) tirando esos riffs retorcidos, entremezclados con arreglos jazzeros donde brilla la labor de Navene Koperweis como baterista de sesión, cambiando de ritmos como si de respirar se tratara.

En otras como “Grinding Wheels of Ophanim” y “The Sun Gave Me Ashes So I Sought Out The Moon” (título que parece nombre de banda de metalcore, justamente), pero bien podría señalarse lo mismo en el resto del álbum, se destaca lo hecho por el bajista Nick Schendzielos, miembro de los también híper técnicos Cephalic Carnage, que en un género donde tantas veces las cuatro cuerdas quedan sepultadas en una marea de distorsión logra llamar la atención (aunque sea con un bajo de cinco cuerdas), a veces desviándose del riff principal y metiendo unos arreglos envidiables. Personalmente creo que la producción da una mano enorme en esto, con un sonido que es poderoso pero sin sentirse ultra comprimido ni tampoco sobreproducido o excesivamente limpio, donde también aparece la voz de Davis como el cable a tierra de la propuesta: sus voces guturales se mantienen en forma a pesar del paso de los años, y aportan esa “suciedad” pesada al sonido.

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Un detalle que aporta mucho a la experiencia es que Job For A Cowboy no exageren con la duración de las canciones, con Moon Healer durando apenas 39 minutos divididos en ocho canciones, con la final “The Forever Rot” siendo la única que supera los seis minutos y funcionando de manera perfecta para cerrar el disco. Esto condensa la locura de ciencia ficción en una duración razonable, sin divagar en largos pasajes instrumentales que no lleven a nada: habrá bandas que logren meter eso sin aburrir, pero no creo que funcione dentro de la propuesta de Job For A Cowboy.

Lo de Moon Healer no es para todo el mundo, y puede que haya estándares diferentes donde las muestras de técnica por parte de la banda crucen la barrera y terminen en el terreno de la pretenciosidad. Pero creo que lo de Job For A Cowboy en su quinto álbum es un triunfo, y una muestra de cómo envejecer con dignidad en un medio donde tantas bandas terminan dando vergüenza o perdiéndose en el camino.

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Amaranthe – The Catalyst (2024)
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Este 2024 marca el regreso de una gran cantidad de grupos, uno de ellos son los metaleros melódicos Amaranthe, quienes nos traen este año su séptimo disco de estudio The Catalyst, donde reafirman que si la fórmula es buena y sigue funcionando ¿Para qué cambiarla no?.

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En este nuevo álbum, la banda liderada por Elize Ryd sigue la senda habitual de su discografía combinando elementos de pop y metal con toques electrónicos, las tres voces y los recursos habituales utilizados por la banda sueca.

Y ya desde el pegadizo estribillo de la inicial “The Catalyst”, podemos tener idea de lo que nos vamos a encontrar en este nuevo disco de los suecos, con esas bases potentes y modernas, el juego a tres voces y ese sonido que tan bien ejecutan Amaranthe y con el cual han destacado durante más de 10 años.

Hay que destacar la gran voz del señor Nils Molin, mucho más heavy que quizás la que tenía Jake.E, pero que hace un muy buen contraste con la aterciopelada voz de Elize Ryd, que sigue sonando igual de magnífica que en el primer disco.

Por otro lado, el aporte gutural de Mikael Sehlin, a quién muchos conocemos por su gran trabajo en Engel y que suple a la perfección el hueco que dejo Henrik Englund tras su salida de la banda en 2022 y que destaca bastante en este disco, demostrando lo bien que ha encajado en esta nueva etapa de Amaranthe.

La primera parte del disco viene destacada con temas como “Damnation Flames”, “Insiatable” o la potente “Interference”, temas todos, en la línea habitual de Amaranthe.

Mientras que la segunda mitad, la abre la bella balada “Stay a Little While”, donde podemos ver lo bien que se le da a la banda este tipo de canciones, con Elize cantando de forma cristalina (a lo “Amarathine”) y Nils aportando su lado más poderoso y demostrando una destreza vocal envidiable.

El tema se adorna con un gran solo de Olof y seguro que va a emocionar a más de uno en su nueva gira europea, que veremos pasar por nuestro país en cuestión de días.

El binomio “Ecstasy” / “Breaking the Waves”, balancea bastante bien la segunda mitad del disco, siendo la primera más moderna y la segunda más intensa y para mi de las mejores del disco.

Mientras que el temazo “Outer Dimensions”, nos recuerda la primera época de la banda y quizás hubiese ganado más puntos de haber estado más arriba en el tracklist final del álbum, pero aún así es de las mejores piezas del mismo.

Para cerrar el disco tras el temazo que es “Outer Dimensions”, los suecos se sacan dos ases más de la manga para ponerle el broche de oro a este nuevo trabajo.

Y es que la espectacular “Resistance”, con esos teclados tan melódicos, una base potente y los tres cantantes dando lo mejor de sí en casi todo el disco hacen de esta una gran pieza de metal moderno que en directo tiene toda la pinta de ser una bomba y lo mismo ocurre con el single “Find Life”, que fue lo primero que pudimos escuchar del disco y tiempo después sigue siendo de lo mejorcito del mismo.

Pues con una segunda parte bastante superior a la primera, Amaranthe cierran este nuevo trabajo con notable y demostrando que su propuesta sigue sonando intensa e interesante estos días y evidenciando porque son una de las bandas de metal moderno más destacadas de su generación.

 

 

 

 

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Judas Priest – Invincible Shield (2024)
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Judas Priest y Iron Maiden son dos bandas en las que pienso mucho, y me gusta pensar en que ambas tienen carreras que parecen ir de manera paralela pero, paradójicamente, tomando caminos completamente opuestos. El punto en común más obvio es la salida de sus cantantes icónicos durante los noventas y el comienzo de sus etapas más complicadas, con dos álbumes que los mostraron casi irreconocibles, hasta que durante la primera década del nuevo milenio las cosas volvieran a su lugar con la vuelta de ambos cantantes a sus puestos, donde se mantienen al día de hoy como dueños absolutos.

Ahora, hay un par de detalles para mencionar en las historias de Judas Priest y Iron Maiden que los ponen en planos opuestos. Uno es que la primera etapa de Bruce Dickinson en Maiden se había cerrado con la salida de No Prayer For The Dying y Fear Of The Dark, sin lugar a dudas dos discos bastante decepcionantes después de la tremenda seguidilla de clásicos que los comandados por el bajista Steve Harris lanzaron durante la última década completa de la Guerra Fría, mientras que la de Rob Halford en Judas se cerró con Painkiller, considerado por muchos como el punto más alto en toda la discografía de los de Birmingham, sobre todo después de los divisivos Turbo y Ram It Down

Y mientras los lanzamientos de Iron Maiden en su segunda etapa con Dickinson arrancaron alto con Brave New World mientras que la calidad ha ido en picada con cada lanzamiento consecutivo, los últimos de Judas Priest se pueden contar entre los mejores discos de esta segunda etapa. Después de ese experimento fallido llamado Nostradamus y el frío Redeemer of Souls, no creo que muchos esperaran que Firepower fuera tan bien recibido. ¿Comparable con sus lanzamientos clásicos? Tampoco exageremos, pero tampoco lo descartemos completamente: es un muy buen disco de principio a fin, y para una banda con casi cincuenta años de carrera en sus espaldas es algo con lo que uno debería estar satisfecho, y lo que me hubiera gustado que el último de Iron Maiden hubiera sido.

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Dicho eso, no sabía muy bien qué esperar de Invincible Shield. Las expectativas después de aquel gran último álbum eran obviamente altas, pero Judas es una de esas bandas donde no hay que sorprenderse si varían mucho de calidad entre disco y disco, y a eso se suma que la portada no me convencía: incluso en estos días de lanzamientos digitales, la tapa suele ser de lo primero que se ve de un álbum, y las comparaciones que algunos hicieron a “una publicidad de un torneo de paintball” o a “algo que se vería en una máquina tragamonedas” dieron en el blanco. Pero cuando tuve el disco en mis manos, ya había hecho las paces con la portada y me preparé para la hora de la verdad.

Invincible Shield es un álbum que se mantiene en un solo modo durante casi todo el disco: heavy metal. Esto puede sonar como una obviedad, siendo que estamos hablando de Judas Priest, pero la realidad es que el decimonoveno lanzamiento del quinteto parece un tributo a los álbumes clásicos de la banda, con las diferentes canciones pudiendo haber sido incluidas como tracks adicionales en casi todos ellos sin quedar fuera de lugar. Invincible Shield familiar en sus ingredientes pero que no por eso suena como las sobras de alguna otra sesión de grabación.

Por ejemplo, “The Serpent and the King” fue el último single del álbum, y recuerda a una versión acelerada del material de la dupla Screaming For Vengeance / Defenders of the Faith, y que me recuerde a esos dos clásicos es un plus desde el principio. La dupla de Glenn Tipton y Richie Faulkner se saca chispas uno al otro chispas tirando riffs como para andar en moto a todo lo que le da por la ruta, mientras que Halford vuelve usar sus gritos agudos icónicos e incluso hace cambios repentinos desde su registro normal. No es una canción para ser analizada a fondo, simplemente es buen heavy metal de principio a fin.

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Otros es “Panic Attack”, que fue el primer adelanto de Invincible Shield y es también la canción con la que la placa arranca, y lo hace con una intro de sonidos ochentosos sintetizados, antes de dar paso a un par de riffs gemelos de manual pero que no dejan de ser deliciosos y después a la voz de Rob Halford. Está claro que hablo de la tarea que hace Halford desde la comodidad de un estudio, pero escuchar al Metal God alcanzar esos agudos a sus impresionantes 72 años, con cantantes mucho más jóvenes mostrando ya claras señales de fatiga vocal, es algo admirable, y que encima lo haga en una canción de este calibre lo es todavía más. “Panic Attack” es un inicio perfecto, con su uso del crescendo y la energía que se siente, al punto de que uno acepta que Halford cierre uno de los versos chillando la palabra “memes” simplemente por la convicción con la que lo hace. La labor de Scott Travis detrás de los parches es otro punto alto, con un doble bombo con un dejo fuerte a Painkiller sin sonar como copia ni reciclado, sino demostrando una energía envidiable.

Saltando un poco a través del tracklist, “As God As My Witness” recuerda inmediatamente a Painkiller en su velocidad y riffs filosos, mientras que “Fight For Your Life” parece una versión actualizada de algo de Killing Machine con ese músculo hard rock de los setentas. “Escape From Reality” es una de las más diferentes, con esa atmósfera medio psicodélica con los efectos en las voces y algo de aporte en las voces de Ozzy Osbourne: ciertamente suena como algo que podría estar en alguno de los dos últimos discos del Madman, y sería una canción a destacar en ellos.

Ya que mencionamos a “Escape From Reality” como una canción diferente, hay que mencionar que el álbum cierra con “The Lodger”, la más diferente de este Invincible Shield. Una especie de balada pesada y bastante densa en su atmósfera. Iba a decir que me recordaba a “(Take These) Chains”, aquella joya oculta (al menos para mí) de Screaming For Vengeance, hasta que me encontré que ambas fueron compuestas por Bob Halligan Jr., un compositor estadounidense que ha contribuido a varias bandas de hard rock. No sé si la hubiera puesto al final del álbum, siendo que terminar con una balada siempre es un riesgo, pero de manera individual funciona lo más bien.

Llegaría un momento donde simplemente estaría repitiéndome, así que voy a ir cerrando diciendo que Invincible Shield me parece un álbum sin desperdicio alguno. Habrá canciones más o menos ambiciosas, pero para ser un disco relativamente largo (63 minutos incluyendo las canciones de la edición deluxe) es extremadamente consistente, sin baches ni relleno evidente. Si hubiera alguna crítica negativa sería que no me quedo con grandes momentos referidos a Ian Hill: siempre me ha hecho gracia que el bajista haya sido el pegamento de Judas Priest a lo largo de casi cinco décadas y media, el único que estuvo en todas las formaciones de la banda, sin poder decirse que sea el líder o incluso una de las figuras más conocidas. Pero su aporte siempre es apreciado aunque no sea un virtuoso de las cuatro cuerdas.

¿Cuántos grupos con cinco décadas de carrera pueden decir que en 2024 sacaron uno de los mejores álbumes de sus carreras? Es increíble lo que Judas Priest lograron en este álbum: buenas canciones, buena producción, haciendo honor al sonido clásico de su carrera pero sin sonar como una repetición de clichés. Se pensaría que eso sería más fácil de lo que parece, pero últimamente los compañeros de generación de Judas me vienen decepcionando en su mayoría. Así que, ¿disco del año? Creo que tendría que ocurrir un milagro para que lo saquen del Top 5, como mínimo.

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Blowfuse – The 4th Wall (2024)
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Los barceloneses de Blowfuse vuelven a la carga con este “The 4th Wall”, en el cual nos teletransportamos a aquellas tardes en el skatepark, con bandas como Sum 41, Pennywise, NOFX o Bad Religion resonando en nuestro walkman siendo reproducidas a partir de cintas regrabadas. Realmente lo han conseguido, este Skate Punk que nos transmite toda la atmósfera en la que llevan años introduciéndonos es mas nostálgico que nunca. 

El grupo nos trae una mezcla basada en el Punk más macarra y skater sin perder la esencia del pop como en los temas “Wish” y “No Matter What I Do”. Estribillos pegadizos y cargados, combinaciones entre riffs que se salen de los estándares del punk que hacen a los de la capital catalana aferrarse a un dinamismo rara vez visto en este género. 

Podemos ver que enn canciones como “State Of Denial” y ‘I Give You My Word’, se puede percibir un conjunto de trazadas de otros grupos de la escena, pero en “Wish” y “Far Away”, Blowfuse muestra su propio estilo de la manera más evidente. La habilidad de estos chavales para combinar diferentes elementos y crear piezas dinámicas y pegajosas es mucho mas que notable y soberbia.

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En este trabajo, Óscar Puig lidera con su voz mientras la base instrumental aporta una rica musicalidad, destacando el bajo de Víctor Mañas en ‘Move On’. Además, la colaboración de Albert Requena, guitarrista de Crisix, en los solos de guitarra es un claro ejemplo de la capacidad de la banda para trabajar con talentosos músicos externos. 

Blowfuse demuestra disfrutar de su trabajo tanto en el estudio como en el escenario, lo cual se refleja en la energía de sus actuaciones en vivo y en la calidad de sus álbumes. Con una actitud cercana y amigable, han ganado el afecto y la admiración de sus seguidores en Barcelona y más allá. 

Así que nada, esperaré una semanita mas para tenerles en aquí en Tarragona y ya os iré diciendo si realmente, Blowfuse revienta la sala como me han dicho…

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Skeletal Remains – Fragments of the Ageless (2024)
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La banda estadounidense Skeletal Remains se despacha con un nuevo larga duración, el quinto en poco mas de 1 década de carrera, con su death metal “old school” que rememora los dorados años noventa.

El álbum en cuestión se titula “Fragments of the Ageless” y estará en las calles el 8 de marzo de 2024 a través del sello Century Media.

Actualmente la alineación está conformada por Chris Monroy en guitarra y voz, Mike De La O en guitarra, Brian Rush en el bajo y Pierce Williams en batería.

El LP fue mezclado y masterizado por Dan Swanö, mientras que el arte de la portada fue realizado por Dan Seagrave, con quien ya habían trabajado en “The Entombment of Chaos” en 2020.

En “Fragments of the Ageless” no encontraremos nada innovador o novedoso, solo buen death metal al estilo de Vader, Benediction, Morbid Angel y Pestilence.

El comienzo es con “Relentless Appetite“, una canción con una buena carga de agresión desenfrenada que incluye voces guturales y riffs que muestran la técnica de la banda y todo su poderío.

El salvajismo continúa en “Cybernetic Harvest“, que comienza con un feroz bombardeo de tambores ametrallando al escucha y se beneficia con algunos cambios de tempo y una excelente participación de la técnica.

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Canciones como “To Conquer the Devout” muestran la habilidad de Skeletal Remains para entretenernos con composiciones intrincadas.

Forever In Sufferance” también cuenta con algunos riffs orientados al groove, mucho doble bombo e intrincados trabajos de guitarra.

En “Verminous Embodiment” incorporan elementos de thrash y black metal, añadiendo una complejidad a su sonido.

Ceremony of Impiety” es un breve minuto y medio de instrumental atmosférico con un fuerte uso de teclados (interpretados por el bajista Brian Rush) que proporciona un descanso bienvenido a la intensidad aplastante de las demás canciones. 

Void of Despair” suena a toda potencia, llega con un par de solos limpios y a puro machaque.

En “Unmerciful” nos encontramos con la pista más larga del álbum, con una buena cantidad de intrincados riffs, atmósfera y mucho doble bombo.

El álbum, cierra con la pista instrumental “Evocation (The Rebirth)“, con cada miembro de la banda teniendo la oportunidad de mostrar su evolución técnica.

En conclusión, Skeletal Remains ha elevado el listón y solidificado su posición de liderazgo entre las nuevas agrupaciones que practican death metal de la vieja escuela, sin embargo, continúan madurando, elevando su composición, aumentando los niveles de tecnicismo e introduciendo nuevos componentes.

 

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Blind Channel – Exit Emotions (2024)
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Tras el arrollador éxito conseguido con sus dos anteriores trabajos (Violent Pop de 2020 y Lifestyles of Sick & Dangerous de 2022) y una vez dejado atrás el fenómeno eurovisivo, los finlandeses Blind Channel regresan este 2024 con el que es ya su quinto trabajo de estudio y con el cual pretenden arrasar ya a lo largo y ancho del globo para reafirmarse como una de las bandas alternativas más importantes y destacadas de la actualidad.

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Pues en este nuevo trabajo el sexteto continúa la senda marcada por sus trabajos previos, pero con ciertas pinceladas que denotan la intención de la banda de seguir creciendo y evolucionado enriqueciendo sus canciones con nuevos matices pero sin perder su esencia personal.

El disco ya comienza de forma arrolladora con “Where’s The Exit”, con unos rapeados incendiarios al más puro estilo Papa Roach (de la primera época) que se combinan con las voces melódicas y los screams brutales, siendo este una forma impecable y abrumadora para arrancar este nuevo trabajo.

La siguiente invitada es la ya conocida, “Deadzone” que es simplemente fantástica y que nos transporta de forma inmediata a comienzos de los 2000 con esas voces dobladas, esas guitarras heredadas de Linkin Park y Disturbed, pero con la suficiente personalidad para que las referencias a las bandas clásicas del estilo, sean eso, meras referencias y que los chicos de Blind Channel hayan sabido plasmar a la perfección, dándonos cortes tan destacados como este.

Y si, como para cualquiera de mi generación, la influencia de Limp Bizkit se hace presente en los primeros versos rapeados de “Wolves in California” (Puede ser esta pieza su particular “Break Stuff” en 2024, solo el tiempo lo dirá), los sampleados de Aleksi son una pasada y le dan ese toque retro a la canción y que tiene toda la pinta de ser un auténtico bombazo en directo.

La batería de Tommi Lalli echa fuego y le imprime el ritmo perfecto a una de las mejores canciones de la banda hasta la fecha.

Por si esto fuese poco, a esta explosiva pieza le sigue la ultra pegadiza XOXO, un auténtico bombazo de nu metal moderno, donde la banda une fuerzas con sus amigos norteamericanos de From Ashes To New (En cierto modo la versión norteamericana de BC) y que decir si el resultado es fantástico y de los más melódicos del álbum.

El ecuador del disco lo marca “Keeping It Surreal”, con cierto guiño a bandas como Linkin Park y Story of the Year, un juego de voces entre Joel y Nikko precioso y cabe destacar que aunque haya un poquito de filtro digital en las voces, esto es un recurso meramente estético como usan artistas tipo I Prevail o Post Malone.

El corte es una delicia y su toque accesible oxigena al disco entre tantos cortes más cañeros y enérgicos.

Cualquiera que conozca un poquito a Blind Channel sabrá que los medios tiempos es algo que se les da muy bien, ahí tenemos los casos de “Lanterns”, “My Heart is a Hurricane” o “Autopsy”, por citar algunos nombres propios.

Pues en este disco y abriendo la segunda mitad del álbum nos encontramos con “Die Another Day”, un precioso medio tiempo donde la banda finlandesa ha contado con la colaboración de Rory, una artista británica muy destacada dentro de la movida alternativa actual y que aporta su calidez vocal a la canción, siendo uno de los cortes más emotivos del disco y que seguramente suene aún más bonito en su nueva gira.

“Phobia” es uno de los mejores cortes del álbum en cuanto a lírica se refiere, abordando el tema de la salud mental, algo especialmente delicado y con lo que millones de personas batallan cada día pudiendo encontrar en este tema una especie de “refugio” para salir adelante cuando la oscuridad se posiciona sobre nuestras cabezas.

El Nu Metal vuelve a hacerse presente con “Happy Doomsday” (posiblemente su “Dark Side” de este disco y si no al tiempo), un absoluto temazo, super moderno, pesado y accesible a la vez con guiños a bandas como Linkin Park, P.O.D., Taproot (A mi no me vengáis con estupideces, cuando este tema podría haber encajado tanto en Gift como en Welcome hace 20 años) y I Prevail, siendo de los mejores cortes del disco y que hará las delicias de los que los han descubierto gracias al disco Violent Pop o a su explosiva performance Eurovisiva.

Y en “Not Your Bro”, nos vamos a encontrar con unos fraseados rapeados de Joel Hokka, que son un escándalo y a los cuales se les suma un intenso estribillo, acompañado de una gran base guitarrera, siendo un corte que puede destacar también mucho en directo.

El single “Flatline” , otra de las joyitas del disco y la final “One Last Time…Again”, con unos coros espectaculares y unos pasajes melódicos muy bien logrados, ponen el cierre más que notable a este nuevo disco de Blind Channel, con el cual demuestran que son mucho más que el fenómeno del momento y que su evolución no tiene techo, ya que tras 5 discos siguen sonando frescos e incluso mejor que en su disco anterior, con lo cual la banda vuelve a dar en la diana y a demostrar que luchando y con buenos discos como este se llega a alcanzar lo que siempre habían soñado.

 

 

 

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Infected Rain – Time (2024)
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Tras dos años desde su último trabajo (Ecdysis), los metaleros modernos Infected Rain vuelven a la carga con su nuevo disco Time, el cual supone ya el sexto trabajo en su carrera y que nos demuestra que la banda liderada por Lena Scissorhands se encuentra en su mejor momento.

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En este nuevo disco, la banda continúa su evolución manteniendo esa mezcla explosiva de nu/groove metal con toques de metalcore “old school”, pero creo que se puede ver un poquito más del avance que están teniendo con cada uno de sus discos.

El disco se abre con “Because I Let You” y ya podemos tener una idea más o menos clara de por donde van los tiros de la banda en este nuevo trabajo, con una frenética base que tiene la mira puesta en los 2000 y con la que uno puede pensar en bandas como Otep (sobre todo en lo que hacían en Saves Tra) y donde Lena vuelve a demostrar sus diferentes recursos vocales, con momentos pausados, otros mucho más guturales y unas melodías cristalinas hacia el final de la canción y que es el puntapié perfecto para este nuevo disco de Infected Rain.

Alice Lane marca con su potente bajo el comienzo de “Dying Light” y ya podemos ver que la talentosa y atractiva bajista se ha adaptado de perlas al sonido de sus nuevos compañeros y seguramente esta canción nos recuerde bastante la época de “86”, algo que los que somos conocedores de la banda moldava celebramos con júbilo y alegría ya que es un tema muy potente, con Lena destrozándonos los tímpanos gracias a sus guturales y “screams”, pero combinado con el toque justo de melodía.

La mezcla de sonidos vuelve a sorprender con el single “Never To Return”, un corte que comienza mucho más electrónico con ciertas reminiscencias al trip hop, pero combinado con el poderoso sonido habitual de la banda y ese groove en la base (donde hay alusiones a bandas como Machine Head), da como resultado una pieza bastante interesante dentro del disco.

Por el contrario, en “Lighthouse”, el comienzo es mucho más melancólico y oscuro combinando distintas texturas entre los versos, evidenciando la versatilidad y la capacidad de explorar nuevos sonidos para su voz que tiene Lena y que quizás era lo que le faltaba a su disco anterior, mucho más lineal que este en muchos momentos.

El último de los singles del disco hasta la fecha “Vivarium”, seguramente sea donde más se explore el Djent por parte de la banda y si, quizás se te pueda venir a la memoria algún paralelismo con sus compañeros de Jinjer, aunque las diferencias entre ambas bandas hace tiempo que quedaron bien marcadas, pero aquí vuelve a haber cierto acercamiento y le aporta otro color más a la primera mitad del disco.

Tal y como ocurría con “Dying Light”, en el caso de “Pandemonium” volvemos a tener un recuerdo de sus primeros años, pero con un sonido mucho más pulido y mejorado que seguramente haga que esta pieza suene mucho mejor en directo con más cuerpo y energía.

La caña vuelve de la mano de “Enmity”, un absoluto puñetazo en la cara que supone de los momentos más cañeros del disco y que hará las delicias de los fans más “old school” de la banda moldava.

Para el final tenemos una pequeña sorpresa ya que “Paura” combina el juego de voces en inglés e italiano, por primera vez en la carrera de IR y ese comienzo en italiano susurrante es bastante interesante y sorpresivo para el oyente, con una base muy intensa pero sin ir a toda pastilla, siendo una canción a la cual quizás debas dedicarle más de una escucha para poder captar su esencia, pero que acabará conquistándote si le das el tiempo necesario.

La verdad es que tenía muchas expectativas con este nuevo disco de Infected Rain y no sólo las han cumplido, si no que quizás Time sea el mejor disco de la banda desde Endorphin y porque no desde 86 y eso solamente nos indica que Lena y los suyos han hecho un muy buen trabajo y que su evolución sigue los pasos correctos.

 

 

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Bloody Kitchen – Caos (2024)
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Desde Madrid nos llega el nuevo trabajo de los muchachos de Bloody Kitchen, un grupo que se inició en 2020 y hasta ahora lleva en su haber un álbum titulado Degeneración editado en el 2021 el cual los llevó a ser reconocidos cómo uno de los más grandes exponentes de metal industrial en español. Pero cómo es de costumbre este grupo no se detiene y el 2024 nos trae un nuevo comienzo y con ello un nuevo trabajo discográfico llamado Caos, el cual consta de 11 canciones que no dan descanso en absoluto.

La placa comienza con “El mundo arder” un tema que comienza con una guitarra poderosa sin vueltas y con una letra que nos hace sentir que no hay esperanza pero estamos bien con ello, además de un estribillo pegadizo que nos engancha desde el primer momento. Sigue “Clon” con una lírica más orientada a la ciencia ficción y un sonido que mezcla cosas del nu metal con el estilo industrial que maneja la banda de por sí. Es el turno de “Lucifer” donde nos encontramos con una oda al padre de las tinieblas y viendo que no todo es lo que parece con este famoso personaje. Llegando a la mitad de la placa suena “Sexo” y bueno prefiero dejarles a ustedes el buscar sobre que habla la cancion si aún no se dieron cuenta. Cuando comienza a sonar “Fiesta Industrial” nos damos cuenta que necesitamos escuchar este tema con parlantes a todo volumen y rodeado de amigos que entienden el sentimiento.

“Natsukashii” nos lleva por un sonido dominado más por los teclados sin dejar de lados las guitarras pesadas y contando una historia de desamor y sensaciones varias. El momento irreverente llega con “Padre” donde escuchamos una crítica al sistema religioso acompañado de bases sólidas y pesadas las cuales se repiten a lo largo de todo el disco. Cuando suena “Loco” nos encontramos con una historia sobre un hombre perseguido por su propia percepción o al menos eso creemos, con una melodía contundente y pesada bien marcada. El himno propio de la banda se hace presente cuando suena “Bloody Kitchen” donde nos enteramos un poco más sobre la banda y su modo de vida. El momento balada llega cuando suena “Junio me dijo adiós” donde tenemos la típica historia de amor en la cual hay un corazón roto y una historia que se termina. El cierre del disco queda a cargo de “El final” la cual con un ritmo más lento y pesado nos marca el cierre de esta placa que no tuvo un punto bajo y a lo largo de los 11 temas nos sumergimos en un viaje lleno de caos tal cual indica el nombre del disco.

Así pasó Caos, el nuevo trabajo de Bloody Kitchen y nos deja claro que el año arranca de la mejor manera para los madrileños, con un disco bajo el brazo y el mundo para llevarse por delante. Con un disco así no queda más que esperar mejores cosas de estos muchachos.

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Cower – Celestial Devastation (2024)
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¿Se acuerdan de aquella época cuando los discos -si no se tenía ninguna referencia de la banda- se elegían por la impresión que nos causaban sus tapas? Si íbamos a alguna tienda amiga, quizás teníamos la posibilidad de escucharlo un poco, antes de comprarlo, pero de lo contrario, era un salto al vacío, tan solo a partir de la gráfica. Muchas veces eso funcionaba como la puerta de entrada a un mundo maravilloso. En otras ocasiones, afrontábamos una gran decepción… Pero había -y sigue habiendo- una tercera opción: que la música nos sorprenda gratamente, porque parece no tener nada que ver con el arte visual de la portada, pero aún así nos encanta. Ese es el caso de este nuevo álbum de Cower. Lo más probable es que sea algo deliberado: el logo parece lo más típico de un grupo de black metal, o quizás, de death, y la ilustración parece de un trabajo de death metal técnico, o tal vez, de doom metal. El título “Celestial Devastation” suena brutal. Como sea: nos inspira algo bastante pesado, por no decir extremo. Pero no.

Cower es un trío londinense de “gothic noise”, una categoría que deben haber inventado para evitar tener que usar un montón de otras distintas que servirían para describir la multiplicidad y diversidad de estilos que combinan en su música. El grupo está integrado por Gareth Thomas, Wayne Adams y Thomas Lacey y han creado un disco que, para mis oídos, resulta alucinante. Felicitaciones al sello Human Worth por editarlo.

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“We Need to Have the Talk” es una canción calma, romántica, basada en el piano, con reminiscencias de Nick Cave & The Bad Seeds, y una voz similar a la de Martin Gore: nada que ver con la expectativa inicial que teníamos. Luego “Summoner” es como una trompada en medio de la cara para despertarnos del letargo en que nos sumergió el primer track. Un bajo aplastante es lo que más sobresale, junto con una batería agresiva. El canto es  siempre limpio. Acá parecemos encontrarnos ante una versión más pesada de The Birthday Party y llega “Hard-Coded in the Souls of Men” y reina la confusión. Cower es un poco de todo y todo hecho con maestría. En momentos como este, suena a Depeche Mode. La voz sobre la base electrónica es increíblemente seductora. Entonces, ubicamos a Cower dentro del actual post-punk revival: Have A Nice Life, Planning For Burial, Daughters y Alexis Marshall, Giles Corey, Rope Sect y más recientemente, Crippling Alcoholism, Sprain y Roscian. Todo eso que el trío de Londres quiere resumir bajo el nombre “gothic noise” sería una mezcla de elementos darkwave, gothic rock, post-rock y noise con unas pizcas de metal.

Perdón por el exabrupto, pero el comienzo de “Buffeted by Solar Winds” es orgásmico para amantes del movimiento dark. Una delicia sonora, con una voz preciosa y un bajo que vuelve a resaltar, sobre una percusión efectiva, guitarras más potentes, una línea melódica de teclado que se convierte en un gusano cerebral y un estribillo brillante. A esta altura creo que Cower merece todos los elogios que puedan venirme a la mente. “Deathless & Free” sigue confirmando la maestría de estos músicos para ejecutar un rock gótico al límite del pop. Esos teclados en el estribillo son fantásticos y el solo de guitarra es de una sutileza destacable. La batería es tremendamente discursiva, muy lejos de lo que podría ser cualquier ritmo programado. No voy a esconder mi entusiasmo: ¡qué hermoso es escuchar un muy buen disco!

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“False Flag”: otro ataque punk directo a la mandíbula. Curiosamente, estos momentos de violencia sirven para apreciar mucho más la gran calidad de la mezcla en este álbum. El aporte de cada instrumento se percibe con absoluta calidad. La batería en este track se acerca, por breves tramos, a la más propia del metal extremo. Y para seguir descolocando a la audiencia, irrumpe un saxo que, en lo personal, me parece bastante prescindible, pero suma a la intencionalidad disruptiva global. “Aging Stallions” es otra canción increíble en la que aparece un machaque de guitarra metalero. Esto es una maravilla. Honestamente, no tiene sentido que intente elegir mis favoritas porque abarcarían la mayor parte del disco y, en verdad, me gustan todos y cada uno de los tracks. Lo digo en serio: estamos ante uno de esos trabajos que, si lo escuchamos tres veces seguidas, va a dejar sonando en nuestras cabezas varias de sus canciones.

El track homónimo al álbum toma una veta casi drum ‘n’ bass, y de golpe, cuando menos se la espera, emerge una guitarra rockera que es exquisita. Solamente estoy mencionando novedades a lo largo de un viaje que ha sido, desde el primer segundo, absolutamente fantástico. Y para terminar “Bury Me in the Lawless Lands of the West” es una oda a la decadencia más bailable, casi una recreación del espíritu más puro de “Transmission” de Joy Division. Gente, “Celestial Devastation” de Cower es una obra magnífica. Si la escuchan después de leer esta reseña y no están de acuerdo, me escriben y me lo dicen.

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Infant Island – Obsidian Wreath (2024)
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Infant Island
es un grupo estadounidense formado en 2016, oriundo de Virginia, que combina blackgaze, grindcore, screamo y post-rock en proporciones variables a lo largo de los distintos lanzamientos en su discografía. “Obsidian Wreath” es su tercer álbum, que nos presenta a la banda con una propuesta consolidada y tendiendo hacia sus expresiones más pesadas. El disco fue compuesto en 2020, durante la pandemia, y refleja los sentimientos que generó, en ese momento y hasta ahora, la apatía del sistema de salud estadounidense, sumado a las crisis provocadas por el capitalismo, incluido el cambio climático, que nos colocan ante la visión de un mundo en decadencia. Esto se ve reforzado por la procedencia sureña del quinteto conformado por Daniel Kost (voz y letras), Alexander Rudenshiold y Winston Givler (guitarras y voces), Kyle Guerra (bajo y voz) y Austin O’Rourke (batería, percusión, piano, acordeón, mandolina, arreglos orquestales y voz). Como invitados hay una cantidad enorme de cantantes de grupos amigos, y participa el Faceless Ensemble. Las referencias más claras para comparar su propuesta son Deafheaven y Knoll. El arte de tapa fue realizado por la artista folk Sarah Bachman, y refleja una escena casi bucólica de los paisajes rurales del área de los Apalaches, en el sur de EEUU, junto con la energía emanada del fuego y el sentimiento de comunidad.

 “Another Cycle”, de hecho, explota tras un comienzo casi acústico, la voz rabiosa y por momentos cavernosa, canta sobre una base rítmica potente y guitarras etéreas. Los cortes que anticipan nuevas avalanchas serán profusamente utilizados. “Fulfilled” sigue con la inercia furiosa y agrega algo de groove, con tintes hardcore. La mayoría de los tracks no supera los tres minutos. “Found Hand” nos presenta gritos grabados como a la distancia, sofocados, sobre una base entre noise y atmosférica, para que luego, “Clawing, Still” irrumpa con su batería demoledora, y en el fondo de todo el caos, se percibe una armonía que otorga, con gran sutileza, un clima bastante especial. Aparecen unos riffs atractivos, entramados con ruidos deliberadamente colocados.

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“Veil” es la primera canción que supera los cuatro minutos (hay otras dos en el disco, sumadas a una que casi llega a los cuatro). Más allá del trabajo vocal, que es constantemente sucio, emergen texturas propias del post-rock, y ese es uno de los aspectos más interesantes en la propuesta de Infant Island: ese aspecto está amalgamado con el resto, no es algo que solamente se expone en algunos tracks, y eso se está viendo mucho últimamente: la banda pesada que en su disco incluye una o dos canciones de algún otro estilo en las antípodas. A continuación, “Amaranthine” tiene un inicio apacible, hasta diría que encantador, relajante, de una belleza totalmente carente de violencia. Sin embargo, es inevitable la sensación de que todo va a estallar pronto, y -en efecto- eso es lo que sucede promediando el track. Las líneas de guitarra tienen una elaboración brillantemente lograda y la percusión suena comprometida con la composición, es decir, no es meramente la “base”, hay una intencionalidad expresiva muy notable. Nos encontramos ante un blackgaze tan delicado y melancólico que, en ciertos lapsos, alcanza una cualidad épica de irónica simpleza. “With Shadow” vuelve a emplear el recurso de los gritos sobre una música calma, casi hipnótica. En estos tramos, el bajo sobresale con sus toques de muy buen gusto.

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“Unrelenting” recupera fuerza, y da la impresión de que, conforme avanza el álbum, la esencia post-rock va acentuándose. Así llega “Kindling” que confirma enfáticamente la sospecha: al menos hasta la mitad, bien podría tratarse de una canción de Sigur Rós, lo que implica, por supuesto, el canto limpio. Después, como era esperable, se desata la ira, aunque, a veces, lo que parece ira, puede ser la manifestación de una rotunda negación a resignarse. El último track, “Vestygian” parece condensar todo lo que Infant Island es, como si fuera ese instante al final de cada viaje cuando se recuerdan las mejores vivencias, como para asegurarse de que queden grabadas indeleblemente, antes de volver a la realidad cotidiana. “Obsidian Wreath” es un excelente trabajo, de escucha totalmente recomendable para espíritus sensibles y amantes de lo extremo, cosas que no son excluyentes.

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Job For A Cowboy – Moon Healer (2024)
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Aunque en la mente de muchos Job For A Cowboy sigan siendo vistos como una banda de deathcore, eso es como decir que Ulver es una banda de black metal: hay que estirar un poco la verdad para ello. Su EP Doom (2005) fue ciertamente la entrada definitiva de esta nueva movida en el mainstream, como los también estadounidenses Killswitch Engage habían hecho poco antes con Alive Or Just Breathing (2002) y The End of Heartache (2004): ambas bandas pueden tomar gran parte del crédito por la avalancha de bandas de look emo, perfiles en MySpace, nombres de tres palabras o más, breakdowns y todos los otros clichés del metal mainstream durante la década del 2000. Pero mientras Killswitch Engage se mantuvieron como uno de los nombres más importantes de la movida, Job For A Cowboy le dejaría ese puesto a gente como Suicide Silence, Bring Me The Horizon, Carnifex, Whitechapel y demás, ya que ellos dejaron atrás el sonido deathcore. 

Bastante de esto tiene que ver el cambio de integrantes, con el cantante Jonny Davis siendo el único miembro constante, y que cuando comenzaran la enorme mayoría de los integrantes fueran adolescentes: uno no puede esperarse que sigan sonando igual. En su primer LP Genesis (2007) pusieron más énfasis en el death metal, y con Ruination (2009) y sobre todo Demonocracy (2012) mostraron riffs mucho más retorcidos y técnicos. Ese crecimiento en su sonido alcanzaría su punto más alto con Sun Eater (2014), su álbum más progresivo. Pero a pesar de ser su lanzamiento mejor recibido hasta el momento, la banda se tomó los últimos diez años como un descanso no oficial: no giraron para presentar el álbum y casi no dieron conciertos en general, enfocándose en sus estudios y familias para compensar el calendario salvaje de recitales que habían tenido en los últimos años. 

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Moon Healer, quinto álbum del grupo, sirve como un regreso a la actividad de Job For A Cowboy, y lo hace siguiendo la senda marcada en Sun Eater, e incluso redoblando la apuesta. La dupla “Beyond The Chemical Doorway” y “Etched in Oblivion”, claramente hechas para ser escuchadas juntas por la transición entre ambas, son una buena muestra de lo que hay que esperar de este álbum, con blastbeats brutales y las guitarras pesadas de Alan Glassman y Tony Sannicandro (no debe ser coincidencia que el cambio en el sonido de la banda esté marcado por la llegada de ambos) tirando esos riffs retorcidos, entremezclados con arreglos jazzeros donde brilla la labor de Navene Koperweis como baterista de sesión, cambiando de ritmos como si de respirar se tratara.

En otras como “Grinding Wheels of Ophanim” y “The Sun Gave Me Ashes So I Sought Out The Moon” (título que parece nombre de banda de metalcore, justamente), pero bien podría señalarse lo mismo en el resto del álbum, se destaca lo hecho por el bajista Nick Schendzielos, miembro de los también híper técnicos Cephalic Carnage, que en un género donde tantas veces las cuatro cuerdas quedan sepultadas en una marea de distorsión logra llamar la atención (aunque sea con un bajo de cinco cuerdas), a veces desviándose del riff principal y metiendo unos arreglos envidiables. Personalmente creo que la producción da una mano enorme en esto, con un sonido que es poderoso pero sin sentirse ultra comprimido ni tampoco sobreproducido o excesivamente limpio, donde también aparece la voz de Davis como el cable a tierra de la propuesta: sus voces guturales se mantienen en forma a pesar del paso de los años, y aportan esa “suciedad” pesada al sonido.

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Un detalle que aporta mucho a la experiencia es que Job For A Cowboy no exageren con la duración de las canciones, con Moon Healer durando apenas 39 minutos divididos en ocho canciones, con la final “The Forever Rot” siendo la única que supera los seis minutos y funcionando de manera perfecta para cerrar el disco. Esto condensa la locura de ciencia ficción en una duración razonable, sin divagar en largos pasajes instrumentales que no lleven a nada: habrá bandas que logren meter eso sin aburrir, pero no creo que funcione dentro de la propuesta de Job For A Cowboy.

Lo de Moon Healer no es para todo el mundo, y puede que haya estándares diferentes donde las muestras de técnica por parte de la banda crucen la barrera y terminen en el terreno de la pretenciosidad. Pero creo que lo de Job For A Cowboy en su quinto álbum es un triunfo, y una muestra de cómo envejecer con dignidad en un medio donde tantas bandas terminan dando vergüenza o perdiéndose en el camino.

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Amaranthe – The Catalyst (2024)
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Este 2024 marca el regreso de una gran cantidad de grupos, uno de ellos son los metaleros melódicos Amaranthe, quienes nos traen este año su séptimo disco de estudio The Catalyst, donde reafirman que si la fórmula es buena y sigue funcionando ¿Para qué cambiarla no?.

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En este nuevo álbum, la banda liderada por Elize Ryd sigue la senda habitual de su discografía combinando elementos de pop y metal con toques electrónicos, las tres voces y los recursos habituales utilizados por la banda sueca.

Y ya desde el pegadizo estribillo de la inicial “The Catalyst”, podemos tener idea de lo que nos vamos a encontrar en este nuevo disco de los suecos, con esas bases potentes y modernas, el juego a tres voces y ese sonido que tan bien ejecutan Amaranthe y con el cual han destacado durante más de 10 años.

Hay que destacar la gran voz del señor Nils Molin, mucho más heavy que quizás la que tenía Jake.E, pero que hace un muy buen contraste con la aterciopelada voz de Elize Ryd, que sigue sonando igual de magnífica que en el primer disco.

Por otro lado, el aporte gutural de Mikael Sehlin, a quién muchos conocemos por su gran trabajo en Engel y que suple a la perfección el hueco que dejo Henrik Englund tras su salida de la banda en 2022 y que destaca bastante en este disco, demostrando lo bien que ha encajado en esta nueva etapa de Amaranthe.

La primera parte del disco viene destacada con temas como “Damnation Flames”, “Insiatable” o la potente “Interference”, temas todos, en la línea habitual de Amaranthe.

Mientras que la segunda mitad, la abre la bella balada “Stay a Little While”, donde podemos ver lo bien que se le da a la banda este tipo de canciones, con Elize cantando de forma cristalina (a lo “Amarathine”) y Nils aportando su lado más poderoso y demostrando una destreza vocal envidiable.

El tema se adorna con un gran solo de Olof y seguro que va a emocionar a más de uno en su nueva gira europea, que veremos pasar por nuestro país en cuestión de días.

El binomio “Ecstasy” / “Breaking the Waves”, balancea bastante bien la segunda mitad del disco, siendo la primera más moderna y la segunda más intensa y para mi de las mejores del disco.

Mientras que el temazo “Outer Dimensions”, nos recuerda la primera época de la banda y quizás hubiese ganado más puntos de haber estado más arriba en el tracklist final del álbum, pero aún así es de las mejores piezas del mismo.

Para cerrar el disco tras el temazo que es “Outer Dimensions”, los suecos se sacan dos ases más de la manga para ponerle el broche de oro a este nuevo trabajo.

Y es que la espectacular “Resistance”, con esos teclados tan melódicos, una base potente y los tres cantantes dando lo mejor de sí en casi todo el disco hacen de esta una gran pieza de metal moderno que en directo tiene toda la pinta de ser una bomba y lo mismo ocurre con el single “Find Life”, que fue lo primero que pudimos escuchar del disco y tiempo después sigue siendo de lo mejorcito del mismo.

Pues con una segunda parte bastante superior a la primera, Amaranthe cierran este nuevo trabajo con notable y demostrando que su propuesta sigue sonando intensa e interesante estos días y evidenciando porque son una de las bandas de metal moderno más destacadas de su generación.

 

 

 

 

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Judas Priest – Invincible Shield (2024)
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Judas Priest y Iron Maiden son dos bandas en las que pienso mucho, y me gusta pensar en que ambas tienen carreras que parecen ir de manera paralela pero, paradójicamente, tomando caminos completamente opuestos. El punto en común más obvio es la salida de sus cantantes icónicos durante los noventas y el comienzo de sus etapas más complicadas, con dos álbumes que los mostraron casi irreconocibles, hasta que durante la primera década del nuevo milenio las cosas volvieran a su lugar con la vuelta de ambos cantantes a sus puestos, donde se mantienen al día de hoy como dueños absolutos.

Ahora, hay un par de detalles para mencionar en las historias de Judas Priest y Iron Maiden que los ponen en planos opuestos. Uno es que la primera etapa de Bruce Dickinson en Maiden se había cerrado con la salida de No Prayer For The Dying y Fear Of The Dark, sin lugar a dudas dos discos bastante decepcionantes después de la tremenda seguidilla de clásicos que los comandados por el bajista Steve Harris lanzaron durante la última década completa de la Guerra Fría, mientras que la de Rob Halford en Judas se cerró con Painkiller, considerado por muchos como el punto más alto en toda la discografía de los de Birmingham, sobre todo después de los divisivos Turbo y Ram It Down

Y mientras los lanzamientos de Iron Maiden en su segunda etapa con Dickinson arrancaron alto con Brave New World mientras que la calidad ha ido en picada con cada lanzamiento consecutivo, los últimos de Judas Priest se pueden contar entre los mejores discos de esta segunda etapa. Después de ese experimento fallido llamado Nostradamus y el frío Redeemer of Souls, no creo que muchos esperaran que Firepower fuera tan bien recibido. ¿Comparable con sus lanzamientos clásicos? Tampoco exageremos, pero tampoco lo descartemos completamente: es un muy buen disco de principio a fin, y para una banda con casi cincuenta años de carrera en sus espaldas es algo con lo que uno debería estar satisfecho, y lo que me hubiera gustado que el último de Iron Maiden hubiera sido.

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Dicho eso, no sabía muy bien qué esperar de Invincible Shield. Las expectativas después de aquel gran último álbum eran obviamente altas, pero Judas es una de esas bandas donde no hay que sorprenderse si varían mucho de calidad entre disco y disco, y a eso se suma que la portada no me convencía: incluso en estos días de lanzamientos digitales, la tapa suele ser de lo primero que se ve de un álbum, y las comparaciones que algunos hicieron a “una publicidad de un torneo de paintball” o a “algo que se vería en una máquina tragamonedas” dieron en el blanco. Pero cuando tuve el disco en mis manos, ya había hecho las paces con la portada y me preparé para la hora de la verdad.

Invincible Shield es un álbum que se mantiene en un solo modo durante casi todo el disco: heavy metal. Esto puede sonar como una obviedad, siendo que estamos hablando de Judas Priest, pero la realidad es que el decimonoveno lanzamiento del quinteto parece un tributo a los álbumes clásicos de la banda, con las diferentes canciones pudiendo haber sido incluidas como tracks adicionales en casi todos ellos sin quedar fuera de lugar. Invincible Shield familiar en sus ingredientes pero que no por eso suena como las sobras de alguna otra sesión de grabación.

Por ejemplo, “The Serpent and the King” fue el último single del álbum, y recuerda a una versión acelerada del material de la dupla Screaming For Vengeance / Defenders of the Faith, y que me recuerde a esos dos clásicos es un plus desde el principio. La dupla de Glenn Tipton y Richie Faulkner se saca chispas uno al otro chispas tirando riffs como para andar en moto a todo lo que le da por la ruta, mientras que Halford vuelve usar sus gritos agudos icónicos e incluso hace cambios repentinos desde su registro normal. No es una canción para ser analizada a fondo, simplemente es buen heavy metal de principio a fin.

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Otros es “Panic Attack”, que fue el primer adelanto de Invincible Shield y es también la canción con la que la placa arranca, y lo hace con una intro de sonidos ochentosos sintetizados, antes de dar paso a un par de riffs gemelos de manual pero que no dejan de ser deliciosos y después a la voz de Rob Halford. Está claro que hablo de la tarea que hace Halford desde la comodidad de un estudio, pero escuchar al Metal God alcanzar esos agudos a sus impresionantes 72 años, con cantantes mucho más jóvenes mostrando ya claras señales de fatiga vocal, es algo admirable, y que encima lo haga en una canción de este calibre lo es todavía más. “Panic Attack” es un inicio perfecto, con su uso del crescendo y la energía que se siente, al punto de que uno acepta que Halford cierre uno de los versos chillando la palabra “memes” simplemente por la convicción con la que lo hace. La labor de Scott Travis detrás de los parches es otro punto alto, con un doble bombo con un dejo fuerte a Painkiller sin sonar como copia ni reciclado, sino demostrando una energía envidiable.

Saltando un poco a través del tracklist, “As God As My Witness” recuerda inmediatamente a Painkiller en su velocidad y riffs filosos, mientras que “Fight For Your Life” parece una versión actualizada de algo de Killing Machine con ese músculo hard rock de los setentas. “Escape From Reality” es una de las más diferentes, con esa atmósfera medio psicodélica con los efectos en las voces y algo de aporte en las voces de Ozzy Osbourne: ciertamente suena como algo que podría estar en alguno de los dos últimos discos del Madman, y sería una canción a destacar en ellos.

Ya que mencionamos a “Escape From Reality” como una canción diferente, hay que mencionar que el álbum cierra con “The Lodger”, la más diferente de este Invincible Shield. Una especie de balada pesada y bastante densa en su atmósfera. Iba a decir que me recordaba a “(Take These) Chains”, aquella joya oculta (al menos para mí) de Screaming For Vengeance, hasta que me encontré que ambas fueron compuestas por Bob Halligan Jr., un compositor estadounidense que ha contribuido a varias bandas de hard rock. No sé si la hubiera puesto al final del álbum, siendo que terminar con una balada siempre es un riesgo, pero de manera individual funciona lo más bien.

Llegaría un momento donde simplemente estaría repitiéndome, así que voy a ir cerrando diciendo que Invincible Shield me parece un álbum sin desperdicio alguno. Habrá canciones más o menos ambiciosas, pero para ser un disco relativamente largo (63 minutos incluyendo las canciones de la edición deluxe) es extremadamente consistente, sin baches ni relleno evidente. Si hubiera alguna crítica negativa sería que no me quedo con grandes momentos referidos a Ian Hill: siempre me ha hecho gracia que el bajista haya sido el pegamento de Judas Priest a lo largo de casi cinco décadas y media, el único que estuvo en todas las formaciones de la banda, sin poder decirse que sea el líder o incluso una de las figuras más conocidas. Pero su aporte siempre es apreciado aunque no sea un virtuoso de las cuatro cuerdas.

¿Cuántos grupos con cinco décadas de carrera pueden decir que en 2024 sacaron uno de los mejores álbumes de sus carreras? Es increíble lo que Judas Priest lograron en este álbum: buenas canciones, buena producción, haciendo honor al sonido clásico de su carrera pero sin sonar como una repetición de clichés. Se pensaría que eso sería más fácil de lo que parece, pero últimamente los compañeros de generación de Judas me vienen decepcionando en su mayoría. Así que, ¿disco del año? Creo que tendría que ocurrir un milagro para que lo saquen del Top 5, como mínimo.

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Blowfuse – The 4th Wall (2024)
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Los barceloneses de Blowfuse vuelven a la carga con este “The 4th Wall”, en el cual nos teletransportamos a aquellas tardes en el skatepark, con bandas como Sum 41, Pennywise, NOFX o Bad Religion resonando en nuestro walkman siendo reproducidas a partir de cintas regrabadas. Realmente lo han conseguido, este Skate Punk que nos transmite toda la atmósfera en la que llevan años introduciéndonos es mas nostálgico que nunca. 

El grupo nos trae una mezcla basada en el Punk más macarra y skater sin perder la esencia del pop como en los temas “Wish” y “No Matter What I Do”. Estribillos pegadizos y cargados, combinaciones entre riffs que se salen de los estándares del punk que hacen a los de la capital catalana aferrarse a un dinamismo rara vez visto en este género. 

Podemos ver que enn canciones como “State Of Denial” y ‘I Give You My Word’, se puede percibir un conjunto de trazadas de otros grupos de la escena, pero en “Wish” y “Far Away”, Blowfuse muestra su propio estilo de la manera más evidente. La habilidad de estos chavales para combinar diferentes elementos y crear piezas dinámicas y pegajosas es mucho mas que notable y soberbia.

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En este trabajo, Óscar Puig lidera con su voz mientras la base instrumental aporta una rica musicalidad, destacando el bajo de Víctor Mañas en ‘Move On’. Además, la colaboración de Albert Requena, guitarrista de Crisix, en los solos de guitarra es un claro ejemplo de la capacidad de la banda para trabajar con talentosos músicos externos. 

Blowfuse demuestra disfrutar de su trabajo tanto en el estudio como en el escenario, lo cual se refleja en la energía de sus actuaciones en vivo y en la calidad de sus álbumes. Con una actitud cercana y amigable, han ganado el afecto y la admiración de sus seguidores en Barcelona y más allá. 

Así que nada, esperaré una semanita mas para tenerles en aquí en Tarragona y ya os iré diciendo si realmente, Blowfuse revienta la sala como me han dicho…

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Skeletal Remains – Fragments of the Ageless (2024)
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La banda estadounidense Skeletal Remains se despacha con un nuevo larga duración, el quinto en poco mas de 1 década de carrera, con su death metal “old school” que rememora los dorados años noventa.

El álbum en cuestión se titula “Fragments of the Ageless” y estará en las calles el 8 de marzo de 2024 a través del sello Century Media.

Actualmente la alineación está conformada por Chris Monroy en guitarra y voz, Mike De La O en guitarra, Brian Rush en el bajo y Pierce Williams en batería.

El LP fue mezclado y masterizado por Dan Swanö, mientras que el arte de la portada fue realizado por Dan Seagrave, con quien ya habían trabajado en “The Entombment of Chaos” en 2020.

En “Fragments of the Ageless” no encontraremos nada innovador o novedoso, solo buen death metal al estilo de Vader, Benediction, Morbid Angel y Pestilence.

El comienzo es con “Relentless Appetite“, una canción con una buena carga de agresión desenfrenada que incluye voces guturales y riffs que muestran la técnica de la banda y todo su poderío.

El salvajismo continúa en “Cybernetic Harvest“, que comienza con un feroz bombardeo de tambores ametrallando al escucha y se beneficia con algunos cambios de tempo y una excelente participación de la técnica.

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Canciones como “To Conquer the Devout” muestran la habilidad de Skeletal Remains para entretenernos con composiciones intrincadas.

Forever In Sufferance” también cuenta con algunos riffs orientados al groove, mucho doble bombo e intrincados trabajos de guitarra.

En “Verminous Embodiment” incorporan elementos de thrash y black metal, añadiendo una complejidad a su sonido.

Ceremony of Impiety” es un breve minuto y medio de instrumental atmosférico con un fuerte uso de teclados (interpretados por el bajista Brian Rush) que proporciona un descanso bienvenido a la intensidad aplastante de las demás canciones. 

Void of Despair” suena a toda potencia, llega con un par de solos limpios y a puro machaque.

En “Unmerciful” nos encontramos con la pista más larga del álbum, con una buena cantidad de intrincados riffs, atmósfera y mucho doble bombo.

El álbum, cierra con la pista instrumental “Evocation (The Rebirth)“, con cada miembro de la banda teniendo la oportunidad de mostrar su evolución técnica.

En conclusión, Skeletal Remains ha elevado el listón y solidificado su posición de liderazgo entre las nuevas agrupaciones que practican death metal de la vieja escuela, sin embargo, continúan madurando, elevando su composición, aumentando los niveles de tecnicismo e introduciendo nuevos componentes.

 

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Blind Channel – Exit Emotions (2024)
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Tras el arrollador éxito conseguido con sus dos anteriores trabajos (Violent Pop de 2020 y Lifestyles of Sick & Dangerous de 2022) y una vez dejado atrás el fenómeno eurovisivo, los finlandeses Blind Channel regresan este 2024 con el que es ya su quinto trabajo de estudio y con el cual pretenden arrasar ya a lo largo y ancho del globo para reafirmarse como una de las bandas alternativas más importantes y destacadas de la actualidad.

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Pues en este nuevo trabajo el sexteto continúa la senda marcada por sus trabajos previos, pero con ciertas pinceladas que denotan la intención de la banda de seguir creciendo y evolucionado enriqueciendo sus canciones con nuevos matices pero sin perder su esencia personal.

El disco ya comienza de forma arrolladora con “Where’s The Exit”, con unos rapeados incendiarios al más puro estilo Papa Roach (de la primera época) que se combinan con las voces melódicas y los screams brutales, siendo este una forma impecable y abrumadora para arrancar este nuevo trabajo.

La siguiente invitada es la ya conocida, “Deadzone” que es simplemente fantástica y que nos transporta de forma inmediata a comienzos de los 2000 con esas voces dobladas, esas guitarras heredadas de Linkin Park y Disturbed, pero con la suficiente personalidad para que las referencias a las bandas clásicas del estilo, sean eso, meras referencias y que los chicos de Blind Channel hayan sabido plasmar a la perfección, dándonos cortes tan destacados como este.

Y si, como para cualquiera de mi generación, la influencia de Limp Bizkit se hace presente en los primeros versos rapeados de “Wolves in California” (Puede ser esta pieza su particular “Break Stuff” en 2024, solo el tiempo lo dirá), los sampleados de Aleksi son una pasada y le dan ese toque retro a la canción y que tiene toda la pinta de ser un auténtico bombazo en directo.

La batería de Tommi Lalli echa fuego y le imprime el ritmo perfecto a una de las mejores canciones de la banda hasta la fecha.

Por si esto fuese poco, a esta explosiva pieza le sigue la ultra pegadiza XOXO, un auténtico bombazo de nu metal moderno, donde la banda une fuerzas con sus amigos norteamericanos de From Ashes To New (En cierto modo la versión norteamericana de BC) y que decir si el resultado es fantástico y de los más melódicos del álbum.

El ecuador del disco lo marca “Keeping It Surreal”, con cierto guiño a bandas como Linkin Park y Story of the Year, un juego de voces entre Joel y Nikko precioso y cabe destacar que aunque haya un poquito de filtro digital en las voces, esto es un recurso meramente estético como usan artistas tipo I Prevail o Post Malone.

El corte es una delicia y su toque accesible oxigena al disco entre tantos cortes más cañeros y enérgicos.

Cualquiera que conozca un poquito a Blind Channel sabrá que los medios tiempos es algo que se les da muy bien, ahí tenemos los casos de “Lanterns”, “My Heart is a Hurricane” o “Autopsy”, por citar algunos nombres propios.

Pues en este disco y abriendo la segunda mitad del álbum nos encontramos con “Die Another Day”, un precioso medio tiempo donde la banda finlandesa ha contado con la colaboración de Rory, una artista británica muy destacada dentro de la movida alternativa actual y que aporta su calidez vocal a la canción, siendo uno de los cortes más emotivos del disco y que seguramente suene aún más bonito en su nueva gira.

“Phobia” es uno de los mejores cortes del álbum en cuanto a lírica se refiere, abordando el tema de la salud mental, algo especialmente delicado y con lo que millones de personas batallan cada día pudiendo encontrar en este tema una especie de “refugio” para salir adelante cuando la oscuridad se posiciona sobre nuestras cabezas.

El Nu Metal vuelve a hacerse presente con “Happy Doomsday” (posiblemente su “Dark Side” de este disco y si no al tiempo), un absoluto temazo, super moderno, pesado y accesible a la vez con guiños a bandas como Linkin Park, P.O.D., Taproot (A mi no me vengáis con estupideces, cuando este tema podría haber encajado tanto en Gift como en Welcome hace 20 años) y I Prevail, siendo de los mejores cortes del disco y que hará las delicias de los que los han descubierto gracias al disco Violent Pop o a su explosiva performance Eurovisiva.

Y en “Not Your Bro”, nos vamos a encontrar con unos fraseados rapeados de Joel Hokka, que son un escándalo y a los cuales se les suma un intenso estribillo, acompañado de una gran base guitarrera, siendo un corte que puede destacar también mucho en directo.

El single “Flatline” , otra de las joyitas del disco y la final “One Last Time…Again”, con unos coros espectaculares y unos pasajes melódicos muy bien logrados, ponen el cierre más que notable a este nuevo disco de Blind Channel, con el cual demuestran que son mucho más que el fenómeno del momento y que su evolución no tiene techo, ya que tras 5 discos siguen sonando frescos e incluso mejor que en su disco anterior, con lo cual la banda vuelve a dar en la diana y a demostrar que luchando y con buenos discos como este se llega a alcanzar lo que siempre habían soñado.

 

 

 

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Infected Rain – Time (2024)
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Tras dos años desde su último trabajo (Ecdysis), los metaleros modernos Infected Rain vuelven a la carga con su nuevo disco Time, el cual supone ya el sexto trabajo en su carrera y que nos demuestra que la banda liderada por Lena Scissorhands se encuentra en su mejor momento.

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En este nuevo disco, la banda continúa su evolución manteniendo esa mezcla explosiva de nu/groove metal con toques de metalcore “old school”, pero creo que se puede ver un poquito más del avance que están teniendo con cada uno de sus discos.

El disco se abre con “Because I Let You” y ya podemos tener una idea más o menos clara de por donde van los tiros de la banda en este nuevo trabajo, con una frenética base que tiene la mira puesta en los 2000 y con la que uno puede pensar en bandas como Otep (sobre todo en lo que hacían en Saves Tra) y donde Lena vuelve a demostrar sus diferentes recursos vocales, con momentos pausados, otros mucho más guturales y unas melodías cristalinas hacia el final de la canción y que es el puntapié perfecto para este nuevo disco de Infected Rain.

Alice Lane marca con su potente bajo el comienzo de “Dying Light” y ya podemos ver que la talentosa y atractiva bajista se ha adaptado de perlas al sonido de sus nuevos compañeros y seguramente esta canción nos recuerde bastante la época de “86”, algo que los que somos conocedores de la banda moldava celebramos con júbilo y alegría ya que es un tema muy potente, con Lena destrozándonos los tímpanos gracias a sus guturales y “screams”, pero combinado con el toque justo de melodía.

La mezcla de sonidos vuelve a sorprender con el single “Never To Return”, un corte que comienza mucho más electrónico con ciertas reminiscencias al trip hop, pero combinado con el poderoso sonido habitual de la banda y ese groove en la base (donde hay alusiones a bandas como Machine Head), da como resultado una pieza bastante interesante dentro del disco.

Por el contrario, en “Lighthouse”, el comienzo es mucho más melancólico y oscuro combinando distintas texturas entre los versos, evidenciando la versatilidad y la capacidad de explorar nuevos sonidos para su voz que tiene Lena y que quizás era lo que le faltaba a su disco anterior, mucho más lineal que este en muchos momentos.

El último de los singles del disco hasta la fecha “Vivarium”, seguramente sea donde más se explore el Djent por parte de la banda y si, quizás se te pueda venir a la memoria algún paralelismo con sus compañeros de Jinjer, aunque las diferencias entre ambas bandas hace tiempo que quedaron bien marcadas, pero aquí vuelve a haber cierto acercamiento y le aporta otro color más a la primera mitad del disco.

Tal y como ocurría con “Dying Light”, en el caso de “Pandemonium” volvemos a tener un recuerdo de sus primeros años, pero con un sonido mucho más pulido y mejorado que seguramente haga que esta pieza suene mucho mejor en directo con más cuerpo y energía.

La caña vuelve de la mano de “Enmity”, un absoluto puñetazo en la cara que supone de los momentos más cañeros del disco y que hará las delicias de los fans más “old school” de la banda moldava.

Para el final tenemos una pequeña sorpresa ya que “Paura” combina el juego de voces en inglés e italiano, por primera vez en la carrera de IR y ese comienzo en italiano susurrante es bastante interesante y sorpresivo para el oyente, con una base muy intensa pero sin ir a toda pastilla, siendo una canción a la cual quizás debas dedicarle más de una escucha para poder captar su esencia, pero que acabará conquistándote si le das el tiempo necesario.

La verdad es que tenía muchas expectativas con este nuevo disco de Infected Rain y no sólo las han cumplido, si no que quizás Time sea el mejor disco de la banda desde Endorphin y porque no desde 86 y eso solamente nos indica que Lena y los suyos han hecho un muy buen trabajo y que su evolución sigue los pasos correctos.

 

 

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Bloody Kitchen – Caos (2024)
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Desde Madrid nos llega el nuevo trabajo de los muchachos de Bloody Kitchen, un grupo que se inició en 2020 y hasta ahora lleva en su haber un álbum titulado Degeneración editado en el 2021 el cual los llevó a ser reconocidos cómo uno de los más grandes exponentes de metal industrial en español. Pero cómo es de costumbre este grupo no se detiene y el 2024 nos trae un nuevo comienzo y con ello un nuevo trabajo discográfico llamado Caos, el cual consta de 11 canciones que no dan descanso en absoluto.

La placa comienza con “El mundo arder” un tema que comienza con una guitarra poderosa sin vueltas y con una letra que nos hace sentir que no hay esperanza pero estamos bien con ello, además de un estribillo pegadizo que nos engancha desde el primer momento. Sigue “Clon” con una lírica más orientada a la ciencia ficción y un sonido que mezcla cosas del nu metal con el estilo industrial que maneja la banda de por sí. Es el turno de “Lucifer” donde nos encontramos con una oda al padre de las tinieblas y viendo que no todo es lo que parece con este famoso personaje. Llegando a la mitad de la placa suena “Sexo” y bueno prefiero dejarles a ustedes el buscar sobre que habla la cancion si aún no se dieron cuenta. Cuando comienza a sonar “Fiesta Industrial” nos damos cuenta que necesitamos escuchar este tema con parlantes a todo volumen y rodeado de amigos que entienden el sentimiento.

“Natsukashii” nos lleva por un sonido dominado más por los teclados sin dejar de lados las guitarras pesadas y contando una historia de desamor y sensaciones varias. El momento irreverente llega con “Padre” donde escuchamos una crítica al sistema religioso acompañado de bases sólidas y pesadas las cuales se repiten a lo largo de todo el disco. Cuando suena “Loco” nos encontramos con una historia sobre un hombre perseguido por su propia percepción o al menos eso creemos, con una melodía contundente y pesada bien marcada. El himno propio de la banda se hace presente cuando suena “Bloody Kitchen” donde nos enteramos un poco más sobre la banda y su modo de vida. El momento balada llega cuando suena “Junio me dijo adiós” donde tenemos la típica historia de amor en la cual hay un corazón roto y una historia que se termina. El cierre del disco queda a cargo de “El final” la cual con un ritmo más lento y pesado nos marca el cierre de esta placa que no tuvo un punto bajo y a lo largo de los 11 temas nos sumergimos en un viaje lleno de caos tal cual indica el nombre del disco.

Así pasó Caos, el nuevo trabajo de Bloody Kitchen y nos deja claro que el año arranca de la mejor manera para los madrileños, con un disco bajo el brazo y el mundo para llevarse por delante. Con un disco así no queda más que esperar mejores cosas de estos muchachos.

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Cower – Celestial Devastation (2024)
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¿Se acuerdan de aquella época cuando los discos -si no se tenía ninguna referencia de la banda- se elegían por la impresión que nos causaban sus tapas? Si íbamos a alguna tienda amiga, quizás teníamos la posibilidad de escucharlo un poco, antes de comprarlo, pero de lo contrario, era un salto al vacío, tan solo a partir de la gráfica. Muchas veces eso funcionaba como la puerta de entrada a un mundo maravilloso. En otras ocasiones, afrontábamos una gran decepción… Pero había -y sigue habiendo- una tercera opción: que la música nos sorprenda gratamente, porque parece no tener nada que ver con el arte visual de la portada, pero aún así nos encanta. Ese es el caso de este nuevo álbum de Cower. Lo más probable es que sea algo deliberado: el logo parece lo más típico de un grupo de black metal, o quizás, de death, y la ilustración parece de un trabajo de death metal técnico, o tal vez, de doom metal. El título “Celestial Devastation” suena brutal. Como sea: nos inspira algo bastante pesado, por no decir extremo. Pero no.

Cower es un trío londinense de “gothic noise”, una categoría que deben haber inventado para evitar tener que usar un montón de otras distintas que servirían para describir la multiplicidad y diversidad de estilos que combinan en su música. El grupo está integrado por Gareth Thomas, Wayne Adams y Thomas Lacey y han creado un disco que, para mis oídos, resulta alucinante. Felicitaciones al sello Human Worth por editarlo.

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“We Need to Have the Talk” es una canción calma, romántica, basada en el piano, con reminiscencias de Nick Cave & The Bad Seeds, y una voz similar a la de Martin Gore: nada que ver con la expectativa inicial que teníamos. Luego “Summoner” es como una trompada en medio de la cara para despertarnos del letargo en que nos sumergió el primer track. Un bajo aplastante es lo que más sobresale, junto con una batería agresiva. El canto es  siempre limpio. Acá parecemos encontrarnos ante una versión más pesada de The Birthday Party y llega “Hard-Coded in the Souls of Men” y reina la confusión. Cower es un poco de todo y todo hecho con maestría. En momentos como este, suena a Depeche Mode. La voz sobre la base electrónica es increíblemente seductora. Entonces, ubicamos a Cower dentro del actual post-punk revival: Have A Nice Life, Planning For Burial, Daughters y Alexis Marshall, Giles Corey, Rope Sect y más recientemente, Crippling Alcoholism, Sprain y Roscian. Todo eso que el trío de Londres quiere resumir bajo el nombre “gothic noise” sería una mezcla de elementos darkwave, gothic rock, post-rock y noise con unas pizcas de metal.

Perdón por el exabrupto, pero el comienzo de “Buffeted by Solar Winds” es orgásmico para amantes del movimiento dark. Una delicia sonora, con una voz preciosa y un bajo que vuelve a resaltar, sobre una percusión efectiva, guitarras más potentes, una línea melódica de teclado que se convierte en un gusano cerebral y un estribillo brillante. A esta altura creo que Cower merece todos los elogios que puedan venirme a la mente. “Deathless & Free” sigue confirmando la maestría de estos músicos para ejecutar un rock gótico al límite del pop. Esos teclados en el estribillo son fantásticos y el solo de guitarra es de una sutileza destacable. La batería es tremendamente discursiva, muy lejos de lo que podría ser cualquier ritmo programado. No voy a esconder mi entusiasmo: ¡qué hermoso es escuchar un muy buen disco!

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“False Flag”: otro ataque punk directo a la mandíbula. Curiosamente, estos momentos de violencia sirven para apreciar mucho más la gran calidad de la mezcla en este álbum. El aporte de cada instrumento se percibe con absoluta calidad. La batería en este track se acerca, por breves tramos, a la más propia del metal extremo. Y para seguir descolocando a la audiencia, irrumpe un saxo que, en lo personal, me parece bastante prescindible, pero suma a la intencionalidad disruptiva global. “Aging Stallions” es otra canción increíble en la que aparece un machaque de guitarra metalero. Esto es una maravilla. Honestamente, no tiene sentido que intente elegir mis favoritas porque abarcarían la mayor parte del disco y, en verdad, me gustan todos y cada uno de los tracks. Lo digo en serio: estamos ante uno de esos trabajos que, si lo escuchamos tres veces seguidas, va a dejar sonando en nuestras cabezas varias de sus canciones.

El track homónimo al álbum toma una veta casi drum ‘n’ bass, y de golpe, cuando menos se la espera, emerge una guitarra rockera que es exquisita. Solamente estoy mencionando novedades a lo largo de un viaje que ha sido, desde el primer segundo, absolutamente fantástico. Y para terminar “Bury Me in the Lawless Lands of the West” es una oda a la decadencia más bailable, casi una recreación del espíritu más puro de “Transmission” de Joy Division. Gente, “Celestial Devastation” de Cower es una obra magnífica. Si la escuchan después de leer esta reseña y no están de acuerdo, me escriben y me lo dicen.

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Infant Island – Obsidian Wreath (2024)
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Infant Island
es un grupo estadounidense formado en 2016, oriundo de Virginia, que combina blackgaze, grindcore, screamo y post-rock en proporciones variables a lo largo de los distintos lanzamientos en su discografía. “Obsidian Wreath” es su tercer álbum, que nos presenta a la banda con una propuesta consolidada y tendiendo hacia sus expresiones más pesadas. El disco fue compuesto en 2020, durante la pandemia, y refleja los sentimientos que generó, en ese momento y hasta ahora, la apatía del sistema de salud estadounidense, sumado a las crisis provocadas por el capitalismo, incluido el cambio climático, que nos colocan ante la visión de un mundo en decadencia. Esto se ve reforzado por la procedencia sureña del quinteto conformado por Daniel Kost (voz y letras), Alexander Rudenshiold y Winston Givler (guitarras y voces), Kyle Guerra (bajo y voz) y Austin O’Rourke (batería, percusión, piano, acordeón, mandolina, arreglos orquestales y voz). Como invitados hay una cantidad enorme de cantantes de grupos amigos, y participa el Faceless Ensemble. Las referencias más claras para comparar su propuesta son Deafheaven y Knoll. El arte de tapa fue realizado por la artista folk Sarah Bachman, y refleja una escena casi bucólica de los paisajes rurales del área de los Apalaches, en el sur de EEUU, junto con la energía emanada del fuego y el sentimiento de comunidad.

 “Another Cycle”, de hecho, explota tras un comienzo casi acústico, la voz rabiosa y por momentos cavernosa, canta sobre una base rítmica potente y guitarras etéreas. Los cortes que anticipan nuevas avalanchas serán profusamente utilizados. “Fulfilled” sigue con la inercia furiosa y agrega algo de groove, con tintes hardcore. La mayoría de los tracks no supera los tres minutos. “Found Hand” nos presenta gritos grabados como a la distancia, sofocados, sobre una base entre noise y atmosférica, para que luego, “Clawing, Still” irrumpa con su batería demoledora, y en el fondo de todo el caos, se percibe una armonía que otorga, con gran sutileza, un clima bastante especial. Aparecen unos riffs atractivos, entramados con ruidos deliberadamente colocados.

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“Veil” es la primera canción que supera los cuatro minutos (hay otras dos en el disco, sumadas a una que casi llega a los cuatro). Más allá del trabajo vocal, que es constantemente sucio, emergen texturas propias del post-rock, y ese es uno de los aspectos más interesantes en la propuesta de Infant Island: ese aspecto está amalgamado con el resto, no es algo que solamente se expone en algunos tracks, y eso se está viendo mucho últimamente: la banda pesada que en su disco incluye una o dos canciones de algún otro estilo en las antípodas. A continuación, “Amaranthine” tiene un inicio apacible, hasta diría que encantador, relajante, de una belleza totalmente carente de violencia. Sin embargo, es inevitable la sensación de que todo va a estallar pronto, y -en efecto- eso es lo que sucede promediando el track. Las líneas de guitarra tienen una elaboración brillantemente lograda y la percusión suena comprometida con la composición, es decir, no es meramente la “base”, hay una intencionalidad expresiva muy notable. Nos encontramos ante un blackgaze tan delicado y melancólico que, en ciertos lapsos, alcanza una cualidad épica de irónica simpleza. “With Shadow” vuelve a emplear el recurso de los gritos sobre una música calma, casi hipnótica. En estos tramos, el bajo sobresale con sus toques de muy buen gusto.

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“Unrelenting” recupera fuerza, y da la impresión de que, conforme avanza el álbum, la esencia post-rock va acentuándose. Así llega “Kindling” que confirma enfáticamente la sospecha: al menos hasta la mitad, bien podría tratarse de una canción de Sigur Rós, lo que implica, por supuesto, el canto limpio. Después, como era esperable, se desata la ira, aunque, a veces, lo que parece ira, puede ser la manifestación de una rotunda negación a resignarse. El último track, “Vestygian” parece condensar todo lo que Infant Island es, como si fuera ese instante al final de cada viaje cuando se recuerdan las mejores vivencias, como para asegurarse de que queden grabadas indeleblemente, antes de volver a la realidad cotidiana. “Obsidian Wreath” es un excelente trabajo, de escucha totalmente recomendable para espíritus sensibles y amantes de lo extremo, cosas que no son excluyentes.

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