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Sprain – The Lamb As Effigy (2023)
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Suele suceder que cuando algún artista icónico en su estilo cae en desgracia, por lo general debido a las consecuencias de sus propias acciones, otro emerge para llenar el vacío, ocupar el nicho vacante. No importa que la influencia del predecesor sea evidente, la novedad es amplificada por cierta sensación de redención para el público decepcionado. Y en este punto, me permito hacer un aporte al eterno debate acerca de la separación entre cada persona creadora y su obra. En efecto, dicha distinción puede –y debe- hacerse, más allá de que cada trabajo surja en un contexto histórico vivido (social, cultural, económico, político) pero también psicológico (subjetividad, ideología, experiencias, etc.). No obstante, lo cierto es que, si se decide consumir el producto de alguien cuya acciones individuales se rechazan (divulgar mensajes de odio, o hasta haber perpetrado maltratos, abusos, homicidios), aunque nada de eso se refleje estéticamente (algo que puede pasar, pero no es lo más frecuente para la mirada y la escucha atentas), es innegable que el consumo supone un apoyo financiero, entonces el dinero es una unión indisoluble entre esas dos cosas que filosóficamente se desea disociar: lamentablemente es así.

Sprain es una banda de California que llega justo para ascender tras el declive de Daughters y Alexis Marshall. Este grupo, liderado por Alexander Kent, ejecuta un noise/drone/post-rock de actitud claramente experimental y nos entrega uno de los discos más extraordinarios de este año en curso, que también nos trajo, dentro de un campo afín, lo nuevo de Swans. Aparte de la influencia de las referencias mencionadas hasta el momento, también hay una búsqueda que podría vincularse a la impronta de compositores contemporáneos como Xenakis, Richter, Penderecki, Stockhausen, solo por nombrar algunos.

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El álbum dura más de una hora y media, lo que –considerando el género- puede constituir un desafío. “Man Proposes, God Disposes” es un comienzo bastante “amigable”, como para invitar a la audiencia a entrar en un espacio con una confianza que será traicionada… O recompensada, según las expectativas de cada oyente. Si bien la composición se presenta accesible en los primeros momentos, pronto se desata el caos controlado que se necesita para generar esa diversidad alienante, vertiginosa, tan agresiva como cotidiana. Revuelan los fantasmas de The Velvet Underground, Sonic Youth y tantas otras leyendas. No tarda en resultar evidente que se nos propone un recorrido por atmósferas turbulentas. Las letras son muy extensas, y constituyen una mezcla de rumiaciones existenciales y crítica social, por no decir desprecio.

“Reiterations” empieza con una potencia corrosiva, para luego caer en una melancolía enervante. Ambas tendencias se alternarán, como era esperable. Hay que decir que, además del histrionismo vocal, que va desde los susurros paranoicos hasta los alaridos iracundos, pasando por momentos melódicos, la instrumentación es excelente. El despliegue de las bases rítmicas es grandioso. La versatilidad de la batería es muy destacable, las líneas de bajo son absolutamente precisas en sus variadas intenciones, y la guitarra es temeraria en su exploración. “Privilege of Being” tiene un inicio que suena a una larvada amenaza “New Age” que deriva en una estridencia terrorífica, del tipo de las que traen reminiscencias de la música más textural, disonante, cacofónica y conceptual. Hacia el final aparece una sección de cuerdas en tono casi pastoral. Luego, en “Margin For Error” irrumpe un órgano tocando notas largas, interminables, que se van superponiendo gradualmente y después oscilan, todo para dar un fondo a una voz que suena entre resignada y decadente, para más tarde alzarse casi operística, en medio de un clima eclesiástico, cuando se suman un piano y pinceladas percusivas, en un track de más de 24 minutos de conclusión cinematográfica.

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“The Commercial Nude” lastima inesperadamente, es como un empujón para caer del borde, libremente en un coma. Todo se torna clínicamente onírico, pasando de sueños calmos a otros impactantes, que se manifiestan en acordes distorsionados de guitarra especialmente pesados, en contraste con vocalizaciones agudas. Cuando el espíritu se tranquiliza, nos hallamos con resonancias de Nick Cave, y sobrevolando, múltiples silbidos espectrales. “The Reclining Nude” es una invitación a seguir por esa veta tan sutil como sublime, de una enorme angustia urbana. Inesperadamente, se logra alcanzar la belleza y hasta cierta paz. Si hacía falta un poco de sucio sludge metal, éste llega con “We Think So Ill of You” y la locura empeora. La base de bajo es excelente. La comparación con Chat Pile resulta inevitable. “God, or Whatever You Call It” demuestra que Sprain no iba a dejar a la audiencia tener una despedida apacible. Se transitan los caminos de esa violencia tan cara, no solo a determinados artistas de rock, sino también del free jazz, la improvisación libre y la música contemporánea más “culta”, en otro track de más de 24 minutos, de cualidades completamente esquizoides. Y así termina uno de los discos que, sin dudas, formará parte de mi lista de favoritos del 2023.

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Timechild – Blossom and Plague (2023)
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Desde Copenhague, Dinamarca, llega el segundo disco de Timechild, Blossom & Plague con un poco más de media hora de entretenimiento musical, dándole continuidad a su antecesor And Yet It Moves.

Blossom & Plague es un disco bastante digerible, agradable a los oídos y a la primera escucha te gusta sin darle tantas vueltas; Martin Haumann en la batería, Birk Hunter en la guitarra, Daniel Bach en el bajo y Anders Folden Brink en la voz y guitarra dan inicio al disco con The Dying Tide I, II y III, tres temas que forman uno solo, esto suena algo heavy con una batería progresiva y guitarras muy densas.

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“Call of the Petrichor” sigue la línea de los temas anteriores, pero al llegar a “Hands of Time” la cosa cambia, no radicalmente, pero si se notan otros tiempos, otras formas corales y una velocidad mayor en el.

Uno de los sencillos que la banda lanzó fue “Buried in Autumn” una canción que tanto su música como su letra, van muy acordes con el ambiente del disco, describe en el la portada y la atmósfera creada por la banda, este tema resume el disco por completo.

Ya para el cierre, “The Sign” y “Only Our Shadows Remain”, el grupo baja la velocidad pero no la calidad, son temas que empiezan lentos pero que van agarrando su furia interna.

Blossom & Plague de Timechild es un muy buen disco que te lleva a lugares inesperados con sus letras y su música, es uno de esos discos que si lo ves en formato físico, no dudas en comprarlo.

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Mind Swell – Hands of Fire EP (2023)
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ARTURO FRAILE

Este 1 de septiembre de 2023, la banda de Ontario MIND SWELL se liberó su nuevo EP, “Hands of Fire”. Este poderoso cuarteto ya nos adelantó su visión en junio con el lanzamiento del primer sencillo del proyecto, “Humanity: A Plague”, una mirada sombría al estado del mundo actual. Para acompañar esta canción, lanzaron un visualizer generado por inteligencia artificial que sumergió aún más a los oyentes en la oscuridad que ya estaban creando. Con visiones de huesos humanos en entornos postapocalípticos y en decadencia, MIND SWELL establece el escenario para una sombría reflexión sobre el futuro.

“Hands of Fire” sigue el lanzamiento del primer EP de la banda en diciembre de 2020. Este primer proyecto ambicioso ya mostraba un sonido distintivo completamente realizado, un logro poco común para una banda que llevaba menos de un año junta. En su nuevo proyecto, MIND SWELL se adentra aún más en el estado sombrío del mundo. Sin embargo, a pesar de lo cruda que pueda sonar la visión del mundo por parte de la banda, solo quieren mostrar que tienen el poder para hacer un cambio significativo.

La última creación de MIND SWELL es igualmente desoladora y esperanzadora. Este proyecto presenta un espejo a la humanidad, obligando al oyente a enfrentar la incómoda realidad en la que todos vivimos. “Hands of Fire” se lanzó el 1 de septiembre de 2023, y desde luego, es un viaje de emociones fuertes y sonidos todavía más rudos.

“Painted Worlds”: Comienza con toda la actitud, un estilo downtempo que te golpea con unos riffs bien fuertes. Y ojo, los chicos saben cómo jugar con los cambios de voz, desde esos gritos agudos hasta unos growls bien profundos. Puedes sentir la influencia de bandas tipo Malevolence, pero ellos mantienen esa esencia inconfundible del deathcore downtempo, una montaña rusa de intensidad y pesadez, y sólo es la primera canción.

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“Memories”: Aquí, nos tiran de nostalgia y rabia pura, como si estuviéramos pasando un mal trago. Mantienen el estilo downtempo, pero a medida que avanza, se vuelve aún más bestial, con el cantante sacando un demonio de lo más profundo. Esto no es para corazones débiles, te lo aseguro.

“Hands Of Fire”: Empieza con similitudes al hardcore y luego se meten en un rollo más metalcore, pero siguen con ese ritmo downtempo en la batería que te hace mover la cabeza y te hace saber que no es metalcore. La joya aquí es el puente en el medio de la canción, donde se sumergen en unos golpes poderosos y llenos de energía. Esta canción hace honor al nombre del disco, y puedo decir que es un must entre las bandas emergentes de este género.

“Sever The Hand”: Con un inicio digno de un escenario principal de festival, la canción se sumerge en un mundo oscuro y lento, con ambientaciones que te transportan a un limbo en el que te agarran hacia abajo. El breakdown final presenta un sonido fresco en la línea de bandas como Sylosis.

“Humanity: A Plague”: La canción refleja la misantropía, enfatizando la oscuridad de la humanidad. El último minuto de la canción es asombroso, con un sonido pesado, lento y grave que lo coloca firmemente en el subgénero mencionado varias veces anteriormente.

En resumen, MIND SWELL ha entregado un trabajo sorprendente con “Hands of Fire”. Su calidad de sonido excepcional y su mezcla de estilos enriquecen la experiencia auditiva. Esta banda tiene el potencial para una carrera brillante si continúan entregando esta energía apasionada y esta habilidad para fusionar influencias de manera única. Con su mirada cruda al mundo y su música poderosa, MIND SWELL ofrece un viaje musical que te va a arrugar la cara mientras afirmas con la cabeza que lo que escuchas vale.

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Marduk – Memento Mori (2023)
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El black metal es un género con un historial tan largo de controversias que es muy fácil quedar desensibilizado a cosas de las que en otros ámbitos musicales se hablaría durante años. Pero incluso en ese contexto es casi imposible ponerse a hablar del nuevo disco de Marduk sin hacer referencia a que en los últimos tiempos el grupo sueco la ha tenido complicada para mantener la atención de la gente, sean fans o críticos, enfocada en su música. 

Los liderados por el guitarrista Morgan Håkansson y el cantante Daniel “Mortuus” Rosén han tenido siempre a la polémica como una parte importante de su propuesta, aderezando sus líricas satánicas con una gran cantidad de referencias a la Segunda Guerra Mundial, particularmente a lo hecho por el bando alemán: esto ha causado muchas especulaciones acerca de las ideas y la ideología de la banda. 

Obviamente no son la primera banda que ha sido acusada de tener simpatía por el dictador austríaco simplemente por hacer esas referencias, considerando que ya antes tuvimos el caso de Slayer. Desde sus inicios el grupo ha sido bastante ambiguo en sus posiciones, supongo que para mantener cierta “mística” en vista de estar en un sello grande para los estándares del black metal, pero cuando en 2017 Y 2018 se dijo que tanto Mortuus como el baterista Fredrik Widigs aparecían en listas de ventas del Movimiento de Resistencia Nórdico, una organización sueca de tendencias neonazis, es seguro decir que para muchos quedaba confirmado que lo de Marduk había cruzado la línea de lo aceptable.

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Ahora, hay que señalar que las acusaciones no parecen haber ido más allá de eso, y los miembros de Marduk fueron muy rápidos para lanzar un comunicado negando que estuvieran en esas listas. Sin embargo, durante los cinco años que pasaron tanto desde ese incidente como de la salida de su anterior álbum Viktoria, parece que los oriundos de Norrköping han estado intentando “limpiar” su imagen, por ponerlo de una manera. Mortuus negó cualquier simpatía con la extrema derecha (o con cualquier otro pensamiento político), y cuando en mayo de 2023 su bajista Joel Lindholm fue captado dando un saludo nazi durante el Incineration Festival de Inglaterra el grupo anunció en tiempo récord que lo habían echado de sus filas.

Memento Mori es el decimoquinto álbum de Marduk, y con la despedida de Lindholm fue grabado con una formación de trío, con Mortuus encargándose del bajo y hasta de la guitarra en un par de canciones (aunque Lindholm también aparece acreditado en bajo y composición, así que lo suyo no fue tan limpio como se esperaba). También creo que continúa esta tendencia de alejarse de la estética de la SGM que se había visto en los anteriores Viktoria (2018) y Frontschwein (2015), centrándose más en la anti religión y la muerte, los otros grandes intereses del grupo.

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Diciendo esto último puede sonar que Marduk se está ablandando, “rindiéndose a los caprichos de sus críticos” o cualquier otra frase que se puedan imaginar. Pero apenas metemos el CD y apretamos “play” en el reproductor (o tocamos el triangulito en Spotify, a gusto del oyente) y dejamos que la introducción “Memento Mori” se desarrolle, está claro que en el plano musical Marduk siguen siendo Marduk y lo más seguro es que nada a futuro los haga cambiar. Aunque se iniciaran en 1990 dentro del mundo del death metal, hace un rato muy largo que los suecos le han jurado fidelidad al black metal más ortodoxo, por lo que la comparación que leí en más de una ocasión de llamarlos “los Cannibal Corpse del black metal” no está para nada errada: uno sabe muy bien lo que se va a encontrar con cada disco nuevo, y no hay problema.

“Memento Mori” arranca con un collage de sonidos que poco a poco da paso a la marcha de doble bombo símil locomotora tan característica de la banda, acompañada con los blast beats del alemán Simon Schilling (ex batero de Belphegor) haciendo su debut en un disco de la banda, y las guitarras filosas de Morgan, sobre las que Mortuus grita sus diatribas blasfemas. Esta descripción aplica también a la siguiente “Heart of the Funeral”, aunque con un toque más melódico en un par de riffs: me gusta la marcha brutal de la canción, y es por eso que no entiendo la decisión de que dure menos de dos minutos y medio y que el track simplemente pare sin un final muy definido, algo que se repite en “Shovel Beats Sceptre” aunque este lo compensa con un mejor desarrollo.

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Los mejores momentos del álbum se dan cuando Marduk combinan la marcha brutal del black metal con ese dejo épico que sirve como condimento en varias de sus canciones. Esto se puede ver en “Blood of the Funeral”, que tras la intro de palas y entierros da rienda suelta a otra catarata de blast beats y riffs, y la antes mencionada “Shovel Beats Sceptre” hace un muy buen uso de los medios tiempos y de la sorpresiva presencia de un bajo bien pesado, un buen detalle que se repite en “Charlatan”, con más medios tiempos pesados y un doble bombo poderoso.

“Coffin Carol” vuelve a las baterías rompecuellos y los riffs ultra filosos, sin dar un respiro hasta casi llegado el final donde la canción da paso a un outro que se conecta con la siguiente “Marching Bones”, otro track que hará de las delicias de los fans más dados a la velocidad. “Year of the Maggot”, por otro lado, es de las canciones más “raras”: no directamente experimental ni nada de eso, pero tiene un par de riffs erráticos y entrecortados mezclados entre la brutalidad, un detalle interesante aunque no creo que sea de las mejores en el disco.

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Tras “Red Tree of Blood”, que se puede considerar otra de esas composiciones Marduk marca registrada con mucho doble bombo, Memento Mori cierra con “As We Are”, mi elegida para mejor canción del álbum: mucho de esto tiene que ver con la presencia de algunas voces a cargo de L-G Petrov (Entombed, Entombed AD), quien lamentablemente falleciera en 2021, un detalle que bien se puede relacionar con el nombre del álbum. Pero más allá de tener de invitado a una leyenda del death metal sueco, la marcha pesada de la canción, esas baterías con reverb y hasta los solos de guitarra que se sacan de la galera terminan mezclándose y cuajando de manera sorprendentemente efectiva a lo largo del track, cerrando con broche de oro el álbum. ¿Marduk haciendo una canción que se puede describir como “emotiva” de alguna manera? ¿Quién lo hubiera esperado? Ciertamente yo no.

Para serles sinceros, cuando comencé esta reseña no me esperaba terminar con una opinión muy positiva de este nuevo trabajo de Marduk. Pero parece que los años de espera dieron sus frutos en el seno de los suecos, y dieron como resultado un álbum que mantiene la esencia de la banda pero da lugar a un par de elementos nuevos e interesantes que dan un poco de aire fresco a la propuesta, más allá de también tener un par de detalles que no me cierran, como la producción un poco embarrada y claustrofóbica (no al estilo blackmetalero) y esas canciones que no cierran del todo bien. Péguenle una escuchada y juzguen por ustedes mismos, pero por una vez puedo decir que me sorprendieron.

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Angus McSix – Angus McSix And The Sword Of Power (2023)
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Si hablamos de Angus McSix es imposible no recordar a los Gloryhammer, ya que Thomas Winkler fue vocalista de los dos grupos en los cual antes llevaba martillo y ahora espada. Si bien la salida del cantante fue un tanto complicada, con los miembros envueltos en filtraciones de chats privados del grupo y con despido por correo electrónico de por medio, Thomas supo encontrar rápidamente una solución, siguiendo con la línea de superhéroe y una nueva banda que le acompaña en sus aventuras.

A nivel vocal a Thomas ya le conocemos de su anterior grupo y sabemos todo lo que puede dar, si hablamos de instrumentos, es difícil encontrar la presencia de la línea del bajo, aparece muy poco, y lo que mas destaca es la batería con golpes potentes y un cambio de ritmos muy variados. Teclados, sintes, también hacen su aparición en las canciones, como también sus dos guitarras rítmicas que toman protagonismo pero con la sorpresa de escasez de solos.

Si nos centramos en el contenido narrativo de este disco, podemos ver referencias de todo tipo, desde juegos de rol con elementos de fantasía o ciencia ficción, pasando por su anterior grupo (Gloryhammer) donde resalta sacarnos una sonrisa y pasarlo bien, donde cada integrante de la banda tiene un papel en la historia y en definitiva todo esto en conjunto marcan el estilo que proponen los suizos.

El disco que empieza con un lindo triplete, el puntapié inicial con  “Master of the Universe” que por el nombre nos recuerda al titulo de su ex banda “Master of the Galaxy”, es una excelente manera de comenzar con un riff duro acompañado de un brillante estribillo melódico y pegadizo. Seguido de “Sixcalibur” siguiendo la linea musical pero con mas teclados, y la tercera “Laser-Shooting Dinosaur”, quizás la mas arriesgada y muy discoteros que nos recuerdan mucho mas a las bandas actuales Amaranthe o Beast In Black.

“Amazons of Caledonia” pone la cuota épica en el disco, con un estribillo para cantar antes de salir a combatir… Riding over the Rainbow, y un buen solo de guitarra que al finalizar retoma lentamente al estribillo que se lleva todos los aplausos. “Ride to hell” es una canción mas  tirando hard rock directo con un estribillo pegadizo y una base muy Bailable.

Continuamos a mitad del disco con “Starlord Of The Sixtus Stellar System” cuyo inicio busca recordar a “Thunderstruck” de AC/DC, y donde lo que corean es “AN-GUS! AN-GUS!” a los golpes de la batería de Lotter. La canción luego se pasa a un powermetal puro y las guitarras empiezan a tener el protagonismo tan anciado El bajo sigue con su poco resalte, pero está. Seguimos con la intro “The Vision in the fires” que dará comienzo a “Eternal Warrior” una de las mejores canciones del disco con un gran ritmo y poder vocal.

“The Key of Eternity” nos recuerda a muchísimas melodías de este género que se repite y es efectivo, con “In a Past Reality”, vuelve el protagonismo de su guitarrista Thalia y se asimila a las primeras canciones del disco por su ritmo pegadizo y un final que corta en seco y abre paso a “Fireflies of Doom”, con su inicio AOR y sus melodías guiadas por unos teclados ochentosos, casi pareciendo una intro de serie de la época.

El bonus “Just a Fool Will Play Tricks on Angus McSix” quizás me pareció de lo peor del disco, con un estribillo demasiado simplón y monótono, que podía haberse obviado.

Si eres fan del power metal con temática fantástica y divertida, te va a gustar este álbum, así como si también te gustan los antiguos proyectos de los integrantes. Personalmente el disco es divertido, corto y pegadizo, no defrauda para quienes no buscan algo demasiado complejo o serio.

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Blut Aus Nord – Disharmonium – Nahab (2023)
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Blut Aus Nord, los “teóricos del esteticismo insano”, retornan para avanzar con su serie de obras conceptuales basadas en el universo literario de H.P. Lovecraft. El trío de Vindsval, W.D. Feld y GhÖst siguen desarrollando esta particular veta de Black Metal que, si bien encuentra antecedentes en discos anteriores, se cristaliza deliberadamente en el ciclo iniciado por Disharmonium – Undreamable Abysses de 2022 y que luego tuvo su complemento con el compilado Lovecraftian Echoes en el mismo año. La palabra clave es continuidad. No solamente la inspiración literaria y el estilo, musicalmente hablando, son los mismos, sino también los encargados de la grabación y mezcla (Vindsval), la masterización (Bruno Varea) y el arte de tapa (Maciej Kamuda).

Hay que decir que, en su momento, Hallucinogen (2019) fue un trabajo que marcó un hito en la discografía de esta banda de Black Metal Avant-garde con un notable componente Industrial, en el sentido de presentar un ímpetu mucho más melódico, indescifrables voces más texturales y una gráfica más psicodélica que nunca. Casi impresionó como un “mal viaje” lisérgico congelado en una bóveda sellada en la década de los 60’s y abierta para liberar una maldición como si fuera la caja de Pandora. Todavía no se había manifestado la intención de invocar los horrores narrados por el escritor estadounidense, que fue lo que inauguró el proyecto “Disharmonium”. Hablando de proyectos, recordemos que este año, Justin Broadrick de Godflesh (grupo que también lanzó un excelente disco), dejó trascender en las redes sociales que existiría la intención de llevar adelante una colaboración.

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“Hideous Dream” Opus #1, #2 y #3 funcionan como relleno o transiciones: no hay mucho para decir sobre ellos. Es “Mental Paralysis” el track que establece el puente directo con el álbum precedente: esa sonoridad hipnótica, densa, como una masa viscosa y vibrante. Sin embargo, las tramas que se forman distan mucho del caos. Cada elemento en la mezcla suena claro y conciso, y el aporte alquímico es evidente. “The Endless Multitude” nos brinda unos riffs más pregnantes, aparte de las líneas etéreas de guitarra que, ya sea en trémolos o arpegios, son una constante. La voz suena como el gorgoteo de una criatura oculta en alguna de las ciudades ancestrales creadas por el célebre autor de Providence. La parte de piano es especialmente ominosa.

“The Crowning Horror” alcanza un punto vertiginoso de máxima intensidad que, aun así, sigue siendo ajeno al desorden, y luego llega a esos momentos “doom” tan propios de BAN y que se agudiza en “Queen of the Dead Dimension”, donde todo es lento, pesado, como una marcha hacia terrores desconocidos. Los solos de guitarra alzan un mayor vuelo, y algunos tramos tienen un bajo prominente. Desde ya que la labor de la batería es siempre destacable. Los coros de fondo son otra recurrencia. Al comenzar “The Black Vortex” hallamos cierto aspecto disruptivo, abrasivo y palpitante, ahondando en las dimensiones más pesadillescas mediante artilugios diversos. Hacia el final reaparece el tétrico piano.

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Y llega “Nameless Rites”, mi track favorito del disco entero. Quizás sea el más “accesible”, y puede que esa sea la razón: es el factor que lo hace sobresalir del resto. En la monstruosidad que nos amenaza siempre queremos encontrar el ojo. La melodía que emerge hacia la mitad es exquisita por su sublime melancolía y recuerda mucho a las que abundan en “Hallucinogen”. “The Ultimate Void of Chaos” extiende el despliegue de potencia avasallante y brumosa angustia, dando lugar, por lapsos, a otros riffs muy bien elaborados. Lo mismo sucede en “Forgotten Aeon”, que da cierre al disco.

Este es un gran año para el Black Metal. Tras la salida de los álbumes de Liturgy, Dødheimsgard, Thantifaxath y Downfall Of Gaia, la llegada de lo nuevo de BAN no hace más que confirmarlo. Disharmonium – Nahab es un trabajo que será el deleite de todo el público seguidor de la banda, pero también de cualquiera que goce de la experimentación más arriesgada en los espacios del Black Metal.

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Mairu – Sol Cultus (2023)
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Mairu
es una banda de post-metal con base en Liverpool, Reino Unido, y “Sol Cultus” es su disco debut. Se trata de un cuarteto conformado por Alan Caulton (guitarra y voz), Ant Hurlock (guitarra y voz), Dan Hunt (bajo y voz) y Ben Davis (batería y sintetizador). Lo primero que debo decir es que el arte de tapa llamó mi atención porque remite mucho al universo synthwave y, si bien los sintetizadores hacen un aporte a la música del grupo, la estética sonora nada tiene que ver con las exploraciones futuristas o el encanto retro de los 80’s. Dejando de lado este particular detalle, en términos generales, lo que hace Mairu es un post-metal bastante atmosférico, con momentos especialmente pesados que pueden remitirnos a referencias como Cult of Luna o Inter Arma, muchos pasajes instrumentales que resuenan a Russian Circles o Year Of No Light, y otros de tendencia post-rock al mejor estilo Mogwai.

“Torch Bearer” es una extensa canción con un despliegue de muy buenos riffs a lo largo de momentos muy diversos. El componente vocal parece cumplir una función casi textural, dando la impresión de que el canto y las letras, cuando aparecen, no tienen un especial protagonismo dentro del conjunto total. Se nota que Mairu apuesta a crear una música que atraviesa por paisajes emocionales muy distintos, lo que le otorga una cualidad progresiva. Luego, “Perihelion” es un track instrumental que se abre paso con una impronta más melódica, aunque la búsqueda del crescendo rápidamente queda clara como un rasgo compositivo recurrente. Hay que destacar la contundencia y precisión de la base rítmica. Por algún motivo, desearía que la afinación fuera más baja. “Inter Alia”, es -en efecto- un breve interludio que incorpora un saxo, además de un piano minimalista.

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Era esperable la explosión en “Wild Darkened Eyes”, donde las voces vuelven a alternar momentos cavernosos con otros de esa actitud casi coral tan propia del hardcore. Suenan los vientos en los tramos más calmos que se van intercalando con los más impactantes. La batería adquiere una presencia más sobresaliente en cuanto a su despliegue, al igual que el bajo, lo que sigue ocurriendo en “The Scattering Dust”, que profundiza en una veta más melancólica que recuerda a Paradise Lost, excepto porque se trata de otro largo track instrumental. Cruzamos otro interludio en “Per Alia”, con ecos casi de Vangelis, que nos lleva hacia “Atar”, comenzando con una percusión ritual.

La atmósfera se agita y las vibraciones conmocionan. Vuelven a resaltar el poderío del bajo y la versatilidad de la batería. A esta altura, el rol acotado de las voces queda más que confirmado. Las líneas etéreas de las guitarras merecen una especial mención. Y llega el fin con “Rite of Embers”, donde las características más post-rock del proyecto brillan con potencia. Termina así un álbum que puede ser considerado un gran primer paso en una exploración con sobrados recursos para llegar a algún lugar donde la identidad de Mairu se consolide explotando al máximo las virtudes demostradas y los aspectos que resultan más distintivos, algo que constituye un desafío cada vez más grande para todas las nuevas bandas.

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Skálmöld – Ýdalir (2023)
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De la mano de Napalm Records, el grupo islandés de metal vikingo Skálmöld presenta su sexto álbum de estudio llamado Ýldar.

Este sexteto apasionado por el folclore de sus tierras ha tomado como inspiración las historias de la mitología nórdica para desarrollar sus canciones y melodías, incluyendo poemas clásicos de su país. Es tanto así que incluso el arte de portada nos muestra al arquero, al cazador en sus tierras, listo para devenir en las distintas letras que han incluido en cada canción, cada historia que se cuenta se encuentra entre el misticismo, la violencia, la valentía y hasta cierto punto lo gracioso y divertido.

Así, después de cinco años de reposo, vuelve a levantarse con toda su furia Skálmöld, el gigante musical constituido por Baldur Ragnarsson y Björgvin Sigurðsson en guitarras y voces, Gunnar Ben en oboe y teclado, Jón Geir Jóhannsson en percusión, Snæbjörn Ragnarsson en bajo y Þráinn Árni Baldvinsson como guitarrista principal, hay también un detalle particular que se disfruta a lo largo del álbum, y es que cada uno de los participantes de esta banda participan en su despliegue vocal, dándole no solo armonía a la composición si no también un tinte único.

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Este nuevo trabajo consta de 9 canciones. Iniciando con “Ýr” una apertura instrumental, relajante y armoniosa, que deja que el frío viento nórdico acaricie tu imaginación, es solo un minuto y medio de paz que da lugar al enérgico estruendo de “Ýdalir”, recomendaría, incluso, cierta precaución al escuchar estas canciones con los auriculares en muy alto volumen, debido a que la conexión con el siguiente tema es sorpresiva y estruendosa. Los guturales graves no se hacen esperar, y no hay necesidad de tempos excesivamente veloces pero si de notas que proclaman una violencia que te deja a la expectativa de lo que viene; la guitarra principal y los coros en ascendencia en “Urður” son una maravilla de este trabajo, la percusión en ningún momento se queda atrás, es enérgica y electrizante. Dentro de las demás canciones, “Ratatoskur”, “Verðandi”, “Veðurfölnir”, “Skuld”, “Níðhöggur” y finalmente “Ullur”; podemos escuchar los distintos ritmos que la banda enfrenta y arriesga, toma mucho del folk, y el viking, de a minutos suenan unos arreglos de power y un heavy clásico.

Este último trabajo demuestra que el receso que la banda se tomó fue bien aprovechado, ya que volvieron con una excelente propuesta para todos los seguidores.

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Ritual Howls – Virtue Falters (2023)
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“Virtue Falters” es el quinto álbum de estudio de Ritual Howls desde Detroit, Michigan, conformado por Paul Bancell (voz y guitarra), Christopher Samuels (batería, sintetizadores, samples) y Ben Saginaw (bajo). No caben dudas de que son herederos y tributarios del movimiento post-punk o darkwave conformado por Joy Division, Bauhaus, The Cure, The Smiths, Depeche Mode, The Sisters Of Mercy, Fields of the Nephilim, Killing Joke, The Mission, Echo & The Bunnymen, y tantos otros, y que tuvo un revival en este siglo con bandas como Have A Nice Life, She Wants Revenge, Rope Sect, Editors, Drab Majesty, Molchat Doma, Ruin Of Romantics, etc.

Este trio interpreta un rock industrial de temáticas oscuras, una música que, como es típico de la tradición en la que se enlista, puede llevar a bailar en un contexto apocalíptico, casi como una celebración de la decadencia. El canto barítono, las melodías de guitarras simples pero profundas, las bases de bajo protagónicas y los ritmos por momentos frenéticos con gran presencia electrónica, dan la pauta de todo lo esperable para el público amante del estilo al que estamos haciendo referencia.

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“Dark Ceiling In Tennessee” abre el disco y fue el single seleccionado para su promoción, con un gran videoclip. Ya desde el comienzo, todas las cualidades estéticas del grupo quedan expuestas magníficamente, en una canción excelente. A continuación, en “My Trash Mind”, el sonido se ensucia un poco más, y la atmósfera se agita. Cualquier banda que quiera cultivar este género debe tener en claro algo muy simple: cada elemento, inclusive el bajo (especialmente el bajo), debe tener una precisión quirúrgica, porque es muy fácil aislarlos auditivamente. En este sentido, Ritual Howls es impecable.

Con “Barely A Shadow” esas reminiscencias que casi nos transportan mentalmente a fines de los 70’s y principios de los 80’s se acentúan fuertemente. La melancolía se profundiza, las texturas se espesan, gracias a ese minimalismo tan expresivo, donde los teclados se destacan. “Humiliation” retoma la veta un poco más agresiva de “My Trash Mind”, aunque los sintetizadores siguen incrementando su aporte. Le sigue “Goodbye Reason”, con una actitud más bailable, gracias a la base electrónica, que se extiende en “Tomb Room”.

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Ese bajo directo, contundente e incansable, vuelve a sacudir todo en “Kneel For Instruction”, donde la guitarra es más acotada que nunca. Las emociones evocadas siempre transitan los territorios donde se mezclan la angustia, la tristeza, la nostalgia, la desesperación, y la resignación. Sorprendentemente el último track, “Cauterize My Eyes”, que ya desde el título se presenta violento, da al disco un cierre muy enérgico y dinámico, que puede empujar a una danza encendida por el vértigo nihilista. Y el bajo da la última nota, en una gran obra de absoluta recomendación para cualquier persona fanática de alguna de todas las referencias mencionadas.

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Afsky – Om Hundrede År (2023)
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Todavía no se puede superar la resaca emocional de Copenhell, y seguimos escuchando las bandas que nos sorprendieron este año en Dinamarca. 
La mayor revelación (a gusto de un servidor) ha sido Afsky, que aparte de cegarnos con los lásers en su presentación, fue la encargada de cerrar 4 días de pura distorsión y bandas increíbles (De este último comentario, excluyo fervientemente a Mötley Crüe). Desde que nos confirmaron la presencia de Track to Hell me puse a escuchar todas las bandas que no conocía, y las que conocía también, como para refrescar la memoria.

Tuve la enorme suerte de cruzarme con Om Hundrede År (“En 100 años”, para los que no tienen el danés tan fresco), y sus 43 minutos de black metal ambiental con elementos acústicos, que nos transportan a una especie de bosque oscuro, lleno de niebla, donde se siente una enorme incertidumbre, pero a la vez una paz muy acogedora.
El álbum habla mayormente de los últimos instantes de vida en este mundo. Haciendo balance de toda una vida, lamentando y agradeciendo los momentos que desembocan en el único final inevitable: La muerte.
He recurrido a la ayuda de la inteligencia artificial para intentar describir de forma visual lo que dije antes, y aquí va lo más parecido que se me genera en la cabeza al escuchar este álbum: 

Abriendo con Stormfulde hav, el álbum nos da la bienvenida de forma muy austera con una intro de guitarra acústica, seguido inmediatamente por una explosión iniciada por el grito de Ole Pedersen Luk, mente maestra detrás de Afsky.
Mientras estamos inmersos en una nube de acordes violentos, la guitarra de la intro vuelve a hacerse presente con una melodía melancólica, mientras la base brutal con doble bombo nos lleva al inicio de las líricas, y a la vez, el inocente doble bombo se convierte en un diabólico blastbeat, donde aparece montada la voz como si se tratase de uno de los jinetes del apocalipsis.
Todo se transforma en paz nuevamente, con la guitarra acústica que nos despide de este viaje de casi 8 minutos.

Frosne vind sigue en la lista con una introducción de guitarra eléctrica melancólica, triste, pero con dejos de esperanza.
Las voces filosas y los imparables acordes en fusa, nos llevan a una tierra invernal, donde todo es frío, oscuro y distante.

Más adelante en la canción, aparecen los acordes armonizados a dos guitarras, acompañadas de arreglos que le dan una capa más de misterio a la ya abrumadora base.
Como para dejarnos más clara la frialdad de la canción, acaba con el sonido de un mar en invierno.

Tak for alt es el próximo capítulo, que luego de una breve introducción de guitarra, nos lleva directamente a un blastbeat brutal con las ya características guitarras de este álbum.
En cuanto la voz hace su aparición, el ritmo se calma, para luego volver como si se tratara de un oleaje, al poderoso ritmo anterior.
El bajo tiene un protagonismo tal, que es prácticamente el que define la parte melódica de esta canción, siendo en este caso muy independiente a las guitarras.

La melancólica Det der var, es la “balada” del álbum. Con una progresión de acordes poco usual, pero perfectamente comunicadora, habla de la pérdida del amor, y de la tristeza y remordimiento que ello provoca.
Seguramente la canción más triste del disco. 

Tid es quien nos casi despide de este tan sombrío disco, con un ritmo más cercano al doom que al death metal, con enormes orquestaciones, y un sonido de guitarra abrumador, este es el pasaje que nos lleva a través de la decepción y de darse cuenta cuando uno no pertenece a cierto sitio…


Y como ya hice el spoiler en la intro… Llegamos al final inevitable: La muerte. En este caso, de la mano de Fred være med støvet, cuya traducción al castellano es “La paz sea con el polvo”.
Con sus potentes riffs en semicorcheas, nos despiden de la vida de la forma más sombría posible, hablando de arrepentimientos y de deseos de que ese momento no llegue para poder cumplir con las deudas pendientes. Las guitarras limpias dan una sensación de paz, pero también de inquietud envuelta en una atmósfera terrorífica.

Om Hundrede År es un disco melancólico, triste, y lleno de arrepentimiento y muchísimo sentimiento. Algo que estamos poco acostumbrados a ver en este estilo de música que suele tratar temas más fantásticos u orientados al terror. Será por eso que este disco y esta banda me gustaron tanto. Porque exponen el lado sensible del artista, tal como está pasando últimamente con los géneros de música pesada.

Música depresiva, para gente depresiva. Es bueno sentirse apoyado por los artistas que a uno le gustan.

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Sprain – The Lamb As Effigy (2023)
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Suele suceder que cuando algún artista icónico en su estilo cae en desgracia, por lo general debido a las consecuencias de sus propias acciones, otro emerge para llenar el vacío, ocupar el nicho vacante. No importa que la influencia del predecesor sea evidente, la novedad es amplificada por cierta sensación de redención para el público decepcionado. Y en este punto, me permito hacer un aporte al eterno debate acerca de la separación entre cada persona creadora y su obra. En efecto, dicha distinción puede –y debe- hacerse, más allá de que cada trabajo surja en un contexto histórico vivido (social, cultural, económico, político) pero también psicológico (subjetividad, ideología, experiencias, etc.). No obstante, lo cierto es que, si se decide consumir el producto de alguien cuya acciones individuales se rechazan (divulgar mensajes de odio, o hasta haber perpetrado maltratos, abusos, homicidios), aunque nada de eso se refleje estéticamente (algo que puede pasar, pero no es lo más frecuente para la mirada y la escucha atentas), es innegable que el consumo supone un apoyo financiero, entonces el dinero es una unión indisoluble entre esas dos cosas que filosóficamente se desea disociar: lamentablemente es así.

Sprain es una banda de California que llega justo para ascender tras el declive de Daughters y Alexis Marshall. Este grupo, liderado por Alexander Kent, ejecuta un noise/drone/post-rock de actitud claramente experimental y nos entrega uno de los discos más extraordinarios de este año en curso, que también nos trajo, dentro de un campo afín, lo nuevo de Swans. Aparte de la influencia de las referencias mencionadas hasta el momento, también hay una búsqueda que podría vincularse a la impronta de compositores contemporáneos como Xenakis, Richter, Penderecki, Stockhausen, solo por nombrar algunos.

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El álbum dura más de una hora y media, lo que –considerando el género- puede constituir un desafío. “Man Proposes, God Disposes” es un comienzo bastante “amigable”, como para invitar a la audiencia a entrar en un espacio con una confianza que será traicionada… O recompensada, según las expectativas de cada oyente. Si bien la composición se presenta accesible en los primeros momentos, pronto se desata el caos controlado que se necesita para generar esa diversidad alienante, vertiginosa, tan agresiva como cotidiana. Revuelan los fantasmas de The Velvet Underground, Sonic Youth y tantas otras leyendas. No tarda en resultar evidente que se nos propone un recorrido por atmósferas turbulentas. Las letras son muy extensas, y constituyen una mezcla de rumiaciones existenciales y crítica social, por no decir desprecio.

“Reiterations” empieza con una potencia corrosiva, para luego caer en una melancolía enervante. Ambas tendencias se alternarán, como era esperable. Hay que decir que, además del histrionismo vocal, que va desde los susurros paranoicos hasta los alaridos iracundos, pasando por momentos melódicos, la instrumentación es excelente. El despliegue de las bases rítmicas es grandioso. La versatilidad de la batería es muy destacable, las líneas de bajo son absolutamente precisas en sus variadas intenciones, y la guitarra es temeraria en su exploración. “Privilege of Being” tiene un inicio que suena a una larvada amenaza “New Age” que deriva en una estridencia terrorífica, del tipo de las que traen reminiscencias de la música más textural, disonante, cacofónica y conceptual. Hacia el final aparece una sección de cuerdas en tono casi pastoral. Luego, en “Margin For Error” irrumpe un órgano tocando notas largas, interminables, que se van superponiendo gradualmente y después oscilan, todo para dar un fondo a una voz que suena entre resignada y decadente, para más tarde alzarse casi operística, en medio de un clima eclesiástico, cuando se suman un piano y pinceladas percusivas, en un track de más de 24 minutos de conclusión cinematográfica.

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“The Commercial Nude” lastima inesperadamente, es como un empujón para caer del borde, libremente en un coma. Todo se torna clínicamente onírico, pasando de sueños calmos a otros impactantes, que se manifiestan en acordes distorsionados de guitarra especialmente pesados, en contraste con vocalizaciones agudas. Cuando el espíritu se tranquiliza, nos hallamos con resonancias de Nick Cave, y sobrevolando, múltiples silbidos espectrales. “The Reclining Nude” es una invitación a seguir por esa veta tan sutil como sublime, de una enorme angustia urbana. Inesperadamente, se logra alcanzar la belleza y hasta cierta paz. Si hacía falta un poco de sucio sludge metal, éste llega con “We Think So Ill of You” y la locura empeora. La base de bajo es excelente. La comparación con Chat Pile resulta inevitable. “God, or Whatever You Call It” demuestra que Sprain no iba a dejar a la audiencia tener una despedida apacible. Se transitan los caminos de esa violencia tan cara, no solo a determinados artistas de rock, sino también del free jazz, la improvisación libre y la música contemporánea más “culta”, en otro track de más de 24 minutos, de cualidades completamente esquizoides. Y así termina uno de los discos que, sin dudas, formará parte de mi lista de favoritos del 2023.

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Timechild – Blossom and Plague (2023)
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Desde Copenhague, Dinamarca, llega el segundo disco de Timechild, Blossom & Plague con un poco más de media hora de entretenimiento musical, dándole continuidad a su antecesor And Yet It Moves.

Blossom & Plague es un disco bastante digerible, agradable a los oídos y a la primera escucha te gusta sin darle tantas vueltas; Martin Haumann en la batería, Birk Hunter en la guitarra, Daniel Bach en el bajo y Anders Folden Brink en la voz y guitarra dan inicio al disco con The Dying Tide I, II y III, tres temas que forman uno solo, esto suena algo heavy con una batería progresiva y guitarras muy densas.

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“Call of the Petrichor” sigue la línea de los temas anteriores, pero al llegar a “Hands of Time” la cosa cambia, no radicalmente, pero si se notan otros tiempos, otras formas corales y una velocidad mayor en el.

Uno de los sencillos que la banda lanzó fue “Buried in Autumn” una canción que tanto su música como su letra, van muy acordes con el ambiente del disco, describe en el la portada y la atmósfera creada por la banda, este tema resume el disco por completo.

Ya para el cierre, “The Sign” y “Only Our Shadows Remain”, el grupo baja la velocidad pero no la calidad, son temas que empiezan lentos pero que van agarrando su furia interna.

Blossom & Plague de Timechild es un muy buen disco que te lleva a lugares inesperados con sus letras y su música, es uno de esos discos que si lo ves en formato físico, no dudas en comprarlo.

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Mind Swell – Hands of Fire EP (2023)
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ARTURO FRAILE

Este 1 de septiembre de 2023, la banda de Ontario MIND SWELL se liberó su nuevo EP, “Hands of Fire”. Este poderoso cuarteto ya nos adelantó su visión en junio con el lanzamiento del primer sencillo del proyecto, “Humanity: A Plague”, una mirada sombría al estado del mundo actual. Para acompañar esta canción, lanzaron un visualizer generado por inteligencia artificial que sumergió aún más a los oyentes en la oscuridad que ya estaban creando. Con visiones de huesos humanos en entornos postapocalípticos y en decadencia, MIND SWELL establece el escenario para una sombría reflexión sobre el futuro.

“Hands of Fire” sigue el lanzamiento del primer EP de la banda en diciembre de 2020. Este primer proyecto ambicioso ya mostraba un sonido distintivo completamente realizado, un logro poco común para una banda que llevaba menos de un año junta. En su nuevo proyecto, MIND SWELL se adentra aún más en el estado sombrío del mundo. Sin embargo, a pesar de lo cruda que pueda sonar la visión del mundo por parte de la banda, solo quieren mostrar que tienen el poder para hacer un cambio significativo.

La última creación de MIND SWELL es igualmente desoladora y esperanzadora. Este proyecto presenta un espejo a la humanidad, obligando al oyente a enfrentar la incómoda realidad en la que todos vivimos. “Hands of Fire” se lanzó el 1 de septiembre de 2023, y desde luego, es un viaje de emociones fuertes y sonidos todavía más rudos.

“Painted Worlds”: Comienza con toda la actitud, un estilo downtempo que te golpea con unos riffs bien fuertes. Y ojo, los chicos saben cómo jugar con los cambios de voz, desde esos gritos agudos hasta unos growls bien profundos. Puedes sentir la influencia de bandas tipo Malevolence, pero ellos mantienen esa esencia inconfundible del deathcore downtempo, una montaña rusa de intensidad y pesadez, y sólo es la primera canción.

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“Memories”: Aquí, nos tiran de nostalgia y rabia pura, como si estuviéramos pasando un mal trago. Mantienen el estilo downtempo, pero a medida que avanza, se vuelve aún más bestial, con el cantante sacando un demonio de lo más profundo. Esto no es para corazones débiles, te lo aseguro.

“Hands Of Fire”: Empieza con similitudes al hardcore y luego se meten en un rollo más metalcore, pero siguen con ese ritmo downtempo en la batería que te hace mover la cabeza y te hace saber que no es metalcore. La joya aquí es el puente en el medio de la canción, donde se sumergen en unos golpes poderosos y llenos de energía. Esta canción hace honor al nombre del disco, y puedo decir que es un must entre las bandas emergentes de este género.

“Sever The Hand”: Con un inicio digno de un escenario principal de festival, la canción se sumerge en un mundo oscuro y lento, con ambientaciones que te transportan a un limbo en el que te agarran hacia abajo. El breakdown final presenta un sonido fresco en la línea de bandas como Sylosis.

“Humanity: A Plague”: La canción refleja la misantropía, enfatizando la oscuridad de la humanidad. El último minuto de la canción es asombroso, con un sonido pesado, lento y grave que lo coloca firmemente en el subgénero mencionado varias veces anteriormente.

En resumen, MIND SWELL ha entregado un trabajo sorprendente con “Hands of Fire”. Su calidad de sonido excepcional y su mezcla de estilos enriquecen la experiencia auditiva. Esta banda tiene el potencial para una carrera brillante si continúan entregando esta energía apasionada y esta habilidad para fusionar influencias de manera única. Con su mirada cruda al mundo y su música poderosa, MIND SWELL ofrece un viaje musical que te va a arrugar la cara mientras afirmas con la cabeza que lo que escuchas vale.

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Marduk – Memento Mori (2023)
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El black metal es un género con un historial tan largo de controversias que es muy fácil quedar desensibilizado a cosas de las que en otros ámbitos musicales se hablaría durante años. Pero incluso en ese contexto es casi imposible ponerse a hablar del nuevo disco de Marduk sin hacer referencia a que en los últimos tiempos el grupo sueco la ha tenido complicada para mantener la atención de la gente, sean fans o críticos, enfocada en su música. 

Los liderados por el guitarrista Morgan Håkansson y el cantante Daniel “Mortuus” Rosén han tenido siempre a la polémica como una parte importante de su propuesta, aderezando sus líricas satánicas con una gran cantidad de referencias a la Segunda Guerra Mundial, particularmente a lo hecho por el bando alemán: esto ha causado muchas especulaciones acerca de las ideas y la ideología de la banda. 

Obviamente no son la primera banda que ha sido acusada de tener simpatía por el dictador austríaco simplemente por hacer esas referencias, considerando que ya antes tuvimos el caso de Slayer. Desde sus inicios el grupo ha sido bastante ambiguo en sus posiciones, supongo que para mantener cierta “mística” en vista de estar en un sello grande para los estándares del black metal, pero cuando en 2017 Y 2018 se dijo que tanto Mortuus como el baterista Fredrik Widigs aparecían en listas de ventas del Movimiento de Resistencia Nórdico, una organización sueca de tendencias neonazis, es seguro decir que para muchos quedaba confirmado que lo de Marduk había cruzado la línea de lo aceptable.

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Ahora, hay que señalar que las acusaciones no parecen haber ido más allá de eso, y los miembros de Marduk fueron muy rápidos para lanzar un comunicado negando que estuvieran en esas listas. Sin embargo, durante los cinco años que pasaron tanto desde ese incidente como de la salida de su anterior álbum Viktoria, parece que los oriundos de Norrköping han estado intentando “limpiar” su imagen, por ponerlo de una manera. Mortuus negó cualquier simpatía con la extrema derecha (o con cualquier otro pensamiento político), y cuando en mayo de 2023 su bajista Joel Lindholm fue captado dando un saludo nazi durante el Incineration Festival de Inglaterra el grupo anunció en tiempo récord que lo habían echado de sus filas.

Memento Mori es el decimoquinto álbum de Marduk, y con la despedida de Lindholm fue grabado con una formación de trío, con Mortuus encargándose del bajo y hasta de la guitarra en un par de canciones (aunque Lindholm también aparece acreditado en bajo y composición, así que lo suyo no fue tan limpio como se esperaba). También creo que continúa esta tendencia de alejarse de la estética de la SGM que se había visto en los anteriores Viktoria (2018) y Frontschwein (2015), centrándose más en la anti religión y la muerte, los otros grandes intereses del grupo.

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Diciendo esto último puede sonar que Marduk se está ablandando, “rindiéndose a los caprichos de sus críticos” o cualquier otra frase que se puedan imaginar. Pero apenas metemos el CD y apretamos “play” en el reproductor (o tocamos el triangulito en Spotify, a gusto del oyente) y dejamos que la introducción “Memento Mori” se desarrolle, está claro que en el plano musical Marduk siguen siendo Marduk y lo más seguro es que nada a futuro los haga cambiar. Aunque se iniciaran en 1990 dentro del mundo del death metal, hace un rato muy largo que los suecos le han jurado fidelidad al black metal más ortodoxo, por lo que la comparación que leí en más de una ocasión de llamarlos “los Cannibal Corpse del black metal” no está para nada errada: uno sabe muy bien lo que se va a encontrar con cada disco nuevo, y no hay problema.

“Memento Mori” arranca con un collage de sonidos que poco a poco da paso a la marcha de doble bombo símil locomotora tan característica de la banda, acompañada con los blast beats del alemán Simon Schilling (ex batero de Belphegor) haciendo su debut en un disco de la banda, y las guitarras filosas de Morgan, sobre las que Mortuus grita sus diatribas blasfemas. Esta descripción aplica también a la siguiente “Heart of the Funeral”, aunque con un toque más melódico en un par de riffs: me gusta la marcha brutal de la canción, y es por eso que no entiendo la decisión de que dure menos de dos minutos y medio y que el track simplemente pare sin un final muy definido, algo que se repite en “Shovel Beats Sceptre” aunque este lo compensa con un mejor desarrollo.

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Los mejores momentos del álbum se dan cuando Marduk combinan la marcha brutal del black metal con ese dejo épico que sirve como condimento en varias de sus canciones. Esto se puede ver en “Blood of the Funeral”, que tras la intro de palas y entierros da rienda suelta a otra catarata de blast beats y riffs, y la antes mencionada “Shovel Beats Sceptre” hace un muy buen uso de los medios tiempos y de la sorpresiva presencia de un bajo bien pesado, un buen detalle que se repite en “Charlatan”, con más medios tiempos pesados y un doble bombo poderoso.

“Coffin Carol” vuelve a las baterías rompecuellos y los riffs ultra filosos, sin dar un respiro hasta casi llegado el final donde la canción da paso a un outro que se conecta con la siguiente “Marching Bones”, otro track que hará de las delicias de los fans más dados a la velocidad. “Year of the Maggot”, por otro lado, es de las canciones más “raras”: no directamente experimental ni nada de eso, pero tiene un par de riffs erráticos y entrecortados mezclados entre la brutalidad, un detalle interesante aunque no creo que sea de las mejores en el disco.

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Tras “Red Tree of Blood”, que se puede considerar otra de esas composiciones Marduk marca registrada con mucho doble bombo, Memento Mori cierra con “As We Are”, mi elegida para mejor canción del álbum: mucho de esto tiene que ver con la presencia de algunas voces a cargo de L-G Petrov (Entombed, Entombed AD), quien lamentablemente falleciera en 2021, un detalle que bien se puede relacionar con el nombre del álbum. Pero más allá de tener de invitado a una leyenda del death metal sueco, la marcha pesada de la canción, esas baterías con reverb y hasta los solos de guitarra que se sacan de la galera terminan mezclándose y cuajando de manera sorprendentemente efectiva a lo largo del track, cerrando con broche de oro el álbum. ¿Marduk haciendo una canción que se puede describir como “emotiva” de alguna manera? ¿Quién lo hubiera esperado? Ciertamente yo no.

Para serles sinceros, cuando comencé esta reseña no me esperaba terminar con una opinión muy positiva de este nuevo trabajo de Marduk. Pero parece que los años de espera dieron sus frutos en el seno de los suecos, y dieron como resultado un álbum que mantiene la esencia de la banda pero da lugar a un par de elementos nuevos e interesantes que dan un poco de aire fresco a la propuesta, más allá de también tener un par de detalles que no me cierran, como la producción un poco embarrada y claustrofóbica (no al estilo blackmetalero) y esas canciones que no cierran del todo bien. Péguenle una escuchada y juzguen por ustedes mismos, pero por una vez puedo decir que me sorprendieron.

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Angus McSix – Angus McSix And The Sword Of Power (2023)
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Si hablamos de Angus McSix es imposible no recordar a los Gloryhammer, ya que Thomas Winkler fue vocalista de los dos grupos en los cual antes llevaba martillo y ahora espada. Si bien la salida del cantante fue un tanto complicada, con los miembros envueltos en filtraciones de chats privados del grupo y con despido por correo electrónico de por medio, Thomas supo encontrar rápidamente una solución, siguiendo con la línea de superhéroe y una nueva banda que le acompaña en sus aventuras.

A nivel vocal a Thomas ya le conocemos de su anterior grupo y sabemos todo lo que puede dar, si hablamos de instrumentos, es difícil encontrar la presencia de la línea del bajo, aparece muy poco, y lo que mas destaca es la batería con golpes potentes y un cambio de ritmos muy variados. Teclados, sintes, también hacen su aparición en las canciones, como también sus dos guitarras rítmicas que toman protagonismo pero con la sorpresa de escasez de solos.

Si nos centramos en el contenido narrativo de este disco, podemos ver referencias de todo tipo, desde juegos de rol con elementos de fantasía o ciencia ficción, pasando por su anterior grupo (Gloryhammer) donde resalta sacarnos una sonrisa y pasarlo bien, donde cada integrante de la banda tiene un papel en la historia y en definitiva todo esto en conjunto marcan el estilo que proponen los suizos.

El disco que empieza con un lindo triplete, el puntapié inicial con  “Master of the Universe” que por el nombre nos recuerda al titulo de su ex banda “Master of the Galaxy”, es una excelente manera de comenzar con un riff duro acompañado de un brillante estribillo melódico y pegadizo. Seguido de “Sixcalibur” siguiendo la linea musical pero con mas teclados, y la tercera “Laser-Shooting Dinosaur”, quizás la mas arriesgada y muy discoteros que nos recuerdan mucho mas a las bandas actuales Amaranthe o Beast In Black.

“Amazons of Caledonia” pone la cuota épica en el disco, con un estribillo para cantar antes de salir a combatir… Riding over the Rainbow, y un buen solo de guitarra que al finalizar retoma lentamente al estribillo que se lleva todos los aplausos. “Ride to hell” es una canción mas  tirando hard rock directo con un estribillo pegadizo y una base muy Bailable.

Continuamos a mitad del disco con “Starlord Of The Sixtus Stellar System” cuyo inicio busca recordar a “Thunderstruck” de AC/DC, y donde lo que corean es “AN-GUS! AN-GUS!” a los golpes de la batería de Lotter. La canción luego se pasa a un powermetal puro y las guitarras empiezan a tener el protagonismo tan anciado El bajo sigue con su poco resalte, pero está. Seguimos con la intro “The Vision in the fires” que dará comienzo a “Eternal Warrior” una de las mejores canciones del disco con un gran ritmo y poder vocal.

“The Key of Eternity” nos recuerda a muchísimas melodías de este género que se repite y es efectivo, con “In a Past Reality”, vuelve el protagonismo de su guitarrista Thalia y se asimila a las primeras canciones del disco por su ritmo pegadizo y un final que corta en seco y abre paso a “Fireflies of Doom”, con su inicio AOR y sus melodías guiadas por unos teclados ochentosos, casi pareciendo una intro de serie de la época.

El bonus “Just a Fool Will Play Tricks on Angus McSix” quizás me pareció de lo peor del disco, con un estribillo demasiado simplón y monótono, que podía haberse obviado.

Si eres fan del power metal con temática fantástica y divertida, te va a gustar este álbum, así como si también te gustan los antiguos proyectos de los integrantes. Personalmente el disco es divertido, corto y pegadizo, no defrauda para quienes no buscan algo demasiado complejo o serio.

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Blut Aus Nord – Disharmonium – Nahab (2023)
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Blut Aus Nord, los “teóricos del esteticismo insano”, retornan para avanzar con su serie de obras conceptuales basadas en el universo literario de H.P. Lovecraft. El trío de Vindsval, W.D. Feld y GhÖst siguen desarrollando esta particular veta de Black Metal que, si bien encuentra antecedentes en discos anteriores, se cristaliza deliberadamente en el ciclo iniciado por Disharmonium – Undreamable Abysses de 2022 y que luego tuvo su complemento con el compilado Lovecraftian Echoes en el mismo año. La palabra clave es continuidad. No solamente la inspiración literaria y el estilo, musicalmente hablando, son los mismos, sino también los encargados de la grabación y mezcla (Vindsval), la masterización (Bruno Varea) y el arte de tapa (Maciej Kamuda).

Hay que decir que, en su momento, Hallucinogen (2019) fue un trabajo que marcó un hito en la discografía de esta banda de Black Metal Avant-garde con un notable componente Industrial, en el sentido de presentar un ímpetu mucho más melódico, indescifrables voces más texturales y una gráfica más psicodélica que nunca. Casi impresionó como un “mal viaje” lisérgico congelado en una bóveda sellada en la década de los 60’s y abierta para liberar una maldición como si fuera la caja de Pandora. Todavía no se había manifestado la intención de invocar los horrores narrados por el escritor estadounidense, que fue lo que inauguró el proyecto “Disharmonium”. Hablando de proyectos, recordemos que este año, Justin Broadrick de Godflesh (grupo que también lanzó un excelente disco), dejó trascender en las redes sociales que existiría la intención de llevar adelante una colaboración.

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“Hideous Dream” Opus #1, #2 y #3 funcionan como relleno o transiciones: no hay mucho para decir sobre ellos. Es “Mental Paralysis” el track que establece el puente directo con el álbum precedente: esa sonoridad hipnótica, densa, como una masa viscosa y vibrante. Sin embargo, las tramas que se forman distan mucho del caos. Cada elemento en la mezcla suena claro y conciso, y el aporte alquímico es evidente. “The Endless Multitude” nos brinda unos riffs más pregnantes, aparte de las líneas etéreas de guitarra que, ya sea en trémolos o arpegios, son una constante. La voz suena como el gorgoteo de una criatura oculta en alguna de las ciudades ancestrales creadas por el célebre autor de Providence. La parte de piano es especialmente ominosa.

“The Crowning Horror” alcanza un punto vertiginoso de máxima intensidad que, aun así, sigue siendo ajeno al desorden, y luego llega a esos momentos “doom” tan propios de BAN y que se agudiza en “Queen of the Dead Dimension”, donde todo es lento, pesado, como una marcha hacia terrores desconocidos. Los solos de guitarra alzan un mayor vuelo, y algunos tramos tienen un bajo prominente. Desde ya que la labor de la batería es siempre destacable. Los coros de fondo son otra recurrencia. Al comenzar “The Black Vortex” hallamos cierto aspecto disruptivo, abrasivo y palpitante, ahondando en las dimensiones más pesadillescas mediante artilugios diversos. Hacia el final reaparece el tétrico piano.

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Y llega “Nameless Rites”, mi track favorito del disco entero. Quizás sea el más “accesible”, y puede que esa sea la razón: es el factor que lo hace sobresalir del resto. En la monstruosidad que nos amenaza siempre queremos encontrar el ojo. La melodía que emerge hacia la mitad es exquisita por su sublime melancolía y recuerda mucho a las que abundan en “Hallucinogen”. “The Ultimate Void of Chaos” extiende el despliegue de potencia avasallante y brumosa angustia, dando lugar, por lapsos, a otros riffs muy bien elaborados. Lo mismo sucede en “Forgotten Aeon”, que da cierre al disco.

Este es un gran año para el Black Metal. Tras la salida de los álbumes de Liturgy, Dødheimsgard, Thantifaxath y Downfall Of Gaia, la llegada de lo nuevo de BAN no hace más que confirmarlo. Disharmonium – Nahab es un trabajo que será el deleite de todo el público seguidor de la banda, pero también de cualquiera que goce de la experimentación más arriesgada en los espacios del Black Metal.

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Mairu – Sol Cultus (2023)
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Mairu
es una banda de post-metal con base en Liverpool, Reino Unido, y “Sol Cultus” es su disco debut. Se trata de un cuarteto conformado por Alan Caulton (guitarra y voz), Ant Hurlock (guitarra y voz), Dan Hunt (bajo y voz) y Ben Davis (batería y sintetizador). Lo primero que debo decir es que el arte de tapa llamó mi atención porque remite mucho al universo synthwave y, si bien los sintetizadores hacen un aporte a la música del grupo, la estética sonora nada tiene que ver con las exploraciones futuristas o el encanto retro de los 80’s. Dejando de lado este particular detalle, en términos generales, lo que hace Mairu es un post-metal bastante atmosférico, con momentos especialmente pesados que pueden remitirnos a referencias como Cult of Luna o Inter Arma, muchos pasajes instrumentales que resuenan a Russian Circles o Year Of No Light, y otros de tendencia post-rock al mejor estilo Mogwai.

“Torch Bearer” es una extensa canción con un despliegue de muy buenos riffs a lo largo de momentos muy diversos. El componente vocal parece cumplir una función casi textural, dando la impresión de que el canto y las letras, cuando aparecen, no tienen un especial protagonismo dentro del conjunto total. Se nota que Mairu apuesta a crear una música que atraviesa por paisajes emocionales muy distintos, lo que le otorga una cualidad progresiva. Luego, “Perihelion” es un track instrumental que se abre paso con una impronta más melódica, aunque la búsqueda del crescendo rápidamente queda clara como un rasgo compositivo recurrente. Hay que destacar la contundencia y precisión de la base rítmica. Por algún motivo, desearía que la afinación fuera más baja. “Inter Alia”, es -en efecto- un breve interludio que incorpora un saxo, además de un piano minimalista.

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Era esperable la explosión en “Wild Darkened Eyes”, donde las voces vuelven a alternar momentos cavernosos con otros de esa actitud casi coral tan propia del hardcore. Suenan los vientos en los tramos más calmos que se van intercalando con los más impactantes. La batería adquiere una presencia más sobresaliente en cuanto a su despliegue, al igual que el bajo, lo que sigue ocurriendo en “The Scattering Dust”, que profundiza en una veta más melancólica que recuerda a Paradise Lost, excepto porque se trata de otro largo track instrumental. Cruzamos otro interludio en “Per Alia”, con ecos casi de Vangelis, que nos lleva hacia “Atar”, comenzando con una percusión ritual.

La atmósfera se agita y las vibraciones conmocionan. Vuelven a resaltar el poderío del bajo y la versatilidad de la batería. A esta altura, el rol acotado de las voces queda más que confirmado. Las líneas etéreas de las guitarras merecen una especial mención. Y llega el fin con “Rite of Embers”, donde las características más post-rock del proyecto brillan con potencia. Termina así un álbum que puede ser considerado un gran primer paso en una exploración con sobrados recursos para llegar a algún lugar donde la identidad de Mairu se consolide explotando al máximo las virtudes demostradas y los aspectos que resultan más distintivos, algo que constituye un desafío cada vez más grande para todas las nuevas bandas.

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Skálmöld – Ýdalir (2023)
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De la mano de Napalm Records, el grupo islandés de metal vikingo Skálmöld presenta su sexto álbum de estudio llamado Ýldar.

Este sexteto apasionado por el folclore de sus tierras ha tomado como inspiración las historias de la mitología nórdica para desarrollar sus canciones y melodías, incluyendo poemas clásicos de su país. Es tanto así que incluso el arte de portada nos muestra al arquero, al cazador en sus tierras, listo para devenir en las distintas letras que han incluido en cada canción, cada historia que se cuenta se encuentra entre el misticismo, la violencia, la valentía y hasta cierto punto lo gracioso y divertido.

Así, después de cinco años de reposo, vuelve a levantarse con toda su furia Skálmöld, el gigante musical constituido por Baldur Ragnarsson y Björgvin Sigurðsson en guitarras y voces, Gunnar Ben en oboe y teclado, Jón Geir Jóhannsson en percusión, Snæbjörn Ragnarsson en bajo y Þráinn Árni Baldvinsson como guitarrista principal, hay también un detalle particular que se disfruta a lo largo del álbum, y es que cada uno de los participantes de esta banda participan en su despliegue vocal, dándole no solo armonía a la composición si no también un tinte único.

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Este nuevo trabajo consta de 9 canciones. Iniciando con “Ýr” una apertura instrumental, relajante y armoniosa, que deja que el frío viento nórdico acaricie tu imaginación, es solo un minuto y medio de paz que da lugar al enérgico estruendo de “Ýdalir”, recomendaría, incluso, cierta precaución al escuchar estas canciones con los auriculares en muy alto volumen, debido a que la conexión con el siguiente tema es sorpresiva y estruendosa. Los guturales graves no se hacen esperar, y no hay necesidad de tempos excesivamente veloces pero si de notas que proclaman una violencia que te deja a la expectativa de lo que viene; la guitarra principal y los coros en ascendencia en “Urður” son una maravilla de este trabajo, la percusión en ningún momento se queda atrás, es enérgica y electrizante. Dentro de las demás canciones, “Ratatoskur”, “Verðandi”, “Veðurfölnir”, “Skuld”, “Níðhöggur” y finalmente “Ullur”; podemos escuchar los distintos ritmos que la banda enfrenta y arriesga, toma mucho del folk, y el viking, de a minutos suenan unos arreglos de power y un heavy clásico.

Este último trabajo demuestra que el receso que la banda se tomó fue bien aprovechado, ya que volvieron con una excelente propuesta para todos los seguidores.

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Ritual Howls – Virtue Falters (2023)
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“Virtue Falters” es el quinto álbum de estudio de Ritual Howls desde Detroit, Michigan, conformado por Paul Bancell (voz y guitarra), Christopher Samuels (batería, sintetizadores, samples) y Ben Saginaw (bajo). No caben dudas de que son herederos y tributarios del movimiento post-punk o darkwave conformado por Joy Division, Bauhaus, The Cure, The Smiths, Depeche Mode, The Sisters Of Mercy, Fields of the Nephilim, Killing Joke, The Mission, Echo & The Bunnymen, y tantos otros, y que tuvo un revival en este siglo con bandas como Have A Nice Life, She Wants Revenge, Rope Sect, Editors, Drab Majesty, Molchat Doma, Ruin Of Romantics, etc.

Este trio interpreta un rock industrial de temáticas oscuras, una música que, como es típico de la tradición en la que se enlista, puede llevar a bailar en un contexto apocalíptico, casi como una celebración de la decadencia. El canto barítono, las melodías de guitarras simples pero profundas, las bases de bajo protagónicas y los ritmos por momentos frenéticos con gran presencia electrónica, dan la pauta de todo lo esperable para el público amante del estilo al que estamos haciendo referencia.

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“Dark Ceiling In Tennessee” abre el disco y fue el single seleccionado para su promoción, con un gran videoclip. Ya desde el comienzo, todas las cualidades estéticas del grupo quedan expuestas magníficamente, en una canción excelente. A continuación, en “My Trash Mind”, el sonido se ensucia un poco más, y la atmósfera se agita. Cualquier banda que quiera cultivar este género debe tener en claro algo muy simple: cada elemento, inclusive el bajo (especialmente el bajo), debe tener una precisión quirúrgica, porque es muy fácil aislarlos auditivamente. En este sentido, Ritual Howls es impecable.

Con “Barely A Shadow” esas reminiscencias que casi nos transportan mentalmente a fines de los 70’s y principios de los 80’s se acentúan fuertemente. La melancolía se profundiza, las texturas se espesan, gracias a ese minimalismo tan expresivo, donde los teclados se destacan. “Humiliation” retoma la veta un poco más agresiva de “My Trash Mind”, aunque los sintetizadores siguen incrementando su aporte. Le sigue “Goodbye Reason”, con una actitud más bailable, gracias a la base electrónica, que se extiende en “Tomb Room”.

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Ese bajo directo, contundente e incansable, vuelve a sacudir todo en “Kneel For Instruction”, donde la guitarra es más acotada que nunca. Las emociones evocadas siempre transitan los territorios donde se mezclan la angustia, la tristeza, la nostalgia, la desesperación, y la resignación. Sorprendentemente el último track, “Cauterize My Eyes”, que ya desde el título se presenta violento, da al disco un cierre muy enérgico y dinámico, que puede empujar a una danza encendida por el vértigo nihilista. Y el bajo da la última nota, en una gran obra de absoluta recomendación para cualquier persona fanática de alguna de todas las referencias mencionadas.

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Afsky – Om Hundrede År (2023)
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Todavía no se puede superar la resaca emocional de Copenhell, y seguimos escuchando las bandas que nos sorprendieron este año en Dinamarca. 
La mayor revelación (a gusto de un servidor) ha sido Afsky, que aparte de cegarnos con los lásers en su presentación, fue la encargada de cerrar 4 días de pura distorsión y bandas increíbles (De este último comentario, excluyo fervientemente a Mötley Crüe). Desde que nos confirmaron la presencia de Track to Hell me puse a escuchar todas las bandas que no conocía, y las que conocía también, como para refrescar la memoria.

Tuve la enorme suerte de cruzarme con Om Hundrede År (“En 100 años”, para los que no tienen el danés tan fresco), y sus 43 minutos de black metal ambiental con elementos acústicos, que nos transportan a una especie de bosque oscuro, lleno de niebla, donde se siente una enorme incertidumbre, pero a la vez una paz muy acogedora.
El álbum habla mayormente de los últimos instantes de vida en este mundo. Haciendo balance de toda una vida, lamentando y agradeciendo los momentos que desembocan en el único final inevitable: La muerte.
He recurrido a la ayuda de la inteligencia artificial para intentar describir de forma visual lo que dije antes, y aquí va lo más parecido que se me genera en la cabeza al escuchar este álbum: 

Abriendo con Stormfulde hav, el álbum nos da la bienvenida de forma muy austera con una intro de guitarra acústica, seguido inmediatamente por una explosión iniciada por el grito de Ole Pedersen Luk, mente maestra detrás de Afsky.
Mientras estamos inmersos en una nube de acordes violentos, la guitarra de la intro vuelve a hacerse presente con una melodía melancólica, mientras la base brutal con doble bombo nos lleva al inicio de las líricas, y a la vez, el inocente doble bombo se convierte en un diabólico blastbeat, donde aparece montada la voz como si se tratase de uno de los jinetes del apocalipsis.
Todo se transforma en paz nuevamente, con la guitarra acústica que nos despide de este viaje de casi 8 minutos.

Frosne vind sigue en la lista con una introducción de guitarra eléctrica melancólica, triste, pero con dejos de esperanza.
Las voces filosas y los imparables acordes en fusa, nos llevan a una tierra invernal, donde todo es frío, oscuro y distante.

Más adelante en la canción, aparecen los acordes armonizados a dos guitarras, acompañadas de arreglos que le dan una capa más de misterio a la ya abrumadora base.
Como para dejarnos más clara la frialdad de la canción, acaba con el sonido de un mar en invierno.

Tak for alt es el próximo capítulo, que luego de una breve introducción de guitarra, nos lleva directamente a un blastbeat brutal con las ya características guitarras de este álbum.
En cuanto la voz hace su aparición, el ritmo se calma, para luego volver como si se tratara de un oleaje, al poderoso ritmo anterior.
El bajo tiene un protagonismo tal, que es prácticamente el que define la parte melódica de esta canción, siendo en este caso muy independiente a las guitarras.

La melancólica Det der var, es la “balada” del álbum. Con una progresión de acordes poco usual, pero perfectamente comunicadora, habla de la pérdida del amor, y de la tristeza y remordimiento que ello provoca.
Seguramente la canción más triste del disco. 

Tid es quien nos casi despide de este tan sombrío disco, con un ritmo más cercano al doom que al death metal, con enormes orquestaciones, y un sonido de guitarra abrumador, este es el pasaje que nos lleva a través de la decepción y de darse cuenta cuando uno no pertenece a cierto sitio…


Y como ya hice el spoiler en la intro… Llegamos al final inevitable: La muerte. En este caso, de la mano de Fred være med støvet, cuya traducción al castellano es “La paz sea con el polvo”.
Con sus potentes riffs en semicorcheas, nos despiden de la vida de la forma más sombría posible, hablando de arrepentimientos y de deseos de que ese momento no llegue para poder cumplir con las deudas pendientes. Las guitarras limpias dan una sensación de paz, pero también de inquietud envuelta en una atmósfera terrorífica.

Om Hundrede År es un disco melancólico, triste, y lleno de arrepentimiento y muchísimo sentimiento. Algo que estamos poco acostumbrados a ver en este estilo de música que suele tratar temas más fantásticos u orientados al terror. Será por eso que este disco y esta banda me gustaron tanto. Porque exponen el lado sensible del artista, tal como está pasando últimamente con los géneros de música pesada.

Música depresiva, para gente depresiva. Es bueno sentirse apoyado por los artistas que a uno le gustan.

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