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The 69 Eyes – Death of Darkness (2023)
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A principios de los 90 un sonido icónico atravesó el mundo. Originarios de Helsinki, Finlandia, la banda The 69 Eyes tuvo unos inicios dentro del camino del sleaze, el hard rock y el glam, las oscilaciones y proyectos que fueron tomando con los años, le han permitido a la banda no encasillarse en un solo genero dentro del metal.

Teniendo influencias muy fuertes de bandas como Type O Negative, la banda finlandesa decidió experimentar, aun en sus inicios, con diferentes ritmos, pero esto no fue gustoso para los oyentes, por lo que en varios momentos The 69 Eyes tuvo que tomar un rumbo más comercial para llegar a más espectadores, sonaría que han traicionado a una parte de su publico más fiel e incluso a su propia visión artística, pero por el contrario, el contenido que el grupo ofrecía termino siendo apreciado no solo por los fans, si no también por muchas más personas en el mundo, dando paso así a giras impresionantes, donde tocarían con otros titanes del género, tales como Wednesday 13, Nightwish y Therion, entre otras.

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Luego de haberse tomado una pausa durante la pandemia, la banda empieza este 2023 con un nuevo álbum llamado Death of Darkness, de la mano de Atomic Fire Records, este trabajo consta de 10 canciones, la primera, es la que le da nombre al disco, y podemos notar desde el principio que el metal gótico que la banda ha profesado por años sigue intacto, buscando con tempos lentos y un teclado conmovedor acompañar los coros, encontrando aquel sonido vampírico que a muchos fascina. Esta esencia gótica se mezcla más con arreglos de hard rock a partir de su segundo tema, Drive es esa canción que necesitas poner en tu moto, bicicleta, coche fúnebre o lo que sea que tengas, mientras vas manejando.

“Gotta rock”, qué canción perfecta para identificar el supuesto género “Goth & roll”, el sintetizador junto al bajo le dan el toque de oscuridad, acompañando a una lirica seductora de la voz barítono de Jyrki 69. Es que en resumen todo el álbum es refrescante no solo para el género metal gótico sino también para este subgénero del que se habrían apropiado. Cada uno de los participantes de la banda, Jyrki 69, Archize, Bazie, Jussi 69 y Timo- Timo, han cumplido y entregado para deleite de todos sus seguidores un álbum muy bien mezclado, muy bien realizado, cuyo arte de portada incluso es llamativo y sigue conservando la impronta que esta banda siempre propuso.

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Steel Panther – On the Prowl (2023)
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Yo creo que ya todos sabemos de qué van los angelinos gamberros de Steel Panther, con lo cual, en su nuevo lanzamiento, no esperéis que os diga que han evolucionado como banda, ni que le han dado un giro a su estilo, no, estos sujetos siguen a lo suyo, haciendo canciones de glam/heavy metal con temáticas cuanto menos controvertidas pero que si le pones humor, pues disfrutarás de lo lindo con este nuevo trabajo, el sexto álbum ya en la carrera de la banda, ¿quién lo diría verdad?

Tras cuatro años sin material nuevo y con aquel flojete Heavy Metal Rules, que seguramente sea el disco menos destacado de su carrera, la banda tenía que volver a centrarse lo más posible y hacer lo que mejor se les da: Rock and Roll con melodías ultra pegadizas y letras picantes.

Y en cierto modo esto se cumple desde el principio con la macarra “Never Too Late (To Get Some Pussy)”, un tema que podría recordar a los Mötley más rockeros y a los Ratt más descarados y cuya letra…bueno ya sabéis de lo que habla, imagino que el objetivo para el directo será averiguar cuantas de sus seguidoras les lanzan sujetadores y lencería al escenario mientras suena esta canción.

Llama la atención que la tercera pieza del disco sea una “Power Ballad” como “On Your Instagram”, lo mejor es que reúne todos los elementos de la clásica balada ochentera de bandas como Dokken o White Lion, pero llevada a esta época, sin duda uno de los momentos destacados del álbum.

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Canciones con títulos (cuanto menos dudosos) como “Put My Money Where Your Mouth Is” y “Magical Vagina”, pues eso, no son canciones para dedicar en San Valentín y si para ponerte juguetón con tu “amiga” en sus conciertos o después de ellos…Y mejor dejarlo aquí que nos metemos en terrenos pantanosos, de los cuales Steel Panther son grandes fanáticos.

“1987” nos trae el lado nostálgico de la banda, con muchas referencias a aquella época dorada para el hard rock, el sleazy, el heavy metal y demás géneros, muy en la onda de bandas como Reckless Love y que hará las delicias de aquellos fans de esta época que, aunque no volverá, con bandas como Crazy Lixx, Blackrain, Crashdïet o los propios Steel Panther, al menos podemos “jugar” a que estamos en los 80 un ratito mientras escuchamos sus discos o vamos a sus conciertos.

Quizás la “decepción” al menos en lo musical ya que suena a lo mismo que el resto del álbum, es el corte “Is My Dick Enough”, ya que esperaba que colaborar con Deweezil Zappa, si, el hijo del mítico y particular Frank Zappa, diese como resultado una gran canción en donde se notase su toque y lo cierto es que pasa desapercibido hasta el punto de que, si está o no, poco importa ya que el tema no suma ni resta al disco, es del montón y eso me decepciona un poquito.

No vamos a ponernos a analizar todos los cortes del disco, ya que apenas si difieren unos de otros, pero la diferencia es que aquí las canciones o al menos un puñado de ellas enganchan, cosa que en su trabajo previo apenas si pasaba, así que si, Steel Panther cumplen superando a su último, pero sin tampoco haber creado un disco sublime.

Los angelinos han vuelto a hacer gala de su lado más fiestero, gamberro y poco discreto a la hora de componer este nuevo disco y con un resultado que convence y bastante, creo que no les podemos pedir más, su trabajo ya está hecho.

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Metallica – 72 Seasons (2023)
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Estoy muy tentado de llamar al nuevo disco de Metallica menos por su nombre legal 72 Seasons y más como “Metallica XI: 72 Seasons”, porque cada álbum nuevo de los cuatro de California se siente menos como un lanzamiento normal de heavy metal y más como si estuviéramos esperando una nueva entrega de una saga de películas, de esas que uno busca ver incluso antes del estreno oficial y de la que se analiza en detalle cada mínimo adelanto: el hecho de que literalmente se hayan armado escuchas previas en cines termina por reforzar esta teoría.

La comparación más obvia podría llegar a ser Star Wars, donde Kill Em All, Ride The Lightning, Master of Puppets y …And Justice For All son el equivalente a la trilogía original,  Load, ReLoad y St. Anger son la segunda trilogía llena de cosas raras que nos hicieron esperar por años y que no salieron del todo bien, y ahora estaríamos en las nuevas películas, donde después de esa etapa experimental la gente encargada de este producto decidió que la mejor manera de enmendar los experimentos raros de esa segunda etapa es tomar lo hecho en esa etapa original y  repetir ese molde una y otra vez. Evité incluir al Álbum Negro porque todavía hay debate sobre si pertenece a la primera o segunda etapa.

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Escuchar este nuevo disco es experimentar a un Metallica donde la única influencia de Metallica son si mismos: sin contar el inicio de “72 Seasons”, que suena como una versión más pesada de la intro de “Misirlou” de Dick Dale si la hubiera tocado Motörhead, Metallica suena a Metallica y a ninguna otra banda, como si quisieran ser una versión exagerada de ellos mismos. 

Esta es una manera elegante de decir que 72 Seasons suena igual que Hardwired… To Self-Destruct, que a su vez era una versión un poco menos comprimida de Death Magnetic. Las influencias oficiales podrán seguir siendo Diamond Head, Motörhead, Discharge y el resto de los que homenajearan con covers, pero la manera de hacer heavy/thrash/loquesea de Metallica es una que es imposible de comparar con cualquier banda pasada o actual, una que no remite a los ochentas, a los noventas o a alguna época en particular. Ninguna banda suena como este Metallica, pero eso es menos por su habilidad y más porque no sé por qué una banda buscaría sonar así.

72 Seasons no está falto de buenos momentos: “72 Seasons” me parece una buena canción para comenzar, con una intro fuerte y riffs trillados pero aguerridos, y “Lux Æterna” logra plasmar el sonido de la banda en menos de 4 minutos. Pero escuchas sucesivas confirman que en ningún momento el álbum justifica sus monstruosos 77 minutos de duración: desde Load Hetfield y compañía están empecinados en llenar la duración de un CD normal, y este es un hábito que deberían haber dejado en los noventas. Este es un disco al que faltó pasarle lima y tijeras por todos lados: casi todas las canciones se sienten dos o tres minutos más largas de lo que deberían, y una canción como “If Darkness Had A Son” bien podría haberse quedado en la caja de demos. 

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Las canciones largas por parte de Metallica no son una novedad, pero en un disco como …And Justice For All había una idea progresiva de composiciones complejas, y 72 Seasons no tiene una idea progresiva porque ni las canciones ni el disco en si progresa: las 11 canciones suenan parecidas, los riffs suenan parecidos, los ritmos suenan parecidos, las vocalizaciones de Hetfield (“yeahs” incluidos) suenan más o menos todas parecidas, las letras parecen tener temas centrales pero ninguna parece ahondar mucho en ese tema, etcétera. Ni siquiera tiene el beneficio de alguna balada, un instrumental o una introducción de guitarras acústicas: no hay dinámica, no hay momentos de tensión o de suspenso. El sonido general es el equivalente de una imagen de stock de una banda de rock y poco más.

72 Seasons no es un disco incompetente: Lars Ulrich suena mejor de lo que uno esperaría detrás de la bata, y es interesante escuchar a Rob Trujillo haciendo algo más que servir como excusa para llenar una frecuencia en el máster final, no sólo teniendo la intro del disco a su cargo sino incluso aportando su voz en “You Must Burn!”, siendo su primera participación vocal en los 20 años que hace que está en la banda aunque sea limitándose a un par de voces de fondo completamente ignorables. Todo está en su lugar y cumple su función, pero no hay mucha alma o pasión de por medio sino más un conjunto de ítems que tenían que tachar para hacer las canciones.

En conclusión, 72 Seasons es un disco que cumple su función de justificar nuevos videos, nuevas giras por estadios, vender algunas remeras (aunque esa portada amarilla me parece espantosa, he visto remeras de St. Anger por la calle, así que hay un mercado para todo) y continuar el ciclo: los discos de Metallica son inevitabilidades de la vida a esta altura, de la misma manera que lo es que estos debuten en el primer puesto en al menos 15 países pero que nadie termine recordando alguna canción. Es un disco dentro de todo bien grabado e inofensivo en sus objetivos, pero me deja pensando que ningún disco de heavy metal debería poder describirse como inofensivo.

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Death & Legacy – D4rk Prophecies (2023)
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Hay veces en las que los cambios y la mejora en cuanto a sonido de una banda tarda en llegar, pero cuando lo hace, lo hace de forma notable y contundente. Pues bien, con el cuarto disco de los death metaleros melódicos Death & Legacy, podemos decir que la banda, no sólo ha grabado su mejor disco hasta la fecha, si no que está lista para dar un golpe sobre la mesa dentro del metal nacional y desmarcarse un pasito por encima de sus compañeros de profesión.

Tras un “gran apertivo” como fue su anterior disco Inf3rno, había muchas ganas por esta cuarta entrega y más cuando los singles de adelanto como “Damned” donde cuentan con el inmenso aporte vocal del señor Björn “Speed” Strid (vocalista de Soilwork) y que hace un gran dueto con Hynphernia y “The Unnamed Shadow”, donde participa Tom S.Englund de Evergrey, ya avecinaban no solo pequeños grandes cambios, sino también un disco que apostaba a todo o nada.

Producido por Manuel Ramil, el disco cuenta con diez poderosos cortes que harán las delicias de cualquier seguidor del death metal melódico que se precie, abriendo fuego con justamente el dueto con Björn de Soilwork que ya pudimos disfrutar hace unos meses y que es un cañonazo espectacular, donde las dos voces encajan como su fuesen una sola y esto se acompaña de una potente base rítmica que recuerda a la época dorada del género allá por el comienzo de los 2000, donde bandas como Arch Enemy, In Flames, Dark Tranquillity e incluso los propios Soilwork, eran los pesos pesados de la escena.

Cuando vi que Death & Legacy iban a colaborar con Tom, vocalista de Evergrey, tenía mucha curiosidad por el resultado y lo cierto, que es que no les pudo salir mejor la jugada ya que la voz potente y melódica del cantante sueco encaja a la perfección con los guturales infernales de Hynphernia, la cual está a un nivel que poco tiene que envidiar a las compañeres del género internacionales.

Esta chica hace que no puedas perder la concentración con el estado de forma tan brillante en el que se encuentra y repito, si cierras los ojos y la escuchas cantar podrías pensar que es la cantante de un grupo extranjero, pero no, aquí hay grandes bandas de metal pesado más allá de las bandas de fuera.

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En “Beyond the Veil”, la banda se adentra en el terreno más oscuro y en la atmósfera de bandas como Septicflesh y Dimmu Borgir, con un gran peso y ese trasfondo limpio y melódico se contrarresta con los incendiarios tonos de Hynphernia, la cual derrocha versatilidad por cada poro de su piel y si en el disco anterior, te parecía que cantaba muy bien, espera a tener este disco en tus manos que la diferencia es abismal.

Además, ese solo de piano que da escalofríos y un halo de misterio acompañado de un solo de guitarra bastante efectivo, hace de esta pieza uno de los temas más potentes del disco sin duda.

El disco es como un viaje sin retorno, porque en cada canción no sabes con lo que te vas a encontrar, a ratos predomina el death melódico clásico, en otros una velocidad guitarrera más heavy pero que con los guturales de la vocalista hace que sea una montaña rusa de sentimientos y pensamientos los que te vengan a la mente escuchando a la banda, hay momentos muy extremos y hasta sangrantes como “The Dark Side of Me”, donde se podría decir que la banda combina varios tipos de metal extremo en una misma canción y el resultado es fantástico.

Y en cortes como la final “An Ocean of Sorrow”, si podemos encontrar ciertas similitudes con su anterior disco y un ligero toque de bandas como The Agonist y Arch Enemy, combinando ese death metal clásico con toques modernos, al igual que ocurre en el dueto con Jessie Williams, vocalista de Ankor, en la canción “Eternal”, donde a priori podemos deducir por el delicado comienzo de Jessie, que es la “balada” del álbum, pero nada más lejos de la realidad cuando hace su entrada triunfal cual diosa del averno Hynphernia, con unos guturales que encajan a la perfección con el tono melódico de la cantante de Ankor y que juntas crean una especie de “Yin Yang” musical muy bonito, intenso y acertado.

Ahora sí que sí, Death & Legacy han dado en la diana del metal extremo con su nuevo disco y se convierten por derecho propio en una de las referencias nacionales del estilo junto a bandas como Bloodhunter o Astray Valley, entre otros.

La banda ha superado con creces todo lo que habían ofrecido hasta el momento y es justamente ahora cuando tienen todo por delante para que este disco los lleve muy lejos y sigan pisando con firmeza la senda del metal extremo nacional, del cual, con un disco como este, creo que estarán bien arriba a la hora de elegir el top nacional del año cuando llegue diciembre, bravo por ellos.

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Ov Sulfur – Burden Ov Faith (2023)
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Recuerdo la primera vez que escuché a Suffokate, cuando estaba sumergido en la escena deathcore y a pesar de lo brutal e incendiaria que sonaba la banda, lo cierto, es que lo que primero te llamaba la atención era el look de su cantante Ricky Hoover, no por los tatuajes o piercings que llevaba, si no por las gigantescas dilatas que llegaban a superar los 35 centímetros de diámetro y sin duda eran lo más extremo que podía ver por aquella época.

Pero siendo justos, siempre he pensado que Ricky era un muy buen cantante dentro de la escena deathcore, quizás no llegaba al nivel de Mitch Lucker (RIP) o Phil Bozeman (Whitechapel), pero tampoco andaba muy lejos en cuanto a personalidad vocal de compañeros como Scott Lewis de Carnifex o Jonny Davy de Job For a Cowboy, por poner nombres propios importantes dentro de aquella escena extrema.

Pues bien, ahora el tiempo me viene a dar la razón y es que el debut de Ov Sulfur, el nuevo proyecto musical de Ricky, tras varios años alejado de la música pesada, es una patada en el estómago y uno de los mejores discos de deathcore y metal extremo del presente 2023.

El disco cuenta con diez tracks apabullantes y que demuestra que no todo es Lorna Shore (nada en contra de ellos, que no se me malinterprete ya que soy un gran seguidor de la banda) en la escena del deathcore actual, pero estos chicos quizás con ese toque blackned que tiene el disco, puedan destacar un poquito por encima de algunas de las bandas actuales del estilo.

El disco se abre con “Stained in Rot”, un cañonazo que combina el deathcore con ciertos toques de black, pero que tiene ese toque moderno que hace que puedan disfrutar de este corte los fans de Whitechapel y Dimmu Borgir así como los de Bleeding Through y Betraying the Martyrs, aunque dudo que haya mucha diferencia entre ellos.

Destaca Ricky que ya nos muestra que la versatilidad de la que os hablaba al principio se evidencia en este corte, combinando unos screaming’s infernales con un puente melódico, muy bien ejecutado y sin que quede forzado, algo que se va a repetir a lo largo de todo el disco.

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Pero lo que destaca en el disco es lo bien calibrado que está y como las colaboraciones han sabido encajar muy bien con Ricky a la hora de armar sus partes en cada tema.

Quizás el mejor ejemplo o uno de ellos, sea el dueto infernal entre Ricky y Alex Terrible (Slaughter to Prevail) en “Befouler”, combinando esos guturales dignos del mismísimo infierno por parte de ambos cantantes con unas partes más accesibles, pero que oxigenan a la perfección la canción, algo que se agradece en un estilo tan extremo como el deathcore.

Cortes como “Death Ov Circumstance”, destacan por el uso de sintetizadores muy bien pensados y combinados con riffs pesados pero que enganchan desde la primera escucha.

“Earthen”, ya lo pudimos escuchar hace un par de meses y es uno de los cortes más destacados del disco, combinando una hermosa melodía inicial, un potente riff y un estribillo que podría ser coreado en una sala repleta de gente ya que parece estar escrito en oro, poniendo de manifiesto la mejora vocal y el trabajo que ha hecho Ricky para ser un cantante más completo.

La letra es extremadamente delicada ya que habla sobre el sobrino de Ricky, que lamentablemente falleció con apenas 16 años víctima de un cáncer, tras tres trasplantes de médula ósea rechazos, el muchacho tomó la dolorosa decisión de dejar seguir su curso a la enfermedad y ser testigo de su pérdida afectó mucho a Ricky, quien decidió homenajearlo en la que quizás es la mejor pieza del disco.

“Wide Open”, hará las delicias de los seguidores del metalcore “OG”, es decir con el que nos criamos muchos entre 2001 y 2005, gracias a bandas como Unearth, Bleeding Through, Himsa, It Dies Today, Shadows Fall, God Forbid o como no, el máximo exponente del género Killswitch Engage ya que el señor Howard Jones, aporta su espectacular voz a la canción, dando un toque “Old School” al tema.

Mención aparte tienen los guturales y diversos registros de “Screams” en el tema, simplemente abrumadores que, unidos a la majestuosa voz de Howard, crean una atmósfera pesada y única.

El corte se cierra con un gran solo de guitarra, muy acorde con la canción y que recuerda a los años dorados de la “NWOAHM” (New Wave of American Heavy Metal, término comercial con el que se conoció a la ola formada por muchas de las bandas que mencionaba arriba y de las cuales Killswitch son y serán los padres).

Cerramos con el corte que le da título al disco y que cierra este de forma brillante con una invitada muy especial y es que, si prestas atención al tema, en esa introducción oscura pero delicada y épica, se puede percibir una voz dulce que nos resulta familiar a los que conocemos a Cradle of Filth y es que la señorita Lindsay Schoolcraft (ex miembro de la banda británica) aporta su particular voz a la canción y que podría encajar perfectamente en una fría tarde de invierno en mitad de la nada.

En resumen, si, Ricky Hoover aprueba con nota bien alta esta nueva etapa de su carrera y ya os digo que el disco estará bien arriba en mi top particular de 2023 dentro del metal, porque Ov Sulfur han sabido encontrarle una vuelta más al estilo y en lugar de hacer la “enésima” copia de Architects y While She Sleeps, le han dado personalidad a un estilo extremo como el deathcore y un poquito de vida al metalcore moderno, que se estaba tornando bastante predecible, así que bravo por ellos.

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Suicide Silence – Remember… You Must Die (2023)
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Hay veces que la pérdida de un miembro suele ser irremplazable, ahí tenemos el caso de Nirvana, a los que NADIE se imagina volviendo a los escenarios, salvo por un homenaje puntual, sin otra persona que no sea Kurt Cobain, por este motivo es que pese a los millones de ofertas que deben haber recibido Dave Grohl y Kirst Novoselic a lo largo de estas casi tres décadas, jamás se ha producido ninguna reunión oficial de Nirvana.

Hay otros casos en los que las bandas deciden seguir adelante, habiendo cumplido cierto tiempo por respeto a dicha persona e incluso a los propios fans de la banda, a los cuales también se les debe respetar, un gran ejemplo de esto serían Alice in Chains, a los cuales podemos seguir disfrutando aún sin la eterna figura de Layne Staley pero que ha sido muy bien cubierta, que no reemplazada por el señor William DuVall, con el cual han grabado tres grandes discos, manteniendo el nombre y el legado de la banda de una forma inmejorable.

Pero hay un tercer caso en donde las bandas que pierden un miembro, pero se ven con fuerzas para continuar su carrera, les cuesta mucho poder superar la pérdida y eso se nota en el nivel de sus discos. Vamos a ver dos ejemplos muy claros: e primero de ellos, sin duda, sería el de Avenged Sevenfold, quienes por mucho que hayan querido seguir adelante, está claro que con discos como Hail to The King o el extremadamente extenso The Stage, ponen de manifiesto que ellos siguen adelante si, pero no todos los discos que grabaron tras la pérdida de The Rev, son especialmente destacados.

El otro caso y que ocupa la reseña de hoy sería el de Suicide Silence, una banda de sobra conocida por todos y que tras la pérdida de Mitch Lucker, su carismático vocalista hace ya una década, han querido seguir adelante contando con Eddie Hermida (a quien conocemos por su labor en All Shall Perish), pero que curiosamente no han podido igualar la grandeza de sus tres primeros discos con Mitch.

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Si bien es cierto, que el primer disco con Eddie, el salvaje You Can’t Stop Me de 2014, si podía mantener el nivel por lo menos ofrecido en el tercer disco de los californianos, el brutal y sorprendente The Black Crown, lo cierto es que ni el disco homónimo de 2017 ni el más que regular Becoming the Hunter de 2020, han conseguido mantener el nivel en la discografía de la banda, originaria de Riverside, California.

Para esta nueva entrega, la banda parece haber dado con la tecla definitiva para levantar el vuelo y volver a sonar igual de rudos y brutales que antaño.

Ya con el corte que da título al disco podemos comprobar como la banda esta vez sí suena convincente, con Mark y Gaza derrochando calidad por medio de sus guitarras más afiladas que nunca y un Eddie, que se descarga de forma brutal con unos guturales mucho más trabajados que en el disco anterior y nos da un comienzo muy acertado para este nuevo disco.

En “Fucked for Life”, podemos ver ese toque nu metalero que mostraron en el tercer disco con ciertos guiños a la primera época de Slipknot y combinándolo con ese deathcore incendiario, del que ellos son considerados uno de los “Big 4” junto a Whitechapel, Carnifex y Thy Art is Murder, esto si es brutalidad sonora pero bien pensada.

Por el contrario, en “God be Damned”, tenemos ese sonido más pesado y propio del deathcore, con un cambio de tempo espectacular de la mano del señor Ernie Iniguez, quien reemplazó a Alex López el año pasado y ya es un miembro oficial de la banda.

Un corte muy intenso y abrasador, con unos blast beats muy bien ejecutados y que te destrozan los tímpanos desde la primera escucha, combinados con unas voces agresivas, pero con el suficiente gancho para llegar al gran público.

Suicide Silence esta vez sí que suenan poderosos y convincente, no hacen ruido sin más, no, han sabido canalizar la furia de su sonido y plasmarla en un disco que combina agresividad, pasajes algo más pausados pero muy intensos y esta vez canciones que si están a la altura de la banda californiana.

Si en Becoming the Hunter, la banda se mostraba dispersa y falta de ideas, creando una obra insulsa y que si no llevase el nombre de Suicide Silence, pasaría sin pena ni gloria, de hecho, aun siendo de ellos, así ha sido, en esta nueva entrega Suicide Silence vuelven a ser los que eran y a resurgir cual ave fénix desplegando sus alas de fuego y demostrando porque un día fueron la banda de deathcore más grande que ha dado la escena en estas dos décadas que llevamos de siglo.

No sabemos qué tal les irá comercialmente con el disco, pero lo que sí puedo decir es que cuando llegue diciembre y mire a ver cuáles son los discos de metal más destacados de la temporada, esta vez sí, voy a poder tener en cuenta a Suicide Silence y tras lo ofrecido en sus dos discos anteriores, creo que no es poca cosa.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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Lordi – Screem Writers Guild (2023)
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La primera vez que vi una portada de Lordi, dije: otra banda de botargas, esta si debe ser extremo pesada. Error, al darle play al disco, que si mal no recuerdo fue el The Arockalypse, su tercer disco del 2006, me llevé una sorpresa al escuchar puro hard rock con tintes melódicos basados en historias de terror. Debí suponerlo, pero mi mente me hizo juzgarlos por su portada, tiempo después comprendí que eran aún más suaves que Gwar.

Ahora en el 2023 los finlandeses Lordi llegan con otro disco cargado de lo mismo, sin darle espacio a la innovación, esto es hard rock pegadizo con buenas melodías; tuve que escuchar el disco 3 veces para hacer una reseña apropiada y sin ser imparcial, así que vamos.

Screem Writers Guild arranca con “Dead Again Jayne” que tiene un intro tipo Frankenstein pero de Cartoon Network, da todo menos terror, pero seguro que así fue planeado, a un poco más de un minuto de este intro llegan las guitarras melódicas para hacer su parte, una muy buena canción que servirá de inicio en sus próximos conciertos seguramente.

Luego otro semi intro llega como si nos diera la bienvenida al circo donde payasos de 3 pesos nos dieran un paquete de palomitas y dos cervezas para ver el espectáculo que se avecina.

“Unliving Picture Show” tiene una base de teclados que le da el ritmo a todo el tema, muy lenta pero muy armónica, no están proponiendo nada nuevo aquí, siguen con su hard rock básico pero que los hace feliz, y si tengo que ser honesto, a mi también.

Intento escarbar para encontrar una canción que sobresalga pero no la encuentro, podría decir que “Lucyfer Prime Evil” o “Heavengeance” son de lo mejor pero aquí el único que decide eso, es el verdadero fanático de esta banda, que si al día de hoy les sigue los pasos, es porque en verdad los ama.

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La balada “The Bridge” me recuerda a unos Steel Panther pero sin letras obscenas, “Thing In the Cage” tiene una introducción como para un programa de concurso de televisión, “Scarecrow” puede ser la que más se te pegue al momento de repetir los coros, está diseñada para que cuando acabe en tu cabeza se repita una y otra vez.

Recordemos que cuando Lordi estaba en su gloria, Sebastian Bach dijo que eran como Kiss dentro de una casa encantada, no recuerdo cuándo fue eso, pero ya pasó mucho tiempo, y la banda no supo mantener su época dorada, lastimosamente esa etapa ya pasó hace mucho y Lordi se dedicó hacer buenos discos más no memorables.

“Inhumanoid”, “Vampyro Fang Club” o “Lycantropical Island” suenan bien pero muy similares entre sí, la misma base rítmica con guitarras suaves de acompañamiento y un coro que sigue la línea, parecen cortadas con la misma tijera, repito, suenan bien pero se torna repetitivo. La cereza del pastel se llama The SCG Awards en donde simulan una especie de entrega de premios Oscar y todo se sale de control, muy acorde con la carátula del disco.

La portada del disco es bastante colorida como lo es el disco, presentando algunos monstruos clásicos de manera divertida como si de la película animada Hotel Transylvania se tratara.

En conclusión puedo decir que es un buen disco pero algo monótono, ya sé que no proponen nada diferente hace años pero a veces cansan de tanto seguir la misma línea.

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Pierce The Veil – The Jaws of Life (2023)
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Después del éxito conseguido con su anterior trabajo Misadventures hace ya siete largos años, uno podría pensar que los californianos Pierce The Veil, estaban en el mejor momento de su carrera y en cierto modo así era, a pesar de que, en mi opinión, aquel disco no es ni de lejos su mejor obra.

Pero todo se desmoronó de la peor forma posible, cuando el batería y miembro fundador Mike Fuentes, hermano del vocalista y guitarrista Vic Fuentes, fue acusado por varias mujeres de conducta inapropiada cuando estas eran menores de edad y asistieron a ver a la banda en el macro festival Vans Warped Tour.

Por eso, creo que hay que agradecer que la banda no sólo siga en pie, si no que hayan vuelto con un disco tan interesante y bien calibrado como este The Jaws of Life, porque visto lo visto, las cosas podrían haber sido mucho peor y la carrera de una de las bandas más populares del sonido emo core se habría acabado justo en el momento cumbre de la misma.

El disco comienza algo más pausado y alternativo que de costumbre con “Death of an Executioner”, un tema que, pese a su particular sonido, no difiere mucho de lo que había en el disco anterior de la banda, pero que si sorprende quizás por el ritmo y ese solo “raro” pero extremadamente pegadizo de Vic Fuentes que redondea un comienzo cuanto menos interesante.

El single “Pass the Nirvana” ya daba pistas de que este no sería un disco más para PTV, si no una especie de renacimiento después de la peor etapa de su carrera y esto se traduce en un single totalmente alternativo y bastante poco comercial, pero que, si te gustaba el sonido noventero, esto va a hacer tus delicias sin duda.

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Incluso cuando añaden azúcar a sus canciones, el resultado no es el “típico” y si no veamos la alternativa y melódica a la vez que distorsionada “Even When I’m Not With You”, un corte que está más cerca de lo que hacen bandas como Thrice o Twenty One Pilots que de sus amigotes Sleeping With Sirens o You Me At Six, por citar bandas afines a PTV.

Los 90’s se vuelven a hacer presentes en canciones como “Emergency Contact”, un tema que de haber salido en 1995 o 97 los hubiera puesto en las emisoras de radio de su país 24/7 al lado de Third Eye Blind, Smashing Pumpkins o Green Day, y a nadie le hubiera sorprendido.

Sin duda la banda ha elegido un camino muy interesante para reconducir su carrera y es que temas como la cañera “Damn The Man, Save The Empire” o baladas alternativas como “Flawless Execution”, son canciones para ir escuchando de a poco e intentar captar la cantidad de matices que tienen, en lugar de hacer canciones de “usar y tirar”, Pierce the Veil han elegido quizás el camino más complejo, pero que seguramente les acabe dando mejores frutos.

Ahora bien, la incognita está en saber si los fans jóvenes que han crecido con temas como “King for a Day”, “Bulls in the Bronx” o “Hell Above”, seguirán acompañándolos en esta nueva etapa, mucho más elaborada y madura o por el contario se quedarán en el camino y Pierce The Veil tendrán que encontrar su “nuevo” público como hicieron hace 15 años cuando empezaron.

La realidad es que Pierce the Veil han vuelto y han demostrado tener el coraje para hacerlo con un gran disco, es más quizás, con su mejor obra desde el segundo y magnifico Selfish Machines, con lo cual es de agradecer su regreso y más sabiendo todo lo que han pasado antes de llegar a este nuevo trabajo.

 

 

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Aortes – Devouring Gloom (2023)
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Aortes
es una banda lituana de post-metal que anteriormente lanzó tres discos bajo el nombre Autism, así como un EP y un par de singles. Este cuarto álbum sale tras más de cuatro años desde el último trabajo publicado por el grupo (“Have You Found Peace?”, a comienzos de 2019). En ese lapso, en parte motivado por la pandemia, se produjeron cambios de integrantes, lo que conllevó no solamente modificaciones en la música sino incluso en el nombre de la banda, tal como mencionamos previamente. La tradición de crear obras con un enfoque narrativo o hasta cinematográfico parece haberse disuelto, así como la búsqueda sonora mediante la instrumentación “no convencional”, por ejemplo, incluyendo saxo, violonchelo, electrónica y fragmentos recitados, tal como podían encontrarse en el disco anterior, que tenía varios artistas invitados.

El camino de Aortes los ha acercado a un post-metal oscuro pero más directo en su elaboración, con menor presencia de elementos post-rock y mucha mayor incidencia post-hardcore y sludge. La influencia de Amenra es innegable, y el hecho de que hayan incluido un excelente cover de Nirvana, “Something in the Way”, también dice mucho en cuanto a la transformación del proyecto. El tema central del álbum es la lucha contra el sentimiento sobrecogedor de desesperación que puede causar la soledad, lo requiere de gran fuerza para poder encontrar la esperanza.

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“While I Wilt” empieza con un sintetizador lúgubre hasta que van apareciendo el resto de los instrumentos típicos de toda banda de metal, así como la voz rabiosa. Por sus características funciona casi como una introducción al caos que se desencadenará. Ya en “Lay My Bones” estalla la furia, y las reminiscencias de Amenra suenan claras, sobre todo en el riff principal. Es interesante el cambio que se produce promediando el track, seguido de otro giro marcado que hace que todo se vuelva más lento y ominoso para acelerarse hacia el final.  Luego, la canción homónima al disco es la más extensa, por lo que es esperable la diversidad de fenómenos en la atmósfera. El clima se va generando progresivamente, con la percusión y unos punteos de guitarra sobre el fondo que brinda el teclado. Cuando el resto del conjunto irrumpe, nos hallamos nuevamente ante esa deliciosa fórmula de la tormenta tras la calma. Aortes hace un uso reiterado de ese esquema en este disco. A continuación viene el cover de Nirvana al que ya hicimos referencia, bastante fiel al original salvo por la potencia del último tramo, la parte más pesada de esta versión.

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“With Me Forever” ya empieza golpeando con intensidad, y emergen algunos de los destellos más singulares de la propuesta musical de Aortes en esta nueva etapa. Se nota otra madurez compositiva y se destaca lo hecho por la batería y la guitarra. “Crown of Nails” también tiene algunas notas distintivas, en especial por el bajo, y el avance que podríamos calificar como “trabado”, que dan la pauta –otra vez- de una reflexión diferente al momento de hacer música: es como si la segunda mitad del álbum fuera la superación natural de la primera. Quizás por tratarse de una totalidad integral, sería mejor pensar en un ascenso.

En “Salvation” las teclas recuperan protagonismo, y nos hallamos ante riffs que nos recuerdan a otros grandes exponentes del post-metal como Cult Of Luna. El track que da cierre al álbum, “Immersion” es otro de los más destacables por sus cualidades en comparación con el resto, con algunos de los momentos más logrados creativamente. Aortes, y esta obra en particular, son muy recomendables para la audiencia fanática del género, ávida de encontrar qué escuchar más allá de los gigantes ineludibles.

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Downfall of Gaia – Silhouettes of Disgust (2023)
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Estamos ante el sexto disco en estudio de Downfall of Gaia, esta ya consolidada banda alemana de post-black metal con fuerte influencia crust. Con quince años de historia, el grupo formado por Dominik Goncalves dos Reis (voz y guitarra), Peter Wolff (guitarra y voz), Anton Lisovoj (bajo y voz) y Michael Kadnar (batería), ha logrado en “Silhouettes of Disgust”, editado por Metal Blade Records, un balance perfecto entre la actitud cruda de sus primeros trabajos y la composición más elaborada que fueron desarrollando posteriormente y los llevaron por paisajes melancólicos.

El álbum está integrado por nueve canciones que, en total, apenas superan los 45 minutos de duración, algo que contrasta con los discos anteriores, que tenían listas más cortas de tracks que, individualmente, podían llegar a superar los diez minutos. Cada parte en esta nueva obra representa a una persona distinta, residente de alguna ciudad, luchando con la soledad, el miedo, la angustia existencial, las adicciones y otros males contemporáneos. A esas figuras hace referencia el título del disco, complementado por la fotografía en la portada, con un desolador estilo urbano. En este sentido, también se nota una diferencia con la estética que la banda venía mostrando hasta ahora. Para quienes todavía no conocen a este grupo alemán, algunas referencias posibles serían los ya separados Fall of Efrafa o Altar of Plagues, solo por nombrar algunas.

Es un trabajo bastante parejo, sólido en cuanto a su construcción en términos generales. Es por eso que quizás sea una buena idea señalar los rasgos distintivos que resaltan, y ciertas particularidades de los sucesivos tracks. El recorrido por la psicología de estas mentes atrapadas en una urbe laberíntica comienza con “Existence of Awe” y ya van apareciendo esas cualidades a las que hacía mención. Por empezar, los pasajes con ese D-beat tan típico, que retornará en varias canciones más y expresa el aspecto hardcore al que se quería dar lugar, aunque siempre alterna con un blast beat profuso o partes a mid-tempo. También se perciben el fondo que provee un sintetizador y una voz femenina, la de Lulu Black, artista de una banda gótica.

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Los lapsos más lentos se destacan, y en ellos sobresale el bajo. Cuando las guitarras hacen trémolo, desde ya que suenan bien propias del black, pero abundan los riffs con esa cadencia más punk, y los arpegios de sonoridad post-rock. En este disco, podríamos decir, los germanos echaron algunas pizcas de Mogwai y muchas de Discharge al caldo. “The Whir of Flies” es un buen ejemplo de cómo en una misma canción pasan por partes vertiginosas y otras tensamente calmas. El despliegue técnico de la batería es digno de mención: su ejecución es tan precisa como expresiva. La calidad de la mezcla es excepcional, evidente en la nitidez de cada instrumento.

Las voces suenan casi siempre sucias, oscilando entre la desesperación y la bronca. “While Bloodsprings Become Rivers” -el track más extenso- es donde quizás encontremos el enfoque más típico de los discos anteriores. Vuelven a resaltar los teclados y todo se distancia de la crudeza que se asoma en muchos otros momentos del álbum. De hecho, hay un pasaje especialmente minimalista, de esos que se dice que generan “ambiente”, “clima” o “atmósfera”. Hay una transición perfecta hacia “Bodies as Driftwood”, de inicio en una veta similar, hasta que todo se acelera en una vorágine episódica, que se va alternando con esa paz contenida, que sucede casi por inercia o habituación a lo cotidiano en contextos que creemos inevitables. Esta canción fue el single con videoclip propio.

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“Eyes to Burning Skies” profundiza la introspección. El canto femenino resurge y da espacio a otra característica de este disco, que se ve reforzada por el aporte de las guitarras, y es la influencia darkwave de algunos tramos. Se escuchan algunos cortes interesantes, que provocan un avance trabado, generando una inquietud que se libera para alzar el fuerte componente melódico que también va imponiéndose a lo largo de todo el álbum. El mismo recurso de progresión fragmentada continúa cuando empieza “Final Vows”, hasta que se adquiere la rapidez de la caída y además surgen riffs filosos y agresivos.

En “Unredeemable” regresan los lapsos que invitan al mosh y las frases de las seis cuerdas que logran ser bastante pregnantes. Todo finaliza con “Optograms of Disgust” que, tocada en vivo, sin dudas seguiría agitando al público. Emerge una voz más limpia, justo antes de un cambio abrupto en el ritmo. No me cuesta imaginarme una audiencia que se convulsiona y luego descansa, para volver a sacudirse. Este ejercicio de fantasía obedece a enfatizar un efecto colateral, si se quiere, de la decisión creativa tomada por la banda en esta ocasión.

Downfall of Gaia tiene una discografía excelente, y personalmente, disfruto mucho sus creaciones más “post-metal”, porque soy fanático de ese género. No podría afirmar que este sea su mejor álbum, pero sabiendo que querían conseguir una obra en la que hubiera un balance entre todo lo “post” (metal, black metal, rock) y la actitud rebelde del crust, debo decir que cumplieron de manera brillante con su propósito y lanzaron un muy buen disco.

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The 69 Eyes – Death of Darkness (2023)
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A principios de los 90 un sonido icónico atravesó el mundo. Originarios de Helsinki, Finlandia, la banda The 69 Eyes tuvo unos inicios dentro del camino del sleaze, el hard rock y el glam, las oscilaciones y proyectos que fueron tomando con los años, le han permitido a la banda no encasillarse en un solo genero dentro del metal.

Teniendo influencias muy fuertes de bandas como Type O Negative, la banda finlandesa decidió experimentar, aun en sus inicios, con diferentes ritmos, pero esto no fue gustoso para los oyentes, por lo que en varios momentos The 69 Eyes tuvo que tomar un rumbo más comercial para llegar a más espectadores, sonaría que han traicionado a una parte de su publico más fiel e incluso a su propia visión artística, pero por el contrario, el contenido que el grupo ofrecía termino siendo apreciado no solo por los fans, si no también por muchas más personas en el mundo, dando paso así a giras impresionantes, donde tocarían con otros titanes del género, tales como Wednesday 13, Nightwish y Therion, entre otras.

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Luego de haberse tomado una pausa durante la pandemia, la banda empieza este 2023 con un nuevo álbum llamado Death of Darkness, de la mano de Atomic Fire Records, este trabajo consta de 10 canciones, la primera, es la que le da nombre al disco, y podemos notar desde el principio que el metal gótico que la banda ha profesado por años sigue intacto, buscando con tempos lentos y un teclado conmovedor acompañar los coros, encontrando aquel sonido vampírico que a muchos fascina. Esta esencia gótica se mezcla más con arreglos de hard rock a partir de su segundo tema, Drive es esa canción que necesitas poner en tu moto, bicicleta, coche fúnebre o lo que sea que tengas, mientras vas manejando.

“Gotta rock”, qué canción perfecta para identificar el supuesto género “Goth & roll”, el sintetizador junto al bajo le dan el toque de oscuridad, acompañando a una lirica seductora de la voz barítono de Jyrki 69. Es que en resumen todo el álbum es refrescante no solo para el género metal gótico sino también para este subgénero del que se habrían apropiado. Cada uno de los participantes de la banda, Jyrki 69, Archize, Bazie, Jussi 69 y Timo- Timo, han cumplido y entregado para deleite de todos sus seguidores un álbum muy bien mezclado, muy bien realizado, cuyo arte de portada incluso es llamativo y sigue conservando la impronta que esta banda siempre propuso.

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Steel Panther – On the Prowl (2023)
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Yo creo que ya todos sabemos de qué van los angelinos gamberros de Steel Panther, con lo cual, en su nuevo lanzamiento, no esperéis que os diga que han evolucionado como banda, ni que le han dado un giro a su estilo, no, estos sujetos siguen a lo suyo, haciendo canciones de glam/heavy metal con temáticas cuanto menos controvertidas pero que si le pones humor, pues disfrutarás de lo lindo con este nuevo trabajo, el sexto álbum ya en la carrera de la banda, ¿quién lo diría verdad?

Tras cuatro años sin material nuevo y con aquel flojete Heavy Metal Rules, que seguramente sea el disco menos destacado de su carrera, la banda tenía que volver a centrarse lo más posible y hacer lo que mejor se les da: Rock and Roll con melodías ultra pegadizas y letras picantes.

Y en cierto modo esto se cumple desde el principio con la macarra “Never Too Late (To Get Some Pussy)”, un tema que podría recordar a los Mötley más rockeros y a los Ratt más descarados y cuya letra…bueno ya sabéis de lo que habla, imagino que el objetivo para el directo será averiguar cuantas de sus seguidoras les lanzan sujetadores y lencería al escenario mientras suena esta canción.

Llama la atención que la tercera pieza del disco sea una “Power Ballad” como “On Your Instagram”, lo mejor es que reúne todos los elementos de la clásica balada ochentera de bandas como Dokken o White Lion, pero llevada a esta época, sin duda uno de los momentos destacados del álbum.

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Canciones con títulos (cuanto menos dudosos) como “Put My Money Where Your Mouth Is” y “Magical Vagina”, pues eso, no son canciones para dedicar en San Valentín y si para ponerte juguetón con tu “amiga” en sus conciertos o después de ellos…Y mejor dejarlo aquí que nos metemos en terrenos pantanosos, de los cuales Steel Panther son grandes fanáticos.

“1987” nos trae el lado nostálgico de la banda, con muchas referencias a aquella época dorada para el hard rock, el sleazy, el heavy metal y demás géneros, muy en la onda de bandas como Reckless Love y que hará las delicias de aquellos fans de esta época que, aunque no volverá, con bandas como Crazy Lixx, Blackrain, Crashdïet o los propios Steel Panther, al menos podemos “jugar” a que estamos en los 80 un ratito mientras escuchamos sus discos o vamos a sus conciertos.

Quizás la “decepción” al menos en lo musical ya que suena a lo mismo que el resto del álbum, es el corte “Is My Dick Enough”, ya que esperaba que colaborar con Deweezil Zappa, si, el hijo del mítico y particular Frank Zappa, diese como resultado una gran canción en donde se notase su toque y lo cierto es que pasa desapercibido hasta el punto de que, si está o no, poco importa ya que el tema no suma ni resta al disco, es del montón y eso me decepciona un poquito.

No vamos a ponernos a analizar todos los cortes del disco, ya que apenas si difieren unos de otros, pero la diferencia es que aquí las canciones o al menos un puñado de ellas enganchan, cosa que en su trabajo previo apenas si pasaba, así que si, Steel Panther cumplen superando a su último, pero sin tampoco haber creado un disco sublime.

Los angelinos han vuelto a hacer gala de su lado más fiestero, gamberro y poco discreto a la hora de componer este nuevo disco y con un resultado que convence y bastante, creo que no les podemos pedir más, su trabajo ya está hecho.

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Metallica – 72 Seasons (2023)
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Estoy muy tentado de llamar al nuevo disco de Metallica menos por su nombre legal 72 Seasons y más como “Metallica XI: 72 Seasons”, porque cada álbum nuevo de los cuatro de California se siente menos como un lanzamiento normal de heavy metal y más como si estuviéramos esperando una nueva entrega de una saga de películas, de esas que uno busca ver incluso antes del estreno oficial y de la que se analiza en detalle cada mínimo adelanto: el hecho de que literalmente se hayan armado escuchas previas en cines termina por reforzar esta teoría.

La comparación más obvia podría llegar a ser Star Wars, donde Kill Em All, Ride The Lightning, Master of Puppets y …And Justice For All son el equivalente a la trilogía original,  Load, ReLoad y St. Anger son la segunda trilogía llena de cosas raras que nos hicieron esperar por años y que no salieron del todo bien, y ahora estaríamos en las nuevas películas, donde después de esa etapa experimental la gente encargada de este producto decidió que la mejor manera de enmendar los experimentos raros de esa segunda etapa es tomar lo hecho en esa etapa original y  repetir ese molde una y otra vez. Evité incluir al Álbum Negro porque todavía hay debate sobre si pertenece a la primera o segunda etapa.

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Escuchar este nuevo disco es experimentar a un Metallica donde la única influencia de Metallica son si mismos: sin contar el inicio de “72 Seasons”, que suena como una versión más pesada de la intro de “Misirlou” de Dick Dale si la hubiera tocado Motörhead, Metallica suena a Metallica y a ninguna otra banda, como si quisieran ser una versión exagerada de ellos mismos. 

Esta es una manera elegante de decir que 72 Seasons suena igual que Hardwired… To Self-Destruct, que a su vez era una versión un poco menos comprimida de Death Magnetic. Las influencias oficiales podrán seguir siendo Diamond Head, Motörhead, Discharge y el resto de los que homenajearan con covers, pero la manera de hacer heavy/thrash/loquesea de Metallica es una que es imposible de comparar con cualquier banda pasada o actual, una que no remite a los ochentas, a los noventas o a alguna época en particular. Ninguna banda suena como este Metallica, pero eso es menos por su habilidad y más porque no sé por qué una banda buscaría sonar así.

72 Seasons no está falto de buenos momentos: “72 Seasons” me parece una buena canción para comenzar, con una intro fuerte y riffs trillados pero aguerridos, y “Lux Æterna” logra plasmar el sonido de la banda en menos de 4 minutos. Pero escuchas sucesivas confirman que en ningún momento el álbum justifica sus monstruosos 77 minutos de duración: desde Load Hetfield y compañía están empecinados en llenar la duración de un CD normal, y este es un hábito que deberían haber dejado en los noventas. Este es un disco al que faltó pasarle lima y tijeras por todos lados: casi todas las canciones se sienten dos o tres minutos más largas de lo que deberían, y una canción como “If Darkness Had A Son” bien podría haberse quedado en la caja de demos. 

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Las canciones largas por parte de Metallica no son una novedad, pero en un disco como …And Justice For All había una idea progresiva de composiciones complejas, y 72 Seasons no tiene una idea progresiva porque ni las canciones ni el disco en si progresa: las 11 canciones suenan parecidas, los riffs suenan parecidos, los ritmos suenan parecidos, las vocalizaciones de Hetfield (“yeahs” incluidos) suenan más o menos todas parecidas, las letras parecen tener temas centrales pero ninguna parece ahondar mucho en ese tema, etcétera. Ni siquiera tiene el beneficio de alguna balada, un instrumental o una introducción de guitarras acústicas: no hay dinámica, no hay momentos de tensión o de suspenso. El sonido general es el equivalente de una imagen de stock de una banda de rock y poco más.

72 Seasons no es un disco incompetente: Lars Ulrich suena mejor de lo que uno esperaría detrás de la bata, y es interesante escuchar a Rob Trujillo haciendo algo más que servir como excusa para llenar una frecuencia en el máster final, no sólo teniendo la intro del disco a su cargo sino incluso aportando su voz en “You Must Burn!”, siendo su primera participación vocal en los 20 años que hace que está en la banda aunque sea limitándose a un par de voces de fondo completamente ignorables. Todo está en su lugar y cumple su función, pero no hay mucha alma o pasión de por medio sino más un conjunto de ítems que tenían que tachar para hacer las canciones.

En conclusión, 72 Seasons es un disco que cumple su función de justificar nuevos videos, nuevas giras por estadios, vender algunas remeras (aunque esa portada amarilla me parece espantosa, he visto remeras de St. Anger por la calle, así que hay un mercado para todo) y continuar el ciclo: los discos de Metallica son inevitabilidades de la vida a esta altura, de la misma manera que lo es que estos debuten en el primer puesto en al menos 15 países pero que nadie termine recordando alguna canción. Es un disco dentro de todo bien grabado e inofensivo en sus objetivos, pero me deja pensando que ningún disco de heavy metal debería poder describirse como inofensivo.

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Death & Legacy – D4rk Prophecies (2023)
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Hay veces en las que los cambios y la mejora en cuanto a sonido de una banda tarda en llegar, pero cuando lo hace, lo hace de forma notable y contundente. Pues bien, con el cuarto disco de los death metaleros melódicos Death & Legacy, podemos decir que la banda, no sólo ha grabado su mejor disco hasta la fecha, si no que está lista para dar un golpe sobre la mesa dentro del metal nacional y desmarcarse un pasito por encima de sus compañeros de profesión.

Tras un “gran apertivo” como fue su anterior disco Inf3rno, había muchas ganas por esta cuarta entrega y más cuando los singles de adelanto como “Damned” donde cuentan con el inmenso aporte vocal del señor Björn “Speed” Strid (vocalista de Soilwork) y que hace un gran dueto con Hynphernia y “The Unnamed Shadow”, donde participa Tom S.Englund de Evergrey, ya avecinaban no solo pequeños grandes cambios, sino también un disco que apostaba a todo o nada.

Producido por Manuel Ramil, el disco cuenta con diez poderosos cortes que harán las delicias de cualquier seguidor del death metal melódico que se precie, abriendo fuego con justamente el dueto con Björn de Soilwork que ya pudimos disfrutar hace unos meses y que es un cañonazo espectacular, donde las dos voces encajan como su fuesen una sola y esto se acompaña de una potente base rítmica que recuerda a la época dorada del género allá por el comienzo de los 2000, donde bandas como Arch Enemy, In Flames, Dark Tranquillity e incluso los propios Soilwork, eran los pesos pesados de la escena.

Cuando vi que Death & Legacy iban a colaborar con Tom, vocalista de Evergrey, tenía mucha curiosidad por el resultado y lo cierto, que es que no les pudo salir mejor la jugada ya que la voz potente y melódica del cantante sueco encaja a la perfección con los guturales infernales de Hynphernia, la cual está a un nivel que poco tiene que envidiar a las compañeres del género internacionales.

Esta chica hace que no puedas perder la concentración con el estado de forma tan brillante en el que se encuentra y repito, si cierras los ojos y la escuchas cantar podrías pensar que es la cantante de un grupo extranjero, pero no, aquí hay grandes bandas de metal pesado más allá de las bandas de fuera.

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En “Beyond the Veil”, la banda se adentra en el terreno más oscuro y en la atmósfera de bandas como Septicflesh y Dimmu Borgir, con un gran peso y ese trasfondo limpio y melódico se contrarresta con los incendiarios tonos de Hynphernia, la cual derrocha versatilidad por cada poro de su piel y si en el disco anterior, te parecía que cantaba muy bien, espera a tener este disco en tus manos que la diferencia es abismal.

Además, ese solo de piano que da escalofríos y un halo de misterio acompañado de un solo de guitarra bastante efectivo, hace de esta pieza uno de los temas más potentes del disco sin duda.

El disco es como un viaje sin retorno, porque en cada canción no sabes con lo que te vas a encontrar, a ratos predomina el death melódico clásico, en otros una velocidad guitarrera más heavy pero que con los guturales de la vocalista hace que sea una montaña rusa de sentimientos y pensamientos los que te vengan a la mente escuchando a la banda, hay momentos muy extremos y hasta sangrantes como “The Dark Side of Me”, donde se podría decir que la banda combina varios tipos de metal extremo en una misma canción y el resultado es fantástico.

Y en cortes como la final “An Ocean of Sorrow”, si podemos encontrar ciertas similitudes con su anterior disco y un ligero toque de bandas como The Agonist y Arch Enemy, combinando ese death metal clásico con toques modernos, al igual que ocurre en el dueto con Jessie Williams, vocalista de Ankor, en la canción “Eternal”, donde a priori podemos deducir por el delicado comienzo de Jessie, que es la “balada” del álbum, pero nada más lejos de la realidad cuando hace su entrada triunfal cual diosa del averno Hynphernia, con unos guturales que encajan a la perfección con el tono melódico de la cantante de Ankor y que juntas crean una especie de “Yin Yang” musical muy bonito, intenso y acertado.

Ahora sí que sí, Death & Legacy han dado en la diana del metal extremo con su nuevo disco y se convierten por derecho propio en una de las referencias nacionales del estilo junto a bandas como Bloodhunter o Astray Valley, entre otros.

La banda ha superado con creces todo lo que habían ofrecido hasta el momento y es justamente ahora cuando tienen todo por delante para que este disco los lleve muy lejos y sigan pisando con firmeza la senda del metal extremo nacional, del cual, con un disco como este, creo que estarán bien arriba a la hora de elegir el top nacional del año cuando llegue diciembre, bravo por ellos.

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Ov Sulfur – Burden Ov Faith (2023)
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Recuerdo la primera vez que escuché a Suffokate, cuando estaba sumergido en la escena deathcore y a pesar de lo brutal e incendiaria que sonaba la banda, lo cierto, es que lo que primero te llamaba la atención era el look de su cantante Ricky Hoover, no por los tatuajes o piercings que llevaba, si no por las gigantescas dilatas que llegaban a superar los 35 centímetros de diámetro y sin duda eran lo más extremo que podía ver por aquella época.

Pero siendo justos, siempre he pensado que Ricky era un muy buen cantante dentro de la escena deathcore, quizás no llegaba al nivel de Mitch Lucker (RIP) o Phil Bozeman (Whitechapel), pero tampoco andaba muy lejos en cuanto a personalidad vocal de compañeros como Scott Lewis de Carnifex o Jonny Davy de Job For a Cowboy, por poner nombres propios importantes dentro de aquella escena extrema.

Pues bien, ahora el tiempo me viene a dar la razón y es que el debut de Ov Sulfur, el nuevo proyecto musical de Ricky, tras varios años alejado de la música pesada, es una patada en el estómago y uno de los mejores discos de deathcore y metal extremo del presente 2023.

El disco cuenta con diez tracks apabullantes y que demuestra que no todo es Lorna Shore (nada en contra de ellos, que no se me malinterprete ya que soy un gran seguidor de la banda) en la escena del deathcore actual, pero estos chicos quizás con ese toque blackned que tiene el disco, puedan destacar un poquito por encima de algunas de las bandas actuales del estilo.

El disco se abre con “Stained in Rot”, un cañonazo que combina el deathcore con ciertos toques de black, pero que tiene ese toque moderno que hace que puedan disfrutar de este corte los fans de Whitechapel y Dimmu Borgir así como los de Bleeding Through y Betraying the Martyrs, aunque dudo que haya mucha diferencia entre ellos.

Destaca Ricky que ya nos muestra que la versatilidad de la que os hablaba al principio se evidencia en este corte, combinando unos screaming’s infernales con un puente melódico, muy bien ejecutado y sin que quede forzado, algo que se va a repetir a lo largo de todo el disco.

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Pero lo que destaca en el disco es lo bien calibrado que está y como las colaboraciones han sabido encajar muy bien con Ricky a la hora de armar sus partes en cada tema.

Quizás el mejor ejemplo o uno de ellos, sea el dueto infernal entre Ricky y Alex Terrible (Slaughter to Prevail) en “Befouler”, combinando esos guturales dignos del mismísimo infierno por parte de ambos cantantes con unas partes más accesibles, pero que oxigenan a la perfección la canción, algo que se agradece en un estilo tan extremo como el deathcore.

Cortes como “Death Ov Circumstance”, destacan por el uso de sintetizadores muy bien pensados y combinados con riffs pesados pero que enganchan desde la primera escucha.

“Earthen”, ya lo pudimos escuchar hace un par de meses y es uno de los cortes más destacados del disco, combinando una hermosa melodía inicial, un potente riff y un estribillo que podría ser coreado en una sala repleta de gente ya que parece estar escrito en oro, poniendo de manifiesto la mejora vocal y el trabajo que ha hecho Ricky para ser un cantante más completo.

La letra es extremadamente delicada ya que habla sobre el sobrino de Ricky, que lamentablemente falleció con apenas 16 años víctima de un cáncer, tras tres trasplantes de médula ósea rechazos, el muchacho tomó la dolorosa decisión de dejar seguir su curso a la enfermedad y ser testigo de su pérdida afectó mucho a Ricky, quien decidió homenajearlo en la que quizás es la mejor pieza del disco.

“Wide Open”, hará las delicias de los seguidores del metalcore “OG”, es decir con el que nos criamos muchos entre 2001 y 2005, gracias a bandas como Unearth, Bleeding Through, Himsa, It Dies Today, Shadows Fall, God Forbid o como no, el máximo exponente del género Killswitch Engage ya que el señor Howard Jones, aporta su espectacular voz a la canción, dando un toque “Old School” al tema.

Mención aparte tienen los guturales y diversos registros de “Screams” en el tema, simplemente abrumadores que, unidos a la majestuosa voz de Howard, crean una atmósfera pesada y única.

El corte se cierra con un gran solo de guitarra, muy acorde con la canción y que recuerda a los años dorados de la “NWOAHM” (New Wave of American Heavy Metal, término comercial con el que se conoció a la ola formada por muchas de las bandas que mencionaba arriba y de las cuales Killswitch son y serán los padres).

Cerramos con el corte que le da título al disco y que cierra este de forma brillante con una invitada muy especial y es que, si prestas atención al tema, en esa introducción oscura pero delicada y épica, se puede percibir una voz dulce que nos resulta familiar a los que conocemos a Cradle of Filth y es que la señorita Lindsay Schoolcraft (ex miembro de la banda británica) aporta su particular voz a la canción y que podría encajar perfectamente en una fría tarde de invierno en mitad de la nada.

En resumen, si, Ricky Hoover aprueba con nota bien alta esta nueva etapa de su carrera y ya os digo que el disco estará bien arriba en mi top particular de 2023 dentro del metal, porque Ov Sulfur han sabido encontrarle una vuelta más al estilo y en lugar de hacer la “enésima” copia de Architects y While She Sleeps, le han dado personalidad a un estilo extremo como el deathcore y un poquito de vida al metalcore moderno, que se estaba tornando bastante predecible, así que bravo por ellos.

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Suicide Silence – Remember… You Must Die (2023)
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Hay veces que la pérdida de un miembro suele ser irremplazable, ahí tenemos el caso de Nirvana, a los que NADIE se imagina volviendo a los escenarios, salvo por un homenaje puntual, sin otra persona que no sea Kurt Cobain, por este motivo es que pese a los millones de ofertas que deben haber recibido Dave Grohl y Kirst Novoselic a lo largo de estas casi tres décadas, jamás se ha producido ninguna reunión oficial de Nirvana.

Hay otros casos en los que las bandas deciden seguir adelante, habiendo cumplido cierto tiempo por respeto a dicha persona e incluso a los propios fans de la banda, a los cuales también se les debe respetar, un gran ejemplo de esto serían Alice in Chains, a los cuales podemos seguir disfrutando aún sin la eterna figura de Layne Staley pero que ha sido muy bien cubierta, que no reemplazada por el señor William DuVall, con el cual han grabado tres grandes discos, manteniendo el nombre y el legado de la banda de una forma inmejorable.

Pero hay un tercer caso en donde las bandas que pierden un miembro, pero se ven con fuerzas para continuar su carrera, les cuesta mucho poder superar la pérdida y eso se nota en el nivel de sus discos. Vamos a ver dos ejemplos muy claros: e primero de ellos, sin duda, sería el de Avenged Sevenfold, quienes por mucho que hayan querido seguir adelante, está claro que con discos como Hail to The King o el extremadamente extenso The Stage, ponen de manifiesto que ellos siguen adelante si, pero no todos los discos que grabaron tras la pérdida de The Rev, son especialmente destacados.

El otro caso y que ocupa la reseña de hoy sería el de Suicide Silence, una banda de sobra conocida por todos y que tras la pérdida de Mitch Lucker, su carismático vocalista hace ya una década, han querido seguir adelante contando con Eddie Hermida (a quien conocemos por su labor en All Shall Perish), pero que curiosamente no han podido igualar la grandeza de sus tres primeros discos con Mitch.

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Si bien es cierto, que el primer disco con Eddie, el salvaje You Can’t Stop Me de 2014, si podía mantener el nivel por lo menos ofrecido en el tercer disco de los californianos, el brutal y sorprendente The Black Crown, lo cierto es que ni el disco homónimo de 2017 ni el más que regular Becoming the Hunter de 2020, han conseguido mantener el nivel en la discografía de la banda, originaria de Riverside, California.

Para esta nueva entrega, la banda parece haber dado con la tecla definitiva para levantar el vuelo y volver a sonar igual de rudos y brutales que antaño.

Ya con el corte que da título al disco podemos comprobar como la banda esta vez sí suena convincente, con Mark y Gaza derrochando calidad por medio de sus guitarras más afiladas que nunca y un Eddie, que se descarga de forma brutal con unos guturales mucho más trabajados que en el disco anterior y nos da un comienzo muy acertado para este nuevo disco.

En “Fucked for Life”, podemos ver ese toque nu metalero que mostraron en el tercer disco con ciertos guiños a la primera época de Slipknot y combinándolo con ese deathcore incendiario, del que ellos son considerados uno de los “Big 4” junto a Whitechapel, Carnifex y Thy Art is Murder, esto si es brutalidad sonora pero bien pensada.

Por el contrario, en “God be Damned”, tenemos ese sonido más pesado y propio del deathcore, con un cambio de tempo espectacular de la mano del señor Ernie Iniguez, quien reemplazó a Alex López el año pasado y ya es un miembro oficial de la banda.

Un corte muy intenso y abrasador, con unos blast beats muy bien ejecutados y que te destrozan los tímpanos desde la primera escucha, combinados con unas voces agresivas, pero con el suficiente gancho para llegar al gran público.

Suicide Silence esta vez sí que suenan poderosos y convincente, no hacen ruido sin más, no, han sabido canalizar la furia de su sonido y plasmarla en un disco que combina agresividad, pasajes algo más pausados pero muy intensos y esta vez canciones que si están a la altura de la banda californiana.

Si en Becoming the Hunter, la banda se mostraba dispersa y falta de ideas, creando una obra insulsa y que si no llevase el nombre de Suicide Silence, pasaría sin pena ni gloria, de hecho, aun siendo de ellos, así ha sido, en esta nueva entrega Suicide Silence vuelven a ser los que eran y a resurgir cual ave fénix desplegando sus alas de fuego y demostrando porque un día fueron la banda de deathcore más grande que ha dado la escena en estas dos décadas que llevamos de siglo.

No sabemos qué tal les irá comercialmente con el disco, pero lo que sí puedo decir es que cuando llegue diciembre y mire a ver cuáles son los discos de metal más destacados de la temporada, esta vez sí, voy a poder tener en cuenta a Suicide Silence y tras lo ofrecido en sus dos discos anteriores, creo que no es poca cosa.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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Lordi – Screem Writers Guild (2023)
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La primera vez que vi una portada de Lordi, dije: otra banda de botargas, esta si debe ser extremo pesada. Error, al darle play al disco, que si mal no recuerdo fue el The Arockalypse, su tercer disco del 2006, me llevé una sorpresa al escuchar puro hard rock con tintes melódicos basados en historias de terror. Debí suponerlo, pero mi mente me hizo juzgarlos por su portada, tiempo después comprendí que eran aún más suaves que Gwar.

Ahora en el 2023 los finlandeses Lordi llegan con otro disco cargado de lo mismo, sin darle espacio a la innovación, esto es hard rock pegadizo con buenas melodías; tuve que escuchar el disco 3 veces para hacer una reseña apropiada y sin ser imparcial, así que vamos.

Screem Writers Guild arranca con “Dead Again Jayne” que tiene un intro tipo Frankenstein pero de Cartoon Network, da todo menos terror, pero seguro que así fue planeado, a un poco más de un minuto de este intro llegan las guitarras melódicas para hacer su parte, una muy buena canción que servirá de inicio en sus próximos conciertos seguramente.

Luego otro semi intro llega como si nos diera la bienvenida al circo donde payasos de 3 pesos nos dieran un paquete de palomitas y dos cervezas para ver el espectáculo que se avecina.

“Unliving Picture Show” tiene una base de teclados que le da el ritmo a todo el tema, muy lenta pero muy armónica, no están proponiendo nada nuevo aquí, siguen con su hard rock básico pero que los hace feliz, y si tengo que ser honesto, a mi también.

Intento escarbar para encontrar una canción que sobresalga pero no la encuentro, podría decir que “Lucyfer Prime Evil” o “Heavengeance” son de lo mejor pero aquí el único que decide eso, es el verdadero fanático de esta banda, que si al día de hoy les sigue los pasos, es porque en verdad los ama.

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La balada “The Bridge” me recuerda a unos Steel Panther pero sin letras obscenas, “Thing In the Cage” tiene una introducción como para un programa de concurso de televisión, “Scarecrow” puede ser la que más se te pegue al momento de repetir los coros, está diseñada para que cuando acabe en tu cabeza se repita una y otra vez.

Recordemos que cuando Lordi estaba en su gloria, Sebastian Bach dijo que eran como Kiss dentro de una casa encantada, no recuerdo cuándo fue eso, pero ya pasó mucho tiempo, y la banda no supo mantener su época dorada, lastimosamente esa etapa ya pasó hace mucho y Lordi se dedicó hacer buenos discos más no memorables.

“Inhumanoid”, “Vampyro Fang Club” o “Lycantropical Island” suenan bien pero muy similares entre sí, la misma base rítmica con guitarras suaves de acompañamiento y un coro que sigue la línea, parecen cortadas con la misma tijera, repito, suenan bien pero se torna repetitivo. La cereza del pastel se llama The SCG Awards en donde simulan una especie de entrega de premios Oscar y todo se sale de control, muy acorde con la carátula del disco.

La portada del disco es bastante colorida como lo es el disco, presentando algunos monstruos clásicos de manera divertida como si de la película animada Hotel Transylvania se tratara.

En conclusión puedo decir que es un buen disco pero algo monótono, ya sé que no proponen nada diferente hace años pero a veces cansan de tanto seguir la misma línea.

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Pierce The Veil – The Jaws of Life (2023)
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Después del éxito conseguido con su anterior trabajo Misadventures hace ya siete largos años, uno podría pensar que los californianos Pierce The Veil, estaban en el mejor momento de su carrera y en cierto modo así era, a pesar de que, en mi opinión, aquel disco no es ni de lejos su mejor obra.

Pero todo se desmoronó de la peor forma posible, cuando el batería y miembro fundador Mike Fuentes, hermano del vocalista y guitarrista Vic Fuentes, fue acusado por varias mujeres de conducta inapropiada cuando estas eran menores de edad y asistieron a ver a la banda en el macro festival Vans Warped Tour.

Por eso, creo que hay que agradecer que la banda no sólo siga en pie, si no que hayan vuelto con un disco tan interesante y bien calibrado como este The Jaws of Life, porque visto lo visto, las cosas podrían haber sido mucho peor y la carrera de una de las bandas más populares del sonido emo core se habría acabado justo en el momento cumbre de la misma.

El disco comienza algo más pausado y alternativo que de costumbre con “Death of an Executioner”, un tema que, pese a su particular sonido, no difiere mucho de lo que había en el disco anterior de la banda, pero que si sorprende quizás por el ritmo y ese solo “raro” pero extremadamente pegadizo de Vic Fuentes que redondea un comienzo cuanto menos interesante.

El single “Pass the Nirvana” ya daba pistas de que este no sería un disco más para PTV, si no una especie de renacimiento después de la peor etapa de su carrera y esto se traduce en un single totalmente alternativo y bastante poco comercial, pero que, si te gustaba el sonido noventero, esto va a hacer tus delicias sin duda.

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Incluso cuando añaden azúcar a sus canciones, el resultado no es el “típico” y si no veamos la alternativa y melódica a la vez que distorsionada “Even When I’m Not With You”, un corte que está más cerca de lo que hacen bandas como Thrice o Twenty One Pilots que de sus amigotes Sleeping With Sirens o You Me At Six, por citar bandas afines a PTV.

Los 90’s se vuelven a hacer presentes en canciones como “Emergency Contact”, un tema que de haber salido en 1995 o 97 los hubiera puesto en las emisoras de radio de su país 24/7 al lado de Third Eye Blind, Smashing Pumpkins o Green Day, y a nadie le hubiera sorprendido.

Sin duda la banda ha elegido un camino muy interesante para reconducir su carrera y es que temas como la cañera “Damn The Man, Save The Empire” o baladas alternativas como “Flawless Execution”, son canciones para ir escuchando de a poco e intentar captar la cantidad de matices que tienen, en lugar de hacer canciones de “usar y tirar”, Pierce the Veil han elegido quizás el camino más complejo, pero que seguramente les acabe dando mejores frutos.

Ahora bien, la incognita está en saber si los fans jóvenes que han crecido con temas como “King for a Day”, “Bulls in the Bronx” o “Hell Above”, seguirán acompañándolos en esta nueva etapa, mucho más elaborada y madura o por el contario se quedarán en el camino y Pierce The Veil tendrán que encontrar su “nuevo” público como hicieron hace 15 años cuando empezaron.

La realidad es que Pierce the Veil han vuelto y han demostrado tener el coraje para hacerlo con un gran disco, es más quizás, con su mejor obra desde el segundo y magnifico Selfish Machines, con lo cual es de agradecer su regreso y más sabiendo todo lo que han pasado antes de llegar a este nuevo trabajo.

 

 

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Aortes – Devouring Gloom (2023)
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Aortes
es una banda lituana de post-metal que anteriormente lanzó tres discos bajo el nombre Autism, así como un EP y un par de singles. Este cuarto álbum sale tras más de cuatro años desde el último trabajo publicado por el grupo (“Have You Found Peace?”, a comienzos de 2019). En ese lapso, en parte motivado por la pandemia, se produjeron cambios de integrantes, lo que conllevó no solamente modificaciones en la música sino incluso en el nombre de la banda, tal como mencionamos previamente. La tradición de crear obras con un enfoque narrativo o hasta cinematográfico parece haberse disuelto, así como la búsqueda sonora mediante la instrumentación “no convencional”, por ejemplo, incluyendo saxo, violonchelo, electrónica y fragmentos recitados, tal como podían encontrarse en el disco anterior, que tenía varios artistas invitados.

El camino de Aortes los ha acercado a un post-metal oscuro pero más directo en su elaboración, con menor presencia de elementos post-rock y mucha mayor incidencia post-hardcore y sludge. La influencia de Amenra es innegable, y el hecho de que hayan incluido un excelente cover de Nirvana, “Something in the Way”, también dice mucho en cuanto a la transformación del proyecto. El tema central del álbum es la lucha contra el sentimiento sobrecogedor de desesperación que puede causar la soledad, lo requiere de gran fuerza para poder encontrar la esperanza.

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“While I Wilt” empieza con un sintetizador lúgubre hasta que van apareciendo el resto de los instrumentos típicos de toda banda de metal, así como la voz rabiosa. Por sus características funciona casi como una introducción al caos que se desencadenará. Ya en “Lay My Bones” estalla la furia, y las reminiscencias de Amenra suenan claras, sobre todo en el riff principal. Es interesante el cambio que se produce promediando el track, seguido de otro giro marcado que hace que todo se vuelva más lento y ominoso para acelerarse hacia el final.  Luego, la canción homónima al disco es la más extensa, por lo que es esperable la diversidad de fenómenos en la atmósfera. El clima se va generando progresivamente, con la percusión y unos punteos de guitarra sobre el fondo que brinda el teclado. Cuando el resto del conjunto irrumpe, nos hallamos nuevamente ante esa deliciosa fórmula de la tormenta tras la calma. Aortes hace un uso reiterado de ese esquema en este disco. A continuación viene el cover de Nirvana al que ya hicimos referencia, bastante fiel al original salvo por la potencia del último tramo, la parte más pesada de esta versión.

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“With Me Forever” ya empieza golpeando con intensidad, y emergen algunos de los destellos más singulares de la propuesta musical de Aortes en esta nueva etapa. Se nota otra madurez compositiva y se destaca lo hecho por la batería y la guitarra. “Crown of Nails” también tiene algunas notas distintivas, en especial por el bajo, y el avance que podríamos calificar como “trabado”, que dan la pauta –otra vez- de una reflexión diferente al momento de hacer música: es como si la segunda mitad del álbum fuera la superación natural de la primera. Quizás por tratarse de una totalidad integral, sería mejor pensar en un ascenso.

En “Salvation” las teclas recuperan protagonismo, y nos hallamos ante riffs que nos recuerdan a otros grandes exponentes del post-metal como Cult Of Luna. El track que da cierre al álbum, “Immersion” es otro de los más destacables por sus cualidades en comparación con el resto, con algunos de los momentos más logrados creativamente. Aortes, y esta obra en particular, son muy recomendables para la audiencia fanática del género, ávida de encontrar qué escuchar más allá de los gigantes ineludibles.

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Downfall of Gaia – Silhouettes of Disgust (2023)
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Estamos ante el sexto disco en estudio de Downfall of Gaia, esta ya consolidada banda alemana de post-black metal con fuerte influencia crust. Con quince años de historia, el grupo formado por Dominik Goncalves dos Reis (voz y guitarra), Peter Wolff (guitarra y voz), Anton Lisovoj (bajo y voz) y Michael Kadnar (batería), ha logrado en “Silhouettes of Disgust”, editado por Metal Blade Records, un balance perfecto entre la actitud cruda de sus primeros trabajos y la composición más elaborada que fueron desarrollando posteriormente y los llevaron por paisajes melancólicos.

El álbum está integrado por nueve canciones que, en total, apenas superan los 45 minutos de duración, algo que contrasta con los discos anteriores, que tenían listas más cortas de tracks que, individualmente, podían llegar a superar los diez minutos. Cada parte en esta nueva obra representa a una persona distinta, residente de alguna ciudad, luchando con la soledad, el miedo, la angustia existencial, las adicciones y otros males contemporáneos. A esas figuras hace referencia el título del disco, complementado por la fotografía en la portada, con un desolador estilo urbano. En este sentido, también se nota una diferencia con la estética que la banda venía mostrando hasta ahora. Para quienes todavía no conocen a este grupo alemán, algunas referencias posibles serían los ya separados Fall of Efrafa o Altar of Plagues, solo por nombrar algunas.

Es un trabajo bastante parejo, sólido en cuanto a su construcción en términos generales. Es por eso que quizás sea una buena idea señalar los rasgos distintivos que resaltan, y ciertas particularidades de los sucesivos tracks. El recorrido por la psicología de estas mentes atrapadas en una urbe laberíntica comienza con “Existence of Awe” y ya van apareciendo esas cualidades a las que hacía mención. Por empezar, los pasajes con ese D-beat tan típico, que retornará en varias canciones más y expresa el aspecto hardcore al que se quería dar lugar, aunque siempre alterna con un blast beat profuso o partes a mid-tempo. También se perciben el fondo que provee un sintetizador y una voz femenina, la de Lulu Black, artista de una banda gótica.

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Los lapsos más lentos se destacan, y en ellos sobresale el bajo. Cuando las guitarras hacen trémolo, desde ya que suenan bien propias del black, pero abundan los riffs con esa cadencia más punk, y los arpegios de sonoridad post-rock. En este disco, podríamos decir, los germanos echaron algunas pizcas de Mogwai y muchas de Discharge al caldo. “The Whir of Flies” es un buen ejemplo de cómo en una misma canción pasan por partes vertiginosas y otras tensamente calmas. El despliegue técnico de la batería es digno de mención: su ejecución es tan precisa como expresiva. La calidad de la mezcla es excepcional, evidente en la nitidez de cada instrumento.

Las voces suenan casi siempre sucias, oscilando entre la desesperación y la bronca. “While Bloodsprings Become Rivers” -el track más extenso- es donde quizás encontremos el enfoque más típico de los discos anteriores. Vuelven a resaltar los teclados y todo se distancia de la crudeza que se asoma en muchos otros momentos del álbum. De hecho, hay un pasaje especialmente minimalista, de esos que se dice que generan “ambiente”, “clima” o “atmósfera”. Hay una transición perfecta hacia “Bodies as Driftwood”, de inicio en una veta similar, hasta que todo se acelera en una vorágine episódica, que se va alternando con esa paz contenida, que sucede casi por inercia o habituación a lo cotidiano en contextos que creemos inevitables. Esta canción fue el single con videoclip propio.

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“Eyes to Burning Skies” profundiza la introspección. El canto femenino resurge y da espacio a otra característica de este disco, que se ve reforzada por el aporte de las guitarras, y es la influencia darkwave de algunos tramos. Se escuchan algunos cortes interesantes, que provocan un avance trabado, generando una inquietud que se libera para alzar el fuerte componente melódico que también va imponiéndose a lo largo de todo el álbum. El mismo recurso de progresión fragmentada continúa cuando empieza “Final Vows”, hasta que se adquiere la rapidez de la caída y además surgen riffs filosos y agresivos.

En “Unredeemable” regresan los lapsos que invitan al mosh y las frases de las seis cuerdas que logran ser bastante pregnantes. Todo finaliza con “Optograms of Disgust” que, tocada en vivo, sin dudas seguiría agitando al público. Emerge una voz más limpia, justo antes de un cambio abrupto en el ritmo. No me cuesta imaginarme una audiencia que se convulsiona y luego descansa, para volver a sacudirse. Este ejercicio de fantasía obedece a enfatizar un efecto colateral, si se quiere, de la decisión creativa tomada por la banda en esta ocasión.

Downfall of Gaia tiene una discografía excelente, y personalmente, disfruto mucho sus creaciones más “post-metal”, porque soy fanático de ese género. No podría afirmar que este sea su mejor álbum, pero sabiendo que querían conseguir una obra en la que hubiera un balance entre todo lo “post” (metal, black metal, rock) y la actitud rebelde del crust, debo decir que cumplieron de manera brillante con su propósito y lanzaron un muy buen disco.

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