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Winds of Agony II Día 1: “Una reunión de muerte y oscuridad”

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Cruzar el umbral de centro cultural Roca Umbert Fàbrica de les Arts, donde nos encontramos con la sala Nau B1 aquel 17 de abril no fue simplemente entrar a un […]

Karnivool en Copenhague: “El progresivo tomo la ciudad”

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Tenía muchas ganas de ver en vivo a una de las que para mí es de las bandas de rock progresivo más destacadas de estos últimos años. Y el pasado […]

1914 en Barcelona: “Entre la intensidad y la repetición”

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La noche en la Sala Upload arrancaba con una sensación clara: había ganas de ver a ambas bandas, pero en nuestro caso el foco también estaba puesto en Katla, a […]

Hamlet en Barcelona: “Noche Intensa sin fisuras”

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Texto y fotos: Jaume Estrada La visita de Hamlet a la sala Salamandra de Barcelona volvió a confirmar que su relación con el directo sigue siendo uno de sus mayores […]

Primal Fear en Buenos Aires: “Volando alto”

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En el metal, siempre hubo bandas que cambiaron con el tiempo. Grupos que mutaron su sonido o cambiaron su propuesta. Que sintieron inquietudes y por decisiones artísticas, decidieron explorar otros […]

Blackberry Smoke en Buenos Aires: “El espíritu del rock sureño en buenas manos”

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Y un día el rock sureño volvió a arribar en Argentina. Esta vez, proveniente de Georgia. Y es que tras varios años de espera, finalmente se dio el debut de […]

1914 en Madrid: “Odio, rabia y tristeza”

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  Pocas salas en Madrid tienen el misticismo y la cercanía de la Wurlitzer Ballroom. El pasado lunes 20 de abril, la céntrica sala de la calle Montera se convirtió […]

Lord Of The Lost en Barcelona: “Jugando de local”

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Llegar justo siempre tiene algo de derrota antes de empezar, y esta vez nos tocó a nosotros. Por temas de horarios, nos perdimos el arranque del partido y la primera […]

Hypocrisy en Copenhague: “Una noche fría de Metal Escandinavo”

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Hypocrisy pasó con su ‘Mass Hallucination’ tour por Dinamarca, acompañado por nada menos que el legendario Abbath, Vreid y Vomitory. La banda de Peter Tägtgren encabeza esta nueva gira europea […]

Infected Rain en Barcelona: “It’s Killing Time, Baby”

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El pasado 11 de abril tuvimos la suerte de recibir uno de los tours más explosivos del año en nuestro país. Madness Live nos traía a nada más ni nada […]


Free City y Ezpalak en Madrid: “Destellos de adrenalina”
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El olor a cerveza y sudor se mezcla con los acordes desgarradores de la guitarra. Las luces estroboscópicas tiñen de rojo la sala, creando una atmósfera densa y opresiva. El sonido es tan intenso que vibra en mis huesos. Esta noche, en la Nazca, todos mis sentidos están a flor de piel. Con el gran angular montado me acerco todo lo que mi pudor me permite para fotografiar a los músicos. Siento su calor y me llega su aliento. El cable del micro me golpea mientras disparo tratando de coger foco en la cara. Jóvenes en estado exaltado me empujan hacia delante cantando en euskera, gritando las líneas de Ezpalak.

Con cada tema me meto más en el trance y no puedo parar de disparar como loco, fotos al cantante con sus expresiones y giros constante, fotos al guitarrista que con cada puente se lanza hacia delante y hacia tras en espasmos visualmente espectaculares. Fotos al bajista, más estático y con la cabeza hacia el techo. La batería queda lejos y detrás de la cortina de humo, imposible alcanzar las expresiones y movimientos. No me siento cómodo con lo capturado por el momento y quiero más tomas. Cambio al 35mm para buscar las expresiones de cerca,  mientras siguen escupiendo las letras y ritmos, el público corea los temas, no paro de mirar atrás, qué bello es una sala entera disfrutando.

Mis ojos se desvían constantemente entre el escenario y la multitud. El público es un mar de cabezas que se mueven al ritmo de la música, un océano de energía que me arrastra. Veo caras llenas de éxtasis, puños en el aire, cuerpos que se contorsionan al compás de la batería. Intento capturar esos momentos de conexión, esos instantes en los que la música traspasa una barrera invisible y une a todos en una sola vibración. Busco las miradas que se cruzan, las sonrisas que se contagian, las lágrimas que brotan de la emoción (nadie en realidad, son las mías). Cada rostro es una historia, cada cuerpo una danza. Y yo, con mi cámara, cronista de esta fiesta pagana.

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Respiro, recuperando el aliento en la pausa, sigo sudando, concentrado, hace calor y creo que ha llegado más gente. Free City entre bambalinas.  La expectación se palpa y algunos ya están por la cuarta birra. Las luces se apagan, la penumbra deja ver alargadas figuras entrar al escenario. Comenzando los primeros acordes, como un pistoletazo de salida, la masa se abalanza contra el escenario, comienza el viaje por las letras y ritmos. “Baptisterio romano” al ritmo dé White Stripes, risas generalizadas. Sigo disparando con el 35mm, pero están saltando sin parar, pronto vuelvo al 12mm, esto requiere mayor campo de visión. La vitalidad es generalizada, líneas coreadas, saltos, golpes, sonrisas y puños al aire. Sigue el olor a humo aplastando todo. La entrega es total por parte de la banda, por parte del público es pasión. Dejo el centro del escenario abrumado por el peso del mosh, salgo arrastrado por la masa y llego al fondo de la sala. Con el tele capturo expresiones mezclando los músicos con las sombras chinescas que forma el personal. Pienso en la preciosa estampa, la unión, la catarsis total.

Soy uno más del grupo, somos una tribu unida por la música, por la pasión, por la necesidad de expresarnos. La barrera entre el escenario y el público se disuelve, y todos nos convertimos en un solo organismo vibrante. Instantes de comunión, con letras, con riffs, con artistas, el verdadero poder de la música. Y aunque la noche llegue a su fin, la sensación de pertenencia a algo más grande que nosotros mismos perdurará, por eso vuelvo y por el engancha, soy adicto.

El concierto se desvanece como un sueño, dejando tras de mí una colección de imágenes que intentan capturar el instante. Ninguna fotografía podrá igualar la intensidad de lo vivido. Ninguna lleva el calor, la emoción, la entrega y la pasión. Con las manos en los bolsillos y la cámara al cuello salgo a la calle. La noche es fría y me devuelve a la realidad, en mi interior, la llama de la música, de “afotar”, sigue quemando.

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Free City y Ezpalak en Madrid: “Destellos de adrenalina”
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El olor a cerveza y sudor se mezcla con los acordes desgarradores de la guitarra. Las luces estroboscópicas tiñen de rojo la sala, creando una atmósfera densa y opresiva. El sonido es tan intenso que vibra en mis huesos. Esta noche, en la Nazca, todos mis sentidos están a flor de piel. Con el gran angular montado me acerco todo lo que mi pudor me permite para fotografiar a los músicos. Siento su calor y me llega su aliento. El cable del micro me golpea mientras disparo tratando de coger foco en la cara. Jóvenes en estado exaltado me empujan hacia delante cantando en euskera, gritando las líneas de Ezpalak.

Con cada tema me meto más en el trance y no puedo parar de disparar como loco, fotos al cantante con sus expresiones y giros constante, fotos al guitarrista que con cada puente se lanza hacia delante y hacia tras en espasmos visualmente espectaculares. Fotos al bajista, más estático y con la cabeza hacia el techo. La batería queda lejos y detrás de la cortina de humo, imposible alcanzar las expresiones y movimientos. No me siento cómodo con lo capturado por el momento y quiero más tomas. Cambio al 35mm para buscar las expresiones de cerca,  mientras siguen escupiendo las letras y ritmos, el público corea los temas, no paro de mirar atrás, qué bello es una sala entera disfrutando.

Mis ojos se desvían constantemente entre el escenario y la multitud. El público es un mar de cabezas que se mueven al ritmo de la música, un océano de energía que me arrastra. Veo caras llenas de éxtasis, puños en el aire, cuerpos que se contorsionan al compás de la batería. Intento capturar esos momentos de conexión, esos instantes en los que la música traspasa una barrera invisible y une a todos en una sola vibración. Busco las miradas que se cruzan, las sonrisas que se contagian, las lágrimas que brotan de la emoción (nadie en realidad, son las mías). Cada rostro es una historia, cada cuerpo una danza. Y yo, con mi cámara, cronista de esta fiesta pagana.

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