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Enforcer en Buenos Aires: “Heavy Metal sueco en estado puro”

Enforcer en Buenos Aires: “Heavy Metal sueco en estado puro”

Después de tres años de ausencia en Sudamérica, los suecos de Enforcer regresaron a Argentina con una agenda por partida doble: Córdoba y CABA. Al igual que en 2016, cuando […]

Jinjer en Madrid: “Magia, Brutalidad y Grandeza”

Jinjer en Madrid: “Magia, Brutalidad y Grandeza”

Crónica y fotos: Monro.vs La noche del 7 de febrero Madrid abría sus puertas a los ucranianos de Jinjer, quienes venían acompañados de Textures y Unprocessed gracias a Route Resurrection. […]

Smith/Kotzen en Madrid: “Dos gigantes, un escenario”

Smith/Kotzen en Madrid: “Dos gigantes, un escenario”

Texto y Fotos: Oscar Gil Estamos de enhorabuena en Madrid, y es que se nos juntaban dos celebraciones. Para empezar estamos ante la primera visita a Europa juntos de Smith/Kotzen, […]

Paleface Swiss en Barcelona: “Mas allá del Beatdown”

Paleface Swiss en Barcelona: “Mas allá del Beatdown”

El pasado 4 de Febrero teníamos una cita en la Sala Razzmatazz 2 de Barcelona con una de las bandas que más ha crecido en los últimos años dentro de […]

Desaster en Barcelona: “La hermandad del acero”

Desaster en Barcelona: “La hermandad del acero”

Entrar al Joker’s House de Barcelona, en el corazón áspero de Sant Andreu, es aceptar que durante unas horas el mundo exterior deja de importar. El aire no se respira: […]

Tarja en Barcelona: “Emoción y clásicos”

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Desde el momento en que las puertas de la Razzmatazz se abren a las 17:45h y el aire fresco de Barcelona se mezcla con el calor expectante de la sala […]

Cryptopsy en Copenhague: “El pasado que todavía mata”

Cryptopsy en Copenhague: “El pasado que todavía mata”

Como ya se habló varias veces en estas reseñas, muchas bandas apelan a la nostalgia para mantener firmes sus carreras. Esto generalmente atrae a los viejos fans al concierto, demostrando […]

Born Of Osiris en Copenhague: “Contra la corriente del deathcore moderno”

Born Of Osiris en Copenhague: “Contra la corriente del deathcore moderno”

Hoy en día hay una nueva generación de deathcore que acapara gran parte del mercado de la música extrema actual. Bandas como Slaughter to Prevail o Lorna Shore llenan estadios y lideran festivales. Pero […]

Legion D.C. en Barcelona: “Cenizas a las Cenizas”

Legion D.C. en Barcelona: “Cenizas a las Cenizas”

Seis años después de su retorno a los campos de batalla, los thrashers catalanes han protagonizado estos dos últimos años disputas, juicios y divergencias entre sus dos miembros fundadores. Hechos […]

Terror en Buenos Aires: “Autentica muestra de descontrol y hardcore”

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Foto de Portada: CuervoDeth (Gentileza Metal-Argento) Pocas veces se tiene la oportunidad de asistir a un recital de tal intensidad y descontrol, como el que se vivió el pasado jueves […]


Free City y Ezpalak en Madrid: “Destellos de adrenalina”
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El olor a cerveza y sudor se mezcla con los acordes desgarradores de la guitarra. Las luces estroboscópicas tiñen de rojo la sala, creando una atmósfera densa y opresiva. El sonido es tan intenso que vibra en mis huesos. Esta noche, en la Nazca, todos mis sentidos están a flor de piel. Con el gran angular montado me acerco todo lo que mi pudor me permite para fotografiar a los músicos. Siento su calor y me llega su aliento. El cable del micro me golpea mientras disparo tratando de coger foco en la cara. Jóvenes en estado exaltado me empujan hacia delante cantando en euskera, gritando las líneas de Ezpalak.

Con cada tema me meto más en el trance y no puedo parar de disparar como loco, fotos al cantante con sus expresiones y giros constante, fotos al guitarrista que con cada puente se lanza hacia delante y hacia tras en espasmos visualmente espectaculares. Fotos al bajista, más estático y con la cabeza hacia el techo. La batería queda lejos y detrás de la cortina de humo, imposible alcanzar las expresiones y movimientos. No me siento cómodo con lo capturado por el momento y quiero más tomas. Cambio al 35mm para buscar las expresiones de cerca,  mientras siguen escupiendo las letras y ritmos, el público corea los temas, no paro de mirar atrás, qué bello es una sala entera disfrutando.

Mis ojos se desvían constantemente entre el escenario y la multitud. El público es un mar de cabezas que se mueven al ritmo de la música, un océano de energía que me arrastra. Veo caras llenas de éxtasis, puños en el aire, cuerpos que se contorsionan al compás de la batería. Intento capturar esos momentos de conexión, esos instantes en los que la música traspasa una barrera invisible y une a todos en una sola vibración. Busco las miradas que se cruzan, las sonrisas que se contagian, las lágrimas que brotan de la emoción (nadie en realidad, son las mías). Cada rostro es una historia, cada cuerpo una danza. Y yo, con mi cámara, cronista de esta fiesta pagana.

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Respiro, recuperando el aliento en la pausa, sigo sudando, concentrado, hace calor y creo que ha llegado más gente. Free City entre bambalinas.  La expectación se palpa y algunos ya están por la cuarta birra. Las luces se apagan, la penumbra deja ver alargadas figuras entrar al escenario. Comenzando los primeros acordes, como un pistoletazo de salida, la masa se abalanza contra el escenario, comienza el viaje por las letras y ritmos. “Baptisterio romano” al ritmo dé White Stripes, risas generalizadas. Sigo disparando con el 35mm, pero están saltando sin parar, pronto vuelvo al 12mm, esto requiere mayor campo de visión. La vitalidad es generalizada, líneas coreadas, saltos, golpes, sonrisas y puños al aire. Sigue el olor a humo aplastando todo. La entrega es total por parte de la banda, por parte del público es pasión. Dejo el centro del escenario abrumado por el peso del mosh, salgo arrastrado por la masa y llego al fondo de la sala. Con el tele capturo expresiones mezclando los músicos con las sombras chinescas que forma el personal. Pienso en la preciosa estampa, la unión, la catarsis total.

Soy uno más del grupo, somos una tribu unida por la música, por la pasión, por la necesidad de expresarnos. La barrera entre el escenario y el público se disuelve, y todos nos convertimos en un solo organismo vibrante. Instantes de comunión, con letras, con riffs, con artistas, el verdadero poder de la música. Y aunque la noche llegue a su fin, la sensación de pertenencia a algo más grande que nosotros mismos perdurará, por eso vuelvo y por el engancha, soy adicto.

El concierto se desvanece como un sueño, dejando tras de mí una colección de imágenes que intentan capturar el instante. Ninguna fotografía podrá igualar la intensidad de lo vivido. Ninguna lleva el calor, la emoción, la entrega y la pasión. Con las manos en los bolsillos y la cámara al cuello salgo a la calle. La noche es fría y me devuelve a la realidad, en mi interior, la llama de la música, de “afotar”, sigue quemando.

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Free City y Ezpalak en Madrid: “Destellos de adrenalina”
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El olor a cerveza y sudor se mezcla con los acordes desgarradores de la guitarra. Las luces estroboscópicas tiñen de rojo la sala, creando una atmósfera densa y opresiva. El sonido es tan intenso que vibra en mis huesos. Esta noche, en la Nazca, todos mis sentidos están a flor de piel. Con el gran angular montado me acerco todo lo que mi pudor me permite para fotografiar a los músicos. Siento su calor y me llega su aliento. El cable del micro me golpea mientras disparo tratando de coger foco en la cara. Jóvenes en estado exaltado me empujan hacia delante cantando en euskera, gritando las líneas de Ezpalak.

Con cada tema me meto más en el trance y no puedo parar de disparar como loco, fotos al cantante con sus expresiones y giros constante, fotos al guitarrista que con cada puente se lanza hacia delante y hacia tras en espasmos visualmente espectaculares. Fotos al bajista, más estático y con la cabeza hacia el techo. La batería queda lejos y detrás de la cortina de humo, imposible alcanzar las expresiones y movimientos. No me siento cómodo con lo capturado por el momento y quiero más tomas. Cambio al 35mm para buscar las expresiones de cerca,  mientras siguen escupiendo las letras y ritmos, el público corea los temas, no paro de mirar atrás, qué bello es una sala entera disfrutando.

Mis ojos se desvían constantemente entre el escenario y la multitud. El público es un mar de cabezas que se mueven al ritmo de la música, un océano de energía que me arrastra. Veo caras llenas de éxtasis, puños en el aire, cuerpos que se contorsionan al compás de la batería. Intento capturar esos momentos de conexión, esos instantes en los que la música traspasa una barrera invisible y une a todos en una sola vibración. Busco las miradas que se cruzan, las sonrisas que se contagian, las lágrimas que brotan de la emoción (nadie en realidad, son las mías). Cada rostro es una historia, cada cuerpo una danza. Y yo, con mi cámara, cronista de esta fiesta pagana.

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